Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.

Advertencias: OoC y posible lemon.

Disfrutad de la lectura!

N/A: ¡Hola de nuevo!, perdón por la tardanza; tengo la intención de actualizar este fic una vez por semana aproximadamente debido a que los capítulos me han quedado un poco largos entonces no quiero que os haga tan pesado de leer y además quiero daros algo bien escrito por lo que me toma igual un poco más de tiempo el hacer la corrección. Ya dejando mis 'problemas técnicos' de lado, quiero agradecer a todos los que han apoyado esta historia, ya sea dando a favoritos, siguiéndola, en sus reviews o por el solo hecho de leerla; me hace muy feliz el ver como me dan su opinión, prometo ponerme al tanto con responder reviews e insisto a quienes no están registrados que se creen una cuenta. Ya desde hace tiempo tenía la idea de escribir un fic ambientado en algo tipo en la escuela (con un leve cambio en los personajes jeje) con estas parejas, por lo que el apoyo que han dado me entusiasma a escribir más y más!. Ya sin aburrilos más, los dejo con el capítulo de hoy, nos vemos en los reviews!.


Último Año

II

'Encuentros Inesperados'


Iba llegando a la escuela, a la distancia pudo observar como los límites de la entrada de iban haciendo más claros con cada paso quedaba. Esté año será el último en que tendrás que ver este condenado edificio, se dijo a sí misma. La idea de dar media vuelta y correr de vuelta a su casa a rogar por un cambio de escuela apareció nuevamente por su mente al estar a metros de entrar, se sentía insegura dentro de ese lugar. Ya nada era como antes. Sin embargo, descartó la idea casi de inmediato al igual que casi todos los días, tenía que ser fuerte no solo por ella si no también por su familia, no quería darles más motivos por los cuales preocuparse.

En cuanto cruzó el umbral de la entrada, sintió como una sensación de adrenalina inundaba su cuerpo e iba desapareciendo a medida que avanzaba. Caminó con el cuerpo erguido, nunca había sido de las personas que caminaban tratando de esconder su presencia, pero si iba con la cabeza agachada para poder evitar hacer contacto visual con alguna persona. Sacó el móvil de su mochila para ver la hora: 7:41. Aún faltaban casi veinte minutos para que iniciaran las clases y no quería estar ese tiempo sentada en el asiento de la clase, por lo que finalmente decidió ir hacia la cafetería. Los pasillos estaban casi desiertos pese a ser el primer día, el montón de gente usualmente se acumulaba únicamente en la entrada dejando la estructura interior, que no correspondía a las salas, considerablemente vacío. Aunque esto no le molestaba en lo absoluto, le gustaba estar más sola que en rodeada de personas. En cuanto entró al amplio comedor dirigió su vista hacia la maquina dispensadora de café dispuesta en una esquina del salón, decidiéndose por comprar uno, al fin y al cabo había salido de su casa sin desayunar, además de necesitar algo que líquido en esos momentos. Sentía como la cabeza comenzaba a darle vueltas.

Al pasar, pudo ver de reojo como otro estudiante compraba en la máquina de golosinas que estaba al lado, pero no le prestó mayor importancia. Sacó el dinero de su bolso y lo introdujo dentro de la ranura para el dinero de la máquina, y seleccionó el producto que deseaba; un café de mocha. Observó como salía un vaso de papel que se comenzaba a llenar con un líquido similar a la leche, y luego con uno que pudo reconocer como café. Al terminarse de llenar, lo sacó con cuidado de no quemarse e inmediatamente se giró para poder apoyarse en una de las mesas. Sin embargo, debido a la torpeza de ese último movimiento casi termina impactando con el muchacho que se encontraba, hace unos minutos, en la máquina de al lado.

-Cuidado- le advirtió, alcanzando a esquivar su torpe movimiento y quedando ambos de frente a frente. Ino, por su parte, alcanzó a recuperar el equilibrio a tiempo antes de que la bebida se cayera de sus manos.

-Y-yo lo siento- dijo dudando. Maldición, ¿es que acaso no puedo dejar de liarla? Se dijo a sí misma. El chico, por su parte se dedicaba a mirarla fijamente a los ojos, con una mirada entre curiosidad y preocupación. Era considerablemente más grande que ella, tanto en estatura como en peso, su camisa tenía un aspecto desarreglada al igual que su cabello, el cual era largo y tenía un color castaño que combinaba bastante bien con sus ojos oscuros. Observó también que tenía unas marcas en ambas mejillas...y aún le seguía mirando directamente. Sintió como su cara se sonrojaba, no porque le considerada atractivo si no por el casi accidente que había provocado.

