CAPÍTULO 2. Dibujando corazones

Tras un largo día de continuas clases, las chicas salieron de la Sala Común por el hueco del Retrato de la Señora Gorda.

- ¿Vienes a la biblioteca Lily? – le preguntó Hannah.

- No puedo, tengo entrenamiento de Quidditch. – le respondió Lily, excusándose con una sonrisa.

- Ah sí, es cierto.

- Nos vemos en la cena entonces – se despidió Bonnie.

Lily se fue por otro de los pasillos del castillo, cogiendo un atajo ya que iba con 10 minutos de retraso. Y como siempre suele pasar cuando tienes prisa, vas a toda velocidad sin mirar por dónde vas. En una esquina, Lily sintió como se chocaba con alguien y caía para atrás, quedando sentada en el suelo.

- Tendrías que mirar por dónde caminas, Potter – replicó una voz que le era familiar a pesar de que llevara sin escucharla muchísimo tiempo.

Lily miró hacia arriba y se encontró, después de bastante, con su mirada. Sintió un cosquilleo en el estómago que casi le produjo un mareo y se levantó, sacudiéndose la falda.

- Se te ha caído – dijo Scorpius, entregándole su escoba. Lily la cogió sin darle las gracias.

- Vaya, ¿el rey de los cobardes me vuelve a dirigir la palabra? – le preguntó la pelirroja, claramente enfadada.

- No te hagas ilusiones Potter – le contestó Scorpius con una falsa sonrisa.

- Idiota – le dijo la otra, mirándole directamente a los ojos.

Scorpius le echó un rápido vistazo de arriba abajo, dándose cuenta de cuánto había crecido, de que ya se estaba convirtiendo en una mujer.

- Me quedaría a charlar y todo eso pero no puedo perder mi tiempo, hasta otra.

Scorpius avanzó dos pasos pero se detuvo cuando Lily pronunció su nombre.

- Espera Malfoy.

- ¿Y ahora qué? – le preguntó él girándose para mirarla. Ella se acercó a él.

- Hannah es mi amiga – le dijo Lily.

- ¿Hannah? Ah sí. No te preocupes Potter, ya estaba enterado.

- Veo que no lo comprendes Malfoy. Podrás salir con ella, enrollarte o lo que sea que quieras, pero no voy a permitir que le hagas daño, ¿entiendes?

- Vaya, ¿es una amenaza?

- Solo una advertencia que deberías tener en cuenta.

- ¿Y por qué crees que voy a hacerle daño? Me gusta, ¿tiene eso algo de malo?

- No sé si te gusta o si simplemente es un juego, ése es el problema.

- Te preocupa demasiado, ¿no crees?

- ¿Sabes lo que pasa, Malfoy? Que a mí me importa la gente que me quiere, y mis amigos. Qué pena que no pueda decir lo mismo de ti.

Lily le dirigió una última mirada y continuó por su camino, sintiendo cómo se le oprimía el pecho. Scorpius cambió la expresión de la cara, ahora por una abatida. Él sabía que Lily era directa, pero no había comprobado cuánto. A él le atraían las chicas como ella, con esa peculiar personalidad y ese fuerte carácter.

Y para qué mentir, Lily crecía y con cada año que pasaba se hacía una chica más y más guapa. Podría empezar la venganza con su amiga, y después con ella. Podría enamorarla y luego decirle que todo era una gran mentira, ya que él sabía que ella sentía una cierta debilidad por él.

Y aunque una segunda voz dentro de su mente le decía que no lo hiciera, empezó a plantearse el plan en su cabeza.

Al cabo de unas dos horas, Lily regresó a la Sala Común empapada, lamentablemente había llovido a cántaros durante el entrenamiento.

- ¡Vaya! Por lo que veo te has mojado un poquito – exclamó Bonnie al verla mientras repasaba su trabajo de Pociones junto con Hannah.

- Qué graciosa Bonnie.

- Sí que has tardado, ¿no? – preguntó la rubia, mirando el reloj que había en la pared.

- Richard estaba un poquitín exigente (NA: Richard va a séptimo y último curso en Gryffindor, es el capitán del equipo de Quidditch y además, está enamorado de Lily desde hace años). Voy a darme una ducha.

Aquella noche, Lily no consiguió pegar ojo. No podía parar de pensar en que Scorpius y Hannah tenían una cita el próximo fin de semana. Se preguntó si de verdad Hannah lo quería como un capricho o como algo más.

Al día siguiente por la tarde, las tres amigas se sentaron en la biblioteca, no con el fin de estudiar, sino de encontrar un sitio para pasar el tiempo y charlar.

