Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capitulo 2

Paso el tiempo, y con ello llegaron las vacaciones de invierno. Todo iba de maravilla, mi relación con Sheila iba mejorando, ya no peleaba tanto con Annie. Estaba cambiando, al parecer, la pubertad le había llegado al fin, es broma. Estaba conociendo a un tal Tony, le había pedido que me lo presentara, pero no quería, siempre buscaba alguna excusa para que no le pudiera ver a su 'noviecito' o fuera lo que fuera. Si yo no lo conocía, lamentablemente, no podría llegar a nada con mi hermanita.

—Bebe, saldremos a hacer las compras de la fiesta para la semana de Navidad. ¿Vienes?— Negué demostrando mi cuaderno de Literatura, la muy... nos había dejado trabajo para Navidad. —Uh, Me puedo quedar y ayudarte, cariño. —

—No, mama, sal y pasa tiempo con papa. Aprovéchalo, sale demasiado por su trabajo. ¿No podrías hablar con el abuelo? Así le baja y no lo agobia tanto. — Pedí levantándome. Fui hasta ella y la rodee con mis brazos.

—Lo he tratado, pero papa dice que no es por agobiarlo, es que es de las únicas personas en la empresa que son de confianza. —

—Mm...Esta bien, yo mismo hablare con el. Iré mañana a la empresa. — Comunique.

—Me parece bien, bebe. Hablamos luego, llamas a tu tutora cualquier cosa. No seas como tu tío, que siempre se las echaba de mas que sabe, llamare a la casa y te estaré vigilando. — Fingí temblar ante su súper amenaza.

—Si, mama, si no me sale llamo a Laurence. — Susurre mirando mi tentador celular con el número de mi sexy tutora entre los favoritos. Solo con apretar el número seis y listo.

—Bien, me voy antes de que a tu abuela y a Helga le de algo. — Bese ambas mejillas de mi madre y se fue.

—Helga…pff. — Bufe.

Nunca me había caído bien, ni idea de porque. La tipa tenia algo en su mirar o que se yo. Me saco de mis pensamientos la puerta.

—¿Quién es?" Pregunte volviendo a levantarme y entreabrir la puerta.

—Boo, hazte a un lado, baboso. Vi a tu mama salir, ¿Para donde iba con la bruja de Helga? —

—Ni idea, esa tipa ya no me la trago. No se, mira mas de la cuenta. Ya hasta me incomoda. —Dije tirandome en la cama, haciéndole espacio a Annie.

—Si, ¿Haz hablado con tu mama? —Ignoro mi brazo y fue por la pelota de tenis que tenia en el piso, lanzándola contra la pared.

—No, aun no lo he hecho. ¿Crees que me crea?— Pregunte sentándome en la cama.

—Obvio, eres su hijo, eres el primero en su lista. Creo que ni siquiera tu padre es más importante que tu en el corazón de tu madre— Hablo dejando la pelota de lado y saltando a mi regazo. — ¿Hiciste lo de Literatura? ¡No me sale! — Sonreí entre dientes, bese su mejilla y estire mi brazo, agarrando el libro y el cuaderno.

—Como veras, aun no. Estaba apunto de llamar a Laurence, cuando alguien entro haciendo escándalo. — Exclame despeinándola y empujándola de mi regazo. —Estas pesada, ¿que comes, niña—? Ella saco su bello y delgado dedo medio en señal de amor hacia mí. —Que linda. —

—Si, desde bien pequeñita que lo soy. —Dijo la muy creída. La empuje por su hombro, poniéndome sobre ella. —Mira quien habla de pesado ¡Salta, pesas, mamut! —

—Me ofendes, mini ballenita. —Me burle haciéndole cosquillas.

—No, Carlisle, no...Jajajaj—

—Hagas lo que hagas, no harás que me salga— Chille sonriendo.

—Am...¡Carlisle! — Nos quedamos mirando a Sheila que venia con globos de corazones y una bolsa en sus manos. Me sentí mal ante su carita decaída.

—No, Shei, No es lo que piensas. — Dije levantándome y caminando hacia ella. Agarre su rostro y bese sus labios, pero ella no me correspondió como siempre.

—Haz que se valla. — Susurro con voz fría. Mire a Annie quien ya recogía sus cosas, ni cuenta me había dado de cuenta que las había traído.

