Hetalia y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines lucrativos.
Yaoi, Rated M.
Guest: ¿Qué tal? me alegra que te parezca interesante. A mi me gusta mucho el UsUK y no tengo nada en contra de Alfred (pero lo necesitaba para la historia, lo lamento Al, si está leyendo esto, jeje), es una de mis parejas favoritas y recientemente he visto varios fics FrUK que me han encantado, aún no sé si la pareja de Arthur va a ser Francis o alguien más, el Britaincest es también muy buena opción, pero pues no me he decidido. Espero que este capítulo te guste y que el desarrollo tome más fuerza.
Vida
Capítulo 2, Escuela
No se había fijado en qué momento se quedó dormido, pero al escuchar los pasos del mayor fuera de su habitación, sabía que ya era momento de levantarse. Miró un reloj de pared, tenía el tiempo justo para salir de su cuarto darse un baño y salir a la escuela.
Arthur gruñó por lo bajo cuando, sin pensarlo, se recargó en su brazo malo para levantarse de cama. Aunque la fractura ya tenía dos meses, no había podido ir al hospital para que la enyesaran, tenía prohibido usar el dinero en algo fuera de lo común, y si no había ido al médico era porque ya el doctor le conocía tan bien que llamaría a su hermano antes de siquiera saber el porqué de su visita, entonces este regresaría con él y… francamente no quería estar con Scott.
Así que simplemente había investigado un poco con unas personas que le debían favores y averiguó cómo hacer un cabestrillo y revisar si de verdad necesitaba un hospital, afortunadamente la fractura no era completa y no necesitaría operación, se recuperaría pronto, si tuviera el tiempo.
Recogió a prisa sus libros y tomó una mochila de sus viejos días, contempló los artículos un rato en lo que decidía –"Hoy tengo examen y una lectura de literatura, tengo que entregar los trabajos, pero los dejé mi escritorio… sé de memoria todo esto, así que… una pluma y mi carpeta bastarán"- en cuanto llegó a esa conclusión, tomó lo necesario, más un cuaderno más sencillo que era personal y lo metió todo a la mochila.
Tenía que darse prisa para darse un baño antes que su hermano, ese tipo parecía el demonio siempre usando toda el agua hirviendo. Arthur suspiró por el alivio cuando se dio cuenta de que Scott estaba en cualquier otro lado menos en el baño y entró al cuarto rápido.
Se quitó la ropa que traía desde el día anterior, repasando mentalmente qué hacer con ella, después de todo el francés la había comprado para que él la usara, tenía que dársela pronto. Sin quererlo realmente, miró su piel bajo la luz de la ducha, se veía pálida y casi muerta, era obvio que no salía para nada.
Arthur estaba consciente de que en otros tiempos él había sido distinto, delgado sí, pero por su complexión atlética, de piel mucho más bronceada de lo que todos esperarían, pero todo eso lo había tirado por la borda.
Se deshizo de ese pensamiento y pronto estaba sintiendo el agua caer por su cabeza, mojando su cabello y mojándolo a él. Era su rutina, lavó su cabello con el shampoo que siempre usaba –el más barato para no causar problemas financieros a un millonario como su hermano-.
Cuando terminó, se envolvió en una toalla y salió hacia su cuarto, esperando no encontrarse con el mayor. Pero sus expectativas estaban muy alejadas de la realidad, Scott estaba fuera del baño con su expresión de siempre, tal vez algo que Arthur no pudo identificar, tal vez algo como rabia u otra cosa extraña que le pasara al mayor por la mente –"Te espero en media hora abajo, con el almuerzo preparado"-.
Arthur quiso discutir, decirle que así no llegaría a su escuela, pero recordó que su hermano le llevaría en su auto. Asintió sin otro gesto y se volvió para su cuarto. No estaba de ánimos aún para empezar discusiones y mucho menos soportar una idiotez de alguien como lo era el mayor, una persona con un serio problema de rabia y tensión acumulada.
Buscó su uniforme en algún lugar, siempre el uniforme completo. Camisa blanca, suéter azul y el pantalón de vestir de la escuela. Nunca nada menos, nunca nada más.
Se vistió y buscó algo con que dejar a raya su cabello, debía aprovechar que estaba mojado para ello y conseguir algo medianamente presentable, pero como siempre, de nada le serviría. Era casi costumbre, pero realmente era lo único que jamás le había importado, su cabello era como mucha paja junta como para fijarse verdaderamente en ello; en cambio el de su hermano y sus otros familiares, era lacio y lo podrían peinar si ellos quisieran, algo rebelde que les daba un aspecto de modelos o algo similar.
Otro asunto para ocultar, podría ser ese morado que tenía en la mejilla, junto con el labio partido que ahora ya no tenía sangre; se notaba, era demasiado obvio que tenía un golpe, pero no podría hacer mucho, no tenía maquillajes o cremas como las chicas y definitivamente no compraría algo así sólo para no dejar que nadie se enterara de unos pequeños golpes en su rostro.
Cuando estuvo listo para bajar, tomó su mochila y cerró la puerta de su cuarto –"Aunque Scott entrará más tarde para revisar cada rincón de ella en busca de cualquier cosa dañina para la salud… como aire fresco o una vida tal vez"- Arthur negó con la cabeza ante ese hecho venidero, no sabía porque se seguía sorprendiendo de ese hombre, aun cuando lo conocía desde hacía mucho tiempo, en sus malos momentos y en los peores –"Supongo que es por la esperanza"-.
Scott aún no salía de la ducha, se podía oír perfectamente, así que buscó entre la poca despensa que quedaba en casa para preparar algo de desayuno… cereal, lo único que tenía en ese momento; tendría que ir de compras después de la escuela, surtir con comida real la casa y de paso evitar más tiempo a su hermano.
-"Conejo, ¿por qué no hay nada en casa?"- señaló los platos de cereal cuando se sentó. Llevaba puesta alguna de su ropa casual, esa que casi nunca usaba por negocios; unos vaqueros, zapatillas deportivas y una camisa; junto con unos lentes en la cabeza, que seguramente serían para usar en cualquier sitio. También Arthur estaba seguro que ese día el mayor no se presentaría en la oficina, cuando estaba en casa, casi siempre trabajaba ahí, no se dignaba en conocer las instalaciones del edificio principal de la empresa.
