Capítulo 2! Espero que si alguien lee esto le guste uwu puede que lo continúe pronto. Cuidaos!

El sonido de la lluvia fue captado por sus oídos otra vez aunque lo sentía más lejano y ajeno que antes. Dado a que recordaba a medias lo que había pasado antes de haber perdido el conocimiento, se preguntó si estaría viva todavía o si había muerto en ese momento. Recordaba la voz lejana de Mindfang llamándole antes de dejar de escuchar del todo. Sentía su cuerpo pesado, tanto así que nisiquiera atentó a abrir los ojos todavía sino que se dedicó a enfocarse en sus otros sentidos antes de hacerlo. No sentía la lluvia caer sobre su cuerpo, tampoco sentía ese atenazante frío ni algún tipo de dolor más que las remanencias de la lacerante molestia que le había aquejado en aquel momento. Sentía algo suave rozar con su piel; algún tipo de tela quizás, lo cual le entregaba un sentimiento de calidez que brinda un ambiente más acogedor que el enfrentarse a una tormenta. Le dolía la cabeza y seguramente ese fue el factor que le convenció de que aún seguía con vida, pero, ¿dónde estaba?

Cerró los ojos con algo más de fuerza para luego intentar abrirlos lentamente. Al no encontrarse ocultos por sus lentes la luz dió sin ningún obstáculo en ellos provocándole la urgencia de cerrarlos de nuevo. Un quejido salió de su garganta y en ese momento fue que notó lo seca que la tenía. Se movió con cierta inquietud aunque sentía los músculos muy cansados. En ese momento escuchó nuevamente aquella voz, más cerca, más firme, como si quisiese frenar sus movimientos.
-Quédate quieta - escuchó que le decían. Instintivamente desvió el rostro hacia la derecha, de donde venía la voz y abrió algo los ojos. Mindfang estaba sentada en una silla de una madera color caoba oscuro, bastante bien confeccionada, apoyada en el respaldo y de brazos cruzados. Vestía otro juego de ropa, aunque bastante parecido al que acostumbraba. Le miraba con cierta seriedad, como si le estuviese reprochando por algo aunque con su postura quisiese dar a entender que no le importaba mucho el asunto.

Guardó silencio mientras seguía sosteniendo apenas la mirada de la pirata. Estaría en su barco? Era probable; todo ahí olía a ella. Entrecerró los ojos al caer en la cuenta que no había podido evitar el fijarse en aquello. Quien le miraba se cruzó de piernas sin dejar de mirarle, como si esperara a que dijera algo, pero ella no podía pronunciar palabras y no era precisamente porque no quisiera, sino que sentía que aunque lo intentara no podría dejarlo más que en una intención que no lograría salir de su boca. Intentó moverse para incorporarse pero de nuevo la voz de la otra le detuvo.
- No te muevas - le indicó - Estás herida, aunque me imagino que la única que no lo sabía de antemano era yo. - finalizó entrecerrando los ojos, como si eso le molestara.
Redglare no entendía el por qué de la expresión de la otra, no entendía por qué podía importarle tanto y de hecho poco entendía el que le hubiese llevado a resguardo y estuviera.. ¿cuidando de ella? Al lograr moverse un poco notó que tenía otro tipo de ropa puesta, algo más liviano que no hiciera molesto ni interfiriera con los vendajes que ahora rodeaban la zona baja de su pecho y su abdómen. Abrió los ojos un poco más dirigiendo una mirada demandante a quien descansaba en la silla.
Mindfang reconoció la intención de esa mirada y emitió una corta carcajada, bastante sincera, como si no pudiese creer que el pudor de la otra fuera tan alto que en su condición se estuviese preocupando por eso.
- Descuida, yo no he visto nada - le dijo con burla en su expresión.

Eso no le hacía sentir precisamente mejor la verdad, además una parte de ella se negaba a creer del todo en las palabras de quien se burlaba casi que por principio, sin embargo, no tenía nada más que alegar al respecto por lo que suavizó su expresión. Quien le observaba pareció serenarse también volviendo a un gesto más bien curioso en su rostro. No quería seguir mirándole por lo que hizo el ademán de darse vuelta para quedar dándole la espalda pero su voz le detuvo, nuevamente, apenas se movió unos centímetros.
- Redglare - le llamó y supo que eso equivalía a la demanda de una explicación de su estado. Ambas parecían confundidas por ello pero quien hacía el cuestionamiento insistía en el uso de una voz decidida.
- No te incumbe - le respondió con voz rasposa, rehuyendole la mirada. Tragó con dificultad mientras sentía su corazón latir con más rapidez. Se sentía tan humillada que dificilmente podía hablar, menos mirar a quien ahora intentaba incursionar sobre su situación.

