Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction
( Nada de Naruto y sus personajes me pertenece, míos son sólo esta historia… y Shikamaru.)


Bajo la misma luna

2. Sospechas infundadas


Esperaba tener algún tipo de respuesta a su reproche además de aquella sonrisa fácil; sin embargo, todo se tradujo en un largo período de espera tan largo que Yūgao realmente empezó a pensar que su compañero de equipo no le había escuchado y sólo le sonreía por reflejo.

—¿Shisui-kun?

El niño frente a ella parpadeó varias veces.

—Perdón por llegar tarde, Yūgao-chan, tuve que hacer unos encargos y demoró más de lo que pensé —explicó recuperando la sonrisa mientras se rascaba la nuca con algo de incomodidad.

Incluso cuando Yūgao hubiese querido mantenerse enojada con él por el abandono, nunca podría hacerlo. Sabía de los problemas de salud que aquejaban al padre de Shisui y que su madre dependía mucho del muchacho para ayudarle con las obligaciones de su casa mientras se encontraban libres.

Tampoco era como si hubieran tenido grandes misiones últimamente. Después de la guerra y del ataque del Kyūbi, Konoha parecía estar más ocupada en su recuperación que en entablar nuevas incursiones militares, así que las misiones de los genin se habían enfocado mayormente en apoyar la reconstrucción y mantenimiento de la aldea y sus alrededores. Un año después y aún había zonas en las que el corolario de la destrucción del ataque del zorro era claramente visible, como una herida que se negaba a cicatrizar del todo debido a su profundidad.

—Estuviste practicando ese nuevo jutsu del que me contaste, eh.

Esta vez fue su turno de parpadear para así volver al presente y asintió.

Shisui se había levantado de la silla junto a su cama y ahora tenía su katana en la mano, balanceándola para calibrar el peso del mango y dando unos cuantos cortes al aire para probarla. A los ojos de Yūgao había demasiada tensión en su brazo, el codo estaba desalineado con el punto de equilibrio de su cuerpo y su muñeca carecía de la soltura necesaria para obtener el balance adecuado, lo que se traducía en que el movimiento de la hoja se viera desigual. Sin embargo, a pesar de todas sus imperfecciones, debía admitir que el manejo de la katana de Shisui no era para nada despreciable considerando que no era su arma de combate principal.

—Mi padre dice que debo dejar atrás el tantō y comenzar a entrenar con una espada para perfeccionar mis técnicas si es que quiero entrar en ANBU —respondió haciendo un mohín inconforme.

Si bien su estatura y complexión eran más que adecuadas para una kunoichi de diez años, el largo de la katana le estaba representando un problema que no esperaba, pues la fuerza de su brazo y el flujo de su chakra no eran los suficientes para empuñar la espada y realizar secuencias de movimiento complejas. Básicamente, aún no estaba acostumbrada al peso de la hoja.

Shisui volvió a enfundar la katana en su saya y asintió, aunque Yūgao sabía que ese gesto a menudo no tenía nada que ver con la conversación que estuvieran teniendo en el momento sino con lo que sea que pasaba por la mente de su compañero de equipo. Lo triste de eso era que, no siempre había sido así.

—La médico dijo que tus heridas no son graves y que tus manos sanarán en un par de días, así que por ahora deberás descansar —retomó él pareciendo completamente ajeno a la preocupación que sembraba en ella cada vez que se perdía en sus pensamientos de esa manera.

—¿Un par de…? —Ni siquiera pudo terminar de repetir aquello.

Ciertamente la idea no le cayó muy en gracia porque eso significaría "un par de días" perdidos. ¿Qué pasaría si les asignaban una misión? ¿Y si Inoichi-sensei los hacía retomar el entrenamiento especial que había diseñado para ambos?

Notó que Shisui estaba a punto de decir algo más, pero no llegó a concretarlo porque en ese momento una ninja médico apareció por la puerta corrediza y de inmediato el rostro de aquella mujer se iluminó con una pequeña sonrisa al notar que ella ya estaba despierta.

Minutos más tarde, tras una nueva revisión para asegurarse de que Yūgao se encontraba más alerta y consciente, y después de repetirle lo que Shisui le había comunicado justo antes de su llegada, la médico optó por darle el alta. No tenía caso dejarla más tiempo ocupando una cama de hospital por un simple agotamiento físico y heridas superficiales. Viendo los vendajes que cubrían sus manos hasta las muñecas, Yūgao pensó que tal vez debería empezar a usar guantes durante sus entrenamientos, en especial, porque muchas de sus técnicas iban a requerir el flujo de chakra infundiendo la hoja de su katana.

