No pensaba en realidad seguir con esta historia, pero me he encariñado tanto con el personaje… Y entre él y mi musa conspiran en mi contra para que lo haga aparecer de nuevo, ja ja.

Corrección de última hora: La principal conspiradora aquí ha sido Caris Bennet, creo que le ha gustado mucho el personaje ;) ¡Gracias por tu apoyo, tus comentarios y tus ideas!

Esta historia no es en realidad la continuación de la anterior, sólo es una aparición más de Boothy como me lo han apodado por ahí, se supone que después de la primera pero sin seguir un hilo argumental, ¿se entiende? Advierto nuevamente que al igual que la anterior, contiene lenguaje vulgar, de ese que a personas cultas como los que leemos aquí no se nos ocurre utilizar ;)

Mil agradecimientos a quienes me han escrito reviews y un par de respuestas:

Pimar: ¡Gracias por tus comentarios! Para que no te quedes con la duda, las "gambas" son las piernas ;)

Sakuchik: Compatriota, la espera para la 7º temporada me tiene muy muy ansiosa, digamos que esta es mi manera de poner al mal tiempo buena cara y reírme un poco.

Aclaración: Lo de siempre, ya lo saben, no soy ese &%$ de HH que nos tiene tontos mirando el calendario…

Payasos

El cadáver había sido encontrado aquella vez en un circo, famoso por el gran show montado justamente por sus payasos.

¡Payasos!

Exactamente aquello que más asustaba al agente Booth.

No sabía exactamente porqué pero en presencia de uno de estos personajes, su corazón sólo se ponía a latir acelerado, y no podía evitar una mueca en su rostro.

Huesos, en cambio, tan tranquila como siempre. Era claro que si no la impresionaban los cadáveres descompuestos, un hombre con maquillaje era algo inofensivo.

Caminaban los dos por el centro de la carpa, el circo estaba alejado de la ciudad de manera que aún no había llegado el resto del equipo.

Huesos, arrodillada junto al cuerpo, le enumeraba en voz alta las características principales para determinar a primera vista si había algo sospechoso en aquella muerte.

- ¿Qué esperás para abrazarla, huevón? – el agente giró en redondo buscando al propietario de aquella voz ya conocida para él, no era la primera vez que tenía esta ¿visita? ¿alucinación?. No sabría cómo describirla.

- Te asustan los payasos, no las alturas, grandulón – se burló la voz.

Levantó la vista, y efectivamente allí estaba, sentado muy tranquilamente en lo alto de la escalera que conducía a la cuerda floja, su yo adolescente lo miraba con sorna.

Apartándose de su compañera, como si fuera a investigar por aquella zona de la carpa, se acercó a la escalerilla.

- ¿Qué haces aquí? – inquirió en un susurro apremiante.

- Conmigo no te podés hacer el tonto, sabés porqué estoy acá – respondió prontamente el chico – Poné a laburar la cabeza, a ver si se te prende la lamparita.

- Pe…pero – el agente no encontraba las palabras para definir que aquel no era el mejor momento para tener una alucinación, no con ella tan cerca.

- Te pregunté qué esperabas para abrazarla, ese era el trato, ¿no? Vos la abrazás a ella cuando se asusta, ella te abraza a vos cuando vos te asustás, es simple. ¿O me vas a negar que tenés un cagazo bárbaro? ¡Qué increíble, che! Un jovato como vos, asustado de un tipo con la jeta pintada, parece mentira…

- ¡Yo no estoy asustado! – exclamó el agente, demasiado alto para su conveniencia.

Desde el otro lado de la carpa, la Dra. Brennan levantó la vista y se extrañó de ver a su compañero tan lejos.

- Booth, ¿qué haces allí? – preguntó desconcertada.

El agente comenzó a acercarse, no sin antes dirigir una mirada nuevamente a las alturas, pero para su satisfacción, el muchacho ya no se encontraba allí.

- ¡Huesos! – exclamó, más contento - ¿Qué tenemos?

- Huesos, Huesos… No tenías un apodo más original para una mina que trabaja con "huesos", ¿no? Ella te podría decir… ¿qué? ¿Balas?- ahora caminando a su lado, allí estaba de nuevo su pesadilla.

- Oh, cállate – consiguió decir sin mover mucho los labios.

- No, balas no me gusta, suena a bala y nosotros somos bien machitos – le guiñaba un ojo ahora el muchacho – Aunque el viejo de ella te preguntó si eras gay, porque para no llevártela a la cama… Tendrías que hacerte revisar la vista, a ver si además de jovato estás medio chicato…

- ¡Que te calles te dije! – volvió a susurrar imperativamente.

- O por ahí es de tarado nomás que no te la trincás…-.

- Booth… - llamó la Dra.

- A ver, Huesos, ¿qué tenemos aquí? – preguntó el agente, juntando sus manos en su gesto característico, mientras se acercaba al cadáver.

- Bien, sexo masculino, alrededor de los 50 años – comenzó la Dra.

- Los calzoncillos y la pelada siempre son buenas pistas – rió el adolescente.

- Eh… bien, ¿qué más? – preguntó el agente, tratando de concentrarse en las palabras de su compañera y no en el chico.

- Es un asesinato. Tiene una lesión en la parte posterior del cráneo, causada por un objeto indeterminado, que ha provocado la pérdida inmediata de conciencia.

