La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen

ADVERTENCIA: Contenido para adultos que puede herir susceptibilidades, si piensa que no será de su agrado por favor no lo lea.

Muchas gracias a todos por sus comentarios :) Ha sido una grata sorpresa haber recibido todos y cada uno de ellos

Esta historia era un experimento, no estaba planeada para una continuación pero ustedes me animaron a que así fuera y espero sea de su agrado.

Agradecimientos a la maravillosa Autumnevil5 que me está guiando en esto de llevar una historia de forma armoniosa


Regina despertó y lo primero que percibió fue el aroma del príncipe, se incorporó sobresaltada solo para darse cuenta que estaba sola en la misma celda y que el aroma provenía de la capa de David con la cual estaba tapada, seguía desnuda y no había parte de su cuerpo que no estuviera adolorida, especialmente su trasero y su intimidad. Apretó la capa entre sus manos y maldijo al príncipe por todo lo que le hizo el día anterior, sintió sus mejillas arder al recordar que la había sometido fácilmente, la había puesto sobre su regazo y la había nalgueado como si fuera una niña pequeña que necesitaba de una lección solo porque había intentado por millonésima vez matar a Snow.

Y no se había conformado con azotarla, sino que la había tomado como él quiso, se había asegurado de que ella le pidiera que lo hiciera y lo peor de todo es que no recordaba haber dormido tan bien en mucho, mucho tiempo. Lanzó un gemido mortificado mientras se tapaba el rostro con la capa y se dejaba caer en la cama, el muy idiota se había aprovechado de ella sin que pudiera impedírselo y el colmo era que había caído en su juego, no había podido resistirse por más que lo intentó, simplemente le fue imposible, al grado de que no recordaba haber tenido un orgasmo tan fuerte como el último.

Resignada se incorporó de nuevo en la cama, miró a su alrededor y vio que había ropa en la única silla que había, un vaso y una jarra con agua sobre la mesa. La ropa de seguro era porque la había dejado desnuda y expuesta a que tuviera que irse de esa forma, al menos le quedaba un poco de decencia al muy descarado, era lo menos que podía hacer después de haber roto el vestido, pensó con fastidio. Era más que obvio que mientras ella dormía alguien había entrado en la celda a dejar todo eso y se había marchado sin que se diera cuenta, otra seña de que durmió como nunca.

Se obligó a moverse para ponerse de pie y pudo constatar que efectivamente todo su cuerpo protestaba por la actividad que había tenido horas antes, logró sentarse en la orilla de la cama y se extrañó de ver que no había ningún guardia custodiando. Se levantó y la capa cayó al suelo dejando su delicada y bien formada figura al descubierto, pudo ver las marcas en sus caderas, cintura y muñecas que el paso de David había dejado en su cuerpo, cerró los ojos y juró que podía sentirlo de nuevo aferrado a su cuerpo, los abrió un poco espantada y esta vez se maldijo a sí misma.

Se acercó a la mesa y tomó de la silla el vestido que le pareció horrendo, al menos no tan feo como el de prisionera pero lo prefería más, el solo hecho de pensar en la posibilidad de que ese vestido fuera de Snow la hacía querer salir desnuda de ahí. Lo aventó de nuevo sobre la silla y bebió un poco de agua, se sentía abrumada por todo lo que había sucedido, se recargó en la mesa extrañada, no entendía cómo es que el príncipe había pasado de querer ejecutarla a azotarla y después tomarla de esa forma.

Se sentía muy confundida, él había llegado decidido y agresivo, descargando el odio que sentía por ella, se había aprovechado de que no tenía magia y de que no había forma en la que ella pudiera defenderse. Había sido pasional, dominante y posesivo pero al mismo tiempo había sido entregado, cuidadoso con ella y podría jurar que un poco ¿tierno? Se rió de sí misma, eso no era posible, no había forma de que hubiera algo más detrás de la satisfacción de dominarla, de tomarla y de que hiciera lo que él quería y ya, si se lo había dejado muy en claro, que quería que suplicara, que gritara su nombre y que jamás pudiera olvidarse de ese encuentro

- Maldito pastor pervertido - dijo aventando el vaso que tenía en su mano contra una de las paredes de la celda al no poder evitar contener la rabia que sentía por ello. Estaba molesta consigo misma porque era exactamente lo que había terminado haciendo.

Estaba perdida en sus pensamientos cuando sintió que su magia regresaba, no pudo evitar sonreír emocionada al sentirla fluir por su cuerpo, de esa forma podría irse sin tener que correr el riesgo de toparse con David ni tener que soportar la humillación de hacer el recorrido de ser expulsada de ese reino. Lo primero que hizo fue vestirse con un vestido azul marino con pedrería fina, sencillo pero propio de la reina que era.

Ahora solo tenía que encontrar la forma de vengarse de Snow ya que gracias al endemoniado de Rumplestiltskin no podía dañarla, le debía una muy buena explicación. Y el príncipe, ese pervertido, aún no sabía qué era exactamente lo que haría luego de lo que sucedió pero estaba segura de que las cosas no se quedarían así, de alguna forma le iba a cobrar lo que le hizo.

Instintivamente su mirada se posó en la capa de David, en el momento en que había decidido dejarla sola en la celda se había tomado la molestia de arroparla con su capa, la hacía sentir tan extraña pensar en que él pudiera preocuparse por ella de esa forma, reprimió el impulso de tomarla e invocando su magia desapareció en una enigmática nube de humo morado.


Fueron tres días los que pasaron después de que la reina malvada hubiera sido desterrada del reino, eran los días en que habían comenzado a vivir su final feliz, el inicio de un futuro lleno de paz, felicidad y prosperidad por el resto de sus vidas.

David se encontraba en la orilla de un pequeño lago un tanto alejado del castillo, lanzando piedras con su capa ondeando levemente con el viento mientras pensaba en esos escasos días en que se suponía que toda la pesadilla había acabado, Snow solo hablaba de lo feliz que se sentía y ya comenzaba a planear la boda de ambos ante el reino. Y él, la verdad es que él sentía todo menos felicidad, habían pasado tres días desde aquel día en que había ido furioso a castigar a Regina por intentar matar a Snow pero parecía que el castigo se lo había impuesto a sí mismo en el momento que decidió hacerla suya.

