¡Bienvenidos al segundo capítulo! Espero que estén tan ansiosos como yo de que esta historia continúe. Todavía me cuesta asumir que la introducción haya sido más larga que el capítulo jaja. En fin, volvamos a los negocios. Ya empieza el segundo capítulo, así que prepara tus palomitas. Luz, cámara, Bleach.
Capítulo 2: La Junta
Al día siguiente, Rukia despertó después de haber tenido uno de los sueños más reparadores de los que se pudiese recordar. – Quien diría que el tonto sería tan bueno contando historias… - bostezó. Luego de descorrer la puerta de su armario, se dio cuenta de que el pelinaranja no se encontraba en la habitación, por lo que supuso que se encontraría en el baño. Durante un momento se le ocurrió ir y espiarle, solamente para molestarlo, pero desechó la idea. Sería muy problemático explicarle después si es que la atrapaban, así que decidió esperar a que volviera a la pieza para así poder ir a darse un buen baño.
Por su parte, Ichigo se encontraba en la ducha en aquellos momentos, absorto en sus pensamientos. El agua se encontraba realmente caliente, aunque no era algo que le molestase en lo absoluto. De hecho, le encantaba darse largos baños con el agua casi hirviendo, aunque sabía que no era lo mejor. El agua le ayudaba a relajarse, algo que necesitaba muy a menudo desde que su estilo de vida cambiara al mucho más estresante tipo de vida de un shinigami. Mientras disfrutaba el agua, se puso a pensar en aquella persona que, sin proponérselo, había cambiado su vida. Rukia, la shinigami de la cual se había convertido en sustituto por caprichos del destino. Aunque se había acostumbrado a protegerla, debía reconocer que la chica era realmente fuerte. Aún recordaba aquel enfrentamiento contra aquel Hollow del periquito, y cuando fue a rescatarla a la mismísima Sociedad de Almas. Se veía tan indefensa… aunque después del ataque de los arrancar le había quedado clarísimo que tan fuerte era Rukia. Fácilmente llegaba al nivel de capitán. Era algo totalmente sorprendente, dada su apariencia, tan frágil. Claro, también contrastaba con su personalidad, bastante animada para un cuerpo tan pequeño. En fin, Rukia había cambiado su mundo para mejor, y tenía que agradecérselo. Aunque, en realidad, no estaba muy seguro de que todo lo que sintiera hacia ella fuera una simple amistad. Quizás hubiera algo más…. Después de todo, Rukia no era fea en lo absoluto, y su personalidad (por ridículo que pareciese) era bastante atractiva.
- ¡Ichigo! – Le llamó la mencionada en sus pensamientos. - ¡Apúrate, quiero bañarme!
- Esta bien, no es necesario que grites – gruñó el pelinaranja. Lamentablemente, esa misma personalidad a veces le sacaba de sus casillas. Cerró el grifo, caliente por el agua que fluía por la cañería, y salió de la ducha. Al salir, se dio cuenta de que sólo había llevado su toalla y sus sandalias al cuarto de baño, no todo su conjunto de ropa como acostumbraba. Se dio cuenta de que tendría que ir así, cubierto solo por la toalla, hasta su cuarto, y suspiró. En realidad le daba lo mismo, siempre había estado en buena condición física, así que no tenía vergüenza respecto a su cuerpo. Salió del cuarto de baño, y vio que Rukia se encontraba afuera de su habitación, esperando a que saliera. Sin ningún cambio en su expresión, se dirigió a su cuarto con toda la normalidad del mundo. Rukia, que miraba hacia otro lado, se giró, lista para hablarle – Ya era hora, pensaba que nunca sald… - cortó la frase a la mitad, al ver a Ichigo con su torso desnudo. Sorprendida, se sonrojó un poco, mientras lo miraba con curiosidad. Ichigo, por su parte, notó el sonrojo de la chica, y sonrió mientras la molestaba – Vaya Rukia, ¿de verdad estoy tan bueno? ¡Si hasta te quedaste callada! Bueno, no te culpo, a cualquiera podría pasarle – dijo, todavía con un tono de voz de broma.
- Idiota – dijo una aún sonrojada Rukia – ¿Que te crees que haces medio desnudo por la casa?
- Hey, es mi casa – dijo todavía sonriente el pelinaranja. – No te ilusiones, ahora mismo voy a ponerme ropa, así que disfruta mientas puedas – sonrió por última vez antes de entrar a su cuarto, cerrando la puerta.
- Idiota – repitió la shinigami. Sin perder tiempo, se dirigió hacia el baño, antes de que su compañero de cuarto la sorprendiera con algo más.