-No importa, enserio- dijo en un tono lleno de calma. Pese a que podría tener un aspecto un poco intimidador a primera vista, parecía alguien bastante amable.- ¿Estás bien?- le preguntó, al observar como muchacha seguía estando algo sobresaltada.

-S-si. Si. Enserio que si- le respondió de manera casi inmediata, pero el chico no despegaba la mirada de ella. Sintió como el malestar comenzaba a hacerse más notorio. Quería salir de aquella incómoda situación cuanto antes.

-Está bien- dijo. Aparentemente le había convencido, o simplemente no había querido seguir insistiéndole por alguna respuestas que denotara lo contrario a lo que había dicho. Desvió su mirada de la suya, y se disponía a seguir caminando hacia una de las mesas cuando observó el brazo extendido del muchacho, ofreciéndole algo. Ese 'algo' era una pequeña barra de chocolate y almendras.

-Enserio que estoy bien, no tienes de que preocuparte- le insistió.

-Tómala, no pasa nada- le respondió.- Dicen que no hay nada peor que tomar un café teniendo el estómago vacío- dijo con una sonrisa en el rostro. Observó una ves más aquella golosina que le ofrecía, sonaría realmente descortés si no la aceptaba, además el chico había resultado ser bastante bueno con ella en comparación con otras personas. Extendió una mano y recibió el chocolate.

-Gracias- dijo, sonriéndole levemente en señal de agradecimiento. Se giró y caminó en dirección a la mesa, puso distinguir de soslayo como el muchacho se despedía haciéndole señas con una de sus manos, una vez encontró apoyo en la superficie de madera dejó el vaso a un lado y descolgó la mochila de sus hombros. Estaba buscando entre las cosas que ahí había, estaba segura que estaban por alguna parte. Tenían que estar. Hurgó dentro del pequeño estuche color lila y reconoció al tacto la forma del pequeño envase en forma de cilindro, lo abrió de manera casi instantánea y se llevó una tableta a la boca tragándola con ayuda del café.

Al cabo de unos minutos comenzó a estabilizarse nuevamente, sentía como la volvía a sentirse liviana y su vista se normalizaba. Miró la hora: 7:53. Era hora de ir hacia el salón, no quería verse en la incómoda situación de entrar cuando todos ya estuviesen en sus puestos y ser observada por los presentes. Guardó todo en su lugar, tomó la barra de chocolate y se decidió por echarla dentro de su bolso, dio un último sorbo al café y botó el vaso con el restante en un basurero que se encontraba a la salida de la cafetería. Afuera en los pasillos ya se notaba un poco más de gente, muchos de ellos eran desconocidos para ella, pero ella era conocida para muchos. Sintió como algunas miradas se clavaban en su espalda y tuvo que presenciar más de un silencio incómodo al pasar cerca de un grupo de personas. ¿¡Es que acaso no pueden ser más evidentes!?.

Se detuvo finalmente frente a una sala que se encontraba en la tercera planta. 'Sala 304', se leía en un pequeño letrero de letras color negro dispuesto al lado de la puerta, se giró para entrar y, para tener la cereza sobre el pastel, se encontró cara a cara con Sakura. Ambas quedaron en un incómodo silencio mirándose fijamente, al lado de ella estaba Tenten, quien no paraba de hablar en ningún momento, pero se detuvo al ver a la muchacha rubia frente a ella. La pelirrosa reaccionó dedicándole una sonrisa fingida a modo de saludo, mientras la morena directamente la ignoró.

En cuanto ellas entraron, esperó por unos segundos y se decidió a ingresar. La mayoría del curso ya estaban dentro reuniéndose con sus respectivos grupos de amistades, sintió un ligero malestar dentro de su estómago al pasar cerca de la chica de pelo rosa y su antiguo grupo de amigas, por lo que iba acelerando el paso cada vez más. Localizó un lugar disponible en el penúltimo puesto al lado de la ventana, ya estaba lo suficientemente alejada y a salvo.

Vaya inicio de clases que he tenido.

A los pocos minutos sonó la campana, marcando el inicio de clases. Más pasaban los minutos y su profesor no se hacia presente.

-¿Qué harás después de clases?- preguntó la castaña de dos moños al otro lado de la sala.

-Saldré con Sasuke-kun- respondió emocionada la pelirrosa.

-Osea...que irás acompañada hasta tu casa- dijo dándole una sonrisa.

-No necesariamente- respondió la chica un tanto decepcionada.- Vendrá después de que mis padres hayan salido al trabajo.

-¿Sigue odiándolos?- preguntó en un tono más bajo.

