Ni la historia ni los personajes son míos x.x, los personajes son de la grandiosa Stephenie Meyer y la historia pertenece a Georyiska Vanessa Causadia, es una adaptación de su propia novela, en mi perfil les pondré su link en donde tiene la novela original, sin mas que decir léanla y me nos cuentan que les pareció.
Capitulo 1.
Odiaba los días que amanecía lloviendo. Dañaba mi cabello castaño ondulado. Se supone que debía ir al supermercado, pero con esa lluvia ni loca.
"¡Isabella!" gritaba la zorra de mi madre. "¡¿Dónde está la leche y los huevos para Charlie?!" volteé los ojos mientras miraba la lluvia caer. No pensaba ir debajo de la lluvia solo para complacer al drogadicto de Charlie.
Mi madre -para llamarla de una forma decente- nunca le importó nada acerca de mi. Todavía recuerdo cuando me llamó su más grande error. Ella había perdido la virginidad con un chico de último año. Ella solo tenia dieciséis. A veces me pregunto, ¿quién es mi padre? Bueno, ¿cómo saberlo? Si la prostituta días de acostarse con el chico de ultimo año se acostó con dos más. Y bueno les haré un pequeño resumen de mi vida. Aunque no hay mucho que contar hasta ese momento.
Me llamo Isabella, tengo dieciocho años, vivo en un trailer en Bakersfield, California. Vivo con la prostituta de Renee y mi padrastro Charlie. Graduada del instituto pero sin recursos para ir a la universidad. Atascada a ese maldito trailer hasta que mi belleza haga el milagro de liberarme de mi tortura. Oh sí, tenía algo a mi favor... Mi belleza.
Era una chica de ojos color ámbar, cabello castaño. Mi cuerpo con muchas curvas, cada una donde debe estar. En fin, no hay lugar donde no despierte un O en la boca de los hombres y una mirada de odio en las mujeres. Ese sería mi boleto de escape, mi belleza.
En la pequeña ventana del trailer soñaba con vivir en Beverly Hills. Casarme con un millonario, sin importar su edad, vivir llena de lujos y comodidades. Lejos de los golpes y las manos sucias de Charlie sobre mi cuerpo. Lejos de la mirada de odio de Renee, y sus insultos.
El problema con mi sueño era que estando rodeada de perdedores y en un mundo de pobreza, debía pasar un gran milagro para conocer a mi salvador.
¿Amor? ¿eso con qué se come? Yo no creo en eso. Crecí rodeada de insultos, golpes, drogas, prostitución, peleas y miseria. Estaba más que segura que eso que muchos llaman lo mejor del mundo, no existía.
Renee me sacó de mi dilema sobre el amor al tirarme un zapato en mi espalda.
"¡Vamos, maldita ramera!" suspiré muy fuerte para no responder, el día ya estaba lo suficiente oscuro. "Voy donde Ángela, necesito discutir sobre el espacio que esa perra nueva ocupa donde yo debo estar... me quita mis clientes..." decía más para ella que para mi. "Cuando vuelva espero ver todos los encargos en el refrigerador... si no... ya sabes lo que pasará cuando Charlie llegue." suspiré nuevamente. Sabía lo que pasaría cuando Charlie llegara. Me pegaría tan fuerte que los vecinos se darían cuenta. Suspiré otra vez, odiaba los días de lluvia... odiaba mi maldita vida.
Llegué toda mojada al supermercado. Ni siquiera tenía un paraguas para refugiarme de la tormenta. Sin mencionar que el auto de Renee tenía las ventanas dañadas y llovía dentro del carro, literalmente.
Compré casi todo lo de la lista. El dinero no alcanzaría para el detergente. Hice mi fila como todos y pagué por mis compras.
Al salir de la tienda sonreí. Seguía oscuro, pero había dejado de llover. Al menos no tendría que preocuparme por la lluvia dentro del auto. Cuando llegué a casa charlie estaba viendo la vieja TV. Reconocí que estaba molesto porque fruncía el ceño. No dije nada y simplemente me dirigí a la pequeña cocina a dejar las compras en la nevera.
