Capítulo 1

Setsuna:

Comencemos con nuestro primer personaje. En algún lugar de la bulliciosa Nueva Orleans, encontraremos a Setsuna. ¿Qué raro, no? Una abogada peleando. Mis queridos lectores, nuestro primer personaje es Setsuna Meiou. Y ustedes se preguntaran, ¿Quién es? Por ahora no puedo decirles mucho. Tiempo al tiempo… ¿Pero qué les parece si mejor dejamos de lado la introducción y nos adentramos en la historia?

-No.- grite enfurecida.- Hasta que no se dicta la sentencia, mi cliente es inocente. Lo sabes bien Jedaite. ¿O te refresco la memoria? Cualquier imputado, hasta que no se dicte sentencia, es INOCENTE. ¿Querés que te lo escriba?-

Lo miraba con los ojos impregnados de odio. Lo odiaba tanto, como le gustaba molestarme. Hasta el momento en cada caso que nos enfrentamos, yo tenía la ventaja de los casos ganados. Pero… la diferencia no era mucha. Aunque debía reconocer, que él trajo emoción a mi monótona vida. Hace 9 años que me había recibido, 8 que ejercía la profesión, 5 que trabajaba en ese estudio. Sangre, sudor y lágrima. Horas y horas, estudiando. Brindando sus frutos claro, pero para alcanzar la posición que tenia ahora, tuve que pisar unas cuantas cabezas. Cosa que no me molesto en lo absoluto. Cuando tenía un objetivo, y quería algo lo obtenía. Cuando algo se interponía en mi camino, lo resolvía de la mejor manera. Desasiéndome de dicho estorbo. Jedaite no era un pequeño estorbo, era la definición de molestia, de estorbo.

Pero desde que logré establecerme en el estudio jurídico, había llevado adelante a este. La mayoría de casos ganados. Cada expediente que cae en mis manos, cada cliente que deposita su confianza en mí, y como no; el dinero, obtenía resultados exitosos. Hasta que vino Jedaite, a joderme la existencia.

Con mis 1.80 de altura, y con los tacos que llevaba estaba casi a la misma altura de él. A muy escasa distancia. Momento. ¿En qué momento nos habíamos acercado tanto? Veinte centímetros, nada más. Esa era la distancia entre nosotros. Podía sentir el calor de su cuerpo, había que reconocer que era muy apuesto. Sus anchos hombros, sus ojos turquesas. Su pelo prolijamente peinado, pero con un toque moderno. Ese pelo rubio, brillante, sedoso, en el cual me encantaría enterrar mis dedos… sentir cada hebra de sus finos y delgados cabellos…

Esa picara sonrisa…Setsuna BASTA. Contá hasta 10, inhalo y exhalo.

-Sabes que este caso es MÍO. Las pruebas son irrefutable, acéptalo Setsu… perdiste.- dijo él, clavando su mirada en mis ojos. Acercándose más, ahora 5 centímetros. ¡¡NADA, eso era nada!! Podía sentir el calor de él, su perfume. Tan masculino, embriagante, incitador… Setsuna, ¡¡no podes!! ¡Es tu rival! Pensá en el mar… si, si… el mar, las olas y el viento… Jedaite con ese musculoso torso, esos abdominales, las gotas de transpiración en su bronceada piel, seguro que debe de tener…NO. Espacio, necesito distancia.

-No pierdo en nada. Lo sabes muy bien, y me importa muy poco que deba hacer. Ningún pendejo como VOS, va a venir a joderme la vida. ¿Entendés?- apoyé mi dedo en el pecho de él. Error. Comprobé lo duro de sus pectorales, sus músculos. Quería bajar la mano y probar otras cosas. Setsuna, si seguís pensando así…

-Encontraste a tu rival, y a mí tampoco me gusta perder.- más cerca, si seguía así y no controlaba mis hormonas, me le iba a tirar encima. Setsuna, Dios, no sos una adolescente. Respira, vos podes. Si, ¿pero como carajo hacerlo? Cuando el calor que él emanaba me embargaba de una manera, calentando todo mi cuerpo. Cada músculo se contraía, mis pechos estaban que explotaban. No, no, no. ¿Por qué tenía puesto una camisa blanca? Me llevé los brazos al pecho, para tapar lo que mi condenado cuerpo evidenciaba. Pero mi raciocinio, jamás reconocería.

Demasiado tarde, por la mirada que él me brindo, me di cuenta que ya se había percatado. Que ganas de darme la cabeza, una y otra vez, contra una pared. Idiota, me repetí una y otra vez. Maldije a mi cuerpo, a mis malditos pezones. ¿Por qué opté justo por ese corpiño? Teniendo tantos, elegí el de tela más fina, el de encaje…

-Mmm. Aunque pensándolo bien… siempre se puede perder un caso. Mi cliente no sabe todavía las pruebas que conseguí. Pero…- sabía lo que se venía. Lo sabía, por la mirada de él. La tensión que había en ese momento, era de índole sexual. Y siendo sincera… no me molestaría, que me arrojara en el escritorio y… No, no, no. Aunque un caso ganado, es un caso ganado. -No, no, no.- ¿en qué momento salieron las palabras de mi boca? ¿Esa era mi vos? En vez de mostrarme segura, mi vos evidenciaba el conflicto interno, la duda, el deseo… A pesar, que el sonido emitido por mis labios fue casi imperceptible… un susurro. Él lo escucho.

Mierda…

-¿Segura?- me arrinconó contra el escritorio, el duro borde del escritorio se clavaba en mi espalda baja. Su cuerpo me impedía el paso. Apoyé mis manos en el escritorio, quería hablar… quería decirle que se vaya, pero no podía. Ningún sonido salía de mi boca. Ahora él estaba a mayor altura, como un lobo asechando a su presa. Apoyando su peso en mí. DIOS, él estaba igual de excitado que yo. Y era… Justo como lo quería, un bocado que me dejaría más que satisfecha. La dura erección de él se apoyaba en mi estomago, haciendo crecer el fuego que estaba instalado en mi interior. Había apoyado sus brazos, al lado de los míos. No podía más… no aguantaba más. Me humedecí los labios. En clara invitación…

-No podemos…- emitió mi boca, la poca conciencia que todavía me quedaba hablo. Pero mi cuerpo, claro está, opinaba lo contrario. Mi cuerpo exigía apaciguar el calor que él encendió Quería tener a ese hombre dentro mío, probar esa piel… que prometía, y mucho. Ohh, no…Maldigo a mi bocota, no dije NO quiero, dije no podemos. Estúpida, tanto estudio, todo para que tus hormonas te traicionen.

-Mmm…entonces.- el ruido de las lapiceras, expedientes, y demás documentos, cayendo en el piso. La dura superficie del escritorio en mi espalda, el peso de él. La boca de él en mi cuello, sus manos subiendo la pollera (NA: falda). Si, gritaba mi cuerpo; No, mi mente. Esas grandes manos, recorriendo mis largas piernas. La boca de él, su lengua, jugando con mi autocontrol. A sabiendas que me iba a arrepentir de esto.

