Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hooooola de nuevo y feliz domingo!

Bueno lo primero, muchísimas gracias a todas las que estáis en la otra banda leyendo. Me sigue impresionando historia tras historia. Además, sois prácticamente incondicionales de mis fics, creo que me habéis acompañado en casi todos y es súper emocionante volvernos a encontrar en éste de nuevo. Os adoro. ¡Mil gracias!

Como ya os dije, estos capítulos son de presentación y son un poco más breves, pero nos sirven para ir conociendo un poco a los protagonistas.

Hoy le toca a Edward. A ver qué nos dice nuestro chico ;)

Os dejo unas aclaraciones al final del fic.

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NUEVA ETAPA

Edward POV

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[PRESENTE: 3 años después del prólogo]

Al fin había llegado el día.

Hoy, después de mucho esfuerzo, había conseguido lo que llevaba tantos años intentando. Ser el socio más joven de Volturi Assesment. En los principales portales digitales de economía se leían varios titulares "Edward Cullen se une, con tan solo 30 años, a la elite empresarial de Seattle".

La prensa sólo se hacía eco de la meta, el final de un camino que llevaba ganándome duramente muchos años. Había comenzado a trabajar en Volturi poco después de salir de la universidad, y poco a poco, desde abajo, había conseguido llegar hasta la cima. Volturi Assesment era una empresa que se dedicaba a las empresas. Así les gustaba publicitarse. Se encargaba de ofrecerles un asesoramiento prácticamente global, de todo tipo, legal, económico, publicitario… Tanto las creaba y las encumbraba como las reducía a cenizas. Para un recién licenciado en Economía, como lo fui yo hace ya unos años, era fascinante. Poder ver los entresijos de este mundo, que solo conocía a través de las páginas de los manuales, era un placer. La cara y la cruz. Las sombras y las luces. Movimientos de los que sentirse orgulloso y de los que arrepentirse durante días.

Todo me había llevado hasta aquí. Socio y jefe del departamento económico. Mi equipo y yo trabajábamos con los seres más inocentes y cargados de esperanzas que querían crear o redirigir su negocio o dilapidábamos aquellas por las que ya nadie quería luchar.

-Señor Cullen, la Señora Whitlock está esperando en la línea dos. – me anunció Tanya, mi asistente. Era una chica brillante. Estaba haciendo prácticas de la universidad, pero tenía madera. Esperaba que fuera más fuerte que los gigantes que siempre están dispuestos a hundirte antes de que ni siquiera puedas comenzar a remar.

-Está bien. Tómese un rato libre en cuanto pueda y a su vuelta tráigame un café, si es tan amable. – le sugerí antes de atender la llamada de Alice. – Buenos días, Alice – contesté respirando hondo, preparándome para la retalía con la que seguro me iba a atacar mi amiga.

Alice Brandon era una gran amiga. Habíamos ido juntos al instituto, aquí en Seattle, junto con Emmet McCarthy, y más tarde habíamos compartido universidad, dónde había conocido a su reciente marido, Jasper Witlock. Un loco de la historia y un apasionado de la enseñanza. Sinceramente, él sí era un héroe y no muchos de los que salían por la televisión. Enfrentarse cada día a unos adolescentes y tener la esperanza de meter algo en sus cabezas era un reto al que no todo el mundo podía, o quería, enfrentarse.

-¿Cómo está el nuevo socio más sexy de toda la ciudad? – me preguntó animada como siempre. La escuchaba teclear al mismo tiempo que hablaba por teléfono. Toda una chica multitarea.

-Estaría mucho más feliz si aceptaras de una vez mi oferta como coordinadora del departamento de Relaciones Públicas que te ofrecimos hace seis meses. El imbécil de Smith no te llega ni a la suela de esos zapatos tan caros que llevas. – le reclamé una vez más. Aunque sabía que era inútil. Alice no quería trabajar aquí. Ella estaba en su salsa en su empresa de jóvenes emprendedores youtubers. Pero era tan condenadamente buena en su trabajo que no había podido desperdiciar la oportunidad de ficharla, por muy utópica que fuera esa opción.

Escuché su risa desde el otro lado de la línea. Era como campanillas.

-Buen intento, pero no. Paso de tus mundos sórdidos de hombres trajeados y empresas enquistadas en el siglo pasado. El mundo avanza y sus líderes no llevan trajes con olor a naftalina. – me repitió lo que tantas veces nos había llevado a enfrascarnos en una apasionada conversación. Aunque dudaba que su motivo para llamarme fuera ejercitar sus neuronas con una apasionada discusión. - ¡Pero no te llamaba por eso! ¡Liante! – se quejó divertida.

