1-. Capítulo Primero: La llegada de Fukuten
Meses después, a las fueras del reino.
Justo cuando ya la esperanza empezaba a desaparecer, vio el planeta, el planeta rechazado. No era una buena opción, pero después de todo era un planeta, un reino bastante grande, en el que podría vivir durante un tiempo, o para toda la vida...
–Por fin – pensó en su mente – , podré descansar. Y sobrevivir.
Quién diría que después de plantarle cara a aquellos reyes mandones, estos lo echaran de su reino. De su casa. De su familia. De sus amigos. De su prometida.
Le había prometido que no pasaría nada. Y ahora estaban separados.
Y quién sabe por cuánto tiempo.
En el reino
–¡Sus majestades! – uno de los guardas entró de pronto en el salón de los reyes muy apurado.
–¿Y ahora qué, consejero? – lo llamó el rey más mayor del grupo – , ¿No ves que disfrutamos de un invierno eterno?
–Señores – bajó el tono de voz –. Hay noticias. Noticias del expulsado.
–¿De ese hada tan vulgar? – preguntó el rey de las cerezas.
–Sí. Parece que algún habitante de algún reino cercano al Planeta Rechazado, lo ha visto cerca de este y parece que planea entrar en él.
–¿¡Cuándo!? – preguntó uno sobresaltado.
–Lo han visto hoy su majestad.
–Qué velocidad – murmuró el rey de las cerezas.
–Sí, la verdad es que las noticias vuelan, metafóricamente – dijo el menor de todos.
–Mándenlo a matar – sentenció el mayor de todos los reyes –, ahora.
–¡S-Sí señor! – a los pocos segundos, el consejero desapareció de la sala.
–Nos desharemos de ese ser rápido – dijo esbozando una sonrisa.
–¿Y por qué no lo encerramos en una de las cárceles del reino? – preguntó el menor.
–Porque eso nos dará problemas. Muchos problemas. Sus familiares lucharían por su libertad, y eso conllevaría a que todo el mundo nos llevase la contraria, y por muy poderosos que seamos, si todos se unen, esto podría llevar a la catástrofe – explicó el más listo del cuarteto.
–Ya entiendo... – susurró el menor.
–¡En realidad...! No había pensado eso – se excusó el mayor – , es solo que vino de chulo y quería castigarle. Me irritó un poco.
–Por eso yo soy el listo... – murmuró uno de los reyes.
En el Planeta Tierra
–¡No-me-lo-puedo-creer! – dijo Takara dando un pequeño grito muy afinado – , ¡Lo ves! ¡Una nueva película! La continuación de la mejor de todas las sagas de películas. ¿Y sabes qué es lo mejor de todo? – le habló a su gato – . ¡Qué sale él! Takishima Kenji. La saga será más perfecta aún, si eso es posible – pegó otro pequeño grito.
–Miau – emitió un pequeño sonido el gato.
–¡Lo sé! ¡Te encanta tanto como a mí!
Dieron dos toques a la puerta de su habitación y se puso en guardia.
–¿Quién es? – preguntó con voz firme.
–Soy yo nena – le dijo su madre desde el otro lado – , ¿Se puede?
–Por supuesto mami – respondió dulce.
–Nena – se acercó y le dio un pequeño beso en la frente – , voy a salir al trabajo. Si necesitas algo, llámame. ¿Vale? – la chica asintió – , nos vemos más tarde guapa.
Y dicho esto, giró sobre sus talones y salió de la habitación.
–Qué pena, pero bueno. ¡Sigamos hablando Cherry!
–Miau – volvió a emitir el pequeño sonido.
Un poco más lejos...
Eso sí que la había sorprendido. Todo lo que tenía frente a su cara era su casa. Una casa mucha más grande que la otra que tenía antes.
–Guau – emitió su hermano a su lado.
–Chicos, no exageren. No es muy grande – dijo su padre – , solo un poco más que la nuestra.
–¡Papá! ¡Tiene dos pisos! ¿¡Y dices qué no es grande!? Debes estar loco – dijo mientras miraba a su padre extrañada.
–Bueno, ¿recuerdas cuando dije que tendrías un cuarto más grande Haruko? Pues no mentía. Pero supongo que eso a ti te da igual – dijo su madre tras ella mientras intentaba reprimir una risa.
–Vale, retiro lo dicho. Estaba un poco enfadada por la mudanza y todo el tema... – dijo mirando de nuevo la casa – ,y sigo enfadada – añadió segundos después – , pero, bueno,... Estoy un poco absorta por esta gran casa. Y claro,... Es normal.
–Sí... Te entiendo perfectamente – dijo su hermano pequeño – , ¿Podemos verla por dentro?
–Claro, entrad – dijo su padre pasándole las llaves a sus hijos.
Se acercó a su esposa mientras vio a sus hijos entrar emocionados en la casa.
–Me pregunto si... a Yoshiro... le habría gustado – suspiró.
