Esta viñeta cof cof one-shot cof cof nació de una conversación que tuve con Genee.
Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
Distracción favorita
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Estaba tan concentrado en el libro frente a sus ojos, que el pequeño y casi imperceptible sonido de una barra de chocolate cayendo sobre la mesa lo sobresaltó más de la cuenta.
Alzó la cabeza de golpe y tras los segundos que se tardó en enfocar la vista —algo normal considerando que llevaba horas estudiando—, descubrió a Hikari parada del otro lado, vestida con su uniforme, con la mochila al hombro y su sonrisa de siempre en los labios.
De un tirón se arrancó los audífonos con los que había estado bloqueando parcialmente el ruido exterior y, de paso, desincentivando a todo aquel conocido que pudiera pasar por ahí y quisiera acercarse a conversar, cosa que evidentemente no había funcionado con la castaña.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con un tono que cualquiera podría haber considerado brusco para dirigirse a quien era su novia, pero que denotaba más desconcierto que otra cosa.
Ella de todos modos no pareció inmutarse, lo que ayudó a que no se gestara un sentimiento de culpabilidad dentro de él.
—Vine a traerte ese chocolate…
—¿Cruzaste la ciudad solo para traerme un chocolate? Sabes que no me gusta.
—Extraño, porque creo recordar que tienes una gaveta solo para golosinas en casa…
Un evidente sonrojo invadió las mejillas del chico, cuya mandíbula se aflojó unos cuantos milímetros, probablemente preparándose para sacar la pregunta que surgió instantáneamente en su cabeza.
¿Cómo sabía Hikari eso?
Fue una duda que no llegó a plantear, pues en su lugar decidió aventurarse con la respuesta más probable.
—Mi padre te lo dijo, ¿no es así?
La sonrisa de la castaña, suave y angelical, se lo confirmó sin palabras, mientras ella recordaba fugazmente la vez en que Hiroaki le había hablado sobre aquella gaveta, una tarde hace unos meses atrás en la que Yamato no estaba en el departamento.
—No entendía —le dijo él con cierto aire confidencial—. A Yamato nunca le gustaron los dulces, ni de niño. Era como una protesta personal en contra de la vida supongo, porque Takeru ya no estaba cerca y no tenía con quién compartirlos… hasta que te trajo un día a casa y al ver cómo te miraba lo entendí. Los dulces no eran para él.
El rubio sonrió de lado y se estiró para relajar sus músculos que se sentían bastante agarrotados después de pasar tanto tiempo sentado.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó a continuación.
Hikari simplemente ladeó la cabeza y lo miró como preguntándole si realmente necesitaba una respuesta.
—No, espera. Esa también me la sé. ¿Taichi?
—Le pregunté y dijo que tampoco estabas contestando sus mensajes, pero que la última vez que te había visto lucías como un zombi y llevabas un montón de libros contigo, así que se me ocurrió que podrías estar en una biblioteca.
—¿Por qué creíste que estaría en ésta?
—Un presentimiento —replicó alzándose de hombros—, aunque podría preguntarte lo mismo. La verdad no deja de ser una elección curiosa.
—Lo sé. No venía desde… bueno, ya lo sabes. Pero al menos cambiaron a la bibliotecaria.
Hikari volvió a sonreír antes de depositar su mochila sobre la mesa y descorrer la silla que tenía al frente para sentarse sin esperar a que la invitara a hacerlo. Entonces Yamato se preguntó si alguna vez le había preguntado antes de hacer algo, pero enseguida supo que no. Con ella había sido así desde el principio, llegó un día y se introdujo en su vida sin pedir permiso ni decir una sola palabra, y lo que era peor todavía, sin que él hiciera nada para detenerla.
—No hay razón para que estés tan preocupado, seguro que lo conseguirás —le dijo de repente, de una forma tan abrupta que probablemente habría tomado a otro desprevenido, pero no a él que sabía que la chica no podía estar ahí solo para darle un chocolate, que por lo demás ya había dicho que no le gustaba, cuestión que ella sabía de sobra.
—Solo el diez por ciento lo consigue —la frase le sonó ensayada al salir de sus propios labios, quizás porque había estado pensando en ello toda la tarde, todos sus pensamientos alineándose en torno a esa única idea.
