Disclaimer: Nada de esto me pertenece, Rowling es la afortunada que tiene una imaginación descomunal y a la que le dan el dinerito. Todo en uno.

Recuerdos
Flash Back

- ¡Todo esto es por tu culpa! – Gritaba Lily enfurecida.

- ¿Mi culpa? ¡Fuiste TÚ quien tropezó! ¡Patosa! – Una vez a la semana, McGonagall seguía con el proyecto Baile de Navidad, según la profesora los alumnos acabarían por respetarse y saber bailar, que al fin y al cabo era el principal propósito. La clase de esta semana había sido un poco desastrosa por no decir ridícula, Peter se había quedado sin pareja y el pobre muchacho tuvo que bailar solo, supongo que podréis imaginarlo, por otro lado, Sirius y Anna, como decirlo, eran penosos, bailar lo que se dice bailar no saben. Remus se puso de pareja con una Ravenclaw, lo que a Kathie le molestó muchísimo, el resultado de esto, miles de empujones por parte de la chica hacia la pareja del licántropo. Y para rematar, la pareja estrella había sido: James Potter y Lily Evans, la chica accidentalmente tropezó (con su propio pie) y cayó al suelo, con chico incluido.

- ¡Un fallo lo comete cualquiera! ¡Además estamos aquí porque TÚ me insultaste! –La profesora les había castigado después del almuerzo, tendrían que limpiar los calderos de la clase de Pociones a lo muggle.

- Sí claro, ¡sólo yo te insulté! "Potter, estúpido levanta de una vez. Potter imbécil por qué no me agarraste. Potter, Potter, Potter! "– Decía James intentando imitar la voz de Lily.

La pelirroja hizo un claro intento por contenerse pero sin poder evitarlo estalló a carcajadas.

- Eres penoso imitándome ¿lo sabes no? – También James comenzó a reírse.

- Es difícil que alguien pueda parecerse a ti. – Dijo casi en un susurro. Las risas cesaron y el silencio se apoderó de la habitación. Los ojos avellanas del muchacho buscaron con ansias los de la chica, sus miradas se encontraron con un brillo totalmente nuevo, de forma inconsciente Lily dio un paso adelante, tragó saliva y bajó la mirada concentrándose ahora en sus labios. Pensó que nunca antes los había probado y tenía tantas ganas…

Estaban a un metro el uno del otro, demasiado lejos para ambos, James, decidido, cortó la distancia que los separaba hasta poder notar la agitada respiración de la chica sobre su piel, sus manos acariciaron con delicadeza el rostro de ella, como si pudiese llegar a romperse. Sonrió al verla cerrar los ojos, y poco a poco fue acariciando también su cuello, sus hombros, su espalda… hasta pararse en la cintura, donde se aferró con fuerza, incapaz de volver a soltarla, no quería salir de ahí porque entonces volverían a ser Potter y Evans, y en ese momento, en esa habitación, ya todo había quedado atrás… Ahora, sólo eran ellos.

La pelirroja en un impulso incontrolable subió sus manos hasta su cuello, abrió los ojos y supo que él nunca más sería Potter, ya que en realidad, nunca lo ha sido. Escasos centímetros separaban sus cuerpos. Sin pensarlo atrajo al chico hacia ella, rozando levemente sus labios con los de él, tan solo un roce… Volvió a separarle. Sonrió.

- Tenemos que terminar de limpiar todo esto Potter. – Le dijo al oído – ¿O a caso quieres quedarte mañana también?

El sonrió. - No me importaría. – Y diciendo esto atrajo a la chica hacia él, uniendo cada parte de su cuerpo al de ella, cortando la enorme distancia que según él les separaba, la miró a los ojos, sólo un segundo, para luego perderse en sus labios.

Fin del Flash Back

Recuerdos
Flash Back

- ¿Ya sabes con quién irás al baile Anna?

- Sí, iré con el mismísimo Sirius Black, como amigos por supuesto. – Terminó al ver la mirada de Kathie, Susan, hasta de ¡Lily!

- Sí ya, como amigos… Pues yo iré con Remus, ¿os lo había dicho ya? – Preguntó irónica Kathie.

- Sí, unas cincuenta veces…

- ¿Y tú Lily? ¿No pensarás ir con Snape no? – Susan sabía que la pelirroja era demasiado buena a veces, tal vez le diera pena decirle que no…

- No, claro que no… Pero no sé con quién iré. – La voz de la chica sonaba apagada, como si escondiera algo que sus amigas no sabían aún.

