A/N: Después de mucho esfuerzo, cortar algunas cabezas y etc., la segunda parte. La primera fue el inicio: Nos presentó a Raimundo y a Kimiko, el nacimiento de su amor, la decisión que acarreará una serie de consecuencias y ahora, este es el desarrollo de esa decisión que nos llevará al súbito desenlace de la tercera y última parte de este fic en honor al día del amor y la amistad. Esta parte podría decirse que culmina cuando estemos en la siempre mencionada e inolvidable "etapa cumbre" del fic.
Como Bonnie & Clyde
-Parte II: Mi deseo es vivir en tu futuro-
Estaba decidido. Escaparía. Admiré por última vez las cortinas de terciopelo de mi ventana, acaricié las sábanas y abrí el armario: Extrañaría toda mi ropa. No podía llevar un equipaje pesado ni creo que necesitaría muchas de las cosas que tengo. Eso sí, me aseguré de llevar mi destruido diario. Aún cuando unos versos se leen y otros no, no quise desprenderme de él. Cené con papá y dialogamos un poco. Notó que estaba un poco distraído, pero no logró sacarme nada. Antes de ir a dormir, lo abracé fuertemente y lo besé cariñosamente en la mejilla. Quién sabe, esta podría ser la última vez que lo vería. Si supiera de lo que haría, tal vez lo avergonzaría mi comportamiento y me desherede como hija o no sé. Es mejor así. Le escribí una carta, donde expresé en ella, mis motivos para irme y como último deseo: Que sea feliz. Lo quería mucho, pero no hay vuelta atrás, no te preocupes, estaré bien. La dejé encima de mi almohada y huí de casa. Nadie notó cuando me marché. No tuve problemas en reencontrarme con Rai. Me esperaba en su moto. Antes de partir, abrazada a su cintura, me volvió a preguntar si eso era lo que quería. Si me arrepentía, él lo entendía y me dejaría ir, jamás nos volveríamos a cruzar, era el momento oportuno para cambiar de idea. Afirmé con toda seguridad que quería hacerlo. Y nos fuimos. Estuvimos durante horas flanqueando las calles solitarias a una velocidad normal. Esa tarde cayó una llovizna y Raimundo pensó que sería mejor no llamar la atención.
-Nos falta poco para llegar, Kim. Te agradarán los miembros de la banda.
-¿Cómo son?
-Son realmente simpáticos cuando llegas a conocerlos, no te lastimarán si saben que estás conmigo; ellos me respetan, por algo soy su líder ¡digo, ¿no?!
Donde Raimundo y sus compañeros se hospedaban era una casa alquilada a un conocido de uno de ellos, lo suficientemente grande para que varias personas vivieran en ella. Era vieja y de campo, las dentadas del tejado perfilaban un cielo nublado. El suelo y las paredes eran tapizados de paredes y las cortinas llena de retazos. Una casa rodante. Creí que no vería una frente a frente. Según Raimundo, nadie sospechaba de ellos aunque sus hermanos y esposas hicieran mucho ruido en las noches y pusieran la casa de cabeza. Los vecinos jamás se dan cuenta. Su mensaje fue directo. Le sonreí sin remedio. Me invitó a pasar. Todo estaba muy silencioso. Pero Rai me dijo que ya sabían qué él había llegado. De la nada, la banda de los Pedrosa se asomó. Bajando del techo, corriendo por las escaleras, saliendo de las sombras. Me pegué a Rai, sobresaltada. No me he acostumbrado.
-¡Hermano, volviste! Todavía no te han hecho picadillo.
-¡Por supuesto!... –sonrió Rai saludando a un hombre. La mayoría de los integrantes de la banda Pedrosa eran hombres rudos y de pícara mirada (Raimundo se parece mucho a sus hermanos físicamente), nada más diferencié a una mujer entre ellos. Las demás mujeres no se apartaron de la cocina ni por saludar, deben de ser las esposas de los hermanos de Rai.
-¡¿Ves?! ¡Te lo dije! Iba a regresar, ahora paga cinco Wus, Omi.
-Oh mierda, creí que ya lo habías olvidado, Ping.
-Es un gusto verte de vuelta, ya nos estábamos preocupando. Veo que recogiste un primor en el camino, Rai, ¿quién es el bombón qué está a tu lado?
-¡Atrás! Ella es mi mujer, solamente mía, y se incorpora desde hoy a la banda, ¿entendido? –amenazó Raimundo, de pronto los ojos dulces y serenos que me enamoraron se tornaron feroces y fríos- ¡hice una pregunta, espero una respuesta! ¡¿o hay necesidad que la vuelva a repetir?! –disintieron con la cabeza. Rai se me dirigió a mí y volvió a ser el chico dulce de siempre- bien, Kimiko, mi amor, saluda a los demás.
Me presentó uno a uno a sus compañeros. Empezó por sus hermanos. ¡Qué curioso! Todos empiezan por la letra "R". Se parecían mucho unos a otros, no solo de físico (noté que ellos eran hermanos mayores de Raimundo, me sorprendió un poco, porque se supone que quien es el líder debe ser el más experimentado así que por lo tanto, Rai ganó ese puesto por sus méritos en el mundo del crimen), también de personalidad. Raimundo me diría más tarde, a solas, ese mismo día que sus hermanos son unos descarados, no había ocurrido una vez en que a un hermano se le "antojaba" la esposa de otro hermano (tuvo que interponerse para evitar conflictos internos en la banda), los conocía bien y sabía de lo que eran capaces, los hermanos Pedrosa se han caracterizado por ser mujeriegos y al igual que él, para estar con la certeza de que acatarían las órdenes debía de hablar con mano dura. Si aflojaba un poco, perdería el control fácilmente. Aún así son sus hermanos "y los quería" a su modo.
-No me malinterpretes, Kimiko, pero unos criminales piensan que el mejor castigo para sus hombres desobedientes es cayéndoles a coñazos literalmente –explicó-, a veces se exceden del margen de violencia y acaban asesinándolos adrede. Sencillo podría ir con uno de mis hombres y pedirle que mate a otro brutalmente a golpes, pero no quiero, me parece que hay otras alternativas menos rústicas (aunque en lo que cabe de lo personal, me basta con darles un puñetazo en la cara si la ofensa es demasiado idiota) y no me gusta matar a mis hombres ya que se supone que somos compañeros. Para mí existen los criminales justificados y los criminales mierda, de eso que únicamente les importa salvar sus culos a costa de asesinar a sus hombres y a sus víctimas, destripan, roban, secuestran, violan y les divierte todo eso; si me preguntas, yo me clasificaría en el primer grupo.
