HERIDAS

Dejas de pensar.

Y por ese momento absurdo son sólo tú y él.

Él, un falso héroe.

Tú, una falsa damisela en peligro.

Porque ambos son conscientes de que la verdadera razón de que él esté ahí, no es para salvarte.

Las heridas te duelen, sientes incluso que puedes desmayarte en cualquier segundo, pero a él no le importa. Y la herida que abre en tus labios te hace jadear y coger con más fuerza el arma que nunca soltaste.

Él se separa lentamente de ti y te mira.

―Te odio ―murmuras.

Y él asiente distraído antes de dejarte inconsciente.


Veo esto, y me pregunto "¿qué rayos pensaba?"