La TARDIS se zarandeaba con brusquedad mientras Jack y el Doctor se reían de simple felicidad. Jack solo hacia un par de semanas que no la veía, pero el Doctor… bueno, el Doctor hacía más de mil años. Y, si su memoria no le fallaba, no había pasado un día, desde la última vez que la dejó en la Bahía del Lobo Malo, que no hubiese pensado en ella al despertarse o hubiese visto su rostro al parpadear.
-Bien, ahora tengo que mandarle un mensaje telepático a Rose, así que no me interrumpas.
-¿Un mensaje telepático para qué?
Jack le miraba extrañado, ni siquiera sabía que pudiese hacer eso. O no le conocía bien o en este tiempo había cambiado mucho.
-Para que se dirija a Darling ulv stranden.
-¿Por qué no simplemente te apareces en Cardiff?
Se quedaron un buen rato mirándose sin decirse nada. El Doctor apartó los dedos de sus sienes, donde los había colocado segundos antes, y se dirigió, con parsimonia, hacia los controles de la TARDIS.
-No se me había ocurrido. – Sonrió de nuevo.- Le daremos una sorpresa, recibirá una grata sorpresa… eso espero. – Frunció el entrecejo durante un segundo, después sacudió la cabeza. – Baja esa palanca de ahí y no la sueltes hasta que yo te diga.
-No, nosotros intentaremos darle una sorpresa, ella recibirá un infarto. – Hizo lo que le dijo, bajó con todas sus fuerzas una palanca con el mango azul, ya que estaba sin engrasar y un tanto atascada. - ¿Qué piensas decirle cuando la veas?
La TARDIS paró en seco con un último zarandeo y su típico ruido. El Doctor le hizo una señal a Jack para que soltara la palanca, y los motores se apagaron al instante. Ambos volvieron a mirarse a los ojos, lo cierto era que no había pensado en que decirle.
-Esperaré a ver como reacciona. Venga, salgamos.
-¿La palanca que me has dicho era el freno de mano?
Era una pregunta retórica, pero el Doctor asintió con la cabeza mientras se encaminaba a la puerta de la cabina para salir.
Hacía un sol sofocante, ya se notaba nada más salir al exterior. No parecía haber ni un solo pedazo de calle con un poco de sombra. Pero así era Cardiff, la misma calle donde siempre había aparcado la TARDIS, entre la casa de Micky y la de Rose. El cielo era sobrevolado por un puñado de dirigibles, igual que la última, y única, vez que el Doctor estuvo allí.
Había un grupo de niñas saltando a la comba, en el parque que había que cruzar para llegar a la tienda en la que se conocieron por primera vez. Y un par de niños jugando al balón frente al portal. Ya habían llegado. Era una casa extremadamente grande en comparación con el resto de casas a lo largo del barrio. Dentro había luz y por los grandes ventanales se podía ver a Jacquie Tyler viendo un programa de noticias por la tele. Subieron los tres escalones que llevaban a la puerta, donde se podía leer en un letrero plateado 'Familia Tyler'. El Doctor cogió aire y miró a Jack, que estaba a su lado un poco detrás. Dio un par de golpes a la puerta con el puño.
Nadie abrió.
Jack se adelantó unos pasos y llamó de la misma forma, insistiendo. Al cabo de unos segundos la puerta se abrió y Jacquie Tyler, tan rubia y pintada como siempre, apareció tras de ella, con un niño pequeño en brazos. Primero miró a Jack, le reconoció, pero no sonrió demasiado. Pero, cuando su mirada rodó hasta el Doctor, con la apariencia con la que le había conocido hacía años, sus ojos se abrieron y cualquier atisbo de sonrisa que hubiese aparecido al mirar a Jack, ahora se había esfumado.
-¿Esto es una broma? ¿Quiénes sois? – Y, como por arte de magia, la señora Tyler sacó una especie de pistola grande, sónica, de la parte de atrás del pantalón.
Ambos se quedaron boquiabiertos y alzaron las manos, bastante asustados. El pequeño Tyler reía sobre los brazos de su madre, parecía acostumbrado a tal agresividad. Desde luego, el Doctor y Jack no lo estaban.
