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EL CAMINO DE LA GUERRA
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Yelena miraba la fotografía enmarcada que siempre tenia sobre la mesa.
Sus padres de alguna forma fueron la única conexión que ella había tenido con el resto de los humanos, porque sin ellos sentía que su vida era algo artificial, sin ellos se sentía como si su existencia fuera falsa. Siendo hija única había sido la receptora de todas las atenciones de sus padres por lo que se sentía muy atada a ellos, incluso cuando ellos ya no estén en este mundo. Al ver la fotografía recuerda las ultimas palabras y los últimos pensamientos.
Pareciera que al irse partieron su vida en dos, como si todas sus experiencias anteriores, recuerdos, pertenecieran a la vida de otra persona.
Aleksandra y Arkady Nikolayev eran una pareja de jóvenes médicos que habían hecho su carrera por esfuerzo propio y no como muchos médicos soviéticos que lo hacían por tener conexiones con familiares o conocidos en el partido comunista. En la Unión Soviética cualquiera podía sobresalir sin importar lo inepto que fuera siempre y cuando tuviera a alguien en el Partido Comunista. En la Rusia Socialista el partido lo era todo, y quienes no estaban inscritos en él eran unos parias que incluso terminaban muertos en los casos más extremos. El Partido lo controlaba todo ,desde la prensa, la radio y la televisión. El común de los rusos no sabían como era el mundo exterior, sobretodo de los países occidentales.
A los dos les molestaba que muchos médicos alardearan de su estatus en lugar de hacerse mejores manteniendo un bajo perfil. Por supuesto había buenos cirujanos, pero eran contados, como ellos. A pesar de ser buenos en lo que hacían, eran muy humildes en su trabajo.
Aleksandra Nikolayev era una muy buena doctora, trabajando en el área de pediatría y maternidad. Arkady se dedicaba a la medicina quirúrgica. A pesar de no quererlo así, el padre de Aleksandra era miembro del Partido de Kiev y les ayudaba mucho, lo que le permitía a la pareja entrar y salir del país sin tener que pasar por los laberínticos tramites burocráticos que los soviéticos debían hacer para salir del país. Eso les permitió viajar y conocer el mundo, y darse cuenta que los países occidentales no eran el nido de víboras imperialistas que el secretario general siempre demandaba que eran. Claro, las sociedades occidentales no eran perfectas, y puede que ninguna sociedad lo sea, pero tampoco era la culpable de todos los problemas del mundo.
La pareja se había casado en una modesta ceremonia civil como era costumbre en la Unión Soviética, donde las ceremonias religiosas estaban prohibidas. Se habían conocido en la escuela de medicina y se habían prometido casarse al terminar los estudios, porque el estudio y el matrimonio nunca son compatibles. En esos años habían sido muy felices, cada día llegando juntos al hospital recorriendo las calles de Leningrado. Esta ciudad tenia un aura diferente a todas las demás del resto del imperio soviético, sobre todo a su natal Kiev. Leningrado había sido el hogar de la realeza y la aristocracia en los tiempos de los zares, y ninguna cantidad de propaganda socialista podía deshacerse de esa aura.
Sus vidas eran muy organizadas y vivían por etapas: serian novios durante la universidad, solo una pareja de casados durante los primeros años y luego verían la posibilidad de ampliar a la familia. Aleksandra soñaba con tener hijos, y cuando su ejercicio medico se aligerara al no tener la presión del aprendizaje de los primeros años darían ese paso...
Pero durante cuatro años lo habían intentado pero no sucedía nada.
Un día, deshaciéndose de las inhibiciones que tienen los médicos de visitar a sus colegas por problemas de salud, decidieron visitar aun colega para pedirles consejo.
Fue un día que ninguno de los dos pudo olvidar...
"¿Nos vamos?"
Al mirar a la fuente de la voz se encuentro con Gennadi Engel, quien cargaba en sus brazos la caja de libros.
Yelena puso la fotografía dentro de la caja que estaba organizando y la cerró.
"Vamonos pues," dijo ella a la vez que levantaba su caja.
Al llegar a la puerta de la casa se detiene. Este había sido su hogar durante él ultimo año, y se sentía muy nostálgica al dejarla. No era una casa muy grande, como todas las casas asignadas a los oficiales sin pareja. Se había asegurado de dejarla en las mismas condiciones en que se la habían entregado. Y en la tarea de arreglar la casa se le había ido el tiempo, y solamente el domingo en la tarde es que se había acordado que debía mudarse al SDF-1 Macross.
Gennya ya se había ido hace unos días, muy ansioso de abandonar esa casa. Le traía malos recuerdos.
"Deberías... no sé, vender esos libros, o donarlos a una biblioteca," dijo Gennadi dándole un golpecito a la caja que había acomodado en la parte de atrás del jeep.
"Para nada. No sabes si más adelante me da por volver a leer uno de esos libros," contesto mientras acomodaba su propia caja.
Yelena era una lectora obsesiva, y se podía leer hasta 4 veces el mismo libro, a pesar de conocerse de memoria la trama. A veces subrayaba párrafos o frases que le habían gustado, y eso hacia que sus libros fueran muy personales; tanto que ni siquiera los prestaba salvo raras excepciones.
Ella era la que conducía, porque Gennadi era un conductor tan pésimo que temía que acabaran matándose.
Volvió la mirada brevemente a su antigua casa, y por alguna razón tenia el presentimiento de que no volvería a verla.
No era que la isla fuera tan grande, pero su idea tampoco era la de perderse la brisa del mar golpeándole el rostro en el breve trayecto desde los alojamientos militares hasta la nave. La SDF-1 Macross era tan grande que a medida que se acercaba no parecía cambiar de tamaño.
Se veía tan diferente a la primera vez que lo vio. A veces le costaba creer que hacia exactamente 10 años aquí no había nada, pero que de repente esta cosa cayo del cielo. 10 años dan para mucho.
Cuando cayo esta nave ella era instructora de combate aéreo en el 220avo Centro de Entrenamiento de Combate Aéreo se encontraba a unos kilómetros al oeste de Novgorod al sur de San Petersburgo –anterior Leningrado. Debido a la recién finalizada guerra con China, las Fuerzas Armadas habían perdido mucho de su personal, sobre todo la Fuerza Aérea. Esa guerra había sido una humillación para su país, no solo porque había quedado en evidencia ante el mundo la total degradación del ejercito que había sido él más temible del mundo, sino porque habían tenido que depender de la ayuda de las naciones que durante casi medio siglo habían sido los enemigos naturales de su país.
