El sonido de los pájaros piando, llenando el bosque de vida silvestre, despertó al lobo. Sus ojos verdes cristalinos contrajeron sus pupilas por la cantidad de luz que ahora entraba en ráfagas a través de los huecos del techo. Hacia mucho tiempo que no dormía tan profundamente. La tranquilidad que siente ahora no la tenía desde que él fue traicionado y su familia asesinada. Era la confianza de sentirse seguro con alguien más lo que lo dejó descansar tan bien.

Estiró su cuerpo extendido a lo largo del sofá y su brazo estaba atrapado en algún rincón del respaldar. Miró a su lado y sobre él, Stiles babeaba su camiseta. Su vista se enfocó enfadada en el techo, pero le duro poco al notar el brazo derecho de Stiles rodeando su torso y su chaqueta cubriéndoles a ambos, ni siquiera recuerda como llegaron a esa posición o cuando la lluvia se disipó.

Se deshizo del agarre del chico y lo dejó seguir durmiendo. Se incorporó sentándose en el sofá, se refregó el rostro, mientras lo hacía escuchó sonar el celular de Stiles. Estiró su mano hacia atrás y lo tomó del bolsillo del buzo rojo del chico. Eran las doce del medio día y una llamada de Scott se cortó un segundo después, reviso el celular y nadie más había llamado para saber de Stiles.

Respiró hondo, después de todo lo que había pasado la noche anterior nadie lo había llamado hasta ese momento. Frunció el entrecejo y se volteó al sentir a Stiles en su baja espalda acurrucándose, buscando el calor de su cuerpo, por lo que se levanta y Stiles cae al suelo.

— ¿¡Ah!? ¿Qué, qué pasó…? ¿Dónde…? ¿Derek? ¿Qué demonios? —preguntó intentando abrir sus ojos pegados de sueño.

— Levántate y así te llevo a tu casa.

— ¿Dormí aquí?

— Sí, ahora muévete —dijo el lobo y Stiles sintió la resaca patearlo como una mula.

Stiles simplemente lo siguió. Estaba lo suficientemente adolorido como para refutar nada, solo camino dos pasos detrás de él y se subió a su auto. No hablaron de nada, él quería preguntar cómo, qué, por qué, pero le dolía demasiado pensar o formular cualquier tipo de pensamiento.

La casa estaba vacía. Derek lo siguió hasta dejarlo en su cuarto con analgésicos y un vaso de agua. Luego se marchó sin decir una palabra. No es que le molestara, pero, la verdad, la cabeza le reventaba como para ocuparse en preguntarle qué demonios pasó y cómo terminó allí.

Stiles escuchó paciente a Scott al día siguiente entre clases. En el almuerzo, Lydia y él conversaban tranquilamente a pesar de los mal intencionados comentarios de Jackson. Isaac intentaba llamar la atención de Scott y Stiles creyó que eso era raro solo que ni Scott o Allison parecían notarlo.

Quería decirle a su mejor amigo que terminó en la casa de Hale en medio de la noche. Que lo llevó a casa, que le dejó algo para su resaca. Pero él solo le habla de las reglas de los cazadores, de Allison, del próximo partido y lo normal que esperaba que fuera. De cómo congenia con Isaac y que su madre no está tan alterada con su nuevo estado como creyó que se pondría. Para cuando terminó de escucharlo ya estaban saliendo de la escuela. Tenían práctica en media hora y todos planeaban ir a tomar algo antes de volver al recinto, solo que el rugido distintivo del camaro hizo voltear a todos frente al colegio. Las ruedas rechinaron al detenerse justo frente al grupo de Scott. El joven lobo miró a Isaac y a Allison que le tomó de la mano, pues su presencia allí podría provocar nuevos problemas. Stiles solo lo miró atento. Derek bajó la ventanilla, se quitó los anteojos y sonrió.