—Puedo volver por mi cuenta —musitó por tercera vez mientras caminaba a través de la solitaria calle junto a Shisui.

Ya de por sí era bastante vergonzoso haberse desmayado debido al entrenamiento excesivo como para que además tuviera que añadir el ser escoltada por su compañero de equipo para asegurarse de que llegaría sana y salva a su hogar. Ella podía cuidarse muy bien a sí misma, y no quería ser una molestia.

—Y yo ya te dije que quiero acompañarte —replicó el muchacho, apoyando los dedos entrelazados sobre su nuca en un gesto despreocupado—. En serio, ¿qué tienes contra mí dando una caminata tranquila por la aldea, eh?

—¿Que vivimos en extremos opuestos tal vez?

—Buen punto. Eso lo hace la caminata más provechosa.

Yūgao entornó la mirada y no pudo contener una pequeña sonrisa dibujándose en sus labios.

Como era costumbre entre ellos, la mayor parte del camino a su casa fluyó en medio del silencio, y a ninguno de los dos pareció molestarle. Hasta que Shisui se disculpó una vez más por haberla dejado plantada para su entrenamiento juntos y después le explicó cómo se había enterado que ella había terminado en el hospital. Según su compañero, la médico le había dicho que un shinobi la había encontrado, pero que no se había identificado ni había dejado más información.

Yūgao hizo un nuevo esfuerzo por recordar algo antes de su desmayo, pero no había más que neblina en sus recuerdos inmediatos. Bueno, recordaba la figura de un pequeño perro parlanchín, pero considerando que ya se había encontrado al límite de sus reservas de chakra en aquel momento, comenzaba a dudar que aquello hubiese ocurrido en realidad, así que no lo mencionó.

Soltó un suspiro. Era una pena no saber quien había acudido en su ayuda en el bosque porque le hubiera gustado darle las gracias.

—Estoy en casa —anunció desde la puerta con un suspiro aliviado.

De inmediato se sacó las sandalias y avanzó por el vestíbulo, algo extrañada de no obtener una respuesta inmediata por parte de alguno de sus padres, en especial, considerando que era casi medianoche y había salido de casa a primera hora de la mañana.

Intercambió una mirada ceñuda con Shisui y ambos caminaron a través del pasillo, pasando de lado la estancia principal y el comedor, directamente hacia la cocina. Conforme se acercaban, la profunda voz de su padre se hizo cada vez más reconocible, aunque por su tono estaba claro que no se encontraba del mejor humor posible. Oh, cielos… si estaba enfadado con ella, Yūgao estaba a punto de recibir un regaño del tamaño del País del Fuego, y la perspectiva de ello casi hacía más apetecible el pasar un par de noches en el hospital.

—… Se manejan como si la aldea no los mereciera y abusando de su autoridad cuando todos sabemos que si esto pasó fue por culpa de ellos, ¡esos condenados Uchiha!

—¡Padre! —Exclamó escandalizada desde la entrada de la cocina, atrayendo hacia sí las miradas de su padre y de otro shinobi al que no reconoció, compañero de su progenitor indudablemente.

Miró de soslayo a Shisui pero cuando volvió a su padre, sólo sintió una clara frialdad que encontró su destinatario en el chico a su lado.

El silencio era tan tenso que casi podía cortarse con el filo de un kunai y nadie parecía dispuesto a intentar romperlo.

En ese momento, ella estuvo tentada a hacer algo que normalmente no hacía, al menos no contra su progenitor, y eso era repelar. ¿Cómo se atrevía a decir algo como eso y no disculparse después?

Con los puños apretados, abrió la boca dispuesta a decir exactamente lo que pensaba.

—Lamento las molestias, Uzuki-san —se le adelantó Shisui, su rostro siendo una máscara de cortesía pretendida—. No era mi intención que Yūgao-chan regresara tan tarde a casa. No volverá a pasar.

Lo vio hacer una reverencia solemne y entonces girar sobre sus talones encaminándose hacia la salida.

—Espero que hayas llegado tarde por estar entrenando, Yūgao.

La niña miró a su padre, quien seguía manteniendo el aire indolente en su expresión, y entonces echó a correr detrás de Shisui. Los vendajes en sus manos le complicaron volver a ponerse las sandalias y perdió valiosos segundos antes de que pudiera salir a la calle. Miró hacia ambos lados, pero no había más que la tranquilidad nocturna rodeando su residencia. Afortunadamente, no era como si tuviera que preguntarse en qué dirección había ido su compañero de equipo. Llevaba más de dos años entrenando con él, conocía a la perfección su chakra, así que sólo tuvo que concentrarse un instante para saber qué camino tomar.