Aviones que a veces no volaban por falta de repuestos o combustible; pilotos con 150 horas de vuelo y cero de vuelo de combate; la gran Flota del Pacifico se caía a pedazos en los muelles y que se pulverizaron cuando los chinos la torpedearon... hubiera más efectivo un simple fusil de unos cuantos miles de rublos que un torpedo de mil millones.
Cuando estuvo en Novgorov el entrenamiento era para ella algo personal, donde cada piloto debía tener el máximo de atención, y aun se siente orgullosa al pensar que muchos pilotos que entraron en sus cursos y en los de Polina no solo sobrevivieron a la Guerra sino que fueron los mejores... aunque ella pensaba mucho mas en aquellos que no habían sobrevivido.
Yelena era humilde con sus logros y sus habilidades, pero de vez en cuando le gustaba exhibir sus cualidades, cosa que la llevo a ser el centro de atención de muchos, ir de un lado a otro hasta formar parte de la fuerza de investigación que a finales de julio de 1999 aterrizo en la isla de Ataria Sur.
Su primera visión de la isla de Ataria Sur fue desde un avión de transporte en el horizonte antes de aterrizar en Iwo Jima. Mil cosas habían pasado por su cabeza cuando estuvo en Iwo Jima, porque antes de partir desde Vladivostok le habían dicho que su tarea era la de enlace con las fuerzas de las Naciones Unidas como había hecho en le pasado. Era buena en eso, ya que era de la primera generación de oficiales que no se había formado pensando en la enemistad hacia los extranjeros por la Guerra Fría.
Se imaginaba que seria una aburrida fuerza de investigación donde vería como un grupo de científicos arrancarían pedazos de roca al meteorito con sus ridículamente pequeños martillos. Incluso le pareció algo exagerado el despliegue militar en el lugar ya que habían varios portaviones, incluyendo el único portaviones nuclear ruso en esa época, el TAKR Ul'yanovsk. Muchos helicópteros volaban entre la isla Ataria e Iwo Jima y a pesar de la relativa cercanía era difícil ver la isla y lo que contenía. Durante los primeros días se encargo de la logística del personal de su país, hasta que por fin la zona de impacto fue investigada y se había confirmado la seguridad para que los equipos de tierra pudieran desembarcar.
Cuando le dieron autorización de ir a la isla con el primer grupo de investigación sentía algo extraño. Sentía algo en él estomago, algo parecido a como presentaba los exámenes en el colegio. Como todo piloto tenia muchas reservas de subir a un aparato que estuviera bajo el control de otro, pero entonces no hubiera podido disfrutar de la vista desde la puerta abierta del helicóptero. Por su ubicación del lado izquierdo no le había permitido ver la isla hasta que el helicóptero hizo un giro para acercarse al sitio de aterrizaje.
A la primera vista no se trataba de un asteroide, porque tenia ya predispuesta su mente para ver una enorme roca redonda incrustada en algo parecido al cráter de una bomba, pero en realidad era un objeto largo y claramente metálico. A unos pocos metros de su parte trasera las olas se estrellaban contra la playa. A una corta distancia de su parte delantera estaban los escarpados precipicios.
Y era esa la disposición que seguía manteniendo hoy. El único cambio significativo a la isla luego de eso, a parte de la construcción de la ciudad, fue que la nave tuvo que ser montada sobre enormes soportes para mantenerla elevada y poder trabajar en su parte baja. Por supuesto fue imposible levantar las 20 millones de toneladas, por lo que el suelo de la isla tuvo que ser horadado para literalmente ir quitando el suelo para ir exponiendo la nave mientras se construían los soportes. Aun le parece increíble que hubiera sido posible, pero se hizo y ella había estado aquí aquella vez y ahora.
El gran motor de todo eso había sido el miedo, porque no solo se trataba de una nave espacial, sino una nave espacial de guerra, y si había una civilización en el espacio era claro que se dedicaba a al guerra.
Él ASS-1 era una caja de regalos ya que catapulto la tecnología a años luz de lo que había en ese entonces. Lo que más contribuyo fue que en el interior estuvieran todos esos aparatos bélicos, armamento, y vehículos. Pero siempre había pensado que en lugar de una caja de regalos debería considerársele una caja de Pandora ya que por 7 años constituyo la fuente de todos los males del mundo, aunque aun Lena estaba esperando que la esperanza saliera saltando como un conejo de su interior.
Por lo menos nada había saltado desde la oscuridad de su nuevo alojamiento. Abrió la puerta y la empujo para entrar, encendiendo la luz. Una pequeña sala de estar que comunica a un dormitorio con cuarto baño y una pequeña cocina. Como todo alojamiento militar y estaba amueblado y no precisamente a su gusto, algo a lo que ya se había acostumbrado desde hacia ya mucho tiempo.
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Los tres escuadrones de Valkyries que mandaba Yelena se encontraban estacionados en tres hangares del lado de estribor de la nave. La disposición había sido estudiada y había sido muy inteligente. Cada escuadrón tenia su propio hangar y cada hangar tenia dos catapultas de despegue y tres de aterrizaje.
Las pistas de lanzamiento tenían un sistema exacto la de una catapulta de portaviones, solo estas eran magnéticas y recorrían un largo pasillo. El Valkyrie era enganchado a la catapulta en una cámara de aire, que luego era sellada y la catapulta era disparada luego de abrirse la puerta que daba al exterior, para así evitar la perdida de aire en operaciones espaciales. La plataforma de aterrizaje principal estaba debajo de las dos de lanzamiento y era más ancha y alta, para permitir que los Valkyries pudieran maniobrar para aterrizar. Estaba abierta en ambos extremos y se encontraba despresurizada para permitir realizar abortos en aterrizajes. Pero por lo general siempre su utilizaban otro par de pistas de aterrizaje mucho más pequeñas pero que tenían el inconveniente de que uno debía aterrizar a la primera.
Bajo la fuerte iluminación de las luces estaban los VF-1 Valkyrie. Permanecían estacionados sobre el frío metal, como bestias temibles que esperaban agazapadas y en silencio a que las pequeñas criaturas subieran abordo y con una leve presión de sus dedos desencadenaran su temible poder.
Pasaba la mano por el borde del ala de su Valkyrie color cobre. A diferencia de los días previos no volaría, solo estaba aquí para la ultima revisión técnica antes de la misión.
Le hubiera gustado estar afuera, porque la mañana era perfecta, con un sol radiante pero no molesto, una brisa fresca que se llevaba el exceso de calor de la mañana.
Pero debía estar allí con estas maquinas.
