(Editado)
Gracias por leer y por sus reviews, en serio :) Ojalá les guste.
Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la pequeña trama, a mí.
Capítulo beteado por Rosario Tarazona, Betas FFAD
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Capítulo 2: Jamás
"(...) Quedé como en éxtasis... Con febril premura,
«¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par.
...Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!"
Amado Nervo - "Cobardía"
EPOV
No era el mismo de ayer.
Obviamente nunca lo volvería a ser. Ahora era papá. Yo, Edward Cullen, el que siempre se negaba al hecho de reproducirse simplemente porque no me sentía responsable ni digno de que una vida dependa de mí. Me conocía, sabía que como padre fracasaría porque, aparte de odiar a los niños, nunca imaginé que sería lo suficientemente imbécil como para olvidarme de un puto condón solo una noche.
Solo una, y se jodió todo.
Había conversado con Tanya sobre mis "planes" respecto a nuestro futuro en lo que se refiere a formar una familia. Al principio fue un tema delicado, ya que ella sí tenía pensado, aunque sea, tener una niña –algo mucho peor que un niño, para mí– pero después de un tiempo lo aceptó y eso hizo que la ame más de lo que pensaba hacerlo. Claro, yo trataba de compensar su sacrificio con una fidelidad costosa, y ahora ese no era el desafío en nuestra relación, sino la inesperada noticia que había llegado a debajo de mi puerta y junto con ella miles de complicaciones que llegarían a empeorar en el futuro.
Pero, ¿qué mierda le diré cuando sepa que una mujer, la cual no fue nada para mí, ahora es la madre de un hijo al cual jamás pensé tener? Ese día no estaré preparado para lo que me reclame -con justa razón- porque aún no sé cómo reaccionará. Podía asegurar que no lo iba a tomar para bien, obviamente, incluso podría ser una de nuestras peleas más dramáticas teniendo en cuenta que era complicado para ambos. Y yo no la quiero perder por haber metido la pata con una chica que ni sé su nombre completo.
Cuando ayer me encontró observando esas fotos tuve que inventarle una historia mientras escondía la nota, diciéndole que era el hijo de un viejo amigo de la escuela.
— ¿Tu amigo es papá? ¿Y por qué estás así? —me preguntó confundida desde el mismo lugar donde me encontró, su rostro estaba crispado debido a que seguía con sueño.
—Sí, desde hace unos años —hablé en un susurro—. ¿Cómo "así"?
—No lo sé… Desesperado... sorprendido —comentó dirigiéndose a la cafetera que estaba cerca mío mientras bostezaba y observó las imágenes desde mi hombro. Felizmente sin mucho interés—. Está hermoso. —Tomó una tasa.
—Es que… —Observé la foto sintiéndome extraño— él no se lo esperaba, habían luchado por tener un hijo y... —mentí en voz baja. La sentí a mi lado y rápidamente giré para abrazarla luego de colocar las fotos boca abajo en la encimera—. Buenos días. —La besé para ocultar mi sonrisa nerviosa.
Dije que odiaba a los niños, pero desde que vi a ese pequeño caí rendido ante él a pesar de ni siquiera saber dónde demonios se encontraba, por lo que me juré a mí mismo encontrarlo algún día. Ignoraría las palabras de Bella, total, yo estaba en el completo derecho de conocerlo, y porque ignorarla era algo que sabía hacer desde hace mucho.
— Alice... —la saludé desde el celular y, antes de continuar, me interrumpió con su usual lluvia torrencial de palabras.
— Bueno, si llamas para saber lo último de la boda leí que posiblemente el cielo esté despejado para esa fecha, así que no creo que haya problema con la típica humedad de Londres. Eso es bueno, ¿sabes? Nadie querrá sus trajes mojados antes de la ceremonia y ammm… —Intenté hablar otra vez, pero de nuevo fui interrumpido por su aguda voz— No tengo la menor idea de cómo será la torta. ¡Esme no me ha dicho ni mostrado nada! ¿Te imaginas? Solo sé que hoy mismo la enviará con Carlisle, así que dile a Tanya que lo espere en el aeropuerto o mande a alguien...