— Stiles sube —dijo sin más haciendo a todo el mundo allí voltear hacia el más torpe del equipo de lacrosse.

— ¿Stiles? —preguntó Scott sin saber que pasaba.

Pero Stiles no tenía ni idea tampoco. Derek subió sus lentes para luego mirar al frente y Stiles se movió hacia el auto. Su mejor amigo lo interceptó y le preguntó prácticamente con la mirada qué era lo que quería, porqué lo había ido a buscar, Stiles no le respondió pues él no tenía ninguna respuesta a aquellas preguntas.

— Tengo que irme... ¿Puedes soltarme Scott? —pidió al sentir la mano de su amigo en su hombro.

— ¿Qué? ¿Con Derek? ¿A dónde? ¿Por qué?

— No lo sé y la verdad no me importa… Tal vez quiera escuchar lo yo tenga que decir, quien sabe... Tal vez solo me meta en más problemas, pero a quién le importa ¿verdad? —soltó en retirada sarcástica, caminó hacia el auto y saltando escalones para hacer lo que sea que le diga Hale, lo cual le importaba poco— Hola, Derek.

— Súbete.

— Ok.

— ¿No vas a preguntar por qué?

— No, no en realidad.

— Bien —el auto quemó sus ruedas al salir del recinto con una coleada dejando a Stiles en boca de todos.

— ¿Scott, qué está pasando? —preguntó Allison a solo dos paso de él.

— No lo sé... —respondió observando como su amigo desaparecía a lo lejos.

Estuvieron dos horas en el auto. Stiles miraba a través de la ventana sin intención alguna de recordar el paisaje. Sabía que estaba fuera de Beacon Hills, eso es lo único que sabe. Cuando pararon, él, miró a su alrededor desde el asiento del copiloto y Derek se bajó; era una especie de aserradero enorme, justo en frente a un home depot. Stiles esperó a que el lobo saliera del aserradero con las preguntas pinchándole la lengua y el culo dormido de tanto esperar allí sentado.

— Bien, una parada más y volvemos a Beacon Hills.

— ¿Compraste madera?

— Ajá.

— ¿Para qué?

— Quiero reconstruir un ala de la casa. Esta mañana fui al refugio y estaba inundado, no puedo vivir más allí.

— ¡Oh, rayos! ¿En serio? ¿Y reconstruirás tu vieja casa?

— Ajá.

— ¿Sabías que las casas de madera contrariamente a lo que se piensa son el sistema de edificación más antiguo? Los primeros vestigios datan del año 6.200 AC en Macedonia, al norte de Grecia. No es casualidad que la construcción con madera sea predominante en los países más desarrollados. Los artesanos de la construcción con madera siempre han estado entre los más cualificados de todos los oficios y esto sigue siendo cierto en la actualidad. De hecho las sociedades más antiguas usaban madera para sus templos y moradas —suelta el dato mientras mira el catálogo de maderas que Derek dejo de lado.

— Stiles, ¿cómo es que sabes todo eso? —pregunta el lobo con cara de aneurisma.

— No sé, solo lo sé.

Cuando bajaron en el home depot, Derek quería comprar unos pisos impermeables, pero no se decidía por el color porque aún no tenia la casa siquiera y no quería apresurarse. Stiles se ofreció a ayudarle después del colegio y los fines de semana. El lobo hizo una mueca similar a una sonrisa y Stiles casi se muere. Quiso sacarle de mentira verdad que si su compañía le gustaba persiguiéndole por todo el complejo, pero solo logró conseguir una alfombra para su cuarto plateada y unas luces extrañas con tal de que dejará de perseguirlo con preguntas tontas.