–Claro que sí – dijo su esposa – , pero él no puede ver la casa. Pero nuestros hijos menores sí. Disfrutemos de ellos antes de que se hagan mayores y quieran irse, ¿Vale? – le dijo con dulzura.
–Hikari, gracias por toda esta vida – le dijo mientras le daba un casto beso en los labios a su esposa.
–¡Ugh, qué asco! – musitó Haruto – , ¿cómo pueden hacer eso?
–Oye, no te quejes. Tú lo harás en unos años.
El chico enrojeció.
–Si no lo has dado ya... ¡No puede...! – su hermano menor tapó su boca y le hizo una seña de silencio.
–Dije que da asco verlo... Hacerlo es otra cosa.
–¡Yo ni siquiera he dado mi primer beso!
–No me extraña, no atraes a los chicos.
–¿Ah, no? Pues entonces dime que hago. Señor consejero que ya dio su primer beso – le dijo al oído haciendo que el niño se estremeciese.
–Bueno, uno, uno, como que ya podrías contar unos cuántos más.
–Encima – susurró.
–Deberías arreglarte un poco más, a lo mejor así atraes la atención de los chicos... Solo es un consejo, eh.
–Claro, claro. No sé si estoy loca, o desesperada, aunque creo que es más lo segundo – le dijo a su hermano – , pero creo que seguiré tu consejo – añadió. Luego se dio la vuelta y entró en la casa – .¿Vamos a verla?
–¡Claro! – dijo el niño entusiasmado.
Pasearon por la casa observando todas y cada una de las habitación, que para sorpresa de los niños, ya estaban amuebladas.
–Bien, esta debe ser mi habitación – dijo el niño frente a una puerta.
–¿Por qué lo dices? – preguntó su hermana – . A lo mejor es del mamá y papá.
–¿Quizás por qué hay un cartel con mi nombre? – ironizó.
–Vaya, no lo había visto...
–Tu cuarto es ese – señaló a su derecha – , pone tu nombre.
–Gracias enano...
–¡Qué ya tengo diez años! ¡Soy mayor!
–¿Quieres llevarme mis cosas? – sonrió.
–No tan mayor... – añadió antes de entrar al cuarto.
La chica entró en su habitación. Era como la anterior.
O muy parecida.
Una de las diferencias, era que, ya no tendría un futón, si no una cómoda cama despegada del suelo. Más tarde, una vez ya había guardado todas sus cosas, y había observado su habitación durante un largo rato, bajó las escaleras que la llevaban al salón. Donde se encontraban sus padres.
–¿Qué pasa Haruko? – le preguntó su madre.
–¿Qué hago? – sus padres fruncieron el ceño – , quiero decir... No hay nada que hacer aquí. No hay ferias, ni esas cosas.
–Pues, vete a dar un paseo por los alrededores... Nosotros vamos a ir esta tarde a meterte en un instituto, y a tu hermano en un colegio, podrías decirnos alguno que te guste – le propuso su padre – , y ya que estas podrías llevarte a Haruto contigo.
–¿Para daros intimidad o para lo del colegio? – preguntó la chica pícara.
–Para el colegio, claramente – respondió su madre –, ¡Anda, váyanse ya!
La chica salió del salón, y caminó hasta las escaleras desde done gritó el nombre de su hermano, el cuál segundos después, salió de la cocina.
–¿Qué quieres pesada? – le espetó mientras llevaba una rosquilla a su boca.
–¿Acabamos de llegar y ya estás comiendo? – abrió los ojos – . Bueno, dice papá y mamá que te lleve conmigo a dar un paseo.
–¿Y si no quiero ir?
–Pues te quedas, a mí me da igual.
–Es que me da rollo salir contigo, ya sabes porque es posible que me pierda...
–Bien, bien – dijo su hermana mayor haciéndose un mohín – , pues quédate.
–Gracias y adiós – se despidió de su hermana yéndose a la cocina – .¡No te pierdas!
Haruko salió de casa acelerando cada vez más el paso, hasta que de pronto se detuvo y dio la vuelta de nuevo hacia su casa.
–Bonita forma de salir enfadada – le dijo su hermano al abrirle la puerta – . Ten – le dio las nuevas llaves de la casa – . Coge la bici.
–Ya, ya lo sé – respondió haciéndose de nuevo mohín.
La chica salió a toda velocidad hacia su nuevo garaje, donde por fuera, estaba colocada su vieja bicicleta.
Se montó sobre ella y salió a dar una paseo por los alrededores de la ciudad.
–Una ciudad con mucha agua – dijo al observar el mar detrás de las casas.
Fue pasando por varias calles llenas de casas, parques, tiendas, niños jugando... Hasta que sin darse cuenta, terminó sentada en el muelle junto a la playa.
–Estoy cansadísima – se quejó en alto.
–Yo también, fuku – se quejaron a su derecha.