Sacando fuerzas, del dejo de conciencia que me quedaba.

-No. Jedaite Salí de encima mío, AHORA.- dije forzando a mi vos a que sonara convincente. Con algo de autoridad.

-¿Estás segura?- susurro en mi pecho, tomo mi pezón derecho en su boca, apretándolo a pesar que llevaba la camisa. Y por más que trate de contenerme, la fuerza con la que apretó mi pezón, provoco en mí un ronco y audible gemido.- Yo diría que lo estas disfrutando… Setsuna, Dios, desde que te ví que quiero hacer esto. – Yo lo mire perpleja, no entendiendo el significado de sus palabras. Pero rápidamente se hizo entender. Se abalanzo a mi boca, reclamándola suya. Saboreando cada curva de mis labios, la fuerza de sus besos era inigualable. Totalmente diferente a lo que estaba acostumbrada, había deseo, lujuria, pero no eran del todo violentos. No, también eran tiernos… Me hacía sentir única, como si no importara nada más que mis labios. Como si fueran un dulce. Aquella sensación extraña y a la vez nueva, hizo que me uniera a sus besos. Abrí mi boca, para invitarlo a adentrar su lengua. Nuestras lenguas jugaban, recorriendo el cálido interior de nuestras bocas.

Hace meses que ningún hombre me toca, que mi cuerpo arde en deseos del toque masculino. Me canse de esperar a mi errante caballero, me canse. ¿Acaso lo estoy traicionando? No. Por más que me acueste con cualquiera él sigue siendo el dueño de mi corazón. No puedo hacerle esto a Jedaite. Entregarme a él, pensando en otro.

-Setsuna… hace tanto que te deseo…- susurro en mi cuello.

Maldije mi suerte. ¿Algún día conocería la dicha de ser amada? ¿Algún día… alguien me diría Te Amo? Lo único que escuche fue siempre un te deseo. Empuje bruscamente a Jedaite, odiaba tanto esas palabras. Jedaite no tenía la culpa, él no tenía la culpa que mi vida fuera una mierda. Que la persona que amo, lo único que me digiera es un te deseo tanto, un te quiero esporádicamente. Que lo único que buscara en mi fuera sexo.

-Setsuna que, ¿Qué paso?- dijo un poco consternado, por mi extraña reacción. No lo culpe, hace minutos estaba sumisa a sus caricias, y de repente me volví total y absolutamente fría. Me incorpore, y me senté en el escritorio. Me coloque mi frívola mascara y lo mire con desdén.

-Andáte. No te lo vuelvo a repetir. –

-Setsuna… yo, la verdad que no se… lo siento.-

-¡Y una mierda! No quiero escuchar nada mas, andáte. AHORA- eleve mi vos dándole un tono autoritario.

No exclamo nada más. Se acomodo la camisa y el pelo, giro sobre sus pies y dio media vuelta. Cerrando con un fuerte portazo la puerta de mi despacho. Reprimí un grito, ¿Quién se creía para armar semejante escándalo? Ash… Acomode y alise la tela de mi blanca camisa, con fuerza. Trate de tranquilizarme, pero no podía. Procure concentrarme en los lápices y lapiceras que juntaba del piso. En cuestión de segundos todo el estudio se iba a enterar de la escenita de él. Como si no me fuera suficiente que bromeen con mi persona. Inventándome amantes, diciendo ¡¡hasta que era lesbiana!! Todo porque no me conocen novio, pero no se supone que la vida privada es ¡PRIVADA! ¿Mía y solo mía? ¿Desde cuándo los abogados nos convertimos en periodistas amarillistas?

Recogí todo lo que se había desparramado, busque mi saco. Hacía calor era verdad, pero no podía salir con la remera arrugada y justo en mi pezón la marca de la boca de Jedaite, dejada por su saliva. Eran las 5 de la tarde. Pero no me importaba, yo tenía que salir de acá. Hoy es mi cumpleaños. ¿Sale fiesta? Ja, ojala. Mi festejo va a ser de lo mas exclusivo posible. VIP, si definitivamente. Yo sola… emborrachándome, y llorando por mi caballero. Con suerte mi madre llamara. Todo depende de si está o no mi padre.

Agarre mi cartera y el maletín de cuero negro. Y salí de mi oficina, y como había predicho todas las miradas se posaron en mí. Podía escuchar los murmullos. Que se mueran de la intriga, que digan lo que quieran. Salí con la cabeza en alto, pero si había algo que siempre odie fue ser el centro de la atención. Mi casa estaba a pocas cuadras, el calor y la humedad me golpearon cuando salí del estudio. El cielo estaba gris, probablemente llovería. Y me dirigí a mi BMW negro, destino a mi casa. Con la esperanza de poder desahogarme de una buena ves… y mi única compañera seria una fiel botella de whisky.

Malo para mi salud, buena para olvidar. Pero cuando te sentís muerta en vida, cuando tu corazón está destrozado como el mío ¿Importa tu hígado? Tal vez si, tal vez no. lo único que me importa es olvidar, aunque sea por un momento. Solo un instante. Arrancarlo de mi corazón…

Yo lo hubiera dejado todo por él. No me importaba nada, la familia, la diferencia de edad, mi mejor amiga. Yo lo amaba, pero él me hizo tanto daño… Jugo conmigo, se aprovecho de mi inocencia, de mi inexperiencia. ¡Feliz cumpleaños Setsuna! Hace 31 años que estas en la faz de la tierra, pensar que antes compartías estas fechas con tu mejor amiga, con tu familia… Pero ahora estas sola, tu única compañía es esta botella de whisky. Ni siquiera me moleste en servirme en un vaso ¿Para qué? Una abogada exitosa, reconocida, fría, calculadora… Mejor imposible dirían ustedes, error. Es solo una máscara, una fachada, no soy la que fui, la que era antes de él. A pesar que trato de convencerme que no significa nada para mí, yo sé que no es así. Ver sus fotos en las revistas, ver lo feliz que es sin mí. Verlo con su familia. Con ella…

Ojalá que no puedas
ni al besarla en la boca
y al mirarla en los ojos
que sospeche que hay otra…


Él jamás me prometió dejarla, pero yo como una tonta creí que podría hacerle cambiar de parecer, que lo podría enamorar… Claro, es más factible que se acabe el hambre en el mundo antes que alguien lo atrape a él. Bien, a pesar de todo y con las pintas que tengo no pierdo mi sentido del humor. ¿Qué puede ser peor? Además del hecho de estar vestida con su camisa blanca, con el maquillaje corrido, las lagrimas que surcan mi cara están teñidas de negro, el rodete que me había hecho esta mañana para ir al estudio, se encuentra desarmado. Mi pelo suelto cubre mi cara, como una cortina queriendo ocultarme de la cruel realidad. Su camisa aun conserva su suave y masculino perfume, mezcla a hombre y a naturaleza, a una bestia salvaje… e indomable.