Mindfang alzó las cejas, sorprendida por la actitud de la otra aunque si lo pensaba mejor era algo esperable, esperable de alguien tan terco que nunca admitiría estar en peor condición aunque le hubiesen atravesado el cráneo con una bala y estuviese frente a su única posibilidad de vivir. Bajó la pierna que tenía cruzada sobre la otra y apoyó los codos en sus muslos para inclinarse hacia adelante y apoyar su rostro en sus manos. ¿Qué podía decir? No podía evitar sentir como si hubiese recogido a una especie de animalito indefenso de la lluvia y ahora lo estuviese cuidando. Sentía cierta ternura pero también una aguda y compleja urgencia por hacer algo más que esperar a que la otra terminara de sanar. Eso parecía una tregua, después de todo, lo más probable era que luego de que las heridas del cuerpo contrario lograran cicatrizar, volverían a ser enemigas como antes y volverían al juego de acecharse y atacarse; era un "paréntesis" que no se esperaba del todo.

- Qué tanto me estás mirando - escuchó que le preguntaban de nuevo, aunque una vez más el tono de voz de quien descansaba en su cama no era el de quien amablemente pedía respuesta a algo, sino más bien a quien agresivamente demandaba conocimiento. Era inevitable, se lo estaba sirviendo casi que en bandeja y no se planeaba hacer más de rogar. Se levantó de la silla lentamente y avanzó hasta quedar frente al borde de la cama. Levantó su pie derecho del suelo. No estaba con las botas puestas así que no tuvo problemas en apoyar el pie en su cama, sobre donde se encontraba oculto el abdomen de quien allí reposaba. Sintió enseguida como el cuerpo ajeno se estremecía y un quejido de dolor salía de la boca contraria.
- Deberías asumir cuál es tu condición, Redglare, no es el mejor momento para hacerte la temeraria conmigo - le dijo con voz calmada, aunque con una marcada sonrisa en su rostro.

Redglare no dijo nada; parecía demasiado ahogada en su propia frustración y humillación como para decir algo, de hecho, a la pirata le recordaba a las expresiones que hacen los niños pequeños cuando aguantan un regaño a sabiendas de que no pueden decir nada al respecto, simplemente se lo tragan con una expresión de que se pondrán a llorar en cualquier momento. La sonrisa de su expresión burlezca se deshizo sin que se hubiese dado cuenta. Quitó su pie con lentitud y caminó de modo de que al incarse quedara su rostro frente al de la otra.
- Oye -le llamó y sintió irritación al ver como la otra desviaba el rostro como respuesta por lo que usó su mano diestra para tomar el mentón contrario y obligarle a mirarle- Mirame

Sostuvieron ambas la mirada de la otra por unos segundos sin saber muy bien que hacer ni qué decir. Mindfang quería saber qué le había pasado a la otra pero no quería asumir que así era y sabía que no sería fácil sacarle esa información a la Legislacerator.
- Dime qué o quién te hizo eso. - preguntó intentando no ser muy brusca ni demostrar mucho interés aunque la pregunta hablaba por sí misma en realidad.
Redglare miró a su contraparte con resignación. Era imposible que la pirata entendiera lo caro que le estaba costando dilatar su encuentro con días y días de "infructuoso estudio de las circunstancias y frustrada persecución", era imposible que se diera cuenta que no era un enemigo precisamente el que le había hecho eso, no un criminal, al menos no un criminal buscado. Ella, cuando había conocido a quienes estarían como sus superiores había reconocido que no eran representantes de la justicia ni mucho menos, que tendría que seguramente hacer a un lado sus principios y simplemente ser la herramienta que al final se suponía que debía ser. No había tenido problemas mayores en lo que respectaba a los pocos casos que había tomado antes, pero ahora, su inexplicable demora en capturar a una mujer-pirata que nisiquiera había zarpado o tratado de escapar era difícil de justificar y para quien no hace su trabajo o más bien, para quien traiciona la justicia solo hay una posibilidad: el ser castigado. Pero cuando la frustración por tomarse esas molestias hacia alguien a quien no le importaba le invadía y decidía que de una vez atraparía a Mindfang, de nuevo algo muy dentro suyo le frenaba, día tras día, una y otra vez.

Ahora que había pasado todo ello y en realidad justo en el momento en que se había encontrado con la mirada de Mindfang en el muelle había entendido que le quería y que seguramente no podría hacerle daño. De hecho, si algo recordaba vagamente haber podido pensar en aquella condición tan deplorable mientras estuvieron bajo la lluvia, fue algo parecido a eso, a un lamentable "nunca podría hacerte daño"; nunca podría llevar a la pirata a la corte, nunca podría ocasionar que alguien le pudiese dañar y el descubrir tan crudamente ese factor le hacía sentir una especie de agujero negro en su pecho. Cerró los ojos, entre la espada y la pared.

