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Capítulo 2
— ¿Alguien podría decirme qué estamos haciendo aquí? — bostezó sonoramente, recargando la espalda en la respaldo — Pensé que íbamos a hacer algo divertido, ¡es viernes por la noche!
— Vamos a la casa de Toño — le miró de reojo — Es la décima vez en 5 minutos que te lo digo.
— Sí, y precisamente no entiendo por qué estamos sentados aquí, ¿qué esperamos para irnos?
— El autobús, eso esperamos.
Siguiente viernes. 19:00 pm. Nuevamente se encontraba en aquel sitio, aguardando el transporte colectivo.
Toda la semana sintió una alegre ansiedad para que llegara ese día, en que tal vez la suerte lo favorecería y vería de nuevo al chico de la parada de en frente.
Podía recordarse sonriendo por inercia, suspirando antes de darse cuenta, garabateando cosas incomprensibles en alguna hoja mientras pensaba en aquella mochila verde oscuro, los audífonos blancos y la presencia queda, irónicamente exótica.
Los días se volvieron un poco mejores.
No negaba el hecho. En realidad, ahora se sorprendía de que hubiera tardado en darse cuenta que le animaba mirarlo a la distancia, superando por mucho a la simple curiosidad.
No conocía el motivo, pero sí los elementos que lo propiciaron. Sin profundizar adquiría sentido, por lo que decidió entregarse a la sensación en tanto no necesitaba explicación.
Sin embargo…
— ¡Eso no es nada awesome! Podríamos haber usado la ruta de siempre, y quizá estaríamos a mitad de camino.
— Ahora que lo mencionas… — sentir ambas miradas, por un momento, le hizo tragar en seco — ¿Por qué vinimos por aquí, Antonio? Si no mal recuerdo, evitabas usar el autobús…
— Bueno, no tiene nada de particular — trató de sonar normal, con su alegre tono habitual — No es que no me gustara venir por aquí, sólo que me resultaba un poco más caro, ¡pero recientemente me aumentaron sueldo! Así que el problema se resolvió~
Sí, estaba ansioso. Sí, sentía que su día mejoraba bastante ahora…
Pero junto a tales sensaciones, se abría paso la de una extraña incomodidad… y pese a cierta culpabilidad, conocía el motivo.
Rió con cierto nervio mientras se rascaba descuidadamente la cabeza.
— ¡Ah, cheri, felicidades! — le dio unas palmadas en la espalda — Ya era momento de que ese anciano anticuado de tu Jefe reconociera tu esfuerzo.
— Por no decir todas las veces que te trataba peor que a una mula — c-claro, eso llegó a pasar — Obvio, no se compara a mi extraordinario logro en el mundo de la arquitectura, pero no está mal.
— Lamento decirte que no puede considerarse "logro" una maqueta que armaste con palitos y piedras — tenía razón.
— Lo es, porque saque una buena calificación.
— Un 6 no es una buena calificación.
— Claro que sí, tomando en cuenta que la armé 15 minutos antes de entrar a clase, ¡soy simplemente increíble!
—… no sé quién es más idiota: tú, o el profesor que aceptó semejante trabajo.
— Yo tampoco…
En una situación normal, la presencia de Francis y Gilbert era lo mejor que podía suceder: estaban aseguradas las graciosas estupideces, las charlas entretenidas y las actividades que ameritaría su encarcelamiento inmediato. Facebook ya no podía con todas las fotos que subían por esas aventuras improvisadas.
Por supuesto, si fuera una situación normal… pero no lo era.
¿Uhn? ¿Y por qué no?
— ¿Cuánto más debemos esperar? — se estiró con pereza — Si el transporte no llega pronto, el mundo corre el riesgo de que mi awesome rostro comience a arrugarse. Si pasa, nadie será capaz de consolar a esas millones de personas que llorarán sin remedio.
— Vamos, no ha pasado tanto tiempo — movió la mano sin preocupación. Era un intento por aparentar naturalidad — Sólo llevamos aquí 10 minutos.
— ¿Y eso no es mucho tiempo? ¡Mírame! Siento que me estoy volviendo una pasa.
Observó discretamente hacia adelante.
Se encontró suspirando de repente, sin algo que lamentar.
Sentado en la banca de la parada del autobús justo en frente, del otro lado de la avenida…
No sabía en qué modo, pero no era una situación normal… al menos, no en el sentido llano de la palabra.
Hallarse por tercera ocasión ahí, con toda la intención de encontrar de nuevo al chico de actitud indiferente y desvergonzada, carismática como no lograría cualquiera…
Recordarlo, buscarlo, desviarse adrede de la ruta para descubrirlo…
No era normal… ¿por qué?
