Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Dedicatoria especial: A Aliethz, por ser, estar y parecer. Darme un pequeño empujón de manera inconsciente siempre que lo necesito, que tengo dudas, o que simplemente la vida me pasa por encima sin preguntarme. Gracias, de todo corazón, y espero que esta pequeña historia sea de tu agrado, y que al menos, ponga una sonrisa en tu cara. Es el único modo que conozco de pagarte lo que haces por mí.

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Su vida era perfecta hasta que ella llegó. Tenía un novio estupendo, unas amigas geniales y una vida de ensueño, pero esa estudiante de intercambio llenó su vida de novedades, y de muchas cosas, que hasta ese momento, ni siquiera se había planteado.

Kagami fem x Kuroko fem.

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El beso dormido.

Capitulo dos: Amigas y enemigas.

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Lo primero que vio de ella fueron sus tetas.

Sin mas.

Una rubia alta, sonriente, casi brillante como un gusiluz, y sus dos enormes pechos botando en cada paso.

Luego su voz, surgió como un grito desde lo mas profundo, y lo siguiente que le sorprendió fue que cayera, literalmente sobre Tetsu chan.

La estrujó con tantas ganas que por un momento pensó que la asfixiaría en serio.

– Ki-kise chan... me estás ahog... – Le pegó un pellizco en las costillas, logrando que la soltara, con unos morritos de enfado fingido muy divertidos.

Kagami estalló en carcajadas al verlas "pelear".

– Hola, tu debes ser la invitada en casa mi pequeña florecita. – Abrió los brazos, y la estrujó del mismo modo que había hecho con la mas baja de las tres. – Soy Kise...

– Kagami. – Le devolvió el abrazo con el mismo entusiasmo.

– Perdónala, es un poco pulpo. – Kuroko la empujó, sin saber por qué para separarlas.

Kise frunció el ceño.

– ¿Toda tu ropa es así?. – Agitó el dedo de punta de arriba a abajo abarcando a la pelirroja.

– ¿Así como?. – Se miró confusa, y luego a Kuroko.

Kagami iba con un chándal de pantalón corto y rojo, y una camiseta negra de manga corta y escote en uve. Sus eternas y cómodas deportivas. Al fin y al cabo, había quedado con Daiki para un partido entre ellos...

– Como si fueras a la lavandería a hacer la colada. – Fingió meterse los dedos en la boca para vomitar.

- No, no , no … – Tetsu agarró a la pelirroja por el brazo para alejarla. – No le sigas la corriente o estaremos perdidas.

– ¿La corriente con qué?. – Demasiado tarde se dió cuenta de que la rubia sonreía con cierta malignidad en sus labios.

– Nos vamos de compras... yo invito. – Las agarró a las dos, una en cada brazo y prácticamente las metió en su coche a la fuerza.

En el campus se escuchó el chirriar de las ruedas de su deportivo y el vehículo hacerse mas pequeño en poco tiempo.

Aomine las vio alejarse desde su clase, y se encogió de hombros. Con la rubia cerca, su tiempo con Tetsu quedaba reducido a una docena de mensajes y un par de llamadas a deshora... y poco mas.

…...

– Vamos sal, o entraré yo. – Se quejó desde fuera del probador, al que no había dejado de llevar cosas sin parar.

– Me da vergüenza. – Kuroko asomó solo un ojo por los apenas dos centímetros de espacio entre la cortina y la pared del cubículo que usaba. – Esto no es ropa...

Kise abrió la cortina de un golpe, sin consideración alguna y sin tener en cuenta que era muy posible que Kuroko siguiera desnuda, o a medio vestir; si le importaba, no parecía muy afectada.

Avergonzada cruzó el brazo por el pecho, tratando de un modo inútil, de tapar el escueto sostén de encaje blanco. Inclinó la cabeza hacia delante, haciendo que el pelo cubriera sus hombros y parte del escote, sintiéndose de ese modo un poco mas tapada... aunque no mucho mas, la verdad.

– Pero si no te lo has puesto todo. – Señaló el liguero, las medias y la braguita sobre el taburete del probador. Kuroko seguía en vaqueros. – ¿Quieres que te ayude?.

Kuroko negó, roja hasta la punta de las orejas.

– Puedo ponerme... yo sola... creo. – Intentó volver a la seguridad del metro cuadrado tras ella, pero la rubia no la dejó entrar, riendo como una loca ante su carita sonrojada.

