Albergando al Pasado

Prologo: Encuentro Casual.

Aquella fiesta no era tan divertida como le habían hecho creer. De hecho, ese tipo de reuniones la ponían nerviosa, odiaba la forma en que los hombres se acercaban a ella. En tan solo un cuarto de hora había rechazado salir con cinco de ellos, todos guapos sí, pero no tenían nada especial que pudiera hacerla cambiar de opinión.

Había terminado la universidad entre los mejores de su facultad; y en un tan solo un mes un amigo periodista le había conseguido trabajo en una de las mejores revistas deportivas de Japón. Vio pasar a una joven delgaducha y no pudo evitar sonreír al recordar su propia imagen hace unos años.

No sabía si para bien o para mal había adquirido el cuerpo que tenía, pero eso la ayudaba a sentir más segura. Suspiró resignada y siguió buscando una vía de escape.

- Sakuno, te he estado buscando.

Giró la cabeza y al ver a Ann tan sonriente desechó la idea de reprenderla. Frunció el ceño y la miro con molestia.

- ¡No puedo creer que de nuevo me hayas dejado sola a la merced de todos estos hombres!- le dijo con enfado.

- Pero si no ha sido tan malo ¿eh? He visto a muchos chicos encantadores rondándote.- Anne se llevó un dedo a la boca como si intentara recordar algo.- ¡Ah ya! Quiero presentarte a alguien, y créeme, esta vez te agradará.

- Me pregunto si será tan agradable como el otaku que me presentaste hace un mes.- le recordó Sakuno con sarcasmo.- Así que dile a mi futuro Adonis que tuve que marcharme por cuestiones de trabajo.

Comenzó a caminar hasta la entrada y lo que su amiga dijo a continuación la hizo volverse.

- ¿Aunque se trate del hombre que pueda tener ese toque especial que tanto buscas?

- Esta bien, vamos.- accedió al fin.

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¿Qué palabra era la que estaba buscando? Levantó la mirada como si abriera su diccionario mental, y tronó los dedos al encontrarla. ¡Aburrido!

Lanzó un bufido mientras miraba a todos los invitados debajo del hombro. Sí bien no era el rey del mundo, merecía cierto respeto. Después de todo llegar a ser el mejor tenista del mundo no era cosa que cualquiera pudiera hacer.

- Momoshiro…- le dijo a su amigo, quién al parecer estaba buscando a alguien.- ¿Querrías decirme porque he venido a este lugar contigo mientras podría estar en un buen bar?- le preguntó enojado.

- ¿Por qué?- preguntó este confundido- ¿Será porque me debes un par de favores?

Suspiró resignado. Ser Ryoma Echizen no era fácil, hasta sus mejores amigos cobraban los favores con citas a ciegas.

- Momo…- le dijo mientras se mentalizaba para lo que estaba a punto de decir.- ¿Dónde la mesa de vinos?

- ¡Así que vas a beber algo!- se alegró Momoshiro mientras lanzaba un puño al aire.- Eso me parece fantástico, deberías hacerlo más seguido.

- No me malinterpretes, solo quiero agua.

Escuchó atento las indicaciones de su amigo y entonces... la vio. La mujer que caminaba en dirección a él, debería medir por lo menos metro setenta, su cabello castaño le llegaba a altura de los hombros, sus grandes ojos castaños estaban cubiertos por unas largas y espesas pestañas. Caminaba ligeramente como si flotara, vestía una blusa azul y unos shorts cafés. Esa mujer tenía un encanto natural, si bien sus pechos no eran lo suficientemente grandes en comparación como su pareja actual, podría pasarse la noche sobre ellos.

Sin apartar la mirada de aquella mujer, le pregunto a su amigo quién era y éste solo se hecho a reír.

- ¿He dicho algo gracioso?- le preguntó con seriedad- Querías que me divirtiera y cuando te pregunto por una chica no puedes darme una respuesta.