No tenía ningún momento de paz, cuando no eran los sueños, eran sus propios pensamientos que estaban inundados de ella y cada que veía a Snow e intentaba visualizar un futuro a su lado no podía lograrlo porque todos y cada uno de los caminos que buscaba lo llevaban a la reina. Por más que lo intentaba no podía olvidarse de ella y es que después de haber estado con Regina, de haberla escuchado gemir su hombre y suplicarle que la hiciera suya era estúpido pensar que podía olvidarse de ella tan fácilmente, no podía y tampoco quería.

No podía evitar sentirse culpable por desear a esa mujer de una forma que jamás había deseado a la que tenía ni a ninguna otra, por haber tomado a una mujer que no le pertenecía, por desear tener a una mujer que no era la suya. Y es que claro que eso solo le podía pasar a él, de todas las mujeres que podía desear de esa forma tenía que haber sido precisamente en la que jamás debió haber puesto los ojos, la que representaba el peor de los pecados y traiciones.

Pensó que azotando su hermoso trasero como tantas veces lo había deseado quedaría satisfecho, que con tenerla sobre su regazo y darle unas merecidas nalgadas iba a ser suficiente para quedar conforme y descargar toda su ira reprimida, pero por supuesto que con eso no había bastado, recordaba como con cada nalgada y cada gemido de Regina ese deseo inexplicable y oculto que sentía por ella comenzó a salir a la luz.

Aventó la última piedra con peculiar fuerza, estaba decidido, no iba a dejar las cosas así, no quería, tenía que verla y tenerla de nuevo a como diera lugar, era un pensamiento que rondaba su cabeza desde que despertó al día siguiente de haber estado con ella, desde que esa misma mañana fue a buscarla y no la encontró en la celda, no recordaba haberse sentido tan decepcionado en su vida y supo que tarde o temprano terminaría buscandola.

Dio media vuelta y se quedó completamente paralizado. Ahí frente a él estaba ella, mirándole retadora, altiva y oh, tan hermosa y enigmática, llevaba un vestido largo negro que se ajustaba apretadamente a su torso y hacía que sus encantadores senos se asomaran de forma nada tímida, en sus preciosas piernas unos ajustados pantalones de cuero negro y unas botas con un fino tacón que estaba seguro podrían atravesarle el corazón si se paraba sobre él. Tenía su cabello recogido en un moño alto, era la viva imagen de sus oscuros deseos que tanto le atormentaban.

- ¿Feliz de verme pastor? - escuchó a la reina con su hermosa voz burlesca

- No creo que más que tú, majestad - dijo cortésmente, sabía que estaba en desventaja, esta vez ella tenía magia y era capaz de defenderse, si bien era verdad que no podía dañarlo no estaba seguro hasta dónde llegaba esa restricción y muy seguramente estaba furiosa por lo que había pasado

- Tan encantador como siempre… - dijo ella soltando una pequeña risa - Y dime, ¿Qué se siente estar viviendo el final feliz? - le preguntó con ironía mientras se acercaba un poco a él - ¿Puedes dormir tranquilo sabiendo que traicionaste a tu querida Snow? - vio como el príncipe apretaba su mandíbula ante sus palabras, seguramente estaba conteniendo la rabia y ella lo estaba disfrutando. Había ido ahí a atormentarlo un poquito, solo quería diversión, tal vez no podía dañarlo físicamente, pero podía jugar un poco con él como él lo hizo con ella, o al menos eso era lo que se decía a sí misma.

- Te recuerdo majestad, que fuiste desterrada de este reino, no deberías estar aquí - le dijo entre dientes y la vio hacer un gesto a modo de desdén - Estas desobedeciendo y no creo que hayas venido hasta acá a que te de otra lección - se burló ahora él y vio como sus mejillas se encendían levemente - ¿Viniste porque quieres más Regina? - se arriesgó a preguntar, sabía que estaba jugando un juego peligroso, que no le convenía hacerla enojar pero al mismo tiempo deseaba tanto poderla provocar como ella lo estaba haciendo con él. Ésto simplemente le recordaba por qué había decidido darle unas buenas nalgadas la vez anterior, era impresionante la forma en que lograba irritarlo con sus palabras y comportamiento y mentiría si dijera que no lo volvería a hacer.

- ¿Crees que fuiste tan bueno como para que sea así? - dijo la reina cruzándose de brazos y recargándose en una de sus caderas, no esperaba que fuera tan directo y descarado - Tienes demasiada seguridad en ti mismo, ese debe ser tu fuerte querido - le dijo arrugando su bella nariz

- Es ser encantador, no se te olvide - la escuchó lanzar un pequeño suspiro de fastidio - No veo otra razón por la cual hayas venido hasta acá a verme - dijo él sonriendo abiertamente y viendo como eso lograba molestar notablemente a la reina.

- ¿De verdad crees que eres tan encantador después de haberte aprovechado de una reina indefensa? - se burló en su cara con fingida inocencia - ¿De verdad crees que eres tan bueno y puro de corazón después de lo que me hiciste? Porque por si no te habías dado cuenta, encantador - hizo énfasis en la palabra - te dejaste llevar por sentimientos oscuros, pasionales y prohibidos ¿Qué dice eso de ti? - dijo soltando una pequeña carcajada.

Pero claro que lo sabía, le asustaba un poco pero al mismo tiempo aceptaba que la sensación de haberse dejado llevar por lo que sentía por ella había sido extremadamente liberadora, se sintió tan distinto y tan real al mismo tiempo. Nunca se había sentido así con Snow y por supuesto que había comenzando a cuestionarse si eso del amor verdadero era en verdad para siempre y también a cuestionar sus sentimientos por la mujer que tenía enfrente

- No tienes que fingir conmigo - dijo ella - conozco uno de tus oscuros secretitos que estoy segura jamás permitirás que tu amada Snow sepa ¿Te imaginas qué pensaría ella y todo el reino? Si supieran que.. -

- Basta - ella sonrió malvadamente, sonaba tan autoritario, había logrado provocarlo y eso le gustaba, pero podía presionar un poquito más

- Solo para que lo sepas eso que pasó entre nosotros encantador, no significó absolutamente nada, ni siquiera eres tan bueno en la cama como para que ese sea el motivo de que yo esté aquí - le dijo con un poco de desprecio intentando herir su orgullo de hombre.