A pesar de la creencia popular, los pilotos no eran los únicos que se encargaban de sus aviones ni tampoco los perezosos que esperaban que otros se encargaran de sus aparatos. Por avión estaban destinadas cinco personas: el piloto de la unidad, que era el jefe de servicio; un suboficial armero, responsable del armamento del avión; un suboficial mecánico y dos soldados de apoyo y responsables de los extintores contra incendio durante la puesta en marcha del avión. Cada piloto era responsable de presentar informes sobre sus unidades y el correcto funcionamiento de cada pieza dentro de ella. Que mejor persona para tener esa responsabilidad, porque a la final son sus propias vidas las que dependían de eso.
Por eso era que se podía ver a los pilotos junto a los suboficiales arrastrándose por debajo y dentro de los aparatos para su mantenimiento. En total solo para el escuadrón Ángel había casi 60 personas. Tenia que sumar el personal de apoyo, los encargados de las catapultas y a la tripulación encargada del mantenimiento de las instalaciones internas, que por suerte estaban bajo el mando de los oficiales de la nave. En total para que 12 Valkyries estuvieran preparados para partir hacían falta 90 personas en total, todas las cuales estaban bajo el mando en este caso del comandante del escuadrón.
Cada escuadrón funcionaba de forma independiente en lo relacionado al mantenimiento y adquisición de suministros, lo que de por sí ya era una tarea complicada. Yelena estaba aliviada de eso, y agradecida de solo recibir informes de los otros dos escuadrones.
Era una deferencia abismal con la clásica imagen de piloto de combate que lo único que hacia es salir corriendo con su casco bajo el brazo para subir a su cabina, matar enemigos y regresar para contar sus experiencias en el bar de la base. El papeleo era una de las cosas en las que menos se pensaba cuando se habla de pilotos de combate, y por alguna razón sus 12 aviones generaban mucho papel.
A pesar de hallarse a bordo de un buque los suboficiales encargados de los VF así como sus pilotos pertenecían a la Fuerza Aérea. Por eso habían Sargentos y especialistas moviéndose por allí, luciendo sus diferentes chaquetas con los colores característicos de sus especialidades.
Yelena venia caminando por el hangar. Había pedido que nadie le saludara para que no dejaran de hacer lo que estaba haciendo, ya que allí los técnicos y suboficiales mecánicos se afanaban en terminar las revisiones, verificando las listas de repuestos por solicitar y poniendo al día lo que esta en los almacenes. En las manos Lena traía un papel donde había garabateado algunas cosas que debía decir en la rueda de prensa. Algunas notas estaban ilegibles, y a ella misma le costaba algo leer lo que había escrito en el momento en que la idea le había llegado a la cabeza. Odiaba ser el blanco de la prensa al ser la mas alta oficial del ejercito ruso aquí.
Ser la única mujer líder de escuadrón le hacia sentirse muy solitaria. De hecho solo había 19 mujeres pilotos en toda la fuerza que iría en Macross.
19 de 216 pilotos.
En porcentajes era un numero mayor que el que representaban dos mujeres en una fuerza de 60 pilotos, que fue la proporción en la que Yelena y Polina habían estado en el 50avo grupo de combate de la Fuerza Aérea Rusa cuando estuvo en combate contra China.
Pero su posición no era por nada. Había sido piloto desde cuando... desde hace... muchos años cuando salió de la Academia. Mucho tiempo. Le había gustado y se había quedado, cosa que había visto en muy pocas mujeres, que se habían quedado a mitad de camino, conformándose en ser Capitán o conformándose con puestos en los cuarteles generales. Por eso ella aun no había ascendido de Mayor. Es para que fuera ya Coronel, pero le encantaba estar en la cabina, simplemente estar en contacto con este nivel de la cadena de mando donde podía ver directamente la parte afilada de la espada.
Habían muchas mujeres Coroneles, Generales, y Almirantes, pero siempre llegaban por vía de promoción por servicios administrativos. La vía de ascenso por promoción es más rápida que ascender por meritos.
Pero estaba en él ejercito no por las medallas, las promociones o los beneficios (no podía negar que le encantaba su salario como Mayor o la preciosa Estrella Dorada que se colgaba todos los días del uniforme), estaba aquí mas que todo porque estaba enamorada de la tecnología. No solo le gustaba volar, sino toda la parafernalia que le permitía hacerlo. Se sentía orgullosa de entender esa tecnología que le permitía volar, incluso mucho mejor que los pilotos que habían pasado por las universidades.
Siendo médicos sus padres habían querido que ella también siguiera esa camino. Sus padres fueron privilegiados al poder salir de la Unión Soviética y ver el mundo, y sobre todo llevar a su hija con ellos. Desde los 5 a los 12 años Yelena había estado en sitios como Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Cuando ella tenia 12 años la familia había pasado un año completo viviendo en este ultimo país, y fue una experiencia agridulce porque por alguna razón en ese país los rusos eran tratados como malvados y con alguna intención oculta. Incluso recuerda que otro niño le había preguntado si sus padres eran políticos, militares o espías, y al responder que eran médicos, no le creyó.
La mayoría de los días de ese año la pasaba sola mirando televisión o leyendo. Pero a veces solo se sentaba en el alfeizar mirando hacia la cercana Bahía de Chesapeake.
De regreso a Rusia se había sentido alienada de sus demás condiscípulos en la escuela, se sentía una verdadera extranjera, y no por el hecho de haber vivido tanto tiempo en otros países, sino porque ella en realidad no era rusa, sino ucraniana, aunque en esos tiempos todos pertenecían a la Unión Soviética.
Cuando entro en la Academia de la Fuerza Aérea lo había hecho con la ciudadanía Soviética, y al terminar el mismo año de la disolución del estado soviético ya no se sentía identificada con ninguno de esos países, a pesar de que había adoptado la ciudadanía rusa. Había pasado 3 años en la Academia para tener él titulo de Bachiller en Ciencias, en un curso donde solo había 25 mujeres en una promoción de 116, de las cuales solo 15 se graduaron.
"¿Me permite, Mayor Nikolayev?"
"Sargento."
"Quiero decirle que ha sido un placer servir bajo su mando."
"Sargento, el honor ha sido mío. Suerte en su siguiente nombramiento," dijo Lena estrechándole la mano.
El joven Sargento había servido con ella desde hacia meses, pero debía quedarse en tierra ya que más que todo muchos de los especialistas que habían estado trabajando con los VF estaba en periodo de aprendizaje, y muchos de ellos solo estaba aquí para adiestrarse.
Yelena continuo paseándose por el hangar un rato mas hasta que miro su reloj y decide dedicarse a algo más importante ahora que tiene tiempo libre.
