Summary: Una adolescente curiosa. Un giratiempo. Un viaje al pasado. Una difícil decisión. ¿Qué harías por aquellos a los que amas? ¿Pondrías en juego tu propia existencia, tu futuro, tu vida?

Ya saben… los personajes son de J.K. Rowling. Yo sólo los tomo prestados y juego con ellos, no sólo para mi propio deleite sino para compartir mis locuras con ustedes.

Si alguien se pregunta sobre las parejas. Aún no están definidas y no se dejen llevar mis otras historias, sigo siendo Harmony hasta los huesos, pero nunca está de más jugar con otros.

Espero les guste mi nuevo proyecto.

¡Un beso!

Ale.

Capítulo 1: El giratiempo.

─ ¡Hugo! ¿Dónde has dejado mi libro?

Rose gritó desde la puerta de la habitación que ocupaba en casa de sus abuelos maternos. Ella y su hermano, habían decidido pasar las últimas semanas de vacaciones con ellos, mientras sus padres disfrutaban de unas merecidas vacaciones en un crucero.

Al día siguiente, ellos debían partir a Hogwarts; por esa razón, Rose se encontraba preparando su baúl y revisando por última vez las tareas que le habían sido asignadas para que trabajara durante las vacaciones.

Rose quería asegurarse sobre algo referente a los pasadizos del Castillo. Sabía que lo mejor era llamar a su tío Harry y pedirle el Mapa del Merodeador, pero su tío, al igual que sus padres, seguía de vacaciones. Molestarlo no era una opción; por eso, la primogénita de los Weasley Granger buscaba por todos los rincones de su habitación y de la casa el libro en que sabía, encontraría la información necesaria. Pero su libro "Hogwarts, una historia" no aparecía. La única persona que podía haberlo tomado era Hugo, pero su hermanito no daba señales de estar en la casa y el libro tampoco estaba.

― ¡Accio libro!― gritó Rose señalando con su varita hacia cualquier lugar.

En seguida, se escuchó un frenético movimiento en la biblioteca que mantenían sus abuelos en casa. Entonces, Rose supo que había cometido un grave error. Debió ser específica en lo que pedía.

Una estampida de libros volaba en su dirección. Rápidamente retrocedió y se escudó tras la puerta de su habitación, la que cerró tan rápido como pudo. Cuando el golpeteo de los libros contra la puerta cesó, se armó de valor y abrió.

Tal como supuso. Una gran pila de libros descansaba desordenadamente sobre el piso fuera de su habitación. Con un rápido movimiento de varita devolvió todo a su lugar, no sin antes revisar si alguno de los libros que había convocado, era el que con tanto ahínco buscaba. No tuvo suerte.

Dio gracias a Dios, por haber cumplido su mayoría de edad y ya poder hacer magia fuera del Colegio. Estaba pronta a comenzar su último año en Hogwarts y estaba más que ansiosa en terminar y así estudiar lo que tanto anhelaba: "Leyes mágicas". Estaba dispuesta a seguir los pasos de su madre y luchar junto a ella por los derechos de los elfos y de otras tantas criaturas mágicas que aún no lograban ser respetadas en el mundo mágico.

Una vez todos los libros volvieron a sus respectivos lugares, Rose ya había dado por perdido su libro. Decidió bajar a la cocina y ver qué hacían sus abuelos, quizás ellos sabrían el paradero de su hermano y por ende, también el de su libro.

― Abuela ― saludó con un beso en la mejilla a la anciana, que en ese momento preparaba lo que parecía ser mermelada de frutillas.

― ¿Qué ha ocurrido allá arriba, cariño?― Inquirió el abuelo que en ese momento entraba a la cocina saludando, también con un beso, a las mujeres presentes.

― He perdido uno de mis libros. Sólo estaba buscando, pero no he tenido suerte. Supongo que Hugo lo ha sacado. ¿Han visto a mi hermano? Necesito preguntarle por el libro, hay una información que debo comprobar.

― Tu hermano ha ido a La Madriguera. Él y Lily tenían tarea que hacer. Supongo que después de todo, sí es probable que Hugo haya tomado tu libro.

―. Supongo que sí, abuelo. Gracias. ¿Necesitas ayuda, abuela?- miró a su abuela que revolvía sin parar la olla que estaba sobre el fuego.

― No, cariño. No te preocupes. ― le sonrió ― Si necesitas ese libro con mucha urgencia, puedes revisar en el baúl de tu madre. Ella guarda en el ático sus pertenencias del colegio. Seguro tiene una copia allá arriba.