- Me ofendes majestad - dijo retomando la compostura y acortando la distancia entre ambos. Sabía que ella estaba jugando con él, que lo estaba provocando y no se lo iba a permitir. La vio observarlo acercarse pero a diferencia de aquel día no se movió intentando huir y ni siquiera parpadeo para no perderle de vista.

Como la reina no decía nada se acercó hasta que estuvo frente a ella, muy cerca, sonrió porque aún con sus altos tacones seguía siendo bajita para él y tenía que mirar hacia abajo para verla a los ojos - Yo puedo asegurar que te encantó lo que te hice - vio como sus hermosos ojos se abrían un poco más, la tenía tan cerca que podía ver cada detalle de sus bellas facciones - Y casi podría jurar que has venido porque no me puedes sacar de tu mente y porque aunque lo niegues quieres que vuelva a pasar - estaba jugando con fuego y deseaba más que nada poderse quemar si eso significaba que podía tenerla de nuevo y que ahora ella estuviera totalmente dispuesta a estar con él.

De lo único que estaba seguro en ese momento era que la necesitaba, se estaba conteniendo para no lanzarse encima de ella, no entendía cómo era posible que Regina lograra ese efecto en él, jamás había sido así con ninguna de las pocas mujeres con las que había estado en su vida, jamás había sido así con quien se suponía era su amor verdadero y muy en el fondo temía que eso significaba algo más.

Regina por su parte sentía que sus piernas se debilitaban un poco al tenerle tan cerca, odiaba sentirse así, su mente le gritaba que no debía dejar que eso pasara porque el muy atrevido había osado a aprovecharse de ella, la había tomado como nunca antes nadie lo había hecho y había cumplido con su palabra porque no había podido sacarse de la mente todo lo que él le hizo y la forma en la que la hizo sentir.

Ninguno de los dos sabía que estaban buscando lo mismo en ese encuentro, asegurarse de que lo que fuera que habían sentido en esa celda no significaba absolutamente nada, que lo que sintieron solo fue producto del momento, del arrebato de pasión, el deseo carnal y nada más.

Lo vio reclinarse hasta alcanzar su oído para hablarle con su exquisita voz un poco ronca, impregnada de deseo - ¿Quieres saber si soy capaz de hacerte sentir así de nuevo? - y se suponía que ella era la malvada. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando lo escuchó hablarle al oído de esa forma y la sensación fue a parar directo a su intimidad.

David estaba decidido a no dejarla ir así como así, no iba a desaprovechar la oportunidad de tenerla de nuevo, no después de haber probado el fruto prohibido, porque eso era lo que Regina era en realidad, era una mujer prohibida por muchas razones, lo sabía y aún así se arriesgó aquella vez, quizá eso era lo que hacía que la deseara con tanta intensidad.

Regina sentía como su propia respiración comenzaba a agitarse un poco ante la anticipación, lo vio moverse y sintió como rozaba apenas su nariz con la de ella juguetonamente, no pudo evitar cerrar los ojos ante el pequeño gesto - ¿Qué dices majestad? - le habló casi sobre su boca y ella moría porque se callara, la besara y la tomara - ¿Quieres que te haga mía de nuevo? - repitió el movimiento y ella no pudo evitar soltar un pequeño jadeo casi imperceptible.

El príncipe sintió que su miembro empezaba a endurecer notablemente ante la leve reacción de Regina, quería que ella diera el primer paso, se estaba muriendo por tomarla entre sus brazos pero quería que fuera ella quien iniciara todo esta vez, se estaba torturando a sí mismo ante la espera y rogaba porque la reina cayera pronto de lo contrario aventaría su propósito por la borda y la tomaría de nuevo como aquella vez.

La estaba seduciendo y se suponía que era ella la que debería estar seduciendo y jugando con él, estaba tan cerca, podía oler su delicioso aroma masculino que hacía que su intimidad se humedeciera. El príncipe ganó, ella no aguantó más lo tomó de las orillas de la capa y lo jaló hacia abajo para estampar sus labios con los de él en un beso arrebatado, necesitado y lleno de deseo que fue gustosamente recibido por el príncipe quien no tardó en abrir su boca para permitirle el paso y responder a su demandante beso, sintió la lengua de él internarse en su boca, invadiendola y robándole el aliento.

Su corazón se aceleró cuando ella lo jaló para besarlo, sintió todo su cuerpo electrizarse ante la acción, por fin, la estaba besando de nuevo, estaba probando su dulce boca una vez más, había soñado tanto con volverla a besar, con poderla tocar y tenerla entre sus brazos de nuevo. La abrazó, la estrechó entre sus brazos respondiendo a su beso apasionado, no pudo evitar llevar sus manos hasta su hermoso trasero, lo masajeo y la sintió gemir dentro de su boca por ello.

La reina rompió el beso, clavó su mirada en la azul de él y comenzó a desfajar su camisa y aflojar sus pantalones, sin apartar su vista ni un segundo, metió su mano en los pantalones del príncipe hasta encontrar su ya endurecida erección, disfrutó tanto de verlo entrecerrar los ojos y jadear alto cuando lo tocó, lo masajeo un poco y después desabrochó los pantalones para poderlo sacar.