— Gracias, Alice, yo le avisaré. —La corté antes de que continúe—. Pero te llamaba para algo más... —Si decía "importante" posiblemente me corte las pelotas ya que mi hermana se estaba dedicando mucho con esta boda. Tanya y ella se hicieron amigas cuando estuvo un tiempo por aquí, y desde que supo que su hermano mayor se iba a casar, decidió organizar esta ceremonia que era importante para ella, también; así que usé otra palabra—...urgente.
— ¿¡Arruinaste tu traje!? —chilló y alejé el celular de mi oído.
— ¡No!
— Si es acerca de la luna de miel, no te preocupes, ese también es mi regalo... —continuó.
— ¿Puedes escucharme antes de decir cualquier cosa? —le pedí impaciente.
— Vale, lo siento. ¿Qué pasó? —preguntó más tranquila.
— Ehh… —Inhalé profundo—. ¿Sabes algo de Bella? Bella… —No recordaba muy bien su apellido.
Me mordí el labio. Mierda, no tenía la menor idea si Alice sabía respecto a lo que pasó entre su amiga y yo... ¿Ella se lo habrá contado? Seguro.
— No sé nada de ella. —Habló con la voz apagada y alcé las cejas debido a la sorpresa. También sonaba algo molesta. —Hace años dejó Seattle —continuó y esta vez no quise que se detenga—. Se fue sin decirme nada, ¿lo puedes creer? —preguntó indignada—. Incluso traté de saber algo mediante Charlie, su papá, pero tampoco me dio dato alguno. Hasta ahora no puedo creerlo, tantos años de amistad y me fue así, sin aviso...
— ¿No tienes alguna idea de dónde pueda estar? —le pregunté cuando dejó de hablar.
— No. Ni una sospecha de su paradero. Ella nunca me habló de irse a vivir a otro lado. Es más, pensaba comprarse otro departamento acá en Seattle. Pero no sé el motivo de porqué se fue, y tampoco quiero saberlo. —Podía imaginármela frunciendo el ceño y con los labios apretados por el tono de su voz. Alice había quedado muy herida por la repentina ausencia de su amiga. Resentida, también podía decir. Eso me confirmaba que Bella nunca le había contado absolutamente nada de lo que pasó entre nosotros.
Se lo agradecí donde quiera que esté.
No me servía mucho que Alice no sepa el paradero de la madre de… mi hijo, necesitaba una pista de dónde pueda estar con él.
Había algo que sí podía responder:
— ¿Cuándo fue la última vez que la viste? —Entrecerré los ojos.
— Hace casi tres años. Ya no estoy segura. Solo recuerdo que nunca llegó al desfile que tenía planeado hacer en ese entonces. Mis dos invitados especiales no asistieron. —Torcí el gesto por su indirecta—. Pero la vi unos días antes, no puedo asegurarte cuándo se fue —agregó.
Asentí lentamente mientras apretaba los dientes con fuerza.
— Vale —murmuré.
Claro. Ahí lo tenía. Bella se fue de Seattle por su embarazo...
No le comentó nada a Alice porque sabía que mi hermana exigiría saber todo lo ocurrido y juntarme con su amiga de cualquier manera. Seguro tampoco le dijo que nos habíamos acostado, porque, de lo poco que sé de ella, no era una chica fácil y conmigo lo fue.
Ahora, esos tres años me daban a entender que ningún conocido mío ni suyo sabía nada respecto a mi paternidad. Guardó muy bien el "secreto"… ¿También le debía agradecer por eso?
Me sobé la barbilla y escuché un suspiro melancólico del otro lado del celular. Alice aún estaba triste al no saber nada de Bella. Ella se fue prácticamente por mi culpa, así que el dolor de mi hermana era gracias a mí.
Cerré los ojos.
Por un error mío, una de las mujeres que más amo sufría.