-Jacquie, soy yo, soy el Doctor. He vuelto.
-Es imposible que seas el Doctor, hace años que no tienes ese aspecto.
-Me he vuelto a regenerar. Baja el arma y te lo contaré todo, pero cálmate.
Se quedó mirándolos un rato más, hasta que finalmente bajó el arma. Se echó a un lado para dejarles paso. La casa por dentro parecía más grande, la decoración le recordaba a algo al Doctor, quizás a la antigua casa de Jacquie y de Rose. El salón era muy extenso, y tres de las cinco paredes de este, estaban rodeadas por un sofá. La televisión estaba encendida, pero no era el mismo canal que se veía por fuera, ahora era uno en el que el presidente Obama preparaba platos de cocina.
-Sentaos, supongo que venís por Rose, pero ha salido, no debe tardar en volver.
Jacquie se dirigió a una especie de cama pequeña y cuadrada, donde dejó al niño. Estaba llena de juguetes y peluches. Los recién llegados se sentaron frente al televisor, esperando. La señora Tyler se sentó junto a ellos.
-Bueno, Doctor, tienes mucho que contarme. – Había entrelazado las manos sobre su regazo, y le miraba fijamente, aún no confiaba del todo en este nuevo Doctor.
-Prefiero esperar a que estén todos, es una historia larga de contar.
Justo cuando iba a responderle con algo que indicase su impaciencia y desconfianza, una voz demasiado conocida para todos apareció desde el pasillo.
-Jacquie, Ianto ha llamado desde Torchwood, dice que han avistado…
Dios santo, hacia tanto tiempo que no veía esa cara. El Doctor se levantó de golpe, frente a él. Jack le miraba con los ojos entrecerrados, y fue el primero en hablar.
-¿Ianto Jones? ¿También trabaja en Torchwood en esta dimensión? – Soltó una pequeña risotada, fruto de unos pensamientos poco difíciles de imaginar – Vaya, debería juntarlos a los dos, nos lo pasaríamos muy bien.
Pero nadie le hacía caso. Ambos Doctores se miraban y Jacquie entornaba la vista del uno al otro. El Doctor antiguo, el que se había quedado con Rose alzo una mano y señaló al otro con el dedo.
-¿Quién eres y que haces aquí?
-¿De verdad no sabes quien soy, Doctor? – Metió las manos en los bolsillos, no venía a luchar ni nada de eso, por lo que su pregunta sonó a una defensa.
-No deberías estar aquí ¿Qué es lo que quieres? – Sonaba rencoroso y asustado. Temía lo mismo que había temido durante mucho tiempo el verdadero Doctor; perder a Rose. Al fin y al cabo, ambos recordaban y pensaban igual.
-Necesitamos a Rose. Necesitamos todos los problemas temporales y paradojas posibles.
-Tú renunciaste a ella, Doctor, no puedes llevártela ahora.
La mirada cansada del verdadero Doctor le miraba fijamente, pero sus labios estaban curvados en una ligera sonrisa. Sacó las manos de los bolsillos y las alzó, con las palmas hacia delante, en señal de paz.
-No pretendo quitártela. También te necesitamos a ti.
-¿Soy al único al que esto le parece deliciosamente erótico? – Jack se reía ligeramente viendo a los dos Doctores discutir por Rose. Jacqueline Tyler le miró, reflejando que esta situación no tenía gracia.
Tras un segundo de incomodo silencio, la puerta de la calle se abrió y una ola de calor pareció arrasarles a todos. La puerta dio un portazo al cerrarse, y se escucharon pasos que se aproximaban hacia el salón.
-Doctor, Ianto dice que tiene que hablar conti…
Al cruzar la puerta que separaba el salón del pasillo de la entrada se quedó helada. Hacía años que no veía esa cara y esos ojos azules, y no sabía si eso le asustaba o le hacía muy feliz. Al no entender la situación, su vista rodó por todos los presentes, hasta detenerse en Jack. Después volvió al recién llegado Doctor y de nuevo a Jack.
-Capitán Jack… ¿Puedes explicarme qué está sucediendo aquí?.
