Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

Este capítulo puede contener vocabulario obsceno, preferible para personas maduras. No apto para cardiacos.

"Más que Apariencias"

Cap.2

A la mañana siguiente, y luego de una noche algo tormentosa debido a sus ansias por ser una recién casada tan desdichada, se acercó al comedor para degustar un suculento desayuno. Su sorpresa había sido el encontrarlo a él solo, comiendo gustosamente. Estaba asustada, no sabía como debía dirigirse a él.

Sus manos comenzaron a temblar y poco a poco sintió un frío invadir su cuerpo. Tomó valor de dónde no tenía y se acercó a la mesa, se posó donde su recién esposo pudiese verla de frente.

—Buenos días, mi señor —comentó mientras hacía una reverencia.

Sus ojos dorados la observaron por un rato y ella comenzó a temblar. Él siguió engullendo su desayuno y desvió la mirada de ella sin contestar nada. Al ver aquella reacción, no le quedó de otra que tomar asiento. Lo hizo al frente suyo y rápidamente la incomodidad la invadió mucho más.

Los siervos atendieron sus necesidades y los dejaron solos, para que tuviesen intimidad. Kagome hubiese preferido que no hicieran eso. Él, al verse solo con ella, comentó con mucho desdén:

—Sólo eres una niñata.

—¿Disculpe, por qué me dice eso? —preguntó muy sorprendida por la forma en la que él se dirigió hacia ella.

—Debo admitir, cuando te vi ayer me sorprendí mucho. Pero ya veo que sólo era él vestido quién se robaba las miradas —una sonrisa maliciosa se asomó en su hermosa cara—. Sin él eres una pequeña niña.

—¡Eso ha sido muy antipático de su parte! —explotó dando un fuerte golpe en la mesa.

—Gracias… —rio estruendosamente.

—¡Idiota! —soltó al sentirse ofendida. Esperó algún tipo de reacción en él, pero solo encontró esa sonrisa pícara—. Le odio.

—Tampoco es que tú me agrades, ¿o debo recordarte que ambos hemos sido obligados a esto? —le miró descarado— Pero como sabemos perfectamente, es nuestra obligación —. Lo había dicho con tanta sinceridad que a ella le pareció demasiado repulsivo.

Ella prefirió no comentar nada acerca de eso, era obvio que era una espina que era mejor no remover aún. Siguió con su desayuno, tratando de ignorar a su compañero. Algunos minutos pasaron y él se disponía a dejarla sola, pero se detuvo para mencionar:

—Partimos esta noche, por lo que ya deberías prepararte. Se te agradece no retrasarnos, niñata.

Salió de lugar dejándola muy confundida. Tal vez era un hombre muy apuesto, pero sin lugar a dudas era muy maleducado y no poseía ningún tipo de simpatía hacia ella, cosa que no parecía muy conveniente para su nueva condición.

Su sangre hirvió al recordar sus últimas palabras, pues ella no pensaba dejar a Okinawa hasta que estuviese segura que Naraku no le causaría más problemas. Se levantó de su asiento y fue tras él. Le encontró subiendo las escaleras hacia los dormitorios, le sujetó el brazo y él volteó bruscamente.

—¿Qué sucede? —preguntó sin ánimos.

Los colores se le vinieron al rostro, había sido muy impulsiva y había olvidado que él era un completo desconocido para ella, por lo que no se le haría muy fácil hablarle.

—Y-yo, este… —farfulló.

Su mirada fría le recorrió por completo el rostro y se quedó un momento posada en sus labios, se puso tan nerviosa que casi se cae hacia atrás y sólo reaccionó soltándole el brazo. Respiró profundamente para recuperar la compostura, aunque no había obtenido mucho éxito.

—No podemos irnos —mencionó mucho más calmada. —No pienso irme de aquí hasta que Naraku no esté muerto y Okinawa esté a salvo de él.

—Esto no depende de ti, querida —su sarcasmo se hizo notar inmediatamente—, son órdenes de superiores. Somos un par de recién casados ansiosos por estar solos.

Ella rápidamente enrojeció de puro coraje y, de la manera más grosera que sus principios le permitieron, dijo:

—¿Me estás diciendo que nos vamos esta noche sólo para aparentar una feliz luna de miel?

—Parece disgustarte la idea de que sea solo una apariencia —comentó con aire gracioso y sonriendo maliciosamente.

La cara de ella no podía estar más roja.

—¡Por supuesto que no, imbécil, antes muerta a dejarme tocar por ti!

Entonces fue él quien la tomó por el brazo y bruscamente la jaló hacia el pasillo más cercano. Se cercioró que no hubiese nadie cerca y entonces comenzó a murmurar:

—Mira, niñata llorona, si me he casado contigo ha sido por pura obligación y nada más —una mirada de odio se asomó en él.

—Deberías saber que esta tampoco fue mi idea —trató de mirarlo de la misma manera.

—Sea como sea, ambos estamos metidos en esto. Sin embargo, podemos llevar la fiesta en paz —hizo una pausa algo larga—. Si lo que realmente te aterra es el sexo, pues no tienes nada que temer; no tengo previsto tocarte. Así que puedes estar tranquila, por lo que puedes ir a preparar tus maletas sin más berrinches.

