Una de vaqueros
Primera campaña
New Austin - Rancho Kido
2
Obstáculos en el camino
Caminó hasta la puerta y salio de la pequeña choza en donde se encontraba. Los rayos del sol le encegueció por unos momentos, tuvo que llevar su antebrazo para ocultar un poco la luz del dia.
Entrecerro sus ojos y parpadeo varias veces, escrutando con la mirada el lugar.
Consistia en un pueblo que le dio la sensación de su hogar desde el primer momento en que se topo con Sasha.
Enfilo sus pasos entre las casas y la gente que se encontraba afuera, algunos cortando pequeños trozos de tronco con un hacha, otros sentados alrededor de una pequeña hoguera cocinando un guiso, y otros jugando al juego de la herradura en un costado.
Cid se acerco a estos ultimos y observo en silencio. El juego consistia en lanzar las herraduras lo mas cerca posible de un pequeño palo a unos 10 metros de distancia. El que llevaba las herraduras mas cerca, ganaba puntos… y dinero.
Decidio continuar su camino y siguió su andar. Escucho el lejano ruido de la locomotora pasar y vio la silueta negra de la maquina en la lejania andando en los rieles.
Una gran casa, mucho mas grande que el resto, le llamo la atencion. Estaba rodeada por una cerca y un arco en la entrada. Era una casa de tres pisos y bastante espaciosa a simple vista. Le sorprendio ver a Sasha apoyada en la baranda en el exterior de la vivienda.
—¡Señor Cid! Veo que ha vuelto al mundo de los vivos.
El español atraveso el arco de la cerca y se detuvo a unos metros de los pequeños escalones que daban con la puerta de madera.
—Creo que ya es hora de compensarle esos 15 dolares.
Sasha sonrio asintiendo. —No hay tiempo que perder entonces. Tengo unos caballos ensillados, venga.
—Tiene un lindo hogar, señorita Kido.
—Despues de todo este rancho le pertenece a mi padre.
Caminaron hasta un pequeño cuartel donde los caballos estaban atados.
—Ahí esta el despacho del capataz. —sonrió y le miro con picardia—. Tambien es donde encerramos a los forajidos inutiles como usted.
—Me gusta mi alojamiento actual, señorita Kido.
Sasha monto a su yegua y se acomodo un mechón de pelo detrás de su oreja. —Le he elegido un buen caballo.
El hispano monto y acaricio el cuello del gran animal. Este bufo por lo bajo y zapateo el suelo. Era negro.
—Vamos a recorrer el rancho para que se vaya orientando.
Cid siguió con su caballo a Sasha, observando su espalda y sus cabellos lilas moverse al compas del movimiento. Las colas de los caballos se agitaban de vez en vez por las moscas.
Fueron por el camino de carretas del pueblo, pasando por una especie de tienda.
—A la derecha esta la tienda. No encontrará alta costura de Paris, pero sirve para lo basico.
El español observo la tienda y asintió como aprobándolo.
—Muy conveniente. Nunca he visto un rancho con tienda.
Avanzaron unos metros mas y salieron del camino marcado, esquivaron un enorme arbol y siguieron por el césped amarillento. A la derecha habia un enorme corral.
—Y este es el corral. Éste es para los caballos. ¿Qué le parece?
—No soy experto, pero parece un buen corral. —se encogio de hombros.
—Sospecho que se le da mejor robar caballos que domarlos. —Sasha volteo para verle y sonrio.
Espolearon a los caballos y comenzaron a trotar fuerte.
—¿De donde ha sacado esa idea? —El Cid intento mantener la risa.
—Cuesta librarse de las primeras impresiones.
Unos lugareños que estaban trabajando se detuvieron para ver pasar y saludar a Sasha. La mujer les devolvió el saludo con una sonrisa y asentimiento de cabeza.
Llegaron hasta la pequeña estacion de tren. Dentro habia para mandar correos a lugares lejanos y telegramas.
—Ésta es la estacion de tren. Las cosas han cambiado mucho desde que acabaron la linea.
Rodearon a la estacion y avanzaron siguiendo el riel. Luego cruzaron y pasaron por una especie de cerca donde dentro habia ganado pastando. Cid penso que la mujer le diria: "y esto aquí es donde guardamos el ganado, estupido hombre" pero al ver que siguieron como si nada, penso que quiza si la muchacha pensaba que él tenia un poco de cerebro y sonrio con esa idea.
Espolearon mas a los caballos y se mantuvieron lado a lado.
—Eso de ahí es el granero. Mi papa lo construyo solito cuando yo era pequeña.