― ¡Gracias, abuela!― respondió Rose con una sonrisa.

No sólo podría encontrar el libro, sino que también tendría acceso a las pertenencias de su madre. Sólo Dios sabía qué cosas increíbles y de utilidad podría encontrar ahí.

Dio un beso a cada uno de sus abuelos y dejó la cocina prácticamente corriendo y se dirigió a las escaleras subiéndolas con premura. Llegó frente a la puerta del ático. Nunca había estado ahí, no sabía por qué, pero nunca había tenido la necesidad de estar ahí y siendo curiosa como era, tampoco esa característica heredada de su madre la había llevado a desear estar ahí. Ahora, su cuerpo ardía en deseos de entrar, de curiosear en las pertenencias de su madre y quizás, descubrir algunos secretos.

Tomó el pomo de la puerta y lo giró. No abrió, estaba cerrado con llave. Había salido tan rápido de la cocina que olvidó ese detalle. Se giró y descendió un par de escalones de regreso a la cocina. Se detuvo con una sonrisa y se giró.

― Soy una bruja ― se dijo.

Sacó la varita que guardaba en su pantalón. La miró aún sonriendo, la movió unos instantes. Señaló hacia la puerta y con una segura sacudida, la puerta se abrió.

Había estado trabajando en hechizos no verbales, pero sólo había logrado realizar hechizos menores como el simple "Alohomora". La puerta se abrió lentamente luego del clic que sonó cuando ella realizó el hechizo.

Rose entró observando hacia todos lados. Una ventana otorgaba un poco de luminosidad a la estancia. La mayor parte de lo que veía eran sombras, buscó el interruptor de luz junto a la puerta y lo accionó. Ahora podía distinguir mejor las formas de las cosas que ahí estaban.

En un rincón, había una cuna rosada. Supuso que era la de su madre cuando era un bebé, junto a la cuna, una gran cantidad de peluches, cada uno envuelto es su respectiva funda, por lo que se conservaban limpios.

En otra esquina, un ropero, un espejo y algunas cajas. Muebles viejos ocupaban la mayoría de los espacios, también habían cajas y algunos antiguos sillones de atención dental.

Cerca de la cuna divisó un baúl, ese debía ser el que buscaba. Camino despacio hacia él y sacó su varita. Algo le decía que no encontraría aquel baúl abierto. Se arrodilló frente a él e intentó subir la tapa sin obtener éxito en ello. Con su varita, repitió la acción que le permitió entrar al ático. Tampoco logró abrirlo.

― Debe tener algún tipo de contraseña ― pensó Rose en voz alta.

Intentó con varias opciones. El nombre de sus abuelos, el de su madre, el de su padre, de sus tíos, de su hermano, el suyo propio. Luego siguieron las fechas de nacimiento. Un hechizo revelador, pero nada de lo que intentaba parecía ser la clave.

― ¿Ábrete sésamo? ― intentó nuevamente sin tener éxito alguno.

Rose cayó resignada y apoyó su espalda contra el baúl. Su madre era conocida por ser una de las mejores brujas del último tiempo, intentar abrir ese baúl sería complicado. Sólo su madre debía conocer la forma de abrir aquel baúl y ella no regresaría hasta dentro de una semana y para ese entonces, ella ya estaría en Hogwarts y Hugo ya le habría devuelto su libro.

Se puso de pie dispuesta a abandonar su tarea y una última idea cruzó por su cabeza, se giró insegura, era algo que su madre no haría y sólo por eso, Rose creyó que era una buena idea.

Juro solemnemente, que mis intenciones no son buenas.

Y para sorpresa de Rose, el baúl se abrió.

El contenido del baúl estaba completamente ordenado. Los libros en un lugar y en el otro, cajas rotuladas señalando así su contenido. Frascos de tinta, plumas, pergaminos sin usar y otros al parecer usados.

Rose conocía lo ordenada y meticulosa que su madre era. Supo, sin necesidad de hacer una prueba, que aquel baúl guardaba mucho más de lo que parecía a simple vista. Ahí estaban 7 años de colegio, 7 años de aventuras y 7 años de amistad.

Comenzó a revolver entre los libros, y sí, ahí estaba el libro que había estado buscando. Lo sacó y recorrió sus páginas. Su madre había hecho algunas anotaciones en una que otra página. Las páginas mostraban haber sido leídas y releídas muchas veces y Rose recordó su propio tomó, estaba en las mismas condiciones que el que tenía entre las manos.

