Ayúdame

Applejack y Sunset se sonreían y tiraban risas caminando de la parada del autobús hacia la granja, recordando la cara del tipo cuando era escarmentado por ella. La vaquera no lo había tocado ni un pelo, sólo lo envolvió con su cuerda y la presionó alrededor de su cuerpo para hacer un nudo. Sacó una manzana del ancho bolsillo de su abrigo y la enterró en su boca para acto seguido lanzarla por la puerta del transporte, pero hacia una montaña de nieve, por lo que no salió gravemente herido, sólo asustado y claro, atado hasta que alguien del bus se digne en bajar a desatarlo.

-Así lo hacemos de dónde venimos- decía la vaquera con amplia sonrisa.

-Mi heroína- se reía ella, enroscando un brazo en el suyo. -. ¿Y qué hacías con una manzana en el bolsillo de tu abrigo?

-¡Hey! Nunca salgo de casa sin una.

-¿Por eso siempre hueles a manzanas?- preguntó para enterrar la cara sobre su brazo, olfateando aquel olor.

-Ahm…- dudó en responder -. Tal vez. No lo sé.

-¿Cuál es el misterio?- le preguntó levantando la cara.

-No es un misterio.

-Claro que sí. Nunca lo respondes con seriedad. Ni hiciste la excepción con Rarity.

Applejack entrecerró los ojos al percibir el tono amargo de su voz.

-¿O sí se lo dijiste?- continuó preguntando Sunset, sintiendo que el frío se metía dentro de sus huesos. ¿Acaso la temperatura seguía bajando?

-Nop- contestó encogiéndose de hombros con un suspiro -. No se lo dije…

Sunset levantó los ojos hacia ella, viendo los suyos con la mirada enfrente, pero parecían más estar en otro lado. Ella la dejó y miró al camino hacia la granja con sus alrededores. Eran las únicas caminando a un lado de la carretera y la tarde era muy silenciosa, escuchándose simplemente la brisa fuerte del clima y el sonido de sus pies aplastando y arrastrando la nieve. Sunset empezaba a arderle la nariz del frío como sentir sus labios secos. Parpadeó, realmente incómoda de tener a Applejack perdida en su cabeza tras mencionar a Rarity. Algo pesado se llenó en su pecho, algo amargo. Quería simplemente mirarle los ojos y leer con facilidad. Pero no se le hizo así. Siempre le fue difícil y bien pudiera preguntarle, arrinconarla de preguntas que por su honestidad, acabaría por contarle. Pero ella quería que fuera la vaquera que la buscara y le contara todo lo que tanto le hacía perder la vista en algún pensamiento o recuerdo. Sunset tiró un profundo suspiro. Ahora ella se perdía en uno.

*Flashback*

"-¿Fue algo que dije?

-¿Ah?- dudó Sunset sin mostrar emoción, sentada en el piso de un pasillo de la escuela quitándose un auricular, con la mirada hacia arriba viendo a Applejack.

-No te hagas la desentendida. Estás diferente conmigo desde el sábado- reclamó con una mano en la cintura y con gesto de reproche en su rostro.

-No sé de qué hablas- se limitó en decir negando con la cabeza y acomodarse de nuevo el auricular.

-Vamos, Sunset- motivó acuclillándose a su lado con una amable sonrisa y estiraba los brazos para quitarle los audífonos -. Escúchame- decía mientras se movía pero Sunset le frunció el ceño.

-¡Estoy bien, campesina, déjame en paz!- bramó y la empujó, haciéndola caer de espaldas pero apenas lo hizo, jadeó de sorpresa por su actuación y la furia que le envolvió por completo.

-¡Rayos! ¿Qué ocurre entre ustedes?- preguntó Vinyl que caminaba por el pasillo mirando desaprobatoriamente a Sunset mientras se inclinaba a ayudar a Applejack.

Pero Sunset no contestó, sintiendo cómo era juzgada con la mirada de los demás compañeros, impresionados y negando con la cabeza su actitud, no sólo la de hoy, sino la de toda la semana.