De igual manera, a la banda se han unido amigos personales de Raimundo: Clay, Omi, Jermaine, Shadow y Ping Pong (algunos usaban apodos, hasta él tenía uno, sin embargo, prefería que se le conociera por su nombre auténtico). Jermaine y Shadow eran amigos íntimos de Rai y decidieron unirse por compartir intereses comunes. Clay, a él lo conoció en otra banda y afirma que es el único hombre de su banda con el que se comprende mejor. Omi y Ping Pong son hermanitos, los descubrieron robándoles sus provisiones y, a cambio de no cortarles el cuello, se unieron al grupo. Raimundo admiraba su astucia y habilidad, eran muy intangibles y todavía sigue pensando que ha sido una buena idea aceptarlos. Ellos me dieron la bienvenida a la banda, tal como me dijo eran amables cuando los conocías. Raimundo los mandó a dispersarse y se quedó conmigo. Me llevó a su cuarto o eso creo. Había dos habitaciones separadas y uno al cuarto de baño. Montones de ropa sucia. La cama matrimonial con sábanas sucias. Era un cuarto obscuro y cortinas pesadas.
-Si quieres, puedo arreglar para que te quedes con Shadow o si lo prefieres... Te podrías quedar aquí conmigo… –sonrió apenas cuando ya me vio instalándome automáticamente al cuarto. Él se me sentó al lado. Nos miramos a los ojos, desvié la mirada y eché un vistazo al cuarto de Rai. Indudablemente pertenecía a un hombre soltero. Se disculpó si me parecía un poco abominable, no se preocupaba mucho por la limpieza y el orden.
-No está tan mal, Rai, solo necesita el toque femenino. ¿Y qué hacen aquí regularmente? –indagué curiosa.
-No mucho, las esposas de mis hermanos se encargan de la comida y lavar la ropa, la mayor parte del tiempo lo hacemos planificando los futuros golpes, nos limitamos a salir en busca de alimento y primeros auxilios por el momento, contamos el dinero reunido y entrenamos, solamente en técnicas de defensa personal pues que las pistolas son muy ruidosas, eres libre de hacer lo que quieras mientras no pongas en riesgo a la banda. Aunque por supuesto, la gran aventura transcurre cuando asaltas un banco –nos reímos.
-Sí, tienes razón; no lo tomes como un abuso, es simple curiosidad, pero ¿qué tipo de armas manejas?... –vaciló un poco y sacó de su escondite un arma de fuego. Me lo entrega en las manos con cuidado.
-¡Tienes una arma de fuego semiautomática calibre cuarenta y cinco! –exclamé emocionada al admirar la susodicha arma.
-¡Pues sí! Ya van 3 cosas en esta semana en que descubro que tenemos intereses comunes, parece que no somos tan diferentes como creí. Tengo otras más, pero esa es mi consentida.
-Hay muchas cosas de mí que no sabes, Rai. Tampoco es que sé mucho sobre armas, pero mi papá cuando era joven tenía un álbum lleno de estampillas sobre armas, cuando era niña, se lo quitaba y lo leía en secreto. Al descubrirme, me lo escondió, además de soltarme un severo sermón –me reí, él se rió conmigo- y aunque lo he estado buscando, todavía no sé que hizo con él. También escondía dentro de su caja fuerte un revólver en su oficina, lejos de mis manos curiosas, su Colt Anaconda de calibre cuarenta y cuatro. Esta arma es bonita, creí que después de ese incidente no volvería a tocar un arma de fuego, siempre me llaman la atención estas cositas.
-A mí también me encantan las armas de fuego, siempre he querido una Colt Anaconda.
-Ya... ¡enséñame! –le dije, devolviéndosela.
-¿Qué?
-Quiero que me enseñes a disparar y también a defenderme, luego de lo de Jack, me siento un tanto patética.
-Pero Kimiko, ¿para qué lo necesitarías?
-Por favor, Rai, enséñame, en serio me gustaría aprender. Prometo que acataré tus órdenes, aparte, ¿no dijiste que podría hacer lo que quisiera sin poner en peligro a la banda? Hazme ese favor –le sonreí y le parpadeé coquetamente, esperando seducirlo. Rai dudaba. Me subí a sus piernas y comencé a jugar con su cabello, le supliqué al oído, rodeé mis brazos torno a su cuello y acaricié sus hombres, deleitándome de lo fuertes y anchos que eran. Por favor, mi amor, seré una chica buena. Rai no siguió soportando mis mimos y aceptó:
-No sigas, está bien. Te enseñaré todo lo que sé, te advierto que como mentor soy exigente, tal vez tenga una pizca de compasión contigo porque no tienes experiencia de ningún tipo y por nuestra relación sentimental, pero no por eso bajaré mi nivel. Me gusta la eficiencia.
-Qué modesto.
-No bromees, mi arrogancia se queda corta en comparación con la de Omi. Espera cuando lo oigas en el almuerzo, se cree que tiene el mejor tiroteo en el Oeste, ese carajito tiene de ego lo que le falta de tamaño, Kimi.
-Cuando dices mi nombre, suena tan especial… –le susurré con voz sensual. Raimundo me sonrió y no me permitió por ningún motivo bajarme, me rodeó la cintura con su brazo y me besó en los labios apasionadamente. Quise que los minutos se congelaran y nos quedáramos así juntitos. Pero nuestro momento de romance duró escasos minutos. Se fue. Yo me quedé en nuestro cuarto. Me aclaró que a partir de ahora, todo lo suyo era mío también. Mi cabeza seguía en las nubes, aún paralela a la realidad.
Creo que su habilidad para besar me tiene sorprendida. Organicé un poco el cuarto (como dije, le falta el toque femenino). Aprendí a cocinar con las mujeres y a lavar la ropa sin que se encogiera. En mi vida de antes, tenía sirvientes que me lo hacían todo y no tenía nada de qué preocuparme. Mis primeros platos salieron quemados y tenían un sabor horrible, si bien Raimundo decía que me quedaron bien, pero solo lo decía por amabilidad. Lavar la ropa, yo trataba de imitar lo que hacían las demás. Siempre se me encogían luego de lavar y secar, en comparación como cocinera, hacía menos desastres (en las primeras semanas fue peor, créenme, no sabía ni qué hacer con el detergente por ejemplo). Sin embargo, nunca desistí, estaba decidida a aprender y no retrocedería, me equivocaría miles de veces hasta lograrlo.
