Esta es una adaptación del libro Embarazada del magnate griego de Kthryn Ross.
Los personajes no me pertenecen son propiedad de DC Comics y Warner, la historia no es mìa solo es una adaptación.
Espero lo disfruten.
Capitulo 1
Felicity entró en el impresionante vestíbulo del edificio Madison Brown muy emocionada. Era el primer día de su nuevo trabajo y se moría de
ganas por empezar.
Había tardado un mes en encontrar aquel puesto. Un mes en el que había examinado las diferentes ofertas de trabajo y había estado conteniéndose hasta que encontró el puesto perfecto. Justo a tiempo porque estar entre las cuatro paredes de su apartamento había empezado a parecerle una especie de tortura. Estar sola todos los días le había dado demasiado tiempo para pensar en Oliver, para echarlo de menos, algo que se negaba a hacer.
Sólo pensar en su nombre le provocaba un fuerte dolor en su interior. Enojada trató de ahogarlo. Era ridículo. Sabía perfectamente lo que él podía ofrecerle y había hecho lo que debía marchándose de Naviera Queen y terminando así con Oliver.
—Hola —le dijo a la recepcionista—. Me llamo Felicity Smoak y soy la nueva directora de proyecto.
—Ah, sí, señorita Smoak. Suba a la última planta. El nuevo director gerente quiere hablar con usted antes de que empiece.
Felicity se dirigió a los ascensores y trató de controlar los nervios del primer día. Todo saldría bien. Prácticamente habían diseñado aquel puesto para ella. La agencia de empleo le había dicho que era la única persona a la que le habían dado una entrevista. El hombre que había llamado para ofrecerle el trabajo le había dicho que los entrevistadores se habían quedado muy impresionados con su experiencia. Evidentemente, el hecho de que hubiera llevado a cabo con éxito un proyecto tan importante en Naviera Queen estaba dando sus frutos. Además, le había informado de que, para cuando ella se incorporara a su puesto de trabajo, Madison Brown sería una empresa asociada a un enorme conglomerado denominado Tellesta.
Por supuesto, Felicity había hecho sus deberes. Sabía que Tellesta era una empresa muy grande, casi tanto como Naviera Queen. Allí podría tener mucho margen para poder desarrollar sus capacidades de organización. Además, tendría la oportunidad de viajar a las oficinas que la empresa tenía en París y Nueva York. Aguardaba con impaciencia los desafíos que la esperaban en el futuro.
Las puertas del ascensor se abrieron en la última planta. Se dirigió al mostrador de recepción, donde una joven estaba encendiendo el ordenador y clasificando el correo.
-Hola, me llamo Felicity Smoak. Soy...
—La nueva directora de proyecto —replicó la recepcionista terminado la frase por ella—. Yo me llamo Claire —añadió con una sonrisa—. Me han indicado que le muestre su despacho.
Mientras seguía a Claire, Felicity miró con interés a su alrededor. Los modernos despachos tenían unas vistas espectaculares de Londres. La sala de juntas era muy grande, con el más moderno equipamiento.
—Este lugar es fantástico —murmuró deteniéndose brevemente en la puerta.
· Lo acaban de instalar todo —le informó Claire con orgullo—. La empresa que ha absorbido a Madison
Brown no tiene ningún reparo a la hora de gastar dinero. Incluso hay un helipuerto arriba, para que los peces gordos puedan ir y venir al aeropuerto sin perder tiempo.
—Impresionante.
—Lo es, ¿verdad? —afirmó Claire mientras abría la puerta que había al final del pasillo—. Éste es su despacho.
Felicity no se podía creer su suerte. Se trataba de un enorme despacho, situado en una esquina del edificio, con maravillosas vistas sobre Canary Wharf. Le costó apartar la vista del amplio ventanal y concentrarse en el escritorio y en el enorme montón de archivos que se apilaban encima.
· Se me ordenó que le recopilara material de investigación y de que le informara que tiene usted una reunión en la sala de juntas a las diez.
—Muy bien —dijo Felicity—. Creía que el director gerente quería hablar conmigo en primer lugar.
-Así era, pero ha tenido que marcharse a otra de sus empresas. Dijo que se reuniría con usted en la sala de juntas. Oh, y ha dicho que se mire usted las cifras del presupuesto de antes de Navidad y que prepare un informe preliminar sobre cómo cree usted que se pueden mejorar.
- ¿Y quiere que prepare ese informe antes de las diez? —preguntó Felicity. Los nervios se apoderaron de ella.
—Me temo que sí. Es un hombre con mucha prisa. —¡Ni que lo digas!
Cuando Claire se marchó, Felicity se quitó la chaqueta del traje y la colgó del perchero. Aquello era precisamente lo que había querido. Un trabajo que le supusiera desafíos constantes y que le impidiera pensar en el pasado. Su último trabajo había sido muy emocionante y le había resultado prácticamente adictivo... ¿o acaso había sido la excitación de estar con Oliver?
Decidió rápidamente no seguir pensando por aquel camino. Oliver había sido un error en su vida. Hojeó los papeles con un gesto de ira y trató de concentrase. Sin embargo, durante unos pocos segundos, sólo pudo pensar en Oliver. En cómo la besaba, en cómo la acariciaba, en cómo la poseía...