Se había vuelto huraña, defensiva, contestaba mal y parecía encerrada en una burbuja en el que nadie podría entrar.

-¿Acaso volverá a ser la abusiva de antes?- dijo alguien.

-Ah, no. Esta vez no me dejaré de sus abusos- se decidió otro.

-Sabía que no había que bajar la guardia- reclamó una chica.

-Debimos apoyar esa recolección de firmas que había para que sea expulsada- recalcó alguien más en voz alta y su grupo murmuraban comentarios dándole la razón.

-Ella sólo es un problema.

-¡BASTA!

Los cuchicheos pararon de pronto ante la intervención de Applejack, que se ponía en pie con ayuda de la Dj pero estaba ceñuda y con los dientes apretados se giró para ver a sus compañeros.

-¡Cualquiera tiene un mal día, una mala semana, y no por eso hay que darle la espalda!¡Soy su amiga y no lo haré, así que si siguen cuchicheando de ella, no me pesa nada responder en su defensa!

El resto miró por un momento entre Applejack y Shimmer, para seguir con su camino y recoger cosas de sus casilleros, de a poco, retomando otros temas.

-Gracias- le dijo la vaquera a Vinyl por ayudarla a levantar y al darse vuelta para ver a su amiga, Sunset no estaba completamente segura qué cara habría puesto, pero sea cual sea, hizo conmover profundamente a la vaquera, que elevó una tierna sonrisa y sus ojos se suavizaron.

-Applejack…- jadeó ella, sintiendo como empezaba a escurrirse las lágrimas y se levantó de golpe para abalanzarse a ella y abrazarla. -. Soy una tonta.

-Shh.

-Yo…lo lamento tanto, lo sien…

-Lo sé, Dulzura- la calmó levantando una mano para acariciar su cabello rojo.

Sunset se detestó tanto por actuar tan cruel con ella toda esa semana. Pero nunca se había sentido tan hueca en toda su vida y era gracias a Applejack. Le había arrancado el corazón con sus propias manos y devorado frente a ella mientras Sunset se tiraba al suelo, desangrándose, mirando cómo aquella chica le había robado el corazón, sólo para lastimarlo y entregar el suyo a otra.

Sí, Rarity le correspondió.

E irónicamente Sunset fue la culpable de eso".

-Por mil henos, ¡Este frío está loco!

Sunset aterrizó a la realidad de golpe con todo el buen humor esparciendo en su cuerpo y una sonrisa ancha se dibujaba. Había recuperado a su vaquera al presente.

-Creí que sólo era yo- sinceró Sunset con el castañeo de sus dientes pero entonces se dio cuenta a lo que se refería, ya que la suave brisa se volvía en ventisca y cada vez la nieve caía más rápido, dificultando el caminar.

-¡Estoy segura que se aproxima una tormenta!- pensó en voz alta con cierta preocupación, curvando las cejas. -. Applebloom está en casa de Sweetie Belle con Scootaloo, y Bicmac iba a salir con la camioneta. No pueden salir con este clima así. Les cogerá la tormenta. La calle se pondrá resbalosa, caerá nieve sobre el parabrisas y en el descuido…

-Ya, mamá- se burló amistosamente Sunset rodando los ojos, interrumpiéndola.

-Esto es serio- continuó con ese tono de preocupación y sin decir más empezó a correr.

-¡Hey!

-¡Voy a telefonear en casa de Sweetie para que mi hermanita no salga de allí!- avisó en un grito mientras corría.

-¡¿Sabes que estás siendo paranoica?!-le gritó pero entonces empezó a temblar entera del penetrante frío y se le hacía difícil mantener abierto los ojos por la ventisca -. No. No estás siendo paranoica- se replicó ella misma tratando de caminar entre la montaña de nieve y los copos que caían sobre ella con violencia.

Para cuando llegó a la casa, tiró un gruñido sacudiéndose entera del frío. Sus dientes castañeaban más fuertes y sentía que le ardía respirar por el aire frío que inhalaba. La casa estaba igual de helada y de eso escuchaba Applejack quejarse más adentro. Sunset apenas podía entender lo que decía mientras cerraba la puerta y se adentraba, para encontrar a la vaquera agachada frente a la chimenea, tirando madera mientras las llamas subían.