-Me lo imagina. – me reí de ella un poco más.

-Esta noche vamos a celebrar tu ascenso. He reservado mesa en el Sublime, hay rumores que se avecinan cambios y la gente está un poco loca. Es casi imposible encontrar hueco, pero yo lo he conseguido. Emmet también vendrá y su chica nueva también... Rose se llama ¿te puedes creer que no lo he visto desde que volvió? ¡Ahhhhhh! Qué emocionante, ¿verdad?– me dijo comenzando a embalarse por la emoción.

Emmet era mi amigo de la infancia y ella lo había conocido igual que a mí en el instituto. Nos habíamos hecho inseparables. Emmet se había mudado a Seattle recientemente con Rose. Ambos habían vivido hasta hace pocos meses en Nueva York. Mi amigo había creado una empresa de franquicias de gimnasios a nivel nacional y Rose era una brillante asistente social que un buen día había decidido desestresarse en uno de los gimnasios de mi amigo haciendo que el amor surgiera. Ahora querían estar más cerca de sus familias y llevaban unas semanas de vuelta en la ciudad.

-Caius está obsesionado con ese restaurante. ¿Cómo has conseguido mesa? Tengo entendido que no es nada fácil – Pregunté intrigado.

Caius era uno de los hermanos Volturi. Era el más joven de los tres. Aro y Marco eran hombres serios y familiares que comenzaban a pensar más en su jubilación que en arriesgar apostando por nuevas ideas, pero su hermano era diferente. De trato más distendido estaba cerca de adentrarse en los cuarenta y no tenía ninguna intención de sentar cabeza. Era un encantador de serpientes y al parecer había una Chef en el Sublime a la que estaba más que dispuesto a engatusar.

El Sublime se había convertido desde un tiempo a esta parte en la sensación de la ciudad. No había nadie que se preciara que no fuera allí a celebrar algo, especialmente los fines de semana. Si le gente llama a la gente, sin lugar a dudas estaban coreando a gritos el nombre de ese dichoso restaurante.

-Uno de mis representados es foodie y tenía una mesa reservada para celebrar el cumpleaños de un amigo, pero éste ha acabado en el hospital por apendicitis… así que ¡Tachán! Me he quedado con su reserva. Un cambio de nombre y listo. – me contestó casi sin respirar.

-Tú no dices siempre que hay que tener cuidado con el puto karma… Alice adueñarnos de la mesa de un convaleciente no sé yo si nos dará buena fortuna…. – bromeé con ella. Últimamente no para de atosigarme con sus ideas del karma y el destino.

Alguien le tenía que decir ni karma ni destino, ni nada valía en esta vida más allá de tu propia voluntad y esfuerzo.

-¡Edward Cullen ni te molestas en escucharme cuando te lo explico! Lo mezclas todo… mira, da igual. Esta noche a las ocho y media allí. Está cerca de tu trabajo, pero aun así agradecería que pasaras por casa y te quitaras ese olor a estrés que desprende tu oficina. Que sepas que te voy a cortar la llamada porque no quiero escucharte más. Te espero allí sexy. ¡Te quiero! – se despidió alegremente mientras sentía que la línea de teléfono comunicaba.

Pequeña tramposa. Siempre conseguía liarme en sus planes. Aunque esta vez lo haría encantado. Una buena cena con los amigos y en uno de los restaurantes de moda de la ciudad. ¿Qué podía salir mal?

El día estaba a punto de acabar y con él la semana cuando Caius entró en mi despacho como una tromba.

-¿Cómo ha ido tu primer día como socio? ¿Notas la gran diferencia que hay, verdad? – comentó con ironía mientras se sentaba despreocupadamente en una silla. – Bienvenido al estrés de los de arriba. Es igual que el de antes, pero con un sueldo mejor. – simplificó al máximo nuestro trabajo. Quizás para él era así.

-Tienes alguna razón para estar aquí o es que te apetece pasar las primeras horas de tu fin de semana conmigo en la oficina. – le contesté con ganas que acabara esa reunión improvisada.

-Había pensado en que podríamos ir a tomar unas copas y celebrar que al fin hay un socio con alturas de miras y visión moderna en esta empresa. Necesitaba algo de ayuda con mis hermanos. – me confesó.