Estoy segura que puedo. Rai tenía su fe puesta en mí, sabía el "sacrificio" que había tomado (dejar una vida de lujos por una más humilde) y me comprendía. Me apoyó siempre. Pero lo más irónico es que aunque habiéndolo hecho mal, me divertía haciéndolo. Mantenía mis manos ocupadas, concentrada en ganar una nueva habilidad y estar en más contacto con la banda. Los hombres se mostraron más abiertos conmigo que las mujeres. Me la llevaba muy bien con Ping Pong y Omi, me contaron que eran niños huérfanos y siempre les había faltado una paterna y materna, Raimundo era lo más parecido que tenía en paterno, pero desde que yo había aparecido, me convertí en su figura materna, tal vez lo dicen porque les cuento algunos de mis cuentos y a veces me preocupo por ellos ya que son los menores del grupo, estipulo que corresponden a las edades de 16 y 13 años. Clay, nos llevamos bien, aunque a veces me fastidiaban sus frases metafóricas melancólicas (tenía un acento texano inconfundible, Clay se alegró que se lo notara porque de la banda fui la única en hacerlo).
Jermaine, no tengo oportunidad de hablar mucho con él. Los hermanos de Rai eran amables y coqueteaban conmigo en broma, siempre preguntándome por mi relación con su hermano.
Eran simpáticos, pero me parece que Rai es el más apuesto y dulce de todos ellos. De las mujeres, solamente me la llevaba bien con Shadow, alegó que en los primeros días creía que no aguantaría un minuto aquí, me imaginó más "sifrina", pero a juzgar por los visto en estas semanas, tenía más cualidades de una de ellos y a su vez, manifestó su alegría de la unión de una integrante femenina. Una vez que regresé de lavar la ropa, cansada, encontré a Raimundo en el cuarto fumando. No me parecía raro, ya había visto a Omi, Shadow y los hermanos de Rai fumando. De hecho, quería "probar el cigarrillo". Raimundo no quiso que yo tocara su caja.
-¿No era qué lo mío era lo tuyo? –reproché.
-Sí, pero el cigarrillo es malo para la salud.
-Igual que robar, ¿entonces por qué lo haces si sabes qué es malo para la salud?
-Porque soy masoquista –solté un bramido, él me miró con compasión. Tiró el cigarrillo y pisoteó la colilla con el piso- no me mires así, cariño mío, te estoy protegiendo. Créeme que he intentado muchas veces dejarlo, pero ayuda a liberar el estrés desde mi punto de vista. Entiende que yo ya estoy maldito, tú no lo estás por eso no fumo delante de ti. Respeto tu espacio.
-He visto a varios de tus hombres fumar delante de mí como a Omi, eso me convierte una fumadora pasiva, que es peor para quien fuma el cigarro directamente.
-No voy a ir detrás de mis hombres diciéndoles que hacer y qué no, están en libre derecho de hacer lo que quiera mientras...
-No atente con la seguridad de la banda.
-Exacto. He visto a Omi fumar también, a Ping Pong no, a Rubén y Ricardo sí, a todas las esposas, Shadow igual, yo; desconozco si se drogan, yo no lo hago en mi caso particular, a Clay lo he visto borracho algunas veces (es un poco nostálgico el pobre hombre).
-¿Por qué?
-Mis hermanos ya estaban en el mundo delictivo antes que yo me metiera, pertenecían a un grupo antes que el mío y ahí fue que lo conocieron. Era como una especie de hermandad en donde estábamos involucrados todos, el líder era Salvador Cumo, en aquel tiempo Clay se metía drogas (me ha dicho que no lo ha vuelto hacer, pero quién sabe), siempre ha sido un muchacho muy depresivo. Creo que tenía problemas en casa con sus padres, sobre todo con papá Bailey, tenía fama de estricto y para enseñarle a su hijo a aprender, la violencia era su recurso favorito; en su intento de pertenecer a un grupo, le ofrecieron el de Salvador y fue así como terminó. Clay nunca quiso ser homicida, ladrón ni secuestrador aparentemente, él quería ser aceptado nada más. Nunca estuvo de acuerdo con las políticas de Salvador, ¡qué hijo de huevona, Kimiko! Salvador junto a PandaBubba son los criminales más putos entre los putos, Salvador tenía una rutina: Secuestrábamos a una mujer joven y bonita, entre 17 y 22 años más o menos, la dejábamos en ropas íntimas, la amarrábamos a un tubo, vendada en los ojos y amordazada. Y él la violaba innumerables veces, solo él, (no trato de decir que la debimos violar todos porque ya de por sí que a una mujer la viole un hombre es enfermo, si no critico que nosotros hacíamos el trabajo sucio y él disfrutaba), si la policía estaba a la vista. Salvador huía con la mujer y nosotros nos quedábamos a caernos a coñazos con los policías; si uno llegaba a disparar a Salvador, nos teníamos que lanzar sobre él para que las balas no le hicieran daño. A nosotros, los huevones, sí. Las ganancias de lo robado, eran de él exclusivamente así como la comida y los primeros auxilios. Sin embargo, su crimen era secuestrar mujeres y violarlas, retenerlas durante días, si ya no se extasiaba sexualmente, la mataba y nosotros enterrábamos el cadáver. Y no podría decirse que solo mataba mujeres.
-Pensé que los grupos criminales podría ser solidarios unos con otros.
-No, Kimi, al contrario, competimos unos con otros por saber quién producía más dolor de cabeza para la policía. Clay sentía mera lástima por el destino de las mujeres y liberó a una de ellas, Salvador se enteró y me ordenó que le enseñara una lección. Te imaginarás, llevé a Clay a un campo de trigo, afuera de la ciudad y lo golpeé hasta dejarlo en el suelo, cuando no podía estar más acabado, Salvador me arrojó un bate de béisbol y me ordenó acabar con lo que empecé, o sea, que lo asesinara a golpes porque según él, si Clay no quería formar parte de la banda, la muerte pagaba su boleto de salida. Clay me pidió clemencia, pero yo ya sabía lo que haría, esto había cruzado el límite. Actualmente esa mierdita está preso, en donde se merece, me alegré cuando me enteré que había sucedido. Hoy en día, sigo atónito, me pregunto de dónde saqué la fuerza ese día para no matar a Cumo; tenía un arma en mis manos y estuve a un golpe de asesinarlo de la ira, pero no quise, no quería ser un asesino por su culpa. Nunca quise ser asesino, en las noches a menudo veo las caras de las personas que asesiné: Yo te maté a ti, a ti y a ti también; despierto y las veo todavía, pego un grito y luego se desvanecen en las tinieblas de la noche, no me gusta asesinar, por lo general, es mi última opción, cuando no tengo más escapatoria y estoy acorralado –explicó con un deje de tristeza-. Cuando formé mi propia banda, le dije a Clay que no estaba obligado a quedarse, podría irse si quería: No lo hizo, no tenía a dónde ir, así que se quedó.