-"… Digamos que tengo un presupuesto apretado"- Scott maldijo por lo bajo –"Después de clases haré las compras"- dijo más como dato informativo que como la solución a los problemas, ahora que su lindo tutor había aparecido por fin tenía que reportar cada movimiento que diera.
-"… Bien"-.
Comieron rápido y sin hablar, siempre evitando el contacto entre cada uno, cuando Arthur terminó tomó los platos de ambos y se dispuso a lavarlos, junto con los del día anterior que había dejado descuidados, por supuesto no esperaba que su hermano hiciera la labor del hogar. Secó cada plato con lentitud, ya sin preocuparse de llegar tarde a la escuela y después fue a cepillarse los dientes uno por uno para matar el tiempo.
-"¿Estás listo?"- dijo Scott tomando la mochila en su mano, tal vez como un gesto de condescendencia al pobre chico que tenía una fractura en un brazo.
-"Si"- Arthur tomó el bolso y lo colgó de su lado sano para evitar cualquier molestia; incluyendo a su familiar que seguramente se lo restregaría en la cara cuando sanara.
Salieron de la casa al aire frío de la mañana, siempre era agradable sentirlo, despejando todas sus preocupaciones o dándole fuerzas para seguir con su rutina, el hecho de que Scott siguiera a su lado era algo que no le podía quitar tan agradables sensaciones. En cambio, toda esa sensación se fue en cuanto entró al deportivo rojo de su hermano y se dio cuenta de que pronto tendría que llegar a su escuela en eso.
Nadie sabía que él era de una familia de una buena posición económica… o que su hermano era de una buena posición económica, y tampoco su ropa le daba tal aspecto, así que sería parte de las atracciones del colegio por un buen rato y ni siquiera diría o haría nada importante para ello. Además de que viajar con su hermano no era lo más recomendado cuando acababas de sufrir cualquier tipo de decepción, amorosa y de cualquier otra índole.
Scott no prendió el radio, no habló y sólo condujo hasta el colegio donde Arthur parecía prisionero, no fue sino hasta que vio que Arthur se frotaba el brazo herido, casi al detener el auto justo frente al edificio cercado por grandes muros -seguramente por el frío-, cuando le pasó su chaqueta por los hombros –"Quiero que la uses"-.
Arthur lo miró con sorpresa, no se esperaba eso, de él, precisamente de Scott –"¡Ayuda! El mundo se acaba hoy, traigan a alguien o algo, ¡ayuda!"- atinó a asentir con la cabeza –"Supongo que… debería… decirle algo"- su mente le daba la orden, tal vez no debería ser tan imbécil con Scott, tenía el dinero y era después de todo el único familiar que lo soportaba.
-"Gracias Scott"- salió del auto, poniéndose la prenda con calma, intentando no tocar su brazo tanto tiempo. Le quedaba grande, pero era una chaqueta de buena tela que lo mantendría caliente todo el día, además era estilo militar así que podría sólo cerrarla y se vería larga y cómoda.
-"Vengo por ti a tu salida"- fue la despedida que escuchó, antes de ver que el auto arrancaba justo para el lado contrario a su casa.
-"Ese idiota… no sé cómo lo hace, pero… siempre encuentra como hacerme sentir menos mal… y luego arruinarlo todo"- suspiró resignado como diciendo "Así es mi vida" y luego fue directo a la entrada del edificio principal.
Muchas personas lo miraban descaradamente y muchas otras parecían querer hablarle por alguna razón –tal vez el golpe que tenía en la cara-, pero Arthur no iba de humor para dirigirles la palabra, a ninguno de ellos. El hecho de que su hermano pareciera estrella porno no le ayudaba en nada.
-"Por lo que más quieras Dios o quien sea… ¡Que no confundan las cosas!"- no es como si de verdad importara lo que pensaran de él, pero… no quería tener problemas ese último año.
Vio a un par de unos chicos de primer año, unos gemelos que siempre peleaban, conversar entre ellos muy seriamente, también vio de reojo a los equipos de softbol empezar un calentamiento, vio a dos chicos del club de periodismo tomar fotos de todo el patio principal; no les dio importancia, pronto tendría que soportar a unas personas poco gratas para él.
-"Veamos qué pasará ahora con estos chicos… ¿verdad Antonio, Gilbert… Françoise?"- sonrió un poco a pesar de las circunstancias, porque podría tener un poco de diversión antes de salir de esa horrenda prisión.
El aula donde casi siempre tomaba clases no estaba cerca de la entrada, ni siquiera estaba en los primeros pisos de toda la institución; era el salón más cercano a las aulas múltiples, pero el más alejado al patio o a lugares que a los alumnos les interesaran. Era un alivio pensar que por lo menos no sería molestado por gritos o juegos de los demás –a menos que fuera en clase de educación física donde uno de los profesores les ponía a jugar con balones y cosas así.
Arthur se sentó en su lugar habitual, no porque fuese asignado, sino porque casi nadie llegaba lo suficientemente temprano como para ocuparlo; con una vista casi perfecta al patio central, donde él podía ver a todos ahí y todos lo podrían ver. Al fondo y justo dando a la ventana, el lugar que cualquiera que no prestara atención a clases desearía, así que por lógica Arthur se adueñó de ese puesto.
El inglés repasó mentalmente sus obligaciones, que afortunadamente no eran muchas ese día por haber adelantado proyectos y trabajos importantes que le tomarían el tiempo libre que podía tener, siendo el único alumno que no pertenecía a un club, debía ayudar a otros a organizar y actualizar salidas y horarios para mantener una organización y una buena relación con sus profesores y compañeros… Ser el presidente escolar no era divertido, no formar parte de un club era sinónimo de hacer mucho más trabajo que los demás, pero eso le daba un buen aspecto ante todos.
Sacó su libreta y empezó a leer.
Los mayores lo conocían como el mejor alumno, el único capacitado para manejar grupos tan grandes de personas sin siquiera mostrar una mueca, casi como otro profesor muy severo, pero que casi no hablaba o mostraba señal de fastidio.