Guardaba la leche y el jugo de manzana cuando una mano asquerosa acariciaba mi trasero. "Hermoso culo, Isabella... muestra un poco para papi." lo odiaba, de verdad lo odiaba. Me moví bruscamente sin decir nada. Charlie me tomó por la cintura pegando su sexo a mi trasero. Una sensación más allá de lo desagradable creció en mi.
"¡Quita tus sucias manos de encima, puto drogadicto!" dije casi en un susurro pero con un filo en mi voz.
"¡Qué bien, la zorrita quiere enojar a Charlie!" me dio vuelta presionando mi cuerpo a la pared. En sus ojos había lujuria, desafío, ira. Una bofetada fuerte en mi rostro me hizo caer. Allí en el suelo mi odio a él crecía.
"¿Qué harás? ¿Quieres más de ésto?" decia alzando su mano derecha. Confrontar a Charlie era un error. Tomé una bocanada de aire y conté hasta veinte. Recordando los moretones que había dejado en mi cuerpo unos meses atrás. ¿Cuándo llegaría mi salvador? Charlie fue hasta la TV y continuó viendo su partido de fútbol americano. Me levanté del suelo y fui a sentarme en una pequeña mesa afuera del trailer. Muchas con mi estilo de vida piensan en el suicidio. Otras se lamentan por lo triste de su vida, haciéndose las víctimas. Al final terminan con tres hijos y viviendo en un trailer. Esa no sería mi vida. Yo no viviría toda mi vida en un puto trailer, con cuatro hijos, y un hombre que me pegara por no tener la cena lista. Yo sería millonaria, tendría tanto dinero para comprar todo lo que nunca tuve. De qué servía lamentarse por mi patética vida, al final solo sería eso, lamentos. Yo no era como esas idiotas pensando en su príncipe azul que nunca llegaría. Pobres estúpidas, soñando que un hombre vendría en su carroza a rescatarlas de ser una doncella en apuros. Reí a lo ridículo del pensamiento. Y como siempre alguien me sacaba de mis valiosos pensamientos.
"¡Hola, Isabella!" decia Embry. Rodeé los ojos, Embry era peor que un perrito con hambre.
"Hola, Embry." dije en un tono indiferente. Pensé que de esa forma se iba a largar y me dejaría en paz. No me sorprendió que su estúpida sonrisa no abandonara su rostro cubierto de grasa.
"¿Quieres ir al cine esta noche conmigo?" preguntó.
Lo pensé por unos minutos, una ida al cine no sonaba mal. Estaría libre de las peleas de Charlie y Renee por lo menos por unas horas.
"Ok." dije con indiferencia.
"¡Perfecto!" respondió como un niño emocionado. "Paso por ti a las seis." me dio un beso en la mejilla y se fue.
Eso era aceptable, un beso en la mejilla era todo lo que podía ofrecer.
Verán, nunca fui el tipo de chica que soñaba con el amor y toda esa basura poética. Jamás me había enamorado, ni siquiera sabia lo que era el amor. Con una prostituta como madre, que todos los días te dice que hay una vacante en su profesión, con un padrastro que te toca y te insulta, ¿cómo podía saber lo que era el amor? Confieso que usaba mi belleza a mi conveniencia. Los chicos me invitaban a salir a fiestas, idas al cine, a cenar. Por supuesto que la cena más decente que había tenido era el McDonald's. Los perdedores con los que salía no tenían para llevarme a un buen restaurante o algún lugar agradable. Y aunque les parezca increíble aun era virgen. Sí, lo era. No es que para mi tuviera algún significado la virginidad. Pero ningún imbécil se llevaría mi virginidad en un trailer o en la parte trasera de un carro, y menos detras de un árbol. No pasaría lo mismo que con Renee, ningún perdedor me dejaría embarazada para luego abandonarme.
