Arceus sonrió una vez pudo extraer esa alma en específico del flujo temporal, una tarea complicada que le llevó siglos lograr sin causar un daño irreparable a la fabrica del tiempo en el proceso.

La tierra Pokémon se encontraba en un estado muy diferente al que se encontraba anteriormente cuando esta alma en particular habitaba en ella. La tecnología había traído consigo maravillas de avanzada que poco a poco hicieron más imprudentes a los humanos y, antes de que lo supiera, una nueva guerra había empezado.

Era un círculo vicioso en la tierra Pokémon, cientos de veces una civilización avanzaba lo suficiente como para volverse engreída y desatar en el planeta una nueva oleada de violencia que pronto borraría varias civilizaciones del mapa, dejando atrás sólo vestigios de su grandeza, luego una era de incertidumbre y re-descubrimientos iniciaban de nuevo el camino a la tecnología y luego al mismo camino que antiguas civilizaciones surcaron.

Era irónico y algo triste el saber que los humanos, a pesar del conocimiento de los errores de sus antepasados, seguían insistiendo en controlar todo y a todos en su camino.

Es por eso que estaba arriesgándose con esta alma en particular, no sólo por deberle un favor sino que, al ver más allá en el futuro de este ser, pudo darse cuenta de que algo especial le aguardaba al planeta. No por parte de esta alma en particular, eso sería ridículo al ya estar de por sí severamente marcada por el destino para ciertas tareas. Sino uno de sus descendientes, uno que surgirá dentro de novecientos cincuenta años exactamente, dicha descendiente será la procuradora de un cambio en el ciclo de destrucción en que los humanos se han sumergido desde el inicio de los tiempos.

Y dicha chica no existirá si esta alma en particular no logra reproducirse cuando portara un cuerpo humano.

Desgraciadamente no podía enviarlo al pasado para habitar su cuerpo infantil, sus poderes eran incapaces de desplazar un alma pura sin forjar con otra ya definida y trabajada. Su moral, por otra parte, tampoco le dejaría cometer semejante barbarie.

Para poder lograr el cambio, tendría que crear un cuerpo para que el alma residiera, no podía ser un cuerpo humano ya que eso creaba demasiadas paradojas que incluso él era incapaz de seguir al haber dos Elegidos, merodeando por el mundo, ciertamente haría sus vidas más fáciles pero entonces no podrían encontrarse el uno al otro sin que hubiera complicaciones incómodas como el hecho de sentirse atraídos mutuamente al ser en esencia un mismo ser. O peor aún, oponerse al otro y negarse a cumplir sus labores.

Por lo cual, para evitar complicaciones innecesarias, el nuevo cuerpo de Ash tenía que ser totalmente distinto, no humano específicamente. Lo que le dejaba a Arceus con la única posibilidad de un cuerpo Pokémon.

¿Pero de qué clase? No podía ser un legendario porque atraería demasiada atención a su contra-parte joven, atención también peligrosa para el alma reencarnada que no está acostumbrada a su nuevo cuerpo y capacidades. Un Pokémon corriente no iría tampoco con el temperamento del alma.

Arceus de nuevo miró hacia el horizonte, enfocándose en los caminos que el hombre transitó en vida, miró incluso hacia el pasado y sus antiguas encarnaciones hasta encontrar una en particular que capturó su atención. ciertamente Sir Aaron fue alguien espléndido, una lástima que dicho reino haya terminado como terminó, pero al final no eran las acciones del hombre lo que llamó la atención del Dios, sino más bien la silueta de su compañero.

Arceus regresó a la última vida del hombre y pudo ver que el chico contaba con una predisposición natural para enlazarse con esa especie en particular de Pokémon, en repetidas oportunidades esto parecía manifestarse por lo que era lógico pensar que crearle un cuerpo de semejante especie lograría que el alma se sincronizase sin ningún contratiempo.

No era un Pokémon legendario, ciertamente peculiar pero no legendario. llamaría la atención pero la novedad pasaría rápido y su silueta sería un confort para el alma reencarnada, al poder caminar en dos patas como hasta ahora ha estado acostumbrado.