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La Luna siempre había sido una fuente de inspiración, para la gente común, los poetas y los visionarios.
Durante la década de 1960 la carrera a la Luna fue el objetivo de una confrontación decisiva entre dos superpotencias empeñadas en probar su supremacía. A pesar de toda la propaganda de la época, la conquista de la Luna no fue una mera conquista tecnológica. Se trataba de una grandiosa epopeya que, como tal, revelaba un cierto idealismo, mezclado con elementos patrióticos y religiosos. Las idas y venidas a lo más alto del cielo estaba convirtiendo a Dios en una referencia constante. Fue un sentimiento tan profundo y propio de su momento que hoy, incluso cuando la Luna ya había sido alcanzada y conquistada, es difícil explicar a las nuevas generaciones.
Aun en 1969 no se estaba seguro de quien seria el vencedor de esta batalla, y se suponía que el perdedor se propondría un objetivo más lejano y ambicioso, como el viaje tripulado a Marte. Cuando Neil Armstrong planto la bandera en la Luna se pensó que en poco mas de 10 años se estaría viendo ya una misión a Marte.
Ahora la conquista del espacio estaba mas en el área practica que en la científica. Las misiones a Marte solo habían sido del ámbito militar, sin tiempo a detenerse a ver si realmente hay gusanos en las piedras o ciudades ancestrales bajo la superficie.
Pero la Luna seguía teniendo esa aura mística a su alrededor. A veces los mitos eran difíciles de deshacer. Siempre se decía que los astronautas terminaron en manicomios, cuando en realidad muchos de ellos se volvieron exitosos hombres de negocios, como Jim Lovell -quien viajó en Apollo 8, la primera misión tripulada a la Luna, y luego en Apollo 13 donde casi muere debido a un accidente. Cuando Lovell culminó su ultima misión entró en la Escuela de Comercio de Harvard para convertirse tiempo después en presidente de su propia compañía. Se suponía que la Luna llena hace que la gente loca sea una más. Aunque solo sea porque la gente recuerda mas los episodios de locura durante la Luna llena.
En la superficie lunar aun se encontraban las antiguas naves espaciales lanzadas por ambas superpotencias. El robot a control remoto Lunokhod aun estaba volcado de lado donde mismo había caído en 1971. En el interior de la sonda Luna 15 aun se encontraban los restos ya momificados de Boris 409, un chimpancé que había sido entrenado para salir y recoger muestras y que por desgracia jamás pudo abrir la perilla manual de la escotilla para salir al exterior. Las fases de descenso de los LM Apollo estaban tal cual se dejaron, aunque algunos han perdido las cubiertas de papel metálico Mylar, que tenia apariencia de papel aluminio, al verse expuesto durante décadas a las variaciones de temperatura. Las banderas aun estaban en su sitio, salvo la de la misión Apollo 11, la cual salió volando cuando Armstrong y Aldrin despegaron para regresar a la orbita lunar. Les había costado mucho ponerla ya que debieron hacer un montecillo de arena porque el asta no tenia punta para perforar el suelo y la bandera quedo medio puesta. La bandera salió volando, afortunadamente fuera de la vista de la cámara pero no de los dos astronautas que la vieron volar por varios metros para rebotar para terminar cerca de donde habían puesto los equipos geológicos.
A pesar de los grandes esfuerzos de colonización, la Luna siempre había sido un lugar solitario. Cierto que miles de humanos vivían en su superficie pero todos concentrados en una área cercana a donde los humanos habían pisado por primera vez ese árido mundo, dejando el resto de la Luna casi inexplorado.
Vista desde la Tierra la Luna estaba en fase llena con el sol exactamente en el cenit con la Tierra un poco mas hacia el sur lunar, solo mostrándose como un cuerno, como si fuera una media luna.
Como un breve destello en el cosmos, el cielo repentinamente cambia de apariencia. Durante miles de millones de años el cielo solo había visto el sol, la Tierra y las estrellas. Ocasionalmente se interponía un ocasional cometa o asteroide que surcaba el cielo eternamente pintado de estrellas. Las ocasionales sondas y vehículos tripulados, pero nada como eso. Un breve destello, seguido de varios mas hasta formar tres docenas de ellos. El cielo al oeste se iluminó con esos destellos, hasta que esas tres docenas de destellos se convirtieron en las gigantescas figuras de naves espaciales, de color verde oscuro y tan grandes como montañas.
Por unos minutos las naves encendieron sus motores para colocarse en orbita alrededor de la Luna. Dos de ellas, pequeñas comparadas con otras de la flota, repentinamente encienden sus motores por mas tiempo, dirigiéndose directamente hacia el planeta azul debajo.
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En la Isla de Ataria Sur seguían las celebraciones con motivo del lanzamiento de Macross.
Los civiles celebraban sin considerar el hecho que la partida de Macross significaba el fin de la vida útil de esta ciudad. Al partir la astronave la razón de ser de la ciudad desaparecería. Por alguna razón muchos pensaban que la nave partiría en su vuelo de pruebas y regresaría a la isla, sin detenerse a pensar que ya se estaban construyendo puertos alternos tanto en la Luna como cerca del cuartel general de la U.N.Spacy en Alaska.
La tripulación de apoyo de comando se encontraba en sus actividades en el puente de la nave tratando de no entretenerse pensando en las celebraciones.
El área de mando se encontraba en una especie de balcón por encima del centro de información de combate (CIC). El CIC comprendía una gran área donde trabajaban 65 personas, las cuales tenían una gran vista del exterior por medio del enorme cristal en forma de burbuja de 2 metros de espesor. Debido a su grosor el exterior se veía con un ligero tono azul.
En el puente estaba organizado para que al Capitán le llegara un resumen de todos los sistemas de la nave. En el área frontal del puente estaban las estaciones encargadas de control aéreo y navegación-sistemas de la nave. Cada una se encontraba bajo el control de las 1er Tenientes Misa Hayase y Claudia LaSalle respectivamente. Hacia la parte posterior, flanqueando la escotilla de acceso. En el lado derecho anatómico del puesto se encontraba a la Insignia Kim Kabirov encargada de administración de recursos de la nave. A la izquierda estaba la Insignia Shammy Milliome encargada de comunicaciones. En la pared derecha, entre el puesto de Claudia y Kim se encentraba un terminal con una gran pantalla controlada por la 1er Teniente Vanessa Laird que se encargaba del muestreo de los sensores externos.
El breve destello no paso desapercibido para los sensores de Vanessa.
No había pasado ni un minuto desde la detección en el panel de Vanessa cuando el panel de Claudia se enciende como si hubieran pasado el suiche para todos los sistemas. Se encendían inclusos sistemas que ella no sabia que existían, lo cual era raro y alarmante.
