Bueno aquí con este segundo cap., regalo para LIBRARKANA espero que te guste, de igual a todos los que le han dado seguir y dejan sus hermosos reviews, quiero leerlos

Efímero.

Shura se sentó sobre una bolsa de basura, entrelazó sus dedos , y recostó sus codos sobre sus rodillas, no sentía calor, ni frío , o hambre o cualquier otra emoción que en vida hubiese podido experimentar, lo único que le inundaba era la necesidad de saber de aquella joven por la que literalmente había perdido su vida, el conteo de los días era imposible, y a su lado, su nuevo amigo, si se le podía decir así al único ser que le podía escuchar y ver, tampoco cooperaba mucho. Su vida no existía, era solo una ráfaga de sus propios recuerdos y deseos, buscó con su mirada hasta toparse con la figura del aún desconocido que lo acompañaba.

― ¿Tienes mucho tiempo de estar aquí?

La pregunta había salido de sus labios, casi como un suspiro entrecortado, para romper el hielo, para comenzar a salir de la rutina de ver el sol y la luna todos los días sin derecho a contarlos.

El joven, de cabellos azulados y mirada picara le sonrió de soslayo, acercándose hasta sentarse justo a su lado, vestía una chaqueta negra con un enorme escorpión en su espalda y unos vaqueros desteñidos que hacían juego con la camiseta interior celeste, su cabello notablemente largo se unía en una cola baja tapando la mitad del dibujo.

―No lo sé― le respondió, de una manera simple, casi graciosa― sabes, no recuerdo cuando o como paré aquí, tampoco tengo muy claro la razón de mi muerte, de vez en cuando una sensación extraña se extiende en mi pecho y mi cabeza da vueltas, pero no sé exactamente cuánto tiempo tengo de estar así… muerto― dijo al final, como queriendo negar su situación.

―Tenemos que buscar la manera de salir de este callejón…―Shura se puso de pie, caminando hacia la salida, pasando por donde aún estaban las marcas blancas de la escena del crimen, se detuvo un momento, y se giró de improvisto.

―¿Cómo es que solo yo estoy aquí? –preguntó, al chico que aún se mantenía sentado donde anteriormente estaba él.

―Ellos fueron llevados por las sombras― dijo el chico.

― ¿Sombras?

―Ya sabes…

―No sé, por eso te pregunto.

―Cuando tienes muchos pendientes en tu vida, pero has sido malo con aquellos que te hacen el bien o no te molestan, las sombras te reclaman como suyo y formas parte de la oscuridad de las almas en pena que nunca descansaran.

Shura lo observó, estudiando cada palabra escuchada, podría decirse que con un poco de temor ante tanta seriedad.

―Sabes mucho sobre esto.

―Sí, los médiums son algo locos sabes― dijo, soltando una carcajada.

― ¿Médiums?

―Si ya sabes, los que hablan con los fantasmas…

―Es decir que tú puedes salir de este callejón cuando quieras.

―Si claro aquí no hay mucha acción.

Shura tomó su mano en una acción inconsciente, por primera vez luego de un tiempo de estar a su lado rozándose como dos compañeros de trabajo.

―Por favor, vamos, ayúdame a salir de este lugar, puedo ayudarte a recordar, incluso encontrar algo sobre tu muerte en la estación, si tú me ayudas, yo te ayudare es una promesa.

El Chico asintió.

….

La última vez que había recorrido las calles de esa ciudad, había sido para despedirse y según él no volver nunca más, el dolor de una perdida le había mandado lejos, pero ahora el mismo dolor le traía de vuelta.