Mientras las opiniones de sus compañeros parecían dividirse; estaban los menores, que no tenían el valor para acercarse al rubio sólo por los rumores que los malintencionados esparcían –conocidos también como el Bad Touch Trio-, también estaban los que le sonreían esperando una respuesta que jamás llegaría, generalmente chicas; estaban los idiotas deportistas que creían que lo usaban para el trabajo de papeleo que ellos tenían que hacer, pero que obviamente no era la gran cosa para él y prefería usar eso de excusa como para no estar en su casa tanto tiempo solo.
Y luego, casi por último, los bravucones, que parecían pensar que él, Arthur Kirkland, era un ratón de biblioteca y un imbécil que jamás se podría defender de lo que le hicieran. Parcialmente eso era cierto, había jurado que no se metería en problemas y peleas mientras estuviera bajo el cuidado de Scott, tenía que ser el mejor y demostrarlo como alumno, así que simplemente aguantaba lo que le dijeran o hicieran sin mayor problema.
En este grupo estaban los tres idiotas conocidos como los más populares de todo el colegio:
Gilbert Beilschmidt, un miembro del club de música estrella y con un problema muy fuerte hacia la autoridad, además de tener delirios de grandeza. Ese albino era bastante alto, con una tez tan pálida que fácilmente podrían decir que Arthur era moreno, su actitud no se parecía en nada a la de su hermano menor y siempre estaba en pleitos que no le concernían; era estúpido y lo peor es que lo sabía. Por supuesto era narcisista y creía tener la solución a todo, y si abría la boca, diría una frase digna de una persona con un retraso mental avanzado hasta fase terminal, pero creyendo que era una genialidad.
Antonio Fernández Carriedo, la estrella del futbol soccer y un romántico alegre e idiota, que lo odiaba sin más, aunque el sentimiento era mutuo. Era un chico con rasgos ibéricos, español de nacimiento y un hijo de puta como sus dos amigos. Sí, Arthur aceptaba que era atractivo, especialmente porque el tono moreno de su piel era poco común en esa parte del mundo y sus ojos verdes rivalizaban con las gemas del inglés, pero era tan ególatra como nadie, un hipócrita de primera y un abusivo con los que viese inferiores.
Y por último Francis Bonnefoy, el chico más buscado por toda la escuela, tanto hombres como mujeres, líder del equipo de baloncesto de la escuela, miembro honorario del Club de cocina y el primero en tener un club de fans dentro del colegio; tal vez el único que parecía encajar y no encajar al mismo tiempo en todo ese lugar. Rubio y francés de nacimiento, hijo de familia acaudalada y tal vez no tan estúpido como sus dos amigos, pero el primero en realizar una broma de mal gusto o simplemente herir a los demás… la persona con un problema de identidad bastante agravado.
Ellos tres eran precisamente el Bad Touch Trio, el peor grupo al que debías querer unirte y Arthur lo había entendido de primera mano, porque sabía que a pesar de su pasado, él no podía dejarse llevar por idioteces de gente inmadura que no había podido entender la vida desde antes, como él. Arthur era un recluido en ese lugar, sólo tenía cierto contacto con los presidentes de cada club escolar, presidentes de cada grupo y su grupo allegado eran los libros.
Pero internamente toda la escuela sabía perfectamente que, el que manejaba todo el lugar, que hacía que las cosas funcionaran, que hacía que los castigos fuesen menores, que movía todo a su antojo y sin esfuerzo, era él: Arthur Kirkland, el presidente escolar con mayor preparación de la que todos creerían.
-"Buen día Arthur"- escuchó.
-"Buen día Jones"- no tenía pensado decir nada más, que el imbécil ese le hubiese buscado, quería decir que había recibido su mensaje el día anterior –"Confío en la colaboración de tu madre para hacerte llegar mis palabras"-.
-"Escucha… yo…"- Arthur lo cortó antes de tiempo, ni siquiera se dignó a dirigirle la mirada o levantarse de su asiento.
-"¿Las recibiste? Es de mala educación no responder una pregunta… o dejar a alguien esperando un poco de tiempo frente a tu puerta"- sonrió para él mientras pasaba la página. Sabía perfectamente cuánto asustaba esa actitud, la había usado por bastante tiempo antes de dejar todo el teatro y, poder sentir las reacciones de Alfred F. Jones ante eso, no tenía precio.
-"Lo siento… de verdad"- Alfred se acercó.
-"Y entonces, ¿Por qué no te creo?"- otra hoja.
-"… No fue mi idea, seguramente ya hablaste con ese francés amigo tuyo, por favor, fue culpa de los otros dos, yo…"- Alfred tomó el mentón del mayor, quería que lo viera –"Tienes que creerme"-.
-"Me alegra que lo menciones… pero… no te creo"- con la mano sana se quitó a Jones de encima, afortunadamente no tuvo que usar la fuerza –"Y si te queda un poco de dignidad… no te atrevas a buscarme… quiérete un poco Alfred"- regresó la vista a su libreta –"Si te sirve de consuelo… o una burla… lo que sea, da igual; tú me gustas aún, pero no tengo intenciones de perdonarte, no importa si te creo o no"-.
-"Si me dejases hablar…"-.
-"Escucha americano, no me importa ya; lo que hiciste fue suficiente para mí y no tengo tiempo para niños"- le miró directo –"Es gracioso como las personas que hacen algo mal, creen poder redimirse de todo simplemente con "explicar" sus motivos… Es un consejo chico, eso no sirve de nada y sólo demuestra inmadurez"-.
-"¿Qué puedes saber tú de madurez?"-.
-"… No pienso darte mis explicaciones"- miró con tristeza un momento que pareció una ilusión simplemente –"Lo mejor que puedes hacer en tu vida es no cometer errores… y solucionar los que no pueden evitarse… ahora vete"- le lanzó una mirada cargada de fastidio, no odio o cualquier otro sentimiento, sólo fastidio.
-"Tú me gustas… en serio"- se mordió el labio. Esperaba que esto suavizara a ese inglés, pero generó todo lo contrario.
-"…"- de nuevo lo miró, esta vez no tenía emoción en su rostro –"No-te-creo"- y era sincero, no creía eso, era imposible que creyera tal mentira después de la conversación que había tenido con el francés –"Vete, no puedo perder mi tiempo con niños como tú"-.
