El olor del miedo se había fusionado con el del sudor y la madera humedecida ´por el agua salada, era un olor nauseabundo y desagradable pero habían pasado días enteros en aquella galera que ya pasaba desapercibido. La nave se agitaba con violencia siendo llevada por el furioso océano, las olas golpeaban el casco, los gritos de los marineros en cubierta componían una tétrica canción que serbia de acompañamiento al agitado baile del barco.

- Arqueros a cubierta – grito un hombre desde arriba, desde la cubierta

El grito del marinero saco a Derrec de sus pensamientos acerca del olor, no recordó cuando tomo su arco así como tampoco recordó cuando se colgó el carcaj al hombro, en un momento estaba sentado sobre un barril mirando como sus compañero de nave vomitaban y al siguiente estaba formado de tras de otro arquero subiendo a saltos una escalera de madera húmeda. Al salir se respiro un hedor muy distinto pero a la vez familiar era el inconfundible hedor a muerte que se había juntado con el de la ceniza y el humo. Lo primero que vio fue el cielo era un cielo gris oscuro con manchones negros, quizás nubes de tormenta quizás nubes de ceniza, desde el barco se podía ver la ciudad de los magos, ardía todo sus murallas, sus casas, sus templos, sus torres, todo parresia ser consumido por las llamas todo menos el gigantesco castillo blanco que se levantaba imponente por sobre cualquier otra estructura aquella construcción por si sola parecía abarcar la mitad de la ciudad y sus torres más altas se perdían en la espesura de las nubes. A medida que el barco mas se acercaba, una lluvia de cenizas comenzaba a caer se asemejaba mas a una nevada negra, de repente como si hubiesen cruzado una línea invisible una avalancha de rocas voló desde la ciudad hasta donde se encontraba la flota, rocas, rocas de diversos tamaños volaban y se estrellaban a ambos lados del barco y de los otros barcos algunas las más pequeñas eran del tamaño de sandias pero otras tenían el tamaño de casas. Pero ni así los capitanes se acobardaron no retrocedieron y los barcos continuaron su testarudo trayecto a la costa abriéndose paso por la tormenta de granito, no tardo mucho antes de que los proyectiles acertaran a sus blancos, la madera del casco y la cubierta rugió al momento de sentir el impacto de las pesadas masas de roca, las velas se agujeraron y los mástiles parecían a punto de caer, la nave que viajaba al lado derecho recibió una de las más grandes y se hundió al instante acompañada de un coro de marineros, arqueros, soldados y caballeros que gritaron al unisonó, no hubo intento de rescate por parte de ninguna de las otras naves , mas y mas piedras volaban en dirección a ellos algunas lanzaban a los hombres al agua otras los mataban al instante una de las pequeñas había pasado a centímetros de su cabeza solo para aterrizar en el pecho de un grumete que estaba en el lugar y momento equivocado. De la nada una tormenta de agua acompaño a la de rocas el cielo cambio de un gris oscuro a un negro total las nubes parecían mucho más densas que antes iluminadas solo por los relámpagos rugientes, el agua se le metía a los ojos pero aun así veía que los relámpagos caían con mas precisión que las rocas impactaban justo en los barcos incendiándolos, y también en la ciudad llameante y sobre todo en el castillo blanco no paso mucho para que la avalancha de rocas disminuyera.

- Arqueros tensad – grito uno de los marineros.

El y sus veintisiete compañeros que quedaron de los cuarenta que subieron a cubierta tomaron una flecha y la tensaron en la cuerda del arco encendieron la punta de la flecha en uno de los calderos con aceite encendido

- Apuntad –grito el marinero una vez mas

Sus brazos y los de sus compañeros se elevaron para que las flechas apuntaran directamente al monstruoso cielo negro que rugía con furia.

- disparad.

Las flechas salieron disparadas silbando, con rapidez se elevaron y se perdieron en la negrura de las nubes.