Sabía que Bella también la habrá pasado mal al esperar un bebé de un tipo que nunca más volvería a ver, criarlo y todo eso, pero… ¿acaso ella no conocía la maldita pastilla que se toman cuando se corren dentro de las mujeres? ¿Qué conseguiría saliendo embarazada de mí? ¿Dinero? No lo creo. ¿Por qué mierda no la tomó sabiendo que yo no tenía absolutamente nada con ella? Ambos sabíamos muy bien que era solo sexo, una acostada y listo… ¿no?
— ¿Por qué la pregunta? —Alice quiso saber y rápidamente busqué una respuesta.
— Ah... Pensaba invitarla a la boda. —Fue lo único que se me ocurrió.
— ¿A dos días del evento? Genial. —Su voz sonaba un poco más alegre y eso me dio algo de paz interna—. Sería bueno que asista, pero ni sé si aún sigue en el país como para hacerle llegar la invitación. —Torcí el gesto—. Bueno, algún día nos volveremos a ver y tendremos mucho de qué hablar.
— Suenas muy segura.
— Lo presiento.
— Oh.
— Nada de esto hubiera pasado si ustedes hubieran estado juntos —comentó con voz soñadora. Típica de ella.
— Alice, te recuerdo que en dos días me caso... —Rodé los ojos molesto. Su manía porque Bella y yo seamos amantes había durado años, desde que era adolescente hasta que conocí a Tanya. Pensé que lo había superado.
— Solo bromeo porque eso ya no se podrá, querido. Tú te vas a casar, ella debe tener esposo o pareja, y todos felices. —Soltó unas risitas.
Mi mandíbula se endureció y apreté el celular con fuerza.
Bella con otro... teniendo un hijo mío... Estaba de más decir que eso no lo permitiría.
— Mañana, cuando llegues, iré a recogerte. —Exhalé y sobé mi frente con la punta de los dedos.
— Ok, hermanito. Cualquier cosa, me llamas. —Dejó un beso y colgué.
Hice un puño y lo llevé sobre los labios. Lo de Bella con otro me había enfermado.
¿Cómo se atrevería a estar con algún patán si tiene un hijo mío? ¿Acaso así trataría de reemplazarme? Imposible. Que ni lo piense. El único padre que tendrá mi hijo seré yo. Solo a mí debe llamarme papá… Debo hacer lo posible para qué así sea.
¿Y cómo mierda lo harás si no sabes dónde demonios deben estar? ¿De acá hasta cuándo volverás a saber algo de ella?
Gruñí.
El barbero terminó de limpiar el cabello de mis hombros con su brocha, dejando impecable mi traje como le había ordenado.
— Listo, joven Cullen —comentó dando un paso hacia atrás y asentí en silencio. Pobre, me había olvidado de su presencia y de seguro hizo malabares para no dejarme ni un rasguño mientras conversaba. Bien por él, sino ahora mismo estaría en la calle.
Me miré al espejo y al notar mis ojos reflejados recordé al niño que solo conocía por fotos y había comenzado a tener afecto en menos de un día.
Sea como sea mi hijo solo me llamará "papá" a mí y a nadie más. Tarde o temprano lo hará, así lo quiera Bella o no.
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.
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BPOV
—Vamos, Bells, me estás poniendo nervioso —dijo Charlie mientras me seguía con la mirada—. ¿Qué ha pasado? —Se cruzó de brazos y volví a torcerme los dedos por quinta vez en la tarde.
Inhalé hondo.
— Me voy a Alaska —susurré mirándolo a los ojos oscuros que me observaban sorprendidos. No dijo nada. Estaba esperando que le explique por qué demonios iba a dejar los estudios de un momento a otro, porqué el apuro y porqué el terror en mi mirada—. Necesito irme lejos, y solo vine a Forks para comentarte que me voy. —Hablé lo que había practicado decirle desde hace unos días atrás, cuando… cuando pude reaccionar después de los resultados confirmando mi embarazo.
— ¿El motivo? —me preguntó con los ojos cauteloso y desvié la mirada de su rostro.
— No puedo decírtelo, pero irme será lo mejor para todos —respondí mirando a la nada.