Quería preguntarle a qué se refería conque nunca quiso ser asesino, eso quiere decir que la vida lo obligó a ser un ladrón. No quise preguntar, me pareció impertinente e insensible de mi parte. Tal vez en otra oportunidad me lo diría. Rai se encerró en un ovillo y se acurrucó junto a mí como un niño chiquito, apoyando su cabeza en mi pecho mientras lo acariciaba. No seguí insistiendo con el tema del cigarrillo. Buscaría por otro lado, le pedí a Shadow que me diera uno. Se rió de mí cuando casi me atraganté con el primero que fumé. Rai tenía razón, alivia el estrés enormemente. Cerca de esos días, escuché el comentario de algunos miembros de la banda sobre mí de las esposas y hermanos de Rai. Para ellos, yo era nada más un objeto sexual para el líder. Algo que ya era hora que sucediera. Rai me trajo aquí para calmar "su apetito sexual" como todo hombre. Una chica de cara bonita y cabeza llena de papel higiénico. Eso me ofendió. En primer punto, no ha ocurrido nada entre Raimundo y yo (aunque tampoco sería malo si ocurriera, me gustaría que sucediera, amo mucho a Rai, estoy convencida que es el hombre de mi vida; pero por una rara razón, cada vez que trato, él se aparta como si estuviera haciéndose el loco o sin tener menor idea de lo que intento y eso es muy frustrante para mí porque siento que me rechaza), Rai no me ve como un objeto sexual, nos enamoramos el uno del otro de verdad. Y en segundo punto, ¡no soy tan vacía! Y les iba a demostrar todo lo contrario. Rai se burlaba inocentemente de mí mientras me enseñaba a defenderme, creo que me he caído del culo de varias veces que me ha derribado. Nunca he podido tocarlo. Fuera de eso, Rai me dijo que algún día lo lograría.
-A menudo cuando intentas afanadamente una cosa, nunca sucede. Cuando menos piensas, sucede.
Disparar era diferente. Tenía una puntería fina. Logré disparar a las latas mediante un ejercicio mental de Rai cuando fallé en mis primeros tiros: Imagina que todos son Jack. Me gustaba que Rai me enseñara a disparar, lo tenía demasiado cerca de mí entonces, tomaba mis brazos y piernas para adoptar la misma posición. Raimundo me hizo una demostración muy buena en el primer día.
-¡Eso es bueno!
-No es bueno, ¡soy asombroso!
-Y modesto –recordé el comentario que me hizo sobre Omi. Tiene razón, Omi tiene un ego muy grande. Raimundo me dijo a los pocos días que ya estaba lista para disparar a una flota naval con mi puntería. En medio del entrenamiento, le comenté lo que oí de sus hermanos pensaban de mí.
-Nah, ignóralos. Se ponen de cómicas con esas vainas, los dejo estar con sus mujeres y no les digo nada, ¿es que no tengo derechos a estar con mi chica y hacer los ruidos que quiera en la noche? Si llego a oírlos, los castraré yo mismo, así no diré que me enteré por ti si no que lo oí de mis propios oídos.
-Tú no harías eso, Rai.
-Claro que sí, te dije que no sería capaz de matarlos. Castrarlos es diferente.
Sin embargo, yo no estaba tranquila. Iba a demostrarles que se equivocaban. Cuando Rai y los otros se sentaban en la sala a planear los próximos robos. Me incorporé a ellos. Por lo que estaba escuchando, parecían que querían asaltar el Banco Hannabi. Recuerdo que papá abrió una cuenta corriente hace años. Ese banco tiene un sistema de seguridad impenetrable por la cantidad de guardias y cámaras vigilando, he ido ciento de veces a ese banco así que conozco dónde está cada cosa. Les dije que la manera en que lo planeaban el atentado era incorrecta, si hacían eso, tendríamos que huir de la policía. La mejor manera sería un golpe interno, aparentar que entraríamos al banco como una persona cualquiera y de allí extraer dinero de la caja. Otros se ocuparían de los guardias, ubicados en las puertas. Las cámaras sería mejor dispararles y destruirlas. Les señalé una posible ruta de escape. Rai estaba muy maravillado que quisiera formar parte de estas cosas como él y mi habilidad para la parte de logística. A pesar que algunos consideraron que sería peligroso, Rai insistió que iría con ellos. Sería mi primer asalto. Le sonreí, dándoles las gracias. Cada cual encañó un arma.
Rai, por ser mi primera vez, me ofreció su arma favorita. Nos fuimos en automóvil (robado por cierto). Eso me llevó a preguntarle si aquella preciosa moto en que paseamos también era robada. Él me sonrió con picardía, su rostro lo decía todo. Le devolví la mirada y nos tomamos de la mano mientras Clay conducía por la autopista. Una vez llegamos, Raimundo se bajó de un salto, se paró a pie de la entrada del banco. Jermaine salió después y sacó una cámara. No lo comprendía, pero Rai estaba posando para la cámara y tomándose fotos delante del banco en que iba a robar...
-¿Qué está haciendo?
-Se está tomando fotos –me explicó Ping Pong.
-Ya lo sé, ¿pero por qué?
-Una tradición, antes de cometer un robo, nuestro líder quiere tomarse unas fotografías para "inmortalizar el momento". Tampoco lo tenemos muy claro, señorita –dijo Clay.
Raimundo me invitó a tomarme fotos con él. No pude decirle que no. Parecía divertido, los dos haciendo poses con las armas de fuego en la mano. Terminó la sesión de fotografías. Llegó la hora del asalto. Entramos. Yo esperé con Raimundo en una silla, como esperando nuestro turno. Los otros se esparcieron, a sus respectivos lugares. Rai me invitó que fuera yo quien fuera con la cajera, haciéndole los honores y él me cubría. Me levanté y fui. Pasé un sobre blanco a su caja. Lo abrió y leyó el mensaje, anunciando que esto era un asalto. La mujer entró en pánico cuando me vio armada. Inmediatamente comenzó a llenar el maletín de dinero. Los tiroteos se escucharon. Los otros habían dejado inconsciente a los guardias. Rai inmovilizó a las personas, amenazándolas a punta de pistola. Le ordenamos llevarnos a la bóveda, donde vaciaríamos el contenido de la misma. Lo que no prevenimos fue cuando alguien presionó un botón de alarma que alertaría a la policía de un asalto a su banco. Omi había disparado a las cámaras. Ya no tienen evidencia para saber qué lo hicimos nosotros. Me reí cuando Rai vació uno y solo cayó una moneda.