- ¿Por qué no le dices de una vez que si a Potter? – Preguntó Anna con naturalidad.

- Porque… no me lo ha pedido.

- ¿Qué? – Dijeron las tres al unísono.

- ¿James Potter no te ha dicho si quieres ir con él al baile de navidad? – Kathie no salía de su asombro.

- Muchas gracias por recordármelo Kathie. Y no, no me lo ha pedido, supongo que habrá encontrado a una chica mucho mejor que yo. – Terminó casi susurrando, más para ella que para sus amigas.

- ¿Quién puede haber mejor que tú para James? No digas tonterías, tal vez se le haya pasado… O haya estado muy ocupado…

- Sí ya, ocupado haciendo ¿qué?, ayer estábamos los dos... hablando en la sala común y no dijo nada del baile. – Parecía disgustada, como si de algún modo esperase poder ir con él, le iba a decir que sí de una vez y ni siquiera fue capaz de preguntárselo… A pesar de lo sucedido en las mazmorras, y en la sala común, y en el lago, y en el campo de Quidditch… ¿Cómo podía ser tan tonta? Eso era lo que más le dolía, después de todo pensaba que ellos ya eran algo… algo más que amigos, que compañeros…

- Lily ¿por qué no se lo preguntas tú?

- ¿Qué? ¿Estás loca? No pienso preguntarle nada.

- ¿Entonces por que tiene él que preguntártelo a ti? Dime una cosa, ¿cuántos años lleva haciéndolo él? ¿Y cuántas veces ha sido rechazado? – Ahí estaba una vez más la voz sabia del grupo, Anna siempre tenía razón, era como una madre para todos… Una madre un poquito odiosa.

- ¿Le preguntaste tú a Sirius si quería ir contigo? ¿A qué no? ¿Y tú a Remus? ¿Y tú a Diggory? ¿Y Alice a Frank? NO.

-Cómo quieras Lils, pero piénsalo… Tal vez él también está esperando que se lo pidas tú… - Se puso en pie y cogió los libros. – Vamos, hay que terminar el trabajo de Transformaciones. – hablaba con Kathie y con Susan, ya que Lily lo haría con James. – Y tú también tienes que ir, te recuerdo que quedaste con Potter en la biblioteca hace diez minutos.

- ¡Mierda! – Cogió sus libros y salió lo más rápido que pudo de la habitación.

Fue corriendo hacia la biblioteca, deseando que no se hubiese marchado aún. Entró casi asfixiada de tanto correr y al verlo medio dormido mirando por la ventana se acercó a él.

- Hola… - Estaba avergonzada, toda la vida enfadándose con James por llegar tarde y ahora era ella la que se retrasaba.

- ¡Por fin Lily! ¿Dónde estabas? Te llevo esperando casi una hora.

La chica carraspeó notablemente – Siento decirte que llevas esperando diez minutos exactamente. – Se sentó a su lado dejando los libros sobre la mesa.

- Bueno lo que sea. – Sonrió, sonrió con su perfecta y hermosa sonrisa. - ¿Y mi beso por haber llegado tarde? – Dijo haciendo pucheritos.

- No se dan besos por haber llegado tarde. – Respondió finalmente la pelirroja.

- ¿Estas de mal humor? Si quieres podemos dejar el trabajo para mañana… Aún falta una semana para entregarlo.

- No, no estoy de mal humor, lo siento, estoy algo cansada no he dormido bien…

- Si no quieres contarme, a MI, lo que sucede no hace falta que te inventes escusas Lily. Dime que no quieres decírmelo y punto. – Sonaba molesto, demasiado.

- Sí que me pasa algo pero…

- Pero no sabes cómo decírmelo porque tiene que ver… ¿conmigo? - ¿Cómo sabía él todo eso?

- Pues si… - Dijo con cara de desconcierto.

- Sabes que puedes contarme lo que sea… - Al notar que permanecía callada prosiguió - ¿Quieres que te lo saque yo? – Preguntó divertido. – Será menos vergonzoso y más sencillo.

Ella asintió no muy convencida.

- A ver, ¿te he dicho algo que te haya molestado?

- No.

- ¿Me has visto con alguien que te haya molestado?

- No.

- ¿Te has enterado de algo, mentira todo es mentira, que te haya molestado?

- No. – Dijo esta vez sonriendo.

