Nunca le gusto el verano, odiaba el calor y la playa. Pero la razón por la que más le disgustaba esa estación del año era porque tenía pesadillas, no es que solo tuviera pesadillas en verano ya que en otras estaciones también tenía pero eran simples pesadillas sin sentido alguno que no lo asustaban realmente, pero las que tenía en verano eran tan reales que cada vez que despertaba se encontraba sudando y algunas veces podía notar como lagrimas caían de sus ojos. Siempre eran iguales, eran acerca de él y un chico de ojos azules pero cuando despierta todo se le hace borroso y le cuesta recordar exactamente qué era lo que soñaba, muchos dirían que en realidad estos eran unos felices sueños porque dentro de ellos se encontraba riendo y jugando pero no le gustaba, lo hacía sentir raro e incomodo. Estas pesadillas lo molestan desde que tiene once años pero con cada año se hacen más intensas.
Este verano sería algo distinto para el joven Kirkland de dieciséis años porque iría a la casa que era de su abuela la cual falleció meses después de su última visita, que fue hace seis años pero él no recuerda nada. El ultimo día de ese verano había desaparecido y luego de horas lo encontraron inconsciente al lado del lago, parecía que se había ahogado pero alguien lo había sacado de allí pero aun estaba grave ya que se había golpeado fuertemente en la cabeza provocando que olvidara todo lo que había sucedido en ese lapso de tiempo aunque a Arthur nunca le intereso nada acerca de ese verano porque le parecía irrelevante, el no tenía amigos y los más probable era que solo fueran recuerdos de haber leído libros y ayudado a su abuela.
Desde que nació siempre fue a la casa de su abuela para los veranos hasta los once años, al principio iba toda la familia completa pero luego sus padres se divorciaron así que solo iban él y sus hermanos quienes lo torturaban y la última vez fue solo, la única diferencia era que ahora la casa estaría vacía. Pero pensó que sería mejor, no es que despreciara a su difunta abuela pero al menos podría leer sin que nadie lo molestara en absoluto y tampoco le andarían diciendo que saliera a "socializar".
Físicamente no había cambiado mucho, solo estaba un poco más alto pero sus rubios cabellos seguían igual de desordenados y sus cejas estaban exactamente iguales. También seguía sin tener amigos, tuvo una novia hace un año pero solo duraron un par de meses y nunca le intereso demasiado eso del amor así que fue como si realmente nunca hubiera pasado. Quizás lo único que había cambiado era que su actitud era aun mas fría y parecía estar de malhumor siempre además de que comenzó a fumar pero solo lo hacía cuando algo malo pasaba, era su manera de relajarse y olvidarlo todo, también bebía de vez en cuando pero siempre tenía resacas horribles y no recordaba nada de lo que había pasado además de que solía despertarse en lugares no muy "bonitos" así que intentaba no beber.
Luego de un viaje de cuatro horas en coche logro llegar al pequeño pueblo donde estaba la casa de su abuela, no había muchos lugares a los que ir y tampoco tenía mucho turismo además de que gran parte de sus habitantes eran bastante ancianos. Milagrosamente logro hallar la casa de su abuela, estaba sorprendido ya que se la imaginaba en peor estado pero estaba exactamente como la recordaba cuando tenía nueve años, al menos eso quería decir que no le habían cambiado nada la última vez que había ido pero que no recordaba.
Cuando bajo del coche sintió un fuerte dolor de cabeza, sintió como si todo se moviera. Casi cae hacia atrás pero como el coche retuvo su caída, sacudió su cabeza y decidió ignorar todo eso dando por sentado que se todo ese repentino malestar se debía a que había estado manejando por tantas horas sin descanso.
Tomo la mochila donde tenía algo de ropa y libros de Harry Potter -porque el resto habían quedado de la última vez que visito ese lugar- y se fue hacia la puerta de la casa, sin mirar a su derecha ya que ahora solo le importaba encontrar las llaves en su bolsillo. Allí se encontraba otra casa donde una familia americana estaba tomando el almuerzo y uno de sus integrantes reía estruendosamente mientras gritaba algo relacionado con ser el "hero".
Desempacó con tranquilidad y luego de guardar todo en un armario se lanzo a su cama, era algo pequeña y pensó que sería mejor si se iba a la que una vez fue la habitación de su abuela pero estaba demasiado exhausto por lo que ese día dormiría allí, luego se mudaría a la otra habitación.
-¡Arthur! –Dijo una voz chillona e infantil-
-¿Qué quieres ahora? -Pregunto molesto un niño de ojos verde esmeralda que estaba concentrado en su lectura-
-¡Deja de leer y ven conmigo al bosque!
-No.