El granero si que era inmenso. Estaba colocado justo al lado del ganado y a unos pocos metros de la casa de Sasha.
Volvieron al pequeño despacho del capataz y se detuvieron.
—Ya estamos de vuelta en casa. Descansemos un poco antes de salir de patrulla.
—No tendra queja de mi, señorita Kido.
Ataron a los caballos en los postes y caminaron hacia la casa.
Cid estaba transpirado. No sabia si tenia fiebre o si tendria que descansar, o ambas. La herida en su costado le estaba costando respirar rapidamente y le daba un dolor agudo cuando intentaba inhalar aire fuertemente.
Cruzaron el arco de la entrada y Sasha giro la cabeza para verle de costado.
—¿Le apetece algo frio, señor Cid?
—Muchas gracias, señorita. —se detuvo en los escalones y se apoyo en la baranda—. El disparo y luego montar a caballo me han dejado agotado. —elevo la vista y suspiro—. Deberia descansar.
—Claro, entre. —le indico con la mano—. Le mostrare la casa y luego podra sentarse un rato.
—Gracias.
Subieron los escalones que los separaban de la puerta e ingresaron.
El canto de los grillos y el leve crujimiento de la madera por el viento en el exterior fueron suficientes para que Cid se quede dormido en un sillon. La boca abierta y un pequeño hilo de baba cayendo por la comisura de sus labios dejo encantada a Sasha que comenzo a reirse cuando bajó las escaleras del primer piso. Cid estaba en el living del hogar, al lado tenia la chimenea encendida y un reloj. ¿Cuánto lo habia dejado dormir? ¿5, 6 horas? Ya era de noche afuera y tenian que comenzar la patrulla. Habia escogido un rifle muy bueno para el hombre que estaba sentado en su living asi que era hora de comenzar. Carraspeo con la garganta y notó que Cid se sobresalto en el asiento.
—Señor Cid.
—Señorita Kido. —el hispano se froto los ojos y se reincorporo.
—¿Recuerda que le conte los problemas que teniamos con cuatreros y otros indeseables? —detuvo su andar a un metro del hombre.
—Si. —Cid observaba el rifle en la mano de la mujer.
—¿Me ayudaria a vigilar los limites de la propiedad esta noche? —levantó el arma hacia él.
—Claro. —tomó firmemente el arma y apunto a la nada para ver la mira y si el cañon estaba doblado.
—Quiero ver quien se cuela en nuestras tierras.
—Esta arma es buena.
—Venga, vamos alla. —ella tambien portaba un rifle—. El campo es muy bonito en esta epoca.
En el exterior el rancho parecia muy lindo. Habia pequeños faroles en el camino que iluminaban escasamente, ya que la luna y las estrellas se encargaban de ello. Cid observo el cielo estrellado y se le quedo mirando un rato. Era hermoso el espectaculo de los astros; danzando entre rios de luna y polvo de estrellas bajo la tibia noche del oeste…
Montaron respectivamente a sus animales y Sasha lidero la caminata. Rodearon la gran casa.
—Gracias, señor Cid. Me siento mucho mejor con compañía.
—Y yo me siento mejor con un rifle.
—Pues con esas ganas de apretar el gatillo y mi intuición femenina, haremos buen equipo.
Llegaron hasta una cerca que rodeaba una cantera de cultivos. Justo detrás de la gran casa, muy ingenioso, penso el español.
—¡Esos condenados conejos otra vez en los cultivos! Baje a echarme una mano, ¿quiere?
Cid desmonto mas rapido de lo que la mujer hubiera esperado y ya estaba con el rifle apuntando a uno de los pequeños animales que robaba una zanahoria.
—Vamos. Hora de dar un buen uso a su sed de sangre. —comentó Sasha mientras se preparaba tambien para disparar.
El hispano disparo cinco disparos precisos que azotaron a cinco conejos. El resto escapo entre la hierba y la noche.
Sasha estaba sorprendida, no tuvo tiempo ni a jalar el gatillo.
—Gracias, señor Cid. Creo que mañana habra estofado de conejo. Volvamos a la montura. Deberiamos vigilar el resto del rancho.
Nuevamente montaron y avanzaron entre la oscuridad, rodeando el corral.
—Si no son los cuatreros con el ganado, son los conejos con los cultivos. —se quejo la muchacha.
—Nunca es facil vivir en una tierra asi. Quiza deberia mudarse a una gran ciudad, dedicarse a la sociedad.
