¡Hola, preciosuras! Bueno, les traigo un nuevo capítulo del fanfic No fue su final. Me agradó mucho leer sus reviews y ver que quieren que lo continúe y, aunque acepto quejas, no obtuve ninguna (así que pueden quejarse si quieren, sean libres :P).
Antes que nada, quisiera pasar a responder algunos reviews, ya que tampoco son muchos.
Guadalupe: Sí, se supone que es NaruSaku, pero tampoco lo esperen tan pronto y, por sobre todo, no le pienso hacer bashing al personaje de Hinata Hyuga como muchas NaruSaku hacen. No me parece correcto, ella es un buen personaje y tiene buen potencial. Sufrir todos sufrimos, eso incluye al universo de Naruto y Hinata no será la excepción porque forma parte del universo Narutil.
Anime Love: Para saber si Sakura está casada, seguí leyendo :P (Marketing mode on).
Marie: Bueno, me alegro que el final haya sido adecuado para vos. A mí no me gustó pero, claro, es cuestión de gustos y me alegro mucho por vos :3 Con respecto a si vendrá o no con Sasuke, lo mismo que a las demás, tendrás que leer. Si te lo dijera, no tendría sentido que siguieras leyendo :P Pero quiero aclararte, porque ví que sos muy SasuSaku que tengas en cuenta que, en sí, es un fic NaruSaku. Quiero advertírtelo (aunque lo habrás notado) porque quizá no sea de tu agrado. De todas formas, no te preocupes, que en mis fics jamás le hago Bashing a un personaje por el simple hecho de que no me guste. Hay que tomar las cosas con madurez.
Y, por último y no menos importante, al resto que no manifestó ninguna pregunta pero que, de todas formas, dejaron su granito de arena. Simplemente, gracias.
Sin decir mucho más, vamos a las amadas formalidades:
Disclaimer: Los personajes & Lugares son propiedad de Masashi Kishimoto. No lucro con ésto. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría.
Summary (del capítulo dos): Su vida en verdad era monótona y, en ocasiones, se preguntaba qué podría hacer para remediarlo.
Dedicación: A mi amada bebé que tiene miedo por la enorme tormenta que azota a mi país. Espero que, después de ésta, no haya demasiados estragos.
¡Listo, al fic, babys! Y recuerden que pueden seguirme en mis redes sociales, podrán encontrarlas en mi perfil, blá blá blá, marketing, marketing...
No fue su final.
By: Belencitah.
~Capítulo dos: Monótona.~
El sol comenzó a hacerle cosquillas en el rostro y lo incitaba a abrir los ojos a pesar de no querer hacerlo realmente. Había dormido muy poco la noche anterior, con aquella sorpresiva carta, que lo único que deseaba era quedarse en esa gigantesca cama todo el día.
Obviamente, y para su desgracia, aquella no era siquiera una opción. Él era el Hokage y, como tal, debía realizar su trabajo al pie de la letra. De su éxito dependía el éxito de su aldea, el éxito de los demás.
Y es que así de enorme era su responsabilidad, pero Naruto no podía quejarse, no realmente. Porque él sabía a lo que se enfrentaba, lo supo desde niño. Sabía que ser Hokage no era una labor fácil, que no era simplemente mandar a los demás, no, era algo más profundo. De él dependían muchas vidas.
Porque debía asignar la misión indicada a la persona indicada, debía enviar ninjas médico a tiempo, debía recordar lugares –y la relación de su aldea con esos lugares-. Debía memorizar muchas de las habilidades de los enemigos, pues de ello dependía la vida de sus nijas.
En fin, una real tarea épica, pero así le gustaba al rubio y no cambiaría su trabajo por nada. Era su sueño, siempre lo había sido, después de todo.