En cualquier otro momento, estaba segura de que aquella carrera no le habría costado ningún esfuerzo, pero no pasó mucho tiempo antes de que cada zancada comenzara a costarle un mayor esfuerzo que el anterior. Sentía que las piernas le pesaban como si hubiera pesados bloques de concreto cubriendo sus pies y el aire no entraba con facilidad hasta sus pulmones.

—¡Shisui-kun, espera! —Gritó cuando divisó su espalda desplazándose por los tejados.

Él se detuvo y ella lo agradeció en silencio porque así pudo usar algunos segundos para recuperar el aliento. Tomó un par de profundas respiraciones e ignoró la nube blanca en que se transformó su aliento debido al frío que se sentía aquella noche.

—Mi padre no… no lo…

Detuvo sus pasos antes de poder estar realmente cerca y no logró terminar la frase porque muy en el fondo sabía la verdad: por supuesto que su padre había querido decir cada palabra, sin importarle que uno de "esos condenados Uchiha" estuviera oyéndole. El condenado Uchiha que era su compañero de equipo y el que había salvado la vida de su única hija en más de una ocasión.

—Lo siento mucho —musitó agachando la mirada, sintiendo una profunda ola de vergüenza que no había experimentado nunca antes.

Demasiadas veces Yūgao había acompañado a su madre a hacer las compras en el mercado como para no saber los rumores que habían empezado a circular entre los habitantes de la aldea. Rumores que sugerían que el clan Uchiha había estado involucrado de alguna manera en el ataque del Kyūbi y que era realmente sospechoso que ninguno de ellos hubiera participado activamente en la defensa de la aldea aquella noche. Pero eran eso: rumores.

Ella había visitado el distrito Uchiha en muchas ocasiones, conocía a varios de sus miembros, y la gran mayoría habían sido amables con ella. Los padres de Shisui le habían abierto las puertas de su casa y la habían tratado con mucho aprecio sabiendo que era la compañera de equipo de su hijo. Claro que algunos de ellos eran intimidantes, como por ejemplo su líder, con quien Yūgao había chocado por accidente al ir distraída comiendo amanattō hacía unos días. El hombre le había parecido una enorme estatua, casi majestuosa, pero lejos de molestarse con ella por su torpeza, le había ayudado a levantarse y se había asegurado de que estaba bien antes de seguir su camino.

Y Yūgao se negaba a creer que alguien perteneciente a la aldea se hubiera atrevido a hacer algo tan terrible en contra del lugar donde vivía y que había jurado solemnemente proteger.

El problema era que, desde que se había graduado de la Academia, había empezado a darse cuenta de que las cosas no eran tan sencillas como parecían a simple vista. Nada se parecía a los ejemplos que habían estudiado ni a las situaciones hipotéticas bajo las que sus profesores los habían probado. Sólo hacía falta recordar cómo había sido su primer año como genin, lo que había visto, las cosas que había tenido que hacer, todo lo que había perdido. La guerra no había hecho más que mostrarle los matices de cosas que ella aún no lograba entender del todo y que en su ingenuidad había supuesto que se trataban de situaciones confinadas a un conflicto bélico.

Ahora Yūgao se preguntaba si la guerra en realidad no se llevaba dentro de cada uno, siempre presente a su alrededor de una forma u otra y no sólo en un campo de batalla.

—No tienes que disculparte, Yūgao-chan.

—Pero…

—No importa —desestimó él—. Anda, vuelve a casa, no quiero que tengas más problemas con tu padre por mi culpa.

Quizás era lo que debería hacer, su padre era un hombre muy estricto después de todo, pero dejar la situación así… sencillamente no se sentía correcto.

—Sí importa —declaró ella con firmeza, alzando el rostro—. Importa porque eres mi amigo y porque no quiero que sientas que no eres bienvenido en mi casa. Lo que mi padre diga no cambia nada de eso. Eres mi amigo, probablemente el único que tengo, así que… así que sí importa.

Su repentina resolución pareció tomarlo por sorpresa, aunque Yūgao había sido absolutamente sincera. No habían hablado mucho a lo largo de su estancia en el equipo 3, tampoco habían pasado demasiado tiempo juntos fuera de las misiones, pero desde que lo había conocido, Yūgao siempre había sentido el apoyo de Shisui, incluso cuando sus personalidades parecían algo diferentes. Él siendo más animado y ella más bien reservada, incluso reflejándose en sus respectivas técnicas; el kenjutsu de ella y el genjutsu de él. Cuerpo y mente.

De nuevo hubo un silencio extendiéndose entre ambos y Yūgao empezó a preguntarse si el temblor que la recorría era producto del clima o de la emoción que la recorría en aquel momento.