-Si. No pueden ni verse. Él tiene copia de las llaves de mi casa, así que será como siempre- le contestó en el mismo volumen de voz. No es que le gustase la idea de tener un romance casi a escondidas de sus padres, si no que el muchacho no ponía nada de parte con sus padres, es más, hacía lo posible por ganarse su odio. Cuando se dio cuenta de la situación, el llegó al arreglo que había nombrado; esperaría hasta que sus padres se fuese, ella le llamaría y el entraría a la casa con la copia de llaves que le había exigido a los pocos días que iniciaron su noviazgo. No era lo ideal, pero si eso quería su novio, lo haría.

-¿Y tú, Hinata?- le preguntó a la peliazul.

-Dado a que sigo sin ver o conocer a alguien que me agrade, creo que nada- respondió con voz cansada. Su amiga era la que había tenido el cambio más radical de todas; ya no era la chica introvertida de primer grado que se ponía colorada cada vez que alguien le hablaba o casi se desmayaba al tener que pasar a la pizarra. Ahora era totalmente extrovertida y hasta popular, todos envidiaban su larga cabellera y hermosos ojos, habían varios muchachos que decían estar totalmente enamorados de ella como Kiba, un chico de su salón al cual nunca había hablado, pero ya sabía la respuesta que le daría: no era lo que buscaba.

-Entonces, propongo que salgamos a por un helado- propuso emocionada la castaña.

-Hecho- respondió la muchacha mientras cruzaba sus piernas bajo su corta falda.

-¡Buenos días!- una voz en el centro del salón perteneciente al profesor atrajo la atención de todos.- Lamento la demora, tuve que ayudar a unos alumna que no encontraban su clase- dijo con una sonrisa inocente en el rostro, o eso se alcanzaba a notar, ya que traía una extraña mascara que tapaba la mayoría de su rostro, ¿estaría acaso disfrazado?.- Por cierto, soy el profesor Kakashi. Les haré clases de filosofía y seré su profesor guía por este último año. ¿Alguna duda?

Un silencio se apoderó del salón tras la pregunta, a lo que el docente solo se limitó a asentir.- Entonces, comencemos las clases. Quiero que no tengan absolutamente nada sobre sus mesas a excepción de un lápiz, hoy tendrán su primer examen.

-¿¡CÓMO!?- preguntó todo el salón.

-Tal como lo escucharon- dijo comenzando a repartir las hojas puesto por puesto.

-Voy a reprobar- pensó abatida la castaña, esperando que Hinata o Sakura le pasasen las respuestas al igual que en años anteriores.

-No está del todo difícil- pensó la rubia, comenzando a contestar de manera casi inmediata. El dedicar la totalidad de sus tardes libres a estudiar había dado sus resultados.

-Problemático...- pensó el chico de coleta, quedándose automáticamente dormido sobre la mesa. Chouji le despertaría unos minutos antes que tocara la campana como siempre, con el tiempo suficiente para poder contestar la evaluación. Había cosas más importantes; debía de recuperar las horas de sueño perdidas durante la mañana.

~oOo~

Había terminado por fin de poner todo en su lugar. Sonrió complacido de su trabajo mientras miraba nuevamente como había dejado su habitación; su cama estaba terminada y arreglada a el lado izquierdo de la habitación, a su lado en la mesita de noche estaba una pequeña lámpara y una taza de café que recién había acabado, en el lado derecho estaba su escritorio al lado de un librero, en el cual estaban los textos que necesitaba para este año, alguno otros sobre administración de empresas que su padre le había dado y otros más sobre temas que a él le interesaban, aunque en realidad la mayor parte de las repisas estaban ocupadas por fotos que tenía junto a su familia y un que otro amigo. Y, frente a él, estaba lo que más amaba de toda la pieza; su consola y todos sus videojuegos dispuestos ordenadamente sobre repisas, que por cierto había tardado horas en instalar, junto a su más reciente adquisición, un hermoso plasma de cuarenta pulgadas que le permitiría disfrutar sus juegos en máxima resolución. Por lo demás, todo era igual a otras habitaciones.

Luego de que su madre le dejase finamente libre de tareas, decidió salir a dar una vuelta para conocer la ciudad.

-¡Voy saliendo!- gritó mientras sacaba las llaves colgadas en la entrada y un casco color negro que estaba sobre una mesa a la entrada de su casa.

-Tráeme unos huevos, para hacer algo de cenar- le pidió su madre, apareciendo por la cocina y entregándole el dinero.- ¡No los vayas a quebrar!- le advirtió, poniendo su puño frente a su cara. El joven solo se limitó a asentir asustado y avanzar cuidadosamente hacia la puerta.