Sé que puede parecer patético, pero aun guardo cada cosa que él me regalo, cada revista en la que salió. Con su hermosa y brillante sonrisa… los años no lo afectan, sigue igual que hace tantos años. Cuando era apenas una joven, flaca y alta, desgarbada, que me preocupaba por saber cuándo crecerían mis pechos, los cuales en esa época eran odiosamente chicos. Me acuerdo perfectamente, cuando lo vi por primera vez… me regalo una de esas sonrisas de galán de telenovela. Esa misma sonrisa, que parecía tan natural, en realidad es absolutamente falsa, hipócrita… Como él. Su hermoso rostro de facciones duras y elegantes, sus ojos a los cuales jamás pude olvidar. Aun puedo verlo al lado mío, despertando a mi lado, abriendo aquellos ojos, tan puros, tan cristalinos. Un ángel se podría decir, pero él lo sabe muy bien… y yo lo aprendí después de tanto dolor, él es un demonio.

Pero no lo parece, ¿Verdad? Con aquellas facciones tan angelicales, tan delicadas, que a pesar de las insignificantes he incipientes arrugas no disminuye su hermosura. "El Señor Aino disfruta de sus vacaciones junto a su esposa" "Cualquier cosa para hacer feliz a mi reina…"- su verdadero apellido no es Aino, pero el poder de ella, la buena posición de ella, su círculo social, hicieron que se lo cambie a Aino. Por eso jamás la dejo, ni lo va a hacer. Y a pesar que lo sé, no puedo evitar abrirle la puerta cuando viene, gritarle, llorar, desahogarme. Pero es inútil, él se queda inmóvil en el blanco sillón de mi living me mira con aquellos ojos tan hipnotizantes… y no puedo evitarlo, aunque me lo reprocho, me entrego a él con la esperanza que cambie. Que me quiera, de sentirlo, de saber que al menos por un momento es mío, y solamente mío.

Que despierta en sus pieles
pensando en la mía

Con la triste ilusión de que la va a dejar, que va a dejar todo por mí. Cuando en realidad él ve en mi solamente lujuria, deseo. Jamás me miro con amor, él solo siente amor por sí mismo, y por su hija claro está. Mi amiga, mi mejor amiga. Lo era, hasta que nos descubrió. Mina Aino, la única persona en la cual pude confiar plenamente, mi confidente, mi compañera de diversiones, de estudio… mi amiga, y la perdí por ir como una tonta tras una ilusión que desde el comienzo no tenia final feliz, por lo menos para mí.

Ojalá que no puedas
hacer que tu piel
se agigante de sueños

Aun no puedo borrar la reacción de ella cuando nos descubrió, como dos adolescentes libidinosos en el diván rojo de su estudio, desnudos, con nuestros cuerpos sudorosos, su fuerte he impacte cuerpo arriba mío envistiéndome. La cara de Mina… la angustia de sus ojos, las lagrimas en su rostro acumulándose en sus ojos para luego desbordar libremente y recorrer sus pálidas mejillas y caer en el frió mármol carrara del piso. Estaba estática, inmóvil, la angustia era claramente visible en sus ojos azules, el brillo típico en ella se esfumo, sus ojos se volvieron fríos, su estoica cara fue lo último que vi antes de que se diera vuelta y saliera corriendo. Obviamente mi amado "caballero" salió corriendo tras ella, pero mientras se ponía los pantalones me dijo "delicadamente" que me fuera.

¿Cuántos años tenía? Tan solo veintiuno. ¿Y hace cuanto que él y yo somos amantes? Desde que se dio cuenta que mis pechos crecieron, que me podía manejar a su antojo, desde que se dio cuenta que lo amaba. Bien pero ¿cuando fue eso? Podría decirse a los diecisiete, dieciocho. Tengo que reconocerlo a partir de los dieciséis mis odiosos pechos empezaron a crecer más, mi desgarbado cuerpo se fue transformando en imponentes y sensuales curvas. Era joven e inexperta con respecto a mi sensualidad, no era consciente de mi cuerpo, recuerdo como me tapaba cada vez que salía, como bajaba la cabeza, como me intimidaban las miradas que él me brindaba cuando visitaba a Mina. El es todo para mi, a pesar de todo lo sigue siendo. El fue mi primer hombre en todos los sentidos. Mi primer beso…

Si, se podría decir que era un poco lenta, pero en ese momento pase de ser una chica debilucha, escuálida, el "palo de escoba" a ser una femme fatal. La típica come libros, tímida y callada. Aunque él era el padrastro de Mina, ella lo quería como a un padre. Con sus 36 años aparentaba ser apenas un veinteañero, su carrera política ya estaba en pleno auge. Él no solo posee una belleza envidiable, es astuto e inteligente, y con su sonrisa socarrona acapara a todo el público. Su carisma, su porte- pero tampoco nos olvidemos el "empujecito" que recibió por parte de su suegro importante funcionario público y ex ministro de economía de nuestro país, perteneciente al Partito Republicano.- lo ayudaron a tener rápidamente éxito en el sector público.

Pero bueno me estoy yendo un poco por las ramas, ¿En que estaba? Ah sí, como olvidarme. Mi primer beso, aun siento las mariposas revoloteando en mi estomago. Pleno julio, Mina me había invitado a pasar un fin de semana en su casa de playa Raramente salía de la cuidad así que acepte gustosa, sin saber que aquel viaje fue el principio de mi perdición.

Me acuerdo perfectamente ese viaje, fue el más feliz de mi vida. El sol estaba en su punto máximo, el cielo de verano estaba plenamente despejado, el calor adhería nuestras ropas a nuestros cuerpos. La chomba azul marino se le pegaba en su musculoso cuerpo, simulando ser una segunda piel, mostrando sus marcados y perfectos músculos. Su pelo flotando gracias a la leve brisa cálida que provenía del Golfo, el olor a sal, las gaviotas, los barcos pesqueros que navegaban. Un lugar de ensueño, pero yo por más que intentaba no podía apartar mis ojos de él. Estaba sumamente hermoso, y aunque antes no lo reconocí, al ver como se besaba con Bella la madre de Mina, ver las muestras de cariño me ponían sumamente celosa, y comprendí que lo amaba. Desde el primer momento que lo vi, desde que me regalo una sonrisa. Y supe que estaba perdida… Que no había esperanzas.