Sasha no tuvo tiempo a protestar ante la idea de irse a vivir a una ciudad que espoleó fuertemente a su caballo. Estaban cruzando el corral en esos momentos.
—Cuidado. ¡Coyotes! ¡Disparales antes de que ataquen a los animales!
Cid espoleó a su montura y avanzo temerariamente, dejando rezagada a Sasha. Desefundo su rifle y disparo desde su montura a los animales. Destrozo a tres de cinco con cuatro disparos en total. Los otros dos animales escaparon con gallinas en sus fauces.
—Bien, se acabaron los coyotes. Ojala se hubiesen salvado todas las aves. —la chica giro a su montura y le indico el nuevo camino—. Venga, le enseñare donde esta su cuarto.
Esta vez la vuelta fue tranquila, los caballos bufaban mientras iban uno al lado del otro.
—No se le da mal manejar el rifle.
—Algo de experiencia si que tengo.
—Puede que Sisifo y su banda tuvieran suerte después de todo. —dijo a modo de halagó.
—La suerte no tiene nada que ver, señorita.
—Es muy util tenerlo en el rancho, de eso no cabe duda. Pero no crea que he olvidado a lo que ha venido. Haremos lo posible por echarle una mano.
—Se lo agradezco mucho, señorita Kido.
Llegaron a la choza donde Cid habia despertado en el rancho. Era acogedora dentro de todo, pequeña, pero él no iba a estar mucho tiempo encerrado ahí sin hacer nada.
—Todo suyo, señor Cid.
El hispano ató su caballo al poste y caminó hasta el caballo de la chica y le dio una palmada.
—Gracias por su ayuda, señor Cid. Me alegro de haberle salvado la vida. Duerma un poco y nos veremos por la mañana.
Cid le despidio con la mano. —Buenas noches, señorita Kido.
Abrió la puerta, la cerró y se desplomo en la cama. El dolor punzante en su costado habia desvavenido un poco pero no lo suficiente, por lo que la mejor idea era dormir y olvidarse de todo por al menos unas horas mas.
Lo despertó el ruido de una sierra cortando algo. El frio se colaba por debajo de la puerta de madera y Cid de pronto comenzo a sentirse congelado. Se destapo a regañadientes y comenzo a vestirse. Primero el pañuelo rojo en su cuello, camisa de mangas largas arremangada hasta el antebrazo; el chaleco negro encima con la bandolera, los pantalones y las botas. Finalmente sus guantes de cuero recortados en los dedos y el sombrero. Bostezo, enfundo su pistola en la cintura y aseguro el rifle en la espalda.
Salio de su pequeño "hogar" y descubrio que a pocos metros de donde estaba se encontraba el sujeto que cortaba con una cuchilla electrica unos metales. De haber sido en otra epoca le hubiera volado la tapa de los sesos de un disparo.
Habia poca gente levantada en ese momento, solo algunos que se veian sobre caballos, otros en los pequeños cultivos que tenian, en el gallinero, con el ganado, etc.
El cielo estaba claro, pronto saldria el sol.
El Cid se dirigió hacia la casa de Sasha Kido, cruzo el umbral, subio los escalones que rechinaron por su peso, toco la puerta; y la abrio, asomando la cabeza hacia el interior.
Justo Sasha estaba subiendo las escaleras al primer piso, pero el ruido de la puerta la obligo a detenerse y voltearse.
—Oh, señor Cid. ¿Qué tal todo hoy?
Cid entro y cerró la puerta pero no avanzo mas, se quedo alli parado.
—Muy bien, señorita Kido. Gracias. ¿Y usted?
—Yo bien, gracias. —se apoyo en la baranda de la escalera con una mano mientras que con la otra gesticulaba—. Y bueno. ¿Cómo van sus costillas?
—Bien. Aun me duelen, pero quitando un par de cicatrices mas, quedaré como nuevo.
—Bien. —dijo entusiasmada—. Ah, entre, entre. —le llamó con la mano.
El hombre avanzo hacia el medio de la sala, Sasha termino de bajar los escalones que le separaban del piso.
—¿Sabe? Nunca me conto como conoció a Sisifo o que queria de él.
Cid tomo una postura relajada, apoyando su mano en la funda de su pistola y dejando el peso del cuerpo en una pierna.
—No, en efecto.
—¿Y por que, si me permite preguntar? —Sasha se ató una cola de caballo mientras le miraba.
—Claro que le permito preguntar. —dio una vuelta, observando la casa—. Siempre que me permita no contestar. —describio un circulo completo y volvio su mirada a los ojos verdes de la mujer—. Verá, es una historia complicada e incluso penosa, y si se la cuento, no solo pondria su vida en peligro, sino que tambien amenazaria la de algunas personas muy queridas.