— Pienso que no está mal de vez en cuando — peinó su rubio flequillo con esa actitud de casanova — ¿Quién sabe? Tal vez con este pequeño desvío podríamos descubrir cosas realmente increíbles~
— ¿Por ejemplo?
Ahí estaba, justo como los dos viernes anteriores.
La camisa blanca con los tres botones desabrochados y el pantalón a cuadros de tonos grises continuaban; la corbata aflojada cambió de nuevo a un color negro, en tanto la chaqueta era café con detalles oscuros. Estaba la mochila verde, los audífonos blancos que se acomodaban apaciblemente en su cabeza.
Ya consumía el cigarro con tranquilidad, saboreando lentamente la nicotina y exhalando el humo que bailaba a su alrededor. Quedaba claro con él que fumar no era sólo una adicción, sino un arte.
Acostumbrado a la distancia, pudo apreciar de nuevo el cabello castaño que ahora se le figuraba suave, con gracia, libre por los mechones que caían por los ojos y que se mecían por el ligero viento que soplaba. Vio la piel apiñonada, la figura bien proporcionada que hacía lucir aquel uniforme… y de nuevo, el tono de sus pupilas quedó en el misterio.
Aquel no era un chico de 17 años común y corriente.
Pensó, sin error a equivocarse, que era un sujeto muy solicitado por las chicas.
Con esas facciones, la actitud y su presencia… contando también los elementos que no podía transmitir sólo con la imagen, debía tener muchas admiradoras suspirando por su atención…
Eso le molestó… ¿por qué?
— ¿Ya viste a tu alrededor?
— Por supuesto que sí.
— ¿Y qué notaste?
— Un montón de árboles que podrían ser el escenario perfecto para una película de terror.
— No me refería a eso — sonrió con picardía, de aquella forma que sólo él lograba — ¿Ya vista hacia allá?
— ¿Dónde?
— La parada del autobús justo en frente de nosotros, del otro lado de la avenida.
¿Qué?
Volteó inmediatamente hacia sus amigos… y pudo seguir la trayectoria que seguían sus ojos.
Miraban a ese chico…
Eso le molestó aún más… ¿Por qué?
— ¡Hey! No está nada mal~
— ¿Bromeas? Yo usaría un sinfín de palabras para describirlo~
— Es un estudiante, ¿cierto? Ese uniforme es del instituto del centro.
— Jah~ no me importaría enseñarle el camino de regreso. Sabes a lo que me refiero~
— Y que alguien de su edad esté a una hora como esta por aquí… no sé, siento que alguien tan piadoso como yo debe hacer algo por él~
Nació un sentimiento de territorialidad, de pronto.
Se halló irritado, ideando sin control cualquier pretexto para que sus amigos dejaran de mirar al chico.
Todo lo que podía pensar era en detenerlos.
¿Por qué?
— Por favor, es un estudiante — intentó sonar natural con el fin de distraerlos — No querrán que nos arresten por abuso de menores, ¿cierto?
— ¡Pero míralo! Toño, querido, míralo — hizo un gesto verdaderamente dramático — ¡No puedes decirme que no se te ocurre nada al encontrar semejante ejemplar!
No, no se le ocurría nada.
O tal vez sí, pero aún no lo admitía.
Quizá…
— Si se ve así ahora, ¿se lo imaginan en un par de años? — ambos hicieron un gesto lascivo que no le causó ninguna gracia – Mi sorprendente persona no puede esperar~
— Además, en un sitio como este, a solas… creo que trata de decirnos algo~
— Y la forma en que fuma… si lo hace tan bien, ¿te imaginas qué otras cosas igual de buenas hará~?
Apretó los puños con más fuerza de la que pensó.
Frunció aún más el ceño, sintiendo esa rabia que le nacía en la boca del estómago y se distribuía poderosamente al resto de su cuerpo.
¡¿Cómo se atrevían…?!
— Yo digo que lo invitemos a algún lado~
— ¡Vamos a hablarle!
— ¡De ninguna manera!
Tener las miradas sorprendidas de ambos sobre sí le hizo darse cuenta de su repentina actitud.
¿Pero qué estaba diciendo?
N-No había motivo para ponerse así, defendiendo algo que no le pertenecía en lo absoluto, ¡se trataba de un sujeto al que no conocía! Y a pesar de que podía no ser la voluntad del otro, era inevitable que resaltara ante la vista de un buen observador. Cualquiera tenía entonces la libertad de mirarlo y de aprenderse de memoria los pormenores que lo distinguían.
O tal vez, quería ser el único que lo hiciera.
