QUEBRADO

—No puedo quererte, Chat. Amo a otro…

Su figura carmesí de tejado en tejado es lo último que ves antes de cerrar los ojos.

Y entonces lo oyes.

Así suena un corazón partido en dos.

Y notas las sombras de oscuridad, extendiéndose por entre las grietas.

Y el odio. Sí…, tú, que jamás has odiado, hoy lo haces.

Odias al otro. Con todas tus fuerzas. Con el alma. Con las tripas…

Te asombras de esa intensidad, feroz y ciega, y por un momento temes que algún akuma pueda poseerte.

Pero no…

Sobre los techos de París, solo estáis tú y tu miseria.