Trate de convencerme que no era amor, que era fascinación. Él… no me animo a pronunciar su nombre, porque siento que me quema. El sonido de su nombre… Infinidad de veces lo susurre mientras estaba en sus brazos. Durante esos cuatro días, nos divertimos en las playas, adentrándonos en las cálidas y turquesas aguas del mar. Charlábamos de temas complejos, abarcando todos los temas. Economía, historia, literatura, nos entreteníamos discutiendo, mientras que Mina y Bella tomaban sol o salían de compras. Disfrutábamos de nuestra compañía, pero cuando llegaba ella, yo pasaba a un segundo plano. Y la odie tanto, la desprecie con toda mi alma. Ella es rica, de familia aristocrática, es hermosa. A pesar de tener en ese entonces 48 años, no los aparentaba. Con piernas largas, cuerpo fortalecido por el gimnasio, pelo largo y de un rubio ceniza, exuberantes pechos- hechos por cierto, tengo que agregar que se veía bien, porque hubo una que otra mano que ayudo a ese cuerpo- pero así y todo poseía una belleza clásica, única, su piel blanca apenas alcanzaba a adquirir color. Y sus ojos azules como los de Mina.

Que le sangren las manos
si acaricia tu piel
o acaricia tu pelo

Las mejores cosas pasan cuando menos te lo esperas, y en situaciones únicas. Eran aproximadamente las dos de la mañana, me levante y fui a la cocina para tomar agua, mientras buscaba en la alacena un vaso, pude sentir como alguien me tomaba del brazo, instintivamente abrí mi boca para gritar pero antes que pudiera producir sonido, mi boca fue callada por su boca. Lo supe cuando sentí sus brazos rodearme, cuando sus manos se apoyaron en mi cola y la apretaba con sus duras y callosas manos, con sus varoniles y largos dedos. Su boca sabia a perdición, sabia a vino tinto, podía sentir el sabor en su lengua, el sabor a alcohol que me mareaba de placer. En mi estomago podía sentir esa sensación inexplicable, como sentir mariposas, subían y bajaban. Tímidamente moví mis manos hacia su nuca, profundice el beso, quería más de él. Su duro cuerpo se pegaba al mío, su lengua acariciaba la mía, sus labios saboreaban los míos, mis pechos se pegaban contra su torso desnudo. Sus músculos de la espalda se contraían, podía sentirlos a través de mis manos que subían y bajaban por su suave piel. Experimente una sensación rara, no quería solamente besos, necesitaba más. Mi cuerpo lo pedía a gritos, sin premeditarlo me frotaba contra su cuerpo, él llevaba solamente un bóxer por lo que pude distinguir a trabes de mi tacto, yo llevaba una especie de short o bóxer para dormir y una musculosa (NA. Top) Experimente el deseo, aquel deseo tan ancestral, el de un hombre y una mujer. Podía sentir su respiración en mi cara, escuchaba como se volvía más pesada. Me subió a la mesada, a pesar que el mármol estaba frió, no me importo en lo más mínimo, yo me estaba deleitándome con el sabor de él.

Pude sentir una opresión en mi vientre, y supe que él me deseaba y que estaba preparado para mí. PARA MÍ, la dicha que sentía en ese momento era infinita, pero repentinamente un dejo de conciencia atravesó en mi mente. Numero uno, estábamos besándonos bajo el mismo techo en el cual se encontraba Mina y su madre. Dos ¿Mi primera vez seria arriba de una mesada de cocina? ¿Cómo si fuéramos animales en celo? El tenía 36 y yo estaba por cumplir 18, ¡Ni siquiera era mayor de edad! Pero su perfume, su piel, su boca son tan embriagadoras, tan… aditivo. Al parecer percibió mi duda o mi temor, ya que levanto la cabeza de mi cuello. Sentía que el lugar donde hasta momentos estaba besando y saboreando, ardía en deseos, quería tener su boca en mi piel. Pero hice acopio de mi fuerza de voluntad y trate que la situación no pasara a mayores. Aunque las ganas de que pase a mayores no faltaban…

-¿Qué pasó?- pregunto con la vos agitada por los besos. Y me brindo una imagen de él que jamás había apreciado, sus labios hinchados por la pasión, colorados, su claro pelo despeinado, su fornido pecho agitado, subiendo y bajando. Su piel era dorada, sus ojos cristalinos como las aguas del mediterráneo. Una mezcla fascinante de verde, azul y turquesa. Y lo supe, supe que no podía evitarlo, que lo quería a él, a su cuerpo. Y mis miedos se disiparon, y me entregue a él. Me abalance sobre su boca, lo necesitaba tanto que me quemaba en el pecho, una lagrima resbalo por mis ojos. No lo noto. Y me entregue a mi perdición…

Ojalá que no puedas
lo que hacías conmigo
cabalgando en mi vientre
te quedabas dormido
y tu boca dejaba mi tibio candor
y en la mía quedaba tu loco sudor

Y a pesar que me entregué a él, al día siguiente parecía como si fuera un sueño. Podía sentir una leve molestia en mi interior, pero cuando me encontré con él me trato como si no hubiera pasado nada. Y por la noche no me busco, y yo supe que se quedo con ella, que le hizo el amor como me lo hizo a mí. Recorrió con sus habilidosas manos su cuerpo, la saboreo a ella. Y en la oscuridad de la noche me puse a llorar, pensando que fui utilizada nada más.

Pobre ilusa, me deje fascinar por sus engatusadoras palabras. Y cuando volvió a reclamar mi cuerpo, no me detuve. Siempre le di todo de mí. Siempre.

Ojalá que no puedas
hacerle el amor
cuando duermas con ella
Y en cada entrega, confiaba en que se enamorara de mí. Que se diera cuenta y se fuera conmigo. No solo le entregué mi cuerpo, le entregue mi corazón. Pero a él no le importo pisotearlo, no le importo mi orgullo. Jamás le importe.

Ojalá
ojalá que no puedas
tengo celos de amante
porque sé que en tu cama
soy lo más importante

Me olvide de mi orgullo, me olvide todo. No me importo nada más que él. De hacerlo feliz, ¿Pero a que costo? Al costo de tener 31 años y estar sola, de esperar de él migajas. De vivir suspirando por un sueño, una utopía que jamás llegara. Competir con alguien inalcanzable, nunca la va a dejar. Pero aunque me duele no lo puedo dejar, ¿Tal vez soy masoquista? Si, puede ser, pero me conformo con saber que cuando hacemos el amor él es mío. Mío.

