Capítulo número dos!

La siguiente pareja es una de las más románticas del mundo!

Este es el primer Fic en dónde uso a la OC de lovelywoods como protagonista, amiga...espero haberle captado la personalidad bien! XD

Me divertí mucho con ella, sabes que le tengo bastante cariño :3

Bueno..

Que tengan una linda lectura! *-*


Oliver y Marie-Angelique

Era 14 de Febrero, el día en que las parejas salían a divertirse y a mostrarse su amor, sin mencionar que también festejaban el simple hecho de permanecer juntos.

Esta era una de las fechas que Marie-Angelique consideraba como "la mejor época", y era porque no se le ocurría una mejor manera de festejar todo el amor que sentía hacia su adorado príncipe de melena verde, su chef favorito, al igual que su bey-luchador estrella: Oliver.

Es verdad que todos los días demostraba estar super enamorada de él, pero el día de San Valentín tenía ese algo, que hacía actuar a Marie-Angelique bastante creativa.

El reloj marcaba las once de la mañana en el país de Alemania, que es donde ella, su novio y sus amigos se estaban quedando, más específicamente en el castillo Jurgens, la razón del porque se encontraba allí y no en Mónaco era por el simple hecho de que ese día, a parte de festejar el amor y la amistad, era también cumpleaños de su amiga Leela, la novia de Robert.

Desde que se enteró, se le hizo bastante curioso que la ojiverde cumpliera en una festividad, y no era cualquier festividad, era San Valentín, aunque eso la hacía aún más especial y Robert no podía estar más contento.

La princesa sonrió al recordar la forma en cómo conoció a Leela, aquella vez casi le corta la cabeza con una espada.

— Bueno, en mi defensa, nunca debió agarrar mi corona. — susurraba para sí misma sintiendo la frustración que llegó a sentir en ese momento — Era una joven bastante...animada, no paraba de hablar y tenía un entusiasmo descomunal. Ahora difícil pensar que se trata de la misma persona.— añadió pensando en lo mucho que Leela ha cambiado su personalidad a través del tiempo, si bien, no ha dejado de ser la chica alegre y graciosa, ya no era tan ingenua, ni se deja llevar por sus emociones, por lo que se ha sabido ahorrar bastantes problemas. Sin duda alguna maduró.

Quién iba a pensar que la princesa llegaría a sentir simpatía por aquella chica que conocío accidentalmente mientras husmeaba la ropa de Robert en aquel vestidor.

— ¡Ya está! — exclamó la rubia bastante feliz admirando un hermoso regalo que yacía frente a ella — Seguro a que mi Oliver le va a encantar.

La princesa había conseguido un hermoso obsequio para su pareja y mientras pensaba en Leela y en eventos pasados, lo estaba envolviendo con sus propias manos, con un hermoso listón rojo que servía de decoración.

— Ahora a entregarlo — exclamó saliendo de la habitación en la que estaba.

Sin embargo, en los pasillos se topó con Oliver, el cual venía con una gran sonrisa en sentido contrario, al parecer, iba rumbo al mismo dormitorio del que acababa de salir la heredera de Mónaco.

— ¿Buscando a alguien mi princesa? — preguntó el dueño de Unicolyon tomando la mano de la chica para depositarle un tierno beso.

— Si, a ti tontito — respondió Marie-Angelique riendo suavemente — Iba a buscarte para entregarte tu obsequio de San Valentín. — dijo mostrando la gran caja con sonrisa digna de una princesa.

Oliver sonrió con dulzura y tomó la caja entre sus manos.

— Muchas gracias, pero sabes que el mejor regalo que puedes darme es el gran honor de tu compañía. — acercándose más a ella, prosiguió: — A cada hora, en cada momento.

Marie-Angelique sintió sus mejillas arder, pero con una sonrisa traviesa y voz melodiosa, respondió: — Bueno, estás de suerte, porque no me despegare de tí ni un solo segundo el día de hoy. — tras decir esas palabras, se colgó de su brazo y le depositó un beso en la mejilla al peli-verde.

El francés río suavemente y empezó a guiar a su novia por los largos pasillos de la fortaleza Jurgens.

— ¿A dónde vamos? — preguntó la rubia con cierta curiosidad, ya que de repente su pareja empezó a actuar de forma misteriosa.

— Tengo una sorpresa para ti. — respondió con simpleza sin dejar de regalarle esa dulce sonrisa que caracterizaba al bey-luchador.