Una carta en su buzón electrónico unos días atrás, traía consigo el sello de la policía como remitente, no quiso abrirla de inmediato, prefirió entonces tomar el primer vuelo y regresar al lugar que lo vio nacer. Y ahí estaba de nuevo, esta vez vestido con un gabán negro que le llegaba casi a sus pies, un sombrero del mismo color que permitía que su cabello turquesa sobresaliese bajo su corta ala, se detuvo de frente a un lugar que conocía a la perfección, su mirada azul fría y calculadora revisaba meticulosamente cada rincón de la fachada, era la joyería de su abuelo, no había cambiado en nada, incluso sus ventanas a pesar de estar rotas, conservaban el estilo anglosajón de unos dragones de madera como marcos.

Las tiras amarillas del paso restringido estaban rasgadas, apenas habían pasado un par de noches, y dos policías custodiaban el lugar, ambos le observaron con cierto recelo.

─Mi nombre es Camus, mi abuelo Krest fue el propietario de esta joyería─ dijo, viendo de uno a otro de los uniformados─ ¿su jefe?─ ambos jóvenes se voltearon a ver, uno de ellos abrió su boca, pero una voz desde dentro de la tienda les interrumpió.

─Bienvenido señor Camus, es un gusto que haya venido con tanta brevedad─ un joven castaño, vestido con un gabán azul marino salió de la parte trasera del negocio, trayendo consigo unas hojas y un pequeño exhibidor de cristal parecido a una ánfora de vidrio─ permítame presentarme, mi nombre es Aioria Proveros, soy el agente que está a cargo de la investigación del robo y muerte del señor Krest, su abuelo, acompáñeme por favor─ pidió, haciendo un ademan con sus manos ocupadas.

Camus frunció su entrecejo dando unos pasos dentro del lugar, recorrió las paredes y aparadores, los reloj cucú, las pulseras de oro, aretes y cadenas, parecía que el tiempo se hubiese detenido seis años atrás, cuando apenas él rondaba los dieciséis.

─Si necesita tiempo lo comprendo.

La voz del joven, le sacó de sus cavilaciones ¿más tiempo para qué? pensó, imaginando la soledad de su abuelo entre objetos inanimados, complaciendo clientes con su sonrisa burlona o seriedad cuando era preciso, de su concentración al grabar los anillos que unían parejas o los brazaletes de pequeños bebés, o simplemente haciendo alguna joya a su abuela, quien amaba cada elaborado trabajo del anciano, principalmente las joyas incrustadas sobre el metal dorado.

─No, está bien─ de pronto una duda lo abordó─ supongo que mi abuela, la señora Garnet ya se encargó del entierro o los papeleos de las propiedades de mi abuelo.

─Esos detalles no lo sé, en teoría el correo tuvo que llegarle luego de la llamada de algún familiar─ dijo, revisando entre las hojas, luego se quedó en silencio por un instante leyendo algunos datos que Camus de reojo vio resaltados─ de hecho. Usted fue asignado como heredero único por su abuelo Krest por si algo le llegase a pasar, usted es su único familiar, no está la señora Garnet, si quiera o su padre.

Familia, eso que había olvidado hace algún tiempo, suspiró resignado, tal vez su padre había sido notificado también, pero Degel no era un hombre sentimental que volara desde el otro lado del mundo por la muerte de su abuelo y se lo había demostrado cuando él regresó a Francia y la única persona que lo recibió fue la secretaria de su padre con las llaves de su nuevo departamento y su puesto en el cabeza del negocio familiar. La vida le había mostrado que el apego emocional le hacía débil, aun así sabia y conservaba el recuerdo que su abuelo estimaba mucho a él y a su mejor amigo.

─Milo─ murmuró, cuando su mirada perdida se topó con una foto de tres personas que su difunto abuelo había mandado a enmarcar, él y sus dos mejores amigos─ no, esta bien─ dijo para sí mismo ─Por favor pasemos al despacho y terminemos con esto─ dijo rayando a la hostilidad, si había regresado también acabaría con esos fantasmas que tanto le perseguían en su cabeza.

El agente asintió, cerrando tras de ellos la puerta de aquella vieja oficina.

─x─

─Puedo sentir la energía de Fernando.