La cuestión era si hacerlo un Riolu o un Lucario, hembra o macho, eran decisiones francamente de poca consecuencia para Arceus, pero si el centellear del alma que reposaba cerca era un signo, la mera idea de no ser humano, al mismo tiempo que no ser del mismo sexo al que ha estado acostumbrado sería incómoda y demasiado estresante para lidiar de una sola vez.

Macho sería, y como el alma claramente estaba marcada como la de un adulto, lo mejor sería es el ubicarlo en un Lucario desarrollado y fuerte, que pueda soportar el estrés al que estará sometido por algún tiempo, hasta que se adecue.

Arceus bufó alzando todas sus lápidas con tal de cumplir este pequeño gran favor al ahora claramente relajado trozo de alma. —Lamento decirte que sólo podrás recordar información vital para que sirvas de guía del joven Ash. Tu memoria no puede ser la misma o causaría repercusiones irreparables. Por instinto, sabrás en quién confiar basado en lo que viviste, sabrás qué hacer y cómo solucionarlo, pero no sabrás el porqué —Arceus no podía hacer más por Ash, no podía enviarlo atrás siendo él perfectamente, no cuando en esa realidad estaba por nacer nuevamente.

En esencia sería Ash, o mejor dicho, en lo que el chico llegará a convertirse, pero al final de cuentas no será ese hombre, no gracias a la intervención que Arceus realizaba.

Las tablas comenzaron a girar alrededor de la equina figura de Arceus, generando suficiente poder como para enviar al pasado a un nuevo ser vivo, con tal de influenciar la vida de alguien que estaba destinado a grandes cosas gracias, al capricho del universo.

Fue así que, en un despliegue de luz y de un dolor inconmensurable, Ash dejó de ser una simple alma y pasó a ser algo más.

Luego de algunos segundos, el agotado Arceus tenía ante sí mismo otra de sus creaciones: una criatura de aspecto canino y silueta humana. El renacido estaba respirando agitado, casi dolorosamente al haber sido reincorporado de manera tan extraña a un nuevo cuerpo. Arceus sabía que el renacido tendría un tiempo angustiante por delante donde no podría controlar su cuerpo, pero no podía hacer más por él.

—Despierta, Ash, hay algunas cosas que debes saber antes de que tu última tarea como Elegido, te sea encomendada.—

Un gruñido, más de incomodidad que para transmitir información de agresión o de advertencia emergió del hocico de la azulada bestia, quien a duras penas parecía estar manteniéndose consciente, lo cual es bueno al implicar que el sujeto intentaba prestar atención a lo que Arceus tenía que decir.

Desgraciadamente, el esperar que entendiera y mantuviera una conversación en estos momentos era demasiado, quizás debiera implantar algunas memorias con tal de que pudieran conversar más a fondo cuando llegare el momento.

Un movimiento de su coz sirvió para sumir en un profundo sueño reparador a la criatura, necesitaba enviarlo lo más pronto posible con tal de regresar al flujo temporal y de recuperar todas las fuerzas que ha perdido con esta treta. Sus lápidas giraron a gran velocidad a su alrededor, un portal se abrió por debajo del cuerpo del inconsciente Lucario y, en un simple segundo, desapareció con rumbo al pasado, atravesando tiempo y espacio como si se arrojase a un lago y rompiese la superficie del agua.

Miró al horizonte con tal de garantizar que la criatura fuese encontrada por quien él había predispuesto y bufó en satisfacción al ver que todo saldría como lo había planeado. Sabía que la acción que implantó en Ash al encontrarse con esta mujer en particular sellaría su destino al lado de ella, el resto será cuestión de esperar y ver si su apuesta brinda los frutos que ansiaba o terminaba estallándole en la cara.

Solo el tiempo lo dirá.

Satisfecho, Arceus se hundió en un profundo sueño, con tal de recuperar sus fuerzas.

XxX

Después de un trágico accidente que la población entera de Paleta quería dejar atrás, era bastante común ver a una joven viuda caminar por las inmediaciones del bosque. Vecinos preocupados por la salud de la claramente embarazada mujer, intentaban lograr que la antes jovial pelirroja se abriera de nuevo al mundo tras la trágica muerte de su marido, pero hasta ahora todos los esfuerzos habían sido infructuosos y no podían más que brindarle esos momentos de paz que obviamente parecía buscar en sus largas caminatas.