Lastimosamente esos chicos pensaban conquistar mi corazón llevándome a citas mediocres. Yo no era idiota, y cualquier cosa que me evitara pasar más de tres horas a lado de mi familia feliz era bienvenida.
Después de un rato llegó Renee bastante malhumorada. El puesto que había ocupado por años en la prostitución se lo habian dado a una chica más joven. Quise hacer una mueca burlona, tal vez sacarle la lengua, pero eso significaba golpes y no deseaba ir a mi cita con un ojo morado. Antes de que la discusión diaria entre ella y Charlie comenzara, fui a prepararme para mi salida.
Unos jeans negros que daban una figura perfecta a mis caderas, trasero y piernas. Una blusa rosa ajustada y con el escote perfecto en forma de corazón para mostrar mis pechos. Una chaqueta imitación de cuero negra. Unas botas de tacón de aguja. Mi cabello suelto. Máscara en las pestañas, lápiz negro resaltando mis ojos color ámbar, un brillo en mis labios rojos. Maquillaje sencillo. Tomé mi bolso y lista para mi gran cita. Esperaba a Embry en la mesa mientras escuchaba como los platos caían al suelo. Seguro Charlie estaba molesto porque Renee traería menos dinero a la casa. Afuera de ese campo de batalla la situación parecia divertida.
Embry llegó a la hora acordada. Nos subimos a su Honda viejo -a saber de qué año era- y fuimos directo al cine. Embry no paraba de hablar sobre su trabajo en el taller. Me contaba como había llegado un BMW por una reparación. Ni idea de lo que me decia, pero yo fingía emoción en su plática aburrida. A los hombres les gusta eso. En la fila esperábamos nuestro turno para las entradas. Odiaba tener que hacer enormes filas por ver una estúpida pelicula. Un grupo de jóvenes caminaban directo a la chica que vendía los boletos. Haciendo a un lado a las tres chicas que estaban comprando sus entradas. Murmullos de indignación crecieron en la fila. Muchos teníamos más de veinte minutos haciendo la cola. Unas chicas detras de mi alzaron la voz diciendo groserias al grupo de chicos, que sin mirar atrás recogieron sus boletos y se perdieron por la puerta de cristal del cine. Más que sentirme indignada, sentí que los admiraba. Dichosos ellos que no debían hacer extensas filas para ver una pelicula. Luego de comprar los boletos debíamos hacer otra fila. Me habría ahorrado la fila en la cafetería, pero no había probado bocado en todo el día, y mi estómago no paraba de rugir por el hambre. Aun así guardé la compostura y fui indiferente a la hora de ordenar. Sí, era demasiado orgullosa para aceptar que estaba hambrienta. Un chico venía hablando por celular bastante distraído tropezando con mi charola, derramando la coca-cola en el suelo. Ambos de la impresión levantamos la mirada. El dejó de hablar y yo quedé inmóvil. Seguro porque nunca había visto a un chico como él. Debia tener unos veinti tantos. Cabello cobrizo desordenado que le daba un look exquisitamente sexy. Ojos verdes claro, labios rosas, alto y musculoso. Un aroma exquisito, diferente al de sudor o colonia barata. Su vestir era impecable. Unos vaqueros, un sweater cuello tortuga negro, mangas dobladas al codo. Su celular era de esos que solo vez en comerciales de la TV. Un rubor se filtró en sus mejillas. "¡Disculpame, por favor!" dijo muy apenado. La elegancia de su tono era tremenda. Definitivamente no era un patán como muchos de los que abundaban donde yo vivo.
"No es nada..." dije sin poder hablar. No todos los días te encuentras con un dios en un cine.
"Oh, no. Por favor, permite que te compre otro refresco..." y en ese momento llegó Embry a interrumpir el deleite de mis ojos.
"¿Qué sucede, Isabella?" dijo de forma un poco posesiva. Eso hizo arder mis mejillas, detestaba cuando los chicos sentían que eran mis dueños solo por una salida.