- ¿No sabes cómo decirme que no quieres volver a verme? – Le costó algo hacer esta pregunta, pero sabía que cabía la posibilidad.

- ¡NO!- Contestó sin pensarlo, casi gritando. Esta respuesta le satisfago bastante al chico, quien sonrió de oreja a oreja.

- ¿Entonces…? Ya no se me ocurren más cosas, no he gastado una sola broma desde que me lo pediste, ni he faltado a clases… Así que… Me rindo.

- Es algo que NO has dicho. – Dijo haciendo énfasis en la palabra no.

- ¿Algo que no he dicho? ¿A qué te refieres?

Ella suspiró.

- Pues… que estoy molesta contigo porque…

- Porque…

- Porquenomehaspedidoquevayacontigoalbailedenavidad. - ¡Lo dijo, lo dijo! Nunca creyó que fuese capaz de hacerlo, pero ¡lo había dicho! Miró orgullosa a James quien, al parecer, y sin entender por qué, había comprendido las palabras de la joven.

- Pues no te he pedido que vayas conmigo al baile porque llevo haciéndolo cinco años Lily, cinco No. Cansa un poco… - Él sonrió, al parecer disfrutaba con la situación.

- Tu sabes perfectamente que si me lo hubieses pedido este año te hubiera dicho que si… Si no lo has hecho tal vez sea porque desees ir con otra antes que conmigo.

- O tal vez… la razón por la que no te lo haya pedido es porque me gustaría que saliese de ti… ¿acaso no hay confianza entre nosotros? – Esa fue la palabra clave, confianza. Confinaba en él, claro que sí. Le encantaría tragarse el orgullo y pedirle que fuera al baile con ella, ¿pero podría? Empezó a jugar con su pelo, sabiendo que James esperaba una contestación por su parte, la estaba haciendo sufrir, la conocía demasiado bien…

Tragó saliva, ¿por qué era tan difícil?... – James…

- Mi encantador, magnífico, guapo y…

- ¡Oye! Si quieres que siga no me interrumpas. – Repuso sonriendo. – James, ¿te apetecería…ir conmigo… al baile de Navidad? - ¡Por Merlín! Lo había dicho, no fue para nada difícil, ¡su orgullo había desaparecido por completo! Todo parecía demasiado fácil cuando estaba con él…

- Claro que… no. – Los ojos de Lily se abrieron como platos. ¿Cómo que no? La cara comenzaba a enrojecérsele y su respiración empezaba a agitarse, ¿la había rechazado? Se levantó de la silla de la biblioteca, estupefacta aún por lo sucedido.

- ¿Lily? Era un broma… - Dijo temeroso. – Quiero decir, claro que quiero ir contigo al ba… - No pudo acabar la frase ella ya le había dado con un libro en toda la cabeza. - ¡Auch!

Ella recogió sus libros y puso marcha fuera de esa biblioteca.

- ¿Lils? ¡Lily espera! – gritaba james mientras recogía sus libros y salía tras la pelirroja, quien, aunque un poco molesta, disfrutaba del momento con una sonrisa en la boca.

Fin del Flash Back

Los primeros rayos de sol de la mañana entraron por la ventana de mi cuarto dispuestos a hacerme despertar. Algo molesta por la repentina claridad me revolví entre las sábanas… Abrí los ojos poco a poco, con demasiada pereza, bostecé e intenté sentarme en la cama. Me había quedado dormida leyendo el diario, genial, me dije al verlo tirado en el suelo. Lo recogí y lo coloqué sobre la mesa de noche. Me quedé unos minutos observándolo, sin decir nada, sin hacer nada… Recordando las páginas que había leído la noche anterior, el castigo con James, las clases de baile… Sonreí. Todo aquello quedó tan lejos… Miré el reloj que colgaba de la pared de enfrente de la cama. ¡Mierda! Las siete y media. Me levanté, me duché, me vestí y desayuné tan rápido como pudo permitirme. Comenzaba a trabajar dentro de tres minutos. Llegaré tarde, llegaré tarde por primera vez en dos años… Salí disparada de mi casa para llegar cuanto antes al hospital.

Las 8:25, 25 minutos tarde… ¡Qué vergüenza! No dejaba de repetírmelo una y otra vez mientras entraba por la puerta del hospital. Me dirigí deprisa hacia una pequeña habitación donde nos cambiábamos y tomábamos algo cuando no había otra cosa que hacer. No había nadie. Abrí mi taquilla, metí mi bolso y me puse la bata. Escuché la puerta abrirse.