-Oh genial, este banco está en quiebra y tú te estás riendo –gruñó-. Mejor movámonos pues que la policía llegará en minutos y hemos vaciado todo lo que tenía este banco –reaccionó ante la alarma. La policía fue más rápida de lo que habíamos pensando. Raimundo ordenó a sus hombres huir cómo lo teníamos planeado, ya el robo está hecho. Por ser la más rápida, iba de primera cuando uno de los policías se cruzó entre la libertad y el encierro. Solo tenía que disparar, pero cuando encañoné el arma y la apunté hacia él. No pude hacerlo. No tenía valor para arrancar una vida. Él sí, o al menos herirme para que no pudiera escapar. Rai advirtió sus movimientos y lo mató de un disparo certero en el lóbulo occipital. Casi nos atrapan. Desperdicié mucho tiempo pensando en asesinarlo o no, afortunadamente Rai nos guía hacia la salida y huimos en el automóvil donde Clay nos esperaba. No hubo ni heridos ni muertos. ¡Maldición! Casi lo echo a perder, atentando contra la banda. Nadie dice nada. No obstante, sé lo que piensan. Me pregunto qué estará pasando por la cabeza de Raimundo en este preciso instante, él es lo único que me interesaba ahora. ¿Estará enojado conmigo? ¿nuestra relación será igual? Pero es que no sé qué me pasó. El tipo iba a asesinarme y yo en mis manos tenía el arma para evitarlo. No pude. Quizá porque no soy capaz de verme a mí misma como asesina. No soy asesina y esa idea me aterra. Bajamos del automóvil. Rai no me dirigió la palabra ni quise hacerlo en lo que restó de la tarde, esperaría que estuviera menos irritado de lo que está ahora. Y eso sería en la noche cuando fuéramos a dormir. Omi y Ping Pong no parecían molestos conmigo. Se quedaron para consolarme después de eso.
-Nos hemos librado de situaciones peores, Kimiko –alegaron al unísono. Eso me hizo sentir menos culpable. He notado que Rai tiene problemas para lidiar con su rabia.
-Raimundo tiene muy buen temperamento, cuando se encoleriza lo hace enormemente. Si él estuviera enojado, ya lo hubiéramos notado, no teme en gritarlo a los cuatro vientos –dijo Clay.
-Es de las personas que no reprimen sus emociones –continúa Omi- además, él nos prohibió que tomemos una vida aunque fuera por una situación extrema como fue tu causa que casi te volaban la cabeza en miles de pedazos, ¡hubiera sido increíble ver cómo las partes de tu cerebro se pegan al techo!...
-Gracias Omi –mascullé entre dientes.
-¡Un placer!
-El punto es que Raimundo debe tener un motivo para querer asesinar: Comúnmente son los policías, no he conocido a nadie a estas alturas que odie a los policías con tanta pasión como nuestro líder –agregó Jermaine- de civiles, que yo sepa uno conmigo que lo delató, de criminales, cuatro y a los traidores a su banda, por supuesto.
-¿Él asesina a quién lo traicione aunque sea de su banda? –eso me contrarió un poco, por lo que me dijo Rai una vez. Eso era lo opuesto a lo que entendí.
-Claro, el líder odia a los traidores –sonrió Jermaine-. No tienes nada de qué preocuparte, tú eres la novia de Raimundo a fin de cuentas, él te ama, te tiene un grado de aprecio elevado al nuestro. Aunque –se rascó la garganta- cuando te trajo aquí me sorprendió literalmente, nunca había traído chicas a la banda y una vez llegué a pensar que cruzó el otro lado de la acera cuando me dio entender que las relaciones sexuales le daban asco...
-¿Ah sí?
-¡Jermaine, ya has abierto demasiado la boca por un día! No olvides que el pez de la boca muere –Jermaine se echó a reír. Clay se lo llevó aparte.
-Lo que necesita es descansar, señorita, ha sido un día ajetreado –me recomendó Ping Pong.
Por primera vez sentí miedo. Dudé. ¿Y si ocurría el caso en que nos desamorábamos? ¿si lo traicionaba, Raimundo sería capaz de asesinarme? ¿qué pasaría entonces? No, no puede ser. Amo a Rai. Jamás sería capaz de traicionarlo. Para decidir dejar una vida atrás para iniciar una nueva, debía de estar muy enamorada. No soportaría que Rai no me dirigiera la palabra. Acaeció la noche. Rai me vio. Parecía ser el de siempre. Me miraba con ternura y curvaba en sus labios una sonrisa dulce.
-No estás enojado.
-¿Enojado? ¿por qué debería estar enojado?
-Por lo que pasó el día de hoy.
-¡Ah por eso! No lo estoy, me alegra que no apretaras el gatillo, te has ahorrado un trauma. Además, yo también la cagué en mi primera misión –fruncí el entrecejo y golpeé el hombro de Rai-. ¡Oye! –puso una mueca y volvió a recuperar su sonrisa- lo que importa es que nada malo ocurrió, pero ¿por qué siento que eso no es todo? –inquirió. Le conté lo que Jermaine me había dicho, Raimundo rompió en una risotada- ¡¿de veras le crees?! Por los clavos de Jesucristo, ya te dije que no me gusta asesinar a mis hombres, aunque me traicionen y me muera por pegarle un tiro, para eso prefiero expulsarlos. Nuestro amor es más fuerte que nosotros mismos, Kimiko Tohomiko, eso no va a pasar nunca, te lo prometo –Rai sujetó mi rostro entre sus manos, acariciándome-. Hablando por mí, yo te amo, aún si me traicionas, no sería capaz de asesinarte o lastimarte. Contando a los muertos por mi culpa, todos son hombres. He conocido a mujeres verdaderamente estúpidas, hasta yo he tenido ganas de abofetearlas, pero para eso les disparo y se acabó el problema –se rió Rai, notó que todavía seguía intranquila y aquello no me ayudó mucho. Fue cuando añadió con voz suave-. Kimi eres libre de irte si quieres hacerlo, te advierto que dejarás a un corazón roto si lo haces porque mi corazón es tuyo y de nadie más, no entiendo cómo podría estar enfadado contigo y si algún día pasara, no sería para siempre, total... A cada pareja le toca su discusión, no me creo capaz de sobrevivir sin ti, princesa.