-Ten cuidado- le advirtió su padre, antes de desaparecer tras la puerta. Manejaba una motocicleta desde que pudo sacar la licencia de conducir hace ya tres meses atrás y, pese a que manejaba bastante bien y hasta el momento nunca le habían multado o tenido un accidente, sus padre no dejaban de preocuparse diciendo que era un vehículo muy peligroso.

Subió a la motocicleta y comenzó a recorrer las calles de la ciudad. Para su sorpresa, esta se encontraba considerablemente vacía. Probablemente se deba a la hora, pensó. Al seguir avanzando, notó que el camino se iba llenando cada vez más de vegetación que contrastaba notoriamente con la ciudad por lo que dedujo que se estaba dirigiendo hacia las afuera de la misma. Siguió por la misma calle y llegó hasta una pequeña laguna rodeada de vegetación, se detuvo a observar el paisaje y decidió bajarse a ver de más cerca. Era un lugar no muy alejado de la ciudad, solo a unos minutos, y era perfecto para alejarse por unos minutos del mundo exterior y pensar o descansar.

Se sentó por unos minutos a contemplar su alrededor, había un pequeño bosque compuesto por árboles sumamente altos que daban una sombra bastante agradable, al seguir caminando se llegaba a una pequeña laguna que reflejaba el cielo despejado sobre su superficie y, a la orilla de esta había un tronco caído que, si se tenía el suficiente equilibrio, permitía avanzar unos diez metros hacia el interior sin mojarse. Parecía el lugar perfecto para refrescarse un rato, desconectarse y quizás, quien sabe, pasarlo en compañía de alguien, recostados sobre el fresco césped que crecía alrededor luego de haberse dado un chapuzón. Extrañaba tener lugares así en la cercanía de su casa.

Suspiró mientras seguía contemplando la vista. Mañana empezaría en su nueva escuela, esperaba que todo saliese bien y no tener malos recuerdos dentro de su memoria como en años anteriores. Sacó su teléfono para poder ver la hora y de pasada mandarle un mensaje a su amigo;

Hey, Teme;

A qué hora sales?

Tecleó enviar y revisó la hora que marcaba la pantalla del aparato: 14:50. Esperó por algunos minutos hasta que recibió la respuesta proveniente de su amigo.

Sasuke: Dobe? A las 15:10. Qué quieres?

Naruto: Acabó de llegar por la mañana. Sales?

Sasuke: No. Salgo con mi novia.

Naruto: Así que tengo cuñada?

Esperó la respuesta, pero no llegó. De seguro se encontraba ocupado o simplemente había decidido ignorarlo, aunque se inclinaba por esta última opción más que la otra, Sasuke nunca había sido una persona muy expresiva, siempre se mostraba frío e indiferente hacia los demás. Se alegraba por él, es más moría de curiosidad por quien habría logrado enfriar su frío corazón.

Río.- Si Sasuke me escuchara decir eso me golpearía- dijo para sí mismo.

Finalmente decidió que ya era ahora de volver, además tenía que ir a por el encargo que le había hecho su madre, miró la hora en su teléfono: 15:07. Era bastante temprano por lo que no tenía de que apurarse, se puso de pie y subió al vehículo que estaba estacionado a unos metros de donde se encontraba sentado anteriormente, se abrochó el casco y comenzó a andar nuevamente por al camino, aunque está vez, en sentido contrario.

~oOo~

En cuanto sonó la campana, todos corrieron hacia la puerta en busca de libertad. Usualmente siempre era el último en retirarse del salón debido a que no le agradaba la idea de pelearse con los demás para salir primero, pero desde el año pasado se había hecho usual que alguien se quedase hasta incluso después que él. Había corroborado que aquella chica esperaba que él se fuese de la sala para poder irse. La rubia hurgaba dentro de su bolso como si estuviese buscando algo en especial, pero el sabía que únicamente estaba esperando a por él. En su momento, ella había sido la más popular de la escuela, y ahí se encontraba; sola y sin amigos. Quizás, en el fondo, se lo merecía. Le dio el gusto a su compañera de curso y se retiró del lugar.

-¡Shika!- escuchó como una conocida voz lo llamaba a lo lejos.

-Que problemático...-susurró para sí mismo. Observó como su novia corría hacia donde se encontraba, ella era un año mayor que él, sin embargo había tenido que repetir un curso. Se encontraba ahora en su mismo nivel, pero en el curso paralelo a el de él.

-¿Vamos a comer juntos, cierto?- le preguntó a modo de orden mientras tomaba su mano.

-Yo...bueno...es que-

-Shikamaru vendrá a mi casa- interrumpió su amigo que acababa de llegar- nuestros padres nos están esperando allá. Ya sabes, una reunión para iniciar el año- le dijo a su amigo.

