¡Hola! Bueno, aquí estoy con la segunda parte de lo que creía que iba a ser un one-shot x_x. Haha, espero que les guste, y a ver qué tanto mejoré en relación con la anterior.


Arena: Reflejo Eterno. Parte II

Había amanecido. El Sol disipaba poco a poco el frío para dar paso al agobiante calor común del desierto. Temari había sido la primera en despertar. Miró hacia arriba. Había mucho más luz presente. Pudo distinguir que la técnica del kage no había sufrido ningún daño. Asimismo, vio que sus dos hermanos seguían dormidos. Se acercó silenciosamente al castaño, y lo sacudió con sutileza. En breves segundos, abrió los ojos y se incorporó.

-¿Qué sucede? –preguntó.

-Shhh –la rubia que le indicó que hablara más quedamente.

-¿Qué sucede? –repitió con el volumen de su voz más bajo.

-Tenemos que irnos pero… -la Sabaku No indicó con su cabeza en dirección al pelirrojo, que seguía dormido.

-¡Rayos! –exclamó en un murmullo-. ¿Realmente se quedó dormido en esa posición? –Gaara permaneció sentado, recargado sobre el muro de arena.

Temari asintió con la cabeza.

-No sé si despertarlo o esperar a que él lo haga. Parece que tuvo sueños más tranquilos.

-Supongo que será mejor levantarlo –sugirió su hermano-. O tardaremos más en llegar –apretó los puños.

-¿Qué te pasa?

-Me desespera no saber a dónde vamos.

-Al País de la Lluvia –respondió simplemente la rubia.

-Sabes que no quiero decir eso. A lo que me refiero es que me irrita no saber qué vamos a hacer. ¿Por qué Gaara no nos quiere decir nada?

-Es obvio que tiene sus propias razones. Tendremos que esperar para averiguarlo.

-Tch –el castaño hizo una mueca de disgusto-. Despiértalo.

La rubia se acercó al pelirrojo. Tocó su hombro con la punta de los dedos y el kage abrió los ojos inmediatamente.

-Vaya –se sorprendió la Sabaku No retirando su mano-. Me sorprende que tengas el sueño tan ligero.

-Ya había despertado cuando comenzaron a hablar.

-Mierda… -pensaba el castaño-. ¿Qué fue lo que escu-…?

-Sé que están confundidos por no saber a dónde nos dirigimos –interrumpió el de los ojos aguamarina-. Y tienen todo el derecho de estar molestos conmigo. Pero necesito encontrarlo primero para decirles de qué se trata todo esto.

-¿Encontrar a quién? –preguntó el marionetista-. ¿O encontrar qué…?

Su hermano no contestó. Se puso de pie y levantó ambos brazos. En un súbito movimiento, hizo que las paredes de arena que había construido, se derrumbaran. El panorama había cambiado. No quedaban rastros de la tormenta anterior, sino sólo algunos agujeros más pronunciados que antes, prueba de que el viento había arrastrado grandes cantidades de polvo.

-Tengan cuidado –indicó el pelirrojo-. El terreno puede encontrarse algo frágil. Andando –y reanudaron su viaje.

Avanzaron durante algunas horas hasta que logró vislumbrarse un bosque húmedo. Clara división entre el desierto y aquel paisaje. El kage miró a todos lados, sin encontrar ningún punto que le pareciera importante.

-¿Qué sucede, Gaara? –indagó Temari viendo la mirada confusa del menor de los Sabaku No.

-No hay rastros de ninjas en estas cercanías –seguía analizando los alrededores-. Conociendo al País de la Lluvia, deberían tener a grupos de ANBU vigilando a los visitantes.

-Sí, deberían… -intervino Kankuro-. Pero ahora no tienen gobernante. Los ninjas deben estar aislados más adentro, rondando la entrada de la aldea.

-Además, no creo que nos dejen pasar con facilidad –dijo Temari-. Ni por el hecho de que seas el Kazekage, Gaara.

-Eso ya lo sé –aclaró el de ojos aguamarina-. Pero no vamos a entrar a la aldea.

-¿Entonces a dónde vamos? –inquirió el marionetista.

-Síganme –y el pelirrojo entró al denso bosque.

Caminaron entre la humedad y los charcos de agua. Había nubes grises sobre ellos, impidiendo el paso de los rayos del sol.

-Vaya cambio drástico de clima –la rubia trataba de no caer frente a las grandes raíces de los árboles que sobresalían del suelo.