La mujer, una hermosa latina de caderas pronunciadas, disfrazada de gitana tomaba la mesa por los bordes mientras su cabeza daba giros lentos y sus ojos se ponían en blanco, sobre la mesa redondeada en los bordes, había una foto de un joven rubio de ojos verdes, muy bien parecido y no mayor de veintitrés años.

Shura estaba al lado de su amigo, quien reía disimuladamente ante el espectáculo, había cosas que aún le parecían fascinantes, como la capacidad de poder estar en medio de varias personas sin ser vistos, o de poder atravesar paredes, o la forma casi traslucida de su cuerpo en algunas circunstancias, observó a su alrededor, varias almas entraban y salían negando, él se mantenía de pie con sus brazos cruzados y en silencio, esperando la razón por la cual su joven amigo lo había traído a este lugar, la mujer a simple vista era una estafadora, que decía lo que todos querían escuchar.

─Oye

Dijo, finalmente y cuando el aburrimiento y la poca desesperación que lo abordaban hicieran mella en su paciencia, el chico solo lo observó, como perdido en sus pensamientos.

─Creo que deberíamos seguir buscando.

─Claro, perdona, me gusta ver a esta mujer─ rio, como Shura nunca lo había escuchado, fresco, libre─ esta calle está llena de médiums y videntes que se supone nos pueden ver, nunca he hecho contacto con alguno, me da un poco de miedo.

─Tampoco se ven muy sinceros que digamos…─le continuó Shura, caminando entre la gente que estaba dentro de la habitación─ vamos, tal vez estemos cerca de la estación y podamos encontrar a Geist y tu pasado.

El chico solo asintió saliendo tras de él, podía sentirle dando pasos a su espalda, como un escalofrío y se preguntaba si así sería con los que estaban vivos, como sería tocarlos, o poder hablar con ellos, se detuvo de repente, el conocía a alguien en la estación de policía que sabía mucho sobre eso, lo apodaban Mascara de la muerte, hablaba mucho sobre encuentros paranormales y molestaba con ver muertos tras los agentes jóvenes que apenas y hacían la práctica.

Cuando ambos salieron hasta la calle todo le era muy familiar, incluso un enorme gimnasio en la cera de en frente. Giro sobre sus propios pasos y con una mueca le indicó al joven peliazul que le siguiera.

El lugar tenía unos ventanales enormes, y se podía observar a las personas que se ejercitaban, algunos hacían spinning, otras pesas y los menos atléticos aeróbicos con una joven cabellos verdes.

Era fascinante como no tenían reflejo, como eran parte de todo y al mismo tiempo de nada, ambos se quedaron como estatuas, viendo el ir y venir de los que estaban dentro. La energía que despedían era como un imán, principalmente la chica que se movía de un lado a otro con su cabello esmeralda, gritando y llamando a moverse a la mayoría, principalmente al peliazul quien no le perdía de vista. Le codeó levemente, como para intentar continuar.

─Esa chica…

─ ¿La conoces?

─No lo sé, pero la niña que está…─ colocó sus manos sobre el vidrio sin traspasarlo─ ahí.

Shura regresó su mirada, impresionado por saber que posiblemente las cosas físicas no estaban tan lejos de su alcance, observando a la pequeña que sin percatarse se había acercado hasta donde estaban ellos y parecía que les observaba ¿sería que ella podía verles? O sentirles, incluso levantó su pequeña mano y la colocó sobre el vidrio, justo sobre la del joven, hasta que la voz de la joven que en un breve instante estaba junto a la pequeña, les hizo dar un paso atrás.

─Shura…─escuchó de los labios de su amigo antes de verlo desvanecer tras la figura que hacía a sus espaldas

─x─

La música había sido su carrera pero para complacer a sus padres, lo suyo había sido sudar, bailar, el ejercicio, eso la llenaba o por lo menos le alivianaba el peso de su pasado, las emociones cruzadas que marcaron su vida unos años atrás. Pero ahora su vida era plena, desde que llegase su hija, una hermosa de cabellos azulados de quien todos desconocían parentesco a alguno de sus compañeros de universidad o amigos, y el trabajo en ese gimnasio, todo le permitía darse una vida cómoda al lado de su hija y ahora su hermana menor, quien había buscado asilo en su casa estos días.