-"Pero…"-.
-"Entiéndelo Jones"- le miró tranquilo –"No voy a estar más tiempo con un niño, cometí un error, no estoy dispuesto a cometerlo de nuevo, así que vete de aquí"-.
Alfred prefirió retirarse rápido, antes de que la situación fuese peor, además de tener el tiempo justo para llegar a su aula.
Poco a poco Arthur relajó su cuerpo –"Me siento tan mal… ¿por qué no se dio cuenta antes? Era más sencillo si simplemente no hubiese abierto la boca… ¿por qué tengo que ser yo el que lidie con eso? No creo que me lo merezca… ¿por qué lo hizo? Tal vez debí escucharlo… ¡No! Lo hecho, hecho está, no hay nada que pueda cambiarlo… además no tiene derecho a hablarme, no después de lo que hizo"-.
El aula se llenó con sus compañeros, todos conversando o viviendo sus vidas sin problemas importantes, y por supuesto sin tomar en cuenta al rubio que no había cambiado su actitud; en algún punto sintió la terrible y profunda mirada de Francis, a quien ignoró lo mejor que pudo, dirigida hacia él, incluso sus dos amigos habían comenzado a ver a Francis muy distraído y no hacían más que fastidiar a ambos.
-"Francis… deja al enano en paz, creo que no está de humor"- Gilbert era el más estúpido con sus comentarios y el francés se limitaba a mandarlo callar con la mirada, para luego regresar su atención a Arthur.
Las clases avanzaron más de lo que Arthur quisiera, pronto tendría que volver a ver a Scott, y si bien el mayor no parecía querer más problemas y discusiones, Arthur no se podía confiar en absolutamente nada; podría ser una tontería de su parte, pero de verdad estaba nervioso de pasar tiempo con su hermano… después de no verlo por casi un año entero, podría decirse que eran extraños compartiendo sangre y costumbres.
También tenía que pensar en esas molestas miradas que el francés le dirigía, no eran cómodas y sólo le provocaban de alguna manera tristeza –"Era mi amigo… alguien confiable y… bueno, creo que no"-.
El examen había sido sencillo para él, sabiendo que era oral tal vez los demás chicos habrían estudiado un poco más. Para él era como dar un monólogo porque sabía que el profesor no escucharía su respuesta, tal vez pensando: no hay necesidad, siempre acierta… y cuánta razón tenía. Entregó los trabajos que necesitaba y realizó la lectura del libro en literatura y por supuesto tenía el trabajo que se debía entregar… máxima puntuación… como siempre.
-"Bien, pueden retirarse muchachos, quiero que mañana entreguen el proyecto completo, confío en que lo harán… no hay excusa"- y se retiró. Justo después sonó la campana anunciando el receso.
El grupo veía a Arthur y una chica tomó el suficiente valor para hablarle –"Arthur… ¿Qué te pasó?"-.
-"No lo sé, desperté y ya estaba así, pero no hay problema, obviamente no recibí el puño de alguien en mi cara, eso sería ilógico"- quiso contestar –"Un accidente"-.
Sólo las personas que se dignaban en hablar con él más de un minuto podían notar cómo era el rubio, no costaba mucho encariñarse, pero aun así, todos le tenían reservas y nadie le extendía su ayuda. Era común para él, así que simplemente se limitaba a entablar conversaciones sencillas sobre temas de la escuela; pocos sabían cómo era una plática completa con él.
En el momento en que Arthur contestó, Francis giró su cabeza hacia su amigo… No lo había notado, no había notado ese golpe tan profundo y obviamente hinchado. Tampoco se había dado cuenta del labio partido y que ahora estaba usando una chaqueta de muy buena calidad… mucho más grande que él y por supuesto no era suya.
-"Scott"- fue lo primero que pensó, pero rápidamente descartó esa idea –"No. Tal vez… alguien más… ¿un amigo?"-.
-"Arthur, ¿podemos hablar?"- dijo justo cuando sus amigos se fueron a buscar algo de comer; apostaba que encontrarían a una chica que les diera todo su almuerzo, así que no se preocupó por alcanzarlos pronto.
Esperaba poder hablar, ayer no había podido explicar nada, todo por la obstinación del rubio. Pero tal vez ese día… Francis sabía que tan molesto podía estar Arthur, pero no sabía en qué momento se le pasaría, de verdad no había podido dormir en toda la noche preguntándose si el menor estaría solo en su casa, o si estaría llorando a solas, como acostumbraba.
-"No"- y se levantó con todas sus cosas, pasaría el receso en la sala del consejo estudiantil intentando adelantar trabajo, como nunca traía nada para el almuerzo, usaba ese tiempo para algo útil. Lo malo era que tenía demasiado tiempo para pensar las cosas y eso era lo que podía arruinar ese pequeño momento de tranquilidad mental que había conseguido.
Cuando se levantó, dejó ver su atuendo completo; la prenda que cubría el suéter estaba cerrada completamente y por muy extraño que pareciera, se veía bien, mucho más de lo que le había visto en mucho tiempo. Francis se preguntó por un momento si la noche pasada habría conocido a alguien que le estuviera…
-"¿Tal vez…? Arthur sería incapaz"-.
Ignoró el hecho de que Arthur se quería alejar de él lo más posible, y le tomó por la mochila –"Por favor, tenemos que hablar… lo que pasó…"-.
-"…"- respiró hondo e intentó no gritarle, no responder como se debía y simplemente parecer tan indiferente como pudiera –"Te diré lo mismo que te dije ayer: ya no quiero escucharte… estoy cansado. Ahora déjame ir"- Francis le soltó y Arthur se alejó sin despedirse; desde el marco de la puerta dijo otra cosa –"Mañana traeré tu ropa, gracias por el préstamo"- aunque ambos sabían que había sido comprada especialmente para él y que no necesitaba regresarla.
Caminó rápido, evitando chocar con varias personas que se le atravesaban en el camino –"Esto no es normal"-.
No le costó mucho trabajo llegar hasta las oficinas, en esos momentos habían dos personas ahí, esperándolo seriamente; suspiró un poco porque conocía a ambos y esos dos eran precisamente personas agradables, pero con las que prefería no tener contacto alguno, por lo que eso significaba para todos los demás –"Buen día, ¿qué puedo hacer por ustedes?"-.
