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Capítulo 2

En un extremo de la cantina del SGC, el antiguo SG-1 conversaba tranquilamente sin darse cuenta de que el resto del personal les dedicaba miradas furtivas de curiosidad. Los miembros más condecorados y respetados de la base estaban disfrutando de sus últimas horas en la Montaña Cheyenne. Los cuatro iban vestidos con sus mejores galas: el General O'Neill y la Teniente Coronel Samantha Carter llevaban el uniforme azul de las Fuerzas Aéreas, Teal'c se había puesto su túnica gris típica de los Jaffa y Daniel Jackson un traje oscuro a juego con su camisa de seda y su corbata. Los cuatro estaban deslumbrantes. O'Neill se estaba tomando una cerveza y parecía llevar el peso de la conversación. Teal'c lo observaba a su izquierda arqueando una ceja mientras mantenía las manos en la espalda. Daniel, por su parte, también sostenía una cerveza y sonreía abiertamente. Y Carter, a la derecha del General, estaba aguantando la risa y trataba de evitar que su Coca-Cola Light se derramara. Ninguno hacía mucho caso de la música, que tocaba la banda de la base, y que empezaba hacer que algunos se animaran a sacar a bailar al no muy numeroso sector femenino del SGC.

Jack O'Neill intentaba mantener una charla animada, haciendo bromas y explicando anécdotas divertidas para mantener el buen ambiente con los que consideraba su familia: sus antiguos compañeros del SG-1. La historia de la planta trepadora que casi acababa poblando todos los niveles del SGC y los desvelos del Dr. Lee por erradicarla mientras ellos estaban, supuestamente, en manos de Ba'al, nunca les aburría y les encantaba escucharla una y otra vez de boca del General, que la explicaba de forma hilarante. No podía dejar que sus últimas horas juntos fueran tristes aunque él se sintiera como si les estuvieran desgarrando el corazón. Cuando acabó la historia, Daniel tomó el relevo. El arqueólogo se había dado cuenta de lo que trataba de hacer y mentalmente se lo agradeció. Probablemente, Teal'c y Carter también lo supieran, esa era una de las virtudes de su antiguo equipo: eran capaces de entenderse perfectamente sin necesidad de palabras. Teal'c y Daniel eran como hermanos para él y el dejar de verlos regularmente iba a ser muy duro. Teal'c iba a irse a otro planeta y Daniel a otra galaxia, si al menos uno de los dos se quedara más cerca... Pero lo peor sería no poder dejarse caer por el laboratorio de Carter y ver esos ojos azules y esa sonrisa, que parecía reservada solo para él, cada vez que necesitaba sentirse mejor. Carter... eso si que iba a ser difícil, ella en Nevada y él en Washington D.C. ¡Iba a tener que encontrar un montón de excusas para poder llamarla por teléfono sin que se notara que lo único que quería era oír su voz otra vez! Pero no podía pensar en eso ahora, tenía muy pocas horas con ellos y no las iba a malgastar en lamentaciones, todo lo contrario, iba a tratar de aprovecharlas lo mejor posible.

Al principio, se puso a escuchar a Daniel pero pronto empezó a pensar en una conversación mantenida hace un par de semanas...

Unos golpecitos en la puerta de su despacho le hicieron levantar la vista del informe que estaba leyendo.

"¿Puedo pasar, señor?" Carter asomaba la cabeza por la puerta y tenía la mano en el picaporte.

"Por supuesto" Le hizo un gesto con la mano para que entrara y tomara asiento, mientras él hacía las últimas anotaciones en el margen de una hoja. Cuando levantó la vista vió que lo miraba nerviosa. Se movió inquieto en su sillón, Carter no se dejaba caer por su oficina sin una buena razón. Cerró la carpeta y la miró. "¿Qué puedo hacer por usted, Carter?"

"He estado pensando..."

"¿De verdad? No puedo creérmelo" La interrumpió O'Neill divertido. Carter lo miró con cara de resignación.

"Como decía, he estado pensando y creo que lo mejor para mí sería pedir el traslado al Área 51" dijo de una vez y casi sin respirar.

A O'Neill se le había borrado la sonrisa de un plumazo. La miró sin reaccionar y al cabo de unos segundos consiguió articular una palabra "!¿Cómo?!"

Carter se mordió el labio "Señor, me gustaría que aprobara mi traslado al Área 51"

O'Neill se levantó del sillón visiblemente disgustado y dio un par de zancadas mientras se pasaba una mano por el pelo. Se giró y la miró a los ojos "¿Por qué? Yo creía que aquí era feliz, que le encantaba su trabajo" dijo en tono de incredulidad.

"Lo era, lo he sido, pero ahora el SG-1 se disuelve, usted se va a Washington, Janet ya no está, y mi padre..." La sombra de unas lágrimas aparecieron en sus ojos, pero logró controlarse. "Siento como si no me quedara nada más que hacer aquí. Como si todo se hubiera acabado. Necesito empezar de nuevo en otro sitio que no me traiga tantos recuerdos dolorosos. No podría aguantarlo sola. Lo siento si le estoy decepcionando, señor" y agachó la cabeza.

O'Neill se acercó y se apoyó en el borde de la mesa, junto a ella.

"¿Está usted segura?" dijo suavemente. Carter asintió sin levantar la cabeza.

O'Neill vio que le corrían lágrimas por las mejillas. Le levantó la barbilla, le secó las lágrimas con el pulgar y la miró intensamente a los ojos, todo su enfado desaparecido.

"Nunca, nunca podrá decepcionarme, Carter" y se quedaron mirando el uno al otro durante lo que pareció una eternidad, diciéndose con los ojos lo que sus corazones sentían. Por un instante, pareció que O'Neill se iba a inclinar para besarla, pero en el último momento se lo pensó mejor, se puso de pie otra vez y volvió a su sillón.

"Traslado concedido. Tráigame la solicitud y la firmaré ¿Alguna cosa más, Carter?" dijo con la voz más neutra que pudo conseguir y sin mirarla a los ojos.

"No señor, gracias" El rubor en sus mejillas era evidente. Carter se levantó y cuando estaba a punto de abrir la puerta oyó la voz del General.

"Carter, ¿quiere venir a pescar conmigo este fin de semana a mi cabaña de Minnesota?"

Sam se dió la vuelta y lo miró sorprendida. O'Neill no pudo más que sonreír al ver que su mejor científica se había quedado sin palabras.

"¿Señor?" Sam tragó saliva. No podía creer lo que estaba escuchando. Después de lo de Pete, había perdido la esperanza de que se lo volviera a proponer.

"Ya sabe, aguas cristalinas, cielos azules, mosquitos, peces así de grandes..." Abrió los brazos para representar el tamaño. Al ver que dudaba añadió rápidamente "También tenía pensado invitar a Teal'c y a Daniel"

Sam se paró a pensar unos segundos y al cabo de un momento sonrió ampliamente"Será un placer, señor"

"¡Excelente!" El General le devolvió la sonrisa, más amplia incluso que la que Carter le había dedicado a él.

En aquel mismo instante Daniel había acabado de hablar y le estaba diciendo "Lo siento pero eso es lo que yo opino al respecto ¿Tu que opinas?"

Teal'c y Carter lo miraron expectantes.

"¡Ack!" Jack levantó un dedo. No podía creerse lo que acababa de oír. Era la misma frase que había oído cientos de veces cuando él y Teal'c estuvieron atrapados en el bucle temporal. "Daniel, te dije que nunca volvieras a repetir esa frase" Además, como en aquella ocasión, no había estado escuchando con lo que tampoco sabía de lo que le estaba hablando.

TBC