- ¡Lily! Te estábamos llamando a tu casa. Estábamos preocupados. – Este es mi jefe, un hombre de color varios centímetros más alto que yo. Tenía una relación bastante estrecha con él.

- Lo siento señor Thomas. Me he retrasado, pero ya estoy lista. ¿Deseaba algo? – Pregunté lo más cortés posible. Era él quien me pagaba.

- No se preocupe. Verás. – Comenzó a decir al tiempo en que ambos salíamos de la sala directos a urgencias. – Nos han llegado los cinco aurores que quedaban en San Mugo, también diez pacientes del mismo hospital, no damos abasto y necesitamos con urgencia ayuda. Nos centraremos en los más graves, entre éstos se encuentran dos pacientes, uno envenenado con una poción desconocida, estamos intentando averiguar cual, no puede hablar y no sabemos nada de él. El otro paciente ha sido herido por los mortífagos en el mismo ataque contra los aurores, de ese puede encargarse Rude. A parte de ellos, hay dos aurores bastante graves a los que me gustaría que le echaras un vistazo, de los otros tres nos encargamos yo, Corner y el doctor Brown que ha llegado desde Inglaterra.

- De acuerdo, ¿en qué planta han sido habilitados?

- En la quinta planta, en la sección de urgencias. Ambos están en la habitación 508. – Y después de decir esto me entregó los informes y me dirigí al ascensor.

Estaba llegando a la habitación cuando abrí el historial de uno de los aurores, sorprendida me paré en seco. No puede ser… No me puede estar pasando a mí… Tragué saliva, buscando a algún otro médico que pudiera encargarse de él. No había nadie, probablemente estarían con los demás pacientes. Tendría que enfrentarme tarde o temprano a entrar en esa habitación, no podía seguir parada ahí, en medio del pasillo. Seguro que está dormido, le habrán dado una poción para el dolor… No te preocupes, entras, haces tu trabajo y te vas.

Decidida pero muy poco convencida comencé a andar dando minúsculos pasos, hasta yo me estaba desesperando, llegué a la habitación. Estaba cerrada. Suspiré, me coloqué la bata, volví a hacerme la coleta que tenía echa en un intento de alargar más el encuentro. Y toqué. Nadie contestó. Por fin, la suerte está de mi lado hoy. Giré el pomo despacio, temerosa. Las piernas comenzaban a flaquearme, y mi corazón iba a mil por hora. Abrí la puerta llena de dudas.

Al entrar en la habitación vi como ambos aurores estaban recostados en sus respectivas camas, durmiendo plácidamente. Sonreí. Me sentí aliviada. Fui a la primera cama, estaba justo enfrente de la puerta, al lado de la única ventana. Me quedé un rato observándole, sin hacer el menor ruido, como si algo pudiera despertarle. Has cambiado muchísimo… Realmente estaba sorprendida. Sirius Black ya no parecía Sirius Black. Su pelo antes largo y lacio estaba ahora demasiado corto, seguía de aquel negro intenso, pero le hacía su rostro mucho más maduro. Sus facciones eran más firmes, y se le notaba el gran cambio físico. Tenía la cara algo demacrada por el ataque, supuse. Un vendaje cubría su hombro izquierdo donde había recibido algunos hechizos, según el historial también en el abdomen y en una pierna. Estarás bastante tiempo de baja… Comencé a deshacer el vendaje del hombro, tenía la herida infectada. Las otras dos podrían esperar.

Dejé los informes sobre la mesilla y me dispuse a buscar la poción para la infección, llegué algo apurada, había dejado el hombro al descubierto y eso no era nada bueno para él. Se la dejé en la mesa. Ahora tendría que limpiarle la herida. Con cuidado cogía paños calientes y los enchumbaba en un líquido que olía a demonios, los dejaba reposar sobre su hombro mientras el chico intentaba, aún dormido, zafarse de mí.

Una vez acabado el trabajo con Black, apunté en el informe cada detalle, sobre sus heridas, y sobre el medicamento que le había dejado. Una enfermera se encargaría de que bebiera la poción cada seis horas.

