El silencio era interrumpido solo por el crujir de la tela y el papel, a veces vidrios y marcos, esparcidos por el suelo. Y algún que otro quejido de Nadia.

-Esto es muy diferente a antes –dijo Ib, levantando un pedazo de "Maravilla nocturna" del suelo- Pero prefiero esto antes que cuadros y maniquíes persiguiéndome.

-Sí, es mejor que estén destrozados –dijo Garry- ¿Pero que habrá pasado para que esto ocurriera?

-Mary –dijo Ib, sin dudar.

-¿Y esto? –dijo Nadia deteniéndose.

Frente a ella, una mesita de café cubierta con un mantel raído, tenía encima tres jarrones llenos de agua, con tres rosas en ellos. Una roja, una azul y una lila.

-No me digas que también las rosas… -suspiró Ib.

-Sí, también las rosas –dijo Garry agarrando la azul.

-La lila debe ser tuya –dijo Ib a Nadia mientras agarraba también la suya.

-¿Eh? ¿Rosas?

-Representan tu vida aquí –explicó Garry- debes cuidarla mucho.

Nadia lo tomó muy en serio, aterrada como estaba, y agarró la flor con fuerza.

-Ahora tengo 9 pétalos –dijo Ib.

-Yo 13 –dijo Garry.

-Yo 11 –dijo Nadia.

Se miraron.

-¿En que se basan para hacerlo? -preguntó Ib. Ninguno sabía.

Siguieron caminando, con Nadia por delante, un rato más, hasta qué…

-¡Una puerta! –oyeron exclamar a Nadia.

El par corrió hacia ella. Era, claro, una puerta con contraseña. Una mancha de pintura al lado, ponía:
¿Cuál fue el cuadro que quemaron Ib y Garry?

-Esto es demasiado sencillo –dijo Ib- Mary.

Se oyó la puerta destrancarse y otra mancha apareció en la pared.

Pues, muchos se enojaron por eso. La llave la tienen ellos.

-¿Eh? –dijeron los tres.

Garry abrió la puerta y ahogó un grito. Ib abrió los ojos como platos y Nadia no entendió la reacción. El cuarto estaba repleto por cuadros de "La dama" en toda gama de colores.

-Estas si se mueven –dijo Ib a Nadia- seguro debemos esperar a que alguna caiga para que lo haga la llave…

Dicho y hecho, apenas lo dijo una cayó y comenzó a arrastrarse. Nadia gritó espantada y casi cae hacia atrás del susto.

-¡Debemos hacer que las otras caigan! –gritó Garry corriendo hacia todos lados como un trompo, haciendo señas de burla a los cuadros.

-¡No, Garry! –gritó a la vez Ib.

Pero era muy tarde. Los cuadros fueron cayendo uno tras otro, y como reptiles hambrientos, arrastrándose hacia el grupo. Ib saltaba, giraba y corría tratando a la vez de distinguir alguna llave en el tumulto. Nadia estaba de nuevo desmayada en el suelo, con las damas peligrosamente cerca, Garry saltó hacia ella y la levantó en andas. Genial, pensó Ib, debo hacerlo sola.

-¡Garry! –Gritó la chica desde el otro extremo de la habitación- ¡Avísame si ves alguna llave en el suelo!

-¡Aquí hay una, a mi derecha! –respondió él tambaleando con el cuerpo de su novia en andas- ¡Pero no me puedo acercar!

Ib pisó una cabeza de las damas y saltó hacia la dirección indicada, corrió desesperada lanzando patadas a diestra y siniestra y finalmente agarró la llave verde del suelo en un manotazo.

-¡La tengo, la tengo! –gritó corriendo de nuevo hacia la pared opuesta, donde había una puerta verde.

Garry también ya se dirigía hacia ella cuando Ib cayó con un grito. Una dama le había agarrado el tobillo y las demás se arrastraban hacia la chica.

-¡IB! –gritó Garry pateando las pinturas con furia hacia la joven, con la pobre de Nadia bamboleando en su espalda.

Con sadismo pisoteó la dama que sujetaba a Ib y la tomó de la mano acomodándose a Nadia en el hombro. Ahora sí, corrieron hacia la puerta verde fuertemente sujetos y la abrieron de un empujón rabioso, cerrándola tras suyo. Se tumbaron en el suelo, exhaustos. Nadia abrió los ojos y con un hilo de voz, murmuró:

-¿Ya estamos muertos?

Si Ib no hubiera estado tan cansada, seguro la habría golpeado.

-No sirves mucho si te desmayas –dijo, enojada. Pero luego se contrajo en un gesto de dolor, agarrándose el arañazo en el tobillo.

-¿Te hiciste daño? –Garry se le acercó y miró la herida preocupado- Estas sangrando.

-Estoy bien –gruñó la otra.

Pero igual Garry llevó la mano al bolsillo de su chaleco, sacando un pañuelo. Agarró el tobillo de Ib y se lo lio, para parar el sangrado. Ib se sonrojó, ella también había hecho algo parecido, ya hacia un montón.

-¿Y tú rosa? –Preguntó luego- Muéstrenlas.

La rosa de Ib apenas tenía dos pétalos. La de Nadia, 9.

-Yo tengo 7 –dijo Garry- así que la que está más grave eres tú, Ib.

Ella asintió levemente. Se sentía algo mareada y a punto de desfallecer.

-Me siento muy mal Garry –dijo al fin.

-Oh, cariño –Garry la levantó en brazos- Vamos, Nadia, busquemos un lugar tranquilo.

-Si… -¿Cuánta confianza había entre esos dos?

Caminaron un trecho hasta llegar a un cuarto abierto. Dentro había estanterías polvorientas, pero ningún cuadro. Suspiraron aliviados. Garry se sentó en el suelo y apoyó la cabeza de Ib en su regazo.

-Descansemos un poco…. –dijo, cansado por tantas emociones.

Nadia se acurrucó a su lado, apoyándose en su hombro, y al poco rato quedó dormida. Pero Garry no podía dormir. Acariciaba la cara pálida de Ib y le acomodaba los cabellos con ternura. Esta vez había sido su culpa que volvieran a aquel manicomio. Por ladrón. Por idiota. Tanto Ib como Nadia sufrían por una estupidez suya. Su pobre Ib, estaba casi sin vida, y él lo único que podía hacer era lamentarse.

-Perdóname –susurró- Perdónenme.

-Que dramático eres –dijo la vocecita de Ib.

-Es mi culpa que estemos aquí –dijo a la vez Garry, mientras acariciaba la mejilla de la chica- Porque me robé el cuadro de Mary…

-Mary desea hablar con nosotros, y yo también quiero hablar con ella –dijo Ib llevando un dedo a los ojos de Garry, que quería llorar- Vamos a arreglarlo todo, no llores. Debemos encontrar a Mary.

Garry apretó la mano de Ib, tan pequeña y frágil para él. Ella seguía siendo a sus ojos la pequeña Ib valiente de 9 años.

-Ya no soy pequeña –dijo Ib con firmeza, sintiendo que se le teñían las mejillas- Puedo por mí misma.

-Bien, bien –de rio Garry- Pero ahora duerme, estás muy débil.

-Tú también duerme. –susurró Ib mientras lo hacía.

Garry pronto pudo dormir también, más tranquilo.