Georgie miraba, aún sin creerlo a su padre. Su padre. Padre, papá, su viejo. Ya estaba acostumbrado a no tener padre y durante toda su vida (a excepción de las últimas horas) no había querido saber nada de "el donante de esperma", que abandonó sin una palabra a su madre cuándo esta estaba embarazada.

Pero hoy, durante el desayuno, su madre recibió una llamada de (cómo él descubriría luego) la policía.

George no le dio mucha importancia, pero poco a poco, vio cómo su cara pasaba de su expresión normal a una de confusión, shock y ¿tristeza?, a la vez que las lágrimas teñían sus ojos de rojo.

Eso lo alarmó.

Su madre era una mujer fuerte e independiente, juraría que jamás la había visto llorar.

De vez en cuando, la oía desde la habitación de al lado, por las noches, aunque se notaba que ella trataba de esconderlo.

Él ya sabía por qué.

Era la misma razón por la que la sonrisa de su madre nunca llegó del todo a sus ojos, ni su risa era del todo alegre.

Su padre.

No era sólo el hecho de que se fue, sino que no dejó ni una carta o nota explicando el porqué de su marcha. La tomó por sorpresa, un día eran felices y al siguiente, ya no estaba.

No saber lo que pasó la mortificaba cada día.

Lo más raro de la situación es que lo único de su padre que faltaba era la muda que iba a ponerse el día siguiente.

No se llevó nada más que una muda, las llaves, la cartera y el móvil y eso era raro, teniendo en cuenta el perfil que le han dado de él: un autista de Asperger al que le gustaba planear hasta el último momento del día. ¿Cómo iba a irse sin maleta?

Después de un rato, su madre terminó de hablar por teléfono, y a toda prisa cogió su bolso, mientras le decía a Georgie que comiera rápido, que tenían que irse.

10 minutos después:

Mientras iban a toda pastilla hacia no-sabía-donde, su madre le explicó la situación:

- ¿Recuerdas qué te conté qué tu padre nos abandonó antes de qué supiera que estaba embarazada?

-Si, ¿por qué?

- Me acabo de enterar de que no fue exactamente así.

Lo siguiente les daría a sus vidas un giro de 180°.

Resulta que un antiguo compañero de la universidad en la que trabajaban sus padres se había enamorado de su madre, pero ella no le correspondía, lo que le provocó una psicosis.

Decidió vengarse de su padre por el simple echo de que ella lo quería en vez de a él, así que esperó a que saliera de casa temprano estando solo para ejecutar su venganza.

Esta se llevó a cabo una semana después de planearlo todo.

Papá (en cuanto se despertara le preguntaría si le podía llamar así) salió a comprar el pan alrededor de las seis y media de la mañana (era madrugador, mamá también pero no tanto, así que ella le lanzó una almohada y le pidió que no hiciera ruido).

Era domingo y a esa hora no había ni un alma por la calle.

Bert aprovechó que su padre estaba mirando el móvil para acercársele por detrás y rociarle cloroformo por la cara.

Mientras estaba inconsciente, se lo llevó a una cabaña del bosque en la que ya se había instalado previamente.

Allí lo mantuvo cautivo.

En el doce aniversario de ese día, decidió acabarlo.

Cerró todas las ventanas y encendió la estufa de gas.

Se fue y dejó a su padre encerrado, dejándolo ahogarse en monóxido de carbono.

Fue a confesarlo todo a la Policía convencido de que no llegarían a tiempo para salvarlo, pero se equivocó.

La atención de George se dirigió hacia su madre.

No estaba seguro de si estaba bien o no.

Sabía que, incluso cuándo pensaban que los había abandonado, ella lo seguía queriendo. ¿Por qué sino iba a mantener una camiseta suya debajo de la almohada?

Estarán bien. Estaba seguro.

Volvió a mirar a su padre.

Se parecían mucho.

George tenía los ojos azules, el pelo oscuro y la piel pálida de su padre.

Bueno, nadie iba a cuestionar que son familia, eso seguro.

Mirando al vacio, pensó en todas las cosas que podían hacer juntos.

Podrían hacer maratones de Star Wars, ir con disfraces a juego cómo Halley hacía con el tío Howard a la Comic-Con, jugar y ver fútbol con él (su madre le confesó que en secreto le encantaba el fútbol, pero que le daba vergüenza), montar y lanzar maquetas de cohetes juntos, etc.

De repente, algo lo sacó de sus pensamientos.

La primera vez no estaba seguro, pero a la segunda no había duda:

Mamá, creo que papá se está despertando.