—¡No! ¡No pienso irme y dejarlos solos con ese hombre acechando! —gritó.

—No estarán desprotegidos, un pequeño ejército de mi padre se mantendrá aquí hasta que Naraku sea aniquilado, fue parte del acuerdo —explicó.

—¡He dicho que no! —Kagome temía por la vida de sus padres, lo que la hacía reaccionar como una altanera. —Eres repugnante, ¿cómo quieres que me vaya de paseo a aparentar una luna de miel mientras dejo a mis padres aquí con sus vidas corriendo peligro?

El sujetó su muñeca muy fuerte, ella gimió de dolor y acercando su cara a la suya le dijo:

—No me interesa lo opines de mi. No eres más que una mujerzuela, una niña tonta y mimada que no merece mi atención—. Sus ojos se posaron en los de ella haciéndola sentir insignificante a su lado y la soltó de pronto; bruscamente ella cayó en el suelo y comenzó a sobarse su muñeca.

—¿Cómo te atreves? —comentó mientras lo miraba con mucha rabia. A pesar de eso, se sentía insignificante desde allí, pues él era muy alto y cuadrado, además que no paraba de mirarle con esa cara endemoniada que asustaba a cualquiera.

—Sólo quiero que dejemos claro una cosa —. Esta vez expresaba un aire muy serio—. No tengo ninguna obligación contigo y tú ninguna conmigo; cada quién hace lo que quiera con su vida. Como ya debes saber, nos toca fingir delante de la gente que somos un matrimonio perfecto, pero cuando no, simplemente tu por tu lado y yo por el mío.

Ella lo miró intrigada, pues no era lo que había estado pensando y mucho más lo que la había mantenido en vela casi toda la noche. Que él reclamara sus derechos maritales era algo completamente normal, aunque le aterraba debía admitir que era normal. Que él le diera libertad de hacer lo que quisiera era sin lugar a dudas una sorpresa que parecía muy grata.

—Sólo te pido que cooperes conmigo. A ambos nos conviene mantener esto en secreto… ¿O simplemente podemos hacer las cosas como dice la ley y listo? — lo último lo dijo con su cara pícara.

—¡Por supuesto que no!

Estaba claro que debía ser cuidadosa con él, pero mientras respetaran el acuerdo, puede que su vida de casada no fuese tan desdichada como se lo había imaginado.

Mientras hacía sus maletas no pudo evitar comenzar a pensar en sus padres y en que los dejaría solos con Naraku rondando por allí. No creía en la palabra de su nuevo esposo, pues no lo conocía lo suficiente como para depositar su confianza en él; aun así era lo único que tenía y tendría que conformarse con eso.

No pudo evitar sentirse miserable y recordar las palabras de ánimo que su nana le había dado en una oportunidad:

Puede que tu matrimonio ayude a deshacernos de Naraku —comentó la anciana mujer tristemente.

Lo sé, aun así sigue siendo muy difícil para mí.

No lo pienses tanto —tomó la mano de su pequeña para brindarle afecto.

Esta decisión afectará el resto de mi… vida —se sentía muy nostálgica.

Naraku había eliminado en ella cualquier esperanza de ser feliz. Por él ahora tenía que partir con un hombre desconocido y dejar a su familia que tanto amaba. Recordar la cara de preocupación de su padre era aun más doloroso, recordaba nunca haberle visto de esa manera:

Hija, yo… — su voz sonó temblorosa—. Preferiría que no tuvieras que hacer esto.

Ya he tomado mi decisión —mencionó segura de sí misma.

Confío en que harás lo correcto —tomó delicadamente la mano de la joven y le dio un tierno beso.

Y lo haré; pues voy a casarme… —dijo decidida, aunque algo triste.

No tienes que hacerlo sino quieres, nosotros lucharemos con todo.

No, papá, ya basta de pensar solo en mí. Esta vez pensaré en Okinawa y en ti. Y debido a que tú no me dejarás luchar, esta es la única forma.

No digas eso, lo hago por ti, quiero protegerte —. Su rostro expresó preocupación.

De todas formas, ya he tomado mi decisión.

Me recuerdas mucho a tu abuelo— le dio una sonrisa—. Estoy orgulloso de ti.

Te amo, papá —confesó mientras se lanzaba a sus brazos tratando de contener las lagrimas.

Y yo a ti, hija.

En ese instante Inuyasha entró a la habitación, sacándola de sus pensamientos. Echó un vistazo a la chica y frunció el ceño al ver su cara, esta parecía más triste de lo que recordaba.

—¿Estás lista? —preguntó muy bajito. Para su sorpresa la chica pareció haberse sorprendido de verlo allí.

—S-si… —murmuró apenas.

—Ya es hora de partir —. Ella solo asintió, él levantó su equipaje y ella lo siguió. Estaba claro que su calvario comenzaba a partir de allí.

Continuará

N/A: Listo rediseño de cap 2.

Saludos ;)

Darkis-chan 3