Aquel chico de cabello cobrizo interrumpió mi enojo. "Lo siento, amigo. Estaba distraído en una llamada... ¡Rayos! ¿Kate?" preguntó al celular. "Siento lo de tu bebida..." dijo mientras caminaba en dirección a la salida. Y ahí estaba yo, completamente atónita con ese espécimen tan perfecto.
Embry me dio un pequeño codazo para que reaccionara. Lo acepto, nunca antes alguien me había superado en belleza. Eso seguramente era lo que me había dejado sorprendida.
Entramos a la sala a ver la pelicula. Embry era la persona menos indicada para ver un film. No paraba de hablar de carros, hasta que una pareja a lado le hicieron 'Shh' para que se callara. Al menos eso me dejó ver la pelicula. O disimular que lo hacía. Seguía pensando en el chico de ojos verdes.
Ok, pensaran ustedes, ¿qué importa un chico de ojos verdes? Les explicare: Viviendo en un remolque no veia ese tipo de chicos. De esos de ojos de color, bien vestido, educado, aroma agradable y limpio. Yo solo había visto chicos llenos de sudor, olor a alcohol, con la piel grasa de trabajar en el taller, jeans rotos, y ningún sentido del aseo personal. Lógicamente ver a un chico como ese despertaba mi curiosidad. Por desgracia verlo, era ese tipo de rareza que solo ves una vez en tu vida. Embry intentaba agarrar mi mano. Una clara señal que era hora de ir al tocador. Una sonrisa amable y salí en busca de aire fresco.
Me senté en la acera tratando de relajarme por la proximidad de Embry. Me molestaba que me tocaran sin mi permiso. Me recordaban las acciones de Charlie. Miraba las estrellas pensando en cómo conquistar el universo, cuando escuché una voz acercarse. "Quiero el informe para mañana... ¡No importa! Por la cantidad que le pago debe estar disponible..." hubo un silencio. "Ese trato es importante... no me llames hasta que tengas respuesta..." hubo un suspiro.
Seguí la mirada del suspiro. Era aquel chico de ojos color verde. Me emocioné al verlo. Pero no lo demostraría, me mostré indiferente a su presencia. "¿La chica del refresco?"
Giré mi rostro con indiferencia. Haciendo ver que no había notado su presencia. "Oh, sí." respondí fría.
"Siento mucho lo de tu bebida, fui grosero... a mi disculpa estaba en una llamada importante."
"No te preocupes, nadie murió." respondí indiferente.
Hubo unos segundos de silencio. "¿No deberías disfrutar de la pelicula con tu novio?"
Una carcaja involuntaria emergió de mi, ¿Embry, mi novio? ¡Por favor!
"Eso quiere decir que no es tu novio..." asumió.
"No, no lo es." dije regresando a mi estado indiferente.
"¿Te molesto?" oh no, lo estaba alejando. Se supone que los hombres se sienten atraídos a las mujeres indiferentes. Tal vez él no era el típico hombre.
Bajé la intensidad de mi frialdad. "No mucho." dije con una sonrisa cálida. Un poco de humor rompería su impresión. Dio resultado, él sonrió.
"¿Por qué estás aquí?" señaló la acera donde estaba sentada.
Suspiré. "Poniendo un poco de distancia entre mi acompañante y yo." dije mirando los autos pasar.
"Ya veo." dijo pensativo. "¿Puedo?" preguntó señalando la acera.
"Claro." dije volviendo a la indiferencia. El se sentó a mi lado. Ambos en silencio.
"Edward." soltó de repente.
"¿Ah?" pregunté sorprendida.
Me miró como si tuviera alguna discapacidad mental. "Me llamo Edward, ¿Isabella, cierto?"
"Así es." dije con un rubor.
"Y... dime, Bella... ¿Puedo decirte Bella?" nunca alguien me había puesto algún sobre nombre. Pero no parecía mal. Asentí.