Recorrieron varios metros, sin llegar a ningún lugar específico.

-Esto me está hartando –comenzó a desesperarse el castaño-. Gaara, dinos de una buena vez a dónde vamos.

El pelirrojo avanzó un poco más, topándose con unos grandes arbustos. Los movió con ambas manos, dejando divisar una humilde casa de troncos a lo lejos.

-Allá –indicó con el dedo índice.

Sus hermanos quedaron aún más confundidos. ¿A quién buscaba Gaara? Lo siguieron con dudas rondando por su cabeza. Llegaron hasta una gran puerta de madera de roble. La casa era más o menos pequeña, con gotas de agua resbalando por el techo inclinado, prueba de que había llovido recientemente.

-No me gusta este lugar… -Kankuro comenzó a ver una espesa neblina rodeándolos.

El kage tocó ligeramente con los nudillos. No hubo respuesta. Volvió a tocar, un poco más fuerte. Pesados pasos se oyeron hasta llegar detrás del muro. Se oyó el ruido de unos cerrojos siendo deslizados y la puerta crujió por la humedad. Se abrió un poco dejando ver la figura de un hombre, aunque la oscuridad dificultaba distinguirlo.

-¿Qué quieren? –preguntó con una voz arisca.

-¿Es usted Hiroto? –devolvió la pregunta el pelirrojo.

-Sí. ¿Qué quieren? –repitió.

-Necesito hablar con usted.

-¡Largo! ¡No deseo hablar con nadie! –y cerró azotando la puerta.

Los hermanos permanecieron en el mismo lugar.

-Vaya genio –se quejó el castaño-. Debería tener más respeto sabiendo que eres el Kazekage.

-Supongo que a estas personas no les interesa si eres de otra aldea o si tienes un título –contestó Temari-. Gaara, será mejor que nos vayamos. Podemos tratar de entrar a la aldea. Ese sujeto no te ayudará.

El menor de los Sabaku No ignoró la recomendación de su hermana.

-Tal vez esto lo haga cambiar de opinión –habló dirigiéndose al hombre que yacía dentro de la casa-. ¿Reconoce el nombre de Nishihara Kaori?

El hombre volvió a entreabrir la puerta.

-¿Quiénes son? –preguntó.

-Soy el Godaime Kazekage de Sunagakure. Mi nombre es Gaara. Sabaku No Gaara. Ellos son mis hermanos, Temari y Kankuro. ¿Podemos pasar?

Hiroto asintió con la cabeza, quitó algunas cadenas y abrió la puerta completamente. La rubia y el marionetista intercambiaron miradas aún más confundidos que antes. Aún así, entraron. El lugar estaba iluminado por la luz de múltiples velas. Ahora podían distinguir al hombre. Era de mediana estatura, de unos sesenta y tantos años. Traía puesta una túnica larga de color verde oscuro, amarrada por la cintura con un lazo café. El poco cabello que le quedaba era de color blanco. Unos ojos azules resplandecían en su rostro, marcado por unas cuantas arrugas. Caminaron unos pasos y Hiroto cerró la puerta detrás de ellos. La casa contaba con varias ventanas cuadradas que dejaban ver el bosque. A la entrada, se encontraba una mesa de caoba rodeada de varias sillas con cojines rojos.

-Tomen asiento –les indicó el hombre con un poco más de amabilidad-. Traeré un poco de té –y se perdió con pasos lentos hacia la cocina.

Los tres bajaron sus armas y se sentaron.

-Bueno, ya logramos entrar. ¿Ahora qué? –murmuró el marionetista.

El pelirrojo levantó una mano, señalando que esperara. Hiroto regresó minutos después con varias tazas y una tetera.

-Espero que les guste el té de limón –dijo sirviendo el líquido en los recipientes.

Temari miraba alrededor con mucho detenimiento, hasta que sus ojos se detuvieron en un cuadro rectangular. Con un símbolo dibujado en medio.

-¡¿Es usted de la Aldea de la Arena? –exclamó repentinamente la rubia.

Kankuro y Gaara siguieron la mirada de su hermana.

-Lo era –contestó el hombre secamente.

-Pero, ¿qué sucedió? –siguió la de las cuatro coletas.

-No me gusta hablar de mi pasado.

-Pero…

-Temari –el marionetista hizo que guardara silencio.

-Bien, ¿por qué están aquí? –preguntó Hiroto cambiando el tema.