-¡Come on! Ya leíste ese libro miles de veces.
-¿Y? Sigue siendo más interesante.
-Pero si ya sabes cómo va a terminar no tiene sentido volver a leerlo.
-… -El ingles decidió ignorar eso ya que de cierta manera tenía razón-
-Bueno, entonces cuéntame a mí la historia.
-¿En serio? ¿Quieres que te lea un cuento? –Pregunto escéptico-
-Si, Artie. No me gusta leer… ¡Pero cuando me los cuentas tu es mucho más divertido!
-Ok, pero no me llames "Artie", soy Arthur.
-¡Gracias Artie! ¡Eres el mejor! –Exclamó el americano mientras se sentaba junto a él de ojos verdes que estaba sentado en su cama y lo abrazaba cariñosamente-
-Idiot…no tienes remedio.-Se sonrojo ligeramente y comenzó a leer en vos alta el libro; "Alicia en el país de las maravillas"-
Arthur se despertó agitado. Pensó que estando lejos de su hogar las pesadillas terminarían pero esa había sido la más real y vivida de todas las que había tenido en su vida. Se levanto de la cama algo adolorido, definitivamente tendría que mudarse a la otra habitación. Decidió darse una ducha fría para despejarse un poco y de paso limpiar todo el sudor, luego fue de nuevo a su antigua habitación y se cambio de ropa. Una camisa blanca y un fino sweater sin mangas de color verde opaco, a pesar de su actitud, Arthur vestía como alguien de mayor edad y a pesar de que debido a eso más de una vez le dijeron "anciano" no le importaba ni le interesaba la opinión de los demás acerca de su forma de vestir ya que según Arthur, el era todo un gentleman y no estaba del todo equivocado.
Bajó las escaleras y fue a la cocina donde preparo uno de sus exquisitos scones. Todo el mundo criticaba su comida, sobretodo sus scones que parecían cualquier cosa menos comida, sus hermanos solían usarlos de pisapapeles e incluso el pequeño Peter Kirkland solía tomar algunos para usarlos de arma contra los niños que lo molestaran en la escuela y una vez que los llevo a su escuela lo regañaron porque pensaron que era carbón. Pero para Arthur su comida era deliciosa y el resto no podía admitirlo porque estaban celosos o porque tenían mal sentido del gusto por haber comido comida chatarra como las hamburguesas que consideraba asquerosas y repugnantes.
Luego de desayunar algo llamo su atención, se acerco a la ventana más cercana y se quedo observando el bosque en el cual solía esconderse de sus hermanos, entonces un repentino dolor de cabeza lo invadió, obligándolo a sentarse en el piso. Podía escuchar una voz infantil llamarlo "Artie", tal y como en las pesadillas, tapo sus oídos con ambas manos pero seguía escuchando al niño. Se levanto como pudo y salió de la casa, no sabía que estaba haciendo, lo único que quería era que todo eso acabara de una vez por todas. Con cada paso que daba hacia el bosque el dolor disminuía, así que siguió caminando y caminando hasta que sin darse cuenta ya estaba en medio del bosque, entonces la voz del niño se detuvo pero ahora escucho otra voz, una que no era de un niño, sino de un chico, seguía siendo algo chillona pero no tanto .
-¿Arthur?
Se dio vuelta y se encontró con un chico más alto que el con cabello rubio pero más oscuro que el suyo y un extraño rulo que parecía desafiar la gravedad, también poseía unos hermosos ojos azules y usaba usando una remera blanca y unos jeans junto con zapatillas deportivas, pero esto no era lo que llamaba la atención de Arthur, sino que el chico lo estaba mirando atónito, como si dudara que el estuviera ahí…como si fuera un fantasma.
-¿Tengo monos en la cara? Espera… ¿Cómo sabes mi nombre?
El rubio lo miro algo confundido, como si esperara que Arthur dijera otra cosa así que se quedo en silencio por unos segundos, movió su cabeza de lado a lado como si intentara esfumar los pensamientos de mente y finalmente lo miro a los ojos para mostrarle una gran sonrisa.
-Lo sé, porque mis padres me contaron que el nieto cejon de la amable ancianita que solía vivir al lado de nuestra casa iba a venir pero la verdad es que no pensé que fueran tan grandes.
-¡¿A quién le dices cejon?
-Soy Alfred, tu vecino. –Se presento el americano, ignorando lo que había dicho anteriormente Arthur- ¿Quieres venir a cenar esta noche?
-¿Q-q-que? –Arthur sintió como la sangre subía a sus mejillas-
-Me refiero a ir a cenar a mi casa esta noche con mi familia, a mis padres les gustaría conocer al nieto de nuestra anterior vecina además de que sería bueno que tuviéramos una buena relación ya que somos vecinos.