La princesa de Mónaco formó una sonrisa radiante y agarrándose más fuerte del brazo de su chico, no hizo más preguntas en todo el viaje.


Después de unos minutos, la pareja llegó a una gran puerta de madera que se encontraba cerrada. Marie-Angelique admiró un momento el umbral que los separaba del interior de la habitación cuando, de repente, Oliver le vendó los ojos.

— ¿Oliver? — preguntó la rubia colocando sus manos sobre la tela.

— Te dije que te tenía una sorpresa. — río de nuevo el bey-luchador — Paciencia.

— Siempre eres tan detallista, me encanta eso de tí, mi amado. — respondió la jovencita confiando plenamente en su cita para la demostración de su regalo.

Oliver abrió las puertas con un solo empujón, segundos después tomó la mano de su chica y la guió hasta el interior de la habitación.

Ya estando dentro, el francés le quitó la venda a la heredera de Mónaco y le susurró al oído que abriera los ojos. La joven así lo hizo y poco a poco fue descubriendo que en el centro de la misma, yacía un gigantesco ramo de claveles rojos, junto a una caja plateada. Sin mencionar que también se podía observar una caja llena de los dulces favoritos de la princesa, algunos tenían forma de corazón y otros poseían forma de corona.

Marie-Angelique se tapó la boca con sus dos manos y algunas lágrimas traicioneras amenazaban con salir de sus ojos. El peli-verde la guió hacia el presente y tomó la caja plateada entre sus manos.

— Angelique….sé que has recibido muchas cosas elegantes a lo largo de tu vida, después de todo eres una princesa. — el bey-luchador sonrió divertido — Así que quería que esta ocasión sea diferente. Este es un regalo muy especial y a pesar de que no es tan valioso como los collares que tienes pues….— sin decir nada más, abrió la caja dejando ver un hermoso collar dorado. Lo que más resaltaba del presente, era que en medio, había una medalla con las iniciales "O y MA" grabados con una letra muy fina color roja, a su lado, se apreciaba dos piedras preciosas: Una verde, que era una esmeralda y otra de color azul, la cual era un zafiro. Esas dos piedras representaban a los enamorados.

La mencionada no pudo evitar derramar las lágrimas que difícilmente estaba conteniendo desde que entró a esa habitación. Enseguida abrazó a su pareja y empezó a llenarle de besos la cara.

— ¡Oliver….pero qué dices! ¡Este es el collar más valioso que me han dado en toda mi vida! Por el simple hecho de que….me lo das tú, además...— vió con cariño la medalla — Es algo que nos representará a los dos, no tengo más que decir es hermoso. — exclamó con alegría mientras se giraba para que su amado le ponga la cadena lo más rápido posible.

El susodicho dejó salir una sonrisa deslumbrante y enseguida, el hermoso collar, desfilaba en el cuello de la princesa.

El regalo de Oliver consistió en un hermoso traje nuevo que Marie-Angelique se encargó de diseñar, todo fue idea de ella, y como tenía un excelente gusto, el traje era digno de todo un príncipe.

— Lo mejor para el más guapo de todo el mundo. — exclamaba la rubia aplaudiendo con ganas, al admirar a su pareja con el traje puesto.


Después de compartir sus regalos y unos cuantos besos, la pareja salió de la habitación rumbo al salón en donde los demás Majestics se encontraban reunidos. Enrique y Johnny yacían sentados en un sillón frente a su líder, el cual, se encontraba en su asiento individual delante de la chimenea.

— Se tomaron su tiempo. — empezó a hablar un travieso italiano — ¿Qué estaban haciendo, par de tórtolos?

— ¡JA! Sólo estás celoso de que nosotros pasaremos juntos el Día de San Valentín, a diferencia de otros...que la pasarán solitos. — exclamaba la rubia sentándose cerca de él mientras se lanzaba aire con su abanico.

— Para tu información chica lista, yo no la pasaré solo. — decía Enrique con un puchero — Mi cita llegará más tarde, justo a tiempo para cuando abran la feria que se encuentra en el pueblo.

— Ver para creer Enriquito — dijo Marie-Angelique guiñandole un ojo.

— Hablando de esa feria…¿Robert en verdad piensas alquilarla toda? — preguntó el McGregor mientras todas las miradas se posaban en el peli-morado.

— Así es, más tarde hablaré con el Señor Köhler, quien es el dueño de la feria. Es un gran sujeto, seguro que dejará que la alquile por este día. — respondió Robert apoyando su espalda en el sillón.