– ¿Ya has dejado que el semental te riegue el tiesto?. – La apretó por la cintura, zarandeándola entre risas. Kuroko negó, desviando la atención a la otra chica al dirigir su mirada a donde estaba.

– ¿Por qué estamos comprando bragas?. – Kagami las miró, imitando a la mas baja y asomando uno de sus ojos por el límite de la cortina.

Kise ensanchó la sonrisa y tiró de Kuroko para arrastrarla con ella hasta la pelirroja.

Abrió la cortina solo un poco, lo suficiente como para meter su cabeza y la de Kuroko dentro y mirarla descaradamente.

– Definitivamente el negro es tu color. – Kise señaló el liguero a juego, de encaje negro como el conjunto, sobre la ropa de Kagami. – No vale, tienes que ponértelo todo.

– No sé ponerme esa cosa. – Lo dijo con desgana. – Ni siquiera sé que es... y además solo íbamos a probarnos las tallas, no hace falta todo encima... – Miró el reloj dell móvil. – Y tengo que irme, he quedado...

Kise resopló...

– Vale, pues luego en casa de Kuroko, pase de modelos privada... quiero ver como os queda todo...

Kagami iba a protestar, de verdad, pero un gesto mudo en esos ojos azules le indicaron que calladita, estaba mas guapa.

"Hay enemigos con los que es mejor no luchar, y con ella es mejor seguirle la corriente, lo digo por tu bien", le había susurrado en el coche... y luego otra vez en la primera tienda, en la que había cargado como una docena de vestidos para las tres... y otra tanda de zapatos, y eso que Kagami ya le había dicho que los tacones y ella no eran una buena combinación...

Y ahora estaban en la última estancia, la ropa interior, y sinceramente, esa chica daba miedo.

Desde la puerta del probador, con su ropa otra vez en el cuerpo y el último de los conjuntos en sus manos, vio a Kise y la montaña de prendas frente a ella en el mostrador. La dependienta pasando uno a uno por el lector de escáner... y Kuroko tratando de quitar cosas... sin mucho éxito, ya que Kise las devolvía de nuevo a su sitio...

– Daos la vuelta. – Kise les pidió a las dos. – No podéis ver el precio del regalo... es cutre... y súper paleto.

– Las cosas llevaban las etiquetas … sabemos cuanto ..c... –Kuroko le tapó la boca, negando.

Si, lo mejor era seguirle la corriente...

Fuera de la tienda se separaron. Kagami había quedado con Aomine y las chicas decidieron esperarla en casa en un par de horas.

….

Adoraba la cancha de street basket. Estaba cerca del campus, dentro de un parque y rodeada de una alta alambrada de rombos.

No solo era el sitio, era todo, el aroma, el ambiente, la sensación de jugar ahí; incluso el ruido del balón contra el cemento sonaba maravillosamente en ese lugar.

Aomine estaba lanzando solo, una y otra vez, sumido en su propio mundo.

Parecía llevar un montón de tiempo ahí, por los cercos de sudor en su camiseta y los chorretones que caían por su sien hasta la barbilla.

Caminó hasta el banco destartalado y dejó su mochila. Mientras se volvía ha recoger el pelo le miraba lanzar.

Aomine tenía algo hipnótico cuando jugaba, como si no se moviera, como si flotara por la cancha como un fantasma etéreo.

Cuando la vio junto al banco dejó que la pelota botara sola hasta detenerse.

– ¿Qué haces aquí?. – Le limpió el sudor con el borde de la camiseta, que al final acabó quitándose y lanzando al banco. – Creí que esa estúpida no te dejaría libre.

– ¿Te refieres a Kise?, es una tía muy divertida. – Su acento sonaba mas pronunciado en algunas palabras. Aomine rodó los ojos, descontento.

– Aún no has pasado el suficiente tiempo con ella … pero me darás la razón. – Trotó hasta el balón y lo tomó con la punta de los dedos. – Es un poco tarde ya, pero ¿Te apetece?...

– A cincuenta puntos. – Adelantó las manos en su dirección, para recibir la pelota en un pase rápido.

No podía dejar de sonreír. Adoraba jugar así, con todas sus fuerzas. Mas rápido cada jugada, mas fuerte en cada pase, mas efectivo cada movimiento.

Era genial poder jugar así con alguien de su nivel. En América, los chicos tenían cierta alergia a jugar con chicas a ese nivel. Pero Aomine no parecía tener ningún problema con ella, ni con su juego, es mas, parecía disfrutar.

