DOS NIÑOS Y UNA MANZANA
El día que lo conocí, era igual de abrumador que tantos otros, había venido de una caravana de mercaderes que trataban de comprar y vender lo poco que existía. Ese día había salido de mi casa enojado con mi madre y mi hermana, siempre estaba de mal humor, supongo que era porque siempre tenía hambre y sed. Tratando de encontrar a otros con mejor comida para robarla, lo halle, un niño de cabello oscuro y ojos verdes, me puso celoso, pues parecía tener mejor suerte que yo, comía algo que solo probé una vez hace mucho tiempo, algo que era redondo y rojo, de dulce sabor o por lo menos eso recordaba, la que el sujetaba era de color verde. Me acerque con sigilo, mi objetivo era esa cosa que sabía tan delicioso, cuando el niño volteo y me vio,
- Tienes mucha hambre ¿Verdad?- pregunto el, pero yo no respondí nada, yo quería esa cosa verde,
- Ese es el problema en todos lados, el hambre. ¿Sabes? Yo también la padezco, aunque menos que tú, supongo- continúo y yo solo quería tener esa cosa,
- ¿Quieres la mitad de la manzana? – pregunto y por primera vez le puse atención,
- Yo no quiero la mitad de la cansana, yo quiero esa cosa verde – respondí,
- Por eso, esto se llama manzana- me explico el,
- Pero yo la quiero toda – exigí,
- Esta bien pero tienes que pedirlo bien – me ordeno amablemente,
- ¿Pedirlo bien? ¿Cómo? – pregunte sin entender a qué se refería,
- Si me la pides por favor te la daré – dijo con una sonrisa maliciosa, yo no entendía que era eso y me explico,
- Si me dices: "Dame la manzana por favor" te la doy- aun no entendía pero hice lo que me dijo,
- Dame la manzana por favor - , inmediatamente sonrió y me la dio,
- ¿Por qué me la diste? ¿No sabes que sabe delicioso? A lo mejor será la única vez que veas una, me voy a sentir mal, ¿Quieres la mitad?- pregunte con remordimiento,
- No, tengo más- me dijo sonriendo,
-¿Cómo?- pregunte sin entender lo que decía, no me cabía en la cabeza que tuviera más manzanas,
- Sí, tengo rojas y amarillas, las verdes son aquellas que aún no maduran- me explicó,
- ¿Cómo es que tienes de tantos colores?- pregunte dándole un mordisco a la manzana,
- No son tantos, y eso es porque solo tengo dos manzanos enanos conmigo- me dijo,
- ¿Manzano?- pregunté,
- Si, así se llama el árbol que da manzanas- me respondió,
- ¿Un árbol es una planta dura y enorme?- pregunte otra vez,
- Algunos si, otros son pequeños como los míos- me contestó alegremente,
- Y yo, ¿Puedo tener uno?- pregunte ansioso,
- Si, solo tienes que plantar las semillas de la manzana y regarla con agua todos los días – me contó,
- No parece tan difícil – le dije,
- Solo te digo que es más complicado de lo que se ve – me dijo, yo lo mire fijamente y vi que no mentía, realmente, en lo que estuvo vivo, nunca mintió.
- ¿Cuál es tu nombre?- me preguntó,
- Soy Eisen ¿Y el tuyo?- pregunté,
- Zalinyen- se rio al responderme.