"Bella me parece bien."
Sonrió. "Bueno Bella, ¿por qué te ocultas de tu cita?"
Sonreí mientras negaba. "No huyo de nada... digamos que me tomo un break de su insistencia en tomar mi mano." era la conversación más larga que había tenido de forma voluntaria con alguien.
"¡Hombres!" dijo haciendo una mueca que me hizo reír. "Por eso yo prefiero las mujeres." ambos reímos ruidosamente. Era la primera vez que reía de verdad, sin fingir y sin una gota de sarcasmo.
"Debería pensar en cambiar de gustos." dije siguiendo su broma.
"No, por favor." dijo fingiendo horror. "Sería una verdadera lástima perder una belleza como usted, ¿qué sería de los mortales como nosotros si se inclinara al lado oscuro?" dijo en un tono chistoso pero coqueto. Edward me coqueteaba, lo más extraño era que no me molestaba. Quedamos en silencio por unos segundos. Edward viendo fijo a mis ojos ámbar, yo mirando sus ojos verdes. Pero siempre hay una interrupción. Se llamaba Embry.
"¡Isabella!" dijo en un tono severo. Miré a Edward tratando de disculpar a mi acompañante.
"Un placer, Bella." dijo estirando su mano.
"El placer es mio, Edward." dije estrechando su mano.
Embry llegó a nosotros y rompió con aquel sentimiento de tranquilidad. Me pedía con sus ojos explicaciones que por supuesto no pretendía dar. Edward subió a su coche sin esperar a sus amigos. Nunca había visto un auto de esos. "¿Qué marca es?" pregunté a Embry.
Él me observó por unos segundos. "Un Lamborghini." dijo resignado.
"¿Un qué?" pregunté.
Embry suspiró. "Un auto muy lujoso, no creo que necesites saber más. Vamos a comer." su tono fue más una imposición que una petición. Eso me irritó.
"No quiero comer... quiero ir a casa." dije grosera.
"Creí que..."
"Creíste mal. Me quiero ir." dije en un tono altanero. Sin decir más fui hasta el Honda. Abrí la puerta del pasajero y me senté como una niña mimada. Lo acepto, mi carácter era muy voluble.
Varios días habian pasado desde la ida al cine. Pasé varias noches tratando de encontrar la tonalidad de esos ojos verdes. Al final decidí que sus ojos eran de un verde esmeralda. No podia sacarlo de mi mente y menos cuándo comparaba la mediocridad de los chicos de mi área, con lo pulcro y hermoso que era Edward. Pero qué oportunidad tendría de verlo otra vez, nuestros mundos eran diferentes.
Una mañana como cualquier otra Renee me envío al supermercado para comprar los víveres. Después de días de comer cereal sin leche, al fin podría tener un desayuno comestible. El Nissan de Renee cada vez estaba peor. Cuanto rogaba por desaparecer de esa vida. Estaba haciendo mi fila de lo más tranquila. Viendo como la mujer que estaba delante de mi se las arreglaba con una guardería de niños. Era gracioso como sus hijos la ponían a sudar en un lugar con aire acondicionado. Definitivamente, hijos estaba tachado de mi lista de ambiciones. Iba rumbo al Nissan cuando comenzó a llover. Lo repetiré, odio los días que llueve. Suspiré resignada y prácticamente corrí al auto. Creo que tenia una especie de mala suerte que me perseguía. Me cansé de girar la llave para encender el motor. Muy irritada apoyé mi frente al volante, ¿qué más podría pasar? Ni idea de qué hacer. Dejar el auto en el estacionamiento era enfurecer a Renee. Pero de otra manera a menos que tuviera una maldita varita mágica no tenia idea de cómo sacarlo de ahí. Tampoco tenia un puto celular para llamar a un remolcador. Suspiré, debia llamar a Embry. Odiaba llamarlo. La lluvia era implacable. Estaba empapada de pies a cabeza por la intensidad de la misma. No sabia si estaba irritada por tener que llamar a Embry, por si estaba completamente mojada, o por el estupido auto que se dañaba cuando estaba hambrienta. Buscaba un teléfono público que funcionara. Escuché el pitido de un auto. Volteo por instinto para sorprenderme de lo que veía.