-¿Y Bicmac?- preguntó Sunset, abrazándose a sí misma para darse calor.

-No está y me dejó una nota- contestó poniéndose en pie para mirarla -. ¿Recuerdas que te conversé que Applebloom y sus amigas se les ocurrió ser estrellas youtubers?

-Jajajaja. Sí, sí- respondió mientras se acercaba a la chimenea.

-Pues bien. Llamé en casa de Sweetie Belle y resulta que Bicmac ya está allí con la abuela Smith pues a la ocurrida de mi hermana y su grupo tuvieron la grandiosa idea de ser ahora youtuber de manualidades e hicieron que mi hermano llevara a la abuela Smith para que les enseñe a tejer.

-Y conociendo lo insistentes que pueden ser, cedió a la presión- comentó colocándose frente a la chimenea, junto a Applejack.

-Sí. Ahora tendrán que quedarse allí hasta que la tormenta termine- suspiró y una ventana se abrió de golpe por la fuerza de la ventisca, haciendo que se entre más frío y nieve.

-Y recién empieza- exclamó Sunset levantando ambas cejas viendo a Applejack dirigirse enseguida hacia la ventana para cerrarla.

-Pero bueno- suspiró la vaquera de vuelta hacia ella -. Yo prometeré lo que dije- avisó sonriéndole -. Voy hacerte entrar en calor -y puso las manos sobre sus hombros, empujándola con suavidad hacia abajo, para sentarla sobre la alfombra.

Qué significado distintos tendrían en mente, que la vaquera al decirlo tenía una sonrisa de inocencia y Sunset, en cambio, congeló la sonrisa que tenía y la miró enseguida a los ojos con cierto ardor sobre su estómago. La luz que emanaba el fuego de la chimenea resplandecía el lado derecho de Applejack, dándole cierta belleza difícil de expresar. Sunset parpadeó lentamente borrando de a poco la sonrisa, sin dejar de contemplar la agradable expresión de sus ojos verdes y el cómo sus mejillas se estiraban hacia arriba por la sonrisa que le regalaba. Tal vez una inofensiva sonrisa, pensaba ella, pero tan sólo esa la cautivaba tanto. Se quedó con esa sensación envolviéndola entera mientras Applejack parecía contenta en atenderla. En pasarle un grueso cobertor sobre sus hombros, preparar la sidra caliente prometida mientras le había encendido la radio para que escuche música y hablaba en voz alta desde la cocina, que sólo era separada por el pasillo, frente a la sala. Sunset sentía las atenciones con dolor placentero. Ser atendida por ella era tan endemoniadamente agradable, la enternecía tanto y sólo hacía que no la dejara de mirar y pensar en ningún momento.

Era muy doloroso.

Applejack seguía hablándole sobre las travesuras de su hermana y sus amigas, escuchándose muy contenta, mientras Sunset elevaba las rodillas para abrazarse las piernas, hecha bulto con ese cobertor y reposó un lado de su cabeza sobre las rodillas, en dirección a las llamas de la chimenea para contemplarla.

¿Cómo alguien como Rarity, no supo apreciar tan asombrosa persona?

*Flashback*

"-Sunset. Sunset- la despertaba alguien sacudiéndole la espalda.

-Mmm- emitió con una jaqueca en su cabeza y arrugó la frente al sentir el amargo sabor de la cerveza en su boca. Recordándole todo lo de anoche de golpe, lo que le hizo respingar de la cama en la que estaba tendida.

-Tranquila.

-¿Fluttershy?- llamó, parpadeando varias veces para ver a su amiga de pelo rosa pálido frente a ella.

-Lo siento, perdón si te asusté, pero es que no encontramos ni a Applejack ni a Rarity y creíamos que tú sabías dónde estaban.

Sunset se la quedó mirando, incrédula, asimilando lo que le decía.