Sentir la mano de Regina en su miembro fue demasiado pero cuando lo sacó y comenzó a mover su mano sobre el mismo no aguantó, llevó sus grandes manos a su bello rostro y la besó como si su vida dependiera de ello, comenzó a atacar su cuello después mientras ella lanzaba pequeños gemidos que eran amortiguados por ella misma mordiéndose el labio inferior. Atacó su linda boca una vez más y comenzó a avanzar haciéndola retroceder hasta que la espalda de ella estuvo a punto de chocar con un gran árbol pero a tiempo se detuvo, la recargó suavemente contra el árbol y la atrapó colocando ambas manos a cada lado de ella.

La reina lo escuchó respirar pesadamente, como intentando contenerse, luego él posó en sus ojos su mirada azul ligeramente oscurecida por el deseo y la pasión, la veía tan intensamente que Regina se sentía hipnotizada, sentía su corazón acelerado, se sentía expectante y ansiosa.

David sentía que era demasiado el intenso deseo que tenía por Regina y temía que no fuera capaz de controlarse, la besó de nuevo después de mirarla por unos segundos que le parecieron eternos, estaba disfrutando tanto que ella respondiera a todas sus caricias, bajó por todo su cuello y siguió hasta sus senos, comenzó a besarlos, tomó el corset entre sus manos y lo abrió de un solo movimiento brusco dejándolos libres

- Eres un salvaje pervertido - espetó Regina con ironía. Sus senos eran perfectos como toda ella, los tomó entre sus manos y los masajeo acariciando con sus pulgares los pezones que comenzaban a endurecerse bajo su trato mientras veía a la reina intentar contener el placer que eso le provocaba.

- Ambos sabemos que te gusta rudo, hermosa - antes de que ella pudiera protestar lamió uno de sus pezones haciendo que no pudiera responder, sonrió encantado y tomó en su boca el lindo pezón y lo succionó mientras acariciaba el otro, succionaba y mordisqueaba uno mientras acariciaba y daba pequeños pellizcos al otro y esos gemidos que eran como un hermoso canto para sus oídos no se hicieron esperar, sentía las delicadas manos de la reina acariciar su pecho por debajo de su camisa, decidió intercambiar sus atenciones entre los dos endurecidos pezones, los gemidos de la reina habían subido de intensidad y se movía un tanto ansiosa, sabía que silenciosamente le pedía por más, comenzó a bajar su grandes manos por todo su estilizado torso, la aferró de la estrecha cintura y siguió bajando hasta llegar a los pantalones de cuero e intentó bajarlos pero estaban demasiado ajustados y complicados.

Regina no pudo evitar sonreír al verlo luchar con sus pantalones, estaba terriblemente excitada y no quería esperar más, apartándolo un poco de ella movió su mano y sus pantalones junto con su ropa interior y botas desaparecieron dejándola completamente desnuda de la cintura para abajo.

- Eres bellísima Regina - el príncipe se mordió el labio inferior brevemente al verla, de no ser por el vestido estaría completamente desnuda frente a él, era como una capa que la cubría por detrás, pero podía verla completamente desnuda de frente a excepción de sus brazos, la vio sonreír coqueta ante el halago y le fascinó, su miembro dio un tirón por la hermosa vista que tenía enfrente y no podía evitar sentirse el hombre más afortunado del mundo, la mujer más hermosa de todos los reinos estaba semidesnuda frente a él y le miraba expectante. Se acercó con un aire dominante y la apresó fieramente por la cintura, estaba aún más bajita sin sus tacones y le encantaba.

Sintió los dedos de David apretar su cintura con la presión justa, era firme pero delicado a la vez y eso le encantaba, lo sintió mordisquear su oreja y jadear en su oído en sincronía, iba a llevar sus manos a los fuertes hombros del príncipe pero de pronto él la soltó, ella se quejó por la pérdida de contacto y le miró extrañada mientras él daba un paso hacia atrás.

Lo siguiente que ocurrió fue para la reina de los actos más eróticos que cualquier hombre podía ejecutar para ella, pero el simple hecho de que fuera David hacía que su excitación brotara involuntariamente de su intimidad amenazando con resbalar por el interior de sus muslos, el príncipe clavó nuevamente sus ojos en los de ella y poco a poco fue bajando hasta estar hincado frente a su intimidad, lo vio acercar su rostro hasta su palpitante sexo pero sin tocarla, la veía con su intensa mirada azul que sentía que penetraba en su alma. Lo sintió acariciar sus muslos, ella inmediatamente abrió sus piernas para darle acceso a su húmeda intimidad y sin apartar un solo momento la vista de ella sacó su lengua lamiendo a lo largo y ella no pudo evitar jadear de necesidad y entrecerrar sus ojos.

Estaba completamente empapada e inmediatamente la pudo saborear en su boca, había extrañado el sabor de su esencia, tan propio de ella, sin mucho preámbulo tomó entre sus labios el clítoris a su disposición y lo chupó con fuerza.

- ¡Ah! - la escuchó jadear sorpresivamente y sintió las manos de la reina inmediatamente en su cabello aferrandolo mientras ella jadeaba moviendo sus caderas para encontrarse con su boca, llevó una de sus manos a su trasero y apretó una de sus nalgas haciendo que ella enterrara sus uñas en su cabeza. Soltó el hinchado botón de placer de la reina y comenzó a introducir su lengua en su intimidad, ahora fue un grito ahogado lo que escuchó, su erección comenzaba a ser dolorosa porque cada sonido que ella dejaba escapar de sus preciosos labios los sentía directamente ahí.

Si no fuera por las grandes manos del príncipe sosteniendola y el árbol en el que estaba recargada juraría que ya hubiera caído porque sus piernas temblaban incontrolablemente por el intenso placer que sentía y ella lo estaba adorando, había soñado esos últimos días tanto con volver a sentir la boca de David dándole placer. Sintió su orgasmo cada vez más cerca y pegó más el rostro del príncipe a su intimidad, sentía que su lengua llegaba más dentro y su nariz proporcionaba una exquisita atención a su necesitado clítoris, sintió que con ambas manos ahora la tomaba del trasero para acercarla más él también, echó su cabeza hacia atrás mientras su espalda se arqueaba levemente, jadeando y saboreando la llegada de su orgasmo, estaba tan cerca, pero nunca llegó porque él se detuvo.