- ¡Huy! ¡Qué luz que es esta mina, loco! Tiene un agujero en el mate grande como un bache, y tiene que mirarlo de cerca para decir que no se lo hizo él solito-.

- La pérdida de sangre no fue rápida, pero al no estar despierto, no ha podido pedir ayuda, de forma que murió por la hemorragia- explicó la Dra.

- Mirá vos, yo pensé que eso rojo en el piso era salsa de tomate que se le cayó a alguien – acotó nuevamente el chico, dando vueltas alrededor del cadáver – Tiene más sangre que película de terror barata y esta dice que palmó por eso. ¡Chocolate por la noticia!

- Eh… entonces, ¿qué dices, Huesos? – preguntó el agente, tratando de mirar a su compañera y no al joven - ¿Llevamos todo al Jeffersonian?-.

- Si, necesitamos muestras de la tierra de alrededor y de los insectos presentes en los restos para Hodgins – la Dra. comenzó a incorporarse mientras se quitaba los guantes.

- ¡Epa, llegó la Navidad, qué pan dulce, mamita! – exclamó el joven cuando la Dra. quedó de espaldas a él.

- De acuerdo, entonces, sólo… sólo iré a hacer un llamado para ver cuánto tardarán en llegar – respondió el agente, al tiempo que sacaba su móvil y se dirigía a la entrada de la carpa.

- De acuerdo – respondió la Dra. observando a su compañero mientras se alejaba.

- ¿Adónde vas, salame? ¡Quedate! ¿No ves que ya te extraña? ¡Mírale la trompita de cordero degollado que puso! – señalaba.

- Tengo que trabajar – señaló el agente, aliviado al comprobar que a menos de una cuadra de distancia estaban llegando los equipos del FBI y el Jeffersonian.

- Laburar, laburar, al final sos más aburrido que bailar con la hermana… - el joven dejaba caer sus brazos en señal de rendición ante las respuestas del agente.

- No soy aburrido, soy profesional – respondió el agente, con una mirada de advertencia que hubiera intimidado al más duro criminal pero que no tuvo efecto alguno en aquel adolescente.

- Uh, si, chabón, es re – profesional cómo la mirás a tu compañerita. Decime, ¿en qué parte del contrato dice que tienen que desayunar, almorzar o cenar juntos? ¿Hay alguna cláusula de que tenés que acompañarla hasta la puerta de la casa? ¿O investigar a cada tipo que la mira o que la invita a salir?-.

- Soy profesional y un buen compañero, ¿de acuerdo? – responde enfadado y nervioso el agente, notando que los payasos comenzaban a acercarse al escuchar el ruido de los vehículos oficiales.

- Eh, macho, tranquilo, te pusiste más pálido que el fiambre de ahí adentro – el joven se acerca al agente, notando su nerviosismo ante la presencia de una gran cantidad de payasos que parecían acercarse de todas las áreas cercanas.

Lo siguiente que supo fue ver como su campo de visión se nublaba hasta desaparecer.

Cuando despertó, sólo tenía una sensación en su cabeza: unos labios suaves besándolo. Reconoció el perfume que flotaba en el aire inundando sus sentidos, era el de Huesos. Lo cual quería decir que era ella quien estaba besándolo.

Sin pensarlo dos veces, movió sus labios en respuesta, disfrutando del contacto con los de ella, cuando…

- ¡Por fin, chabón!¡ Pensé que ibas a necesitar un mapa para encontrarle la boca! – la voz regocijada del adolescente era un punto en contra para disfrutar de aquel regalo que el cielo le estaba dando.

Adivinó más que vio que procedía de algún punto situado a la derecha de su cabeza, así que levantando sus manos cubrió las mejillas de ella para continuar sin interrupciones.

- Tapá todo lo que quieras, total para tooodo lo que estás haciendo… ¿Para qué tenés la lengua? ¡Usala, tarado! – exclamaba en tono de chanza su otro yo.

Con repentina decisión el agente pensó que si la iba a besar, tenía que hacerlo bien. Abrió más sus labios deslizando su lengua en el cálido interior de la boca de ella, escuchando tan sólo a medias las advertencias del adolescente de que "tampoco hacía falta comérsela".

Sus manos se deslizaron del rostro de su compañera hacia su cintura, cuando notó un fuerte golpe en una mejilla.

- ¡Booth! – Exclamó la antropóloga frente a sus ojos, entre enojada y asustada – No quise golpearte, pero no… no reaccionabas bien a la respiración boca a boca – terminó de explicar sonrojándose.

Sentándose, Booth descubrió que continuaba en el suelo de aquel circo, probablemente se había desmayado, y Huesos sólo había tratado de reanimarlo.

- ¡Bah! – exclamó una voz conocida a su oído – Por un chupón así, yo me banco una piña de Tyson, que me importa si me baja todos los dientes…

Mirando a la antropóloga que lo observaba con los ojos brillantes, las mejillas sonrojadas y los labios hinchados, por esta vez el agente decidió darle la razón a aquel muchacho molesto.


Comentarios, preguntas, críticas, desafíos y lo que se les ocurra, ya saben dónde encontrarme... Aquí y ahora también en el LJ.

Besos

Ana