Justo ahora, ¿se les ocurre desaparecer esas dos? ¿Después de que anoche Applejack le revelara que gustaba de ella e hiciera que la besara dormida? Porque estaba dormida, ¿verdad? Es decir, no se inmutó… ¿Verdad? No sintió el beso… ¿Verdad?

Sunset se quiso levantar de golpe, solo logrando que se mareara un poco y Fluttershy la hizo apoyar en ella. La llevó hasta la cocina, en donde estaban Pinkie Pie y Rainbow Dash. Esta última tenía el celular en la oreja para maldecir y bajar el teléfono.

-Ninguna de las dos contestan- avisó, mirando a Sunset -. Shimmer, te ves terrible, ¿Acaso estuviste llorando?

-¿Qué?- preguntó confundida y movió su cabeza hacia la tostadora, donde con el metal pudo ver su reflejo.

Tenía los ojos gastados, como si realmente hubiera llorado hasta quedarse dormida. Y tal vez lo hizo. Razones suficientes tenía. No le contestó nada a su amiga, limitándose a sentarse junto a ella mientras Fluttershy le avisaba que le daría un vaso de agua y aspirina.

Ella no quería eso. Quería saber dónde diablos estaban Applejack y Rarity. Por qué se habían ido sin avisar. Qué estaría haciendo. De qué estarían hablando y esperaba que no fuera nada de lo de anoche. Estuvo sentada ahí quién sabe por cuánto tiempo, mientras sus amigas se turnaban el baño asi como en hacer las llamadas. Con todo y malestar de haber bebido anoche, salieron por ni se cuánta vez por los alrededores de la granja a buscarlas. Nada.

Sunset parecía bloqueada en un trance. Sin bañar, sin ser de utilidad para encontrar a sus amigas. Sólo allí, plantada en esa silla, dando de excusa que se sentía muy mal por haber bebido de más ayer. Pinkie Pie se había quedado con ella para hacerle compañía cuando Rainbow y Fluttershy iban otra vez a caminar por la granja cuando la puerta se abrió.

-¡Hasta que se dignaron en aparecer!- reclamó Rainbow Dash enseguida.

Tanto Sunset como Pinkie saltaron de sus sillas y caminaron de prisa al vestíbulo, sólo para ver a unas muy cansadas Rarity y Applejack que asimismo, tenían los ojos gastados como si hubieran estado llorando. La gran modista tenía sus cabellos enmarañados, y no usaba ni gota de maquillaje, pero sus labios estaban ciertamente de un sutil color rosa natural. Sunset las miraba interrogativamente con la frente poblada de arrugas, pero entonces bajó la mirada, y vio sus manos entrelazadas.

Y los recuerdos de anoche la azotaron sin consuelo:

"Me gusta Rarity"

"Bésame".

"¿Por qué querría besarte?"

"¡No soy una cobarde!"

"Sus labios sujetando los de la modista, en un beso que Sunset envidió y maldijo tanto para odiar la sonrisa de la vaquera cuando dijo "Te dije que no soy una cobarde".

Y ese color sutil rosa en los labios de Rarity, también lo tenía Applejack, y sospechó que estaban así, porque alguien se los había besado con vida, pasión, cariño y firmeza. Se los había adueñado, declarado suyos, parecían haberse peleados unos contra otros. Odiándose pero amándose al mismo tiempo con el calor de una noche de botellas de más, y ¿a quién engañaba? Applejack era la honesta, la muy tonta y buena honesta Applejack y de seguro se lo dijo, le confesó lo que hizo y Rarity…le correspondió.

-¿Sunset?- preguntó Applejack, mirándola fijo, y es porque todo para ella se puso de cabeza, le agitaron todo por dentro, no sólo su corazón, sino su estómago que apenas sintió las ganas de caer de rodillas al suelo y romper en llanto, lo hizo, pero para vomitar.

Mientras era auxiliada por la amable Fluttershy, escuchaba reclamos de Rainbow y Pinkie, por desaparecer como lo hicieron. Fueron taladradas de preguntas, inquietando a Rarity que enseguida Applejack reaccionó abrazándola a su lado, en protección, y Sunset sólo cerró los ojos mientras se dejaba guiar por su amiga hacia el baño.

