Capitulo 2

Adoro a mi primo pero si sigue llorando así morirá antes de tocas el capitolio. Johana entra en el vagón con Blight. Él se sienta justo a nuestro lado. No habla mucho pero es más amable que Johana por suerte para Desmond es su mentor. La mujer del capitolio entra moviendo sus brazos al compas de sus pies. Se pone frente a nosotros y hace un gesto a Johana para que se siente junto a mí. Casi prefiero que no. Pero lo hace.

-Este año me da la nariz que es nuestro año – dice entusiasta

-¿De verdad? – Dice Johana irónica - ¿por qué lo dices? ¿Acaso es por el mocoso llorón? No claro ya lo sé ¿Es por la flacucha esta? Sí es por ella. Seguro que cuando suene el gong todos se suicidaran al ver sus ojos caramelo y su largo pelo castaño…

-Gracias Johana, me apetecía mucho saber tu opinión

-De nada Zea – sonríe triunfante.

-A mí me da en la nariz que sí. Así que vamos a ello. Hola chicos soy Zea me conoceréis de que cada año presento los juegos. Soy vuestro representante del capitolio y ellos son vuestros mentores Johana y Blight. – sin duda esta mujer fuma. Huele desde dos metros de distancia a tabaco.- como sabéis – se está acercando a mí que horror noto el olor – ellos ganaron una vez los juegos. Ellos serán vuestros representantes ante los patrocinadores que son…

-Que son los que os mantendrán vivos si no os mata nada – se carcajea. Blight hace un gesto de reproche y Johana pone una cara muy agresiva.

Dicho esto Zea nos lleva a un gran salón donde se encuentran todos los manjares de los que he oído hablar y jamás había oído, olido y degustado. Desmond se abalanza hacia el buffet de comida salada y empieza a devorar la comida con ansia. Come, bebe y engulle todo lo que encuentra, a puñados. Por mi parte estoy paralizada no se qué hacer. Mi instinto me guía a seguir a Desmond en comportarme como él. Me acerco cuidadosamente a la mesa y cojo un plato. La verdad no sé por dónde empezar. Hay cerdo, ganso, ocas, patos, pollos, solomillos, ensaladas ¿ensaladas? ¿Ante todo esto quien iba a querer ensalada?, hay sopas y potajes de todos los colores, y hay postres. Desmond aun no los ha visto hay una mesa llena de todas las comidas. Una tarta negra gigante, flan, gelatina, galletas… la boca se me hace agua. Me dirijo de forma firme hacia esa mesa y me sirvo un gran trozo de la tarta, un flan, nata, helados. Me voy a la mesa y me siento. Desmond se acerca a mi plato y hace gesto para meter su grasienta mano en mi plato de postres. Le empujo con tanta fuerza que sale despedido hacia una gran ponchera que choca contra ella y se le vuelca encima. Vuelve a llorar. En la habitación entran Blight y Zea corriendo ¿En qué momento se habían ido? ¿La catarsis del momento que hemos visto la comida nos ha nublado el sentido hasta el punto de no poder interactuar con el exterior? Blight se agacha para atender a Desmond. Zea se me acerca e intenta quitarme el plato recibe lo mismo que Desmond sin embargo ella no se cae. Empezamos un forcejeo por el plato, sé que me está diciendo algo pero no la escucho. Soy como un animal defendiendo su comida, ella está harta de esta comida del capitolio y yo no la he probado nunca. Noto una mano que me da un golpe en la mano y el plato cae al suelo. Todo se hace añicos. Me giro loca por la ira y veo a Johana, ríe. La voy a quitar yo a esta la risa ahora mismo. La ataco y esquiva mi golpe pero me giro a tiempo de darle una patada en la espalda, cae al suelo a cuatro patas. Se levanta rápidamente e intenta darme otra vez pero esta vez soy yo la que la esquiva intenta envestirme pero la paralizo y le propino un golpe en el estomago. Me falta el aire. Me están cogiendo por el cuello. Me levantan del suelo.

-¡Basta me oyes! – La voz de Blight es suave como un susurro - ¡nadie va a quitarte tu comida! Puedes comer todo lo que hay en el vagón y aún así te traerían más comida.

Ha anochecido cuando me despierto y en busca de la gente. Han recogido las mesas de la comida. Aún me duele el cuello. He debido de quedar inconsciente ante la llave de Blight. Paso al siguiente departamento y veo en la televisión a Caesar Flickerman al parecer han empezado a poner las imágenes de la cosecha de todos los distritos y llego justo en el momento en que van a comenzar con lo bueno. Todos me miran de mala forma cuando entro así que me siento en la esquina del sofá.