Cerró los ojos y respiró profundamente. Entonces, se recordó lo asustada que se había sentido cuando pensó que estaba embarazada. Afortunadamente, la prueba de embarazo había sido negativa porque Oliver no quería compromisos. Sus negocios eran su principal y única prioridad.
La había mirado casi fríamente cuando ella le dijo que no iba a seguir en su empresa.
—¿Se trata de una decisión que se basa en los sentimientos o en el trabajo? —le había preguntado. —¿Acaso importa?
—Sí, porque si tus razones son sentimentales significa que no estás pensando como debes.
Aquel razonamiento había sido tan propio de él que ella se había echado a reír. —Entonces, eso significa que la única razón de peso es la laboral. —Básicamente, sí. Teníamos un acuerdo, ¿no? Nos habíamos estado divirtiendo un poco juntos, pero los dos acordamos que no tendría repercusión alguna en el terreno laboral.
—Y no la ha tenido —había replicado ella levantando la barbilla en gesto desafiante—. No quiero el trabajo que tú me ofreces porque ha llegado la hora de progresar en mi trayectoria profesional. Nuestro acuerdo ha llegado al final. Yo quiero un desafío nuevo —había añadido, con tanta tranquilidad como él, aunque en realidad estaba sufriendo por dentro.
Y así seguía siendo. En los más profundo de su ser, una parte de ella había estado esperando que él le mostrara una pizca de sentimientos, una chispa de ternura. No había sido así. Simplemente le había dicho que dejaría abierta la oferta de trabajo durante algún tiempo por si ella cambiaba de opinión. Entonces, le había deseado lo mejor para el futuro y había dado la conversación por terminada.
No había estado presente el día en el que ella se marchó de la empresa. Estaba de viaje de negocios en los Estados Unidos. Si le hubiera importado, no se habría marchado justo en aquel momento. No había puesto, como siempre, los negocios en primer lugar.
Observó los papeles que tenía sobre su escritorio. ¿Por qué estaba perdiendo el tiempo pensando en Oliver cuando tenía que realizar un informe muy im-portante para su nuevo jefe? Su relación con Oliver había terminado y tenía que ser realista al respecto. Por supuesto que él no había albergado sentimiento alguno hacia ella. Eso siempre lo había sabido. Se habían divertido un poco, tal y como él lo había denominado tan fríamente. No había habido amor, sólo sexo. Felicity trató de centrarse en los papeles. Era una mujer de veinticuatro años, con una licenciatura en económicas, no una adolescente enamorada. Había cometido un error. Había pensado que podía tener una relación sexual evitando que intervinieran sus sentimientos. No le había salido bien. Necesitaba superarlo. El pasado había quedado atrás.
Rodeó con un círculo algunas cifras que le resultaron poco usuales y comenzó a tomar notas. A las nueve cuarenta y cinco había redactado un informe preliminar. No era perfecto, pero era lo mejor que podía hacer dadas las restricciones de tiempo. Además, tenía unos cuantos puntos de interés de los que podría hablar durante la reunión.
Unos minutos antes de las diez, se levantó de su escritorio y se dirigió a la máquina de agua. Allí, comprobó su aspecto en un espejo que había junto a la misma. Se había maquillado más que de costumbre para ocultar el hecho de que no había estado durmiendo bien. Sus ojos azules resultaban muy atractivos con el exceso de maquillaje y el lápiz de labios, más brillante que de costumbre, contrastaba bien con su cabello rubio. Sin embargo, no era verdaderamente ella. Solía inclinarse más por un aspecto natural.
«No te han contrastado por tu estilo. Sólo les interesa tu cerebro», se recordó. Regresó rápidamente a su despacho y se detuvo en seco. Durante un instante, pensó que se había equivocado porque había alguien sentado a su escritorio. No podía ver de quién se trataba porque él estaba mirando por la ventana. Lo único que era capaz de vislumbrar eran las largas piernas que se extendían hacia un lado y la mano que sostenía un teléfono. Le pareció que aquel desconocido era un poco descarado al acomodarse así en su despacho. Además, se dio cuenta de que el hombre estaba leyendo sus notas. Tenía sus papeles en la otra mano. —Perdone —dijo—, ¿puedo ayudarle en algo?
—Te voy a tener que dejar, Roy. Tengo que atender a mi nueva empleada —dijo una voz cálida y con un suave acento mediterráneo que Felicity reconoció enseguida.
Justo en aquel instante, la silla se giró y ella se encontró cara a cara con el hombre que había puesto su mundo patas arriba: Oliver Queen. Se le hizo un nudo en el estómago.
Durante un momento, se preguntó si se lo estaría imanando. Contuvo el aliento y se pensó que, tal vez, ano había pensado tanto sobre él a lo largo de las últimas semanas había terminado conjurándolo en una ilusión. Entonces, él colgó el teléfono, se reinó hacia delante y la miró.
—Hola, Felicity.
Resultaba imposible confundir aquel tono de voz irónico, ni el brillo de sus ojos verde oscuro. No se trataba de un sueño... sino más bien de una pesadilla.
Espero que estén disfrutando de la historia.
XOXOXOOO