- Tensad, apuntad, disparad

- Tensad, apuntad, disparad

- Tensad, apuntad, disparad

Aquel viejo marinero marcaba el ritmo de esa nave se hacía tal y como él decía se tensaba se apuntaba y se disparaba y luego se repetía una y otra vez los carcaj eran rellenados por grumetes que subían y bajaban de la cubierta con las manos llenas de flechas Derrec no pudo evitar preguntarse si en el resto de los barcos habría un viejo marinero marcando el ritmo de disparo, fue cuestión de minutos desde que comenzaron a lanzar las flechas para que los relámpagos disminuyeran o no fueran tan precisos, por su parte la avalancha de rocas había cesado casi por completo aun había algo que caía al agua pero ya no acertaba a los barcos y tampoco parecía provenir de la ciudad en llamas, dejo pasar un turno cuando una pluma blanca enrojecida le cayó en el rostro, solo tuvo que prestar un poco mas de atención para darse cuenta de que lo que caía no eran rocas o si lo eran, eran las mejores estatuas de hombres alados que jamás había visto, sus compañero arqueros ni siquiera se dieron cuenta de que había dejado de disparar ellos seguían tensando, apuntando y disparando al igual que los otros barcos, sin poder evitarlo desvió la mirada del cielo para ver la ciudad de los magos los rallos caían sobre el castillo blanco uno tras otro como si alguien estuviera marcando su propio ritmo de descargas, del castillo blanco comenzaron a salir disparadas unas tétricas luces directo al cielo luces de varios colores eran disparadas al cielo negro, luces verdes moradas, azules, blancas, luces que parecían estrellarse con algo y estallar en el interior de la tormenta remplazando brevemente el negro original de la nube. Los gritos del marinero seguían marcando el ritmo y aunque estaba distraído había logrado oír con claridad los "tensad, apuntad, disparad" ya se le habían pasado ocho turnos, así que retomo el ritmo con la novena orden.

Faltaba poco para la playa cuando se acabaron las flechas no paso mucho antes de que los demás barcos de la flota también dejaran de disparar, apenas si pasaron unos cuantos minutos desde que el ultimo barco terminara su última ronda, para que unas figuras descendieran desde las nubes hombres y mujeres casi idénticos a los que tenia a lado solo que con majestuosas alas enormes, los alados no usaban arcos ni espadas en su lugar usaban lanzas y alabardas muy bien afiladas, los alados pasaban volando lo suficientemente bajo como para que sus armas cortaran la carne o se enterraran en el huso quizás contra las armaduras de placas de acero gruesas de los caballeros y sus escudos no fuesen tan efectivos pero los marineros solo eran protegidos por sus ropas de tela y si acaso uno que otro tenía un chaleco de cuero endurecido pero hasta hay y a los arqueros no les iba mejor la cota de malla que los cubría no era suficiente para desviar o detener las afiladas hojas de los alados, aun así los hombres valientes agitaban sus espadas en el aire tratando de matar a los alados. Cada que pasaban un marinero o un arquero caía de la borda o se desangraba en la cubierta, pero Derrec no solo contaba con espadas el aun tenia flechas se incoo para salir del alcance de las lanzas ignoro el agua de la tormenta y la agitación del barco , tenso, apunto y disparo, una figura callo desde el mástil mayor chocando contra la vela lo que minimizo la caída a cubierta, la criatura se levanto torpe y adolorida cubierta por un retazo de tela que había arrancado de la vela al tratar de detener su caída, cuando se quito de encima el trozo de tela dejo al descubierto lo que parecía era una hermosa mujer de piel blanca como la porcelana cabellos de oro y ojos de zafiro, con dos enormes alas plumeadas blancas, aunque su ala derecha estaba siendo manchada por un rojo que borboteaba del lugar donde la flecha había penetrado, trato de extender sus alas pero solo la izquierda respondió la derecha no pudo extenderse pues esta se retrajo en una contracción de dolor, la mujer alada derribada no llevaba armas había perdido su lanza en la caída, no portaba escudo y era bien sabido que las armaduras de los alados suelen ser muy ligeras, aquella en particular solo llevaba un peto de acero de lo que se veía era una placa muy ligera llevaba una falda de tiras de cuero endurecida y una tela suave bajo la armadura que dejaba al descubierto sus brazos y las piernas, los marineros sacaron sus rudimentarios cuchillos para destripar pescados y comenzaron a rodear a la mujer alada quien no savia en cuál de todos postrar su atención, sus compañeros arqueros no se quedaron atrás solo que ellos desenfundaron una espada corta, se acercaban con cautela de la mujer no porque esta pudiera defenderse sino porque no querían lastimarla, después de todo un labio partido o un ojo morado hacia menos disfrutable las violaciones, Derrec recordó que no hace mucho tiempo le parecía un acto de bajeza y maldad pero aquel había sido Derrec el hijo del panadero del pueblo, aquel había sido un muchacho sano y feliz que podía retozar con las hijas de los campesinos después de ganarse su corazón, aquel había sido un niño que había aprendido a cazar con arco por la necesidad de carne fresca, aquella persona solo había matado venados, conejos, jabalíes y una que otra ave. Pero aquel ya no era ese niño, aquel ya era un hombre que había visto morir a demasiados hombres, era un hombre que había quitado demasiadas vidas y que había pasado muchas noches solo con el estomago vacio, aquel era un hombre cuyo único placer fue compartir un colchón pulguiento con una vieja prostituta a la cual la belleza había abandonado hace muchos años y que sin embargo logro quedarse con las dos insignificantes monedas de plata que llevaba en el bolcillo, y de aquello asía ya tres largos meses. Por eso mismo no le sorprendió ver que tenia la espada desenvainada caminando hacia la mujer alada con la misma cautela con la que los marineros y el resto de los arqueros se aproximaban a ella. Unos dientes amarillos y picados aparecieron de la sonrisa torcida de un marino que había logrado sorprender a la mujer alada apresando su brazo entre su pesada mano encallecida mientras que con la otra sostenía un cuchillo.