Edward estaba en un auto diferente a la vez anterior. "¿Quieres pescar una gripe?" dijo divertido. Volteé los ojos y seguí buscando el teléfono público.
"Vamos, Bella... era una broma. Sube, te llevo." dijo cambiando su actitud. Podia mantener mi orgullo, pero necesitaba salir de la lluvia. Asentí y subí al auto. Estuve en silencio admirando ese carro. Sus asientos de cuero, ventanas oscuras, muchos botones, cómodo. El Nissan no era nada comparado a ese auto. Edward no manejaba, un hombre de unos cuarenta y tantos estaba al volante.
"¿A dónde vas?" preguntó obligándome a detener mi comparación.
"Busco... busco..." ¡Mierda! Empezaba a tartamudear. "Busco un teléfono público."
Edward me miró como si hablara en un idioma extraterrestre. "¿Telefóno público?" asentí. "Si quieres hacer una llamada puedes usar mi celular." su sonrisa era cálida, genuina. Acepté su ofrecimiento. Llamé a Embry. "Embry, necesito un favor." dije en un tono autoritario.
"¿Qué pasa?" preguntó Embry.
"El auto de Renee me dejó varada en el estacionamiento del supermercado, ¿podrías ayudarme?" pregunté con la esperanza que dijera que sí. Sino, no tenia idea cómo pagar por mandar su carro al taller. Ella no pagaría por eso.
"Bueno, con una condición..." estuve en silencio esperando. "... que salgas conmigo esta noche, ¿qué dices?"
¡Oh, no, no, no, no! Estaba pasando de la linea. Mi carácter me ganó en ese momento. "¿Estás demente? Gracias de todos modos... Yo veré cómo me las arreglo con Renee." terminé la llamada sumamente molesta. Estuve así de cerca de estrellar el celular al suelo, pero la mirada de Edward evitó que cometiera un serio error.
"¿Sucede algo? ¿Necesitas ayuda?" preguntó preocupado.
"¡Ese hijo de puta piensa que puede venir a disponer de mi vida cuando quiere!" negaba enfurecida. "¡Está muy equivocado... yo misma puedo arreglar mi mierda!"
Edward me veia entre divertido y preocupado. Seguro mi reacción le era graciosa, pero estaba preocupado por lo que estaba pasando.
"Lo repetiré una vez más, ¿necesitas ayuda?"
Bueno tal vez él podría ayudarme. "El auto de Renee no encendía... se supone que ya debería estar en casa," suspiré al recordar lo que me esperaba. "ahora necesito llevarlo a que le den una revisada, y contaba con la ayuda del chico del cine, pero el muy patán me quiso chantajear para que saliera con él otra vez."
Los labios de Edward formaron una línea dura. Estaba serio y se veía enojado.
"¡Yorkie!" dijo Edward.
"¿Sí, Sr. Masen?" respondió quien sería Yorkie.
"¿Dónde está tu auto?" preguntó Edward.
"En el aparcamiento del supermercado." dije encogiendo mis hombros.
"Yorkie, llama a Kate, que el auto de la Srta. Isabella sea llevado al taller de inmediato."
"¡No, por favor! No es necesario el taller... con que un remolcador lo lleve a mi casa es suficiente..."
Edward me miró por un momento pensativo. La linea recta de sus labios se relajaba. "No te preocupes por los gastos... piensa en ello como una forma de compensar la bebida del cine."
"Pero una bebida no es tan costosa como una ida al taller." debatía su comentario.
"¡Así será y no hay discusión!" dijo usando el tono autoritario. No sé si mis mejillas ardían por la irritación o por temor. No dije más nada y me limité a asentir.