-Oh Rai –su dulzura, su galantería, ¿cómo podría ser un criminal si no tiene nada de eso?-. Te creo, perdóname si desconfié de ti, pero en que si le doy la razón a Jermaine es sobre lo que dijo de... –Rai ladeó la cabeza. Yo luché contra el rubor y la timidez, sentí que se me formaba un nudo en el estómago, tenía los ojos húmedos y deseé no haber mencionado el tema, pero era tarde- siento que me rechazas.
-No es personal ni es tú culpa, Kimi, es un problema mío. No considero que esté listo para eso, no es que no quiera. Está vinculado con el día en que decidí convertirme en criminal. Cuando era un niño, mi sueño era ser actor, quería ganar dinero y captar la atención de las chicas...
-Qué coincidencia, yo también de pequeña soñé con ser actriz.
-Sí, sin embargo, la suerte no estaba de mi lado. No te conté mentiras cuando dije que crecí en el seno de una familia pobre, me desempeñé de circo como payaso, para mí era como el inicio de mi carrera de actor –aclaró-. Mis padres reunieron un dinero y me lo dieron para que fuera a la capital a estudiar artes escénicas, como yo quería. Y lo hice, ingresé, me fue fenomenal los primeros meses porque era lo que me gustaba; sin embargo, no transcurrió menos de dos años para que me arrestaran injustamente. De la universidad a la habitación donde me estaba quedando como mi empleo de lavacoches, me quedaban demasiado lejos una de la otra, necesitaba un auto y un compañero mío, de cuarto, me vendió un automóvil, hicimos las transacciones en el margen de la ley y todo quedó bien. Lo que no sabía es que ese auto era robado y contenía una cantidad de drogas, me atraparon y me condenaron por los crimines de mi compañero. Tubbimura, así se llamaba. Me sentenciaron por posesión de drogas y el auto robado alrededor de diez años, eso creo. Viví en la prisión la peor de mis pesadillas cuando llegué, para sobrevivir, debías tener muchísimo dinero, ser diestro en el combate y afiliarte a un grupo, ya te imaginarás. Uno de los grupos, los que controlaban la prisión, el líder se interesó en mí, me acorralaron cuando salía al patio y me violaron esos hombres en incontables ocasiones. Sufrí demasiado, tenía 18 años, era un carajo asustado, que desconocía de las realidades de la capital hasta que me rebelé y los asesiné a los tres en defensa propia.
-Oh Rai, cómo lo siento.
-No te disculpes, la policía vio a los tres hombres muertos, mis manos manchadas de sangre y el arma homicida, me prolongaron la condena a cadena perpetua y sentí rabia, no solo contra el juez que me sentenció y los policías que me maltrataron durante meses, sino de todos los policías: La ley no me defendió, sabía que era inocente y me dejaron pudrirme en la cárcel. Me trasladaron de celda por ser un prisionero altamente peligroso y conocí a Fung o Maestro Fung, por su experiencia le califiqué así. Qué no te engañe su frágil apariencia, era el mejor falsificador y estafador del mundo, probablemente moriría antes de salir y él quería cumplir un último deseo, así que planificó un escape y yo le ayudé, me necesitaba yo era más joven y fuerte y podía hacer más que él, aunque el viejito tampoco estaba tan mal. A la larga, él murió y solo yo pude escapar de las miradas de los policías, ahora la pregunta: ¿qué haría? Entonces tuve una epifanía, aquello dio pie a que iniciara una venganza contra el sistema que me mantuvo encarcelado.
-Entiendo ahora por qué odias a la policía y no lo piensas dos veces cuando se te presenta la oportunidad de matar a uno de ellos, la razón por la cual tus crimines continuaron. Quieres ser una úlcera para la policía, ¡las fotos! Una burla hacia la policía y tu sueño frustrado de ser actor. El objetivo vital de tus crímenes era obtener fama y fortuna de los bancos y de la policía. Un criminal en busca de fama, llamar la atención de la prensa y demás medios de comunicación. No suena tan descabellado, me parece... curioso...
-Nunca creí que conocería a una mujer que me entendiera tan perfectamente como tú, Kim. Los mismos sueños frustrados, las mismas inquietudes, los mismos gustos, prácticamente somos almas gemelas. Me he preguntado en un par de ocasiones si será posible que en una vida anterior, tú y yo fuéramos una sola alma.
-Si éramos una sola alma, seguro que volveremos a encontrarnos. No importa cuántas veces tengamos que reencarnar. No importa en la época en que estemos. Seguro volveremos a encontrarnos para amarnos sin complejos –Raimundo me sonrió y se arrimó hacia mí:
-Kimiko Tohomiko, si tú querías un servicio de comida gratis, solo tendrías que ir hasta el MacDonalds o cualquier otro servicio y quedarte ahí para el resto de tu vida. Pero tú vales más que eso –me sujetó de la barbilla, obligándome a mirarlo a sus ojos inevitablemente, y siento como me pierdo en ellos- ¡vales mucho más que eso! Lo sabes y por eso estás aquí conmigo. Eres una mujer rica, podrías haber encontrado un amante en cualquier callejón de esta maldita ciudad, ¡pero no! ¿y por qué? Porque eres diferentes, por eso. Eres como yo. Quieres cosas diferentes, tú y yo podemos viajar por todo el mundo, podemos cortar el camino limpio a través de esta ciudad y cualquier otra, ¡y todo el mundo lo sabría! Óyeme, señorita Kimiko Tohomiko, óyeme: Yo te amo, quiero que nos poseamos en cuerpo y alma, que el fuego que arde entre nosotros nos consuma en la obscuridad, anhelo conocer tus secretos y te entregues a mí.