Charlie fue el único que sabía respecto a mi estado en ese entonces. Alejarme de él después de haberle dado tal "noticia" fue muy duro, ya que recordó a mi difunta madre cuando se despidió de él conmigo en brazos, pero felizmente supo entenderlo, o al menos lo intentó. Nunca le dije de quién era el bebé, "Eso no interesa" murmuré, dejándolo con las ganas de maldecir al que me hizo esto, pero yo también tenía la culpa por no haber sido cuidadosa, por no haberlo pensado antes y por haberme ilusionado de una manera tan estúpida con una persona que simplemente no era quien yo creía que era. Quien yo quería que fuera.
Había entrado en una depresión profunda la cual trataba de aparentar cuando hablé con mi padre antes de viajar. Tal vez fue la que me llevó a alejarme de todos porque simplemente no quería nadie a mi alrededor, mucho menos que me vean sufriendo… Prefería hacerlo en silencio. No quería que vean a la "pobre Bella" embarazada de un niño rico y pendejo al cual no le gustaban las responsabilidades, solo él mismo. El que realmente era.
Un maldito.
Él fue responsable de todas las tormentas que pasaron por mi mente después que cruzó la puerta de mi habitación para nunca más volver. ¿Por qué tuve esperanzas que sienta algo por mí solo por acostarme con él? ¿Por qué permití que me tome solo para su placer si yo no era de esas? ¿Por qué cambié por él? ¿Por qué le entregué más allá de mi cuerpo esa noche?
Lo odiaba porque gracias a él, me odiaba a mí también.
Ya no era la misma de siempre desde que supe lo que se me vendría encima. Cambié por completo, incluso en mi manera de pensar. Ahora era una persona resentida, cautelosa y desconfiada de todos, lo admito. Específicamente con los hombres. Tenía un cierto rencor a ellos, en especial a uno... Pudo haberme dado lo mejor que tengo en la vida, pero aunque mi hijo me lo pidiera, nunca dejaría de odiarlo. Merece poco tener el título de "papá" y para mi desgracia, cuando mi pequeño nombró esa palabra que tanto trataba de evitar, decidí hacerle presente a ese sujeto que era padre de un ángel el cuál no merecía tenerlo en su vida.
Puede ser que luego me arrepienta de haberlo hecho, ya que lo último que yo haría sería acercar a mi niño al monstruo de su padre, pero lo tomé como una venganza. Algo me aseguraba que no la iba a pasar muy bien luego de enterarse sobre su paternidad.
Tal vez mi androfobia podía ser tachada de exagerada, pero simplemente ya no tenía ningún interés en relacionarme con ninguno que no sea Anthony. Él era el único hombre de mi vida y la verdad, me importaba un bledo ser una solterona hasta la muerte. Tenía a mi hijo, y eso me bastaba.
Me mudé a Anchorage con 2 meses de embarazo, la ciudad-condado más poblada de Alaska, ya que necesitaría dinero lo más pronto posible y era el único lugar donde tenía varias posibilidades de conseguir trabajo, varias, teniendo en cuenta que estaba con un bebé adentro. No fue nada fácil al principio: los primeros meses ahí fueron un desastre porque era nueva en el lugar, me sentía indefensa, mi mente era un caos, no conocía a nadie y lo único que poseía eran mis ahorros y un niño al que vendría en menos de un año. Aprendí a valorar los lo poco que obtuve por mis propios medios como lo mejor que podía entregarle al pequeño.
Anthony valía la pena. Él no merecía ni un ápice del sufrimiento que tuve que atravesar porque yo recibí todo por él. Y es así porque incluso antes de nacer, ya era el único motivo para seguir adelante a pesar de las adversidades.
Supe todo eso cuando el día de su nacimiento, no éramos más que él y yo solos en las cuatro paredes de una pequeña habitación de hospital, celebrando en silencio la nueva vida que iba a cambiar la mía, celebrando que había valido el sufrimiento.