- No - la escuchó quejarse porque se había detenido, volvió a lamer toda su intimidad y ella jadeo muy alto esta vez. Le encantaba darle placer con su boca, su sabor y sus reacciones, todo era perfecto, podría pasarse el día entero perdido en el sabor de su esencia pero necesitaba estar dentro de ella, su erección ya era demasiado incómoda y necesitaba descargar su placer. Dejó un beso en su intimidad haciendo que ella moviera sus caderas hacia él buscando contacto, subió un poco y besó pronunciadamente su vientre, escuchaba su respiración entrecortada y desesperada - ¿Qué haces? - preguntó ella con voz afectada empujandolo de los hombros con sus manos para que bajara de nuevo, la ignoró y siguió subiendo, repartiendo besos por todo su torso y entremedio de sus senos, por su cuello y sentía el pequeño cuerpo entre sus brazos temblando mientras hacía eso, hasta estar de pie, besó la comisura de sus labios, se separó levemente para poderla ver a los ojos y le sonrió con una expresión maliciosa - No, David… necesito q.. - no la dejó terminar, la besó apasionadamente obligándola a probarse a sí misma de su boca, no podía resistirlo, había caído en cuenta que la reina solo decía su nombre mientras estaba excitada y le encantaba como sonaba su nombre de su boca, quería escucharla repetirlo durante todo el tiempo que fuera posible. Tanteo su húmeda entrada, deslizó uno de sus dedos de un solo empujón y la sintió gemir alto dentro de su boca.

- Se qué necesitas, preciosa. Lo sé - dijo besando su mejilla y colocando su otra mano a un lado de su cabeza apoyada en el árbol, la sintió aferrar con sus delicadas manos su capa mientras trabajaba su dedo dentro de su húmeda intimidad, la veía jadear con su boca entreabierta y los ojos cerrados - Yo también te necesito - dijo mientras introducía un segundo dedo y Regina abrió los ojos inmediatamente mirando hacia la nada al tiempo que abría su hermosa boca pero no salió ningún sonido de ella. Podía sentir que su interior estaba igual de estrecho que hacía tres días y la sola idea de pensar que pronto estaría dentro de ella, de ese apretado y cálido interior era motivo para temer que se vendría así, en la nada.

Le había dicho que la necesitaba y eso la hacía regresar un poco a la realidad y temía tanto que sus palabras y la forma en que la trataba efectivamente estuvieran llegando a ella más allá del deseo y la satisfacción carnal. Sintió que David colocaba su mano en su mejilla izquierda y la acariciaba con su pulgar, mientras besaba su otra mejilla con calidez y no quería que fuera así, no quería que la tratara como si de verdad le importara porque eso la confundía y la hacía sentir tantas cosas que no quería sentir. Llevó sus manos a los cardones de la capa y los aflojó hasta que la misma cayó al pasto, bajó sus manos hasta la orilla de la camisa de David y comenzó a subirla.

Lo escuchó soltar una risita y eso la frustró, necesitaba tenerlo dentro, quería volver a sentir su ardiente erección penetrándola y ensanchando sus paredes internas, si le había dicho que él quería hacerlo ¿por qué demonios no lo tenía dentro ya? - ¡Ahhh! - jadeó cuando el enorme pulgar de él presionó contra su clítoris sacándola de sus pensamientos y ella apretó sus ojos.

- Shh, déjame hacer ésto, quiero que te vengas en mis dedos y después puedes quitar mi camisa - le dijo riendo y besando su mejilla de nuevo, ella volteo su rostro, no podía evitar que sus caderas se movieran involuntariamente junto con sus dedos y no quería que él le mirara, no es que le avergonzara, ni su sexualidad ni disfrutar del sexo la hacían sentir así pero ésto con David, era algo que nunca había sentido con nadie, era tan intenso que pensaba que no era capaz de soportarlo.

- Tú solo disfruta, somos solo tú y yo, como aquella vez, déjate llevar - le dijo mirándola atento a sus reacciones, tomó con su mano libre el rostro de Regina y lo volteó hasta tenerla de frente de nuevo, quería verla, no entendía su propio afán por verla gozar de placer, por quererla hacer sentir segura con él pero era algo que no podía controlar, las palabras abandonaban su boca antes de que su cerebro pudiera procesarlas y darse cuenta de qué estaba haciendo exactamente con ella - Déjame escucharte gritar de placer - y es que en verdad podría conformarse con solo verla y escucharla día y noche en medio del placer, era una completa visión verla llegar al orgasmo y se estaba muriendo por poder presenciar ese momento de nuevo, pero saber que era él quién lo lograba hacía que la sintiera suya. Ella aferró sus delicadas manos a su camisa y podía sentir las paredes del interior de la intimidad de la reina apretarse en espasmos deliciosos sobre sus dedos.

Ella no podía evitar gemir y jadear más alto con sus palabras, el muy pervertido lograba excitarla más cuando le hablaba así, su vientre se apretaba y su orgsamo se acercarcaba cada vez más y más, la mortificaba pensar que él estuviera tan preocupado por hacerla sentir bien, de pronto se preguntaba qué demonios estaba haciendo dejándose hacer, como si estuviera entregándose a él, pero esos grandes dedos penetrandola la distraían de sus pensamientos - Ohh.. Ohhh, David - jadeó casi sin aliento al sentirlo aumentar el movimiento de su mano, Regina empezó a sentir que su cuerpo se tensaba, un par de movimientos de los dedos dentro y su espalda se arqueo lo más que la posición le permitió al tiempo que llegaba su orgasmo y no pudo evitar gritar de placer, sus piernas perdieran fuerza, lo sintió apresarla con su cuerpo contra el árbol para que no cayera y no tener que sacar su mano de entre sus piernas para seguirla estimulando durante su orgasmo.

Verla llegar al orgasmo lo hacía sentir que se quemaba por dentro y temía que se volviera una obsesión para él, pero es que era divina así, toda sudorosa y sonrojada, jadeando pesadamente y apretando sus ojos.