–¿Qué diablos...? – dijo la chica al mirar hacia el lado de donde provenía la voz – .¡Un perro qué habla! ¡¿Qué es esto!? – se alteró y de un salto se puso en pie.
–¿Oh? Ey, no te extrañes, tú también puedes hablar fuku. Y eso, para mí, es muy raro fuku... Oye, ¿no sabrás de un hotelito así dónde pueda quedarme fuku?
–¡Ay, ay! – empezó a ponerse nerviosa – , qué mal estoy, qué mal estoy. Tengo, tengo que volver – se dio la vuelta y cogió su bici, aparcada a unos pocos metros de ella, y salió con ella a toda velocidad, en la dirección que supuso que sería su casa.
Si no la encontraba, cogería la bicicleta la metería en el maletero de algún taxi y se marcharía subida en este para irse allá. Sobretodo porque corría mucho más.
–¡Esperaaa fuku...! – gritó el pequeño animal parlante mientras sobrevolaba el suelo y se acercaba a ella – .¡No te asustes fuku! ¡En serio fuku! ¡Necesito ayuda fuku! ¡Creo que moriré en la calle fuku! ¡Eres mi única salvación fuku! – de pronto la chica se detuvo.
–Debo estar soñando o algo... Quizás no me he mudado, quizás solo sea una pesadilla – sus ojos se iluminaron – . Dime, niño. ¿Estoy soñando?
–¿Es a mí fuku? – pregunto la extraña mascota. Ella asintió – . Pues no fuku. No es un sueño fuku.
–¿¡Entonces tú qué...!?
–¡Calla fuku! – la interrumpió – .No quiero llamar mucho la atención fuku.
–Vale... Lo siento – se disculpó – .¿Qué quieres de mí?
–Que me des una casa fuku.
–¿Y por qué yo?
–Siento algo especial en ti fuku– ella rodó los ojos.
–No me vengas con mentiras y cuentos raros. A mí no me cuelan.
–¡Pero necesito ayuda fuku!
–¿Y qué quieres qué haga? ¿Qué te meta en mi casa? A mis padres no les gustará.
–Ellos no tienen por qué saberlo fuku...
–¿Y cómo te alimento? A ver, eh. Dime cómo.
–Eso es fácil. Pero tenemos que hablar en un sitio más privado fuku. O te tomarán por loca fuku.
–Ya me han tomado por loca...
–Es que... Ahora mismo, soy invisible para fuku...
–Sí, esto tiene que ser un sueño – se subió de nuevo a su bici – . Hasta luego. No me sigas.
–¿¡Pero no me vas a ayudar fuku!? – la siguió – .Te juro que soy invisible para las personas normales fuku. Me sorprende que puedas verme fuku. Creo que tenemos una conexión especial y...
–¿Intentas ligar conmigo? ¡Oh, vamos! No soy zoofílica, ¿Vale?
–No, no es eso. De verdad necesito ayuda fuku...
–No te creo – espetó.
–Por favor fuku.
–¡Ay, me tienes harta! ¿¡Por qué dices, fuku, fuku y fuku!?
–No lo sé fuku – se encogió de hombros – . Es de venir aquí fuku. En mi reino no me pasa esto fuku. Por cierto me llamo Fukuten fuku.
–Eso me da igual. No te vas a venir conmigo.
–¡Por favor, dame una oportunidad fuku!
–¿Por qué?
–Porque... En fin, soy adorable fuku – dijo con un tono más seductor a lo que Haruko rió.
–Vale. Me llamo Haruko Haruda.
–Yo soy Fukuten fuku.
–Lo sé, me lo dijiste. ¿Por qué necesitas ayuda?
–Me echaron de mi reino por plantar cara a los reyes fuku... ¡Abusaban de nosotros fuku! No querían darnos la primavera fuku.
–¿Ellos pueden controlar esas cosas?
–Me temo que sí fuku. Y encima nos dan órdenes estúpidas fuku. Y como hace unos meses les planté cara fuku, me echaron del reino fuku – le explicó mientras caminaban hasta la casa de Haruko.
–Oh, oh...
–¿Qué pasa?
–Creo que... Nos hemos perdido.
–Bueno, no pasa nada fuku.
–¿Puedo pedir un taxi?
–Claro fuku. Pero no podemos hablar fuku.
–Bueno, no pasa nada ¿no? – le sonrió y asomó su cabeza a la carretera esperando a que un taxi pasase.
De pronto, las nubes comenzaron a juntarse.
–Creo que va a llover Fukuten – le dijo la chica – Será mejor que nos pongamos a resguardo.
–Yo no... creo que sea por eso fuku...
–Claro que es por eso, después de todo, estamos en primavera y suele llover mucho.
–Sí pero... No creo que esto tenga que ver con la lluvia fuku. Me resulta familiar fuku... Y eso no es nada bueno fuku.
–¿No tendrás familia qué quiera verte?
–No es fácil salir del reino sin un poco de ayuda.