Los dos muchachos se vieron entre ellos un momento, entre ellos casi no se hablaban, era cierto y una fortuna, pero se conocían a la perfección –"Vengo a pedirte una disculpa… Kirkland"- dijo el más alto de ellos, sus lentes se le resbalaron y los acomodó –"Tú sabes que Gilbert es así, por favor no le des más importancia"-.
-"Parece que hoy es el día de discúlpate con Arthur Kirkland"- sonrió porque era cierto, ¿acaso apenas su conciencia había despertado? –"Lo lamento, pero no voy a aceptarlas, ¿cuándo te enteraste Rod?"-.
-"Lovino me lo dijo ayer"- ambos se giraron al chico de cabellos castaños que estaba a su lado que aún no hablaba –"Gilbert es… malo para la fama del club, ¿sabías que ahora sólo se inscribieron seis? Le pedí que dejara de hacer estupideces"-.
-"Escuché al imbécil de Antonio hablar con su amigo de todo… quise llamarte, pero no tengo tu número. Mira que hacer…"- cerró sus puños, porque a pesar de todo, no creía al español capaz de participar en una estupidez como esa.
-"Ni lo menciones, no estoy de humor"- Arthur conocía muy bien cómo eran esos dos, a pesar de no pasar mucho tiempo con ellos.
Roderich Eldestein era un chico de su misma edad, presidente del club de música y un genio para ello. Era parte de un grupo de élite sin saberlo, porque Gilbert Beilschmidt tenía una extraña fijación con él… lo conocía desde pequeños y sólo Roderich era capaz de entender perfectamente qué decía a cada instante. Era austriaco y tenía unos modales de primera, aunque era lo suficientemente creído para hacerse notar por ello; era parte de su descendencia noble y probablemente con el único que Arthur tomaría el té con placer. Era casi tan pálido como él y tenía el cabello negro, dos rasgos que no podrían ir juntos tan fácilmente. No era una mala persona y a pesar de ello sólo se le veía acompañado de una chica de un curso inferior que siempre le protegía.
Lovino Vargas; era todo un caso. Italiano de nacimiento y nieto del director del colegio. Tenía un hermano gemelo al que Arthur casi no trataba y sabía de buena fuente que Lovino tenía envidia al menor. Era de primer año y lo había conocido gracias a sus pláticas con el director; tenía un temperamento peor que el suyo propio y siempre parecía estar a la defensiva contra todo, especialmente contra Carriedo… y eso le agradaba a Arthur. Era parte del club de gastronomía de la escuela y no parecía darse cuenta de las cosas que pasaban a su alrededor. Siempre estaba con su hermano menor y siempre tenía ese ceño fruncido.
Había por supuesto un dato curioso de este italiano y era que Arthur lo conocía de mucho antes; ambos habían tenido las mismas amistades por un tiempo… antes de que Arthur saliera y lo ayudara a salir a él.
-"Arthur… ¿de verdad no quieres hacer nada?"- y por el tono de voz que Lovino había utilizado, el inglés sabía qué tan preocupado estaba.
-"No, aún no. No se preocupen por mí, estaré bien, pero les pido que no se molesten por tonterías"- los despidió con una mano y no hizo nada hasta que sintió esos pasos alejarse.
Según la hora faltaban quince minutos para que la campana sonase y él sólo tenía que firmar algunos documentos para mandarlos a los profesores de los últimos grados; sabiendo que era el año en que él se graduaba, le habían insistido en que hiciera algo para poder celebrar su propio retiro y Arthur no había discutido para negar tal compromiso, también él quería salir de ese lugar cuanto antes y si para que todo fuera perfecto él tenía que prepararlo, entonces así lo haría.
La escuela no necesitaba mucho apoyo, en realidad las donaciones de los padres eran bastante generosas para poder solventar los gastos y como él tenía un control bastante amplio sobre las finanzas, parecía tener todo bajo control. El único problema era tener que relegar deberes a los alumnos, porque no muchos eran lo suficientemente responsables como para que le ayudaran de buena manera.
Por supuesto habían excepciones, un muchachito de primer año, un chico alemán hermano de Gilbert, era una muy buena ayuda para él en esos momentos y casi todos los presidentes de los clubes eran de gran ayuda… sin contar a los deportistas, que eran los que tenían un presupuesto que derrochaban y claro que no tendrían más.
Arthur recogió sus cosas para regresar a su salón, y también tomó sus trabajos, que tenían los nombres de su equipo; miró un momento eso –"Alumnos que elaboraron: Kirkland Arthur y… Fernández Carriedo Antonio…"- le parecía una tontería, pero no se contuvo cuando borró con mucho cuidado el nombre de su compañero impuesto, para leer después –"Alumno que elaboró: Kirkland Arthur"-.
Satisfecho con una tontería de ese tipo, salió a buen paso para alcanzar a entrar, era normal que llegara unos minutos más tarde a clases, porque sus profesores sabían cuán agotador era su puesto, así que le permitían llegar unos cinco minutos tarde.
Pasó al aula y recibió un leve empujón del español, su compañero de equipo –"Kirkland… necesito ver el trabajo, yo lo entrego"-.
-"No"- no iba a dirigirle otra palabra, no lo necesitaba y no lo merecía.
-"Arturo, necesito esa calificación"- Antonio estaba de mal humor ese día y Arthur no quería darle el gusto de una discusión, lo ignoró y se fue a su lugar, sacando los trabajos por entregar –"Oye, lo necesito, de verdad"-.
-"¿Por qué?"- no era curiosidad, para nada… bueno sí, pero estaba tal vez más entretenido con eso.
-"… Hijo de puta… sabes que necesito pasar este año… por eso hice pareja contigo en este trabajo"-.
-"Así que era por eso…"- le miró sin hacer gesto, sus ojos se posaron en los otros verdes y fue ahí cuando sonrió de lado –"Entonces ¿por qué no lo hiciste? Mal, mal, muy mal Anthony"- negó con un dedo, como dándole una reprimenda a un niño –"Tal vez… tu nombre esté escrito"- sacó el trabajo, pero no permitió que el otro lo tocara o siquiera estuviera lo suficientemente cerca y leyó con la vista –"No… creo que no está tu nombre, tal vez te equivocaste de equipo… ¿no?"-.