Con el tiempo, se volvió una rutina el verla realizar dicha travesía, al punto en que la atención que se le prestaba a la mujer comenzó a disminuir. ya después de dos meses luego de la tragedia no había riesgo de que Delia una pelirroja de veintidós años de edad y aparentes tres meses de embarazo cometiera una locura en pos del dolor que pudo haberla agobiado tiempo atrás.

Para Delia, por otra parte, las caminatas eran hasta ahora su único alivio en la ahora agobiantemente vacía y silenciosa estructura al que anteriormente solía llamar hogar, hasta ahora había contado con el apoyo de amigos cercanos y vecinos pero al final de cuenta cada uno de ellos no podía dejar a un lado sus propias vidas con tal de ayudarle a ella, e incluso si ofrecieran el hacerlo ella jamás hubiera aceptado semejante oferta.

Caminó rumbo al bosque, intentando regresar al sitio en el que ella llegó a conocer a quien fue, en algún momento el amor de su vida a una temprana edad. Era una época de descubrimientos y esperanzas, de rivalidades y amarguras, pero también de felicidad inagotable y de libertad que sólo la infancia podía ofrecer; algo que francamente ya siendo una adulta solía extrañar de vez en cuando.

Era una mañana hermosa y el viento revoloteaba y resonaba por entre las ramas de los arboles, el sonido de los Pokémon de muchos tipos resonaba en el lugar, algo a lo que siempre estaba atenta al no desear encontrarse con un enjambre de Beedrill o una parvada de Spearow o, Mew no lo permita, de Fearow. No estaba de humor para correr y desgraciadamente su condición le impedía el realizar semejante acción con facilidad.

A pesar del riesgo este viaje diario, era algo que francamente necesitaba sino es que añoraba. El restaurante de su familia estaba siendo atendido por conocidos de confianza, su casa estaba siempre limpia gracias a su fanatismo por la limpieza y el orden (que incluso ella debe admitir es una manía que se ha incrementado luego de que ocurriera la tragedia). Por más que estuviera agradecida con Samuel por su amabilidad, no podía seguir hospedándose en el centro de investigaciones.

Tristemente, tenía que continuar con su vida aún cuando él ya no estuviera aquí con ella como lo habían jurado en el pasado. Por algunos momentos pensó en regresar al centro de investigaciones, y quizás intentar completar sus sueños de la infancia, ser entrenadora o modelo pero lamentablemente tales metas ya no parecían dignas de ser perseguidas, ya no alimentaban dentro de ella esa llama que en algún momento ardía fervientemente en su interior.

Por lo tanto, decidió caminar con tal de pensar y olvidar el pasado, y quizás por fin encontrar una respuesta para su futuro una señal, una epifanía de qué debía hacer con su vida ahora que la encrucijada estaba ante ella.

Jamás esperó encontrarse un Pokémon, mucho menos esta clase de Pokémon en particular, dejando todos sus pensamientos de precaución detrás, Delia apresuró el paso con tal de verificar que la criatura se encontrara respirando, lo más probable es que por la falta de energía y respuesta que mostraba el animal se encontraba gravemente herido.

Miró a su alrededor, intentando conseguir al entrenador de esta criatura con tal de darle un merecido escarmiento, o al menos conseguir ayuda con tal de llevar al Pokémon al centro de Samuel para recibir tratamiento.

Pero, para su frustración, nadie salvo ella estaba en los alrededores; los arboles, matorrales, el suelo, nada presentaba signos de lucha o de una batalla, ni siquiera mostraban huellas o evidencia de cómo llegó este animal hasta aquí.

Intentó recordar lo mejor que pudo con respecto a esta especie en particular, si mal no recordaba caminaban en la punta de sus patas nunca apoyando el resto, por lo que sus garras deberían tener residuos de tierra, hierba o desperdicios en ellas, pero para su frustración dichos apéndices estaban inmaculados. Miró hacia la copa de los arboles, esperando encontrar signos de qué había sido arrojado desde el cielo por más improbable que sonara semejante teoría pero los arboles estaban intactos, nada de ramas desplazadas o rotas, no había un agujero que delatase el brusco paso de un cuerpo en caída.