Stiles no tiene ni idea de cómo construir una casa y la inquietud lo puede. Quiere ponerse de inmediato a investigar en su computadora al respecto para serle de utilidad a Derek, frunció el ceño por ello y sacudió la cabeza. Luego de hacer las compras pertinentes como cables, pintura, tubos de agua y de gas, cocina e inodoros, además de otras cosas, el lobo pagó todo y programó la entrega para que le enviaran las cosas de allí a dos semanas la mitad de ellas y el resto en un mes, directamente a la casa Hale. Derek llevó a casa a Stiles entrada la noche, el chico recordó que no tenía como llegar al colegio en la mañana en el momento que Derek aceleró el auto y se fue. Pero no lo vio tan grabe, estaba emocionado por ayudar a construir una casa y corrió dentro de la suya para investigar sobre eso. Su celular vibró cunado dejo la mochila en el suelo, Scott lo estaba llamando, pero no le presto atención, tenía más urgencia en saber más sobre cómo tirar abajo las paredes quemadas y ensamblar una nueva estructura. Entonces se percató de que tenía siete llamadas perdidas, por lo que envió un mensaje disculpándose por no atenderle, pero que ya estaba en casa y que se pondría a estudiar, que hablarían luego.

Al día siguiente nada más puso un pie fuera de la casa y el auto de Derek lo estaba esperando. Como si la historia se repitiera la ventanilla bajó, Hale lo miró y él corrió al auto contento, que el lobo notara que no tenía su auto y lo llevase al colegio lo regodeó en su interior.

— Buenos días.— dijo Stiles metiéndose en el auto acomodándose el cinturón de seguridad. Derek solo asintió dando marcha atrás.

— ¿A qué hora sales? —preguntó.

— Uh, hoy a las dos...—respondió rápidamente.

— ¿Vienes a la casa después? —el camino se hizo más corto de lo normal en el camaro de Derek

— Sí, claro —la emoción lo podía, no veía la hora de hacer todo lo que había visto en la pantalla de su laptop la noche anterior.

— La madera ya llegó. Empezaré a tirar los pisos superiores y el techo —le comentó, no estaba seguro de esto, de pesarlo a buscar, de traerlo y llevarlo, de relacionarse tanto con Stiles.

— Ten cuidado, se puede derrumbar. ¿No te conviene alquilar una de esas palas y empujar la estructura? —Derek lo miró al notar el tono preocupado y lo escuchó con atención.

— ¿Una pala?

— Sí, tardarías menos...

— Veré si encuentro algo así —se lo pensó, en realidad esa no era mala idea.

— Ok, nos vemos más tarde —le dijo al bajarse del auto.

— Sí, ten un buen día —no tiene ni idea de dónde salió eso, pero niega con la cabeza y arranca el auto.

— Gracias —Stiles entró sonriente al establecimiento con las miradas de muchos sobre él.

Derek no es el tipo de persona que disfruta de la compañía de niños de preparatoria y Stiles es uno de esos niños que además de es el doble de inquieto y es el doble de hablador, pero eso no quita que se sorprenda de vez en cuando con sus acotaciones, o que no le agrade escuchar todos esos datos que su lengua suelta, porque al parecer la información en su cabeza solo crece día a día. De todo lo que le escuchó decir a Stiles solo puede concordar en una sola cosa, están casi en el mismo nivel de soledad. Y sí, le jode estar solo. Le jode no poder confiar en nadie, pero Stiles es diferente, en el puede confiar aunque sea un poco, por más que no quiera saber que el chico sí cumple su palabra, que es recto y leal. A pesar de ser un niño tiene convicción y determinación, por eso lo buscó... Tal vez es Scott él que le convenía más para formar su manada, pero si él pudo hacer su propia manada valiéndose de la amistad, él puede hacer lo mismo también y quizás él pueda ser amigo de Stiles, o al menos lo intentará y espera que la paciencia no lo abandone.