Una vez dentro, procedió a sacarse la ropa y a meterse a la tina. Eso era lo que le gustaba de ser la segunda en usar el baño, podía darse baños más largos sin que nadie le dijera nada. Mientras el agua caliente llenaba la bañera, se puso a pensar en el reciente encuentro con Ichigo. Aunque ya le había visto en varias ocasiones en similar estado, producto de varias peleas, nunca había observado tan bien su cuerpo. Realmente estaba en buena forma. Lo que más le sorprendía, era aquella sensación de calor interno que se estaba formando luego de haber visto a Ichigo. ¿Qué le sucedía? No era una quinceañera como para dejarse llevar por ese tipo de pensamientos. Sin embargo, no pudo evitar aquella especie de escalofrío que la recorrió mientras se imaginaba a Ichigo, duchándose en aquel mismo baño. Sacudió la cabeza, sonrojada. ¿Ahora que le pasaba? Tan solo lo había visto sin polera una vez y ya estaba imaginándose ese tipo de cosas. Definitivamente tendría que dejar de leer mangas románticos, le hacían mal a su mente. Sin darse cuenta, pensando tanto se le había olvidado bañarse, así que se dispuso a enjabonarse y a disfrutar del agua. Ya vería que sucedía con Ichigo después.
Mientras tanto, el mencionado se encontraba en su habitación, terminando de vestirse, mientras se abrochaba sus zapatillas con caña. Hoy día tenía que juntarse con Keigo y con los chicos en el centro comercial, así que tenía que ir medianamente presentable. Se levantó de la cama y observó su atuendo. Las mencionadas zapatillas, negras y con cordones blancos, unos pantalones pitillos (siempre le había gustado la ropa ajustada) de color blanco, una polera rosada con un estampado Adidas, y encima una chaqueta de cuero negra abierta. No se veía mal. Se dispuso a salir, cuando vio a Rukia salir del baño (a diferencia de él al salir, totalmente vestida). Le hizo un gesto con la cabeza y le dijo adonde se dirigía. Rukia, por su parte, le respondió simplemente con que estuviera preparado por si a algún Hollow se le ocurría molestar durante la tarde, a lo que Ichigo simplemente respondió mostrándole la cápsula donde se encontraba Kon. Al bajar las escaleras, se encontró con sus hermanas, pegadas a la televisión mirando el programa ese de Don Kanonji. Sonrió mientras abría la puerta y salía a la calle. El centro comercial no estaba precisamente cerca, pero Ichigo prefería caminar siempre que pudiera, así que sacó unos audífonos color calipso y empezó a caminar.
Rukia, por su parte, tenía sus propios planes para aquella tarde. Las chicas (Tatsuki, Orihime, y Rangiku) le habían invitado a unirse a ellas para juntarse en el centro comercial y comprar, cotillear… cosas de chicas. Aunque Rukia en un principio no se mostró muy convencida, finalmente se dejó llevar. Luego de comprobar de que todo en su atuendo estuviera en orden (Una polera negra con un Chappy estampado en el medio que siempre ponía de los nervios a Ichigo, junto a unos jeans azules claros muy ajustados, aunque cómodos, y unas zapatillas blancas) se dispuso a salir de la casa, siempre con su celular en el bolsillo, por si lo llegase a necesitar, y se encaminó en la misma dirección en la cual Ichigo se había marchado minutos antes.
Una vez en el centro comercial, Ichigo se dispuso a esperar a sus amigos. Mientras, esperaba sentado en uno de aquellos sillones que estaban al lado de un gran ventanal, mirando a la gente entrar y salir. Habían muchas chicas atractivas hablando animadamente entre ellas, lo que siempre dificultaba el poder acercarse a una en particular. Suspiró. La verdad no sabía por qué nunca se había preocupado en tener una relación con alguna chica, después de todo no creía ser tan feo. Quizás fuera porque a una parte de él le daba miedo ser rechazado, pero dudaba que fuera solamente por eso. Aunque, bien mirado, tenía sentido, después de todo no le haría bien a su imagen de chico duro ser rechazado por nadie, a lo más, el podría rechazar a alguien, pero al parecer, nadie se había interesado lo suficiente en él como para siquiera considerar la idea. También estaba Orihime, quien sentía atracción hacia él… ¿Para qué negarlo? No era difícil darse cuenta. Y a pesar de lo linda que se había puesto con el tiempo, el no podía verla como algo más que una amiga. Quizás físicamente fuera espectacular, pero su personalidad no lo terminaba de convencer. Muchas veces consideró tener algo casual con ella, pero de nuevo su imagen estaba en el camino, aparte de que no quería herirla si es que ella se ilusionaba y quería pasar a algo más serio. Justo en medio de sus meditaciones vio a sus amigos acercarse, y se puso de pie.