En la proa de la enorme nave, gigantescos motores empezaron a ponerse en movimiento haciendo que el par de brazos gemelos que formaban la parte delantera de la nave se movieron a los lados. Los brazos se detuvieron en su sitio, haciendo que la nave tuviera la forma de un enorme diapasón. El cañón principal nunca había sido disparado. Incluso no se tenia medida de su poder. Esa prueba iba a ser reservada para el espacio exterior. Al mismo tiempo, todo el mundo abordo podía sentir que la nave se movía un poco, y empezaron a sonar alarmar de emergencia por todos los compartimientos.
Alrededor de la proa se lanzaban enormes arcos eléctricos de color naranja, mientras cada vez mas energía se acumulaba para el inevitable disparo. La oleada de energía alrededor de los brazos y un poderoso destello de energía salió a gran velocidad. El rayo salió recto sobre los despeñaderos y sobre el océano, convirtiendo el agua en vapor y revolviendo el oleaje, levantando nubes de vapor que no descenderían por horas. El disparo fue directo, la curva de la Tierra reduciéndose debajo de él al mismo tiempo que éste se lanzaba en el espacio. Dos enormes figuras verdosas se encontraban maniobrando para salir de la orbita lunar, cuando el rayo de energía que se había ensanchado en su recorrido de mas de 280.000 km golpea de lleno a los dos cruceros de combate, los cuales explotaron en enormes explosiones esféricas hasta que de ellos no quedaron más que fragmentos que seguían la trayectoria original alrededor de la luna.
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Yelena abrió los ojos. Se había acostado un rato en el sofá de su habitación para descansar los ojos como siempre decía, y como no tenia que presentarse hasta la tarde, decidió que descansaría los ojos un par de horas. No había dormido mucho anoche, porque la fiesta de despedida de los oficiales termino bastante tarde. Además el sofá era muy cómodo y lo único que hizo fue quitarse los zapatos y acostarse a descansar.
Tenia un teléfono en la mesa al lado del sofá, y el pitido del aparato le había llegado primero en sueños, para después volverse muy real al abrir los ojos. Miro su reloj y se dio cuenta que eran pasado mediodía.
Cuando se tiraba a dormir era muy difícil despertarla, tanto que la sacudida del disparo del cañón principal apenas fue una molestia en sus sueños.
"Nikolayev..."
"Lamento molestarle, Mayor... pero tenemos una alerta nivel uno del puente."
Yelena se sentó en el sofá al escuchar lo que dijo el oficial de guardia. Aun estaba algo adormilada.
"¿Que decían?"
"Atención a todas los jefes de escuadrón. Detección y destrucción de dos objetos en orbita lunar. Múltiples naves espaciales detectadas y aproximándose rápidamente. No se trata de un simulacro."
Yelena se quedo callada unos momentos.
"Voy para allá."
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Las alarmas sorprendieron a todos los tripulantes de la nave. Las tripulaciones de mantenimiento aéreo se encontraban realizando labores de limpieza.
"Alerta nivel uno en todas las estaciones. Establezcan condición de alerta nivel uno en la nave. Esto no es un simulacro. Repito, alerta nivel uno en todas las estaciones. Establezcan condición de alerta nivel uno en la nave. Esto no es un simulacro," se escucho la suave pero imperiosa de Misa Hayase a través de los altavoces.
"¡Esto es un simulacro! No puede ser verdad," exclamó un camisa marrón un joven especialista encargado de la parte de mecánica de vuelo mientras corría arrastrando una aspiradora especial para tornillos y piezas pequeñas de metal.
"Tiene que ser," decía mas para si misma una joven colega que corría a su lado hacia su puesto de combate.
"Rápido, preparen todo en caso de despegues de emergencia," ordenaba el Sargento Mayor Becker, encargado del mantenimiento de los Valkyrie del Grupo Ángel, apenas entrando acomodándose su mono de trabajo.
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La sala de reuniones de pilotos del grupo Ángel era lo suficientemente espaciosa para que todos los miembros de los tres escuadrones estuvieran sentados. Todos lucían ya sus uniformes de vuelo, preparados para salir en caso de ser necesario.
"¿Qué pasa? ¿Alguien le tiro otro avión al SDF-1?" pregunto Engel entrando por la puerta.
Yelena estaba ante una mesa, donde estaba un gran mapa de la isla, un par de teléfonos y una computadora. Apenas Engel se le acercó, ella le pasó una hoja de papel para que la leyera.
"Hangar esta listo para lanzamientos de combate cuando lo ordenen, Mayor," dijo el Teniente Shinohara.
"Muy bien," respondió Yelena, mas seria de lo acostumbrado. Ella también lucia su traje de vuelo.
"Esto es una broma. Nos están jugando una broma. Una broma de despedida. ¡Por favor Lena!" dijo Engel.
"No lo creo," dijo, moviéndose con lentitud, esperando que todos los pilotos terminaran de llegar.
Casi todos estaban sentados, pero ella se quedo de pie.
"Nos acaban de advertir que hemos derribado dos objetos en orbita lunar y que hay múltiples naves dirigiéndose hacia acá. No sabemos su origen, pero si que son extraterrestres, lo que significa que lo que habíamos temido ya esta en marcha. El Capitán Gloval a ordenado que nos preparemos para salir a la primera señal. El cómo y el porque han venido no importan. Lo único que importa ahora es que estamos en guerra. Para esto se entrenaron. Están preparados para esto. Cumplan con sus deberes, confíen en sus compañeros y todos sobreviviremos."
Miro a cada uno en la sala. Algunos estaban sentados con algo de incomodidad en sus sillas, moviendo sus pies y golpeando con las manos en los respaldos de las sillas. No podía culparlos. Ella misma esta sintiendo una sensación bastante desagradable en el fondo del estomago, y prefería quedarse sentada aquí que tener que ver combate otra vez.
Yelena recordó un pasaje del Arte de la Guerra de Sun Tzu:
El día en que se ordene al ejercito ponerse en marcha, las lagrimas de los que están sentados inundaran sus solapas; las lagrimas de los que están tendidos correrán a lo largo de sus mejillas.
"Somos los mejores. Vamos entonces. Y ojala no sea una broma..."
"Gunsight Uno a todos los grupos Valkyrie. Somos atacados por extraterrestres. Esto no es un simulacro, repito, esto no es un simulacro. Todas las fuerzas procedan a formación de ataque." - anunció por los megáfonos la 1er Teniente Misa Hayase desde el puente de mando de la SDF-1 Macross.