Me dirigí hacia la otra cama, no lo reconocí hasta que leí su nombre en el historial del mismo. Alastor Moody. Tenía un aspecto mucho más demacrado, demasiado viejo para su edad. Me dispuse a curarle, apuntando una vez más en el informe cada detalle, las heridas de Sirius eran bastantes más sencillas de curar que las de Moody, para quien necesité más de una hora. Una vez terminé con él me levanté algo cansada de la cama donde me había sentado para ponerle el nuevo vendaje. Recogí ambas carpetas y me dispuse a salir de la habitación.

- Sabía que no te atreverías a despertarme. – Escuché a mis espaldas. Suspirando di media vuelta para poder mirarle, aquellos preciosos ojos grises ya no tenían la ilusión, la juventud y la picardía que abundaban en ellos cuando estábamos en Hogwarts.

- Hola Sirius… - Dije casi murmurando. No sabía que debía decirle al mejor amigo de la persona a la que abandoné. ¿Tenía derecho si quiera a dirigirle la palabra?

El sonrió irónicamente, como si esperase mi reacción. Me puse nerviosa, no era nadie para juzgarme de la manera en que lo hacía.

- Hola Evans… - Su voz sonó con desprecio, con burla. – Así que es aquí donde te metes ¿eh?

No le contesté, no sabría cómo hacerlo.

- Sabes, al principio, creí que volverías, que no serías capaz de dejar a James… - Al escuchar su nombre mi corazón se paró, me resultaba extremadamente difícil seguir respirando. – Los cuatro primeros meses sin saber ti fueron horribles, ya no era el mismo, se pasaba día y noche intentando encontrarte, buscar una manera de saber donde coño estabas metida, pero cuando hubo un año de tu partida empezó a disimular su dolor, se centró en su trabajo al cien por cien, incapaz de hacer otra cosa que pensar en ti… - Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, lágrimas directas del alma, ¿por qué hacía todo eso? ¿Por qué me lo contaba? Estaba disfrutando, disfrutaba verme así, tan confundida, tan dolida… Vi como sus ojos cambiaban de expresión hasta convertirse en odio todo lo que transmitía, odio hacia mí.

- Aún no sé cómo ha salido de toda esa mierda donde tú le metiste, hasta Remus creyó que no se recuperaría…

- ¿Qué es lo que quieres? – Me temblaban las manos, los pies, ¡hasta el pelo! Necesitaba salir de ahí, dejar de imaginarle destrozado, solo… Necesitaba volver a respirar.

Se carcajeó, una risa llena de repugnancia - ¿Yo?- Dijo después de unos segundos - Nada… De ti no quiero nada. – Dicho esto cerró los ojos ignorándome por completo. Dolida, enfadada e irrita como lo estaba, me alejé de allí lo más rápido que pude. James, James, James… No podía dejar de repetir su nombre. Corrí hacia el baño, donde sabía que nadie me molestaría. Una vez dentro intenté controlarme, calmar todo lo que sentía, no debía permitir que nadie me viese así, y mucho menos estar encerrada en el baño cuando quedaba mucho trabajo por terminar. Me sequé cada una de las lágrimas que cayeron por mis mejillas, me lavé la cara, deseando que no se notara que había llorado. Volví a hacerme, por tercera vez en el día, la coleta, y para finalizar me miré en el espejo.

Al salir de allí fui a comer, la comida más asquerosa que pudiera imaginar, la del bufé del hospital. Me senté sola, incapaz de entablar conversación con alguien más que no fuera mi conciencia. Mi turno terminaría a las cuatro. Tan sólo quedaban dos horas. No volví a ver a Sirius, no era necesario, aunque tenía claro que mañana tendría que volver a enfrentarme. Mi cabeza trabajaba para idear el plan perfecto, uno en el que no tuviera que volver a toparme con él. Vi a unos cuantos pacientes más y a las cuatro en punto, ni un minuto más tarde, salí de allí, algo muy raro en mí.

Volví a mi casa queriendo estar a salvo del mundo, deseando volver a abrir el diario. No podía dejar de pensar en ello, en leer todo aquello que había dejado atrás, en un intento, claramente fallido, de auto convencerme que todos están mejor sin mí. Al entrar en mi piso dejé las llaves sobre la mesa y corrí rápidamente hacia mi cuarto. Ahí está. Me recosté en mi cama y lo abrí una vez más.

Recuerdos
Flash Back

El día antes del baile de Navidad era un caos. Cientos de alumnos correteaban por el castillo en busca de zapatos, pinturas, vestidos y merodeadores. Había que admitir que estos cuatro jóvenes eran "acosados" en cada festejo. Y a ciertas personas esto no le sentaba nada bien…

- ¿Sucede algo pelirroja? – Preguntó James preocupado y algo molesto por el comportamiento aniñado de su no novia.