-¡Sí!, así es- le respondió de inmediato el Nara.

-Bueno...está bien- dijo resignada.- Otro día será.

Se puso de puntas y le dio un beso en los labios, tenía la intención de hacerlo más duradero, pero el muchacho se alejó.- Nos vemos- se despidió en un tono que hacía evidente su disgusto al ser rechazada.

-Me has salvado de esta, Chouji. Te debo una amigo.

-Si, pero no podré hacerlo siempre.

Dicho esto, ambos se dirigieron a la casa del Akimichi.

~oOo~

-Son $7,25- dijo la cajera, al pasar el código de barras de la docena de huevos por la caja registradora.

-Ya- respondió el muchacho a la vez que le pasaba la cantidad de dinero exacta que se le pedía.- Gracias- se despidió con un gesto de mano antes de tomar la caja, ponerla en una bolsa plástica e irse apresuradamente del lugar.

-Gracias a ti- se despidió la amable funcionaria.

Ya iba tarde, por minutos, pero tarde. Su madre de seguro le iba a regañar. Corrió hacia la salida del local, sin ver ir viendo con toda claridad a quienes se interponían en su camino. Solo vio una silueta frente a él, que al verle, en lugar se seguir avanzando se detuvo y cubrió su rostro con ambos brazos.

-¡CUIDADO!- gritó antes de estrellarse contra la chica, provocando que la bolsa de compras saliese disparada hacia un lugar distinto y él cayese justo sobre una chica. Apresuradamente se puso de pie y comenzó a buscar la bolsa, que se encontraba completamente aplastada unos metros más allá.- ¡MIS HUEVOS!- gritó.

-¿¡CÓMO DICES!?- exclamó la pelirrosa, aún en el suelo, sorprendida por la expresión del muchacho.

-¡MIS HUEVOS!- volvió a gritar el muchacho, esta vez apuntando a la bolsa.

La muchacha esta vez pareció entender lo que él quería decirle, porque se mantuvo en silencio y asintió con la cabeza. Permanecieron unos instantes en silencio; él contemplando la bolsa de compras mientras pensaba en como huir del país y cambiar de nombre porque su madre de seguro le mataría al tener que darle más dinero para las compras y ella, perdiendo poco a poco la paciencia.

-¿ES QUE ACASO NI ME AYUDARÁS A PONERME DE PIE?- le preguntó con un grito que hizo saltar al rubio.- Primero chocas conmigo por andar corriendo, te pones a gritar como imbécil algo sobre tus huevos, o lo que quieras dar a entender, y ¡no tienes ni la decencia de ayudarme!.

Naruto le miraba sin palabras y quizás un poco asustado. Si hasta se parecía a su madre, con gritos y todo incluido.

-Oye...-comenzó a decir mientras se acercaba lentamente a la chica.-Lo siento...yo no te vi.

Y le ofreció una mano para que pusiese pararse, al parecer sus disculpas funcionaron porque la chica aceptó el gesto con una sonrisa de aprobación en el rostro. Una vez ambos estuvieron de pie, se dispuso a ir a recoger la bolsa de compras y observar el contenido en su interior. Tal y como se lo esperaba; no había siquiera un huevo en buen estado, todos estaban completamente aplastados.

-Ah...- dijo la chica, que al fin había logrado comprender.- ¿Esos eran tus huevos?- le preguntó. No se había percatado en que momento la muchacha había llegado justo al lado de él, pero no se preocupó demasiado.

Asintió con la cabeza, un tanto decepcionado.

-Mi madre va a matarme- dijo a la vez que su rostro iba tomando una tonalidad pálida.- Ya es la quinta vez que me ocurre lo mismo.

La chica río para sus adentros, ¿puede alguien ser así de despistado?, preguntó para sus adentros.-Pues la solución es simple, compra otra bandeja, desecha esa y tu madre de seguro no se enterará. Bueno, al menos que le digas, claro.

-¡Me he quedado sin dinero!- exclamó mientras exageraba un gesto de tristeza.

Sakura se le quedó mirando, sentía algo de pena por el chico.- Yo puedo prestarte- comenzó a decir. No tenía ni la menor idea del por qué lo estaba haciendo, había algo en su interior que le decía que era lo correcto.

-¿¡Enserio!?- gritó lleno de entusiasmo.

-Pues sí...no hay problema. Vamos- le dijo indicando la tienda, mientras tecleaba algo en su teléfono.

Lo siento, llegaré tarde. Después te cuento.

Pulsó enviar y el mensaje se envió directo al teléfono de su novio.