Lentamente, y siendo conciente de que debería, tarde o temprano, levantarse, Naruto abrió sus ojos. Al principio le costó, puesto que la luz del sol irradiaba demasiado fuerte, mas luego sus pupilas se acostumbraron e, instintivamente, giró la cabeza para observar el otro lado de su cama, encontrándose con ésta vacía y con la sábana perfectamente acomodada.
Observó la hora… Eran las seis y media de la mañana y, seguramente, como no podía ser de otra manera, Hinata estaba preparando el desayuno.
Él no podía evitar preguntarse de dónde sacaba fuerzas su esposa para levantarse tan temprano incluso sin ser necesario. Naruto podía, perfectamente, prepararse algo de comer por sí mismo, a demás, su glotón estómago no podía evitar comer en el trabajo.
Desde hacía dos años, desde que él y Hinata había decidido unir sus vidas, la rutina poco había menguado. Siempre era igual, el rubio se levantaba a las siete y se encontraba con el desayuno –que, casi siempre, era arroz- perfectamente preparado. Besaba a su esposa, quien se quedaba en la casa haciendo las tareas domésticas, y se iba a trabajar. Leía y releía mil hojas, preparaba misiones, mandaba a llamar a sus ninjas y, eventualmente, a las siete u ocho de la noche, volvía a su hogar. Comía, pasaba tiempo íntimo con su esposa y se dormía para esperar otro día exactamente igual.
Monótona, así era su vida. Carecía de emoción alguna, sin contratiempos, sin problemas, sin discusiones –más que alguna que otra queja por parte de algún Ninja-. En fin, una vida simple y sin mucha gracia.
No es como si Naruto quisiera vivir al borde del precipicio constantemente, pero sí deseaba algo de emoción. Cada día esperaba despertar y que algo fuera de lo común pasase, pero ese día jamás llegaba. Lo más extraño que podía suceder referente a su esposa era que ésta saliera a visitar a su hermana o la tumba de su amado primo, pero eso era todo.
Lo más interesante que podía pasarle era, ciertamente, ver a sus amigos, pero aquello tampoco lo hacía muy a menudo. Como líder de una aldea, él tenía la agenda completamente llena.
Bufó molesto y se acomodó mejor en el colchón. Aún era temprano, no veía necesario levantarse. Se quitó un poco de la sábana de encima, pues el sol comenzaba a fastidiarlo, y apoyó sus manos detrás de su nuca, a modo de almohadón, mientras mantenía la vista fija en el techo.
Y se preguntó si el haberse casado había sido una buena decisión. Le dolía pensar en eso, por supuesto que sí, él quería muchísimo a Hinata, ella merecía lo mejor del mundo, pero no podía evitar pensar que, quizá, él no podía dárselo.
Porque se suponía que cuando uno estaba felizmente casado no se hacía ese tipo de cuestionamientos. Se supone que un matrimonio feliz es, simplemente eso, feliz, pero él no lo era, no del todo y no sabía por qué. Algo faltaba en su vida, diversión, quizá más acción, tener algún problema por resolver. Naruto era completamente imperfecto y, por ese motivo, poco soportaba la perfección.
Y es que su vida era perfecta y eso le molestaba. Quizá aquél sentimiento se debía a no tener misiones. Sí, eso debía ser, el estar todo el día detrás del telón, apoyando a sus nijas simplemente sentado en su escritorio no era lo suyo, aunque adoraba su trabajo.
O quizá su problema iba más allá de si tenía misiones o no. Quizá era su vida en el hogar. Porque llegar de su monótono pero genial trabajo y entrar a su monótono hogar, ver a su monótona esposa… Ese no era el ideal de felicidad que el rubio había planeado en su cabeza muchos años antes.
Porque, por más dolor que le causase la idea, probablemente se había apresurado al pedir la mano de Hinata así como así. No podía culparse mucho, tampoco, pues venían de tiempos tan tristes y trágicos que una boda era la mayor felicidad que podía tener, pero quizá no era con ella.