- Será mejor que cooperes perra – le advirtió el marinero.

El resto de los hombres se acercaban con más calma como buitres esperando las sobras, la mujer se retorcía y trataba de zafarse del agarre del marinero, pero este más fuerte que ella no solo podía resistir sus patéticos jaloneos sino que además cuando se canso de eso, le dio un fuerte tirón a su víctima lo que la acerco a él, a lo cual ella respondió con una veloz bofetada directa a la cara del marinero, el golpe fue tan duro que el marinero volteo la cara, sin embargo no la soltó cuando devolvió la mirada a su presa dejo escapar una tétrica carcajada que resonó por toda la cubierta.

- Ja a esta perra le gusta luchar – dijo el sin perder la sonrisa ni la fuerza con la que agarraba a la mujer con alas

Sin que nadie se diera cuenta las carcajadas del marinero se detuvieron en un instante y lo único que salía de sus labios era un tenue y apagado quejido apenas audible, un segundo después la mano que sostenía a la mujer empezó a desprenderse del resto del brazo, y una cascada de sangre salió del muñón del hombre que se había dejado caer sobre la cubierta desangrándose incapaz de asimilar lo que había pasado incapaz de levantarse, la mujer alada quien aun tenia aferrada la mano del marinero a su brazo se sacudió para quitarse aquel pedazo sanguinolento de carne, que aun sin cuerpo se aferraban a ella, los demás arqueros y marineros miraron al cielo con sus rudimentarias armas en las manos, sabían exactamente lo que había pasado aquello era obra de un alado con mucha velocidad, todos esperaban que este volara sobre ellos tratando de de matarlos desde arriba, pero en vez de eso el alado aterrizo con su alabarda ensangrentada frente a la mujer de su misma especie, movió la alabarda con la elegancia típica de su especie para alejar a los marineros y arqueros, aquel era un hombre más alto que la mujer y solo un poco mas corpulento su vestimenta era la misma, tenía el cabello rizado de un naranja especialmente brillante, a diferencia de su compañera este llevaba el pelo solo hasta los hombros, pero en cuanto a las facciones de su cara no se distinguía mucho de la mujer y al igual que ella su piel era blanca como de porcelana. El hombre alado mostro sus dos alas como un escudo que se desplegaba para proteger a la mujer que estaba detrás, el alado despego por cuestión de segundos la mirada de los marineros y arqueros que se preparaban para atacarlo para ver directamente a la chica alada que estaba detrás de, el.