- Suéltame - dijo toscamente y logró juntar fuerzas para levantar una mano y hacer que la otra dejara de agarrarle del mentón- Agradezco tu... uh, hospitalidad, Mindfang, pero no tienes que enfocar tu atención en asuntos que de todos modos no te interesan - agregó e hizo el ademán de levantarse, logrando sentarse en la cama con bastante esfuerzo. La pirata le miró y le agarró del brazo con cierta brusquedad para que le miraran inmediatamente, lo cual ocurrió al instante.
- Yo decido que asuntos me interesan o no, ¿queda claro? Ellos lo hicieron, ¿verdad? - preguntó frunciendo el ceño. La expresión de sorpresa de la aludida fue suficiente respuesta. Sintió una molestia ulterior y casi visceral en su interior; se levantó y apoyó la rodilla izquierda en la cama para poder subirse en ella dejando una pierna a cada lado del cuerpo de su persecutora, la mano que aún tomaba su brazo cambió a su muñeca y su diestre imitó la acción. Le empujó hacia atrás haciendo que su cuerpo impactara con los almohadones, recostándola nuevamente.- Contestame - demandó. Redglare le miró sorprendida y forcejeó un poco con intensión de liberarse pero eso solo le provocó dolor por lo que dejó aquellos infructuosos intentos. Solo atinó a desviar la mirada y guardar silencio. La pirata no supo si le estresaba más el hecho de que no le respondieran o el hecho de imaginarse que La Condesa, El Grand Highblood o el idiota de Dualscar podrían estarle haciendo algo. Apretó las muñecas ajenas con más fuerza, francamente perdiendo la paciencia.
- Respóndeme! -demandó alzando la voz.

La Legislacerator miró a quien le gritaba con estupefacción, le dolían las muñecas por el agarre contrario y sentía más agudo el dolor en su abdomen, quizás por el movimiento tan brusco antes realizado. Entrecerró los ojos, confundida y desorientada. Negó con la cabeza, bajando la mirada sin saber bien qué decir, después de todo, ¿de qué serviría decirle a la pirata lo que ocurría? Quería reservarse al menos el derecho de conservar algo de...¿dignidad?
- No quie- -había comenzado a decir, pero en ese momento sintió el cuerpo de la otra más cerca del suyo, apoyándose y acercando más su rostro. Aguantó la respiración, con la intención de exigir una explicación para ese comportamiento pero su boca fue cubierta por la de Mindfang. Abrió los ojos a lo máximo que le daban, paralizada totalmente por lo que había ocurrido. Sintió que se quedaba sin aire y una especie de corriente eléctrica le sacudió, como si un relámpago le hubiese caído encima de pronto.

Antes de que pudiera terminar de procesar lo que estaba pasando, el cuerpo de la criminal se apoyó de manera menos disimulada sobre ella haciéndole quedar más contra los almohadones, haciéndole emitir un quejido aunque no supo bien si era precisamente de dolor. Cerró los ojos con fuerza intentando no dejarse llevar por lo que le provocaba aquel contacto tan cercano que por cierto nunca pensó que se podría concretar alguna vez. Al haberle tomado por sorpresa no pudo evitar la entrada de la lengua de la otra en su boca, haciéndole gruñir con ligereza. Su corazón latía con mucha fuerza y sentía como su respiración difícilmente encontraba un ritmo adecuado que seguir. ¿Por qué le estaba pasando eso? ¿Qué podía significar realmente? ¿Era parte del juego de la zurcadora de mares?

Momentos después se separaron, Mindfang miró a quien tenía apresada y sintió una mezcla compleja entre preocupación y placer al notar su expresión que no reflejaba mucho más que un considerable estado de shock. Sonrió, dejándose llevar más por la última de las sensaciones más que por las anteriores y se incorporó un poco, irguiendo su espalda para poder destapar un poco a quien aún tenía medio cuerpo bajo los cobertores. Redglare continuaba sin habla, con los labios ligeramente entreabiertos y las manos extendidas, como si no tuviese fuerza en ellas. Soltó sus muñecas y le observó unos momentos. El que ambas estuviesen vestidas de manera diferente a lo usual parecía hacer menos marcada sus diferencias y quizás, solo quizás, les hacía ver como dos seres más similares. Coló las manos por bajo de la camisa blanca que estaba usando quien aún no parecía poder salir de su asombro; provocando que por el frío de sus manos diese un leve respingo y le mirara, ruborizada. La piel teñida de turquesa le provocaba una especie de sensación cosquillosa a quien le miraba, un júbilo difícil de poner en palabras.