- ¡Eh, chicos! Ya pensaba que nunca vendrían – Les dijo, sin enojarse demasiado.
- Lo siento Ichigo, pasamos a comprar unas cosas antes de venir aquí – dijo un Keigo demasiado sonriente.
- ¿Ah sí? ¿Y qué es? – preguntó Ichigo con curiosidad.
- Mira tú mismo – le comentó Mizuiro, luego de saludarle.
Ichigo, aún curioso, se dispuso a ver el bolso que Mizuiro le ofrecía, y tras abrirlo, observo su interior. Lo que vio lo sorprendió bastante.
-Compraron cigarros, cerveza, ron, y… ¿una revista? – dijo Ichigo levantando una ceja. La verdad es que no estaba tan impactado con todo aquello del alcohol y los cigarros, no era un niño después de todo. Lo que sí quería saber es que pintaba una revista en medio de todo eso.
- No saques la revista aquí, Ichigo – le advirtió su amigo Chad, que también estaba con ellos. – Espera a que estemos afuera.
Todavía con la ceja levantada, Ichigo asintió, y junto a sus amigos se dirigieron afuera del centro comercial. Una vez afuera, se dirigieron hacia una casa que Ichigo no reconocía.
- Ey chicos, ¿adónde vamos? – preguntó. Keigo se mostró ofendido ante la pregunta.
- Ichigo, no puede ser, somos amigos desde hace casi 8 años y todavía no sabes adonde queda mi casa – dijo, soltando ríos de lágrimas.
- ¿Y por qué tendría que estar interesado en donde está tu casa? – En caso de que no sepas, no estoy interesado en hombres – repuso con un tono de voz seco Ichigo.
- Deberías saberlo ya, te he invitado miles de veces, pero siempre estas ocupado – repuso Keigo.
Ichigo simplemente se quedó callado. No le apetecía tener que explicarle a sus amigos que el motivo de estar constantemente ocupado eran los estudios, y menos últimamente la cacería de Hollows, aunque Chad ya estuviera al tanto. Por su parte, ya habían llegado a la casa de Keigo, y este se dispuso a abrir la puerta. Una vez que la abrió, entró y prendió las luces, mientras felizmente les daba la bienvenida.
-Welcome to the House of Pleasure! – Dijo felizmente.
Ichigo, junto con los demás, no pudo disimular una mueca de admiración frente a lo que veían. Keigo tenía un plasma de al menos 42 pulgadas conectado a un sistema 5.1 de sonido, y a un PlayStation 3, el orgullo del dueño de casa. Además, podían ver que la mesa estaba llena de papas fritas, canapés, y todo lo que pudieran imaginar para picotear.
-Guau Keigo, te superaste esta vez – mencionó Mizuiro, antes de recordar algo – Tu hermana, ¿dónde está?
- Salió de viaje unos días, así que estamos completamente solos – dijo Keigo. – ¡Tenemos alcohol, cigarros, papas fritas, videojuegos, y esto! –dijo teatralmente mientras sacaba la revista de la mochila.
Al fin Ichigo pudo ver de qué se trataba, y se dio cuenta de que se trataba de la última edición de la Playboy. Seguramente gracias a Chad habían podido conseguir todo eso, dudaba que alguien se atreviera a preguntarle si era menor de edad. Ichigo observó durante unos minutos todo lo que tenían para entretenerse, y tomó una decisión.
-Hola, ¿papa? – Musitó – sí, soy yo, Ichigo. Oye, te llamo para decirte que puede que no llegue a casa hasta mañana, un amigo me invitó a dormir y puede que me quede. Está bien, tendré cuidado. Si papa. Sí, me gustan las mujeres, es un amigo, no te preocupes – una vena empezaba a asomarse en su frente – Nos vemos mañana, adiós. – colgó.
- ¿Te dieron permiso para quedarte? – preguntó Mizuiro. Ichigo le respondió tranquilamente – Es imposible que no me den permiso, nunca salgo. Además, mi viejo no tiene razones para no dejarme salir. – Mizuiro asintió.
- Bueno, ¿empezamos? – inquirió Keigo, que ya había destapado las cervezas, una para cada uno, y estaba entretenido golpeando con el codo la botella de ron.
Ichigo sonrió levemente – Por supuesto.
Y este es el segundo capítulo. Espero, como siempre, que lo disfruten. Pronto se vienen más situaciones que no querrán perderse. Lo siento si Ichigo se ve un poco OOC, pero la verdad es que dudo que aún él sea capaz de resistirse a una buena junta con alcohol de por medio jaja. ¡Esperen pronto el tercer capítulo! Y ya saben, cualquier cosa, review.