Yelena empujo sus anteojos que empezaban a resbalar por su nariz, mientras tenia la vista fija en el megáfono, como si la Teniente Hayase se encontrara dentro de la cajita. Somos atacados por extraterrestres... si su oficial superior unos años antes le hubiera salido con eso, ella misma le hubiera puesto una camisa de fuerza.
Volteo a mirar a los integrantes de sus escuadrones, quienes presurosamente se levantaron y empezaron a recoger sus cascos alineados en una de las mesas.
"Otra guerra... y eso que apenas han pasado dos años," dijo Engel en tono seco, recordando que en su ultima operación de combate apenas había salido con vida.
"Bueno gente, a partir de este momento las cosas son de verdad," dijo Lena tomando aire, tenia que calmarse. "Es el momento. Demuestren el resultado de su entrenamiento. Vuelen con valor y seguridad. Subiremos, acabaremos con los blancos y regresamos. El éxito es el derribe. Y no importa lo que suceda, estaré con ustedes. ¿Preguntas?... bien, es todo."
Yelena tomo su propio casco y salió junto con su grupo. Ninguno, salvo ella y unos cuantos más, habían entrado en combate real, ni siquiera habían luchado en la Guerra de Unificación, ni contra humanos y nada los ha preparado para cosas así. Pero confiaba que se desempeñaran bien, y no se dejaran llevar por el pánico.
En minutos todos estaban enclaustrados en sus cabinas. Se escuchaba por los altavoces las imperiosas ordenes de despegue, y el anuncio de que el grupo de combate Ghost ya se encontraba despegando. El grupo Ghost también se encontraba en sus hangares en las plataformas internas de Macross, al igual que el Ángel y Wildcard. El grupo Apollo estaba a bordo del portaviones Prometheus, mientras que el Skull y Royal Eagles estaban en las pistas de aterrizaje de la isla.
Uno de los jefes de línea le ajustó las correas, mientras Nikolayev se acomodaba sus anteojos para después ajustar su casco y comprobar los instrumentos de su cabina.
Con rapidez y precisión su Valkyrie fue enganchado a la catapulta. Estaba acostumbrada a los largos despegues acelerados desde una pista normal, y no había tenido mucha experiencia con las catapultas, y apenas esta se activó, se sintió presionada con fuerza contra el respaldo de su asiento. El rectángulo de luz frente a ella se hacia cada vez mas grande, y su brillo ocultaba el paso de las paredes de metal a sus lados. Y se sintió perdida cuando salió al radiante exterior, y verse repentinamente a varios cientos de metros sobre el suelo.
El Valkyrie VF-1J color cobre de la Mayor se mantuvo estable en el aire y entonces se le unieron el resto de los integrantes. Al mirar al cielo noto una ráfaga de lo que indudablemente eran mísiles en descenso, algunos de los cuales empezaron a caer sobre una de las pistas, destruyendo a un par de Valkyries que aun no habían podido despegar.
"El enemigo se encuentra a una altitud de quince mil, en dirección uno-cuatro-dos" - informo la 1er Teniente Hayase través de la radio.
"¡¡Increíble!! Vamos a matar extraterrestres" dijo en tono jocoso Yelena con su marcado asentó ruso. Nada de ese acento ruso estereotipado con exceso de erres que se usaba en las películas, solo un cambio de ritmo en las palabras, lo que le daba un timbre especial e inconfundible a su voz.
Empujó la palanca de aceleración para ganar velocidad antes de elevar la nariz al cielo, ascendiendo casi en vertical.
Los cazas alcanzaron las nubes y por unos segundos lo único que pudo ver eran las nubes envolviéndole e incluso unas cuantas gotas de agua condensándose en los cristales. La Mayor mantenía la vista fija en el cristal, cuando de repente salió de la capa de nubes. Justo al hacerlo quedó boquiabierta al mirar que el cielo estaba lleno de naves alienígenas de color verde oscuro, miles de trazas de proyectiles surcan el cielo y multitud de explosiones, destellos naranjas y restos de metal que parecen llover.
"¡Nichevo!" - exclamó mientras se iba hacia la derecha, tratando de esquivar los disparos. "Rompan formación."
Todas las naves se dispersaron en varias direcciones, desgraciadamente uno chocó contra una nave enemiga, que giró y estalló a unos metros del Valkyrie del Capitán Engel, que afortunadamente no fue alcanzado al maniobrar lejos de allí y ahora se encontraba esquivando a tres naves que se le venían encima.
Nikolayev se encontró ocupada esquivando a un nutrido grupo de naves que le seguían. Se iba de lado a lado para evitar que le alcanzara algún disparo, y luego levantó la nariz del avión y pulsó la palanca G de su panel. El avión cambió a modalidad Gerwalk, una transformación donde el caza parece una gran águila metálica, de piernas extendidas para aterrizar, alas desplegadas y manos y brazos humanos extendidos. Su maniobra hizo que perdiera velocidad haciendo que los cazas enemigos pasaran de largo. Al verlos pasar se enderezó y les disparó.
Ya tenia sus primeros derribos de esta guerra.
Apenas tuvo tiempo de saborear su victoria cuando uno de los Valkyries de su escuadrón fue alcanzado por una ráfaga de disparos enemigos, convirtiéndose en una gran bola de fuego en el cielo.
"Aguanten muchachos," era lo único que podía decir. Para que supieran que ella estaba allí con ellos. "¡¡Vamos!!"
En tierra, Macross empezó a agitarse y levantarse lentamente sobre el suelo de la isla, separándose por fin de los enormes soportes metálicos que tanto esfuerzo había costado construir. Se elevaba majestuosamente sin hacer mucho ruido y sin apenas levantar polvo. Pero de repente la nave empezó a ladearse pronunciada y repentinamente hacia su lado de babor, y ante la sorpresa de muchos, los sistemas gravitacionales, esas maquinas diseñadas para levantar la nave, ahora se separaban rompiendo a través del casco y elevándose hacia el espacio, impulsadas por la energía que habían acumulado en sus baterías. Macross empezó a caer ganando cada vez más velocidad. Los soportes de metal no pudieron resistir la caída de las millones de toneladas sobre ellas, y se vencieron despedazándose y permitiendo que la panza de la nave golpeara el suelo, sacudiendo el suelo con un bramido aterrador.
Yelena estaba sudando y apenas tuvo tiempo de levantar el cristal de su casco, parpadeando para quitarse el sudor que le caía en los ojos. Antes de hacer nada mas, las naves enemigas están ascendiendo, como si atrajeran a los VF mas hacia arriba. El Mayor Focker ordeno retroceder hacia la isla, y haciendo que todos lo VF se lanzaran casi en picada hacia abajo, acercándose hacia Macross, que en su caída no había vencido con totalidad los soportes del lado de estribor, y la nave estaba más elevada de ese lado.
