-¡Sousuke!

-¡Dame la mano!

-¡No alcanzo!

-¡Solo un poco!… más…

Copos caían del oscuro cielo, danzaban entre ellos y parecían crear hermosas figuras. Nadie parecía apreciarlas, solo aquellas mentes que todo encuentran hermoso.

Los niños jugaban en el parque, un día nevado sacaba a todos de sus casas, los hacía saltar de alegría y buscar nuevas formas de divertirse. Colinas creadas por la caída de los copos eran superadas por niños montando en trineo, lanzándose bolas de nieve o construyendo cualquier cosa con ella, a él le importaba poco.

Sobrevuela la ciudad, dirigiéndose hacia el otro parque, ahí no hay niños, hay personas, las pocas que disfrutan un día así. Una joven pareja juega gastándose bromas con l nieve, lanzando puños, empujándose sobre los colchones e incluso metiendo nieve en la ropa entre ellos, eso si logra hacerlo sonreír.

Pocos son las personas que aprovechan un día nevado, pocos son los que hacen tonterías con nombre, "nadar" en la nieve con casi nada de ropa, crear esculturas deformes pero con sentimiento o simplemente salir a enfriarse la nariz. Aquellas personas podían verlo, solo esas.

Los demás guardianes eran conocidos y muchos creían en ellos, pero Haruka era especial, solo podían verlo aquellos que apreciaban el frío.

A lo lejos escuchó un grito de victoria, veloz con el viento, llegó al primer parque, en los minutos que se había ido, el lugar había sido convertido en un campo de batalla completo, trincheras improvisadas se asentaban a ambos laterales, "cuerpos" de "soldados" se encontraban inertes sobre la blanca superficie.

-¡Guerreros al ataque!

Inmediatamente, bolas infinitas -gracias a él- comenzaron a surcar el espacio entre ambas trincheras, impactando en la cabeza, el pecho y las piernas de los niños, quienes gritaban que tenían vidas extras gracias a un esfuerzo realizado con anterioridad.

Aún siendo el creador de tales jugarretas, él también siente la necesidad de divertirse, toma una bola de nieve entre sus dedos, de la misma temperatura que la blanda sustancia, le sopla suavemente, como un susurro y prestas estas acciones, la laza, pegándole fuertemente a uno de los niños.

Aturdido, el niño se pone de pie y ante la mirada de todos un brillo divertido adorna sus pupilas. Un grito de guerra sobresale del barullo y comienza una masacre con bolas de nieve. La pelea, que se había mantenido alejada del centro del parque, se fue expandiendo, ocupando territorios prohibidos y valles vedados a los guerreros de la región.

Una bola perdida, brillante cual estrella fugaz, fue a parar hasta la nuca de la más grande de ellos, quien se encontraba armando un muñeco de nieve. el tiempo pareció detenerse, pero después de unos segundos de defensa por parte de la chica, el brillo apareció en sus ojos, haciendo que se uniera a todos en el juego.

Eso era lo que Haruka buscaba y le fue asignado, que a pesar del frío y de las inconveniencias que este acarreaba, la felicidad fuera constante y existente, que no hubiera persona incapaz de jugar aunque sea un poco con aquel refrescante estado.

El brillo escarlata de un trineo llamó su atención, una niña lo sostenía como escudo y corría hacia la trinchera que había armado junto a sus amigos. Un chasquido, un vientecito suave y la niña se encuentra deslizándose a toda velocidad por el parque, sorprendiéndolos a todos, subió una colina y voló sobre un vagabundo recostado en una banca.

Cayó con suavidad en la nieve y continuó su recorrido a través de la ciudad, girando rápidamente en las esquinas y sorteando por poco varios obstáculos, el recorrido por las calles no preparadas hacían el viaje aterrador, pero al mismo tiempo excitante y divertido. Una vía de doble sentido, un camión repartidor, una duna de nieve y una estatua.

-¡Ran!

Los niños que jugaban con la niña corrieron inmediatamente a auxiliarla, uno de ellos con lágrimas en los ojos. Dificultosamente, la niña se levantó frotándose la cabeza, jugó un poco con algo dentro de su boca y escupió en su palma.

Un "Iuugh" colectivo se escuchó en el parque.

-¡Un diente!

-¡Se le cayó!

-¡El hada!