A Caius Volturi le gustaba vivir la vida, no era ningún secreto. Pero tampoco había ninguna duda de que era el más capaz de los tres hermanos de adaptar la empresa a los tiempos que vivíamos.

-Lo siento, pero se te han adelantado. Me han organizado una cena en el Sublime… - le dije divertido - ¿Alguna sugerencia? – le pregunté alzando mis cejas divertido, sabiendo que él era más que un experto en el local.

Llevaba meses yendo regularmente a comer a ese restaurante sólo porque se había quedado prendado de su Chef. No sé qué tendría esa mujer pero lo había vuelto loco.

-Edward Cullen eres un afortunado vas a poder ver a la dueña de mis más íntimos deseos. Es dura, pero eso la hace más interesante. Tiene más carácter y personalidad que todas las mujeres que han pasado por mi vida. – alabó a la misteriosa dama soñadoramente.

-¡Vaya! Cualquiera diría que es algo parecido a una diosa. – comenté riéndome de él.

- ¿Sabes que dice mi madre, Edward? Quién no conoce a Dios a cualquier Santo reza… Eso es lo único que voy a añadir porque tú vas a ir a su restaurante y la vas a tener cerca y yo me iré a mi casa…o dónde surja… sin ella. – añadió antes de levantarse. – Una pena que siempre tenga a ese tipo a su lado – murmulló. – Por cierto… si yo fuera tú estaría atento a cómo funciona todo ahí dentro… Quién sabe si lo necesitarás en un futuro no muy lejano – comentó mordazmente.

No tenía tiempo de jugar a los juegos de Caius. Se me acababa el tiempo para llegar puntual a la cena y si no lo hacía Alice era capaz de matarme, lenta y dolorosamente.

Sorprendentemente llegaba a tiempo. No me había dado tiempo de pasarme por casa a cambiarme, pero llegaba puntual. Algo es algo.

Miré mi reloj y eran las 20:28. Alice no tendría motivos para quejarse. Cuando crucé la calle vi como llegaban también Emmet y quién suponía por la manera en la que la miraba mi amigo, era Rose. Lo había echado de menos este último año. No había sido fácil y mucho menos sin él a mi lado.

-¡Edward! – me saludó Emmet en cuanto me tuvo a su alcance - Tío mírate parece que te has tragado a uno de tus jefes con ese traje tan elegante – me dijo mientras me daba unos golpes en la espalda que me tendrían aquejándome durante una semana.

Emmet tenía la misma edad que yo y siempre habíamos sido inseparables. Nunca nos habíamos separado hasta que él se fue a Nueva York y, aún así, nuestra amistad nunca se había visto resentida. Era bueno tenerlo de vuelta.

-Veo que los aires de Nueva York no te han cambiado – le dije contento de que así fuera - Y tú debes ser la famosa Rose de la que no puede dejar de hablar – me presente a la bella rubia que esperaba nerviosa al lado de Emmet.

-Esa soy yo. ¡Y espero que hayas hablado bien de mí! – se giró divertida hacía nuestro amigo para darle un suave manotazo en su enorme brazo.

-Nunca lo dudes. ¡Por cierto! Qué casualidad que hayáis elegido este restaurante… - comenzó a decir mi amigo antes de verse atacado por un diminuto cuerpo que saltó encima de él.

-¡Emeeeeeeeet! ¡Te he echado tanto de menos! - le dijo Alice aun colgada de su cuello. - ¡Ya era hora que decidieras volver! ¡No me puedo creer que volvamos a estar los tres juntos!

- Discúlpala… normalmente es capaz de controlarse, pero hoy la emoción la está desbordando. Jasper Witlock, marido de Alice, el koala que cuelga del cuello de Emmet – Se presentó Jasper a Rose que le respondió con una leve carcajada.

-¡Te estoy escuchando, Jasper! – le regañó en cuanto se despegó de Emmet. – Soy Alice, encantada de conocerte al fin. ¡Ya era hora que tuviera algún refuerzo femenino en el grupo!– saludó a Rose con un abrazo. - ¡Has llegado a tiempo! ¿Quién eres tú y qué has hecho con Edward Cullen? Lo de la ropa ya lo dejamos para otro día – me dijo Alice dándome un beso mientras me susurraba en la oreja felicidades, a partir de hoy nace una nueva etapa para ti. Lo presiento.