Sin dejar que nadie tomara un respiro una ráfaga de disparos provenientes del espacio empezó a llover sobre la ciudad. No eran bombas ni mísiles, sino ráfagas de haces de partículas. Yelena nunca había visto aquello. Al menos uno tenia la posibilidad de esquivar una bala o un misil, pero un rayo de partículas viaja a miles de kilómetros por segundo era otra cosa.
Todo pasaba con rapidez, y apenas terminó el bombardeo desde el espacio empezaron a aparecer mísiles lanzados por unidades enemigas de tierra.
"Gunsight Uno a todas las unidades Valkyrie. Nos están atacando, necesitamos apoyo de inmediato. Asuman modo B para enfrentar a las unidades de tierra."
Los grupos llegaron en pocos segundos atendiendo a la llamada de Hayase, pasando a modo Gerwalk y luego a modalidad Battroid empezando a dispararle a todos los Pod enemigos, algunos en tierra y otros volando directamente hacia ellos.
Era un verdadero pandemónium con unidades enemigas parecidas a avestruces sin cabeza que recorrían a pie o dando saltos las calles de la ciudad. Muy ágiles tanto corriendo como volando, haciendo parecer torpe a los Valkyries que se parapetaban tras edificios o cualquier estructura que pudiera protegerlos.
Un Battlepod disparaba a diestra y siniestra contra todo lo que se movía. De repente un VF en modalidad Gerwalk atravesó la calle junto a él y levantó la boca de su fusil para golpear al Battlepod y desequilibrarlo. El Battlepod tenía el doble del tamaño que el Valkyrie de Engel y tres veces su volumen. Pero el golpe hizo tambalearse hacia atrás al vehículo extraterrestre. El Battlepod trastabilló, le fallaron las piernas y terminó contra un poste de luz, doblándolo. Engel nivelo su fusil y abrió fuego. La maquina de combate extraterrestre se convirtió en una bola de fuego.
En medio del caos Macross empieza a encender sus propulsores de elevación auxiliar, inundando la ciudad con el humo de los cohetes. Algunas unidades enemigas y desgraciadamente algunos Valkyries fueron dañados y destruidos por los gases calientes de los escapes. Por suerte Yelena había dado la orden de elevarse, mientras Macross se levantaba ya al nivel de las nubes.
Por alguna razón la actividad enemiga se redujo luego de eso, y el ultimo encuentro de Yelena fue con Engel, quien aparentemente venia alegremente recorriendo las calles con su Valkyrie en modalidad Gerwalk. Engel no podía manejar bien su VF en modalidad Battroid, lo cual siempre era un alivio para los mecánicos que se encargaban del aparato de Engel.
Casi todos los Valkyries se habían reunió con Macross en su ascenso, y en estos momentos estaban en el espacio. Yelena sintió rabia y algo de desasosiego, porque Macross se fue sin ella. Era un pensamiento realmente estúpido pero recordó que había dejado las llaves de su habitación en el bolsillo de su uniforme y que no estaba segura si había cerrado bien la llave del agua. Pero se recordó que su mayor preocupación debería ser la eliminación de los enemigos en el suelo para poder defender la eventual evacuación de los civiles, que en esos momentos se encontraban seguros dentro de los refugios. Eso era más importante que sus preferencias personales.
Había pasado casi media hora desde la partida de Macross en los que ella y los demás habían logrado mantener a raya a los atacantes. Fue tiempo suficiente para familiarizarse con ellos. Estaba muy ocupada en eso y se sorprendió muchísimo al ver a la inmensa astronave de combate en el cielo, indudablemente descendiendo hasta la isla.
Repentinamente el cielo cambio de su habitual color azul, a una inquietante tonalidad rojiza. El suelo se estremeció.
Macross pareció estar en el centro de una esfera de gas incandescente. Desde ella se estaba extendiendo un globo de luz incandescente. El globo de la transposición se expandió, envolvió a la isla de Ataria Sur y su puerto, e incluso a los portaviones Daedalus y Prometheus. Una vibración como la de un terremoto sacudió los refugios donde se habían protegido los civiles. Se levantaron fuertes corrientes arremolinadas por el recalentamiento del aire recorrieron las calles de la ciudad, destruyendo edificios y restos de la maquinaria bélica de ambos ejércitos. Un globo con la SDF-1 como centro ahora abarcaba la isla y una considerable porción de océano. En un momento, el campo esférico quedo inmóvil en medio del mar y luego desapareció.
Luego de unos momentos el cielo cambio de nuevo de color, esta vez todo se volvió negro, mas oscuro que la noche. Súbitamente Yelena sintió como su cuerpo perdía peso dentro de la cabina. Su Valkyrie ya no se sostenía en el suelo para trastabillar y finalmente separarse del suelo. El vidrio de su cabina se empañó un poco, pero dejándole una vista suficiente de su entorno. Pero antes de asimilar la situación, su pantalla central le mostraba varias unidades de las fuerzas enemigas.
Su panel de sistemas de control empezó a arrojar datos, indicándole que se encuentra en un alto vació. ¡Estaba en el espacio!
Debido al dramático cambio de temperatura y presión, el agua que había seguido a Macross en su salto transposicional se había congelado.
Automáticamente la computadora del VF deshabilito los elementos móviles de mando (timones, flag y alerones) y accionó los pequeños propulsores de maniobras, tratado de imitar las acciones que los otros sistemas cumplían en la atmósfera.
La Mayor no se detuvo a pensar en lo que había pasado y trataba de ignorar el ambiente en el que se encontraba, aunque le preocupaba mucho que Macross estaba ahora cayendo sobre la isla. Rápidamente junto a varios Valkyrie mas, contando también a varias unidades enemigas, se alejaron rápidamente de la zona. Al impactar contra la ciudad, la enorme nave destrozo varios edificios con su peso, para luego deslizándose por cientos de metros hasta quedar detenida contra la ladera de una montaña.
Yelena comprobó que tenia poca munición –29 balas –, aunque su radar táctico solo le mostraba seis blancos en camino hacia ellos. Entre Engel y Nikolayev logran reducir a los enemigos, mas que todo mirándolos por el radar, ya que les resultaba difícil observarlos en la oscuridad.