- Es lógica que no la asocies con la persona que conociste en la secundaria.- le dijo Momoshiro restándole importancia.- Es Sakuno Ryuzaki, la nieta de la entrenadora Sumire, ¿recuerdas que la conociste en un tren?

Momoshiro…- dijo mientras apretaba un puño.- ¿Tengo cara de ser Densha Otoko?- pregunto refiriéndose a un drama japonés.

Ella ha cambiado mucho, pero tú sigues siendo el mismo odioso y cínico de siempre.

Es evidente que ha cambiado mucho.

¡No te imaginas cuanto! Salió con Atobe Keigo un tiempo y finalmente lo dejó botado.

- No me extraña. ¿Es Ann la que viene con ella?

- Sí, y hemos pensando dejarlos solos mientras Ann y yo salimos un rato, a Sakuno no le gustan este tipo de fiestas, y una plática con un viejo amigo podría animarla un poco.- los ojos de Momoshiro se llenaron de malas intenciones.- y ella necesita distraerse un poco.

- Y yo soy el cebo ¿no es así?

- Acertaste Ryoma. Trata de ser cortes, esta chica vale mucho, ahora es una de las mejores periodistas de Japón, y está nominada a varios premios.

- ¿Y?

- ¿Cómo que "y"? ella podría hacerte una muy buena entrevista y así poder colocarte en la cima.

- Ya estoy en la cima.- aseguró sin dudar.

Sonrió al pensar en todas las posibilidades que le ofrecían al estar a solas con Sakuno, si bien ella había cambiado mucho, él también lo había hecho. Tal vez últimamente había demostrado bastante interés en modelos de ropa interior, pero una noche son alguien como ella… Sería la guinda del pastel.

- Por fin nos encuentras Ann- la voz de Momoshiro interrumpió sus pensamientos y deseó seguir teniendo un sinfín de escenas eróticas en su mente.

- Eran ustedes quienes debían buscarnos, pero no importa, ya estamos todos reunidos.- Ann puso a Sakuno al frente.- Sakuno, Ryoma, ambos ya se conocen.

- Hola, Ryoma.- lo saludó Sakuno.

- Sakuno, gusto verte.- respondió él con la mejor de sus sonrisas.

- El gusto es todo mío.- Sakuno le dedicó una sonrisa llena de brillo y sensualidad.

Definitivamente esa chica valía mucho, sería interesante conocer sus cotizaciones puertas adentro y sábanas fuera.

- Haz cambiado mucho, Sakuno- acertó Ryoma.

- Eso dicen…

- Y tienen mucha razón, veo que ahora llevas el cabello no muy largo, eso es bueno para los deportes.- comentó él.

- Nada que un buen gimnasio y estilista no puedan hacer.- respondió mordaz.

Ryoma miró a Sakuno de pies a cabeza, como si el ver su cuerpo fuera la respuesta a todos los paradigmas.

- Mirar a una mujer de esa forma no es muy educado, Ryoma, pensé que solo mirabas así al tennis, tu único amor.- dijo ella con una sonrisa amarga.

- Supongo que hay cosas que nunca cambian, ¿sigues siendo igual de mala en el tenis?

- Soy tan buena como tú cuando intentas halagar a una mujer.

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Mientras tanto en otra habitación, Momoshiro y Ann hacían planes para escaparse sin ser vistos.

- Esto ya no está en nuestras manos- dijo Momoshiro- Espero no cometamos un error, Sakuno es una buena persona.

- No te preocupes, ha cambiado mucho, confía en ella.- dijo Ann con calma- sabrá tratar a Ryoma.

- En ella confío, Ryoma es otra cuestión.

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Después de cerciorarse que nada lo interrumpiría, Ryoma siguió su casi inexistente protocolo de conquista. Hizo unas cuantas preguntas y cuando ella lo cuestionó sobre su presencia, respondió:

- Me han llamado de una revista para una firma de autógrafos. Tú eres periodista, ¿cierto?

- Me temo que sí, pero no creas que vine en busca de una entrevista.- le sonrió.- Creo que ese tipo de cosas no van conmigo.