Emocionados, todos comenzaron a caminar hacia la cafetería más cercana, hablando sobre el dinero que le iba a traer aquel ser mágico y dándole gracias al Padre invierno por darles esa gran oportunidad. Haruka sonrió como pocas veces lo hacía, el que le agradecieran por días así lo llenaba de un sentimiento cálido en el pecho, como miel derramada sobre algo, lento y reconfortante.

Una ráfaga helada lo levantó cien metros hacia el cielo y él mismo se dejó caer cual copo mismo. Se deslizó silencioso y quieto hasta la torre del reloj, aquella de la que se podía ver prácticamente toda la ciudad… y más.

El cielo se estaba llenando de esos tonos anaranjados propios del atardecer. "Noches largas y días cortos", habían dicho a inicios del invierno pero para él no eran más que buenas nuevas, porque en las noches es cuando podía disfrutar de ciertas ventajas.

Un movimiento de su cayado y sopló un gélido aire, ocasionando escalofríos y uno que otro pequeño grito de sorpresa, era hora de regresar a casa, al calor que solo ofrece la hoguera o incluso dispensándose de ella, el calor del cariño en familia que se podía vivir en ocasiones. Se alzó sobre la gran torre y buscó un destello dorado… o un rayo rojizo.

Sobrevoló la ciudad durante unos minutos y finalmente lo halló, un pequeño, delgado y serpenteante hilo dorado, sonrió y se acercó a él, miró por encima de él y más atrás, buscando su punto de origen. Entre las espesas nubes –las que él había traído desde el norte llenas de copos– se podía ver un brillo que no pertenecía a la luna, un cálido dorado pintaba sutilmente las bases de las nubes.

Se elevó por encima de ellas y el candor que lo recibió lo deslumbró. Una aglomeración gigante de arenas doradas formaba todo tipo de figuras, desde pececillos nadando en cardúmenes hasta gigantes pterodáctilos revoloteando sobre su creador.

Sandman estaba flotando en medio de la nube, los brazos extendidos y una cara de completa tranquilidad, entreabrió un ojo y vio a Haruka, sonrió y formó un copo de arena, el cual flotó grácilmente hasta él, pareciera ser empujado por un viento invisible, hasta que el chico extendió las manos y lo recibió con una sonrisa.

En cuanto el copo rozó las puntas de sus dedos, la arena misma lo rodeó y creó escenarios fantásticos, un puente repleto de automóviles; un pequeño poblado a la orilla de un lago con el cielo estrellado sobre él; niños jugando en un enorme prado con frondosos árboles de protectores. Casi pudo sentir el calor que desprendían… pero no pasó... de hecho, todo se detuvo.

Con una mano tomó una porción de la arena que lo rodeaba y la sintió temblar, sintió miedo. Con una pequeña pero pesada duda en el pecho se abrió paso entre las arenas. Todo parecía estar congelado, El chico dorado miraba al vacío, las manos en el pecho y aunque poco notorio, pálido. Miraba al vacío con la respiración errática y los ojos llorosos, su cuerpo temblaba.

-Makoto…

Los orbes verdes se giraron hacia él y se abrieron más si es que fuera posible. Sus labios formaron una palabra y tras una enorme y sorpresiva explosión de arenas doradas fue arrastrado por ellas hacía quién sabe dónde.

El intento del chico de hielo por seguirlo fue en vano, pues era lo mismo que perseguir el aire, incierto, aleatorio, imposible. Paró cuando un zumbido llegó a sus oídos, giró en redondo y se topó cara a cara con la rojiza hada, quien parecía realmente procupado.

-Haru – el aire abandonaba sus pulmones de manera arrítmica y acelerada - ¿dónde está Makoto? ¿Está bien? Los niños comenzaron a llorar aun soñando cosas buenas.

Haru solo pudo negar con la cabeza, a lo que el pelirrojo respondió con una palabra mala hacia el aire.

-Debemos encontrarlo y rápido.

-Vamos al Norte…

Lo único que se les ocurría era visitar al primer Guardián, el que los vio nacer a todos y probablemente, el mejor amigo de Sandman.

Mientras tanto en la tierra, las sombras se iban corriendo por la presencia de luz, en el apuro de disfrutar lo que había logrado no sintió el sol aparecerse tras él, con un siseo se consumió y dejó caer su carga. El cilindro dorado de quién alguna vez fue el Guardián de los sueños.


Bueno... los últimos parrafos los escribí a la carrera, so, disculpen si es muy apresurado o algo así.

Gracias por leer.

-L