- ¿A mí? ¿Por qué lo dices?

- No me has dirigido la palabra en todo el día Lily, ¿se puede saber que he hecho ahora? – Se acercó un poco más a ella aprovechando el que estaban solos en la sala común.

- Lo siento… - Murmuró dejando de mirar a James. – He estado un poco agobiada, eso es todo…

- Sí, tú siempre estas agobiada… - Repuso el chico levantándose del sofá. – Cuando quieras confiar en mí y contarme que te preocupa, sabes dónde encontrarme. – Finalizó fríamente antes de dar media vuelta dispuesto a ir a su habitación.

- James… - Suplicó poniéndose en pie. – Espera. – Se acercó a él despacio, pensando cómo explicarle que demonios le pasaba, ni siquiera ella lo sabía, ¡por Merlín! ¿Cómo explicar algo que ni tú sabes qué es?

Él se giró hacia ella con una mirada llena de amargura, no dijo nada.

- No sé cómo explicarlo… No estoy segura de saber qué es lo que sucede. – Hizo una pausa, suspiró y le miró a los ojos. – Lo que me pasa, lo que me preocu…

- ¡Jamsie! – Lily fue interrumpida por una chica de sexto, Hufflepuff, la conocía muy bien, cazadora del equipo de Quidditch y sí… ex novia de James. Se acercó peligrosamente a él sin prestarle la más mínima atención a la joven. - ¿Te apetecería ir conmigo al baile?

- No, ya tengo pareja, y si no te importa… - Continúo señalando a su acompañante. – Estamos hablando.

- ¡Oh vamos! ¿No puedes hablar con esa más tarde? – La paciencia de Lily se agotaba, tal vez más rápido de lo normal, y estaba comenzando a perder los nervios. Sentía unas ganas inmensas de cogerla por el cuello y zarandearla hasta que jurara no volver a acercarse a SU James. Su rostro no estaba tan pálido como siempre, un ligero color rojizo encendía sus mejillas, sus ojos, brillaban con demasiada intensidad, y sus labios estaban ligeramente apretados, en un intento de no abrir la boca.

Sin poderlo soportar y siendo muy poco casual en ella, cogió su varita, en un impulso que desde ese momento supo que tendría que controlar, y murmurando algo incomprensible, apuntó a la "acosadora" de su chico. En unos segundos, ésta tenía el pelo de un color verde moco y los ojos descomunalmente hinchados. James por su lado, estaba totalmente desconcertado, sorprendido, y divertido.

- ¡Eso es lo que me pasa! – Dijo Lily viendo como la Hufflepuff salía corriendo de donde ellos se encontraban. - ¡No soporto ver como esas estúpidas coquetean contigo! ¡Yo soy la única que puedo y tiene derecho a hacerlo! ¡Sólo yo!

Fin del Flash Back

Recuerdos
Flash Back

Sólo unas horas faltaban para el comienzo del baile de Navidad, y una Lily Evans histérica y nerviosa correteaba por toda su habitación en busca de los pendientes.

- ¿Dónde los habré metido? – Se había repetido aquella pregunta, tal vez, y sin ánimo alguno de exagerar, unas veinte veces.

- ¡Llegarás tarde si no vas a ducharte de una vez! Yo y Kathie buscaremos tus pendientes, tranquila… - Decía Anna intentando calmar a la chica.

Resignada entró en el baño, y como cada día, se paró frente al espejo. Estuvo así unos minutos, observándose, riéndose de sí misma por estar en aquella situación, la misma que tantas veces había criticado. No podía negarlo, estaba nerviosa, nerviosa porque tenía una cita con James Potter, sí, es cierto, estaba histérica, histérica por no encontrar unos simples pendientes… Se estaba convirtiendo en una de esas chicas que babean por los merodeadores, y ese hecho le asustaba. ¡Por Merlín! Es Lily Evans, la prefecta malhumorada amiga de los libros y enemiga mortal de Potter…

o puede que, por una sola vez, tan solo sea Lily Evans.