"Yorkie, tengo que ir a la oficina. Luego llevas a la Srta. Isabella a su casa, le das la dirección a Kate para que lleven el auto a donde ella vive." Yorkie asintió.
El auto lujuso se detuvo en un edificio inmenso. Todo de cristales en forma de un sundai plateado, muy elegante. Yorkie asintió, bajó del auto y abrió la puerta para Edward. Éste antes de salir me entregó una tarjeta, me dio un beso en la mejilla y me dijo te veo pronto. Con más seguridad de la que yo esperaba.
"¿Desea hacer algo más, Srta. Swan?" ¿Srta. Swan? ¿Cómo sabia mi apellido? Negué con la cabeza. ¡Puta madre, Edward es el famoso empresario de las empresas Masen! La tarjeta era roja con letras negras. Muy delicada, seguro una mujer tuvo que ver en el diseño. Era simple pero con clase. Decía director ejecutivo de Masen Enterprises Inc. Tenía su número de teléfono. Debia ser el de su oficina. Suspiré y al girar la tarjeta casi me da un infarto. Una letra muy elegante decía llámame y su número de celular.
Yorkie ni siquiera preguntó dónde llevarme. Cuando desperté de mi asombro estaba afuera de mi trailer. ¡Doble Mierda! El súper empresario Masen sabría que vivía en un maldito trailer. Yorkie abrió la puerta del auto para mi, mientras yo no dejaba de alucinar por la noticia. "Su auto estará aquí antes del anochecer, buenas tardes, Srta. Swan." y pasó un tiempo considerable antes de reaccionar y ver como todos los vecinos me miraban como si hubiera bajado de alguna nave espacial.
Caminaba de un lado a otro ansiosa por muchas razones: casi llegaba mi familia feliz y el auto no estaba aparcado, el multimillonario Edward Masen quería que lo llamara, y cuando se enterara de que vivía en un trailer, hasta ahí llegaría su emoción. Bueno, por lo menos estuve en un auto lujoso, le estreché la mano a uno de los hombres más ricos del mundo, y en algún momento quiso conocerme. Eran casi las cinco de la tarde y estaba comiendo mis uñas. Una mala manía, pero no lograba relajarme y aunque sabia que me matarían por las compras que nunca llegaron, me preocupaba más que el auto no estuviera a tiempo. Escuché un auto aparcando a las afueras del trailer. Con el corazón en la boca salí disparada a ver si se trataba del auto de Renee. Un suspiro y una sonrisa enorme aparecieron. Corrí hacia el auto sin importarme nada más. Una figura elegante bajó del auto y mi corazón casi se detuvo.
Edward bajaba del auto con la sonrisa más hermosa que hubiese visto en mi vida. "No es un auto muy cómodo para manejar." dijo haciendo una mueca.
Sonreí. "No, para ti no lo es." dije negando con la cabeza. Por supuesto que para él no sería cómodo. Debía estar acostumbrado a viajar en coches elegantes y lujosos. Miré bien el auto, algo no estaba bien. Sí era el Nissan de Renee, pero definitivamente estaba diferente. Las ventanas subían y bajaban con facilidad, el aire acondicionado funcionaba, los asientos estaban más cómodos que antes, y estaban tapizados de color beige, tenía espejos retrovisores, y el farol de la parte trasera estaba arreglado.
"Oh, no debiste..." dije ruborizada.
"Te dije que te compensaría lo del cine." dijo sonriendo.
"Pero esto es demasiado..." dije señalando el Nissan.
"No te preocupes, no es nada." por supuesto que no era nada para el hombre que tenía millones. "Por cierto, deberías meter la leche en el frigorífico antes que se dañe."
¡Santa mierda! "¿Leche?" dije la pregunta en voz alta.