Ojalá que no puedas
hacerle el amor
ojalá que no puedas…

La botella ya estaba casi vacía, ya había bebido la mayoría aquel líquido ámbar. Mi garganta ardía, mi cabeza empezaba a dar vueltas. No me importaba, el ardor de mi corazón, era diez veces más fuerte que el de mi garganta. Bien, se preguntaran ¿Cómo llegue a este punto? Bien… ¿tienen tiempo? Aún puedo escuchar los gritos de mi padre, los sollozos de mi madre pidiéndole que no me golpeara. Mi única hija, dijo con una mirada que jamás podré olvidar. Vergüenza, dolor, furia… y a pesar que sus ojos ardían en cólera, podía ver como caían lagrimas de sus ojos, lágrimas de impotencia. De vergüenza. ¿Cómo me pudiste hacer esto? ¿Él podría ser tu padre? ¡Pero no lo es! Grite entre llantos y con rabia. Mi padre jamás me había levantado la mano, está bien que jamás le di razones, pero aun así prefería castigarme de otras maneras. Y por primera vez en 21 años, que fue cuando se entero, me levanto la mano. Me abofeteo, haciendo que cayera al piso. Estaba atónita, tanto yo como mi madre, ella frenaba a mi padre para que no continuara. Y no lo pude evitar, lo mire con rabia con mi mano frotando mi mejilla. Te odio, te odio. No sé cuantas veces lo exclame, pero sé que fueron las suficientes para ganarme una mirada que hasta el día de hoy me sigue doliendo. Decepción. El estaba decepcionado de mí. Yo siempre procure que se sienta orgulloso de mí, trayéndole las mejores notas. ¿Te sacaste un 9? Umm… podría haber sido un 10. Después de eso me hecho. De su vida, de su casa, de su corazón. Yo estaba cursando la carrera, me dio plazo hasta que terminara el año, me dio un departamento. Nada más. Tuve que empezar a trabajar. El hecho que mi padre fuera un abogado exitoso no me servía de nada, tuve que valerme por mi misma. Todo lo que tengo es mío. Mi noble y amado me ofreció mantenerme, pero me negué rotundamente. Yo le iba a demostrar a mi padre que no importaba que me haya desterrado, que me haya desheredado. Yo iba a salir de esa situación con la cabeza en alto, demostrándoles a todos que podía valerme por mi misma, que no era una nenita de papa.

-¡¿Dios quien viene a éstas horas?!- Trate de levantarme, estaba sentada al lado de la cama, la botella de whisky estaba casi vacía. La revista que estaba viendo estaba al lado de la botella, con la impactante sonrisa de él, y de la perra que tiene como mujer. ¿Qué resentida, verdad? Ella no tiene la culpa de nada. Nada. Apoyando mi brazo en la cama, me impulse, y aunque me costó bastante y me tambalee un par de veces me pude levantar. –Ohh… Setsuna tenés que dejar este vicio.- exclamé al ver que no solo me costaba mantenerme en pie, la realidad estaba distorsionada, todo me daba vueltas.- Mierda…- El sonido constante del timbre taladraba mi cabeza, aturdiéndome. A tientas me fui acercando a la puerta, agarrándome de cuanta cosa podía. Una vez en la puerta levante la mirilla y por un segundo no respire, me quede helada. Era él. EL. A pesar de mi estado, podía verlo claramente. ¿Acaso estaba alucinando? No… era él.

-¿Quién, quién es?- dijo con mi vos rasposa debido a la bebida.

-Setsuna soy yo, abrime.-

Claro quién mas iba a ser. Él tenía la llave de la puerta del edificio, me golpee mentalmente por mi estupidez. Cagada, tras cagada. No podía decirle que se vaya hace meses que no lo veo. Saqué el seguro de la puerta y abrí la puerta.

Whoaw…

Si no fuera porque estaba agarrada de la puerta, me hubiera caído. Tenía una campera de cuero negra, con algunas gotitas de lluvia. Recordé que cuando entre a mi departamento afuera el cielo se encontraba gris. Una deliciosa e invitadora gota caía por su barbilla. Pequeñas gotas estaban desparramadas por su claro pelo; si tenía canas, debido a lo claro de su pelo no se notaba en lo más mínimo. Sus ojos estaban más oscuros que de costumbres, me miro preocupado. Deduje que se dio cuenta de mis fachas. Aunque mi grado de discernimiento estaba diezmado, sabía que él podía oler claramente el aroma del whisky. A pesar de los años seguía siendo igual de atractivo. Ya estaba pisando los cincuenta. Pero su cuerpo seguía siendo exactamente el mismo, su mirada transmitía el paso de los años y el de la experiencia. ¿Hace cuanto que somos amantes? Trece años. ¿Será mi número de la suerte? ¿O de mi desgracia? Él semblante de él era de preocupación.

-¿Qué, que pasa?- el inestable clima típico del otoño había hecho que lloviera, la lluvia había bajado la temperatura. Una leve ráfaga de viento procedente del pasillo hizo que me estremeciera. Tal vez no era el frió lo que lo origino, quizás era su mirada. Preocupada, consternada. ¿Se estaba preocupando por como estoy? ¿O es algo más? Jamás había visto esta veta de él, es mas pensé que nunca se preocupaba por algo.

Entro y cerró la puerta, yo seguía parada en el medio de la sala, sin decir nada. Solo mirándolo.

-Setsuna… ¿Por qué?- dijo acercándose a mí. Me miro a los ojos, reprochándome mi estado. ¿Acaso no era obvia la razón? Me estrecho entre sus brazos y su fragancia lleno mis sentidos, aspire profundamente empachándome con su perfume. Tan único e inconfundible.

-¿No es evidente Diamante? Es mi cumpleaños, estoy sola, hace meses que no te veo… yo, yo…- me callo con sus labios, apretando mi cuerpo con el suyo, en el refugio de sus brazos. Compartiendo nuestro calor. Sus besos siempre eran iguales de hambrientos, voraces, y más si no nos veíamos por bastante tiempo. Sus labios saboreaban los míos, adentró su lengua en mi boca. Violentamente. Sus manos bajaron y se apoyaron en mi cola. Levanto la diáfana tela y apretó con sus manos la piel de mis nalgas. Apoyo toda la longitud de su cuerpo contra el mío. El beso sumado al alcohol que había consumido me estaba transportando a otra dimensión, todo daba vueltas, a pesar de tener los ojos cerrados podía ver destellos, círculos de colores. Él es una bestia, salvaje e indomable. Con su metro noventa y cinco de altura, me hacía sentir más pequeña de lo que me sentía cuando estaba con él. Su sola presencia, su aura, me provocaban una sensación de nimiedad. Y sus besos y caricias aumentaban la vulnerabilidad que naturalmente sentía por él. Mis manos se enterraron en su húmedo pelo, su fragancia se mezclaba con el olor a lluvia. Volviéndolo más primitivo. Nuestras manos subían y bajaban por nuestros cuerpos. El hambre de nuestros besos, es producto de la distancia. Tal vez no me ama… pero me desea. Siempre me lo hizo saber, al abalanzarse a mi cuerpo. Siempre era lo mismo, yo intentaba reclamar, pero el solucionaba todo con un beso.

Con sus manos acuno uno de mis pechos y acariciaba mi tieso pezón, mientras me llevaba al sillón. Me arquee en respuesta a sus caricias, todo mi cuerpo ardía por sus caricias, mi centro palpitaba ansioso de sentir sus expertas manos apaciguando el dolor, brindándome el placer que tanto anhelaba. Me apoyo y pude sentir la suave textura del cuero en mi piel. Él se deleito con mi imagen por unos segundos, mientras se sacaba su campera y desabrochaba su camisa. Me brindo una de sus distintivas sonrisas, y respondí con una igual de socarrona. ¿Cuántas veces uno puede tropezar con la misma piedra? Bien, yo podía tropezar miles y miles de veces con la misma piedra, pero no podía, no puedo… alejarme de él. Él es mi perdición.