Soltó su cabello, cuidadosa de no quedarse con ellos en la mano, y poco a poco comenzó a desvestirse. Completamente desnuda se observó una vez más en el espejo, solo una persona había visto a Lily Evans de este modo, y esa era, ella misma. Jamás creyó tener un cuerpo diez, o por lo menos, no tan perfecto como todas aquellas ex de Potter, lo siento, James. Sabía que nunca lo admitiría, pero estaba enamorada hasta las trancas de ese chico de cabello revuelto y ojos almendrados, estaba completamente absorta por sus miradas y sonrisas, cautivada por su manera de hablarle, le amaba y le dolía hacerlo. Nunca antes había sentido nada parecido, esa sensación de bienestar cuando está a su lado, de protección, de confort. Él era todo lo que necesitaba, y sabía, más que de sobra que SU chico, también la amaba… Lo demostraba cada día, cada segundo que pasaba a su lado se lo hacía saber, con sus besos, con sus caricias, con sus te quiero…

De pronto se sintió insegura, asustada… No es que fuera a ese baile con la intención de que entre ella y James pasara algo, pero lo habían intentado alguna vez, y la timidez y la ignorancia de la pelirroja no ayudaban para nada. Temía que no le gustara lo que él viese, temía que la comparara con otras chicas y se diera cuenta de que ellas le proporcionarían placeres que Lily no sabía ni que existían…

Apartó la vista de su reflejo, obligándose a dejar de pensar en ello, convenciéndose de que el momento llegará cuando haya de llegar, que él nunca la presionaría y lo que es más importante, que él nunca le haría daño. Entró en la bañera con cuidado de no resbalar, el suelo estaba encharcado. Abrió el grifo y comenzó a ducharse. Las gotas de agua caliente caían por su cuerpo recorriéndolo con rapidez, su pelo comenzaba a oscurecer, tiñéndose de un rojo más fuerte y triste. Le encantaba bañarse con agua caliente, casi ardiendo, sentir que estaba viva, quemarse la piel sin llegar a dolerle…

Después de cuarenta y cinco minutos de baño, salió de allí con una toalla envuelta en el cuerpo y la ilusión y esperanza de hace unas horas, ella, Lily Evans, saldría con James Potter, el chico… de sus sueños.

Fin del Flash Back

Tras un día entero sin saber del mundo exterior, luego de haber leído más de cincuenta capítulos de mi vida pasada de aquel diario, llamé al hospital.

- Señor Thomas, creo que no podré ir a trabajar en varios días. – Le expliqué a mi jefe con voz amarga y al mismo tiempo dulce, demasiado dulce.

- ¿Sucede algo? ¿Se encuentra bien? – Parecía preocupado, no he faltado un día a mi puesto de trabajo desde que comencé.

- No se preocupe, sólo es un resfriado, pero por si las moscas prefiero quedarme reposando unos días, podría contagiarlo a cualquier paciente… -Respiré hondo, ¿acaso se me daba tan mal mentir?

- De acuerdo, no la molestaré más, espero que se mejore Evans… - Sonó casi a súplica, desde mi punto de vista, claro. - Si puedo hacer algo por usted…

- No, no – Me apresuré a decir. – Quiero decir, no tiene por qué, me las arreglaré sola…

- Está bien… - Respondió al fin, no muy convencido.

- Buenas noches señor, que descanse.

- Buenas noches Lily...

Sí, lo admito, soy una cobarde, no quiero ni puedo volver a enfrentarme a las crueles palabras de Sirius Black, necesito quedarme aquí, a salvo de todo y de todos… Teniendo como único aliado a mis pensamientos… Aunque tal vez, y solo tal vez, éstos se convirtieran en mi peor pesadilla.

………………………………

Llevaba dos días sin asistir al trabajo, mi vida estaba basada en estos momentos por, comer, responder las llamadas de Alice, ducharme y leer el diario. Se había convertido en una obsesión, en mi manera de vivir, de afrontar el mundo… y me gusta sentirme así, dependiente de algo material, algo que va a estar siempre conmigo… Él nunca se irá de mi lado, y yo, jamás me apartaré del suyo.

Creí haber encontrado mi lugar en el mundo al venir a España, soñé tantas noches con ello que casi se convirtió en una decepción al llegar. Lo había pintado todo demasiado bonito, me hice mi propio cuento de hadas basándome en la idea de intentar ser feliz. Buscaba encontrar mi sitio, un trabajo que me satisficiera, amigos, y sobre todo… buscaba olvidar. Al leer este diario me doy cuenta de que no he hecho nada, ¿de qué me vale este trabajo si no está él a mi lado? ¿Para qué tengo casa si no puedo vivir junto a él?... Son tantos los momentos que pasé a su lado, tantas las penas y alegrías, nunca creí que fuese capaz de decir esto pero sí, me equivoqué, me equivoqué porque dejé al amor de mi vida solo frente al mundo, aterrado, sin cobijo ni protección alguna ante el dolor.