-También te amo, Rai... –confesé con un tono de voz ininteligible. Rai me besó en la frente, los párpados, los pómulos y luego en la nariz, casi todo el rostro me colmó de besos. Solo yo apreté los labios contra los de él con suma confianza. Oh sí, me gusta más cuando me besa cariñosamente. No pude parar de reírme cuando presionó sus labios en mi cuello con urgencia, haciéndome cosquillas. Me sujetó una parte de mi cadera, amoldándola contra su cuerpo, haciendo que me arqueara involuntariamente aún más cerca de él. Nuestros cuerpos presionados entre sí, no podían más, pero no nos parecía suficiente. Gemí. Rai se extendió a lo largo de mis hombros, llegando hasta la clavícula. Me vuelves loco, susurró en voz baja entre dientes, perdóname Kimi, pero esto debí haberlo hecho hace tiempo, relájate. Respiré temblorosamente tanto por sus acciones y palabras, sorprendida por la rapidez e intensidad a la que iban. Volcó su boca contra la mía, tapando otro gemido. Eché mis brazos alrededor de su cuello y le devolví el beso con igual intensidad. Continuaron los besos, Rai se detuvo un momento y sacó mi camisa sobre mi cabeza. Me eché para atrás, sonrojada ligeramente. No pude evitar sonrojarme mientras él me estudiaba con detenimiento. Eres hermosa, soltó a decir. Deslizó sus brazos debajo de mi espalda mientras sentía sus dedos acariciar mi piel desnuda y trazando círculos, besando y chupando en torno a mi pecho y más abajo, hacia el vientre plano. Sacudiéndonos en un segundo clímax. No sentía mariposas en el interior de mi estómago, si no eran ranas saltando. En respuesta a sus caricias, me arqueaba contra él. Él sonrió con satisfacción, enterrando su cabeza en mi pecho y, finalmente, desabrochó el sujetador. Clavé mis uñas en sus hombros. Mis manos se dirigieron de pronto a las orillas de su camisa, él levantó los brazos mientras la tiraba por encima de su cabeza. Los dos nos sonreímos el uno al otro. Él también estaba ruborizado. Me rodeó con sus fuertes brazos. Abrazándome, me besó en la sien y susurró a mí oído en voz baja: Quiero terminar. Asentí con la cabeza antes de tirarme suavemente contra nuestra cama...
"Mi cuerpo ya no es mío. Se lo he entregado a quien más amaba en esta vida. Al día siguiente, cuando abrí los ojos, vi colores indescriptibles que nunca antes había visto, todo brillaba. Tuve lagunas mentales, no recordé que había pasado al día anterior y cuando me doy la vuelta, noté que desperté junto a mi amor, pasé toda la noche abrazada al calor de su cuerpo. Todavía seguía dormido, Jesucristo, es tan hermoso, duerme como un rey. Bueno, él se llama Rai. Los robos de la banda continuaron, me circunscribo esencialmente a la parte logística y planifico junto a mi Rai los próximos robos, constantemente voy con él y su banda. Creo que he asaltado no menos de quince entidades comerciales y bancarias con mi amado. No he disparado a nadie todavía ni espero nunca hacerlo, pero encaño un arma porque Rai me lo pidió, asegura que estará más tranquilo si la llevo aunque no la use y me he tomado infinidades de fotos juntos, siguiendo la tradición, solamente ha aparecido una nueva figura junto a él: Yo. En los grandes tiroteos que Rai predice, no quiere llevarme por temor a que me disparen, lo hace por protegerme ¿no es tierno? Siempre ha regresado, gracias a Dios, las heridas que ha sufrido... Unas peores que otras, pero sigue conmigo. Por cierto, en uno de ellos, Rai me consiguió esta libreta para sustituir la que Jack arrojó a la fuente."
Agosto, 08-13.
-¿Algún día me vas a enseñar lo que escribes ahí?... –preguntó Rai. Él estaba contando el dinero del último robo obtenido. Me miró de reojo. Dice que no le importa robar dinero, si no quiere ser una jaqueca para Chase Young y su séquito de policías. Pero sus ojos brillan cuando toca el dinero. No tiene miedo de compartirlo conmigo, sabe que he tocado eso y más.
-Tal vez –le sonreí-. ¿Qué tal salió?
-Tenemos más de miles de Wus de botín. ¿Ves eso? Nunca había visto tanto dinero, algún día, Kimi, viviremos como dioses, tendremos tanto dinero que será un problema ocultarlo. El 50% lo distribuiré con los demás miembros de la banda y el 20% entre tú y yo.
-No me importa vivir como diosa ni estar rodeada de cantidades de dinero, solo quiero estar contigo que eres el dios de mi idolatría –él me sonrió- te queda un 30%.
-Ah sí, el resto lo donaré a los pobres que no tienen nada y lo necesitan. Es para una buena causa.
-¿Algo así como un Robin Hood moderno? Qué generoso, ven aquí, galán –Rai se deslizó a mi lado. Me acurruqué a él. Compartimos un beso. Terminamos juntos porque alguien tocó desesperadamente a la puerta. Maldita sea, justo en la mejor parte. ¿Quién podría ser a estas horas de la noche? Omi se adelantó.
-¿Aló?
-Es hola.
-¡Eso también! ¿Hola?
-¡POLICÍA DE COSMOSXIAOLIN! ¡ABRAN LA PUERTA! ¡HEMOS BLOQUEADO LAS SALIDAS, NO PUEDEN ESCAPAR! ¡SI NO SALEN INMEDIATAMENTE, VAMOS A DERRIBAR LA PUERTA!
-Maldición –masculló entre dientes Rai. Los demás miembros se asomaron por la ventana. Allá afuera estábamos siendo rodeados por patrullas de policía.
-¡Son cientos de ellos! Ay de nosotros, ¿qué haremos?
-¡Salir de aquí! Kimiko, reúne algo de tiempo. ¡Los demás síganme! –indicó Raimundo a sus hermanos y amigos. Me acerqué a la puerta sin abrirla y le grité:
-¡Un momento, oficiales, ya abriremos! Dennos unos minutos
-¡¿Por qué no puedo abrir enseguida, señorita?!
-¡GRITAR ES UN BUEN EJERCICIO! Además, estoy desnuda, al menos déjeme ponerme algo de ropa encima –le dije. Me volteé, Raimundo y los demás volvieron armados hasta en los dientes. Con un ademán me indicó que les abriera y corriera rápidamente con él. Abrí la puerta. Se produjo un fuego cruzado terrible. Los primeros en disparar, fuimos nosotros. Si bien la policía no dudo en devolvernos el mismo favor. Asesinaron a uno de los hermanos de Rai y dejaron tuerta a una de las esposas al dispararle en el ojo. Otro de los hermanos fue alcanzado por una bala en un lado de la cabeza. Hirieron a Clay. Raimundo respondió con rapidez y consiguió matar certeramente a dos policías. Hizo un ademán y huimos por detrás (probablemente habrían policías, pero debíamos escoger una de dos salidas).
Omi disparó en la mano a uno de ellos antes que disparara en contra de nosotros. Entre él, Raimundo y el otro hermano de Clay mataron a dos policías que escoltaban a una patrulla. Montamos en los automóviles robados y en la patrulla capturada, Raimundo era un diestro al volante y encabezó la pronta huida del acoso oficial. Rai estaba muy aliviado de que no fui herida en el tiroteo. La policía nos persiguió. Pero Rai los perdió de vista en una bifurcación. Uf, qué susto, menos mal que ya pasó el peligro. Rai era capaz de conducir por caminos pedregosos y de noche, sin perder el control del volante. Aparcamos en un parque de atracciones abandonado para atender las heridas. Lo peor de todo, es que dejamos en esa casa alquilada la mayoría de nuestras pertenencias y eso incluía el botiquín de medicina. Mi amor decidió que una de las mujeres de sus hermanos iría al pueblo a comprar alimento y medicina, no sería reconocida porque nadie sabría cómo es. Rai estaba un tanto afligido, ya que uno de sus hermanos fue asesinado por la policía. Sentí que mi deber era estar con él.