Cuando ella pudo recuperar el aliento se dio cuenta que jalaba la camisa de David hacia abajo y posiblemente estaba lastimando su cuello pero él no decía nada, el príncipe extrajo sus dedos de su interior y ella no pudo evitar quejarse, lo vio sonreírle mientras llevaba tal cual la vez anterior los dedos que tuvo dentro de ella a su boca y chuparlos para limpiarlos de su esencia mientras la miraba a los ojos y hacía un gesto como si estuviera probando lo más delicioso del mundo.

-Tan exquisita como la última vez, majestad - y ahí estaba el pervertido de nuevo, Regina no pudo evitar soltar un gemido mortificado por sus palabras y lo sintió colocar un beso en su frente.

Regina lo empujó un poco para tomar la orilla de su camisa con manos ligeramente temblorosas a causa del orgasmo y con ayuda de él al fin pudo sacarla, lo jalo del cuello con una mano y lo besó arrebatadamente, ambas manos de la reina acariciaron su pecho por unos segundos en medio del beso, después una de las delicadas manos de ella bajaba y tomaba su miembro de nuevo para estimularlo.

No puedo evitar sisear por la sensación, a comparación de la otra vez no era él controlando todo el escenario, ahora ella estaba participando activamente porque quería lo mismo que él y le encantaba - ¿Te quieres venir en mi mano encantador? - le preguntó la reina mientras acariciaba con su pulgar la punta de su erección que ya dejaba escapar líquido preseminal por la espera, soltó una maldición en bajito por sus palabras y eso la hizo reír tan bonito que no pudo evitar pegar su frente con la de ella.

- No - le dijo de forma decidida y un tanto autoritaria cuando pudo encontrar sus palabras, vio como los hermosos ojos chocolate se iluminaban de anticipación y ella se mordía el labio inferior. Tomó la delicada mano que acariciaba su miembro, la llevó hasta sus labios y la besó para después llevarla a su propio hombro - Lo único que quiero es darte placer - le dijo mirándola a los ojos intensamente, con un tono que no dejaba lugar a que ella respondiera - Quiero verte deshacerte entre mis brazos como la otra vez - pasó sus manos por debajo del vestido y aferrandola del trasero la alzó y ella inmediatamente enganchó sus piernas alrededor de su gruesa cintura. Adoraba que fuera tan fácil tomarla entre sus brazos, era tan ligera y pequeña a comparación de él - Quiero verte y oírte disfrutar del sexo conmigo - le dijo con la voz arrebatada de pasión y vio como las mejillas de ella se encendían al tiempo que su mirada se tornaba un tanto tímida, se veía terriblemente adorable.

Regina sentía que su excitación volvía a resbalar ligeramente de su intimidad por sus palabras, mentiría si dijera que no le gustaba que le hablara así, y es que jamás pensó que David podría ser esa clase de hombre que le gustaba hablar subido de tono en la intimidad y eso le calentaba, era parte del encanto que tenía y por lo cual no pudo evitar caer rendida entre sus brazos la vez anterior - Quiero que me digas que te gusta todo lo que te hago - además eso, su preocupación y ocupación por su placer antes que el de él ante todo la mataba.

- David… yo… - pero no pudo continuar, quería decirle que ella también lo necesitaba y que también quería lo mismo, pero no quería mostrarse así ante él, la hacía sentirse tan vulnerable y no podía evitar sentir miedo de que él la viera así, había visto suficiente la vez anterior y no estaba segura de qué era lo que pasaba entre ellos por lo que se resistía aún a dejarse llevar por completo.

- Pídeme lo que quieras, yo concederé belleza - la besó de nuevo y ella se abrazó a su cuello besándolo de vuelta. Era un beso apasionado y entregado por parte de ambos y parecía que ninguno quería que acabara, solo se separaron cuando les faltó el aire.

- Te quiero dentro - dijo ella sin aliento, lo miró a los ojos y otra vez esa hermosa sonrisa se dibujó en su rostro varonil, esa que tanto adoraba en silencio y odiaba al mismo tiempo porque era demasiado para ella. Regina bajó su mano entre ambos, tomó el endurecido miembro del príncipe y lo llevó directo a su propio sexo, se estimuló a sí misma un poco con la cabeza de la caliente y palpitante erección, haciéndolo cerrar los ojos y gruñir intentando contenerse, confiada en que él no la dejaría caer movió sus caderas para buscar la posición correcta de ambos, colocó la punta de su miembro en su entrada y besó la mandíbula del príncipe despacio mientras movía sus caderas hacia él empujandose contra su miembro, cuando la cabeza entró no puedo evitar que un lloriqueo impregnado de placer abandonara sus labios y eso solo logró que David se encendiera más.

Colocó el pequeño cuerpo de la reina lo más delicadamente que le fue posible contra el árbol de nuevo, su respiración era extremadamente pesada, Regina estaba muy mojada y su miembro resbalaba dentro lentamente por los suaves movimientos de ella, todo era tan intenso que le parecía irreal, no quería nada más en el mundo que satisfacer todos y cada uno de los deseos de la hermosa mujer entre sus brazos, lo tenía hechizado, era un hecho, no tenía ni la más mínima idea de cómo lo había logrado pero ahora era él quien se sentía más de ella de lo que estaba seguro ella podría llegar a ser de él.

Regina jadeaba entrecortadamente mientras sentía el miembro de David penetrándola muy lentamente, la sensación seguía siendo extraña porque su interior se estrechaba alrededor de esa grande y caliente erección creando demasiada presión dentro, su vientre se apretaba un poco involuntariamente, sentía sus pezones extremadamente duros, cada fibra de su cuerpo respondía al acto.

El príncipe no aguantó más, comenzó a empujar ahora él y la vio removerse incómoda y abrir su hermosa boca, espero un poco y repitió la acción, afortunadamente ella estaba tan excitada que la penetración resultaba mucho más fácil, faltaba un poco para estar completamente dentro y su cadera se movió bruscamente internándose hasta lo más profundo que podía llegar dentro del cuerpo que lo recibía.