Estaba bajo la regadera, con la frente pegada a la fría pared dejándose mojar, escuchando murmullos, ciertas voces altas, para después sentir un silencio incómodo. Ella se dio la vuelta y se dejó caer suavemente por el piso, sospechando lo que ella tanto ya deducía hace rato.

Cuando salió en bata y toalla en vuelta a la cabeza, se encontró con todas sus amigas abrazadas, aceptando el hecho que dos de sus amigas, se habían gustado en secreto y se habían declarado.

Dos…

Claro…

Sólo dos…

Sunset estuve en ese abrazo, con la mirada hacia ningún lugar, sin expresión, tan dolida, tan herida y tan…estúpida, porque si no hubiera dicho ese estúpido desafío, nada, NADA, hubiera ocurrido. Applejack se hubiera tragado sus sentimientos como venía haciendo al igual que Rarity. Pero no. Ahora ellas estaban libres de la presión de sus sentimientos y podían expresar su cariño sin miedo al rechazo de no ser correspondidas, quedando ella como la única con esos sentimientos reprimidos, los que se encerraron y pudrieron, pudriéndola a ella y convertirla en alguien completamente diferente para el lunes, tratando mal a los demás, e ignorando a Applejack. Pero tras que la vaquera la defendiera de los demás, de creer en ella, le hizo ver cuánto la quería, aunque no fuese de la misma forma. Nunca se había sentido tan confundida y odiada por ella misma como esos tiempos. Llorando de tristeza, de rabia, de impotencia, olvidando como reír, como ser feliz en una vida sin esa ilusión amorosa, tener que ver aquellos labios de cierta rubia, siendo atrapados entre los de la pelimorada de pestañas largas y postizas, pero que eran tan bonitas, como lo era tanto Rarity.

Hasta que pudo tragarse ese hueso de pollo.

Sunset no podía odiar a Applejack, mucho menos a Rarity. Siempre fueron sus amigas en primer lugar, y siempre fue feliz con ello hasta que la convivencia hizo crecer cierto sentimiento más allá de la amistad hacia Applejack.

Sólo quería recuperar esa felicidad que tenía con su amistad y simplemente, desearle lo mejor a ella y Rarity, después de todo, eran sus amigas, sus…mejores amigas.

Cuando al fin pudo sentir que todo iba bien de nuevo, se presentó otro problema, ya que entonces las grandes diferencias entre la pareja empezaron a cobrar factura.

Sus propias responsabilidades las alejaban, más aún el último año escolar. Cayeron en cierta rutina que hizo perder el encanto. Podían verse juntas y de las manos, pero no se miraban a los ojos, de alguna forma, encerradas en su propia burbuja. Las salidas en grupo empezaron a ser incómodas, sea porque venían peleadas o estaban por pelear. Pese el altibajo que pasaron, Applejack no dejaba de ser atenta y preocupada. Sunset se sentía tan impotente verla contrariada, pensando qué hacer o qué hizo mal, lo que creía gustarle ya no le gusta y no quería cambiar lo que era por ella, aunque le doliera tanto que así fuesen las cosas. La chica Apple moría por la modista y Sunset nunca entendería bien por qué. No es que menospreciara a Rarity pero… ¿En serio? ¿Cómo alguien tan sencillo, hogareño, rústico y despreocupado, podría enamorarse de alguien tan meticulosa, elegante, culta, refinada y sí, vanidosa? Sea como sea, se había enamorada de ella, pero ese refrán de los opuestos se atraen puede ser real pero, ¿Qué si se atraen peligrosamente que si están demasiado juntos, colapsan? Y Sunset lo vio con sus propios ojos.