— Gracias, Bree —le dije a mi amiga con una sonrisa mientras enrollaba la chalina alrededor de mi cuello. Ella estudiaba educación inicial en la Universidad de Alaska, y también practicaba con los niños en un jardín donde nos conocimos ya que yo trabajaba como ayudante hace un par de años atrás. A pesar de tener 19 años, era la única persona a la cual llegué a confiarle lo más preciado de mi vida cada noche: Anthony—. Cuida a mi príncipe como si fuera tu vida —pedí y me devolvió una sonrisa.
— No hay de qué, Bella. —Sacudió la cabeza sin borrar el gesto y sus rulos brincaron—. Sabes que siempre lo hago. —Echó una mirada al interior de mi departamento desde la puerta y volvió a mirarme—. Tony es como un hijo para mí.
— Lo es solo mientras yo esté fuera —bromeé y abroché mi abrigo—. Regreso a las 9. —Nos despedimos y me dirigí al ascensor.
Subí a mi coche y tomé la 7ma avenida que me llevaba al Anchorage Marriott Downtown. Ahí trabajaba en la pequeña farmacia del lugar. Felizmente había estudiado farmacéutica a través de internet mientras trabajaba de ayudante poco tiempo después de mudarme. Me sirvió de mucho, lo suficiente para conseguir doble trabajo en aquel prestigioso hotel por casi dos años -como mesera los fines de semana, también- y así poder pagar el departamento, el coche y mantener a mi hijo. Mi todo.
Entré a trabajar y me coloqué la horrorosa camiseta blanca y la gorra azul como uniforme, luego de eso, fui a la farmacia. Lo que más se vendía eran pastillas para el resfrío, ungüentos para los golpes y pastillas para el dolor de cabeza. Los turistas eran muy descuidados cuando salían de la ducha caliente, practicaban esquí o juergueaban hasta tarde.
Hoy era un día tranquilo, incluso podía decir que aburrido. Tal vez por ser jueves...
Mi turno acabaría en media hora, esperé que Rose, la chica del siguiente turno, llegue minutos antes. Algunos días lo hace y conversamos un poco. Me caía muy bien y podía considerarla como una amiga. Tampoco era de Alaska, vino desde California también por querer alejarse de un terrible pasado. Me dijo que me lo contaría luego, cuando no estemos trabajando ya que no le gustaría afligirse en las horas de trabajo. Seguro su historia era peor que la mía.
Atendí a menos de diez personas, como no venía nadie más, comencé a ordenar los billetes en la caja registradora, hasta que levanté la mirada y lo vi.
Las probabilidades de encontrarme con él eran de una en un millón. No supe en qué momento las novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve se redujeron a una dejándome indefensa por su repentina ausencia. ¿Qué debía pensar al respecto? ¿Todas las probabilidades que tenga en la vida serán las que menos espero?
Estaba completamente segura que era él. Podía reconocerlo -lamentablemente- aunque pasen décadas. Él era de esas personas que podría reconocer tan solo con ver su sombra porque fue el único rastro que dejó en mí.
Se encontraba afuera de la farmacia y caminó mirando algo en su celular mientras sostenía un cigarro en sus labios. Vestía unos jean grises, una simple camiseta blanca cuello V y una chaqueta de cuero encima de esta… Apostaba mi viejo Chevy a que lo que llevaba puesto valía más de lo que yo gané en el mes.
Apreté los labios. Mi rostro hervía gracias al enojo y la desesperación.
¿Qué-hace-él-aquí? ¡Maldito el momento en el que le envié las fotos! ¿¡Cómo pude haber cometido tremenda estupidez!?
Noté que se acercaba al lugar y escondí mi rostro bajo la gorra.
—Buenas tardes. —Fue lo primero que dijo y cerré los ojos con fuerza. Su voz... tantos años sin escuchar su voz. La misma con la que se despidió para nunca más regresar. Solo que ahora tenía un ligero acento británico. Sentí que el alivio recorrió cada centímetro de mi cuerpo al notar que no me reconoció, pero aún así, el miedo quedó presente.
Evité llorar. Si lo hacía, echaría a perder el muro de fuerza que construí en mi interior. Me juré mil veces que jamás lloraría por él y por ningún hombre, así que su despreciable presencia no ocasionará que lo derrumbe.
