¡Hola a todos! Bueno, aquí tenéis una historia que me lleva rondando por la cabeza unos días. Tenía muchas ganas de escribir una historia que envolviese a Jin y Xiaoyu. ¡Ah, una cosa mas! En esta historia, Xiaoyu y Miharu son hermanas.


Capítulo 1: Nuevos En El Vecindario (Xiaoyu)

El Trayecto de catorce horas desde Osaka hasta Tokio había sido un auténtico horror. El viaje por carretera estuvo impregnado desde el primer momento de un sentimiento de culpabilidad, y la tortura no cesó a lo largo de los mil quinientos kilómetros. La única vía de escape para Xiaoyu Ling era fingir que dormía.

-Bienvenidos a Aburrilandia-dijo su hermana mayor-. O mejor, Bostezolandia. ¿Qué tal, Espantolandia? Quizá...

-¡Basta ya, Miharu!-zanjó su padre desde el asiento del conductor.

Pero las protestas de su hija mayor aumentaron cuando comenzó a llover.

-¡Ahhhgg! ¡Agosto en lluvialandia!-Miharu olisqueó el aire-. Fabuloso, ¿Verdad?

A continuación, puso los ojos en blanco. Xiaoyu no necesitaba mirar para saberlo.

-¡Uggh!-Miharu, indignada, dio un puntapié en la parte posterior del asiento de su madre. Luego, se sonó la nariz y frotó el hombro de su hermana con el pañuelo de papel húmedo. Xiaoyu notó que el corazón se le aceleraba, pero consiguió mantener la calma. Era más sencillo que contraatacar-. No lo entiendo-continuó Miharu-. Xiao ha sobrevivido quince años respirando aire contaminado. Otro año más no va a matarla. ¿Y si se pusiera una mascarilla? La gente podría firmar en ella, como se firma en las escayolas. Igual serviría de inspiración para una nueva línea de accesorios para asmáticos. Por ejemplo, inhaladores engarzados en collares o...

-Ya está bien, Miharu-Keiko soltó un suspiro, exhausta debido a la discusión que se prolongaba desde un mes atrás.

-En septiembre del curso que viene estaré en la universidad-presionó Miharu, poco acostumbrada a salir perdiendo en una disputa. Era castaña y de proporciones perfectas; las chicas como ella siempre se salían con la suya-. ¿Es que no podíais esperar un año más para mudaros?

-Este traslado beneficiará a toda la familia. No es solo cuestión del asma de tu hermana. La Escuela Politécnica Mishima es el mejor instituto de Tokio. Además, se trata de entrar en contacto con la naturaleza y alejarse de toda la superficialidad de Osaka.

Xiaoyu sonrió para sí. Su padre, Hiroshi, era un famoso cirujano plástico, y su madre había ejercido como asesora de imagen de actores de Japón. La superficialidad dominaba la vida de ambos. Ambos eran sus zombis. Así, Xiaoyu agradecía los esfuerzos de su madre por evitar que Miharu la culpara de la mudanza. Aunque Xiaoyu consideraba que, de alguna manera, era en efecto culpa suya.

En una familia de seres humanos genéticamente perfectos, Xiaoyu Ling suponía una incoherencia. Una anormalidad.

Hiroshi había sido agraciado con una belleza sublime. El destello de sus ojos negros recordaba a un rayo de sol en la superficie de un lago. Su sonrisa tenía la calidez del cachemir, y su bronceado permanente no había afectado en lo más mínimo a su piel, de cuarenta y seis años de edad.

Keiko tenía cuarenta y dos años y, gracias a su marido, su cutis libre de imperfecciones había sido sometido a estiramientos mucho antes de que hubiera necesidad. Con cabello castaño y ondulado a la altura de los hombros, sus ojos caramelo y sus labios, tan carnosos por naturaleza que no necesitaban colágeno, Keiko podría haber ejercido como modelo de no haber sido tan baja. Todo el mundo lo decía.

La afortunada Miharu era una combinación de sus padres. Aunque la constitución menuda que había heredado de su madre perjudicaba un posible futuro como modelo, hacía maravillas con respecto a su armario, a rebosar de ropa descartada que iba de Gap a Gucci.