-Lo siento mucho, Rai.
-No, es mi culpa, debimos irnos hace unas semanas. Los vecinos debieron denunciar porque le parecíamos un extraño grupo de inquilinos. Pero no estoy así por la muerte de Rubén, si no que entre las cosas que dejamos en la casa estaba incluida la cámara de fotografías que nos tomamos, en este preciso minuto, a Chase le debe estar llegando las fotos. Descubrirá que tú también estás parte de esto.
-No importa, él verá a una mujer enamorada en compañía de su amor –hundí mi cabeza en su hombro.
Los días siguientes íbamos atravesando este territorio. La viuda regresó con la comida y la medicina para los miembros malheridos, dijo que no podíamos darnos el lujo de esperar, el farmacéutico sospechaba demasiado cuando pagó con tanto dinero. Es posible que notifique a la policía. A pesar de tener dinero de sobra, no podíamos estar tranquilos ni dormir en hoteles. Estábamos desesperados y predominaba un mal ambiente. Rai discutió fuertemente con Clay y sus hermanos un día. Los robos siguieron. A cualquier auto que venía, si tenía alimentos era lo primero que saqueábamos y por supuesto, dinero. De esta manera, íbamos cruzando a campo abierto, bordeando caminos peligrosos, dormir y buscar comida sin ser descubiertos. Mientras hacíamos esto, uno de nosotros era asignado a vigilar. Lo he hecho cómo cinco ocasiones en que no he podido dormir para estar atenta a lo que puede suceder. La policía rápidamente nos encuentra pero afortunadamente escapábamos. Sé que murió un policía local cuando reconoció a Rai e iba a hacer la denuncia, no me acuerdo quién dio el tiro. La esposa no se equivocaba, dieron alerta en la ciudad de que posiblemente estuviésemos ahí. Y alguien había visto vendajes cubiertos de sangre en el parque de atracciones, eso fue lo que oí en la radio. La policía nos pisaba los talones. Por fin, llegamos a la ciudad vecina y alquilamos una segunda casa. Pero Rai y yo sabíamos que nuestra tranquilidad duraría poco y marcharíamos rápido. No cometeríamos el mismo error que en CosmosXiaolin. Teníamos que tener mucho cuidado.
-¡Raimundo! ¡Kimiko! ¡Están saliendo en la televisión! –exclamó Omi de repente. Rai soltó un bramido entre dientes cuando reconoció la cara de Chase Young en rueda de prensa.
-...Es lamentable la pérdida que enfrenta la policía por la pérdida de varios compañeros tan valientes a manos de la banda de los Pedrosa. Ahora, sabemos que no han salido del estado, y se ocultan en la ciudad vecina de CosmosXiaolin. Prometo que lo vamos a encontrar, esos criminales no estarán mucho tiempo sueltos. Sospecho que deben de tener cómplices de ninguna otra manera se moverían tan rápido, con esto, participo a todos los ciudadanos que quien ayude a esta banda de ladronzuelo será perseguido y sentenciado a pena de muerte. Mientras tanto, las imágenes que están saliendo a continuación son de unas fotografías que encontramos en una cámara en una de sus "madrigueras", las personas son identificadas como: Raimundo Pedrosa de 25 años y Kimiko Tohomiko también de 25 años, son sujetos altamente peligrosos y están armados, deben ser detenidos y enjuiciados por la ley. Estimo que el juicio será indudablemente la pena máxima. Esta pareja, a la que hemos apodado Raikim no debe ser romantizada ni gozar de simpatía, no olviden que han matado a muchos y pueden hacer lo mismo con usted si sabe dónde ellos se ocultan y lo están encubriendo. Aquí tienen unas declaraciones de Jack Spicer, novio de la ahora criminal Kimiko Tohomiko...
-Kimiko era una mujer muy rara...
-¡¿Qué va hablar ese huevón en medio de todo esto?! No joda… –Raimundo apagó de mala gana la televisión. Lo que yo me di cuenta es que omitieron a los demás miembros de la banda, únicamente estábamos Rai y yo. Nosotros únicamente. Nuestro pellejo era el que valía tanto dinero (prácticamente dio la orden de encontrarnos vivos o muertos, le faltaba por decir que otorgaría cien millones a quien nos entregara). ¿Y había dicho que teníamos fama en el público? ¿Qué éramos una pareja amada y odiada por la gente? ¿será que el sueño de Rai se había hecho realidad y nuestros nombres pasaron a convertirse en una leyenda?...
...CONTINUARÁ...
A/N: Okey señores, este el final del capítulo. Así fue señores, Bonnie y Clyde eran queridos por la gente. No mataban a nadie, solo cuando era indispensable que era siempre a policías. Lamento haberlos hecho esperar, pero es que entre los estudios no tengo mucho tiempo. Espero que el capítulo haya sido de su agrado. Déjenme decirles que me gustó. Quería dejarlo hasta aquí. Adoré las escenas Raikim y algo de acción aquí. Sobre la escena lime entre mis protagonistas. Lo sé, tienen derecho a arrestarme y a condenarme cadena perpetua, pero es que no sé por qué, pero en las adaptaciones de esta historia real resaltan mucho esa parte (no me pregunten por qué). Quería publicar esto ayer, pero no pude y la última parte me temo que no será mañana porque la tengo que escribir. Lie To Me actualizará la semana que viene porque esta es para este especial. Ah, qué lindo es el amor entre Raimundo y Kimiko, supuestamente Bonnie no asesinó a nadie y para no corromper la imagen de Kimiko, lo dejé así. Clyde si asesinó, en la película más famosa de Bonnie y Clyde, él sí quería ser asesino, pero para no corromper la imagen de Raimundo lo justifiqué al igual que en el documental de History Channel (¿no han notado que me gusta verlo como un criminal? Debe de ser por esa loca idea que él tuvo en la serie de pasar al bando oscuro que me gusta, me encanta Dark Rai pana). Los demás monjes y hermanos de Rai son los integrantes de su banda y han tenido alguito de intervención porque recuerden que esto es una historia de amor y un especial del 14 de febrero. Me gustó el final. En el capítulo que viene veremos cómo termina esto. No los sigo mareando. Espero sus reviews. ¡Nos leemos, mis corazones de melón!