El no haber recibido ningún tipo de negativa a sus acciones le llamó la atención; de nuevo se fijó en el ahora más notorio halo rojo en los ojos contrarios y se preguntó que podría significar algo tan curioso como eso. Subió con sus manos rozando al principio vendajes y luego la piel de la otra dejando finalmente las manos en la espalda ajena, quedando nuevamente su cuerpo apoyado en el ajeno.
- Qué pasa? - le preguntó con una sonrisa.

Redglare sentía una mezcla aberrante entre la angustia de cuando el mundo se te viene abajo y la alegría de quien ve cumplido algo que nunca creyó que tendría lugar en la realidad. Entrecerró los ojos sin saber cómo reaccionar y le miró hasta que pudo decir algo.
- Por qué.. - murmuró. Seguramente su vida hubiese sido más sencilla si no hubiese sucedido eso, pero algo le decía que la sensación que le producía lo hacía valer la pena. La pirata ladeó un poco la cabeza sin dejar de sonreir como si no entendiera bien la pregunta, para luego emitir una ligera risita, breve y juguetona; para luego, posar sus labios levemente en la clavícula derecha del cuerpo ajeno, que estaba al decubierto.

- No me toques... - susurró la defensora de la justicia al sentir el pequeño beso que la otra posó en su clavícula derecha, pero no provocó el cese de las acciones, al contrario, ante esta suerte de alegato la pirata pasó su lengua suavemente por aquel lugar y luego por su cuello. Una ligera sensación eléctrica sacudió a quien recibía estas caricias - dije que.. - continuó pero de pronto de su boca no pudieron salir más palabras, su garganta se bloqueó al sentir que su contraparte apegaba más su cuerpo al de ella emitiendo un ligero gruñido, haciendo que se rozaran lentamente. Cerró los ojos con fuerza sintiendo como su rostro ardía, seguramente invadido por un muy evidente rubor mientras sentía que las fuerzas dejaban su cuerpo sin que pudiese evitarlo.

Podría haber puesto la excusa de que le dolían las heridas como un argumento para terminar con aquello, pero por alguna razón su cabeza no parecía poder dar con ese razonamiento. Un leve quejido movido por una sensación entremezclada salió de sus labios a medida que la otra hacía más acentuados sus movimientos. No podía dejar que eso siguiera adelante pero su cuerpo parecía moverse solo, sin hacer nada que pudiese interrumpir los deseos de quien le tenía apresada, incluso quizás al contrario, acomodándose y adaptándose a ellos. La pirata volvió entonces a cubrir su boca con la suya manteniendo el contacto por largos segundos como si el objetivo fuese que se terminaran fundiendo entre si.

Mientras más rápidos y resueltos se volvían los movimientos de Mindfang menos fuerza parecía tener su cuerpo; no podía más que resignarse a ellos y convencerse de que no era realmente su voluntad el que eso estuviese pasando, aunque seguramente si le veían parecería todo lo contrario. Su cuerpo se había acomodado totalmente a ello, de hecho, sin siquiera haberlo notado del todo, se encontraba abrazando a la otra, quien ya había dado cuenta anteriormente de algunas prendas de la ropa que llevaba puesta. No podía creer que estuviese permitiendo eso, era lo peor que podría hacer; su cuerpo temblaba solo ante la idea de que alguien descubriera aquello que pasaba, pero ni aún esos terribles pensamientos que le daban tanto temor parecían reunir en ella la suficiente fuerza como para imponer oposición real a las acciones contrarias. Sentía que se quedaba sin aire por lo que su respiración se hizo más agitada. Le ardían los ojos y quizás por la conmoción que significaba para ella la situación en la que se encontraba, sentía que podría incluso llorar. Entre besos se debatían, entre besos y casi bruscos roces de sus cuerpos, cada vez perdiendo un poco más de control sobre ellas mismas hasta que, como si fuese una estaca que se le clavara en el pecho, una voz se escuchó al otro lado de la puerta.
- "Marquise?" - llamó aquella voz. Redglare sintió que realmente su corazón se detenía mientras la pirata separaba sus labios suavemente de los suyos. Le miró y notó la molestia en su expresión, como si hubiesen arruinado un evento que hubiese estado preparando con mucha antelación. La voz femenina al otro lado de la puerta no dijo nada más, como si supiese que tenía que esperar lo que fuese necesario ya que no tenía permitido llamar dos veces aunque su superior tardara horas en contestar. El silencio llenó la habitación.