Ambos lanzaron un grito de doloroso placer, solo que el de ella tuvo un leve quejido y su cuerpo se tenso entre sus brazos, se quedó quieto al escucharla y sentirla, Regina se quedó quieta también, recargada en el árbol respirando pesadamente.

David sentía que iba a morir porque necesitaba moverse desesperadamente, estaba tan apretada como la vez anterior, se ajustaba a la perfección a su miembro y creaba una deliciosa casi dolorosa presión sobre él, esta vez el interior de Regina no luchaba contra él, fue recibido armoniosamente, no quería venirse con solo penetrarla pero ese cálido interior se contraía de pronto de manera involuntaria aumentando las sensaciones, estaba aguantando porque quería darle tiempo para que se acostumbrara pero lo estaba sintiendo como el mismo infierno, moría por moverse dentro de esa deliciosa intimidad, hasta que por fin la sintió acomodarse y comenzar a mover sus caderas levemente de nuevo.

Ella lo iba a matar, estaba seguro, era demasiado excitante sentirla moverse buscando placer, la jaló un poco hacia él y ella gimió quedito abrazándose fuertemente a él, después la sintió besar su cuello por lo que comenzó a moverse lenta pero firmemente procurando enterrarse hasta el fondo de ese bello y perfecto cuerpo en cada movimiento, ella estaba tan aferrada a él que podía sentir sus pezones duros contra su propio pecho.

- Mmhh, David - la escuchó gemir y sus manos apretaron el trasero de la reina inmediatamente - más rápido - le pidió en un jadeo mientras la sentía mover sus perfectas caderas contra él para penetrarse ella sola en su miembro y ohh, eso era tan erótico que juraba que se iba a volver loco de pasión y deseo por ese pecado de mujer que tenía entre sus brazos. Era perfecta.

Lo sintió aumentar la velocidad como se lo pidió, la presionaba contra el árbol de nuevo y ella solo podía gemir ahogadamente ante la acción, echó su cabeza hacia atrás gimiendo muy alto, había extrañado esa sensación, tenerlo dentro, ensanchando su interior en un punto que era justo porque la estimulaba por completo, tenía la forma perfecta, sentirlo penetrarla la hacía sentirse tan viva, tan entera, tan deseada. La forma en la que la tomaba le hacía desear más que nada en el mundo que realmente él la adorara como creía que lo hacía, que realmente se preocupara por ella aunque fuera para obtener placer él mismo. Se echó hacía atrás recargando su espalda y su cabeza en el árbol apoyando sus manos en el pecho de él.

El príncipe observaba el bello rostro de la reina contraído de placer, sus mejillas divinamente sonrojadas, sus ojos fuertemente cerrados, saboreando el placer que él le estaba dando. Besó su sien y pegando su rostro al de ella aumentó aún más el movimiento de sus caderas y la sentía moverse contra él, buscando encontrar sus caderas con las de él en lo que estaba seguro era un arrebato de pasión. Sentía el cuerpo de la reina temblar contra el suyo, estaba cerca de nuevo y él también lo estaba.

- Me encanta estar dentro de ti, belleza - Regina lo tomó por detrás de su cuello y lo jaló hasta uno de sus pezones y David inmediatamente envolvió su boca alrededor del que tenía enfrente y lo succionó

- sssi - la escuchó sisear y el intercambio de pezón, la sintió meter una mano entre medio de ellos para alcanzar su propio clítoris

- No.. - quitó una de sus manos de su trasero para llevarla a la mano de la reina, la levantó y la sujetó contra el árbol, la sintió temblar más pronunciadamente por lo que estaba seguro era puro placer por la anticipación - Quiero que te vengas de nuevo así, como la última vez, solo por tenerme dentro - dio un pequeño paso hacia atrás separando levemente el trasero y la espalda baja de la reina del árbol tras ella, cambiando el ángulo de penetración, extrajo su miembro hasta dejar solo la cabeza dentro y empujó con fuerza, al momento de entrar de nuevo logró golpear directamente ese punto especial dentro de ella, la vio echar la cabeza hacia atrás con los ojos abiertos y se ganó un alto gemido mitad lloriqueo sorpresivo y el pequeño cuerpo entre sus brazos se retorció de puro placer. Y comenzó a moverse firmemente una y otra vez concentrado en estimular ahí.

- Ahí… justo ahí, David, por favor … - escucharla lo hizo perder el poco control que tenía y comenzó a penetrarla a un ritmo castigador haciendo que ella lanzara alaridos tan fuertes que los pájaros de los árboles alrededor salían volando por el ruido, volvió a atacar sus pezones intercambiando, mordiendo, succionando, lamiendo. Los sonidos que salían de su preciosa boca lo estaban enloqueciendo, podía sentir las piernas de la reina temblar incontrolablemente alrededor de su cintura. Le fascinaba verla así, perdida y rendida al placer que él le estaba brindando. Afortunadamente se había abstenido de quitarle el vestido porque jamás se habría atrevido a tomarla así si no lo tuviera, se le hacía inconcebible la sola idea de lastimar su espalda en el acto.

- Daaavid… ahh, estoy cerca… - se atrevió a decirle casi sin aliento, con su mano libre aferraba el cabello del príncipe y lo sintió apretar fuertemente su nalga. Estaba disfrutando completamente lo que David le hacía y del ritmo casi doloroso con el que la penetraba.

-Yo también. Vente para mi hermosa, quiero sentirte - estaba concentrando en no venirse hasta que ella lo hiciera, se le estaba haciendo difícil porque el interior de Regina se comenzaba a estrechar pronunciadamente sobre su erección y él estaba muy excitado, jadeaba y gruñía por la sensación, la había extrañado tanto, había extrañado sentirse así, no era solo tener sexo, ni la satisfacción de poderla tener, era algo más, era poderla tener entre sus brazos, entregada a él, porque ella quería estar con él y poder sentirla tan cerca y tan íntima, tan suya.