Tenía una expresión tan segura que cualquiera diría que podía ver e futuro. Ojalá fuera así… este pasado año y medio había sido un paseo por el infierno.

-¿Entramos? – propuse intentando quitarme de la mente los malos recuerdos.

-Reserva a nombre de Witlock. – se anunció Alice. –

-Por supuesto señorita, siéguenme por aquí. – nos acompañó una amable maître.

-¡Guau! Esto sí que ha cambiado – escuché que le decía Rose a Emmet.

-¿Lo conocías? – Pregunté mientras nos acomodábamos en nuestra mesa.-

-Es lo que intentaba explicarte antes que cierta persona me placara en medio de la calle – se burló Emmet de Alice, a lo que ella sólo contestó con una mueca.

-Mi prima Bella y un amigo suyo, Jacob, lo compraron hace unos… ¿dos años? Pero trabajaban aquí desde hace algo más… aunque con otro dueño que para su suerte ya no está. – nos explicó Rose.

Así que la nueva chica de Emmet estaba emparentada con la mujer con la que soñaba Caius. Interesante como el mundo por grande que sea parece empeñado en relacionarnos a todos.

-Pensaba que eras de Nueva York. – comentó Jasper.

-No, qué va… todo lo contrario – dijo riéndose – Soy… somos, Bella también, de un pueblo pequeñísimo perdido entre las montañas de Washington… Forks. Bella tenía muy claro antes de acabar el instituto que iría a la mejor escuela de cocina de Nueva York y yo no planeaba quedarme sola aquí, así que me fui con ella. Estudié en la Universidad de Nueva York, pero hasta hoy no he tenido la necesidad de volver. – acabó mirando con ojos emocionados a Emmet.

-Vaya unas chicas decididas. ¡Me gusta! – admiró Alice a la desconocida cocinera y Rose. - ¿La podremos conocer? – preguntó entusiasmada mientras estiraba la cabeza mirando el local.

Era un lugar bastante amplio y estaba muy bien aprovechado. Sin lugar a dudas sabían cómo llevar un restaurante y a juzgar por la cola de gente la comida debía ser realmente deliciosa.

- Ni idea. La he avisado que veníamos, espero que haya podido ver el mensaje – explicó aunque su atención ya estaba puesta en la carta.

Aprovechamos la cena para ponernos al día de lo que habían sido nuestras vidas en estos últimos meses. Hacía demasiado que no veía a Emmet y volver a estar todos juntos era increíble, aunque hiciera realmente difícil controlar la verborrea de mis dos amigos, que parecía acentuarse debido a la emoción del reencuentro.

-¿Todo bien amigo? – me preguntó Emmet en un momento que las chicas se habían ausentado para ir al aseo. – Me imagino que debe ser un día complicado… - me dijo con precaución en su voz.

Habían sido muy cuidadosos durante toda la noche y aunque había pasado ya un tiempo me seguían mirando con esa cara de preocupación, como si cualquier cosa que fueran a decir me fuera a herir mortalmente.

-Todo bien. – contesté escuetamente sumiéndonos a los tres en el silencio.

No era un silencio incómodo. Jasper, Emmet y yo llevamos mucho tiempo siendo amigos como para preocuparnos por estar constantemente hablando, pero eso hacía que mi mente volara a otros lugares.

-¿Hola? – escuché una voz suave como de un ángel interrumpiera nuestra calma.

Al levantar la vista vi a una chica morena con grandes y oscuros ojos marrones. Su pelo estaba recogido en una coleta tan tirante que hacía imposible que se escapara un solo mechón. Vestía la chaqueta característica de los Chefs, toda negra y solo un bordado blanco, en el que se leía el nombre del restaurante, rompía la monocromía.

-¿Eres Emmet? – le preguntó a mi amigo con una sonrisa tímida.

-¿Bella? – Preguntó y ella solo cabeceó asintiendo - ¡Qué placer conocerte! – le saludó emocionado Emmet levantándose de su asiento para abrazarla calurosamente.

La chica era tan pequeña que parecía que Emmet la fuera a romper en cualquier momento.

Por la manera en que la había llamado mi amigo todo hacía pensar que era la misteriosa chef de la que tanto había escuchado hablar. A simple vista, no parecía de las mujeres que acostumbran a deslumbrar a Caius, me sorprendía la devoción que tenía mi ahora socio con ella.

Cuando Emmet la soltó y sus pies tocaron al suelo su cara estaba completamente roja.