La música se detuvo, y la gente aplaudió la sesión de ejercicios de esa tarde, ella hizo una divertida inclinación hacia sus seguidores, y buscó con su mirada a la pequeña que normalmente se mantenía a su lado jugando con las muñecas de trapo hechas por su abuela, pero esta vez no estaba ahí, se secó el sudor con un paño que había colocado en su cuello y recorrió con la mirada el lugar, hasta fijar su vista en su hija, frente al ventanal con sus manos puestas sobre el vidrio enorme, frente a un hombre que no le era totalmente desconocido.

Caminó rápidamente hasta colocarse tras su hija, descansó sus manos sobre los pequeños y frágiles hombros de la niña y su mirada se cristalizó, al mismo tiempo que la ira le recorría de pies a cabeza.

─Alessa, vámonos de aquí─ dijo, mientras se apartaba, tomando la mano de la niña y perdiéndose entre la gente.

─x─

Un paseo luego de verse abatido de la noticia, un asesinato que él consideraba innecesario, una joya que pertenecía a la familia y que él se veía obligado a recuperar, tal vez viendo en ella la oportunidad de redimirse entre tanta culpa, sus pies le llevaban ligero hacia el sur de la ciudad, sentía como si pudiese llegar con los ojos cerrados hasta su destino, sin tropezarse con algo o alguien, quería verlo, sentir el frio de ambas lápidas que no pudo llorar, saber que de verdad no era una pesadilla , si no parte de su pasado, había perdido dos personas a quienes quería mucho en su vida, pero a ninguna había enterrado, ambas habían partido abandonadas por su persona, o por lo menos, así lo sentía, una voz, se detuvo, Camus tuvo que regresarse, quedarse de pie por un largo rato, viendo tras la traslucidez del cristal a esa chica que ya no era aquella jovencita tímida tras unos lentes, como saludaba, como tomaba la toalla y secaba su frente, era ella sin duda, la manzana de la discordia entre él y su mejor amigo, el punto de quiebre, la razón de su huida de aquel lugar, bajó su mirada, y un par de pequeños ojos azules le capturaron de inmediato, se lo recordaba, de hecho podía sentir esa energía que su amigo desprendía de sus poros con solo ver a esa pequeña.

─Podría ser…─murmuró entre dientes, pero la figura de aquella ahora mujer de cabello verdes tras la niña le hizo trastabillar, por un momento se sintió mareado, frio, paralizado.

─Alessa, Vámonos de aquí─ logró escuchar a medias cuando las vio alejarse, cuando antes que se perdieran entre la multitud los ojos de la chica se llenaran de nostalgia e ira al mismo tiempo.

Luego quedó de pie, sintió como un golpe en el diafragma, como si tuviese frío, pero desde dentro, como si no fuese él y flotara sobre su cuerpo, luego nada y cayó al suelo sosteniendo su cabeza.

─x─

─¿Estas bien?

Shura no podía creerlo, su amigo había estado dentro del cuerpo de aquel hombre de cabellos turquesa, pero una vez el tipo había caído al suelo de rodillas, este se había sostenido de pie, también asombrado, y sosteniendo levemente su cabeza, le tomó su mano y a paso lento se alejó del lugar.

─Pude sentir algo extraño─ le dijo una vez incorporado de nuevo─ escuché un nombre, Milo… pero no sé si él se llama así o simplemente…─guardo silencio ─ mi cabeza me duele demasiado, hacía ya mucho tiempo que no sentía algo así.

─ ¿Milo?

─Dijo Milo, desde muy dentro de su corazón─ murmuró.

Shura pudo ver el dolor en su mirada, pero siguió caminando, llevándolo del brazo.