Tenía los ojos caramelo de Keiko y el risueño centelleo de Hiroshi; el bronceado de Hiroshi y el cutis libre de imperfecciones de Keiko. Sus elevados pómulos se asemejaban a barandillas de mármol. Y su corta melena, que asumía por igual una textura lisa que ondulada, tenía el color del chocolate con leche. Las amigas de Miharu sacaban fotos de su mandíbula cuadrada o su nariz recta y se las entregaban a Hiroshi con la esperanza de que sus manos pudieran obrar los mismos milagros que una vez había obrado su ADN. Y acababan consiguiéndolo.

Incluso en el caso de Xiaoyu.

Xiaoyu otorgaba poco valor a la apariencia física. ¿Qué sentido tenía? Su barbilla era pequeña; sus dientes, como colmillos, y su cabello tenía un apagado tono negro. Sin mechas. Sin reflejos. Negro apagado, sin más. Sus ojos tenían el color gris acero y la forma rasgada de un gato escéptico. Y no es que alguien se hubiera fijado alguna vez en sus ojos, pues su nariz era el centro de atención, pues recordaba a un camello boca abajo. Aunque poco importaba, pues su habilidad para cantar era su mejor virtud. Los profesores de música alababan con entusiasmo el perfecto timbre de su voz. Por desgracia, cuando cumplió ocho años, el asma había cobrado protagonismo y le había arrebatado el espectáculo. Una vez que Xiaoyu hubo empezado la primaria, Hiroshi se ofreció a operarla. Pero Xiaoyu se negó. Una nariz nueva no le iba a curar el asma, así que ¿Por qué preocuparse? No tenía más que aguantar hasta el instituto y las cosas cambiarían. Las chicas serían menos superficiales y los chicos, más maduros.

¡Ja!

Cuando empezó el instituto en Osaka, las cosas fueron a peor. Las chicas la llamaban Tucán por el tamaño de su nariz ; los chicos, de ninguna manera. Ni la miraban.

Hiroshi no pudo soportar que su hija siguiese sufriendo. Esas mismas navidades comunicó a Xiaoyu que Santa Claus había descubierto una nueva técnica de rinoplastia que prometía abrir las vías respiratorias y aliviar el asma. Tal vez pudiese volver a cantar.

-¡Que maravilla!-señaló Keiko.

-No más Rudolph, el reno narizotas-bromeó Miharu.

-Se trata de su salud, Miharu, y no de su aspecto físico-amonestó Hiroshi.

-¡Guau! Alucinante-Xiaoyu, agradecida, abrazó a su padre.

Durante las vacaciones de navidad, Xiaoyu se sometió a la cirugía. Al despertar se encontró con que tenía una nariz fina y respingona, así como fundas dentales en lugar de dientes con forma de colmillo. Lamentablemente, seguía sin poder cantar.

Cuando regresó al instituto las chicas se mostraron cordiales, los chicos se quedaron boquiabiertos. Descubrió un nivel de aceptación social con el que nunca habría soñado.

Pero ningún aspecto de aquel recién estrenado encanto consiguió hacerla más feliz.

Durante la barbacoa que los Ling organizaban con motivo del cuatro de julio, en la que solía cantar el himno nacional, Xiaoyu sufrió un grave ataque de asma que la mandó directa al hospital. En la sala de espera, Keiko pasaba nerviosamente las páginas de una revista de viajes y se detuvo ante una exuberante foto de Tokio. Cuando Xiaoyu fue dada de alta, sus padres le comunicaron que se mudaban. Por primera vez, una sonrisa cruzó su rostro perfectamente simétrico.

-¡Hola, Maravillolandia!-murmuró para sí mientras el coche avanzaba a toda velocidad.

Entonces, Xiaoyu se quedó dormida.

Y esta vez, de verdad.


¡Aquí el capítulo uno! Jajaja espero que os esté gustando, le estoy poniendo mucho empeño. ¡No os olvidéis de dejar un review! Os lo agradecería mucho. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!