Llorar de rabia también estaba incluido.
Nuestros cuerpos eran separados por un mostrador de no más de 50 centímetros, por lo que podía olfatear un fuerte olor a tabaco y su perfume, el mismo que mi subconsciente no lograba olvidar a pesar de mi odio hacia él.
Espera, ¿estaba fumando en un lugar público? Creí que había dejado de hacerlo antes de entrar. Cuánto daría por gritarle que estaba prohibido hacerlo y botarlo a patadas del lugar... Pero me controlé. Si abría la boca, solo sería para decirle todas sus verdades.
Al darse cuenta que no iba a hablar, continuó:
—Mmm, me da una caja de tampones... —dijo algo incómodo y luego soltó una carcajada.
Tampones... Obviamente no eran para él. ¿Otra ingenua? Debe serlo, otra estúpida que cae ante sus encantos angelicales con fines demoníacos.
Aunque, ¿por qué le compraría tampones a alguien si él solo busca sexo?
Sacudí la cabeza mientras me daba media vuelta para sacar la primera caja que vi. Ni me importó qué talla eran, y tampoco le iba a preguntar cuál era la de su querida.
—Oh, no, no —dijo entre risas, que para mi sorpresa, no ocasionaron ningún efecto positivo en mí—. No son para mí, son para mi esposa. —Felizmente la caja cayó sobre el mostrador luego de escuchar sus palabras. Estaba casado... Edward se había casado. ¿Pero cómo? Él… él no amaba, él no era de las personas que comparten su vida con otra porque su ego simplemente no se lo permite, él no veía más allá de sí mismo… Yo lo supe tarde, lamentablemente—. Justo le viene eso del periodo cuando estamos en nuestra luna de miel... —Chasqueó la lengua. Cada palabra suya aumentaba mi odio. ¿Odio por qué? No lo sé, pero era odio. Más de lo que ya almacenaba.
Inhalé con fuerza para poder calmarme, pero me arrepentí. En ese mismo instante él había exhalado el humo de su cigarro. Maldita sea, ¿no podía leer el cartel que dice "PROHIBIDO FUMAR"? Maldito Cullen, siempre rebelde y engreído.
Maldita yo por no atenderlo rápido para que se largue de una vez.
Me dirigí a la caja registradora para que vea cuánto debía pagar. No pensaba hablarle, y no por inmadurez, sino porque no quería que me reconozca. No quería que sepa de mí ya que eso lo llevaría a Anthony, y un descuido mío no hará que mi último deseo se cumpla.
— ¿Cuánto es? —preguntó. Pude ver como sacaba su billetera del bolsillo trasero de su pantalón. Le señalé la pequeña pantalla donde decía la cuenta—. Oh. —Sacó una tarjeta dorada y me la entregó. Cuando vi su mano sentí algo extraño. Fue buena idea usar el gorro como escudo de su mirada porque no estaba segura de qué hubiera sentido si veía sus ojos... Nada bueno, podía asegurar—. ¿Aceptan tarjeta? —Negué con la cabeza. Todo el día no hubo servicio en la red del banco, así que no podía pagarme con eso. ¡Carajo, entrégame un maldito billete y lárgate!—. ¿No? —Bufó e hice un puño con mi mano para evitar arañarle la cara. Cálmate, Bella… Retiró un billete de 50 y lo reemplazo por la tarjeta—. Quédate con el vuelto—. Oh, claro que no lo iba a hacer—. Oye —comenzó mientras sacaba el maldito cambio lo más rápido que podía—, ¿eres muda? —preguntó como el completo idiota que es. ¿Cómo es posible que sea tan irrespetuoso al hablarle a una persona que prácticamente no conocía? Cada vez confirmaba lo patán que era Edward Cullen.
Suspiré y dejé el cambio de un golpe en el mostrador.