─Tenemos un dato, créeme que buscaremos en la oficina─ dijo, y cuando regresó su mirada estaba a unos pasos de la estación de policía. Sin explicarse como había hecho para llegar tan rápido sujetó más fuerte a su compañero a quien ahora llamaría Milo y caminó entre las paredes.

─x─

Geist se despertó si a tener pesadillas y no poder pegar los ojos se le llamaba dormir, se sentó en un pequeño sillón al lado de una de las ventanas en la casa de su hermana, metió la mano bajo su blusa, y atrapo con sus dedos la joya que colgaba de su cuello, el Sagitario Dorado, la balanceó contra luz y un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas, un pedazo frió de un metal costoso, había significado varias vidas, entre ellas la de un hombre que posiblemente le había amado lo suficiente como para poner su vida por la de ella. El reloj de la sala casi marcaba las tres de la tarde, aun así ella no se atrevía a salir de su refugio, tuvo miedo, aun lo tenía, sabía que Saga, a quien le trabajaba, no dejaría de buscarla y para una persona como ese hombre desquiciado y poderoso no existía un lugar sobre la faz de la tierra donde se pudiese esconder, sabía que todo era cuestión de tiempo. Tenía dos opciones, o entregaba la joya a la policía o buscaba a su compañero, y le hacía llegar a Saga el pequeño colgante.

La puerta cedió y se sobresaltó en el sillón, la figura esbelta de su hermana y su sobrina se abrieron paso en silencio, la niña tomó asiento al lado de ella y su hermana se dejó caer en el sillón del frente, con su cabeza hacia atrás y las manos sobre su rostro.

─¿Todo bien?

─Regresó…

Geist se incorporó, besando la coronilla de la pequeña, quien se levantó a pintar a la mesa del comedor, dio un par de pasos arrastrados y se dejó caer al lado de la peliverde.

─Shai ¿Quién regresó?

─Camus, volvió y justamente lo vi fuera del gimnasio.

─Tal vez quiera hablar contigo.

─El me dijo que tendría una sorpresa para mi ¿sabes? ─Geist la vio llenar sus ojos de lágrimas─ me prometió que Camus seria nuestro padrino y yo… tenía la sorpresa que iba a ser papá… Geist, Camus lo dejo solo y nunca regreso, el día de su entierro espera que el me dijera que había pasado, pero se fue ¿Qué quiere de mi ahora? ─le dijo entrelazando sus dedos sobre las rodillas.

Geist la observó, tomó sus manos entre las suyas, sintiéndolas frías y sudadas. Sonriendo.

─No te preocupes, tal vez solo está aquí por algo más.

─La muerte de su abuelo, el señor Krest

─¿El señor Krest?

─El dueño de la joyería…

Geist se quedó en silencio, frunció su entrecejo y tragó grueso.

─Escuche a una chica que trabaja en la estación y llega a hacer aerobics , que anda en busca de la joya de su familia el sagitario dorado. ¿tú no has escuchado nada de eso?

─No, no he salido en días, ya sabes.

─Y hablando de eso─ su hermana se puso de pie apartando sus lágrimas─ creo que nos merecemos un helado gigante de vainilla y ustedes me acompañaran al súper.

─No creo que sea buena idea

─No…ahora me acompañas─ le dijo, tomando su brazo, jalándola para tomar su abrigo, silbando para llamar a su hija ─ ya basta de pasados oscuros, enfrentare a Camus mañana y terminare con esto de una vez.

Geist salió con temor de la casa, intentando sonreír a la fuerza, de la mano de los seres que mas amaba sobre la tierra.

─x─

─Di con ella jefe

Una voz en la oscuridad hablo tras un celular.

Excelente, consigue la joya y elimina los testigos.

─Como usted ordene señor Saga.

Dijo, cerrando la llamada, y caminando tras las chicas que no tenían idea de quien les perseguía el paso.

continuaraaa...