-Necesitamos su ayuda –contestó el kage.

-Eso ya lo dijiste. ¿En qué quieren que los ayude?

Kankuro y Temari se encogieron de hombros.

-Queremos encontrar el espejo de arena –aclaró el pelirrojo.

Sus hermanos se sorprendieron. No sabían a qué se refería. El hombre abrió desmesuradamente los ojos.

-¡¿El espejo de arena? –exclamó aturdido-. ¡Jovencito! ¡¿Sabes acaso que eso-…?

-Lo sé –interrumpió Gaara.

-¿Y para qué lo necesitas? –inquirió un poco más calmado.

-Quiero encontrar a una persona.

-¡¿Qué? –Kankuro se puso de pie en un arrebato de frustración-. ¡Gaara! ¡Dinos de una buena vez de qué se trata todo esto! ¿Estás buscando a otra persona? ¡¿No era él?

-¡Cálmate Kankuro! –su hermana extendió el brazo delante de él.

El kage permaneció quieto, sin responder nada. El marionetista se relajó, volviéndose a sentar y comenzando a beber el té caliente.

-Parece que tus hermanos no saben lo que buscas –especuló Hiroto.

-Así es –respondió el pelirrojo-. Pero primero debo comprobar si funcionará.

-¿Sabes todo lo que tienes que hacer? ¿Y el riesgo que eso impone?

-Lo sé perfectamente. Y estoy dispuesto a ello.

-De acuerdo. Entonces, quieres saber dónde encontrar el espejo.

-Correcto.

-No es dónde encontrarlo, sino cómo.

-¿A qué se refiere? –intervino la de las cuatro coletas.

-El espejo de arena es un objeto muy "quisquilloso", por así decirlo –dijo el anciano-. Sólo se muestra a aquellos que tengan buenos deseos. Tantas malas intenciones han hecho que se corrompa con el paso de los años. Puede decirse que es un objeto peligroso.

-También lo sé –dijo Gaara-. Entonces, ¿sabe cómo encontrarlo?

Hiroto asintió con la cabeza.

-Toma algo de tiempo, pero funciona. Primeramente, deben salir del bosque, necesitan encontrarse en territorio desértico. Tienes que concentrar tu mente, invocando al espejo. Si éste accede, aparecerá y permitirá ayudarlos.

-¿En cualquier punto del desierto?

-Así es –prosiguió el hombre-. Si quieres al norte, al sur, al este, eso no tiene importancia. Siempre y cuando no te alejes demasiado. El espejo se digna a aparecer sólo entre los límites cercanos de ambos países. Esa es la parte fácil, pero la difícil…

-Esa la conozco –aclaró el pelirrojo.

-De acuerdo.

Hubo un silencio incómodo mientras Temari y Kankuro terminaban de tomar el té.

-¿Es eso todo lo que necesitan? –indagó Hiroto.

-Sí, le agradezco su ayuda –y Gaara se puso de pie-. Será mejor que nos marchemos.

-No es imprescindible que se vayan ahora, pueden quedarse un poco más –el hombre ofrecía su hospitalidad.

-Se lo agradezco de nuevo, pero tenemos el tiempo un poco reducido.

-Está bien.

La rubia y el marionetista también se pusieron de pie.

-Gracias por el té –y la Sabaku No hizo una reverencia.

-No hay de qué, jovencita –el anciano sonrió ligeramente.

El hombre abrió la puerta, permitiéndoles el paso a los hermanos. El pelirrojo fue el último en salir.

-Joven Kazekage… -Hiroto lo miró antes de que se fuera-. Sobre Nishihara Kaori…

Gaara le devolvió la mirada y asintió con la cabeza, con una minúscula sonrisa.

-Gracias –y dicho esto, cerró la puerta.

-o-o-o-

-Bien, ¿ahora qué? –preguntaba Kankuro.

Los Sabaku No habían regresado sobre sus pisadas, hasta llegar nuevamente al desierto, sobre la arena ardiente.

-Necesito llamar al espejo –Gaara realmente no estaba seguro-. Pero…¿cómo?

-Medita –le contesto su hermana-. No significa que cruces los pies y digas "Oomm". Enfócate y relájate de verdad, respira hondo y largo.

El pelirrojo siguió el consejo de la de las cuatro coletas.

-Creo que esto tardará mucho… -murmuró el castaño.