— ¡Si todo sale bien entonces será muy divertido! — exclamaba el italiano elevando sus brazos al aire — Imagínense...tener toda una feria para nosotros solos. ¡Sin nadie más cerca!

— No vamos a estar solos Enrique, recuerda que la feria es abierta al público hasta las nueve. — razonó Oliver.

— Sí, pero al pasar de las nueve estaremos solos. — defendía su punto el rubio.

Tiempo después, los europeos empezaron a hablar de cosas sin importancia cuando el pequeño reloj de Oliver sonó, alertándolo de inmediato. Después de checar la hora, se puso de pie llamando la atención de los demás.

— Discúlpenme amigos pero debo retirarme a hacer algo importante. — se disculpó girándose hacia la princesa — Te veré a la entrada de la feria esta tarde, a las seis. — después de besar el dorso de su mano, se retiró de la habitación.

— ¿Eh? ¿Pero qué? ¿Oliver a dónde vas? — la pregunta de la rubia quedó en el aire debido a que el francés ya se había ido.

Segundos después, el italiano empezó a reír — Al parecer ya te abandonó…¿Ahora quién va a pasar San Valentín solita? — preguntó con tono de burla — Ya ni Johnny, porque él también tiene una cita.

— ¡Oye, no era para que lo digas! — exclamó el pelirrojo con furia mientras cruzaba sus brazos.

— ¡Cierra la boca, rubio oxigenado! — rugió la princesa desde su asiento — Oliver no es capaz de hacer eso, supongo que tiene cosas muy importantes que hacer porque él, a diferencia de ti, es alguien trabajador. — sin embargo formó un puchero infantil — Aunque me hubiera gustado que me lo diga en vez de dejarme con la intriga hasta más tarde. Bueno, en fin. — se levantó de su asiento mientras se arreglaba el vestido — Robert…¿Dónde está nuestra cumpleañera? — preguntó pareciéndole raro que en todo el día no haya sabido nada de la ojiverde.

— Debe estar en su habitación, arreglándose para esta noche. — contestó el Jurgens de forma tranquila.

— Bueno, no quiero aburrirme aquí así que iré a ayudarla. — con estas palabras Marie-Angelique también salió del lugar.


El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos, el reloj local marcaba las seis en punto de la tarde. La feria ya estaba empezando a funcionar y las parejas no paraban de llegar. Hace un rato los Majestics y G-Revolution se habían dividido para empezar a disfrutar de su tarde y noche.

Marie-Angelique se encontraba en el punto de reunión que Oliver le había dicho, parada aun lado de la entrada mientras se daba aire con su abanico, empezando a preocuparse e impacientarse por el desaparecido francés.

Tiempo después, Enrique se acercó a ella, pero no estaba solo, una hermosa chica rubia yacía a lado de él, cogida de su brazo.

— ¿Ves que no era mentira que tenía una cita? — preguntó el italiano mientras entraba a la feria con la muchacha.

Marie-Angelique resopló, ese tema no le importaba en lo más mínimo. Lo único que quería saber era la ubicación de su amado de cabello verde.

Como si fuera un pacto de invocación, Oliver apareció a su lado mientras la abraza tiernamente, cosa que hizo asustar por segundos a la rubia.

— ¿¡Se puede saber en dónde estabas!? — exclamó con fuerza la heredera de Mónaco con los ojos vidriosos — ¡Se supone que pasariamos todo el día juntos, pero me abandonas por horas!

— Yo...enserio lo lamento, no quería molestarte princesa. — dijo el bey-luchador con mucho pesar — Estaba ocupándome de algunas cosas….— exclamó con nerviosismo.

— ¡Sí, eso ya lo sabía! — dijo la princesa sin bajar su tono de reproche — ¡Pero qué cosas son más importantes que pasar San Valentín con tu adorada novia! — exclamó cruzando sus brazos, verdaderamente ofendida.

Oliver se acercó a la chica y la besó de forma dulce y despacio, Marie-Angelique abrió los ojos sorprendida pero conforme avanzaba el beso, se fue tranquilizando para corresponderle sin ningún problema.

— Perdón por dejarte tanto tiempo sola,"Ma chérie", pero lo recompensaré y tengo la forma perfecta para hacerlo. — dijo Oliver sonriendo con orgullo.