Y otra vez ese sentimiento posesivo sobre ella crecía dentro de él - Eres mía - le dijo contra su pezón, no lo podía evitar, era algo que lo consumía y no dejaba espacio para nada más que no fuera sentirla suya y hacerle saber que era así, subía dejando pequeños besos por todo su seno, y su cuello hasta llegar a su boca - Solo mía - ella gemía con los ojos entrecerrados y sentía como su ardiente interior se apretaba más a su miembro conforme le hablaba - Eres perfecta Regina, fuiste hecha para mi - la vio fijar su mirada nublada de placer sobre él, vio un destello de reconocimiento y la penetró más fuerte antes de que pudiera protestar, Regina echó su cabeza hacia atrás gimiendo con abandono y sonrió satisfecho, gimió él mismo más alto al tiempo que sentía los fuertes espasmos del interior que penetraba- Así - comenzó a decirle al oído- me encanta verte disfrutar del placer que te doy - mordisqueo su oreja y después bajó hasta su mandíbula repitiendo la acción - Vente para mi - dijo sobre sus labios. La vio abrir sus hermosos ojos y mirarlo intensamente y después sintió que el mundo se detenía al escucharla

-Vente junto conmigo, quiero sentirte - dijo ella con la voz cargada de pasión, se detuvo brevemente al escucharla y se enterró dentro de nuevo fuerte y duro, él gruñó y la reina soltó un quejido, sintió las uñas de la mano libre de Regina enterrarse dolorosamente entre su cuello y su hombro, dio tres estocadas más con la misma intensidad y el cuerpo entero de la reina comenzó a temblar y prácticamente deshacerse entre sus brazos, la escuchó gritar su nombre frente a él y el ardiente interior que penetraba apresó su erección impidiendo el movimiento dentro de ella activando su propio orgasmo casi de inmediato haciéndolo gemir tan alto como ella, se derramó dentro de esa estrecha cavidad donde estaba enterrado, la escuchó gemir levemente, casi sin fuerza mientras dejaba su semilla dentro de la mujer que con la que no había dejado de soñar inclusive despierto durante esos últimos días, ella seguía recargada en el árbol, jadeando pesadamente mientras buscaba aliento, la veía luchar para mantener los ojos abiertos.

Extrajo su miembro suavemente, soltó la mano de la reina que tenía apresada y cuidadosamente bajo las piernas de Regina de su cintura y la sostuvo de sus caderas firmemente para que no cayera.

Ninguno de los dos se quería mover, habían recuperado el aliento y ahora ambos tenían en claro que sentían algo el uno por el otro y que la situación no era para nada sencilla, los dos tenían miedo de hablar porque el encanto del momento que sabían no podía durar se podía romper.

Antes de que el príncipe pudiera reaccionar Regina movió su mano y estuvo impecablemente vestida de nuevo, jaló a David para besarlo y acarició su pecho, saboreando del beso y de su cuerpo tan cerca de ella, los fuertes brazos del príncipe la envolvieron en un abrazo posesivo y protector. Ahora era ella quien se debatía en el momento de irse, pero tenía muy en claro que ese no era su lugar por más que su corazón comenzara a anhelar que así fuera.

- Tu ganas encantador - le dijo contra sus labios, no se iba a mostrar vulnerable con él, ese hombre tenía una vida donde no había lugar para ella, lo mejor era olvidar y dejarse de sentimentalismos tontos. Ya sabía cómo terminaría esa historia para ella, no tenía ningún caso - Lo he disfrutado - le dijo coqueta - Pero ha llegado el momento de irme -

- No te vayas - dijo él apretandola más entre sus brazos, casi sofocandola porque no quería dejarla ir, quería quedarse así por siempre.

Regina no pudo con eso, sus palabras y su comportamiento eran demasiado para ella, le asustaba tanto porque ella también se quería quedar ahí con él pero no había forma que eso se volviera algo verdadero, cerró los ojos disfrutando brevemente de sentirse entre sus brazos y desapareció en una nube de humo morado sin darle explicaciones.

Jodido, así se sentía, estaba completamente jodido, tal como lo había previsto antes de este encuentro tenía sentimientos hacia ella que sabía que no eran correctos pero que no podía evitar. Deseaba tanto como aquella vez que estar con Regina fuera su realidad y fuera con ella con quien tuviera un futuro y se maldecía a sí mismo por ello, porque no se suponía que debía ser así, había jurado amor a otra, se suponía que era el amor verdadero de otra, se suponía que debería querer pasar el resto de su vida con otra pero su estúpido corazón se estaba entregando a la mujer que acaba de desvanecerse de entre sus brazos y no sabía qué hacer.

Resignado y derrotado se terminó de vestir, camino adentrándose un poco al bosque, tomó su caballo y se dirigió a la que era su verdadera realidad.


Regina llegó al palacio muy angustiada, había caído en su propio juego y ahora sentía que estaba más perdida que nunca, se encontraba sin saber qué hacer después de lo que sucedió.

- Hola querida - la irritante voz de ese diablillo la sacó de sus pensamientos

- Lárgate -

- Ehhhh. No - respondió él y ella lanzó un suspiro cansino al aire - Verás, he venido porque quiero saber si ya tienes en tus manos la maldición que te dará tu tan anhelada venganza -

- No - respondió ella mientras se sentaba en su tocador, soltaba su moño y tomaba un cepillo para pasarlo por su largo cabello

- ¿Y qué espera? - le preguntó con desdén -¿Qué has estado haciendo querida? No me digas que hay algo más importante en tu vida que conseguir venganza sobre la mujer que te arrebató al amor de tu vida, la que te dejó sin final feliz mientras ella disfruta del comienzo de todo aquello que nunca podrás tener si no lanzas la maldición - sabía que palabras usar para hundirla más en su rabia por Snow

- No - dijo Regina con odio

- Entonces ve, mi más preciada aprendiz, recuerda que nadie Regina, absolutamente nadie te va a ayudar como yo lo estoy haciendo, nadie te va a ofrecer una oportunidad, no hay más esperanza para ti, no hay felicidad en esta tierra para ti - dijo mientras la tomaba de los hombros mirando el reflejo de ambos en el espejo.