Le dio tanta tristeza ver que sus amigas se convirtieron en el tipo de relación en el que un día se juraban amor eterno y se devoraban con las miradas y no podían desprenderse una de la otra, para que al siguiente se gritaran por cualquier tontería o celos absurdos y la mayoría del salón se enteraban de sus broncas. Peleaban hasta por chat o videocam, y Sunset lo supo cuando le pidió a Applejack prestada su laptop y descubrió que tenía su chat con Rarity de la red social abierta. Sunset agrandó los ojos por las palabras y comentarios que se lanzaban la una con la otra. La cerró enseguida. Nunca lo pensó de alguien refinado como Rarity, como NUNCA de Applejack. Sean como sean, representen lo que representen, no dejaban de ser lo que eran: adolescentes, humanas, y como tales…sabían cómo comportarse como unas completas idiotas.

-Ayúdame- fue lo que se le salió entre lágrimas a Applejack frente la puerta de Sunset en una de sus tantas visitas repentinas.

-Applejack…- musitó, recibiéndola en sus brazos.

Irónicamente, de todas las Rainbooms, la vaquera tuvo que elegir a Sunset como su pañuelo de lágrimas en sus problemas con Rarity, aunque Sunset no debía de sorprenderse, siempre fueron unidas, muy buenas amigas, mucho antes de que tanto drama apareciera.

Sunset solía sentarse en un largo sillón y reposaba la cabeza de Applejack en sus piernas, acostada a lo largo de aquel mueble. Le acariciaba el brazo, el cabello, a veces a un lado del rostro, y así, la vaquera se tranquilizaba y en algunas ocasiones se quedaba dormida. Sunset tenía el privilegio de verla dormir, y se veía tan dulce, tan tierna. Sí, aún la quería, bastante y latente como siempre, pero estaba tan resignada, que ya prácticamente era inmune a su gestos con Rarity y el hecho que venga a llorarle por su joyita. Pero esto no evitaba que se le saliera palabras, miradas, sonrisas y ciertas caricias que bien pudiera salir desapercibidas, como jugar con su nariz o un paseo rápido en esas coquetas y dulces mejillas pecosas…que Rarity tanto miraba con reproche y provocaba ciertos roces entre ellas.

-¿Ahora me celarás con mis amigas? ¡Eres el colmo!- escuchó una vez sin querer Sunset cuando ingresaba al salón de música para ensayar con la banda, encontrando a la pareja mirándose ceñudas y al sentir a Sunset, la modista tensó más fuerte la barbilla mirándola de arriba abajo y Applejack trató de hacerse la desentendida, sonriéndole.

-Sunset, ¿Nos das un minuto?- pidió amablemente la vaquera, con esa cierta mirada expectante en sus ojos verdes sobre Sunset, que bien sabía, solo le daba a ella. Pues con ella le decía "ya te lo diré".

-Por supuesto- contestó apretando la guitarra para darse la vuelta y cerrar la puerta con ella mientras se iba".

Sunset bebía de su sidra caliente, mirando cómo Applejack se quitaba ese grueso suéter, quedándose con una camisa roja de cuadros negros de mangas largas. Asimismo se quitó el grueso pantalón y se quedó en una licra negra, mostrando sus largas y esbeltas piernas trabajadas por el propio trabajo de campo. Shimmer se mordió el labio con una sonrisa mientras sus ojos brillaban disfrutando el show.

-Tienes sangre caliente.

-¿Mmm?- preguntó Applejack mientras estiraba los brazos hacia arriba, desperezándose.

-Que tienes sangre caliente- repitió para hacer una pausa para dar otro sorbo de su sidra y se sonreía viéndola acercarse a ella con una sonrisa divertida -. Tú te despojas de los abrigos en pleno azote invernal y mírame a mí, cubierta en este cobertor sin atreverme de salir frente a la chimenea.

-Pues nadie te está echando- aclaró sentándose frente a frente, doblando las piernas y se estiró para tomar sin permiso la taza y beber de ella.

-Dos años y conservamos esa confianza- le agradó decir. -. Ese atrevimiento- aclaró, señalando su taza en la mano de la vaquera.

-Sip- confirmó bebiendo un poco más de la sidra para devolvérsela, asintiendo, pensativa.

-Applejack…- la llamó, mirándola en escrutinio, escuchando el azote de la tormenta tomar mayor fuerza -. ¿Eres feliz?