—Me voy, lo siento. Felicidades, chicos. — Dijo antes de salir.

« ¡Mierda, hoy cumplíamos dos años!» Pensé maldiciendo mi existencia mil veces.

—Toma. —Dijo dándome la bolsa con corazones que tenia junto a los globos, todos con muchos 'te amo'—. Me voy—

La abrace a mi, y no la solté hasta que comenzó a llorar sobre mi pecho.

—Cuanto lo siento, soy un imbecil... —Susurre en su oído. Bese su cabeza repetidas veces. —Ven, ¿tengo aun oportunidad de arreglar el día?— Me acosté en la cama con ella recostada en mi pecho.

—No se —Susurro aun con su voz llorosa.

—Preciosa, sabes que siempre he sido un imbecil, tonto, pero así me amas. Dame una oportunidad, y no te arrepentirás. — Pedí besando su mejilla.

—Esta bien— Sonreí y de un salto salimos de la cama.

—Ven, ¿Ya almorzaste? —Ella negó sonriendo. —Bien, iremos a almorzar a tu restaurante favorito, luego haremos lo que tu quieras. Hoy es tu día—

—No, es de los dos. Hace dos años tu te acercaste a mi con ese pasito tuyo de ser el mas lindin, ya sabia que me preguntarías, todo el colegio lo sabia. Pero eso no evito que me sorprendiera de igual manera. — Recordó entrelazando nuestros dedos bajando por las escaleras.

—Tu rápido me contestaste 'si, quiero ser tu novia' Tus amigas me miraban sorprendidas, de verdad no pensaban que te lo preguntaría. Pero es que desde el primer día en el colegio, cuando te vi allí toda sola y tímida, lo supe, tu serias mi novia y te amaría. Siéndote sincero, la verdad no pensé que no duráramos ni un año, pero míranos aquí. — Admití.

Ella río bajo. —Te amo, amor— Susurro de la nada. Yo sonreí y la abrace.

—Yo mas, te amo mas, princesa. — Dije besando el tope de su cabeza. Escuche un llanto, un llanto que reconocería donde fuera. — ¿Annie? —Ella me miro y salio corriendo. — ¡Espera, Annie! ¡Annabelle! —Sheila me mantuvo a su lado al ver mis intenciones de seguir a mi mejor amiga.

—No la sigas, estará mejor dentro de unas horas. De seguro piensa que esta perdiendo a su hermanito—Dijo con voz extraña.

—Si, tienes razón. Vamos, te llevare al restaurante. — Dije inseguro.

Annabelle no era de esas que andaba llorando por cualquier cosa, algo la había echo llorar. Luego le preguntaría, o tal vez era lo que decía Sheila, pero ella no era así... ¿Que le pasaba?

—Tierra llamando a Carlisle— Sonreí besando su frente.

—Vamos, llamo al chofer y nos vamos. ¡María! — La sirvienta apareció en seguida. —Llama a Joe, saldré. — Ella asintió y corrió hacia la casa. —Solo espera un minuto, preciosa. — Me aleje un poco mandándole un mensaje a Annie.

« ¿Estas bien? Te llame, pero me ignoraste. Sabrás que eso empeoro las cosas, discúlpame por botarte así. Te amo, mini ballena. » Lo envíe y volví con Sheila.

—¿Qué hacías? —Dijo intentando agarrar mi celular.

—Nada. Vamos —Dije al ver a Joe saliendo con un vaso de jugo y con migajas de pan en su ropa. —La próxima vez, termina antes, no tengo prisa. — Dije en forma de broma. El sonrío abriendo la puerta a Sheila. —Gracias. —Agradecí entrando al auto.

—¿A dónde, señorito? — Pregunto acelerando el auto.

—A...— Sheila me callo con un gesto de mano.

—A la plaza. —La mire extrañado. —Dijiste que iríamos a donde quisiera, quiero ir a la plaza. — Asentí.

—A la plaza, Joe. — Suspire.

—¿Hace cuanto conoces a la ratita? —La mire molesto.

—Te eh dicho que no le digas así. — Susurre. — Hace 10 años. — Conteste mirando por la ventana.

—Que bien. Es rara...su amistad. — Comento.