—Ya sé por qué le gustabas tanto a Raki —dijo Shisui, esta vez sonriendo con sinceridad.

Siempre había algo en esa sonrisa que provocaba que el corazón se le estrujara dentro del pecho. No, no era en la sonrisa, era en el hecho de que ese gesto no llenaba sus ojos. No lo había hecho en mucho tiempo. Había una profunda tristeza y dolor reflejados en ellos, una vulnerabilidad que parecía que no muchos eran capaces de notar, pero que ella sí lo hacía.

Raki-kun…

El nombre no había surgido entre ellos desde hacía mucho tiempo, aunque de inmediato trajo a su mente el recuerdo de unos vibrantes ojos color ámbar.

Era increíble que un año se sintiera como una eternidad. Y aún así, había noches en las que Yūgao soñaba con aquel día al final de la guerra, con el suelo cediendo bajo sus pies mientras corría tan rápido como podía aprovechando la distracción del enemigo. Su brazo estirándose para tomar la mano de Shisui. ¿Dónde estaba Raki? Había asumido que estaría detrás de ellos igual que siempre, porque Raki había adquirido el mal hábito de ser el último en retirarse para cuidar la retaguardia. Siendo el estudiante más prometedor de entre los tres, él lo había considerado su obligación. Yūgao había esperado sostener las manos de ambos, había sentido sus chakras a la misma distancia, pero cuando la nube de polvo se disipó y todo quedó en silencio a su alrededor, la mano de Shisui era la única que sostenía y el resto de aquella brecha se había desvanecido, dando origen a un enorme acantilado.

Todavía no podía entender cómo una misión de reconocimiento habían acabado así; pero era un hecho irrefutable que Yūgao no había sentido el verdadero peso de participar en una guerra sino hasta aquel momento.

Sabía que Shisui se culpaba a sí mismo por la muerte de su compañero de equipo al grado de afirmar que él lo había asesinado, pero de ser así, ella sabía que también tenía parte en ese crimen.

Si no hubiera fallado, si sus habilidades como sensor hubieran sido lo bastante buenas, entonces ella e Inoichi-sensei no se habrían desviado del camino y habrían podido llegar a Shisui y Raki antes. Y entonces la emboscada de los enemigos no habría funcionado, ese shinobi no habría tenido tiempo de usar su jutsu y los cuatro habrían regresado a Konoha juntos. Vivos.

Pero no estaba segura de cómo quitar esa carga de los hombros de su compañero. Al graduarse a los ocho años de la Academia había creído que tenía lo necesario para afrontar la guerra y todo lo que conllevaba la vida shinobi, pero después de la pérdida de Raki… Yūgao debía admitir que no sabía nada de nada.

—Lo que pasó ese día…

—Te veré luego —le interrumpió Shisui haciendo que el labio inferior le temblara a causa de la oportunidad de expresarse negada. Se miraron a la distancia durante un segundo completo y entonces lo vio darle la espalda con la intención de seguir su camino—. Y… gracias, Yūgao-chan.

Ella no sabía por qué le estaba dando las gracias cuando debería ser al revés. Tampoco sabía qué más decir.

—Shisui-kun —lo llamó una vez más—. ¿Qué era eso importante que querías decirme? —Preguntó tras recordar su expresión en el hospital antes de que la médico les interrumpiera.

Él frunció el ceño, no sabiendo a lo que ella se refería hasta que lo captó un segundo después.

—Oh. Inoichi-sensei me dijo que estamos autorizados para hacer el examen chūnin el próximo año. Así que tenemos que empezar a prepararnos.

«Continuará…»


¡Hola!

Pues he aquí un nuevo capítulo de este proyecto, que técnicamente, es la continuación del capítulo anterior pero que decidí de último minuto dividirlo para que no quedara muy largo.

Uhm… Sé que inicié bastantes años atrás en el tiempo, pero lo considero necesario para llenar algunos de los huecos que dejaron en el aire sobre la relación de capitán-subordinada que el canon da a entender que existe entre Kakashi y Yūgao, además de mostrar un poco más de la vida previa de ella en su carrera shinobi; pero a partir del próximo entraré en la época que compartieron estos dos en ANBU.

Por ahora me despido, no sin antes agradecerle a GreenIllusions por su review al primer capítulo y a las personitas que agregaron este proyecto a sus alertas.

NOTA DE AUTORA DEL 11/01/2019: He decidido reeditar la trama de esta historia por lo que los capítulos siguientes fueron eliminados y serán reescritos en breve!

¡Muchas gracias por leer y hasta la próxima!