El color se fue de la cara del español, lo peor para él era que no podía hacer nada frente a todo el grupo, tenía que mantener una reputación como alguien amable y eso no le estaba ayudando para nada –"¿Borraste mi nombre?"-.
-"Si… ¿te molesta?"- preguntó falsamente interesado –"Tal vez… si haces algo por mí…"- el profesor entró al salón y Antonio ocupó el asiento de Francis.
El francés pudo notar, no sin cierta aprehensión, que Arthur no decía nada respecto a tales movimientos, parecía no importarle para nada si le dirigían la mirada o una sola palabra y por lo que había alcanzado a escuchar, su amigo ibérico estaba en problemas con Arthur… algo sencillo, se dijo, pero importante.
-"¿De verdad… eres tan gilipollas?"- dijo en su oído, con un susurro furioso; sólo vio como Arthur asentía y decía casi sin sonido 'Y mucho más de lo que crees Anthony', suspiró cansado y casi desesperado –"¿Qué quieres?"-.
-"Eso no te lo diré aún… pero realmente me debes un favor… right?"- soltó una carcajada tan falsa que hasta a él le molestó.
-"¿Es enserio?"-.
-"Claro, porque si, cuando te necesite, no cumples con esto, haré que repitas este año por lo menos dos veces… créeme, no me quieres conocer"- todo lo había susurrado de tal manera que era imposible no creerle, de verdad era capaz de eso –"Otra cosa… nada de hablar de esto con… tus amigos, o me arrepentiré de ayudarte"- nadie más había escuchado –"¿Trato?"- el profesor empezó a pasar la lista, en cuanto mencionaran el nombre de alguno de ellos, tendrían que entregar el trabajo.
Sin que el otro se diera cuenta, había reescrito el nombre del mayor, sonriendo porque eso era demasiado poco para alguien como él, y por supuesto que se cobraría ese favor, Arthur giró levemente la cabeza, algo que él no hacía en ninguna clase, y claro que Francis había notado ese pequeño movimiento.
-"… Trato, ahora escríbelo"- murmuró, algo molesto y algo asustado, porque sabía que estaba haciendo algo que no debía, su intuición se lo decía. Estaba firmando un trato demasiado injusto, lo sentía.
-"Fernández Carriedo"- dijo el profesor y Antonio casi llora, porque no había visto al otro escribir nada, dijo presente con su voz seca y Arthur se paró, cuidando no golpear su brazo, sonriéndole lo más tranquilamente que pudo.
-"Todo sea por hacerles pagar"- porque para ese momento ya entendía exactamente cómo debía hacerlo, ojo por ojo.
-"Profesor, yo hice equipo con él"- dijo con la voz reservada para los adultos.
El mayor lo miró con sospecha y Antonio empezó a rezar por su calificación –"Si el profesor le cree, te juro virgencita, que beso al idiota ese"- en verdad le preocupaba ese trabajo, no era un trabajo final, pero el maestro lo conocía desde hacía dos años y le había pedido que si no pasaba sus trabajos, entonces debía repetir año, no quería eso, y este proyecto en especial era importante para él.
-"¿Está usted seguro Arthur?"-.
-"Si, de hecho…"- le llamó con una mano, un gesto que fue tan natural para su cuerpo que estuvo tentando a hacerlo más seguido –"Anthony hizo la mitad del trabajo, ¿verdad?"- preguntó al aludido cuando llegó hasta ellos.
-"Eh… si"- asintió con la cabeza.
-"¿Dejo esto junto a los demás?"- preguntó al tiempo en que lo depositaba en la pila de trabajos mal hechos.
-"Quisiera que el joven Carriedo me dijera su opinión del libro"-.
Antonio sonrió un poco, intentando recordar qué libro habían elegido. Pensó que tal vez debería agradecerle al otro porque de verdad había ayudado mucho.
Flash back…
-"Quiero ese"- señaló un libro que claramente estaba en su español adorado.
-"¿Te das cuenta de que no hablo tu idioma?"- dijo el rubio frunciendo el ceño.
-"Si, pero… no importa, es un buen libro, lo leía a mis hermanos hace mucho"- sonrió cuando vio que el otro hacía una mala cara.
-"¿Lo leíste todo?"- preguntó dudando muy seriamente del asentimiento que recibió.
-"Claro…"-.
-"Bien, lo haré de…"- leyó con cuidado el título –"… El ingenioso Don Quijote de la Mancha, pésimo libro, por cierto"- rió un poco, porque tendría que leer por un rato, además de aprender otro idioma –"Por tu bien espero que de verdad lo hayas leído idiota"-.
-"Si, como sea Arturo"- y se fue de ahí porque no quería estar mucho más tiempo con el rubio.
Fin del Flash back…
Arthur no había escuchado ninguna de las tonterías que su compañero había dicho, porque si lo había leído o no, no podía hacer mucho por él –"De todos modos cuando lo escribí todo había puesto su nombre en la conclusión… aunque quisiera hacer esta travesura… no habría sido tan graciosa, además de que este chico necesita otro tipo de escarmiento"-.
-"Muy bien señor Fernández"- no le dirigió otra mirada más –"Joven Arthur"- a ese llamado Arthur aterrizó de sus pensamientos, y miró a su profesor sin gesto –"Quiero pedirle un favor, no, es más un intercambio"-.
-"¿Señor?"- ya veía a dónde iban esas palabras y volteó a ver a Antonio, que seguí parado junto a él, mirándolo desde arriba.
-"Será el tutor del joven Carriedo"- quiso gritarle que no, que simplemente no haría esa tontería… pero lo pensó mejor, tenía que ver un beneficio con su calificación –"Si lo hace, lo exonero del trabajo final"-.
-"El trabajo final y el examen por equipo"- dijo inmediatamente, sabiendo que este asunto era como las otras negociaciones que había tenido en la empresa de la familia.
-"… De acuerdo"- miró a Antonio –"¿Qué dice usted?"-.