- ¿Qué me puedo poner el sábado? – se preguntó Hannah, pensativa.

- ¿Ropa? – le preguntó Bonnie con cierta ironía.

Hannah resopló, intentando prolongar su paciencia, aunque con Bonnie era bastante difícil la mayoría de las veces.

- No me lo puedo creer – dijo la morena, poniendo los ojos en blanco y cogiendo el pergamino que Hannah tenía entre las manos - ¿tú estás bien de la cabeza?

- ¿Qué pasa? – preguntó Lily, asomándose y mirando lo que había escrito en el folio.

Se sorprendió al ver que no era ninguna palabra, sino que era un corazón con el nombre de Scorpius dentro. Y contenía el sonido del latido del corazón.

- Sinceramente Hannah, te desconozco – dijo Bonnie.

- Hannah, no crees que… ¿Lo de Malfoy es solo un capricho? – preguntó Lily, temiendo que su amiga se enfadara.

- No, él y yo nos hablamos desde hace dos meses – Lily y Bonnie la miraron incrédulas – sí, no me miréis así. Es tan… especial. ¿Sabéis qué? Voy a buscarlo.

Hannah se levantó de inmediato y salió disparada de la biblioteca.

- ¿De verdad lo ves normal? – Preguntó Bonnie, alzando el pergamino – Porque yo sinceramente no.

- Pues no pero… es su vida, ella sabrá lo que hace – dijo Lily.

- ¿Te vas a quedar de brazos cruzados?

- Ayer hablé con él – contestó con otra respuesta la pelirroja, la cual dejó desconcertada a la morena.

- ¿En serio?

- Sí, y estuvo de lo más borde conmigo. También insinuó que Hannah le gusta…

- Maldita sea.

Bonnie se cruzó de brazos y frunció el ceño, pensando.

- No hay quien te entienda. ¿No se supone que te cae mal Malfoy? Entonces, ¿para qué quieres que estemos juntos? – preguntó Lily, poniendo los ojos en blanco.

- Es diferente. Yo creía que… él estaba interesado en ti. Y tú, al estar también interesado en él…

- A veces me das miedo, ¿lo sabías? Te ideas tus propias historias en la cabeza de una manera que…

Bonnie resopló y se mordió el labio.

- Oye, ¿qué tal Albus? – preguntó la morena.

- Pues… Ya sabes, como siempre en realidad. Centrado en su último curso y en el equipo.

- Y no tiene ni cinco minutos para pensar en mí, ¿no?

- Sabes que él te quiere – le aclaró Lily con una sonrisa.

- En realidad ya no lo sé. No entiendo por qué cortó conmigo el año pasado.

- Bonnie, Albus es así. A veces se le cruzan los cables… Y no ha estado con ninguna otra chica. ¿Has pensado en hablar con él?

- No, y tampoco quiero. Me voy al Gran Comedor, a esperar a que llegue la hora de la cena.

- De acuerdo. Termino esta tarea de Defensa Contra las Artes Oscuras y te alcanzo.

Bonnie se levantó y salió de la biblioteca. Lily escribió con rapidez la última frase que le quedaba para concluir la tarea que le quedaba. Cuando terminó, dejó la pluma sobre el pergamino y cogió el que tenía el corazón dibujado.

- Vaya, ¿tanto te gusto que ya hasta dibujas corazones con mi nombre?

Lily dio un respingo en el asiento y se volvió. Ahí estaba Scorpius, con una sonrisa de oreja a oreja y una mirada que podría hipnotizar a cualquier chica.

- Eh… - la pelirroja se levantó de la silla – esto no es mío.

- Oh venga Potter, no me vengas con patéticas excusas ahora. He visto el corazón dibujado en tu pergamino.

- Sí, pero no es mío, ¿vale?

- Entonces, ¿de quién es? – preguntó Scorpius, haciéndose el inocente.

- De Hannah. – contestó secamente la pelirroja, cerrando su libro.

- Vaya, y yo que pensaba que te estaba empezando a caer un poquitín mejor – dijo el rubio con ironía.

Lily lo miró claramente disgustada, le chocaba la actitud que tenía el chico. Cogió el pergamino y con las manos lo estrujó. Scorpius hizo una mueca como si fuera su verdadero corazón el que estaba en el pergamino. Lily se lo metió dentro de la boca.

- Trágatelo, quizá así recuperes el corazón que perdiste hace tiempo.

Lily ni siquiera lo miró cuando salió de la biblioteca. Scorpius escupió la bola de papel y se quedó pensando en las palabras de la pelirroja.