El único en notarlo, en observar los pequeños detalles.
En descubrir de a poco los nuevos elementos que rememoraba a lo largo de la semana y que ansiaba volver a presenciar los vienes a las 19:00 pm.
¿Por qué?
Un intercambio de vista entre ellos fue suficiente para que recuperara su actitud.
— ¡N-No lo tomen a mal! Es sólo que no deberíamos ocasionar problemas. Ya es un poco tarde, y si lo abordamos con invitaciones que puede malinterpretar, nada nos asegura que estemos bien…
Un nuevo intercambio de miradas, seguido de una sonrisa cómplice, fue suficiente para que sus mejillas se coloraran ligeramente.
¿Por qué?
— Ahora entiendo todo~
— Ya se me hacía extraño que usáramos esta ruta~
— ¿D-De qué hablan?
— Toño, mi vida, sólo tenías que decirlo~ ¿es que ya no tienes confianza en nosotros?
— Aunque no es algo fácil de compartir, digo, prácticamente está admitiendo que es un pedófilo.
— ¡Oigan, yo no soy un…!
— El chico te gusta, ¿cierto?
¿Gustar…?
La palabra le sonó tan ajena… y al mismo tiempo, muy acertada.
¿Sería posible que…?
— Apuesto a que no es la primera vez que lo ves~
— Creo que este es el tercer viernes que viene hacia aquí, ¿no? Seguro quería encontrarse con él de nuevo~
… sí, eso era cierto.
¿Pero gustar de él?
— ¡Vaya! Debo decir que me sorprendes, pensé que tu tipo era más como Emma, o como Clara Vargas…
De repente, como si se hubiera dado cuenta de una increíble verdad, Gilbert le miró con incredulidad.
— ¿Quiere decir que en realidad eres gay?
— Que le guste un hombre no quiere decir que lo sea — defendió Francis. Qué bueno, porque él estaba aún más sorprendido por la sugerencia — Si encaja con sus gustos, o con lo que define como "atractivo", ¿qué importa? Además, influyen otras cosas además del físico, como la personalidad o la presencia.
Sí, era cierto.
Ese chico… sí, ya había pensado que era muy bien parecido, tan atractivo como no miró en alguien de su edad, o en cualquier persona hasta la fecha… pero no sólo se trataba de "hermosura" en el sentido tradicional de la palabra.
Percibía misterio, exoticidad y una enorme desvergüenza en su actuar.
¿Pero le gustaba?
— Tiene mucho sentido… aunque ese sujeto encaja con los gustos de cualquiera~, ¡como los míos!
— O los míos~
— Oigan, cálmense…
— Mi sorprendente persona no te culpa, ¡es que sólo míralo! — ambos volvieron a observar al joven con lascividad. Esta vez rió por ello — Como soy una persona asombrosa y considerada, no iré detrás de él porque tú lo viste primero, ¡pero de lo contrario, ahora mismo ya lo tendría contra una pared y…!
— Yo sería más amable~ — sonó como un verdadero conquistador — Primero me acercaría y amablemente iniciaría una conversación con él, después lo invitaría a algún lado sin aceptar una negativa, y luego de pasar un buen rato, le robaría un beso mientras acaricio su pierna por debajo de la mesa~ y…
— Ya, ya, no quiero escuchar lo que le harían — los detuvo, porque no controlaría demasiado la molestia que crecía al imaginarse al joven con cualquiera de esos dos. O con quien fuera — Parecen dos pervertidos acechando a un niño.
— Pues tú estás haciendo lo mismo — Francis le dio un pequeño codazo en las costillas, divertido — No hay nada de qué avergonzarse~
— ¿Ya sabes cuál es su nombre?
… no, no lo sabía…
En realidad, ¿qué era lo que sabía de él?
— No lo sé…
— ¿Estás seguro que tiene 17 años?
— No precisamente, sólo lo deduje.
Su edad era un simple tanteo; las características físicas cualquiera podría enumerarlas si miraba con atención; su actitud era más difícil de describir, pero permanecer sentando en aquella banca sin prestar atención a nada dejaba muchas posibilidades…
— ¿Qué sabes de él, realmente?
—… nada…
Eso era.
No sabía nada, salvo banalidades…
— Antonio, por favor, dime que al menos has tenido la destreza de acercarte y hablarle.
—… no.
Sólo lo observaba cada viernes a las 19:00 pm, mientras esperaba el autobús…
No había ningún motivo para sentirse especial solamente por eso…
Tal vez… tenían razón…
— Y yo que creí que Gilbert era el idiota.