Pasaron unas dos horas. El kage seguía en la misma posición inicial, de pie, sin mover un músculo. Sus hermanos habían conseguido algunos frutos para disipar el hambre. El Sol comenzaba a hacer ocaso en el horizonte y la temperatura descendía gradualmente. Temari y Kankuro se sentaron con tranquilidad sobre la arena, una vez que ésta había perdido su calor abrasador. Breves instantes después, el suelo empezó a temblar con brusquedad.

-¡¿Qué rayos? –gritó la rubia poniéndose de pie.

-¿Un temblor? –preguntó el marionetista siguiendo la acción de su hermana.

Inmediatamente, grandes paredes de roca aparecieron delante de ellos y de su hermano menor. Escalones comenzaron a formarse dando paso a una oscuridad total. Gaara abrió los ojos, agotado mentalmente.

-¿Estás bien? –le preguntó Temari mientras recibía una respuesta afirmativa.

-¿Una cueva? –Kankuro dirigió su mirada al interior-. ¿Qué? ¿Acaso vamos a buscar una lámpara y la entrada nos comerá después? ¿Desde cuándo estamos en "Aladín"?

La rubia negó con la cabeza a la vez que cerraba los ojos.

-Hay que entrar –y el pelirrojo se acercó a la boca de la caverna.

-¡Espera! –le incitó su hermana en vano.

Conforme el pelirrojo bajaba por los escalones, diversas lámparas de fuego se encendían automáticamente, permitiendo una vista nítida del lugar. La de las cuatro coletas y el marionetista lo siguieron por detrás. La entrada se selló con otro muro de roca. Kankuro regresó su vista.

-Más le vale que se abra cuando salgamos… -y continuó caminando.

Avanzaron unos metros, hasta que los escalones desaparecieron y dieron lugar a una sala cuadrangular, realmente extensa. La arena cubría todo el suelo, pero el ambiente era fresco. Al frente, se encontraba un rectángulo vertical bien distinguido. Era grande, un poco más pequeño que la altura de los hermanos. El objeto parecía impregnado de una capa de polvo. El marionetista se acercó y lo palpó con una mano.

-Vaya que el nombre lo amerita –dijo-. Está hecho de arena…

Los tres permanecieron inmóviles.

-Espero que venga con instructivo… -murmuró Kankuro.

-Gaara, ¿qué es lo que vas a hacer? –preguntó la oji-verde.

-Necesito que se queden atrás –decía mientras bajaba su calabaza y se sentaba frente al espejo-. Esto va a tardar.

-¿Más de lo que tardaste en invocar la cueva? –indagó su hermano.

-Puede que sí…

El kage colocó ambas manos sobre el muro de arena y cerró los ojos. Su concentración se hizo cada vez mayor a la vez que se veía un pequeño resplandor azul, prueba de que estaba enviando chakra a aquel objeto.

-¿Con quién rayos quiere hablar? –se preguntaba el marionetista-. ¿Y cómo lo va a hacer con eso?

-Debe de tener poderes especiales –contestó su hermana-. Hay que descansar…

-o-o-o-

No podían precisar la hora en el exterior, pero ya era muy tarde, eso era seguro. Temari y Kankuro se hallaban sentados en el suelo. El cansancio se hacía presente y sus cuerpos reclamaban que durmieran.

El pelirrojo no se había distraído de su tarea. Pero dirigió levemente su mirada hacia sus hermanos, que tenían los ojos entrecerrados.

-Duérmanse –les dijo con la voz áspera.

Ambos reaccionaron al instante.

-Pero Gaara… -decía la rubia.

-¿Y si necesitas ayuda? –terminó de preguntar el marionetista.

El pelirrojo negó con la cabeza.

-Ya duerman –repitió-. Estaré bien. O al menos eso espero…

Sus hermanos accedieron y así lo hicieron.

-o-o-o-

Era un poco más de la media noche. Las estrellas revoloteaban en el cielo, sin que Gaara pudiera distinguirlas sobre aquel muro. Se encontraba cansado y su chakra casi se agotaba.

-Un poco más… -volvió a cerrar los ojos, enfocando su mente.

-o-o-o-

Un resplandor cegador comenzaba a cubrir todo el lugar. Temari y Kankuro habían despertado por la fuerte luz sobre sus párpados.

-¿Qué sucede? –el marionetista se frotó los ojos.