La dureza de su cuerpo aplastaba el mío, pero el placer de sentirlo encima de mí eclipsaba su peso. Su aliento en mi boca, sus labios saboreando mi barbilla, mi cuello, mi oreja. Con su jadeante vos en mi oído, envolviéndome en un mundo donde no había nada más que nosotros dos.

Solo nosotros.

El timbre del teléfono interrumpió con el hechizo en el que nos encontrábamos. Pero no nos importaba, seguimos acariciándonos. Nuestras caricias eran ávidas, ansiosas, desesperadas. Ya me había desabotonado la camisa, bueno si a arrancar los botones se le llama desabotonar. Siempre era igual, siempre ansioso de unirse a mí. El sonido del teléfono no cesaba, se escucho el sonido de la contestadora automática. El teléfono no estaba muy lejos, a penas unos pasos.

-¡Hola Setsu! ¿Cómo estás? Llamaba para pedirte disculpas por hoy… no sabía que era tu cumpleaños. No debería de haber… además estábamos en el trabajo… ¿Qué te parece si para redimirme, salimos a festejar como se debe tu cumpleaños? ¿Dale? Nos vemos. Cuídate, besos. Jedaite. Ah por cierto, feliz cumpleaños.

¡¡Ohh Mierda!! De todas las putas veces que me pudo llamar Jedaite, ¿¡Justo hoy tenía que ser?! Pude sentir como Diamante se puso tenso, y no era por su erección. Me miró con los ojos destellando de furia, recriminándome. Se incorporó y se acomodo en el sillón, cerro sus puños y los cerro fuertemente, volviéndose blancos sus nudillos. No dijo nada, apoyo la cabeza en el sillón y cerró los ojos. Yo lo imite, me senté, dejando una cierta distancia entre ambos. La tensión del ambiente era claramente palpable, lo mire mientras se calmaba, su respiración comenzaba a volver a la normalidad. Aun con la cabeza apoyada en el sillón ladeo la cabeza y muy lentamente abrió sus ojos.

-¿Quién es?- exigió. Y pude escuchar un click en mi cabeza. Y no pude contener la verborragia. Estaba furiosa.

-Sos el colmo de lo cínico- grite- ¡¡Vos!! Vas a venir a exigirme a mí, justo ¡vos! Diamante, hace 13 años que somos amantes, estoy harta que cada vez que encuentro a alguien, por más que sea un amigo, vos lo alejes de mí. ¿O me vas a negar en la cara, que jamás te acostaste con otra que no fuera tu esposa? ¿Qué yo soy tu única amante?- no podía soportar el dolor, la furia, todo se mezclaba. Podía sentir como palpitaba la vena de mi cuello, mi rabia crecía a medida que hablaba. -¿Sabes qué? Estoy harta. Cada vez que intento sacarte de mi cabeza, venís y lo arruinas ¡todo! Me haces estos planteos estúpidos. Diamante es hora que te des cuenta, ya no soy la estúpida que podes manejar a tu antojo. Ya no más. –

Abrió sorprendido los ojos, por lo general respondía a sus preguntas. Hacíamos el amor, y al día siguiente cuando fuera al trabajo el responsable de nuestro conflicto desaparecía. Cuando uno tiene tanto poder como Diamante, nada es imposible. Pero esta vez no se lo iba a permitir, Jedaite trabajo mucho para lograr estar en el lugar que esta, es un excelente abogado, no podía hacerle eso. No. Trate de levantarme, los efectos del alcohol seguían, pero un poco más leve. Empero ni bien trate de levantarme, sus fuertes manos me sujetaron al sillón, inmovilizándome. Lo mire furiosa a los ojos, no le importo.

-Setsuna… hay algo que no entendiste. Vos sos mía. Nadie, pero escúchame bien, nadie puede tener algo mío. ¿Me entendés?

-Di… ¿Por qué?- sollocé- Si nunca vamos a poder estar juntos. ¿Siempre voy a ser tu amante? ¡Quiero tener hijos! ¿Te das cuenta lo que me pedís? Me pedís que renuncie a todo, a todo mis sueños.

-¡Que sueños! Yo te doy lo que quieras Setsuna, no hace falta ni siquiera que trabajes, solo te pido que estés para mí.

-¡¡Pero no entendés!! Me importa una mierda el trabajo, me importa una mierda ser o no la mejor abogada.- las lagrimas caían de mis ojos y el sabor salado de ellas llegaban a mi boca- ¡Me importa una mierda el dinero! Lo único que quiero… es a vos. Diamante, quiero tener una familia, casarme. ¿Tan poco me querés? ¿Qué siquiera podes verme feliz? ¿Por qué no me dejas? ¿O caso me vas a darme lo que yo quiero?

-No puedo Setsu… no puedo-

-Por favor… soltame, andate. Te amo demasiado, ya no puedo sufrir más. Por favor…-gimoteé- andate…-

-No.- a pesar que las lagrimas nublaban mi vista, pude ver la angustia, el dolor en sus ojos.- Te quiero más de lo que vos crees. No puedo dejarte Setsuna, no puedo… -Se acerco a mí, y coloco su dedo en mi barbilla obligándome a mirarlo, directo a los ojos.- No puedo darte lo que querés Setsuna, no puedo darte un hijo cuando no se lo pude dar a Bella. Le dolería profundamente…-

-No quiero hablar de ella- dije escondiendo mi cabeza en mi hombro, las lagrimas jamás se detuvieron. – ¿Y no pensás tener hijos?- jamás me había animado a preguntarle, sabía que él no me respondería. Pero…

-Tengo a Mina-

-¡¡No es lo mismo!! Ella no es tu hija, no es lo mismo ver crecer a tu hijo. ¡Sangre de tu sangre, una pequeña parte de vos! A Mina la conociste cuando ya era grande. ¿No querés ver nacer a tu propio hijo, verlo sonreír, decir papa? Si ella no pudo darte un hijo, ¿Por qué no me dejas a mí?

-No puedo Setsuna… no puedo-

-¡¡Andate!!-

-Setsuna… no me alejes…-

No me atreví a mirarlo a los ojos mientras lo escuchaba suplicar. Pero rápidamente elimino toda distancia. Y se acerco fieramente a mis labios, sorbiendo mis lágrimas con su boca. Me recostó en el sillón, y otra vez me deje doblegar por él.