Dejó el libro en su regazo y continuó investigando el contenido. Sacó caja tras caja, libro tras libro, pergamino tras pergamino. Encontró una colección completa de lo que parecían ser diarios de vida, eran 8, supuso que era uno por cada año que estuvo en Hogwarts y otro debía corresponder al año en que buscaron los horcruxes. Estuvo tentada a leerlos, pero prefirió respetar la intimidad de su madre. Dejó también los diarios en su regazo y continuó revisando.

Ya casi en el fondo, una caja de color rojo llamó su atención. Sobresalía de las demás no sólo por resaltar entre las otras cajas blancas, si no, porque no tenía rótulo alguno. La curiosidad de Rose se hizo presente y tomó la caja entre sus manos. Recuperó su posición sentándose con las piernas estiradas y la espalda apoyada contra el baúl. Acomodó los diarios sobre sus piernas, tenía miedo a que de alguna forma éstos desaparecieran, y encima de los diarios puso la caja roja.

Con cuidado la inspeccionó. Rojo significa peligro, alertó una voz en su cabeza. Pero Rose estaba decidida a conocer el contenido.

Con lentitud y cuidado abrió la caja. Un destello dorado bailó en el fondo. Introdujo su mano con algo de miedo, pero decida a conseguir lo que brillaba. Sus dedos tocaron algo, era frío, como metal. Cerró sus dedos en torno a aquello, se sentía como una cadena. Tiró de ella y la sacó por fin de su resguardo.

Era una cadena de oro muy larga y fina, de ella colgaba un pequeño reloj de arena.

― ¡Un giratiempo! ― reconoció Rose.

Había escuchado sobre ellos, pero no sabía que su mamá tenía uno, ni tampoco por qué lo tenía escondido. Rose trató de recordar todo lo que había leído sobre estos aparatos. Sabía que servían para hacer viajes en el tiempo, pero no sabía cómo utilizarlos. ¿Debías pedirle un deseo? O quizás, ¿sólo debías señalarlo con la varita e indicar cuánto tiempo querías retroceder? Decidió que luego investigaría sobre eso, ya se estaba haciendo tarde y ella tenía que comprobar su tarea. Colgó el giratiempo en su cuello y tomó el ejemplar de su madre de "Hogwarts: Una historia".

Rose rebuscó entre las páginas del libro y encontró lo que tanto buscaba. Comenzó a leer y se distrajo tanto en ello que no notó que inconscientemente sus manos tomaron el pequeño reloj que pendía, ahora, de su cuello y jugaban con él.

Sin darse cuenta comenzó a girarlo; un giro, dos giros, tres giros y así le sucedieron varios más hasta que Rose necesitó sus manos para girar la página. En cuanto giró la página, todo a su alrededor comenzó a cambiar.

La sala desapareció. Rose sentía que volaba precipitadamente hacia atrás. Manchas de formas y colores borrosos pasaban a su alrededor. Sus oídos zumbaban, extraños sonidos se escuchaban. Ella quiso gritar, pero en medio del caos no podía oír su propia voz.

Sintió el suelo firme bajo sus pies y todo volvió a aclararse.

Reconoció el lugar en el que estaba, el ático de sus abuelos; pero las cosas que antes habían estado ahí, ya no estaban. Miró a su espalda, el baúl ya no estaba.

Aún sostenía en una de sus manos el libro de su madre y los ocho diarios estaban aún en su regazo. Por instinto tomó los diarios y los revisó. Cinco de ellos estaban escritos, cuatro estaban completos y el quinto sólo tenía escrito en la primera página:

"Estoy ansiosa por comenzar este quinto año. Cuento los minutos para reunirme con los chicos. ¿Cómo estará Harry? Extraño tanto no poder hablar con él. Sé que pronto lo veré; Dumbledore lo llevará a la guarida de la orden y es ahí a donde me dirijo ahora.

Te dejaré en casa querido diario, mis padres te llevarán conmigo a la estación dentro de unos días. Ellos llevarán mis cosas del colegio y podré despedirme. Tengo miedo, querido diario. Voldemort ha regresado y el mundo mágico, casi por completo, está en contra de Harry, él más que nunca necesita de nuestro apoyo.

Te veré pronto.

Con amor.

Hermione"

― ¡Mierda! ― gritó Rose ― ¡he viajado en el tiempo!

Luego de eso, se desmayó.