- Salta – le dijo el hombre con alas mientras la miraba con una tristeza que se desbordaba a través de sus ojos.

Los hombres no perdieron el tiempo y atacaron sin ningún tipo de consideración al hombre alado la melodía del metal contra el metal sonó por toda la cubierta, los marineros se habían retirado atemorizados por la velocidad y el filo de la alabarda del hombre alado, pero los arqueros no le temieron y aun con las espadas cortas y sin escudo se arrojaron contra el hombre alado. Mientras que la chica solo veía impotente la pelea, el hombre alado apenas si podía mantener a ralla a los 5 valientes arqueros que se había atrevido a enfrentarlo,

- Salta – grito el hombre alado a la mujer de su especie cuando pudo esquivar los golpes de los arqueros

- Salta – le grito el hombre después de recibir una flecha

"salta" es lo que había gritado al recibir la segunda y la tercera flecha, pero la mujer no le obedecía no se alejaba solo se quedaba hay viendo como su contraparte masculina alejaba las espadas de los hombre terrenales con su alabarda mientras perdía sangre por las flechas que le habían perforado la placa de armadura ligera del peto, cuando más de los arqueros se unieron a la pelea, aquel hombre alado ya no pudo mantenerse en el suelo y se elevo un poco por sobre la cubierta pero no se atrevía a elevarse demasiado para mantener la atención de los hombres terrenales. Pero ni así la mujer le obedecía.

- Salta – le grito una vez más el hombre con alas cuando emergió a cubierta un caballero vestido de grueso metal de pies a cabeza y cuyo rostro era oculto por un yelmo atemorizante.

El caballero y el hombre alado pelearon a capa y espada, uno agitando con fuerza una pesada espada tratando de asestarle un golpe crítico y el otro esquivando los pesados espadazos de su adversario mientras trataba inútilmente de perforar las placas de metal que cubrían al rival.

- Salta – grito una vez más el hombre con alas esquivando por poco uno de los golpes terribles del poderoso caballero.

Finalmente ella obedeció a la suplica de su compañero y con su ala derecha aun inutilizada corrió por la cubierta y salto al agitado océano, solo se escucho el chapoteo del agua, y en ese momento justo en ese momento el hombre alado desvió la mirada desde el aire tratando de buscarla sin darse cuenta que detrás de el un par de grumetes se habían escabullido con una red que lanzaron en cuanto lo vieron distraído. La red de cuerdas cumplió su cometido y se enredo por completo en las alas del hombre que volaba a baja altura de la cubierta y que se estrello contra la madera soltando su alabarda, hay estaba desprotegido, indefenso, solo, atrapado en una red

- Que sea rápido – suplico, quizás al caballero quizás a sus dioses quizás solo se lo dijo a si mismo. Pero el caballero lo complació basto con un único tajo de la espada para que el hombre perdiera la vida y la mitad de la cabeza con ella.

Derrec había visto todo menos lo último había corrido a mirar el mar para saber si la mujer había logrado salir nadando pero no la vio para cuando regreso la mirada vio que los marinaros jalaban los restos de la red que aun envolvían el cadáver del hombre alado para segundos después arrojar el cuerpo al mar, después miro al frente la costa se divisaba ya a unos cuantos metros de distancia en cuestión de unos pocos minutos el barco tocaría tierra