Estaba desesperado, lo pude saber por la manera en que me acariciaba. Queriendo aferrarse a mi cuerpo de una forma que jamás lo había visto. Siempre se mostró centrado. Primero me brindaba placer, y luego recién me penetraba. Pero por la urgencia de sus caricias, sabía que en cualquier momento me penetraría. Estaba húmeda sí, pero no estaba lo suficientemente preparada. Sus manos temblaban, estaba consumido por el deseo, su boca devoraba a la mía. La presión que ejercían sus labios estaba al borde del dolor. Con sus manos acariciaba mis pechos, jugando con los tiesos pezones, pellizcándolos. Enviándome fuertes descargas eléctricas, mezcla de placer con dolor. Adentro una mano en mi sexo, con sus dedos largos y callosos separo mis labios, y con su dedo índice acaricio mi clítoris. Estaba jugando con su autocontrol, podía sentir como temblaba, como anhelaba desesperadamente fundirse conmigo. Movió su dedo alrededor de mi clítoris, llevándome a la orilla del placer pero sin dejarme sucumbir al orgasmo. Cuando mis flujos bañaron sus dedos, me despojo rápidamente de mi tanguita blanca. Se desabrocho el pantalón, y enseguida su miembro salto erecto. Era grande, y sabía perfectamente lo que era tenerlo en mi interior, llenándome. Me mordí los labios, sabía condenadamente tan bien lo que era tenerlo en mi interior. Podía ver como apretaba los ojos, no quería acabar tan rápido. Por más que tuviera casi 50 años, no los parecía en ningún aspecto. Él siempre procuraba que los dos obtuviéramos placer. Y mierda, que si me lo daba. Es una bestia, dura, potente, salvaje. Todo un semental, abrió los ojos y mientras me miraba fijamente empezó a penetrarme lentamente. Rodee con mis piernas su cintura y lo incite a que me penetrara de una vez por todas. Pero no lo hizo, se continúo deslizando lentamente. De repente paro, y yo no tenía toda su longitud en mi interior.

-Diamante… por favor.- gemí, suplicándole con la mirada.

-¿Qué?- me dijo con una picara sonrisa

-No te hagas el boludo…oh…- me penetro un poco más, pero no era suficiente. –

-Decí que sos mía- susurro. El también se estaba conteniendo. Pero en este juego somos dos. Apreté mis músculos interiores en su pene. Y obtuve como premio un ronco y fuerte gemido. Con sus manos en mi cadera, las apretó más fuerte. Marcándome los dedos, probablemente. Y no pudo aguantar más, de hecho era un milagro que lo hubiera hecho. Me lleno con su longitud, la tela del Jean raspaba mi piel. Su camisa estaba abierta, pero la tela fluía acompañando a sus movimientos. Sus envestidas fuertes y poderosas, bombeando en un ritmo constante. Su vos grave emitía gemidos, podía sentirlo, ya estaba al borde del orgasmo. Redujo un poco sus envestidas, haciéndolas más lentas. Entrando y saliendo casi absolutamente. Se acerco a mi oído y susurro con su vos áspera y gruesa.

-Decime que sos mía. Decímelo…- exigió, mientras sacaba casi por completo su pene de mi interior y me volvía a penetrar con suma potencia. –

-Soy… tuya. Diamante… por favor…- apreté mas mis piernas contra su cadera, el Jean raspaba la piel de mis talones.

-Mírame…-

Le obedecí, como siempre.

-Soy tuya Diamante. Solo tuya.-

Contento con mi respuesta aceleró sus envestidas, bombeando más y más fuerte. Apretando la carne de mis caderas, con sus manos. Llegue primero aferrándome fuertemente a su espalda. Gritando su nombre y diciendo cuanto lo amaba. Momentos después el se me unió. Quedando laxo arriba mío, con su flácido miembro en mi interior. Su semilla esparcida, pero no había esperanzas él siempre lo dijo. No quiero un hijo. Por eso me obligaba a tomar la pastilla. Mientras acariciaba los cabellos de su nuca, el yacía somnoliento en mi pecho. Todavía estaba en mi interior. Levanto apenas su cabeza del montículo de mis pechos, me regalo una sonrisa, satisfecho, saciado después de haber hecho el amor. ¿Pero que era en realidad yo para él? ¿Acaso era solo sexo?

Nunca lo voy a saber. Y otra vez me di cuenta, tarde, pero comprendí que otra vez caí en sus redes. Me deje deslumbrar por su sonrisa. Otra vez gano. Y yo como siempre, salí perdiendo.

Hay una frase de Einstein que dice: "Dios no juega a los dados". Pero acaso la vida en si mismo ¿no es un juego? Donde algunos ganan, otros pierden. ¿Quiénes se acuerdan de los perdedores? ¿De los segundos lugares? Exactamente. Nadie.

Todos somos simples fichas, en el gran juego que es la vida. Cada decisión, por pequeña que sea, modifica nuestra realidad. Nos condecora ganador o perdedor.

¿Qué ironía no? alguien quien busca siempre la victoria. Alguien que está acostumbrada al triunfo. Pero Setsuna lo sabe bien, la abogada es totalmente diferente de lo que es ella en realidad. En tribunales nadie le puede ganar, cada rival que tiene se vuelven locos buscando pruebas. Pero en la vida real, cuando deja de lado aquel maletín, Setsuna pierde con tan solo una mirada. Una palabra de él.

Entonces yo me pregunto, mi querido lector. ¿Qué es usted en realidad? ¿Un ganador o un perdedor? No juzgue a la ligera a nuestras protagonistas. Si usted estuviera en su lugar, ¿Qué preferiría ser? ¿Ganador? ¿Perdedor? Tal vez a nadie le guste perder, pero todos tememos a lo desconocido. Cuando ya estas acostumbrado a perder, cuando ya aceptaste tu papel… Eso es lo que marca la diferencia. Lo que define a quienes son ganadores, de quienes son perdedores. He ahí el quid de la cuestión. El que se arriesga, el que trasgrede las barreras es quien se va a coronar ganador. ¿Pero… te animarías? ¿Correrías el riesgo? Esa es una pregunta que yo no puedo contestar. Solo el tiempo lo dirá… Si ellas se atreverán a transformar, y dejar de sentirse… perdidas.



Reportándose aquí su Generala

Sailor Moon es propiedad de Naoko Takeuchi

El apellido Kattalakis es propiedad de Sherrilyn Kenyon

Tal vez, dirán ¿quién carajo es esta pendeja?? ¿Qué hace en el espacio de Suyi? Bien, soy Gabriela, lo vuelvo a repetir por si se confunden- ya me paso u.u- ¡¡GABRIELA!! O como me conocen en fanfiction- ni que fuera conocida, jaja- Lovemamoru. Aclarado quien soy, paso al siguiente paso. Les digo cosas re locas y toda esa bola, traducción delirio un rato.

¿Por qué escribo de Setsu? Por que es re Guay!!, no mentira, me dijo Suyi VOS SOS SETSUNA- y en el combo no venia el planeta, ya lo sé, triste-

Pero después le gane cariño a mi Setsuna y no la cambio por nada, algo contradictorio en mi ser la senshi del tiempo y siempre llego tarde a todos lados, pero bueno así es la vida.

Como dijimos antes, los personajes van a estar reflejados en nosotras ¿por que?- ¡¡Me

Encanta esto de las preguntas retóricas!!- porque nos reímos de nosotras, y después de horas en reuniones de malignidad vía MSN, dijimos ¡Tenemos que hacer un fic!