Estoy decepcionada conmigo misma por no haber sido capaz de permanecer a su lado, por no haber sido todo lo que él esperaba de mí… Estoy enojada y enfurecida por el hecho de haber perdido mi único pasaje a la felicidad, James Potter.

Abrí el diario dispuesta a releer una de las páginas que había escrito, tal vez esta era la cuarta vez que la leía pero no me importaba, al hacerlo, podía sentir el amor, la ilusión y la felicidad con que la había escrito hace ya tres años y medio.

Ven, acércate… no temas…
Ahora, cierra los ojos y déjate llevar

"Me acerco a ti, me acero sin saber que decir… y es que son tantas las cosas que contar… Te miro, y me miras…Sonrío, y preguntas por qué… Entonces, aún con la dulzura de tu mirada grabada en mi alma, te susurro al oído… "te amo"…

Y poco a poco, nos besamos, despacio, sin prisas… ¡Tenemos toda una vida por delante! Toda una vida amor mío…

Me buscas, ansioso, lo noto en tus manos, en la fuerza de tus suspiros, en tu respiración entrecortada… "Acabemos con la espera cariño"…

Abrimos nuestros corazones entregándonos por completo, fundimos nuestros cuerpos como seña del amor del que somos presos…La habitación se ahoga entre caricias y besos... la seguridad y la complicidad se apoderan de cada rincón… Ya no hace falta decir nada, no, claro que no… Tan sólo, no me sueltes, no me sueltes nunca..."

Lilian Evans & James Potter, unidos desde hoy, y para siempre.

Sonreí al recordarlo al tiempo en que pequeñas gotas de agua salada resbalaban por mi rostro, sombrías, silenciosas y pesadas… Cerré el diario, lo cerré en busca de un nuevo aliado, él ya no me servía, no ahora… En sus hojas permanecían grabados los recuerdos de un amor tan fuerte, tan puro y tan incomprensible que dolía de sólo pensarlo. La primera noche con James Potter, el momento, si no más dulce, más feliz de mi vida…Aún guardaba cada detalle en mi corazón, cada gesto y cada palabra seguían tatuadas en mi alma, dispuestos a hacerla llorar…

Hoy, por fin, y después de dos años, lo comprendía… Yo, Lilian Evans, nací para caminar de la mano de James Potter, yo, Lilian Evans, nací por y para James Potter.

Todo daba vueltas en mi cabeza amenazando con hacerla estallar. ¿Qué debo hacer?

Una vez más quería volver a huir… Pero esta vez, para encontrarlo.

………………………………

¡Hola!

Aquí está el segundo capítulo… Espero que os guste….!

Por cierto, a partir de ahora, no será Lily quien cuente la historia, debido a que aparecerán nuevos personajes, James, Sirius, Remus, todos ellos entrarán en el fic y no puede ser nuestra querida pelirroja quien cuente sus vidas, pues no sabe (aún) donde se encuentran.

Este capítulo es tan largo como el anterior, aunque en el tercero ya comenzaran a ser más extensos, pues hay más que contar. Comenzará la "acción" por decirlo de alguna manera. Hasta ahora hemos visto a una Evans hundida, triste… pero poco a poco se dará cuenta de que si quiere volver a tener le amor de James tendrá que luchar.

Muchísimas gracias a todos por los reviews, significan mucho para alguien quien escribe por puro placer, saber que hay personas a las que les gusta tu "trabajo" reconforta.

¡Ah! Quiero aclarar una cosa. La hoja del diario que relata la noche del baile, cuando Lily y James hacen el amor por primera vez, decidí ponerla tal y como ella la había escrito en el diario, no en forma de flash back… Es una manera de ver y sentir mejor todo lo que Lily vivió aquel día.

Si os gusta la historia, deseáis que continúe con ella, ya sabéis que toda crítica es buena, y os pediría el favor de que, si pones un r/r, a la vez que lo haces, dejes tu opinión sobre el fanfic, del argumento, de los personajes, de cómo lo relato… Ayudan muchísimo.

¡Hasta la próxima! Y ya sabes, dale al Go xD.