Inuyasha estaba tan ansioso por sentir la piel de la muchacha bajo sus manos, que inconteniblemente las llevó debajo de su camisa, acariciando suavemente toda su espalda, sintiendo su sedosa textura.
Kagome no cavia en sí con todas esas sensaciones que la invadían, respiraba dificultosamente y de vez en cuando se le salía un gemido provocado por el hanyou que la aprisionaba contra su cuerpo.
Mientras se besaban en la boca apasionadamente, el ambarino subió sus manos por debajo de la camisa hasta sus pechos, acariciándolos y fue en ese entonces en que decidió que su blusa ya estorbaba.
Se la quitó, Kagome no se opuso.
Por un instante ambos se vieron sorprendidos, solo por esos segundos en que se detuvieron y se miraron a los ojos pudieron ser conscientes de lo que estaba pasando.
Y continuaron…
Inuyasha la rodeó con sus brazos, y hundió su cara en el valle de sus pechos el cual inundó con besos.
Kagome también rodeaba a Inuyasha con sus brazos, pero por su cuello, no quería que se alejara de ella ni un centímetro.
El hanyou volvió a buscar la boca de la muchacha, le era necesaria, lo que la miko aprovechó.
Con las manos en el cuello del muchacho se dispuso a quitarle la parte de arriba de su vestimenta, empezó a descender, de manera que a medida que baja por su tronco se abría su camisa, y de una vez aprovechaba acariciar su pecho. Acarició con extrema suavidad e intensidad sus pectorales, pasando por sus abdominales, los cuales estaban tan bien formados que solo podía pensar en lo que le encantaba que fuera tan varonil, tan fuerte, e incluso algunas veces tan torpe.
Cuando llegó a abajo su camisa quedó totalmente abierta, volvió a subir, acariciándolo nuevamente, hasta llegar a sus hombros, desde donde arrastró su vestimenta, pasando entre sus manos aquellos brazos musculosos. Y por fin aquella tela roja acompañada de una blanca medio amarillenta cayó al suelo.
La mujer volvió sobre sus "pasos" pasando sus manos por el dorso del muchacho.
Inuyasha sentía más calor con cada caricia de Kagome, le encantaba. Instintivamente volvió a bajar la cabeza hasta los pechos de la azabache, pero decidió que aquella tela inmaculadamente blanca también le estorbaba, y con una de sus garras, por la espalda de la muchacha, la corto, quitándosela, y quedando ante él dos perfectos montes que se alzaban amputándolo, incitando a ser tocados, a ser sentidos, a ser besados, a ser lamidos…
Llevo su boca a uno de esos suaves montes, el cual primero acarició, repartiendo besos, hasta llegar a la sima, donde se lo introdujo en la boca, entonces lo lamió y chupó.
-Inuyasha… - Escuchar su nombre, pronunciado de esa manera, simplemente lo excitaba aun más.-
Kagome se ahogaba de excitación, sintió algo que la recorrió completamente mientras el calor entre sus piernas se hacía cada vez más palpitante, ahora si estaba segura de que si Inuyasha no la estuviera sosteniendo hubiera caído al suelo.
Luego el hanyou pasó al otro monte, el cual lamió, chupó y mordisqueo suavemente. Kagome jadeó.
…
El joven se arrodillo frente a ella, acariciando sus piernas, quitándole la falda.
Besó su vientre, mientras hacía un recorrido hasta su boca, pasando su lengua por el cuerpo de la muchacha, que respiraba a grandes bocanadas. Cuando llegó a arriba, se abrazaron mutuamente, rosando sus dorsos, cosa que los dos sentían necesario, ninguno se quería separar, querían estar lo más cerca posible. Sus manos vagaban en el cuerpo del otro…
Kagome sintió la necesidad de quitarle el pantalón, quería sentir toda su piel, toda. Sintió como se sonrojó al pensar eso.
Inuyasha seguía besando su cuello, y ella se aventuró a tomar la orilla de la parte de abajo de sus vestimenta, bajándolo suavemente. El hanyou se percató de lo que quería hacer la miko y la ayudó, se quitó los pantalones, acto seguido la tomó por la cintura y la tumbó sobre él en la yerba.
Se miraron fijo un instante, como volviendo a conectarse, él le sonrió y le dio seguridad a la joven del futuro. Siguieron besándose.