-No lo se, acabo de conocerte y no sé si quiero que mi comida este en el mismo lugar que un mono sin cerebro, puede que en otra ocasión.
-¡Hey! ¡No soy ningún mono, soy un Hero!
Luego de escuchar esas palabras Arthur se sintió un poco mareado, sentía una extraña sensación que jamás había experimentado y por alguna razón sentía que ya había visto a el chico antes, aunque sabía que debía de haber miles de americanos rubios de ojos azules llamados Alfred en el mundo así que podría estar confundiéndolo pero no perdía nada en preguntar.
-¿Ya estuviste alguna vez aquí?
-Emm…no, esta es la primera vez que yo vengo aquí pero mis padres y mi hermano vienen desde hace tiempo. –Podía notar algo de nervios en la voz del americano pero decidió ignorarlo-
-Uh, bueno…creo que podría ir a cenar pero solo porque nunca vi a un mono en su hábitat natural y sería algo interesante.
-¡Muy bien! ¡Entonces te esperamos a las nueve! –Dijo luego de reír estruendosamente, Arthur podría jurar que si seguía riendo de esa forma le daría un dolor de cabeza aun más fuerte-
Arthur miro hacia los lados y se dio cuenta de que no sabía cómo volver, incluso si había ido a ese bosque miles de veces ahora sus recuerdos estaban algo borrosos por lo que tuvo que hacer algo que no quería, pero si no lo hacía entonces estaría perdido por horas y no llegaría a tiempo a la casa para poder ver el nuevo episodio de Doctor Who.
-¿Puedes decirme como regresar?
-¡Claro! Soy un hero y nosotros ayudamos a los débiles. –Dijo Alfred mientras comenzaba a caminar hacia la izquierda-
El ingles decidió ignorar lo de "débil" y siguió al americano aunque hubiera preferido que tan solo le dijera como regresar, pero en cambio tendría que soportar por un poco más de tiempo al americano con complejo de héroe.
-¿Es esta tu primera vez aquí? –Pregunto Alfred sin mirar a su acompañante aunque con una sonrisa en su rostro-
-No, la última vez que vine fue cuando tenía diez años pero…
-¿Pero...? –Para sorpresa de Arthur, su nuevo vecino había dejado de caminar y ahora lo estaba observando seriamente aunque se notaba algo de ansiedad en su tono de voz-
-Pero tuve un pequeño accidente que provoco que olvidara todo lo que había sucedido en ese verano, pero no creo que haya sucedido nada del otro mundo así que no me importa mucho.-No era de decirle cosas de su pasado a los demás pero Alfred se veía tan serio que no podía mentirle-
La expresión de Alfred cambio repentinamente, había algo de tristeza y sorpresa en su rostro pero Arthur no pudo notarlo porque se había dado vuelta rápidamente. El ingles no entendía a que se debía todo ese cambio de ánimo tan repentino, pensó que quizás el chico tenía algún trastorno pero en su opinión parecía bastante sano.
-Sigue caminando por aquí y en uno o dos minutos saldrás fuera del bosque, yo debo irme porque recordé que tengo que hacer algo importante. –Intento que su voz sonara lo más animada posible pero Arthur pudo notar que algo no andaba bien aunque antes de que pudiera preguntar el americano ya había salido corriendo en la dirección contraria, por un segundo pensó en ir con el pero luego se percato de que era un completo extraño y no tenía derecho alguno de meterse en la vida personal de Alfred-
No quiso darle más vueltas al asunto y se fue por donde le indico su vecino. Tal y como había dicho solo tardo dos minutos en salir de allí, luego camino por otros cinco hasta llegar a su casa donde se sentó en el sofá para luego girar mirar hacia donde estaba el reloj, tan solo había estado una hora fuera pero le había parecido una eternidad. Aun confundido por la extraña actitud de Alfred, prendió la televisión y se quedo viendo el maratón de Doctor Who hasta que cayó la noche y comenzó a preguntarse si al final debería ir a la cena o no.
Bueno, se que dije que quería dos reviews como mínimo y solo tuve una pero es que me agarro la inspiración y tenia tanta ansiedad que no pude resistirme a subir el segundo igual, si me dejan reviews entonces me animaran a escribir mas rápido, sino tardare bastante...
Este capitulo fui inspirado gracias a la canción: Echo - Jason Walker aunque puede que no tenga mucho que ver con este capitulo pero tiene que ver bastante con los sentimientos de Alfred.
EDIT: Tenia otro review que no vi por lo que retiro lo dicho.
EDIT 2: Tuve bastantes problemas para subir esta capitulo asi que perdonen si les cause alguna confusión _