La mujer revoleó los ojos. —Ah, claro, disculpe si le he parecido indiscreta. —se dio media vuelta y comenzo a caminar hacia la cocina.
Cid le siguió. —Y usted disculpe mi reticencia. —la mujer volvió a mirarlo de nuevo, cruzada de brazos—. Espero que me crea cuando le digo que es por puro respeto a usted.
—Pues claro, señor Cid. —la cabello lila lo rodeaba mientras le hablaba—. Entiendo que un hombre de ciudad como usted se aferre a ciertos secretos exoticos para impresionar a los del pueblo. —se señalo.
Al hispano se le escapo una risa.
—No soy de ciudad, señorita.
—Claro, pero le vi subir al tren en California. Yo vine en el mismo tren que usted. Fui a comprar mercaderia. Usted iba con esos caballeros de bombín.
Cid negó. —Eso no significa nada.
—Apuesto a que no sabe montar, señor Cid.
—No me gusta aceptar dinero de una dama. —sonrió.
—No lo hará. Le reto ahora mismo.
—Si eso es lo que quiere. —se encogio de hombros.
—Veremos. —la chica estaba emocionada, se le notaba en el timbre de voz.
Salieron de la casa y se dirigieron a sus caballos. El frio era intenso en aquellas horas, habia caido un poco de helada.
—Bien, le mostrare como cabalgamos por aquí.
Ambos se pusieron en la linea de meta, los caballos pateaban el suelo, ansiosos. Cid sujeto con fuerza las riendas, se escucho el cuero crujir.
—¿Listo?
—Siempre.
—¡Ya!
Ambos salieron parejos y se mantuvieron asi por unos largos metros. Entre el ruido de los caballos y el viento azotando los timpanos, se escucho la voz de Sasha.
—Espero que no trate de hacerse el caballeroso.
Justo unos segundos después de las palabras, Cid tomo la delantera.
—Se ve que no me conoce, señorita Kido.
Cid seguia un camino de tierra que pasaba por alrededor del rancho. Le parecio conveniente para la carrera y siguió por el mismo, Sasha iba detrás de él, pero comenzo a rezagarse un poco.
—Seguro que empieza a lamentar haber alardeado, ¿no, señorita Kido? ¿Quiere que baje el ritmo?
—No es usted tan malo como pensaba.
Cid se agazapó en el caballo y este comenzo a correr mas velozmente. Sintió que su sombrero estaba por volarse y lo sujetó con una mano, fue tan solo un segundo, pero suficiente como para que Sasha pase junto a él y lo rebasé.
—¡Nos vemos en la meta! —la chica le guiñó un ojo.
Los caballos se quejaban de a ratos cuando les pinchaban demasiado al mismo tiempo. Cid sabia que si lo hacia muy seguido el animal podria detenerse y alzarse en dos patas y tumbarlo. Tenia que intentar mantener la velocidad maxima y no sobrepasarse. Comenzo a ganarle ritmo a Sasha y quedaron uno al lado del otro.
—¡Vamos a la par, señorita Kido!
Pero duro por poco tiempo. El caballo de Cid lentamente empezo a sacarle ventaja al caballo de Sasha.
—¿Cómo va todo por ahí atrás? —gritó Cid ya desde una distancia que la mujer seria imposible de superar—. ¿Guardando fuerzas para el final?
—¡No mire atrás, que ya voy! —la voz de la mujer se encontraba agitada.
Iban tan concentrados en la carrera, el camino, los tiempos y del uno del otro que ni notaron el primer sol de la mañana sobre ellos.
Volvieron al pueblo y Cid cruzo primero la "linea de meta" que era en donde habian comenzado a correr. Se detuvo y espero a la mujer que poso junto a él, sobre su caballo.
—Ha sido divertido. —la chica llevaba ambas manos en las riendas, agitada y sonriendo. Tenia el orgullo por el suelo.
—Si. —contesto sin mucha emocion el hombre, que sostenia las riendas con una sola mano y descansaba la otra sobre su pierna.
—¿Sabe? Deberia ir a Moses a visitar al comisario alguna vez. Seguro que le ayudaria con ese asunto de Sisifo.
—Claro, puede que lo haga, señorita Kido. —giro el rostro para verle y ella le sonrió.
—Haga lo que crea conveniente, señor Cid.
Nota del autor: muchisimas gracias a los comentarios de lobunaluna y LiaraPrinceton. De verdad se los agradezco mucho.