Arthur le miró como diciendo 'Más te vale aceptar esto, o sino…' y él inmediatamente asintió con la cabeza –"Si señor"-.
Arthur se fue a su asiento, sin mirar de nuevo al mayor.
-"Ni siquiera parece importarle perder el tiempo con él… no parece importarle que ahora todos le miran y que yo no estoy siquiera contemplado"- pensó Francis, aun viendo desde otro asiento todo lo que había pasado.
La clase empezó pocos minutos después, cuando casi todos habían entregado ese ensayo o escrito, tomando notas y siguiendo la clase; dejando que todo ese asunto de la tutoría se les fuera de la cabeza a todos, incluyendo al rubio. Ya antes había hecho algo similar, así era como había conocido a Jones, y si podía hacer entender a ese idiota Biología avanzada… entonces asesorar a Carriedo sería un paseo en el parque, sin hacer caso al hecho de que ambos se odiaban y él no estaba dispuesto a perdonar a ese personaje de todos los problemas que le había causado.
-"Gracias"- fue un susurro en su oído, pero su mente lo había confundido con la voz grave del francés… Francis siempre hacía eso, pero ahora era otra persona haciéndolo… alguien más tomando confianzas que él no estaba dispuesto a dar de nuevo.
-"Anthony…"-.
-"¡Aléjate de mí!"-.
-"No vuelvas a hacer eso si valoras tu vida"-.
-"¿Sí?"- el aludido preguntó en cuanto Arthur giró, haciendo uso de unas dotes de actuación que sabía tenía.
-"No hay ningún problema"- y sonrió, falsamente, pero nadie lo sabría.
-"Maldito bastardo retrasado"-.
Los que alcanzaron a ver esa sonrisa, los que pudieron notar que era de las pocas veces que siquiera se dignaba en perder algo de la clase, todos ellos parecieron completamente engañados por eso. Era casi irreal verle sonriendo tan abiertamente, todos lo veían y él no tomaba una sonrisa para corresponderla y no pensaba en hacer nada de eso ni siquiera por un profesor.
Antonio lo había visto de ese modo –"Si lo hiciera más seguido…"- le sonrió de vuelta –"Tal vez… no es tan… tan malo"-.
Era bien sabido que Arthur tenía un rostro, si bien no atractivo, podría decirse que era delicado, pero las facciones finas que tenía se opacaban por su ceño eternamente fruncido o el uso de una máscara de indiferencia permanente. Pero sonriendo… Arthur rivalizaba con las sonrisas de Antonio, porque se veía distinto, le ayudaba.
-"Tiene una linda sonrisa"- era lo que pensaban si lo veían, Francis lo había hecho la primera vez que le había hecho reír y por un tiempo había estado dispuesto a hacerlo reír más seguido hasta que había conocido los placeres vanos de la compañía de las personas en su cama, Antonio lo había pensado en ese mismo momento y por supuesto todos los que habían alcanzado a verlo.
-"No, es enserio"- dijo un poco más fuerte –"¿Cuándo empezamos?"- sabía que el menor tenía todo el tiempo del mundo, porque no tenía un club al cual asistir ese día.
-"No lo sé… quizá el viernes"-.
-"…"- confundido le miró un poco más detenidamente –"¿Qué tal hoy?"- no era como pedir una cita, pero por alguna extraña razón, sentía que le habían rechazado.
-"No, hoy no puedo"- y su tono no admitía réplica –"Tengo… cosas… cosas que hacer"- regresó la mirada a su cuaderno, ese pequeño que era personal.
-"¿Qué cosas?"- pregunta estándar.
-"Bueno, definitivamente no una cita con Alfred F. Jones, ¿verdad?"- en ese momento sonó la campana y el profesor salió.
-"… Eh… si…"- rió incómodamente, porque sabía lo que tenía que hacer –"Mira, yo…"-.
-"Déjame adivinar…"- se giró completamente con un rostro en blanco –"Quieres disculparte"-.
-"Pues si… eres muy bueno en esto"-.
Arthur se preguntó si de verdad lo que había dicho el ibérico había sido una broma o lo había dicho en serio, a veces se preguntaba también si la idiotez era enfermedad o costumbre –"No hay problema…"- sonrió olvidándose de todo, creyendo firmemente lo que decía para no golpearle en el rostro –"Dejemos esa… broma, como agua pasada, ¿sí?"-.
-"¿Sin rencores?"- preguntó el otro.
-"Sin rencores"- respondió –"No te fijes, nada de rencores"-.
-"Arthur está mintiendo… y lo hace muy bien"- pensó Francis –"Pero… su actitud está perfectamente justificada… por mi culpa"-.
-"¿No es increíble Fran? Antonio y el inglés se están tratando… ¡como si nada!"- exclamó el albino, él de verdad que no se daba cuenta de nada.
Francis quería advertirles, decirles que no se fiaran de ese inglés, que pensaran dos veces molestar de nuevo al menor, quería hacerlo porque a pesar de lo que pudiera sentir por Arthur, ellos eran también sus amigos y para él eso valía oro.
Pero no lo hizo. No lo hizo por cobarde, por el miedo de perder el poco favor que había rescatado del otro rubio, había sido porque estaba prácticamente amenazado por ese chico, y no tenía el valor para poder decir nada de todo lo que la mente de Arthur era capaz –"S-Si…"-.
-"Sólo no te pongas celoso"- y rió, de esa forma tan rara que tenía. Fue el último comentario hacia él, Francis era celoso, y sus amigos lo habían entendido desde el primer momento en que le habían visto tratar al inglés.
Las últimas tres clases pasaron lentamente, tan lento que Arthur tuvo que soportar que Antonio le preguntara a cada momento la razón de su rechazo, y él no podía ser grosero, no aún, así que se limitaba a decir que tenía asuntos importantes que atender; lo cual no era del todo mentira, porque Scott le mataría si salía con una excusa tan tonta.
-"Oye Scott, me asignaron a un chico para una tutoría hoy precisamente, no voy a ir contigo a casa porque este chico, quien por cierto me tiene ciertas rencillas y yo odio, quiere que empecemos hoy, lo siento"- rió ante eso, porque podría fastidiarle estar con su hermano, no quererlo e incluso quererlo lejos de él, pero era preferible mil veces Scott a estar con Antonio.