A los cuarenta puntos le pareció que le rozaba el pecho con una de las manos. Era inevitable, tocarse, golpearse... pero si no fuera por que era improbable, pensaría que la estaba tocando mas de lo que podía justificar por el juego.

Saltó para lanzar y la mano de Aomine se posó en su espalda, bajó por la columna y se deslizó por un costado hasta su vientre.

Al girar su cara para preguntarle, se encontró con unos labios, pegados a los suyos.

Unas manos apretándola contra su cuerpo, con fuerza.

Forcejeó, tironeó de su pantalón para apartarle, incluso trató de ponerle la zancadilla, pero él parecía seguir sus movimientos con anticipación y contrarrestarlos.

Al final logró meter el codo entre ellos, y lanzar un golpe a sus costillas que le hizo soltarla y dar un par de pasos hacia atrás.

– ¿Qué haces?. – Horrorizada corrió a por su mochila, molesta y limpiándose los labios con el dorso de la mano, furiosa. – Tienes novia...

– Tetsu no está aquí y yo no voy a decírselo. – Se sobó el golpe, mirando con atención el lugar en el que se lo habían dado. – Creí que querías algo... estás aquí, conmigo... no sé, me he limitado a leer las señales... pasas mas tiempo conmigo que con nadie desde que has llegado...

– Me gusta jugar contigo, nada mas. – Cogió su camiseta del banco y se la tiró con rabia. – No hay señales que leer... ¿Qué te pasa?...

– A mi nada, soy un tío y tengo mis necesidades, nada mas... creí que lo entendías. – Se puso la camiseta, limpiando el sudor de las sienes con el dorso de la mano.

– Tienes a tu novia para esas necesidades, no me metas en medio. – Intentaba calmarse, pero no sabía por qué, se estaba mosqueando mas y mas a cada momento.

– La señorita doña: no estoy preparada vamos a esperar, no cubre una mierda de nada... – La miró, buscando que le diera la razón. – Además, a ti no te importará... en unas semanas te habrás largado, no tiene por que enterarse.

– Lo sabré yo, y eso ya es suficiente. – Se colgó la mochila a un hombro y le dió la espalda. – Me largo a casa... y tu deberías hacer lo mismo.

….

– Tu novio es gilipollas. – Rugió con rabia tirando la mochila sobre la cama de Tetsu al llegar.

– ¿Has perdido?. – Preguntó, divertida. Siempre se enfadaba un poco cuando Daiki la ganaba, pero esta vez parecía haber algo mas.

– No... Tu novio me ha besado... y me ha propuesto... – Expulsó el aire por la nariz de un golpe, sin querer decir todo para no hacerle pasar un mal rato a la chica.

– ¿Le habrás dado una patada en los huevos?. – Kise respondió con una pregunta. A Tetsuya le inquietó que no dudara ni un momento de la acusación de la pelirroja. Frunció el ceño.

– Un codazo en las costillas... me lo he quitado de encima a empujones. – Le enseño la muñeca y el brazo, donde se veían las marcas de dedos perfectamente. – Tiene fuerza el asqueroso...

Tetsu seguía la conversación entre ellas como si no fuera con ella. Hablaban de su novio como si ambas compartieran algo que a ella se le hacía lejano y dificil de creer.

– ¿Estás diciendo que mi novio … – No acabó la pregunta por que Kise le pidió silencio con la mano en alto.

Marcó su número y lo puso en manos libres encima de la cama; las tres chicas alrededor del móvil.

– ¿Ya te ha ido la yankie con el cuento?. – Tetsu abrió los ojos sorprendida. Era la primera vez que le escuchaba hablarle así a Kise... a cualquiera. Con ella siempre era muy dulce y amable. – No ha pasado nada, es igual de estrecha que tu amiga... aunque tiene unas tetas increíbles...

– Eres un cerdo. – Kise le respondió, pero levantó el dedo, para que nadie mas dijera nada.

– Me duelen los huevos, necesito descargar... Y tu amiguita no me lo está poniendo fácil... – Le escuchó reírse de fondo. – ¿Te estás ofreciendo en lugar de la yankie o de la estrecha?. Tu también tienes unas tetas increíbles...

– Vete a la mierda, Aomine. – Tetsu gritó por encima de las voces de los dos. – Vete a la mierda, no quiero volver a verte...

– Lo siento cielo. – La rubia la atrapó entre sus brazos, pero ella forcejeó para soltarse.

Estaba enfadada, aunque aún no sabía muy bien con quien exactamente.