Probamente si ven a una Setsuna caprichosa, mal hablada, sarcástica, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Les explico de nuevo, cada capitulo va a ser escrito por alguien diferente. El de hoy lo escribí yo, mi personaje es Setsuna. El de Eliz, es Amy "la sexopata" y el de Suyi Haru "la insaciable"

Les agradecería ENORMEMENTE que si leen dejen un reviews, ¿dale que va? ¡¡Si, si, si!!

Y ahora, vamos y respondemos los reviews. ¡¡Y desde ya GRACIAS!!

Oranjitenshi: Gracias, la historia es en conjunto. Tres locas, que decidieron delirar un rato. Y aunque no aparece la parejita dorada, te prometemos que vamos a intentar divertirte un rato, ay que de hecho por eso empezamos con este proyecto. Espero tu reviews, y que este capitulo, el cual es producto de mi imaginación te haya gustado. Muak!

Usadito Pau: ¡mi saltamontes! Gracias desde el fondo de mi corazón, siempre ahí para tu querida sensei. Yo creo que… ¡Ya eras pervertida desde antes! No vengas a echarnos la culpa a nosotras, pobres cristianas. Jaja, tu perversión es algo innato. ¡Reconócelo! En el nombre de… del padre, hijo- ¡Ay me equivoque de speach, jaja- en nombre de Eliz y Suyi y mío te damos las GRACIAS totales, y gigantes. Muak!!

Lumar: Y… vamos a tratar de no perdernos, ¡ya sé! Danos un mapa o gps, lo que gustes!! Ajjaja, nos alegra muuuucho que te hayas reido, por que en definitiva ese es nuestro fin. Somos como… los evangelistas o algo de eso- sin ofenderse eh!, ya veo que me linchan. ¡Lucy protegeme!- como decía, en ves de venir a dar la palabra del bien, venimos a dar la palabra de la malignidad. Jajja, muchas gracias por el reviews, espero que este chap te haya gustado también. Muak!

Neo-ReinaEs muy largo tu nombre ni loca- Mmm… ¡pero si lo estoy! bueno, todavía no tengo el chalequito blanco- jaja, ¡Nos debes un reviews de esos tan magnificos y delirantes que siempre nos dejas! Y largo!!, nada de cortos, no señora. ¡no me gusta cortito! OBA!! Jajaaj, ¿Por qué tanta mala fama de mi pobre Setsu?

¡si es un pan de Dios!! Muchas gracias, señora alteza- nada de señorita, aca nos tratamos con todo respeto, jajja- por su reviews!! Muak!

Jenny Sol: Te engañamos para que leyeras perdidas!! Igual fui buena y actualicé Sus Ojos como prometí. Espero que te guste el primer capítulo de Setsuna. Besotes!!

Pamela!! (aka Sailor angel moon): Como me reí con tu review, al parecer estas perdidas la van a pasar bien, pero esto es más que mucho sexo. Hay historia profundas de cada una. Hoy conocimos un poco la de Setsu, no creo que tarde mucho en tener un amigo como Ami y Haru. Pero hay que esperar!! Siendo Gaby la que escribe a Setsu, JA! Esa la va a pasar de lo lindo.

Eliz obviamente va a sacarle lo buena a Ami, porque ya pasaba de santa y todos sabemos que dicen de las calladitas. Esas son las peores y bueno Eliz es buena relatando esas cosillas.

Haruka mi reina, no todo es tan fácil para ella, ya lo verás. Pero también tiene a Mal para relajarse y Malllll ufff he is soy hot jajajja.

Estamos contentísimas de que te haya gustado, no importa lo largo del review, te juro que sigo llorando de la risa. En cuanto a lo de Gaby de cuando actualiza quien es Darien Chiba, vas a tener que esperar. Ya la estamos retando pero las musas no quieren cooperar, además empezó la facultad. Con eso te digo todo! Besote Pame!!

SoniaMS: Que puedo decir además de que Mal ya tiene varias fans!! Jajaja Estamos contentas con las chicas de que te haya gustado. Espero que esta chap también sea de tu agrado. Nos vemos pronto!!

LoveCelia&Mamo4ever: AAAh joven muchacha, no es que saquemos el lado perdido de las sailor, es que nosotras estamos más allá del bien y del mal. Ya no hay forma de que volvamos de ser unas perdidas jajajaja.

Setsu es como siempre una dama, (ja! Seguro y yo soy la virgen) ya verás que pasa, bueno hoy conociste un poco más de esta mujer.
Realmente la mujer que deja asombrados a todos es Ami, y los va a dejar con la boca abierta por más tiempo, jejejeje.

Y Haruka tiene otros problemitas, que ya conocerás. Lo bueno es que tiene a Mal a su lado, pero no adelanto nada.
Gracias por leer esta historia, te recomiendo que también te pases por las historias de Gaby y Eliz. Con eso te vas a terminar de pervertir jajajajaja. Cuidate, muchos cariños!!

AstarteChiba: Seeee!! Somos unas perras, pero de buen pedrigre, eso ni dudarlo!; bueno y en lo que cabe a nuestro monumento, yo creo que mejor un clan o una aquelarre, por aquello de que parecemos brujas y no hay que preocuparnos por los hombres que ya están presentes; y que hombres!!

Bueno Setsu algún defecto tenia que tener, que ese malhumor tiene solución, claro esta que no sabemos cuando se le va a quitar, pero por los dioses!! Algún voluntario para remediar eso?

De la situación de Amy no se puede decir que a todas nos sucede, pero es hilarante imaginarse ahí!! No todo es perfecto y mas con el biscocho que tiene como "amigo" .

Que decir de Haru se esta llevando un buen paquete como amante! Pero es cierto como el príncipe de ojos zafiro es un amor algo tenia que ganar siendo una chica mala.

Gracias, antes de lo que piensas nos vas a identificar, no miento si es un gran trabajo, pero con gusto lo hacemos y de paso nos divertimos y les hacemos pasar un rato divertido.

Karenina Hansen: Es cierto lo de las bobitas, son lobos con pieles de corderos; claro esta no aplica a todas las rubias; pero benditos hombres no podemos vivir sin ellos!! Si con ellos!, Que la guerra se declare ¡! See!!.

Nosotros tampoco lo sabemos de donde sale tanto, es natural! Bueno con que se propague demasiado, y nos alcance en la Facu, jejej, gracias!!

LadySerena01: Como dice Haru las chicas buenas van al cielo y las malas mm??…bueno ya lo vimos!! Van con su super mejor amigo para pensar!! Y relajarse de paso, jajaja.

Gracias, valió un poquitin la espera, se que matábamos a algunas con la incertidumbre, somos diferentes pero tenemos delirios parecidos, así que te puedo prometer que te vas a reír mas!.

···Besos a todos Gabriela, Elizabeth y Suyay···