-"Por última vez, no tengo tiempo hoy"- le dijo con el ceño fruncido, su paciencia tenía un límite para cada estupidez.
-"Tal vez…"-.
-"No te voy a contar mi vida… tengo un asunto que atender y no tengo tiempo que perder, empezamos el viernes tu asesoría, después de clases"- dijo terminantemente.
-"Pero… el viernes tengo práctica con el equipo de…"-.
-"Lo sé. Me sé los horarios de todos los clubes de memoria"- Antonio pensó que podría cambiar el día –"Pero si esta calificación te importa de verdad, deberás ajustar tus horarios"-.
-"¡Pero…!"- hizo un puchero que todos los demás creerían bastante adorable, pero que Arthur sólo ignoró.
-"Escucha…"- suspiró intentando tranquilizarse –"Mañana puedes traer tu horario, revisamos las horas disponibles y organizamos todo"- miró el reloj de la pared –"Yo tengo que irme"- tomó todas sus cosas con su mano sana y colgó su mochila en un costado.
Salió sin despedirse, esperando que nadie le viera salir y con suerte no ver el auto de Scott estacionado justo frente a la escuela, como luciéndose. Cosa que era prácticamente imposible, porque así Scott no podría perderlo de vista.
No sabía que el Bad Touch Trio le habían seguido casi a la misma velocidad a la que él había caminado, pensando en cómo no sentirse avergonzado, lo último que le importaba era precisamente ser seguido por esos tipos –"¿Qué será eso tan importante que tiene que hacer?"-.
-"¿De verdad te importa tanto Antoine?"- le preguntó Francis algo molesto por ser ignorado prácticamente todo el día; por suerte tenían club después de la escuela y ellos tres tenían que quedarse.
-"Pues si…"- pensó un poco –"No es tan malo como pensaba… hasta me perdonó por la pequeña broma de Alfredo"- rió.
-"Si…"- sintió bastante pena por su amigo, de no haber conocido a Arthur también se habría creído ese rostro de 'no pasa nada' –"Lo dudo mucho, Arthur puede ser mucho, pero no perdona tan fácilmente"-.
-"Ya, ni que fuera importante si lo hace o no… bastó con que aceptara a darle clases, ¿no?"- tanto Francis como Antonio no pudieron hacer mucho más que asentir con la cabeza –"Veamos la razón de la prisa de ese niño"-.
Los tres salieron al patio principal, encontrándose con un bellísimo auto deportivo en la entrada de su escuela, sin duda lo mejor de lo mejor y por supuesto el trío estaba encantado con él. Fuera del auto había alguien, no rebasaría los veintitrés años, con un par de lentes negros y un abrigo del mismo color, hacía frío en la temporada y extrañamente había bajado la temperatura aún más; en su mano izquierda tenía un cigarro encendido y en la derecha otra prenda. Lo que más destacaba de él era ese cabello rojizo, encendido y despeinado, más que sus facciones o el hecho de que era alguien importante.
Definitivamente estaba esperando a alguien.
No vieron a Arthur por ningún lado, hasta que apareció detrás de ellos como no viéndolos, casi manteniendo la cabeza gacha –"No les digas que es él"- fue el susurro de Arthur en su oído. Así que si los había visto, fue lo que pensó el otro rubio.
Y así Francis entendió perfectamente ese tipo, era Scott Kirkland, el mentado hermano de su… amigo. El tipo que había hecho de la vida de Arthur una prisión.
Pasó caminando a su lado con la vista hacia abajo, llegando e ignorando todas las miradas que iban dirigidas a él. Scott era una persona que intimidaba mucho. Pero él no, Arthur era normal, era hasta aburrido; y ver a alguien normal junto alguien que no lo es tanto… daría mucho de qué hablar.
Varias chicas y varios chicos vieron la escena con sorpresa y algunas personas más con envidia, Arthur pensó que no sabían qué era lo que envidiaban y de saberlo, seguramente le darían el pésame.
Los tres muchachos no le siguieron, no dijeron nada hasta que vieron que Arthur aceptaba el abrigo y entraba al auto. No mencionaron nada porque no sabían qué decir, eso era raro incluso para ellos. Arthur, el niño nerd, remilgado, delicado, grosero, ratón de biblioteca, sin gracia, el mismo Arthur Kirkland que habían tratado como su balón… había subido a un auto de lujo, como si no fuera la gran cosa, hablado tan familiarmente a ese tipo e ignorado a más de la mitad de los mirones sin esfuerzo alguno.
-"Ese es un asunto importante"- murmuró Gilbert, viendo de reojo a sus dos amigos.
-"Creo que has perdido la oportunidad con él mi amigo"- le dijo Antonio al francés.
-"…"- y no contestó.
No era normal, para él, ver a Arthur junto a Scott, le era más extraño que a los demás y no les podría decir eso; ellos podrían darle una justificación sencilla diciendo que podrían ser… pareja, Francis se estremeció de sólo pensarlo. Por un momento eso podría ser también su única opción, pensar que era algo bueno para Arthur podría ser lo único bueno que haría por él, pero… para Arthur, Scott no era una buena señal, sólo era un familiar, una palabra, un nombre y tal vez una persona que usaba su casa como hotel, pero no más.
Sabía que eso era lo que hería a su amigo, el inglés se molestaba si su hermano salía a colación en una plática, era obvio que no podía ser una buena noticia tenerlo ahí de nuevo… justo cuando parecía empezar a resignarse a una vida solitaria.
Justo cuando Arthur parecía haber tomado un ritmo de vida para él.
El avance de este fic tal vez parezca un poco lento en algunos aspectos (sé que no en todos), pero intento hacer que Arthur se vea fuerte y un poco más maduro de como sé que es.
Espero que haya sido de su agrado, el siguiente capítulo tardará un poco más en subirse, adelanto:
-"Sé que no crees lo que digo…"- Arthur se quedó pensando precisamente eso, el rostro de su hermano, a pesar de ser neutro, era para él un libro abierto en ciertas cuestiones –"No es como si fuera verdad, yo no he hecho nada malo… no tendría por qué disculparme, sin embargo, tengo que evitarme más peleas, no quiero nada más"-.