…
El ambarino bajó una de sus manos, buscando la entrepierna de la muchacha, la deseaba.
Buscó bajo la fina tela que cubría sus partes intimas la parte más sensible de la azabache, rosándolo, acariciándolo, buscando darle placer a su hembra, reacción que no se hizo esperar.
Entre gemidos pronunciaba su nombre y eso lo estaba volviendo loco.
El hanyou rasgó el ultimo pedazo de tela que la cubría en un ademan de sentirla cerca, aun más cerca. Luego la besó en la boca, mientras sus manos volvían a recorrer el esbelto cuerpo de la miko, aunque sentía deseo extremo por sentirse dentro de ella, no quería apresurarla. Cosa que lo estaba matando casi literalmente.
Ambos eran unos totales inexpertos en la materia, lo único que podían hacer era dejarse llevar por el instinto, y fue exactamente lo que hizo Kagome.
La chica, curiosa por naturaleza bajó sus manos a través del pecho del muchacho hasta llevar a tomar su miembro erecto con ambas manos.
Inuyasha reacciono antes esto y ambos se miraron fijamente. Ambas orbes desbordaban pasión.
La muchacha se mordió el labio inferior y comenzó a acariciar su intimidad con el miembro del muchacho.
Kagome se encontraba sentada sobre el ambarino y se estaba dando demasiado placer, a Inuyasha le gustaba, aunque no podía dejar de pensar que estaba en la entrada a su paraíso, y necesitaba estar en ese lugar rápido.
Decidió volver a tener el control y tomó su miembro entre manos para complacer a la chica, haciendo lo mismo que ella hacía, pero a su manera.
Empezó a moverlo de arriba abajo, y luego en forma circular, cosa que hizo que Kagome jadeara su nombre entre gemidos y palabras de aprobación, le encantaba todas aquellas sensaciones.
Cuando sintió que ya era suficiente y que ya no podía soportarlo más la tomó por la cintura y cambió de posición.
Ahora estaban de una manera más posesiva, él sobre ella.
Sus lenguas se encontraron y jugaron.
Luego de eso Kagome sintió como Inuyasha tomaba su miembro y lo poniá en su entrada.
El muchacho la vió a los ojos, buscando aprobación, ella capto´la interrogante y aceptó, asintiendo.
Aunque tenía miedo, confiaba plenamente en Inuyasha, lo suficiente como para poner su propia vida en las manos del hanyou, si fuera necesario, ¿Cuántas veces no lo había hecho ya a esas alturas?
Inuuyasha entendió que tenia su aprobación y entró en ella de una embestida, al instante escuchó un gemido, que más bien era una queja de dolor, vio como su rostro cambiaba repentinamente y sus orbes se cristalizaban para dar paso a dos lagrimas que bajaron por ambas mejillas, sintió miedo de lastimarla, aunque había escuchado que a las mujeres les dolía la primera vez no había pensado que éste fuera tan grande como para hacer llorar a su Kagome.
Pensó en sacarlo, pero también era un hombre que se encontraba completamente excitado, aunque no podía salir de ella, tampoco se movería.
-Está bien- Besó una de sus mejillas, y la otra la acarició con la yema de sus dedos-.
La miko asintió, ella sabía que eso ocurriría, sabía que le dolería, lo que no sabía es que fuera tan grande… solo debía acostumbrarse a sentirlo dentro.
Inuyasha siguió acariciándola y dándole palabras de aliento, luchando contra él mismo, contra su ser, contra sus instintos para no lastimarla, hasta que sintió que algo se movía debajo de él.
Era ella, la miró expectante.
-Estoy lista-Pronunció casi audible, aunque eso no fuera un problema para el ambarino. Y comenzó a moverse con Inuyasha en su cuerpo-.
Él asintió y le dedico una hermosa sonrisa, ella se la devolvió y volvieron a lo suyo.
Primero lento, muy lento, el miembro entraba en Kagome lentamente mientras sentía dolor, pero a medida que éste fue desapareciendo eran más rapidas e intensas.
Kagome abrió sus piernas tanto como pudo, deseando sentirlo en lo más profundo de su ser. Ambos jadeaban, gemían, pronunciaban el nombre del otro con loca pasión, lo quería que eso acabara nunca, era demasiado el amor que el otro le transmitía, era demasiado placer lo que se estaban dando.