La rubia se esforzó por mirar algo, pero todo era luz blanca. Después de unos segundos, el brillo comenzó a disiparse hasta iluminar únicamente el objeto rectangular del muro. Era plenamente reluciente, tal como un verdadero espejo.

El de ojos aguamarina se encontraba totalmente agotado. Permanecía sentado y se sostenía con las palmas de sus manos inclinadas por detrás de su cuerpo. Jadeaba por la fatiga y gotas de sudor cubrían su rostro.

-¡Gaara! –Temari se incorporó al lograr ver qué ocurría-. ¡¿Estás bien? –se acercó a su hermano menor sosteniéndolo un poco por la espalda.

-Lo…logré… -dijo con satisfacción mientras esbozaba una diminuta sonrisa de lado.

-¿De qué hablas? –Kankuro se colocó a lado izquierdo del pelirrojo.

El kage apuntó con un dedo. Frente al espejo, la luz que relucía daba paso a la figura de una persona. Era una mujer. Su cabello rubio cenizo llegaba hasta sus hombros. El espejo sólo podía mostrar una parte de su cuerpo, pues únicamente su torso era visible. Su piel lucía blanca. Vestía lo que era parte de una blusa de color tinto oscuro, casi café y un manto largo y beige rodeaba su cuello y colgaba un poco por debajo de sus hombros. Sus párpados permanecían cerrados. Los hermanos mayores la reconocieron al instante.

-Ma…má… -Temari trataba de contener algunas lágrimas.

-Madre… -murmuró también el marionetista con los ojos muy abiertos.

-Gaara… -la rubia hablaba con dificultad-. ¿Qué fue lo que hiciste?

-o-o-o-

Flashback

Gaara mantenía su mirada sobre aquella tumba. La anciana había permanecido inmóvil a su lado, observándolo. Ciertamente, se presenciaba un ambiente de incomodidad.

-Kazekage-sama –decidió decir-. ¿Extraña usted a su madre?

El pelirrojo levantó su vista y la dirigió a aquella mujer.

-¿Extrañar…a mi madre…? –repitió las palabras.

Ella asintió lentamente con la cabeza.

-No lo sé –contestó con inseguridad-. Supongo que sí…pensaba mucho en ella cuando era un niño –y cerró sus ojos.

-Dígame, Kazekage-sama, ¿le gustaría poder hablar con su madre?

El Sabaku No abrió los ojos de golpe.

-¿Hablar…con mi madre…? –volvió a repetir-. ¿Acaso eso es posible?

-Verá, Kazekage-sama. Yo ya soy una persona anciana, por no decir, vieja. He vivido aquí desde que nací. Crecí y me entrené como kunoichi. La vida me ha dado suficiente experiencia para llegar a conocer infinitas técnicas ninja. Existe un jutsu…que incluso ahora puede considerarse en cierta parte prohibido. Este jutsu, podría decirse más bien, este objeto ninja, permite hablar con las personas que ya no están entre nosotros.

-¿Permite hablar con los que ya han muerto?

-Así es. Ese objeto se conoce como el "espejo de arena".

-¿Dónde lo encuentro? ¿Cómo puedo utilizarlo?

-Se encuentra en los límites del País del Viento y el País de la Lluvia. Es un objeto muy poderoso, pero extremadamente peligroso. Conlleva grandes riesgos.

-¿Cuáles? –inquirió Gaara con seguridad.

-Primero respóndame, Kazekage-sama. ¿Estaría dispuesto a correr cualquier peligro por hablar con su madre?

-Sí –contestó con firmeza.

-De acuerdo –prosiguió la mujer-. Lo que tiene que hacer es lo siguiente; una vez que encuentre el espejo, deberá colocarse frente a él y transmitirle su chakra. Mientras lo hace, necesita concentrarse gradualmente en la persona con la que desea hablar, en este caso, con su madre. Tiene que hacerlo hasta que su chakra se agote por completo. Recuerde que debe estar totalmente relajado, tanto mental como físicamente. Pero, como ya le he dicho, los riesgos que puede correr son muy grandes. Si su chakra no es distribuido lentamente o lo transmite en grandes cantidades, o si su concentración se pierde por más de un minuto, su alma quedará atrapada para siempre en la dimensión intermedia entre el mundo material y el espiritual, y nunca podrá escapar.

Gaara escuchaba atentamente las palabras de la anciana. Nunca la había visto antes, pero sus ojos azules emitían gran tranquilidad. Aquella mujer irradiaba un sentimiento de confianza y sobretodo, honestidad. Se arriesgaría en creer lo que le decía.