Siguió el consejo de Stiles una hora más tarde y encuentra una excavadora no muy lejos de la casa. Le cuesta manipularla al principio y antes de tirar todo abajo sacó de la casa algunas posesiones que podría restaurar; unos cuadros que no se quemaron del todo, una caja de música perteneciente a su hermana, los anillos de su padres, un par de muebles y el sofá. Se tardó toda la mañana en tirar la casa abajo y retirar los escombros de los cimientos. Para cuando Stiles llega todo esta listo para empezar a construir. Juntos levantan el esqueleto de la mitad de la casa; lo que sería la cocina y la sala junto a las escaleras. Meten cables y paneles exteriores para solidificar la parte primaria de la casa, trabajan hombro con hombro y Derek se impresiona de cómo Stiles se esfuerza por mantener el paso. En todo el bosque resuenan los martillazos y las órdenes tanto suyas como del chico humano. Dejaron todo predispuesto para colocar el aislante de las paredes y las placas interiores junto con puertas y pisos de esa sección para el día siguiente. El estomago de ambos resuena y Stiles le dedica una mirada al lobo, que está iluminado entre las linternas que ha colocado para alargar el día de trabajo, Derek lo mira y no entiende de que se ríe ahora.

— Vamos.

— ¿A dónde? —preguntó confundido Derek.

— ¿Acaso pregunté la otra tarde tarde a dónde íbamos, Derek? No, así que levanta le culo y sígueme —Derek estaba a punto de mandarlo al demonio cuando lo vio recoger su bolso de ropa de entre las pertenencias que sacó de la casa y lo metió al Jeep, acto seguido Stiles se subió a este.

— Apúrate, que me muero de hambre —le grito y Derek se levantó, caminó hasta el Jeep y la desconfianza se notaba en su mirada.

Quince minutos después estaban frente a la casa de Stiles. Él lo vio tomar su bolso y caminar frente al Jeep con una sonrisa pintada.

— Stiles...

— ¿Qué?

— ¿Tu padre no está en casa?

— Pues no, hoy no está hasta las doce de la noche y son recién las nueve y me muero de hambre y tu necesitas un baño porque estás empezando a apestar todo. No quería decirlo, pero como a eso de las seis de la tarde casi me matas con tu aroma lobuno cuando sostenías la ultima pared de la cocina —le dijo metiendo la llave en la cerradura y abriendo la puerta de su casa para que entrara el lobo.

— Que más quieres, no tengo agua y me baño en un río cercano, al cual no he ido últimamente —protestó.

— El río... ¿En serio? ¿Acaso eres un salvaje? —Derek lo mira amenazadoramente— Ok, mi equivocación. Eres un lobo, supongo que tienes algo de salvaje dentro... ¡Pero no te inquietes, mi amigo! Aquí hay ducha de agua caliente y mientras te limpias pondré algo a cocinar... Ahora, quítate la ropa —Stiles dejo el bolso en la mesa de la cocina y al voltearse con esa última frase, Derek, se lo quedó mirado por la osadía de pedir semejante cosa— ¿Qué? —preguntó al ver la cara del lobo y su falta de movimiento.

— No voy a sacarme la ropa —le contesto casi enojado.

— ¿Ah? ¿Quieres que la meta al lavarropas mientras la llevas puesta?

— Ah...

— ¿Acaso pensaste...? Tu pensaste que yo… No, no. Oye, vamos, somos amigos o no. Apestas compadre, si quieres déjala fuera de la puerta del baño y yo paso por ella después no hay problema. ¡Dios, por qué todo el mundo piensa mal de mi! —dice sacando una cacerola y poniéndola al fuego con agua.

— ¿No has pensado que te expresas mal?

— No, nunca lo pensé así.

— Pues deberías... ¿Está arriba?

— Sí, la puerta anterior a mi habitación.

Derek tiene que admitir que creyó que lo quería desnudo y se avergüenza de si mismo al sentir pudor por un chico de dieciséis años y un frase como esa. Sacude su cabeza y se mete al baño. Hace varios días no se da una buena ducha y al meterse bajo el agua caliente el gozo es terrible; todos los poros de su piel se sienten expandir, dejando al agua y al jabón entrar para limpiar la superficie de su piel. La mugre destaca al caer de su cuerpo en la blanca bañadera.