— Bueno, está bien, te perdono porque no hay forma de que me enoje contigo. — dijo Marie-Angelique abrazándolo con fuerza. Sin duda alguna, Oliver era la única persona con la que jamás podría enojarse, sin importar lo que haga porque lo conocía a la perfección y siempre tenía una justificación que defendía sus actos. Una justificación que la dejaba satisfecha, Oliver era un caballero con todas las letras — Andando. — añadió con la intención de entrar a la feria y ver qué cosas tenían preparadas el pueblo alemán.

Sin embargo Oliver la retuvo suavemente.

— Por ahora no vamos a la feria, tengo pensado llevarte a otro lugar. — exclamó el peli-verde, de nuevo, guiándo a su novia por el hermoso pueblito.

— Oliver cariño…¿Que otra sorpresa tienes para mí? — preguntó la rubia sabiendo de antemano que su amado había organizado algo para ella.

— Luego te digo. — respondió el mencionado con simpleza mientras se echaba a reír al ver la cara de su chica.


Caminaron un rato hasta que llegaron a un restaurante, era el más elegante que el pueblo poseía. Marie-Angelique se dio cuenta de inmediato que la llevaría a cenar, lo cual le agradó bastante debido a que empezaba a tener hambre.

Entraron por la puerta principal y la rubia casi se cae de la sorpresa al ver el lugar lleno de velas, flores, adornos, sin mencionar al personal acomodado en una fila perfectamente hecha para recibir a los únicos invitados que tendrán esa noche.

Cerca de ellos se encontraba una mesa, con un mantel blanco para dos personas: cubiertos, copas, platos, servilletas, todo acomodado. Sin contar un par de velas y un florero con claveles rojos.

— "Ma belle" — exclamó el bey-luchador apartando una silla para que su cita se siente.

— "Merci, Mon amour" — respondió la rubia sentándose con una gran sonrisa.

Una vez que los dos estaban cómodos en la mesa, los meseros empezaron a moverse, les servían agua, vino o cualquier bebida de su preferencia hasta que la comida estuviera lista.

— Así que de esto te estabas ocupando las horas que desapareciste. — dijo Marie-Angelique con mueca divertida.

— Si, quería sorprenderte con una cena especial. — contestó Oliver sonrojándose levemente.

Tiempo después, los meseros empezaron a llevar a la mesa toda clase de platillos exquisitos. Desde sopa, plato fuerte, postre, comida caliente, fría, incluso panes para comerlos con mantequilla o caviar.

La princesa probó algunos extasiada por su sabor.

— ¡Vaya! ¡Los chefs de aquí son extremadamente buenos! — exclamó con alegría mientras Oliver se reía.

— Gracias Majestad, pero nuestro chef no cocinó todo esto. — exclamó un mesero alto y castaño claro — Todo lo hizo el Señor Oliver. — terminó mientras se retiraba a dejar algunos platos vacíos a la cocina.

Marie-Angelique abrió los ojos de forma impactada mientras sus hermosas joyas se posaban en las de su novio, este se encontraba sonriendo sin quitar el sonrojo de sus mejillas.

— Querido...— las palabras no le salían a la rubia — ¿En verdad hiciste toda esta cena?

— Bueno...supuse que sería más especial que yo la cocinara. Me alegro que te haya gustado, todo lo hice para tí. —explicó el francés.

La heredera de Mónaco entendió el porque su pareja había desaparecido por tantas horas, no tenía idea de que se encontraba preparando una espectacular cena solamente para complacerla, nunca dudó que Oliver la amaba y la consentía mucho, era el hombre perfecto, él sueño de cualquier chica, pero él ya le pertenecía y de ninguna manera lo iba a dejar ir.

— ¡OLIVER! — Marie-Angelique se abalanzó hacia su novio para besarlo con pasión — ¡Eres el mejor! ¡Todo esto….desde el collar hasta la cena….es maravilloso! "¡Je t aime!"

— Yo también te amo, mi princesa — exclamó el peli-verde devolviendo los besos intensos por unos más suaves y cargados de amor.

Después de comer, la pareja se dirigió a la feria y de lo que quedó del día, jamás se volvieron a separar.


Hasta aquí el ONE-SHOT!

Como pudieron notar, esta historia y la primera están conectadas, sólo que obviamente las parejas son diferentes :3

Espero que les haya gustado!

Ma belle - Es un apodo de cariño para decir "Mi bella" en francés.

Merci, Mon amour - Significa "Gracias, mi amor"

Ma chérie - "Mi querida"

Je t aime - "Te amo"

Espero que les haya gustado, este Oliver es todo un caballero romántico!

Nos vemos en el siguiente ONE-SHOT

Los próximos son Kai y Silke!