Nada en su memoria le ayudaba a resolver el misterio de cómo había llegado este Lucario hasta Kanto o más específicamente al pueblo Paleta.

Suspiró en frustración al llegar a la conclusión de que algún entrenador le había abandonado aquí para morir con tal de no enfrentar la ley al tener que llevarlo a algún centro Pokémon en tan deplorable estado.

De inmediato borró de su cabeza la idea de contactar a su vieja banda, ya no era una adolescente con añoranzas de grandeza, y su partida con Giovanny no fue en los mejores términos, el contactarlos traería más problemas que soluciones, además de que estaría rompiendo varias promesas para con Samuel y con él.

Intentó levantarle pero en su condición era una tarea casi imposible y, por más que quisiera ayudar al Lucario, no podía arriesgarse a caer en su estado. Su mano de inmediato fue hacia su cuello con tal de tocar el último recuerdo de su fallecido marido.

La última Pokébola que estuvo en sus manos antes de que… El repentino movimiento de la criatura la sacó de sus pensamientos, al parecer estaba recuperando la consciencia, lo cual podría ser bueno, pero también ahora que lo piensa, podría ser una muy mala noticia, al recordar una de las más primordiales reglas de todo aquel que dedicara su vida al cuidado de estas magnificas criaturas.

Nunca subestimarlos y, más que nada, si uno de ellos está herido no presentar una treta mucho menos acorralarlos o se corre el riesgo de recibir un ataque por parte del mismo animal que intentaban ayudar en primer lugar.

Varios estudiantes y profesionales habían sufrido por la ignorancia de esta regla, algunos incluso pagando con su vida por semejante omisión.

Intentó alejarse con tal de darle algo de espacio y ganarse su confianza, pero algo le detuvo en seco en el momento en que el Lucario abrió sus ojos. El matiz de sus ojos no era extraño o de un color extravagante, eran más bien los típicos irises que podías encontrar en muchos seres vivos; Pero para ella que por años contempló los ojos de su ahora difunto marido eran terriblemente distintivos. No es que fueran de un café distinto a los de otros, eran de hecho de la misma tonalidad que los de ella, pero la intensidad con la que él solía mirar, el fuego que se podía percibir apenas contenido detrás de sus irises era algo con lo que ella soñó y disfrutó por muchos años.

Por segundos, ignoró las alertas que su cabeza estaba arrojando, enfocada únicamente en el sonido del viento en sus oídos y el palpitar de su corazón en su pecho. El Lucario parecía asustado, confundido pero dispuesto a defenderse, al menos hasta que algo aparentemente hizo clic en la criatura y una oleada de reconocimiento inundó su cánido rostro.

¿Mamá?— Por segundos la observó mientras ella estaba estupefacta por oírlo en su cabeza, completamente paralizada y confundida de por qué esta criatura la estaba confundiendo con su madre.

Pero entonces casi tan rápido como recuperó su consciencia la perdió y, para el horror de Delia, esos gloriosos ojos café se comenzaron a cerrarse nuevamente ante ella sacándola de su estupefacción de inmediato.

Desesperada arrancó la Pokébola de su dije presionando el iniciador de inmediato con tal de hacerla expandirse y funcionar como es debido. Sin titubear, la arrojó en dirección de la criatura, que enseguida fue engullida en un haz de luz con tal de ser transportada al interior de la esfera. Le sorprendió ver cuan rápido resultó ser el proceso de amaestramiento, al ver que la luz apenas parpadeó dos veces, antes de que el sonido peculiar que el artefacto emitía cuando el Pokémon era sometido resonó en sus oídos.

Tomó la esfera y de inmediato emprendió carrera en dirección del laboratorio, con tal de que Samuel le ayudara a salvar la vida de este Lucario en particular. Por nada en el mundo, ella dejaría que esta pobre criatura pereciera si ella podía evitarlo, mucho menos cuando portaba ojos tan similares a los de él.