Asintió muy divertido. "Yorkie dijo que cuando el coche llegó al taller tenía víveres. Le ordené a Kate que comprara lo que había en él. Te veías muy preocupada en el BMW." ¿En el qué? Mi mente aun trataba de procesar la remodelación del Nissan.
"¡De verdad que te pasaste!" dije seria pero emocionada. Algo estaba pasando cuando se tomaba tantos trabajos por mi.
Su rostro se tensó. "¿Algún problema?"
"No, para nada. Me sorprende el gesto es todo." dije con una sonrisa.
Tanta distracción había hecho que me olvidara acerca de Charlie. Este caminaba tan corriente y sin gracia hacia el trailer. Se detuvo al verme de pie junto al Nissan rojo con Edward apoyado sobre el capote del auto.
"¿Qué haces aquí, ramera? ¿Dónde está la zorra de Renee?" Charlie y su gran bocota.
"Creo que deberías irte..." dije a Edward susurrando.
"¿Segura? Puedo quedarme." dijo mientras le daba a Charlie una mirada fría y me atrevería a decir que molesta.
Negué, lo menos que necesitaba era un espectáculo de Charlie. "Puedo cuidarme sola." dije aun susurrando.
Sonrió pero aquella mirada fría seguía en él. "Me voy entonces, espero verle pronto, Srta. Swan."
Pero si él había venido en el Nissan, cómo se iría. "¡Espera!" el dio vuelta. "¿Cómo saldrás de aquí." no era la única que comprendía que Edward no era de un barrio bajo.
Su sonrisa fue exquisitamente hermosa. "Soy un hombre de recursos, Isabella." y al decir eso, como si fuese mago, el auto conducido por Yorkie apareció. Él le abrió la puerta trasera y Edward se deslizó con clase.
"¿Y ese?" preguntó Charlie.
Rodeé los ojos y como siempre me dio una bofetada. No respondí, solo di la vuelta y me dirigí al trailer. Charlie dio un jalón a mi brazo con excesiva fuerza. "¡Contesta zorra! ¿Quién es él?"
"No es tu problema." dije dándole la espalda.
Aun no tengo claro cómo todo comenzó, pero sin saber cómo, Charlie me llevaba por mi precioso cabello castaño practicamente arrastrada. Me lanzó al suelo y me sujetó por la barbilla con excesiva fuerza.
"¡Ahora mismo me dirás quién es! Suficiente con la puta de tu madre para cargar con otra ramera. ¿Quién crees que soy? ¿El hada de las malditas putas?" sus palabras salían con furia. Yo no decia nada. "¿No hablaras? ¿Así es cómo quieres hacerlo?" yo seguía callada. Entonces soltó mi barbilla y una lluvia de bofetadas cayó en mi rostro. "¡Habla!" yo seguía sin hablar. No era temor lo que me detenía de decirle la mierda que era. Pero era tan terca, orgullosa y rebelde, que aunque me matara a golpes no diría ni una sola palabra. Yo no gritaba, no lloraba, ni una sola súplica salía de mi boca o de mis ojos. Eso lo hacia enfurecer más. Pero no le daría esa satisfacción, él menos que nadie merecía una palabra de ruego de mi parte. Estaba tan agotada de los golpes. Ya ni los sentía, estaba tan hinchada que no me dolía. No escuchaba nada y veía nada. Debia tener los ojos hinchados de los golpes.
"¡¿Qué haces?!" escuché a lo lejos una voz femenina. "¡La matarás y luego la policía vendrá por nosotros!" dijo la misma voz.
"Esta perra no follará en mi casa... ¡Debe aprender a respetar!" dijo otra voz. Estaba tan exhausta que no reconocía voz alguna... ni siquiera recordaba cuál era mi nombre.
"¿Estás celoso?" preguntó la mujer.
"¡Mierda! ¡Los vecinos!" dijo la voz del hombre. Y entonces el cansancio pudo más que yo. Sentí una presión aplastando mi cuerpo. Y en la oscuridad se acercaban unos ojos verde esmeralda que me sonreían