¿Qué no iban con ella? ¿Acaso quería decir que el nombre de Ryoma Echizen no le servía para nada? Miró los labios de ella y se le antojó besarlos. La tomó por los hombros y la apretó contra su cuerpo musculoso, tomó su barbilla con una mano y entonces la besó.

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En todas las películas románticas, solo se veían dos escenas: La primera de cuando los amantes se declaraban amor y decidían ir a la habitación más cercana, y la segunda era de cuando ya estaban en acción. Pero nunca la parte del incomodo traslado ¿Serían todos los traslados de esa manera? ¿Los amantes ya tendrían habitaciones de hotel? Pensó Sakuno.

Su amante, o mejor dicho su futuro amante, era un hombre que poseía un cuerpo espléndido: alto, piernas musculosas, brazos exquisitamente marcados, abdomen perfecto y un rostro que no había sufrido tanto el desgaste de los años.

- Hemos llegado, Sakuno.- anunció Ryoma.

- El hotel es… bonito.- fue lo único que se le ocurrió decir.

Esa era la noche, y no iba a dejar pasar su oportunidad, había durante mucho tiempo a su "gran amor", hasta que comprendió que lo único que necesitaba era un hombre que la hiciera sentir lo suficientemente segura. Bajó del auto y dejó que Ryoma la condujera adentro.

Llegaron a la recepción y se ruborizó en cuanto el encargo los examinó con la mirada.

- Habitación quinientos doce.- pidió Ryoma con tono autoritario.

- Enseguida, señor Echizen.

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Ryoma se levantó al escuchar el sonido de su teléfono móvil.

Si había pensado que no tenía suficientes problemas al acostarse con una muchachita decente, estaba equivocado. Se sentía culpable por lo ocurrido pero ya nada podía hacer.

Se levantó de la cama con cuidado de no levantarse y contestó el celular.

- ¿Sí?

- Lamento molestarte, Ryoma. Pero urge tu presencia en Nueva York.

¿Qué ha pasado? Llegaré mañana.

Me temo que no, he arreglado todo, debes volver cuanto antes. El señor Johnson ha fallecido hace un par de horas.

Terminó la llama y comenzó a vestirse. Todo le estaba ocurriendo ese día. Busco sus maletas y empacó sus cosas lo más rápido de pudo. Sacó unos billetes del bolsillo de pantalón y los dejó sobre la mesa.

- Las cosas pasan por algo.- pensó- ninguno de los dos necesita una relación tan complicada.

Busco papel y un bolígrafo para escribirle una nota a Sakuno. Lo menos que quería era lastimarla.

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- ¿Ryoma? ¿Dónde estás?

Nada. Ryoma no estaba, tal vez había bajado a desayunar, o a hacer una llamada. Alguien tocó la puerta y corrió a abrirla, pero del otro lado se encontró a una empleada del hotel.

- Servicio de habitaciones.

- Yo no he pedido nada.- le dijo sonriente.

- El Sr. Echizen ha dicho que se le enviara el desayuno a esta hora.- informó la mucama.

- ¿Dónde está él ahora?

- El señor Echizen se ha ido temprano.

- Oh cierto, lo había olvidado.- mintió.

Dejó entrar a la empleada y cuando le sirvió el desayuno ésta se retiro cerrando la puerta tras de sí.

Así que Ryoma e había ido sin decirle nada, tal y como muchas veces había supuesto. Desayuno en silencio y cuando busco su bolso le pareció ver una nota sobre la mesita de noche. La agarró con dedos temblorosos y al leerla sintió que sus piernas no la mantenían en pie.

"Dinero para el taxi, he pedido el desayuno, la habitación se desocupa a la una de la tarde"

¡Maldito fuera Ryoma Echizen! Pero no iba a llorar, ya no.

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"Hablas a casa de Ryuzaki Sakuno, ya sabes qué hacer... Sakuno, soy Ann, te he llamado toda la tarde y no contestas, en cuanto escuches este mensaje háblame".