—Sheila, si es por lo de hace rato, solo jugábamos. — Dije intentando aguantar mis contestaciones-no-agradables.

—No lo parecía—. Se cruzo de brazos y me miro fijo. —Si te pidiera que te alejaras de ella, ¿lo harías? —

Ni siquiera lo pensaría. —Obviamente que no, nunca la dejaría. Ella es mi mejor amiga. —Dije viendo por donde iba la conversación.

—Amor, enserio, no es que te alejes, sino que...no anden tan pegados. En el Cole están comenzando rumores de que me estas engañando con ella, la rata de biblioteca no me puede bajar al novio. ¿Sabes todo lo que se burlan de mí? —

—No seas tan dramática, ignóralos —Suspire.

—¡Es que no lo soy! Si estuviera en mi posición harías lo mismo. —

—No, nunca te alejaría de alguien que quieres tanto, que lleva tantos años junto a ti y que es fundamental para vivir. —Dije a la defensiva.

—¿Eso...eso es lo que sientes por ella? ¿Es fundamental para tu vida? — Susurro dolida.

—Mira, Sheila, se que hoy es el peor día para hacer esto, pero…esto no funciona—

«Es ahora o nunca. Por lo menos tengo una excusa para haberla dejado» Pensé feliz.

¡Por fin me libraría de Sheila!

—No, no lo digas. —Me callo.

—No, si lo digo, Sheila, debemos terminar, ya no siento eso que sentía hace 1 año, soporte este año porque te quería, pero esto que me acabas de decir es la gota que derrama el vaso de agua. ¡Por Dios, Sheila, me estas pidiendo que me aleje de mi mejor amiga por unos estupidos rumores! Esto es el colmo. Joe, detente, me bajare aquí— Sheila comenzó a llorar y decir un montón de cosas, no la escuche y me baje, no sin antes pedirle a Joe que llevara a Sheila a su casa.

—Que decirme a mí que deja a Annie, ¿Annie es esencial para mí? ¿Desde cuando? —Iba tan metido en mi discusión interna que no vi al muchacho con el que tropecé. —Disculpe— Dije siguiendo mi camino.

—¡Ey! espera, tu, el chico rubio. — Me voltee, el chico caminaba hacia mi. — ¿Te eh visto en otra parte? — Lo mire extrañado, en mi vida había visto a ese chico.

—Lo siento, creo que te confundes. —Dije alejándome, pero el volvió a llamarme.

—No, tú eres. No te podría confundir nunca. Te reconocería desde lejos. — Fruncí el ceño confundido.

—De verdad, no te he visto. Te confundes. —Dije frunciendo el ceño mas, estaba enojado y no quería descargarme contra alguien que siquiera conocía.

—Haber… ¿Cómo te llamas? —Pregunto cruzándose de brazos.

—No le diré mi nombre a un desconocido— Dije. El se río entre dientes, sus ojos extraños de un color dorado se me quedaron fijos.

—Dime tu nombre. — Ordeno.

No quise, pero algo me obligo. Sentí un leve dolor en mi cabeza y conteste. "Carlisle Cullen."

—¿Qué edad tienes? —

—dieciseis años. — El sonrío, una sonrisa llena de amabilidad y de malicia a la vez…Raro.

—Bien, nos veremos mas pronto de lo que crees. — Dijo caminando hacia el lado contrario.

Traía mi cabeza hecha mierda. Todo me dolía, tuve que sentarme en un banco que había cerca en el parque.

—¿Estas bien, muchacho? — Pregunto una ancianita sentada a mi lado. Asentí como pude.

—No se preocupe, solo es un mareo. Gracias de todos modos. — Sonreí y me levante para perder el balance y caer al suelo de rodillas.

—¡Joven! Ayuda, hijo, ayúdalo. —Escuche a la señora. Sentí como me alzaron y me llevaron hacia un rumbo, no sabia ni donde estaba, solo veía borrones. — Estos jóvenes de hoy en día, mira que le dije. —

Deje de escuchar la voz chillona de la viejita, encerrándome en una oscuridad inmensa.

« ¿Qué me hiciste?» Pregunte en mi cabeza. Porque de una cosa estaba seguro, y esa era que algo me había hecho el muchacho ese extraño.