Estaban en el momento cumbre, Inuyasha aumentó las estocadas al estar a poco tiempo de llegar a la sima de placer, sincronizado con la azabache que tenía entre sus brazos.
Él entraba y salía locamente de la muchacha, hasta que la chica sintió que el miembro se ponía un poco más duro y vibraba dentro de ella, liberando toda su esencia. Ella se ahogó en placer, veía miles de estrellas, sentía miles de sensaciones al mismo tiempo. Él compartía el sentimiento, había llegado al tope, a lo más alto, a lo más satisfactorio y sentía que se retorcía de placer.
Bajaron de la nube cayendo como plumas ligeras, suspirando, liberando la poca energía que les quedaba. Saboreando el orgasmo que acababan de tener.
…
Volvió a besarle la mejilla para separarse, finalmente de azabache.
Se acostó a su lado y la rodeó con sus brazos, delineando su bella figura. Suspiró, sentía como lo inundaba la felicidad y su corazón latía fuertemente en su pecho, no solo por el acto que acaban de realizar juntos.
Aquella hermosa chica se había entregado a él de la manera más pura, dándole todo su amor, toda su confianza, pero a la vez demostrándole rotundamente que ella no era una niña, al contrario, estaba más que seguro que ella era toda una completa mujer.
Cuando quiso decirle algo cayó en cuenta que la azabache ya estaba profundamente dormida.
…
Sus ojos se abrieron y lo primero que vieron fue aquel hermoso rostro. Sintió ganas de acariciar cada centímetro de aquella cara pero no quería despertarlo, dormía tan plácidamente, que parecía un ángel.
Llevo una de sus manos a su vientre, Inuyasha había estado allí. Ella había sido de él y él había sido de ella, por unos momentos, ambos fueron uno. Tal vez ella no había podido seguirlo hasta la muerte, pero ahora compartía un lazo íntimo con ese hanyou, y no permitiría que nadie lo rompiera, había sido la primera vez de ambos.
Miró hacia el cielo, ya había caído la noche. Cuando cayó en cuenta estaba cubierta por el haori de Inuyasha, tal cual fuera una manta. Se sintió a gusto y se abrazó más a él, dejándose vencer nuevamente por el sueño.
…
No sintió haber dormido mucho cuando despertó. Lo primero que hizo fue alarmase al no verlo a su lado. Cuando se sentó pudo divisarlo, se encontraba al lado de una fogata, intentando cocinar.
-Oh, ya despertaste-Le dijo el ambarino con una sonrisa en sus labios-.
La muchacha asintió con una gran sonrisa en su rostro, se calzo la "chaqueta" del muchacho y se sentó a su lado.
El hanyou le dedicó una sonrisa y continuó en lo suyo, quería prepararle algo decente, o al menos comestible.
El ambarino se encontraba con el dorso descubierto, concentrado frente a aquella fogata haciendo lo suyo, pero Kagome lo detallaba, se veía completamente encantador, su piel lucía mas bronceada ante la luz del fuego, incitaba a ser tocada, y sus músculos, quería sentirlos de nuevo entre sus dedos. Intentó sacarse esa idea de la cabeza.
…
No pudo, un par de minutos después se posó tras el muchacho y acaricio su espalda.
-Kagome…-Pronunció él con un tono de suplica-.
-¿Qué?-Preguntó divertida, y empezó a besar su cuello-.
-No me hagas esto…-Cerraba sus ojos, la chica lo hacia muy bien-.
-¿Hacer qué?-Pregunto en un tono más erótico pasando sus manos por el pecho del muchacho, abrazándolo-.
-Esto-Giró la cabeza para poder verla mejor, a lo que Kagome respondió poniendo una cara de niña inocente, se mordió el labio inferior e Inuyasha sintió que se ahogaba en ternura-.
Suspiró.
Ella volvió a lamer y mordisquear su cuello.
-Bien, si eso es lo que quieres-Tomó las manos de la miko para poder zafarse del abrazo, giró y quedó justo frente a ella-.
La chica volvió a morderse el labio inferior, pero esta vez sin un rastro de inocencia en sus ojos.
Aquello excitó de sobremanera al hanyou, que la tomó por la cintura y la sentó sobre sí.
Sus húmedas lenguas se acariciaron intensamente, haciendo que palpitaran sus zonas intimas y el calor volviera a encenderse. Esta vez tampoco pararían hasta que acabe.