– ¿Lo sabías?... Sabías que era así y no me lo has dicho en todo este tiempo... – negó, entre triste y enfadada.

– Eras la única que veía algo bueno en ese cerdo. – Alargó la mano, atrapándola por el hombro y la obligó a sentarse en su cama, a su lado. – Esperaba que él también viera lo buena que eres, y cambiara...

– ¿Te hizo algo?. – Preocupada, acababa de darse cuenta de la conversación que habían tenido y lo que significaba.

– No, cielo... nada grave, pero se lo haré, no te preocupes. – Beso a la chica en lo alto de la cabeza. – Se va a cagar... le daré tal patada en los huevos que le va a estar doliendo una semana...

– Ya ha sufrido su castigo. – Kagami se sentó al otro lado de Tetsu chan, posando el índice de punta en su barbilla y obligándola a mirarla. – Creo que no hay mayor castigo, ni mas doloroso, que vivir sin ella a partir de ahora, ¿no, Kise?.

– ¡Qué bonito, Kagamiiii!. – Abarcó a las dos chicas con sus brazos. – Tiene razón, no sabe lo que se pierde. – Volvió a estrujarla, sonriendo. – Pero aún así, si se te ocurre algo horroroso que hacerle, soy toda oídos...

– Soy una idiota. – Se auto flageló...

– Segunda fase, auto-culparse. – Le pinchó con el dedo de punta. – No es culpa tuya, ni de nadie, simplemente es un cerdo y punto. – Miró la hora, y abrió mucho los ojos. – Uy... tengo que irme, pero mañana te llamo, a primera hora, ¿De acuerdo?. – Kuroko asintió. Miró a Kagami. – Cuídamela como si fuera tuya...Besos, besos... os quiero.

Se quedó en silencio, mirando sus manos mientras el coche de Kise se alejaba. Y después, cuando Kagami atendió la llamada de su madre para informarle de que no iría a dormir, que se pidieran una pizza para cenar las dos, con el dinero de emergencia...

– Me pido presidenta. – murmuró finalmente, al cabo de un rato callada. – Del club de las abandonadas...

– La presidenta soy yo. – Kagami la obligó a levantarse. – A mi me dejaron primero, ¿Recuerdas?...

– La verdad, no me enteré de nada... Hablas muy rápido y mi atención en clase de inglés, apesta...Y yo soy la estrecha de las dos... – Sonrisa tímida.

– Y yo la de las buenas tetas. – Tiró del borde de la camiseta para mirar dentro.

Estalló en carcajadas, haciendo a Tetsu acompañarla y reír con ella.

– Qué hermosa... tu risa. – Sus ojos brillaron al decirlo, en cierto modo, feliz de verla sonreír.

Tetsu chan hizo un puchero, justo después de la risa. La realidad de lo que había pasado, se hizo presente en ese momento.

Kagami la entendía, sabía lo que ella sentía en ese momento, ya que había pasado por ese camino...

Y al abrazó, con el cuerpo entero. Dejó que llorase, hasta quedar sin lágrimas, hasta que el repartidor de la pizza rompió el momento íntimo entre ellas...

Solo cuando se giró, con la caja de la cena en sus manos, se dio cuenta de que algo, minúsculo había cambiado.

Algo, en esos ojos azules, rojos de llorar, había cambiado.

– Debería enamorarme de ti. – No era una duda, ni una suposición, solo la constatación de un hecho. – … y tu deberías hacer lo mismo... enamorarte de mí.

– Solo si me dejas verte con lo que te ha regalado Kise. –Dejó la pizza en la encimera de la cocina; ya no tenía hambre...

– Eres muy fácil de seducir. – Kuroko se burló, roja como un tomate.

– Es imposible no dejarse seducir por ti... eres perfecta...

El silencio, llenó el espacio entre ellas.

Podía ser una broma, una respuesta al desengaño, o quizá un acto desesperado por parte de las dos.

Pero todo quedó resumido en la mano de Kuroko, alzada, adelantada hacia ella, pidiéndola que la tomara...

… Y en los dedos de Kagami, tomando su mano, llevándola a sus labios, besando sus nudillos en un roce, y haciendo un pequeño gesto, con la cabeza...

– Vamos a la habitación... – Un susurro, una proposición...

y solo ellas, nadie mas.

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Buenooo, segundo cap, montón de cosas y me alegro de como está yendo.

Besos a quienes me apoyáis, en los morros, en los pies, o donde os gusten.

Nos leemos en el siguiente

Besitos y mordiskitos

Shiga san