— ¡Hey! ¡¿A quién le estás diciendo idiota?! Claramente estás celoso porque nunca serás tan asombroso como yo en el arte del amor — sonrió con seguridad — Y por eso, Antonio, te digo que no debes preocuparte.
— ¿Ah, no?
— ¡No! Porque es un error que puede repararse: la próxima vez debes armarte de valor, atravesar la avenida e iniciar una conversación. Hazte notar, logra una buena primera impresión, ¡ya sabes lo que dicen! "La fuerza de tu acción es directamente proporcional a las veces que él te recordará"
… debía estar por acabarse el mundo, porque lo que acaba de decir tenía sentido. Incluso era un buen consejo.
Tal vez… sí le gustaba… después de todo, no negaba ninguno de los comentarios comprometedores, e incluso, ya había intervenido varias veces para que dejaran de hablar sobre aquel joven con tanta lujuriosa libertad.
Pero…
— ¡Siento que mi corazón no podrá soportarlo por mucho tiempo! — mordió su pañuelo como una señorita — ¡Primero, nos enteramos de que Toño está enamorado de un estudiante tan atractivo como el mismísimo demonio! ¡Un hermoso amor prohibido que nos demostrará el verdadero significado del amor! — rió un tanto nervioso. Algo como eso… — Y después, Gilbert dice algo coherente, ¡coherente y casi sabio!, ¡ah~, me estremezco! ¿Acaso el paraíso está por llegar a la tierra?
La risa que emitió el de cabello plateado lo contagió irremediablemente. En pocos minutos el rubio se les unió, llenando el tranquilo ambiente con sus risas y comentarios al azar.
Tuvo tiempo para observar al chico, no obstante.
Continuaba sentado, exhalando el humo con esa sutilidad que ni el mismo aire lograría; los audífonos blancos estaban en su sitio, al igual que la mochila verde oscuro. La chaqueta café hacía juego con el tono de su piel y de cabello, acentuándose más la cuestión del color de sus iris.
Con todo el ruido que estaban haciendo, ¿los habría notado?
… en esos días que lo miraba del otro lado de la avenida, ¿habría volteado alguna vez?
Tal vez… sí le gustaba…
Pero no era tan sencillo como parecía.
De pronto apareció el transporte, haciendo la parada para que abordaran. Subieron sin perder tiempo.
Cuando llegaran a su casa, seguramente pedirían una pizza, o intentarían cocinar algo con apariencia inhumana, pero comestible. Verían una película, o jugarían con el Xbox, a la vez que las botellas de licor desaparecerían rápidamente. Cuando Gilbert se encontrara borracho, le marcaría a Elizabeta para molestarla, siendo que sólo quería que fuera su novia. Francis llamaría a Arthur, recordando las viejas riñas y reclamándole que no lo invitara a su boda con aquella galesa de ojos verde oliva. En su caso se reiría y reiría, grabando todo para publicarlo en Facebook a la mañana siguiente.
Estar con esos dos aseguraba una velada divertida. La rutina gris desaparecería sin dejar rastro.
En realidad, desapareció desde la primera vez que…
Miró al joven antes de partir.
Seguía en su sitio, tranquilo e impasible, cínico y relajado, ajeno al mundo que se desarrollaba fuera de él.
¿Alguna vez lo habría notado? Aunque fuera un momento…
Quizá… aun si se trataba de una posibilidad lejana, le gustó pensar que sus encuentros ya no fueron casualidad, como esa primera vez.
Fumaba. Escuchaba música. Dejaba los autobuses pasar, teniendo como compañía la luz de la parada que iluminaba su figura. Bajaban o subían pasajeros que se alejaban sin que a él le importara. Nadie le hablaba y él no le hablaba a nadie. El humo continuaba escapando al ritmo de su respiración.
¿Por qué cada viernes lo encontraba tan igual y tan distinto?
Suspiraba por el recuerdo y más por la imagen presente…
Casi podía sentirlo, había algo inmenso y exótico que descubrir detrás de la apariencia.
Quería saberlo. Ser el primero en implantar la bandera del descubrimiento…
… tal vez sí le gustaba, no era imposible pensarlo y mucho menos molesto…
Pero era más complicado que eso.
Sonrió ampliamente, en su honor.
El próximo viernes…
— Casi lo olvido — habló el francés, llamando su atención — Tienes que hablarnos de cada avance que logres, ¡y finalmente, cuando hayas conquistado su corazón, nos lo debes de presentar!
— Nos volverías cómplices de un crimen, pero valdría mucho la pena, kesesesese~
— ¿Y quién sabe? Podríamos darle amour entre todos.
— ¡De eso nada!
Las risas aumentaron. Pronto se encontró imitándolos.