—¿Estuviste hablando con Koushiro-san?
No era que el pelirrojo fuera pesimista, solo…demasiado realista y honesto. En la vida había cosas que era mejor no saber.
—Eres bueno, te graduaste entre los mejores de tu clase.
—¿Cómo sabes eso? —esta vez la pregunta emergió de su garganta antes de que tuviera tiempo de analizarlo.
—Porque ayudaste a mi hermano a graduarse y eso debe tener mérito extra —bromeó—. Además, él siempre decía que fallabas algunos ejercicios en los exámenes a propósito para no ser el mejor y así no llamar la atención.
—¿De verdad?
—No exactamente, pero algo por el estilo y yo deduje lo demás. Por tu cara supongo que no estoy tan equivocada, así que… ¿por qué estás tan nervioso?
Hikari lo vio tensar la mandíbula como si estuviera intentando contener las palabras, que era de hecho algo que hacía cada vez que no deseaba hablar de algún tema. Lucía pálido y ojeroso, resultado de las tres semanas que llevaba estudiando sin parar. Al cabo de un tiempo soltó un suspiro de rendición, tal vez a sabiendas de que no podría mentirle, no a ella.
—Solo no quiero estropearlo. Ya arruiné lo de la banda, una gran oportunidad tirada por la borda. Aun cuando no lo dicen, sé que es lo que todos piensan.
Yamato sabía que no era el prospecto de yerno ideal. El ex vocalista de una banda de rock que ahora quería dedicarse a mirar las estrellas. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Convertirse en un científico loco?
—Yo no. Pienso que fuiste valiente…
—¡Shh! —los mandó a callar alguien de una mesa cercana, haciéndolos recordar de golpe que se hallaban en una biblioteca.
—Lo siento —se disculpó Hikari haciendo una pequeña venia y girándose de nuevo hacia Yamato, que estaba sonriendo, seguramente recordando lo mismo que ella—. Solo… come el chocolate, dicen que es bueno para la concentración, ayuda a memorizar —murmuró deslizando la pequeña barra hacía él.
—¿Ah, sí? ¿Según quién? —susurró el chico, enarcando una ceja con una mueca de diversión en los labios, seguro de que Hikari se lo acababa de inventar.
—Sora-san fue quien me lo dijo —se estaba jugando la carta de la amiga confiable—. Pero si no lo quieres, está bien. Me lo comeré… —antes de que retirara la mano, Yamato puso la suya encima casualmente, casi como si fuera un roce accidental y no una caricia disimulada.
—Está bien, podemos comerlo juntos…
—¡Shh! —volvió a chistar alguien, imposible saber si la misma persona de antes o no.
—O quizás debería dejarlo por hoy. Salir y distraerme un rato…
—Pero no era mi intención hacer que dejaras el estudio de lado. No quería distraerte…
Yamato le dedicó una sonrisa ladeada de esas que Taichi solía decir que usaba para ligar y que, ya que estamos, le funcionaban bien.
—Realmente no lo sabes, ¿verdad?
—¿Qué cosa?
—Que desde que apareciste no había ninguna posibilidad de que pudiera seguir estudiando.
Un suave carmín tiñó las mejillas de la chica, cosa bastante inusual ya que era siempre ella quien avergonzaba a Yamato, por lo cual él aprovechó su minuto de gloria un poco más y después procedió a ordenar todas sus cosas, ponerse de pie y jalar la mano de su novia para que ambos se encaminaran hacia la salida antes de que la misma bibliotecaria en persona los echara por hacer ruido.
Afuera la tarde invernal los recibió y el chico partió el chocolate en dos para que pudieran comerlo. Si ayudaba al estudio o no, no lo sabía, pero al menos ahora podía decir que no estaba tan mal siempre que tuviera con quien compartirlo y que sabía aún mejor si esa persona era Hikari.
Notas finales:
Esta fue la idea en la que estaba pensando la noche que me dio insomnio y escribí el capítulo pasado, por lo que asumo que también la culpable de que finalmente me despertara pensando en Yamakari.
Solo 1.313 palabras, así que casi cabe dentro del concepto de viñeta (?), una viñeta extra larga (?) Ok, no… pero ya lo advertí en el anterior.
Gracias por leer :)