Los muelles habían sido desolados los restos de las naves que habían llegado antes obstruían el acceso a ellos la única manera de desembarcar tropas era que los barcos encallaran en las playas cercanas a la ciudad. Se sintió el golpe cuando la madera del barco fue frenada por la arena, los hombres no perdieron el tiempo y bajaron de la nave como pudieron por las rampas que los marineros habían colocado o por las sogas atadas a los mástiles que descendían por el casco de la nave, los caballeros bajaron sobre sus bestias con espadas y escudos se alinearon en la playa y partieron rumbo a las murallas de la ciudad junto con el resto de la caballería de las otras embarcaciones que habían logrado llegar a la costa, el había bajado por una de las sogas con la espada corta en la funda y el arco en el hombro, lo primero que noto fue el agua que lamia la arena de la playa con un peculiar tono que iba del verde marino al rojo sangre, lo segundo que noto fue que no solo ellos habían logrado llegar los muertos de alguna forma los habían seguido, los cadáveres tanto de alados como terrenales habían logrado llegar a la costa, se quedo congelado al ver el cuerpo de una mujer alada que había sido arrastrada a la costa por la marea quizás fuese aquella a la que había derribado o quizás fuese otra tenía el cabello largo y dorado pero no había manera de saber si era o no era aquella mujer alada sus dos alas parecían retorcidas y enrojecidas, era algo que nunca iba a averiguar.

- Síganme – les grito un caballero desde de su montura a los hombres que se habían reunido, y todo mundo sin siquiera pensarlo ni cuestionar nada siguieron a aquel caballero gritando todos en un coro dispar y enloquecedor.

Al acercarse a las murallas dejaron de lado la playa para encontrarse con un sembradío de cadáveres y flechas que se habían quedado enterradas en la arena los cuerpos ya de un color verdoso por la putrefacción despedían un hedor nauseabundo que atraía otro ejercito mucho más numeroso que el de los terrenales, los alados y los mágicos juntos, pero que no le importaba tomar partido en aquella guerra y que ignoraba con total despreocupación las cuestiones políticas de la misma era el ejercito de las moscas, que celebraba su habitual festín al cual habían invitado a las aves de rapiña que comían con más saña.

Al mirar la muralla más de cerca Erric noto el enorme daño estructural que habían causado también noto los restos calcinados de las torres de asedio y los arietes que habían convertido en astillas las puertas también vio las catapultas que seguían arrojando piedras y barriles de brea encendida. Pasaron por las puertas destruidas sin que nadie los molestara el junto con sus compañeros arqueros y otros cientos de soldados de infantería corrían con la espada en mano por las calles atestadas de cadáveres y muerte, el hedor de la putrefacción se había combinado con el del humo la mayoría de los edificios de la ciudad o estaban reducidos a cenizas o estaba ardiendo incluso el majestuoso castillo blanco cuya sombra cobijaba toda la ciudad comenzaba emanar columnas de humo.

El castillo blanco aun se veía distante, su ejército apenas si había pasado la primera parte de la ciudad la que ya había sido tomada por los ejércitos que llegaron antes que ellos pero todo cambio cuando atravesaron los restos de la segunda muralla, pues encontraron la verdadera batalla. Los tres ejércitos se enfrascaban en una batalla campal a la cual no se le veían pies ni cabeza, los magos que eran famosos por conjurar espectros para pelear habían convocado a un ejército de seres con aspecto de hombre que parecían una mala imitación de los terrenales eran hombres deformes con la boca torcida extremidades desiguales y ojos inexistentes, portaban armas extrañas que igual perecían ser imitaciones de las armas de los hombres espadas, lanzas, hachas, masas y garrotes todas ellas parecían brotar de sus manos, seres que no sangraban y que cuando se le cortaba se convertían en polvo. Miles y miles de estas criaturas se habían atiburrado a los pies de la tercera muralla intentando protegerla, y en la cima de la muralla una hilera de arcos brillantes se sostenían y disparaban por si solos apuntando al cielo, y desde las torres salían rallos y luces que al momento de tocar tierra estallaban en una bola de fuego azul o morado y desde el cielo los relámpagos eran dirigidos a las torres y a los ejércitos terrenales.

En tierra los lanceros habían retomado posición formando una hilera de hombres con sus escudos arriba y sus lanzas a un costado que resistían el embiste de los espectros que se arrojaban sin pensar en el filo de las lanzas

- Avanzad – se oyó gritar a un caballero desde atrás de los escudos de lanceros.