—Vale, tranquila. —Recogió el vuelto y lo guardó en su billetera—. Se supone que deben tener un buen trato con los clientes, ¿no? —Inclinó la cabeza hacia abajo para tratar de observar mi rostro, pero me giré antes de que lo logre y busqué una bolsa para su pedido. Guardé la caja dentro de esta y se la entregué en silencio, agradeciendo a mi torpeza que no se hizo presente en estos tortuosos minutos—. Bueno, gracias. —Volvió a expulsar el humo mientras recogía la bolsa y se daba media vuelta.
Aguanté la respiración para no aspirar el humo cancerígeno que botó y fui a buscar un ambientador.
Como era imposible que mi penosa falta de equilibrio desaparezca por completo, mis pies tropezaron con unas cajas que habían en el pasillo... y me fui de bruces golpeando el mostrador mientras caía, lo que provocó que varios productos terminen sobre mí. Lo que más me espantaba -aparte de que me descuenten lo que se malogró- fue que Edward haya escuchado mi caída.
— ¡Mierda! —murmuré mientras trataba de levantarme.
Y mis temores se hicieron realidad cuando sentí dos manos sujetándome de los brazos para ponerme de pie.
Oh, no, por favor, que no sea él, no, él no... pensé mientras cerraba los ojos para luego abrirlos de golpe.
— ¿Estás bi...? —Cortó su frase cuando observó mi rostro y pude notar cómo la sangre desaparecía de su piel.
Me jodí.
Sus manos se apretaron en mis brazos y traté de zafarme, pero fue imposible salir de su agarre. Parecía estar viendo un fantasma. Sus ojos -los mismos que Anthony había heredado- se abrieron de par en par.
— Bella... —dijo solo moviendo los labios.
Comencé a temblar. Esto no podía estar pasando, no. No podía ser cierto. Debe ser otra pesadilla...
Sus esmeraldas se enfocaron profundamente en mis ojos, trayendo a mi mente recuerdos que había logrado olvidar -o al menos evitar sentir dolor al recordarlos- destruyendo el muro en mil pedazos.
Recordé desde el primer momento en que lo vi, hace casi una década, cuando yo era la alumna nueva en la escuela y él, inglés ricachón, uno de los más populares que nunca de fijaba en mí, típico; las veces que traté de llamar su atención quedando en ridículo; aquella noche donde coincidimos en aquella disco y terminamos cosechando mi muerte al sembrar una nueva vida, que era mihijo. Nuestros cuerpos iluminados por la luna, sus labios contra mi piel. Caricias. Delirio. Placer. Un beso en la mejilla...
Todos los recuerdos se esfumaron cuando habló:
— B-Bella, ¿qué haces acá? ¿Tú...? ¿Por qué nunca me comentaste que te habías mudado a Alaska? ¿Por qué nunca me dijiste que estabas embarazada? ¿Dónde está él? ¡Maldita sea, dime algo! —Me sacudió para que reaccione o hable, pero fue en vano. Yo estaba en estado de shock porque lo que más temía estaba pasando en estos momentos. Edward no podía saber nada respecto a mi hijo, mi Anthony, porque era mío, no de él. Nunca se interesó por mí y mucho menos por mi bebé. No, simplemente no lo conocerá.
Quise decirle lo que pensaba, pero yo estaba petrificada bajo sus manos, las cuales quemaban mi piel como la última noche que estuvimos juntos, pero esta vez ardía y dolía física y emocionalmente.
— ¿Tienes alguna idea de cómo me arruinaste cuando mandaste esa estúpida carta?—Mi expresión era desconcertada—. Casi pierdo a la mujer que amo y no te hubiera perdonado si eso hubiera ocurrido, ¿sabes? ¿Por qué no fuiste más cuidadosa? —bramó. ¿La mujer que amaba...?Aún no podía asimilar lo que me estaba diciendo. ¿Cuidadosa? ¿Qué quería decirme con eso? ¿Acaso he cometido un error? Haberle entregado todo lo que le pude dar esa noche fue mi único error, mas no Anthony. Debí ser cuidadosa con Edward mismo—. Mierda, Bella, ¡dime algo! —Su mirada vidriosa reflejaba terror. ¿Miedo a qué? Era como si estuviera viviendo la peor de sus pesadillas solo con verme—. ¿Qué te costó aunque sea decirle a Alice? Ella me lo hubiera dicho si no querías hablar conmigo. Carajo, no te quedes callada, ¡háblame!