-¿No está Rose? – preguntó más segura cuando recuperó un poco la respiración que había perdido debido al abrazo de mi amigo.

-Ha ido un momento al tocador – la excusó Emmet. – Déjame que te presente. Estos son Jasper Witlock y Edward Cullen, unos amigos.

-Encantada – nos estrechó la mano a los dos con una sonrisa – Espero que estéis disfrutando de la velada.

-¡Bella! – escuchamos la voz emocionada de Rose quien fue directa a abrazar a su prima. – No te imaginas cuánto te he echado de menos. Nueva York no es igual sin ti.

-¡Ouch! Eso ha dolido Rosie – bromeó Emmet.

-Idiota – le respondió junto con un manotazo a su novio. Esta chica me caía bien – Pensaba que no podrías salir. ¡Está lleno de gente!

-Jacob no está y he estado muy liada, pero para ti siempre tengo tiempo. – explicó la joven cocinera.

Lo que había dicho Rose era verdad. El local era un éxito en la ciudad y ahora que al fin había podido probar sus platos lo entendía a la perfección. Me seguía intrigando a qué se refería Caius con eso de que estuviera atento a la cena que lo podría necesitar en un futuro.

-Me extraña que ese perro guardián tuyo no esté a tú lado acaparándote – al parecer Rose y Caius, no solo compartían adoración por la pequeña cocinera sino también cierto rechazo a quién fuera ese hombre.

-Rose, por favor siempre estás igual. ¿Vamos a superar en alguna vida esta enemistad absurda que tenéis? – le respondió con mucha paciencia Bella a su prima.

-Sabes que no. Ni lo intentes. Pero me da igual… no te quiero entretener. Tenemos que vernos un día que tengas libre y ponernos al día, tengo muchas cosas que contarte y tú y Emmet os tenéis que conocer propiamente. – acabó mientras abrazaba a su novio que estaba encantado con la atención.

-Por supuesto – les contestó con una sonrisa deslumbrante. Su rostro se transformaba cuando sonreía– Os tengo que dejar, tengo miedo que algo salga ardiendo si estoy mucho tiempo fuera de esas cocinas. Espero que acabéis de disfrutar de la noche. Ha sido un placer conoceros. – Se despidió de todos después de volver a abrazar cariñosamente a Rose y Emmet.

-Rosie deberías darle un poco de tregua a tu prima con su socio, siempre estás igual – le comentó cariñosamente Emmet a su chica.

-¡Tonterías! No la deja ni respirar. Pero da igual, no quiero hablar de él porque me pongo de mal humor. – contestó ofuscada – Edward, Alice me ha dicho que una de las empresas con las que trabajas se encarga de unos asuntos sociales… - me preguntó Rose intentando cambiar el foco de la conversación, así que decidí echarle una mano y concentrarnos en temas más amenos para ella.

La noche pasó en un momento. Siempre pasaba lo mismo cuando nos reuníamos. De vuelta a casa recordaba todos los buenos momentos que habíamos pasado juntos y como un día, de repente, se habían apagado.

Ves películas, lees libros, hablas con personas que te advierten que disfrutes del presente porque un día se acaba, se esfuma y es entonces cuando te das cuentas de lo que tenías en tus manos. Cuando ya no está a tu alcance. Pero nunca, jamás, imaginas que eso te va a pasar a ti. Lo ves como algo lejano. Pero sucede.

Intenté llevar mi mente por otros caminos. Recordar lo bien que lo habíamos pasado esta noche. Como necesitaba a mis amigos de vuelta, estas reuniones. Cada vez más. Desde hace un tiempo algo había cambiado en mí, no sé ni cómo ni por qué pero necesitaba comenzar a salir del letargo en el que había vivido último año y medio. Quizás Alice tenía razón y a partir de hoy se abría una nueva era para mí.

Ojalá.

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NA:

¿Os ha gustado el primer vistazo a Edward? Bueno, y qué más queréis que también hemos visto a Bella… de momento a ella sólo la conocemos por ojos ajenos, pero ya os adelanto que el próximo capítulo es todo para ella.

Diannita Robles me preguntabas si Jacob será protagonista. La historia es de Edward y Bella, pero Jake tendrá algo que decir en ella… Lo tendremos que ir descubriendo.

Muchas gracias a todas chicas: Chikkita, Pera l.t, Jane Bells, mrs puff, .58, Diannita Robles, debynoe, cary

Nos leemos en el próximo,

¡Muuuuuchos saludos!