— Derek... —el corazón le salta sin razón y se le cae el jabón de las manos.

— ¿Qué...? —espera estático, expectante en realidad.

— Me llevo la ropa, te dejo una toalla, ¿ok?

— Ok... —sus sentidos se agudizan comprobando que Stiles baja las escaleras y empieza a tararear mientras cocina.

Tranquiliza su corazón poco a poco, su mirada se había tornado rojo brillante por lo que decidió abrir un poco el agua fría. La presencia de Stiles le provocó una reacción de excitación involuntaria, una reacción directa en su lobo interno, al cual, la idea de morder a Stiles, no le pareció mala. Hacerlo un beta y hacerlo parte de su manada. Inspiró hondo y negó; él podía ser como Scott, él podía tener una manada sin morder a nadie. Escuchó la puerta de la casa abrirse y el olor de Scott entrar a ese territorio. La inquietud aceleró su baño y se dedicó a lavarse rápidamente el cabello para poder bajar y escuchar en persona lo que el beta había ido a hacer. A los minutos bajó; su cuerpo aún estaba mojado y una toalla lo cubría desde la cadera hacia abajo, la mirada de Scott se clavó en él como si fuera un intruso peligroso. Stiles estaba rígido junto a la hornilla revolviendo algo, dejó la cuchara de madera a un lado y sacó un pedazo de carne de la heladera sin mirar a ninguno de los dos.

— ¿Pasa algo? —preguntó Derek acercándose a Stiles poco a poco y la mirada de Scott se encendía.

— Tu sabrás... ¿Por qué estás aquí... desnudo? ¿Qué es lo que planeas? No dejaré que engañes a Stiles con tus jueguitos —gruñó perdiendo el control de su lobo amenazando a Derek.

— ¡Suficiente! —gritó Stiles golpeando con el cuchillo la tabla de madera— ¿No dejaras? ¿No dejaras? ¿Qué, piensas que soy un estúpido? ¿Soy tan tonto como para dejarme embaucar? ¿Y desde cuando te pones en plan macho protector conmigo? ¿¡Eh!? —le gritó Stiles plantándole cara, Scott sorprendido retrocedió y sus ojos se apagaron.

— Stiles eres mi mejor amigo, claro que, osea, tengo que protegerte... —tartamudeó, no entendía cómo Stiles no lo veía.

— ¿Quién te pidió que me protegieras? Además corro más peligro contigo que con él. ¿Y recién ahora te acuerdas de que somos amigos? Cuando me dejaste solo... incluso después de lo de Lydia me dejaste solo Scott, y ahora quieres cuidarme ¿así de repente? —Stiles le grita a Scott y las lágrimas se le caían desconcertando al moreno— Solo vete, ok... Derek y yo vamos a cenar y luego quiero darme un baño.

El joven lobo estaba desconcertado. Miró sobre el hombro de Stiles en un acto reflejo y Derek miraba la mesa en silencio, serio, recargándose en el respaldar de la silla como si supiera de lo que su amigo le hablaba, como si sintiera lo que su amigo sentía y él no podía. Estaba desconectado de él, sin decir más nada se retiró y Stiles cerró la puerta detrás de él.

Con una respiración aguda se limpió la cara con la manga de la sudadera roja y volvió a cortar la carne. La cacerola olía a estofado, el olor de la comida inundaba la casa. El lobo volteó a verle y lo tomó del codo empujándolo hacia él. La mirada aniñada llena de lágrimas lo miró directo a los ojos, por desgracia tuvo que escucharle llorar de nuevo. Sentía una sensación, casi una necesidad de mitigarle ese dolor y lo abrazó; las lágrimas calientes caían sobre su pecho y él solo reaccionó a sobarle la espalda una y otra vez intentando calmarle.