Claro que quería hablarle y responder cada una de sus preguntas por más ilógicas que eran. Es más, le pediría que me suelte si pudiera abrir la boca. Pero estaba segura que solo gritaría todo lo que no he gritado en más de 2 años y eso sería mi desequilibrio emocional.
Dije que jamás volvería a llorar por un hombre. JAMÁS. El dicho: "Nunca digas nunca" no sirve en esta historia. Que yo recuerde, jamás dije "nunca", así que ¿por qué tendría que cumplirse el dicho entonces?
Las lágrimas silenciosas, y ridículamente espesas, rodaron por mis mejillas. Sus ojos se abrieron aún más del espanto mientras temblaba para luego apartar la mirada de mí, como si no soportara verme.
— No, maldita sea, no vuelvas a llorar. No otra vez —murmuró sin regresar la vista a mi rostro—. ¿Otra vez? Nunca había llorado ante él, ¿por qué reaccionaba de esa manera? —Bella, por favor, di-me al-go —rogó entre dientes, pero yo continuaba inútil y sin poder responder.
Me miró con los ojos vidriosos. Sus manos se apretaban más alrededor de mis brazos y su rostro se enrojecía por la desesperación.
— ¿Bella? —Escuché la voz de Rose recordándome que estaba en la farmacia y no en la oscuridad que solo era iluminada por unos furibundos ojos verdes—. ¡Oiga, suéltela! —le exigió a Edward mientras se acercaba a nosotros—. ¡He dicho que la suelte! —dijo enojada.
Cuando mis brazos fueron liberados, Edward retrocedió un paso sin quitar la mirada de mí.
— ¿Estás bien? ¿No te ha hecho daño? —susurró mi amiga acercándose a mí para asegurarse que no estaba herida, al menos físicamente. Solo asentí y sacudí la cabeza para tratar de despejarme—. Puedes regresar a casa, tu turno ya terminó.
Volví a asentir y susurré un "Gracias" antes de recoger mi gorra en el suelo y mis cosas en el pequeño cuarto que había para el personal.
—Y usted, retírese por favor —escuché decirle a Edward.
—Debo hablar con ella. —La voz de él sonó tan fría que un escalofrío recorrió mi columna.
—Retírese o llamo a seguridad —finalizó ella y desde ahí reinó el silencio.
Entré a mi Chevy y me lancé en el asiento.
Mi mirada estaba perdida, mis manos frías temblaban y mi respiración era agitada. Abrí la boca para gritar, tenía muchas ganas de hacerlo, pero ningún sonido salió de mi garganta. Apoyé mi frente en el timón mientras sentía nuevas lágrimas cayendo a mi regazo.
¿Ahora qué?, me pregunté, ¿¡Ahora qué!? Aspiré mi nariz y me sequé el rostro empapado.
Antes no tenía a Anthony, por lo tanto no tenía de dónde conseguir fuerzas para superar cada vez que creía que todo estaba perdido. Pero ahora era mi pequeño quien esperaba a su madre llegar a casa con una sonrisa provocada por su alegre existencia. Sin él estaría destrozada y sin esperanzas... otra vez, pero ya no era así. No desde hace 3 años.
Teniendo a mi hijo junto a mí podría contra todo y todos, incluso contra su padre.
¡Hola! Estoy acá con el segundo cap del one-shot que empecé. Decidí continuarlo y mm, estoy pensando hacerlo fic, pero, como dice en el género de este, vendría a ser Drama. Espero que les siga guste. Yo no tenía planeado hacerlo de varios capítulos, pero se me ocurrió una idea y quería compartirla con uds...
Aún no estoy segura si mantendré el mismo título de la historia, pero ya veré.
Cualquier pregunta que tengan al respecto, me dejan un rr o pm.
¡Nos leemos pronto!