"Hablas a casa de... Sakuno, necesito hablar contigo, quiero saber que paso en la fiesta"

"Hablas a casa de... ¿Sakuno? Soy Atobe, quería ver si deseas salir conmigo este fin de semana".

"Hablas a casa de... Sakuno, solo habló para avisarte que se te ha dado la exclusiva para la próxima edición"

- Si tan sólo pudiera contestar una de esas llamadas, pero me temo que no soy capaz de eso.

En el pasado, cuando Ryoma se había ido a Estados Unidos para el Open, ella se había derrumbado, y no lo había superado hasta la preparatoria, en donde se dio cuenta de la realidad: Ryoma no iba a quedarse para siempre. Y esa verdad no había cambiado.

Ryoma había hecho que se avergonzara de sí misma, no deseaba para nada ser Sakuno Ryuzaki. Necesitaba sacar todo la rabia que tenía dentro, y lo haría jugando tennis... por última vez; nunca más volvería a tocar una raqueta, porque aquel deporte la hacía recordar a su príncipe.

- Muy bien, Ryoma Echizen, voy a superarte.

Y con toda esa determinación se metió al baño a llorar. De nuevo.

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Mientras miraba algunas raquetas que le habían llevado a su domicilio, Ryoma pensó de nuevo en ella. ¿Qué estaría haciendo? En mes y medio tenía un torneo importante en Tokio, pero aún no era capaz de afrontar la verdad. Miró a su manager con cara de pocos amigos y entonces lo decidió.

- Cancela el próximo torneo a Japón, no pienso ir.- informó.

- Echizen, no puedes hacer eso, ya has firmado.

- Pues cancela el contrato, o lo que sea. No importa la multa, sólo cancélalo.- ordenó.

- Esta bien, pero recuerda que la decisión ha sido tuya.

- Ya puedes irte, espero a alguien.

Bebió un poco de agua para refrescarse la garganta. Saldría a beber un poco con Kevin, ya que después de todo él era un buen amigo. Lo espero en silencio y se fueron juntos al bar del club que habían fundado.

- Tienes muy mala pinta, Ryoma ¿ha pasado algo en Japón?- preguntó su amigo.

- Muchas cosas.

- ¿Problema de faldas?- inquirió Kevin burlón.

- No exactamente.- Ryoma miró el vaso de whisky y no supo si decirle la verdad.

- Entonces debe ser algo familiar.- insistió su amigo con vehemencia.

- Nada de eso. El problema va más allá de todo lo que te puedas estar imaginando.

- ¿Entonces por qué has regresado?

- Para solucionar el problema...- musitó Ryoma.

- Por cierto Echizen, ayer conocí a una rubia excelente, creo que puede interesarte.

- No habrá chicas durante un tiempo.- Se puso de pie y estiró los brazos en el aire.

- ¿Hablas enserio?

Kevin miró atónito a un entristecido Ryoma. Nunca había pensado que aquél día llegaría. Lo siguió en silencio y le dio una palmada en la espalda.

- Sea quién sea la chica, no debiste actuar como un idiota.

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Revisado y actualizado: 18 de septiembre de 2011

Fin del Prólogo.

Notas y Aclaraciones de la autora: Aquí estoy de nuevo con usted con este nuevo fanfic, que promete mucho, pero antes que nada, quiero agradecer a mi hermana Elena, porque ha hecho alguna que otra corrección en la historia.

Con respecto al fanfic, quiero aclarar que Momoshiro sabía lo del primer encuentro entre Ryoma y Sakuno en el tren por que Sakuno se lo comentó a Ann, y Ann a Momo. También menciono "Densha Otoko", la cual fue una novela que gustó mucho en su tiempo y significa "El hombre del Tren". Para alguna aclaración más envíen sus reviews.

Notas actualizadas: ¡Aloheira! He corregido algunas cosas de la historia cuidando la esencia de la misma, así que no hay de qué preocuparse chicos. Los quiero mucho y… DEJEN SUS REVIEWS T.T