Los lanceros cumplieron con la orden con un grito, los espectros eran aniquilados por cientos con cada paso de los lanceros, si un lancero moría otro tomaba su lugar. Los alados eran amos del cielo y desde ay podían poner en jaque a los mágicos y a los terrenales y los mágicos desde sus torres eran una fuerza terrible pero en tierra los hombres terrenales eran indetenibles. Los millares de espectros se reducían mientras que los lanceros los empujaban a la muralla incluso si una de las luces explosivas de los magos que salían de las torres lograba romper por breves instantes la formación los espectros eran repelidos por la infantería y la formación de lanceros no tardaba mucho en reponerse. La tarde estaba cayendo cuando los lanceros habían empujado al ejercito de espectros casi por completo al muro, de repente un cuerno sonó desde el este y un millar de caballos bajo por las calles de la ciudad a toda prisa barriendo con los espectros y al instante otro cuerno sonó esta vez desde el oeste y otra horda de jinetes aparecieron y cargaron contra los espectros, los lanceros rompieron filas y dejaron que los soldados de infantería entraran de lleno a la batalla los espectros eran destruidos no por cientos sino por miles, para cuando las dos caballerías se juntaron la legión de espectros se vio reducida a nada, los hombres celebraron aquella victoria con un sonoro grito colectivo dispar que se alzaba al ennegrecido cielo tormentoso, se les abrió el paso a los arietes y catapultas, para que estas cumplieran con su labor y derribaran las puertas.

POOOM, POOM el golpe que producía la cabeza de hierro solido del ariete contra la madera de la puerta retumbaba a los cuatro vientos acompañada de los gritos de los caballeros que comandaban a las pesadas maquinas

- Fuerte- rugían desde sus monturas.

- Fuerte – repetían una y otra ves

- Fue… aquel último grito fue interrumpido cuando la lluvia torrencial se detuvo de la nada y por un minuto el mundo pareció paralizarse,

Derrec no supo jamás si todos podían sentir lo mismo pero de repente el ambiente cambio por completo ya no se sentía ebrio de victoria ni asustado ni agitado ni nada, lo único que sentía era un extraño vacio en su interior como si una parte de, él hubiese muerto, y por lo que podía observar todos parecían estar asi. Y tal como había parado la lluvia de repente un extraño sonido emergió del cielo era como un rugido, un rugido de una criatura que jamás se había visto un rugido que pareció romper el alma de todos y que se extendió de una manera antinatural, de repente como una marea interminable de cosas extrañas el cielo cambio de un negro tormentoso a un verde fosforescente y de él empezó a llover nuevamente pero no agua empezaron a llover alados cientos o más bien miles era una lluvia de muertos que caían sin ningún tipo de resistencia y se estrellaban contra el suelo o los edificios era algo que jamás se había visto, si aquello era un hechizo de los magos no se tenía conocimiento de un poder de tal magnitud. Como si no bastara todo esto las nubes en el cielo comenzaron a comportarse aun más raro se abrieron formando un circulo que dejaba ver una negrura perturbadora un vacio oscuro del cual se filtraba un frio terrible que no era de ese mundo, las aves volaron en millares al mar acompañadas de las moscas que también se fueron zumbando en una nube negra que voló bajo, al poco tiempo el suelo se lleno de ratas ratones y otros animales que habían salido de sus escondrijos para alejarse y ni siquiera los entrenados caballos de guerra respondieron a las órdenes de sus jinetes y se liberaron como pudieron y huyeron también.