Empiezan como siempre en el distrito uno. Para variar los del distrito uno son voluntarios. He de reconocer que se les nota este año el entrenamiento, el chico es muy fuerte aunque es bajito, la chica es normalita ambos de 18 años. En el dos también dos voluntarios, nada que destacar se les ve preparados también 18. Los del tres dos empollones con gafas tendrán unos 16. En el cuatro ¿Por qué los chicos y chicas del distrito cuatro son siempre los más guapos?, el chico es como un ángel, rubio con ojos verdes, alto y fuerte y ella es pelirroja y tiene una gran sonrisa con un aparato de diente sin duda 17 como yo.

-Espero que le quiten eso antes de entrar en la arena – digo

Zea chista para que me calle. Los del cinco son dos pobres niños de 13 años. Mellizos. Enfocan a la madre llorando. En el 6 nada que destacar tendrá él 15 y ella 18, no parecen fuertes ni entrenados. Ahora salimos nosotros. Ahí salgo yo escoltada y subiendo las escaleras y Desmond llorando abrazado a mi falda en el escenario. Visto así tampoco debería guiarme mucho de la apariencia. Desmond y yo parecemos dos pueblerinos en el escenario. En el 8 otros dos niños pequeños igual que en el 9 y el 10 todos ellos entre 12 y 14 años. En el 11 cambia la cosa, la chica es muy musculosa ¿de veras es una chica? Parece un tío. Tiene el pelo cortado al cero y es muy alta. El chico es alto también y tiene unos preciosos ojos verdes clarísimos. Ambos tienen la piel oscura. Y por fin el 12 una niña alta y delgada de 15 años y un chico de 14. Vuelven a poner el himno y Zea apaga la tele.

Se pone en medio de la pantalla y aplaude.

-Parece que este año hay mucho niño pequeño. – dice alegremente.

-Bueno los profesionales están ahí también – susurro en voz baja – y esa chica del 11 es inmensa de verdad tiene 18 años parece mucho más mayor.

-Bueno los profesiones siempre están ahí – dice Blight – pero aparte de ellos ¿te has fijado en alguien más?

-Bueno la chica del 11 y el chico del 11 parecen fuertes. No destacaría a nadie más.

-¿Subestimas al resto ya?

-No, pero así a simple vista…

-Bueno, así a simple vista – comenta Johana seria – vosotros dos parecéis dos pueblerinos debiluchos y tú de débil no tienes nada. Los golpes que me has dado reflejan claramente que tienes fuerza aunque no músculos.

-Lo siento – agacho la cabeza avergonzada por mi actuación – es como si me hubiese vuelto loca por la comida.

-No pasa nada querida – Johana se acerca y me toca el hombro – solo que ahora mi expectativa está en que mueras entre los cuatro últimos.

Sonrío. Supongo que es su forma de decirme. Te perdono. Zea nos lleva hasta el salón de la comida otra vez y vuelvo a ver que han colocado otra vez la comida en su sito. Esta vez ambos vamos escoltados por nuestros mentores hasta las mesas buffet. Vuelvo a servirme un gran trozo de tarta, flanes, nata y nueces picadas. Johana me coge el plato. La ira vuelve a mi cuerpo. Si este mediodía tenía hambre ahora tengo más. Me sereno pensando que es algún tipo de prueba que me está poniendo. Veo como va con mi plato hacia la zona de la comida no postre y llena un bol con estofado y otro con una pierna del cerdo que hay encima de la mesa. En mi vida he comido cerdo. Supongo que será para ella. Nos sentamos a la mesa. Observo que Blight ha hecho lo mismo con mi primo. Johana me pone el estofado delante.

-Visto que ninguno de los dos sabéis comer como personas educadas os racionaremos la comida – dice Zea – no podéis comer como cerdos en el capitolio los patrocinadores se horrorizarían de la escena del medio día. – Ahora me mira a mí – tampoco puedes comer solo postres no es sano.

Como dos niños buenos nos comemos los platos en el orden en que nos los dan Johana y Blight y por ultimo me dan mi ansiado postre. El chocolate es delicioso. Lo he probado una vez antes en la pastelería de mi distrito cuando gane la porra de los juegos pero sin duda ni punto de comparación con este. Cuando termino de cenar estoy tan llena que me voy directamente a mi compartimento a dormir.

Después de una noche de pesadillas, quizás producidas por la indigestión. Me ducho y busco mi vestido por todo el suelo. No lo encuentro así que abro el armario y veo un par de pantalones negros y cojo una camiseta sin mangas blanca de un cajón. Me miro en el espejo y salgo de la habitación. Zea me atropella por el pasillo.

-Tu vestido lo hemos mandado a lavar no te preocupes, se lo enviaremos a tus padres una vez limpito – me coge del brazo y me arrastra por el pasillo.- mira por la ventana

La obedezco intentando zafarme de ella. Es el capitolio. Como es posible que hayamos llegado ya.

-Ven – me dice arrastrándome – nos vamos a la sala de preparación. Veras que divina te van a dejar.