Le costaba un poco orientarse en la penumbra del espacio. Macross estaba apenas iluminada por la luz de un pequeño sol, y las sombras son oscuras y con bordes bien definidos como solo podían serlo en el espacio. El sol estaba tan distante que apenas daba la misma iluminación de la Luna en una noche clara. Había visto ese mismo sol tantas veces desde la orbita terrestre y también desde la superficie de Marte, pero nunca se había puesto tan pequeño, como si fuera otro sol. Eso solo podía significar que no estaba ni en la Tierra y mucho mas allá de lo que ningún humano había viajado antes.
La tripulación de mando de Macross había llegado a la misma concusión después de varios minutos y necesitando el apoyo de aparatos de altísima tecnología.
Por suerte las luces de aterrizaje estaban encendidas, y pudo dirigir su exhausto VF en un perfecto aterrizaje, recorriendo los 60 metros de la corta pista y deteniéndose para avanzar lentamente hacia la cámara de aire luego de unas comprobaciones rápidas, se presurizó la cámara y se abrió la puerta delantera para que un pequeño vehículo de remolque la jalara hasta el interior del bullicioso hangar.
Ella misma se liberó de su cinturón de seguridad mientras la cúpula de su cabina se abría haciéndole llegar un olor de combustible y aceite. Le temblaban las piernas luego de tres horas en vuelo, y con lentitud se bajo por la escalerilla que habían puesto para ella. Necesitaba mucho de la botella de agua que le tendió el suboficial de servicio de su VF. Tosió un poco porque casi se ahogo con el agua, pero eso no era nada luego de haberse liberado de esa sed que había sufrido durante horas.
El VF de Engel ya estaba saliendo de la cámara presurizada, en modalidad Gerwalk, por lo que la nariz del aparato quedo apuntando un poco hacia abajo y la cabina inclinada otro tanto.
Engel abrió su cabina y en vez de bajar agarró la bolsa de emergencia y empezó a vomitar. Yelena espero que dejara de vomitar en la bolsa para darle una pequeña palmada en la espalda.
Cuando vio su propio Valkyrie se sorprendió muchísimo al verlo perforado por casi una docena de agujeros. La única vez que había visto agujeros de láser fue cuando se probaron los láser de los VF. Su ala derecha estaba acribillada por dos pares de agujeros del tamaño de un puño, y los bordes eran lisos, al haberse fundido el metal. Yelena se quedo con la boca abierta mientras miraba las luces del techo a través de los agujeros de su ala.
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La sala de reuniones de pilotos estaba tal cual la habían dejado hacia unas horas. La única diferencia, dolorosamente, eran las catorce sillas vacías. Los pilotos se veían cansados, como si las ultimas horas se hubieran estirado para convertirse en días.
Yelena no podía dejar de pensar en los pilotos que murieron, tanto los suyos como los de los otros escuadrones. Pensaba en las familias que ahora recibirían la terrible visita; rostros que no volvería a ver; voces que no volvería a oír.
Sabia que no era su culpa, que había sido la marea del combate lo que los había arrastrado mas allá de la vida.
Le molestaba mucho que esos pilotos no tuvieran un entierro digno, ya que sus cuerpos no fueron encontrados en la oscuridad del espacio.
No podía reprimir un profundo suspiro al pensar en todo aquello. No solo se trataba de que habían combatido y haber perdido a tanta gente, sino el hecho de que ahora se encontraba luchando en una guerra contra un enemigo claramente superior.
La tercera guerra en la que se había involucrado.
Antes de repasar lo sucedido, todos habían dedicado un minuto de silencio para recordar a sus compañeros caídos.
La guerra es un asunto de vital importancia para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la destrucción.
Se encontraban mucho mas allá de lo que los humanos habían soñado antes... en el espacio inexplorado, con pocas provisiones y combustible. Sin aliados.
Pero aun tenían esperanzas.
Odiaba pensar que muchos de sus muchachos, luego de analizar la situación, pensaran que era mejor haber muerto antes, en lugar de morir lentamente en el oscuro vacío del espacio.
Deseaba con todas sus fuerzas que esta guerra fuera el camino de la supervivencia...
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Fin Capitulo 2
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Notas / divagaciones del autor:
Una súper resumida explicación sobre los rangos militares, algo que espero aclare algunas dudas:
Naval-- Fuerza Aérea / Marines / Ejercito
Oficiales
Almirante -- General
Vice-Almirante -- Teniente General
Contra-Almirante -- Mayor General (General de División)
Comodoro -- Brigadier General (General de Brigada)
Capitán (Capitán de Navío) -- Coronel
Comandante (Capitán de Fragata) -- Teniente Coronel
Teniente Comandante (Capitán de Corbeta) -- Mayor
Teniente (Teniente de Navío) -- Capitán
Sub Teniente (Teniente de Fragata) -- 1er Teniente
Insignia (Alférez) -- 2do Teniente
Suboficiales, Marinería y Tropas Enlistadas
Contramaestre Mayor -- Sargento Mayor
Contramaestre Oficial -- Sargento de Vuelo / Sargento de Armas
Contramaestre 1ra Clase -- Sargento 1ra Clase
Contramaestre 2da Clase -- Sargento 2da Clase
Contramaestre 3ra Clase -- Cabo
Tripulante -- Soldado
Viene de orden descendente según antigüedad.
Los Oficiales se forman en las Academias Militares y comienzan su ascenso como Insignia/2do Teniente.
Los Suboficiales se forman en los cuerpos de entrenamiento militar (personal "enlistado") y se forman en periodos de meses (en muchos Ejércitos se forma un Sargento en 3 meses). En casos muy especiales los Suboficiales pueden ascender a la oficialidad.
Hay casos donde algunos civiles, dependiendo de su profesión, puede obtener una comisión como Oficial o Suboficial. Pueden ser médicos, enfermeras, abogados, veterinarios, capellanes, técnicos, etc.
Muchos suboficiales enlistados pueden ascender a la oficialidad por meritos de combate. Este tipo de comisión es muy raro y solo se reserva al personal enlistado con capacidades excepcionales. Esa es la razón de que muchos de los pilotos reclutados en Robotech / Macross sean después oficiales.
En Robotech se utilizan los rangos Navales, así por ejemplo podemos ver a Maia Sterling de Robotech The Shadow Chronicles y Roy Fokker de la Saga Macross tienen el rango de Teniente Comandante. En Macross los pilotos y personal aéreo tienen rangos de la Fuerza Aérea, por eso Roy Focker es Mayor, Misa Hayase es 1er Teniente (al comenzar la serie) y asciende hasta el rango de Mayor. En Robotech Lisa Hayes tiene su rango fijo de Teniente Comandante al comenzar para ascender hasta Almirante, saltando los grados de Comandante y Capitán.