-Pero, aparte de estos riesgos –continuó la mujer-, también existen ciertos límites. Muchas personas lo han utilizado con malos propósitos. Han hablado con los muertos sólo para crear nuevas estrategias y ganar guerras. Se ha corrompido y puede que no acceda a ayudarlo. Además, una persona sólo puede contactar a otra en toda su vida y nada más. Es decir que usted, sólo podrá hablar con su madre y no podrá volver a hacer uso del espejo nunca más. También deberá utilizar el espejo únicamente durante la noche, y tiene que hacerlo rápido, pues al amanecer, el espejo desaparecerá y con él, la persona a la que contactó. Pero el espejo no se encuentra a simple vista, está oculto y deberá encontrarlo por su cuenta.

-¿Y cómo hago eso? –preguntó el pelirrojo decidiendo seguir las instrucciones de la mujer.

-Una vez que cruce el desierto, intérnese en el País de la Lluvia. La aldea se encuentra a pocos kilómetros, pero no será necesario que entre en ella. Busque una casa solitaria en el bosque, no será difícil de encontrar.

-¿Una casa? ¿Qué encontraré allí?

-Allí vive una persona. Su nombre es Nishihara Hiroto. Es originario de la Aldea de la Arena, pero decidió irse hace unos años, justo cuando su padre, el Yondaime Kazekage, murió. Bueno –corrigió-, cuando fue encontrado muerto. Hiroto vive sólo y sabe cómo encontrar el espejo. Dígale que su hermana, Nishihara Kaori, lo manda. Él lo ayudará.

Gaara asintió dándola las gracias. Dejó la tumba de su madre atrás y se dirigió con paso firme hacia la torre del Kazekage, decidido a partir con sus hermanos para encontrar el espejo de arena.

Fin del flashback

-o-o-o-

-Así que… -Temari ahora comprendía-…es por esto por lo que querías que te acompañáramos.

-Sí –dijo el pelirrojo-. No quería crearles falsas esperanzas. Era posible que no lo lograra completar con éxito.

-¡Pudiste haber muerto Gaara! –le gritó exasperado el marionetista-. ¡Debiste contarnos tus intenciones!

-No dejaría que se arriesgaran. Tenía que hacer esto por mi cuenta. Y estaba seguro que un espejo no se robaría mi alma si seguía exactamente los pasos que me dio la anciana Kaori.

Los hermanos dirigieron nuevamente sus miradas hacia aquel objeto cristalino, con la figura de Karura plasmada en él. El kage se levantó con dificultad, cansado por completo. La rubia lo sujetó de un brazo, ayudándolo a incorporarse. Gaara se colocó frente al espejo y tocó ligeramente la superficie con la palma de su mano derecha, creando ondas que se expandieron con rapidez. Segundos después, la mujer abrió los ojos, que irradiaban un intenso color gris. Miró a su alrededor, desconcertada, hasta toparse con tres figuras que yacían debajo de ella.

-Madre… -murmuraron Temari y Kankuro mientras el pelirrojo permanecía en silencio.

La dama se cubrió la boca con ambas manos. Sus ojos se ensancharon a la vez que abundantes lágrimas cubrían todas sus mejillas. Sollozos y leves gemidos inundaron la atmósfera. Karura ocultó por completo su cara y finas gotas resbalaban por entre sus dedos, perdiéndose en el vacío de aquel lugar. El llanto fue cesando y la mujer se limpiaba el rostro con las largas mangas de su blusa, secando sus lágrimas.

La mujer controló su respiración. Retiró las manos de su rostro y dirigió su mirada enrojecida a los tres Sabaku No.

-Temari… -dijo viendo a la rubia-. Kankuro… -contempló al marionetista-. Gaara… -posó por último sus ojos sobre el pelirrojo-. Cuánto han crecido… -sonrió tristemente.

Continuará…


Nota: No sé de qué color son los ojos de Karura x_x. Vi unas imágenes y como que los distinguí grises. Sino, ya que salga el animé hasta donde vuelve a aparecer, corregiré este detalle x_x. Por cierto, Aladín no me pertenece xP. Espero que esta parte se haya hecho más interesante. Terminará en la que viene. ¡Sayonara! (Que mañana es mi cumple, 03 de septiembre, aunque no lo haya publicado ese día. Es que el día que terminé de corregir esto, aún era 02 xD).