De aquel ojo negro nació algo una figura retorcida que emergió de aquel portal macabro un monstro con una cabeza que asemejaba a la de un caballo pero esta estaba deforme era alargada parecía la mescla entre la cara de un caballo y un dragón con cuernos dispares y dos largos colmillos que sobresalían de la mandíbula superior, envuelta en un pelaje gris y con un enorme cuello alargado, su cuerpo era alargado también como el de una serpiente cubierto de plumas en el lado derecho tenía una garra semejante a la de un grifo y la izquierda la pata de un león sus patas traseras también pertenecían a animales distintos la derecha era una pezuña como la de una cabra y la izquierda era la de un dragón, contaba con una larga cola con escamas rojas cuando termino de nacer de aquel extraño ojo en el cielo desplego dos grandes alas una asemejaba a la de los murciélagos la otra era un ala emplumada que brillaba con un peculiar color azul era una criatura gigantesca más alta que el mismísimo castillo blanco era tan grande que sus alas dejaban en tinieblas a toda la ciudad de los magos. Se poso sobre sus patas traseras en la tierra y camino completamente erguido como un hombre lo aria, camino sin prestar atención al ejercito de alados que habían caído al suelo muertos ni el ejercito de terrenales que había estado luchando a los pies de una muralla, ni a los magos que se resguardaban tras sus torres y castillos, cada paso que la criatura caminaba la realidad cambiaba los edificios flotaba o se convertían en figuras amorfas sin sentido, el fuego de los edificios se convertía en agua pero seguía quemando y comportándose como fuego, esa cosa no les prestó atención ni cuando llego a la muralla ni cuando la traspaso convirtiéndola en escombros, y como si los magos hubiesen logrado de alguna manera escapar del trance que producía ver aquella cosa comenzaron a disparar sus rayos y luces pero estas ni siquiera lograron incomodar a la criatura, esta se detuvo frente al castillo lo miro durante algunos minutos y después con la garra de grifo chasqueo los dedos y el castillo comenzó a desmoronarse de una manera imposible era como si los muros y pilares colapsaran a voluntad y rodaran todos en la misma dirección para caer al mar, cuando termino el gran y majestuoso castillo blanco se parecía mas a un gigantesco trono donde la inmensa criatura se sentó, se acomodo en su nuevo asiento y volvió a chasquear los dedos de la garra de grifo, al instante las demás torres desde donde los magos defendían su ciudad cayeron derrumbadas en un estrepito aterrados y después de que todas cayeran la criatura miro a los terrenales y les dijo con una vos que no pertenecía a ese mundo – es el fin.

De repente lo sintió algo se le había metido en cabeza y le estaba destrozando el cerebro algo había llegado después de oír la terrible vos de aquel ser, no solo Derrec todos, todo mundo parecía estar igual todo mundo parecía sentir exactamente lo mismo, nadie pudo soportarlo y un grito de dolor y agonía se elevo al cielo, aquella cosa que se le había metido en la cabeza había tomado el control de su cuerpo, tenía la espada en la mano pero solo podía verla no la sentía de hecho no sentía nada, no sintió cuando su brazo se movió descontrolado agitando el acero, no sintió la sangre del hombre que tenia a lado cuando le enterró la espada en el cuello, no sintió cuando corrió a apuñalar por la espalda al siguiente o al siguiente solo podía ver y lo que veía era otra batalla una batalla sin motivo sin banderas ni naciones una batalla campal entre personas que hace unos instantes habían peleado hombro a hombro y ahora se mataban entre sí en un frenesí asesino del cual no se veía fin, pero el solo podía verlo, quería parar quería dejar de matar pero no podía no podía ni siquiera dejar escapar una disculpa o una súplica era como si sus labios se hubiesen sellado en una mudes eterna, pero en su mente no paraba de preguntar a gritos – quien eres

- Quien eres – preguntaba sin hablar cuando podía ver al colosal monstruo sentado en su nuevo trono.

- Quien eres – preguntaba queriendo gritarlo desde las profundidades de su mente.

Menos de dos horas tardaron menos de dos hora en morir todos los sesenta mil hombres terrenales que habían acudido al llamado de sus reyes y de todos ellos solo quedo el sin ningún rasguño que no tuviera hace dos horas, y lo supo lo supo con la misma seguridad como con la que se asegura que el cielo es azul, solo quedaban él y la criatura.

- Quien eres repitió en su mente – tratando de forzar su mandíbula para liberar aquella pregunta pero no pudo aun así le respondió.

- Yo, yo soy el hijo de la nada, padre de la locura, heredero de todo lo que existe a existido o existirá, yo soy el portador de la muerte amo de la destrucción aquel que nunca duerme traedor de la ruina y la miseria señor absoluto del caos – le respondió una vos antinatural que resonaba con fuerza y violencia en su mente

- Yo soy discord – concluyo aquella vos antes de que sus ojos se serraran y lo dejaran en una oscuridad casi perpetua.