Porque luego de la guerra el ambiente era hostil, deprimente… ¡Y cómo para no serlo! Tantas familias destruidas, tantos ninjas caídos, tantos huérfanos… Habían logrado la paz a base de pelea y muerte. Habían ganado la guerra, sí, pero a qué enorme precio.
Y cuando Naruto y sus compañeros volvieron a la aldea, triunfantes, la vio. Hinata, tan solitaria y dulce, lloraba a mares. No sólo por las pérdidas que la batalla había dejado a su paso, no por el sólo hecho de ver su aldea destruida. Lo que más le afectaba era la partida de Neji, su fiel protector. ¿Cómo no querer verla feliz después de aquello? Quizá por eso y, sumada la partida de Sakura, él había decidido probar suerte con la Hyuga, hacerla feliz a su manera y, hasta hacía unos días, no se había puesto a pensar en si de verdad lo era. ¿Hinata era feliz así? Porque él se quejaba mucho de la monotonía de su vida pero, al menos, su trabajo como Hokage lo distraía, le encantaba, de hecho. ¿Pero Hinata? Ella no hacía nada más que las tareas del hogar. Lo entendía, así la habían criado en su prestigioso y altivo clan pero, ¿era feliz de esa manera?
Naruto quería creer que sí, pues ella jamás le había dicho lo contrario aunque, si lo meditaba, la Hyuga jamás le discutía en nada, apenas hablaban, a decir verdad. Su trabajo lo mantenía muy ocupado, tanto que cualquier esposa hubiera puesto el grito en el cielo por eso, pero no ella, no su esposa.
Ella, simplemente, hacía lo que él le pedía –o lo que, a criterio de la chica, necesitaba-.
En verdad, ahora que lo pensaba, él conocía poco y nada a la chica con la que había estado casado dos años. Apenas si se sabía su comida favorita, su cumpleaños… Cosas básicas que, en verdad, cualquiera conocía de ella. Se atrevía a decir, incluso, que el Inuzuka –por mucho que al rubio le pesase- la conocía más que él mismo.
Giró la vista hacia el reloj y vio marcada la hora. Las siete de la mañana, tiempo de levantarse y comenzar su rutina. A las ocho debía estar en su despacho y no disponía del tiempo para pensar en tonterías. Probablemente la repentina aparición de Sakura lo perturbó de más y eso era todo, o al menos, lo que él quería creer.
Estiró los brazos y bostezó sonoramente.
—¡Aquí vamos! —gritó con entusiasmo, para despertarse de una vez, ante un nuevo día. Podían pasarle cosas malas en la vida, pero ir a trabajar realmente lo ponía de buen humor, a pesar de las horas.
Caminó arrastrando los pies, se colocó sus aniñadas pantuflas de conejo y llevó su cansado cuerpo hacia el baño. Una vez hecho todo lo que debía, salió de la habitación y se encaminó, por fin, hacia la cocina, siendo lo primero que vio a su esposa con un enorme plato de, cómo no, arroz en sus manos.
—B- Buenos días, amor —le dijo ella con una sonrisa tímida y sus mejillas sutilmente sonrojadas— ¿Dormiste bien?
—Sí, muy bien —mintió con una sonrisa. Lo cierto era que le había costado conciliar el sueño aunque, una vez hecho, nada lo despertó— ¿Tú cómo estás?
Pregunta monótona, así se le hizo a Naruto, pues siempre que veía a su querida esposa era lo mismo. Un cómo estás, un hola, un beso casto y allí terminaban la mayoría de conversaciones.
—Uh, ¿yo? —preguntó ella, mas luego sonrió. ¡Por supuesto que se refería a ella!— dormí muy bien, gracias.
El Uzumaki simplemente le devolvió la sonrisa y se sentó en la mesa de madera clara y algo pequeña que se hallaba en la cocina. Hinata, por su parte, colocó ambos platos de arroz en ella y se sentó con él.
El desayuno pasó sin ningún tipo de contratiempo, siquiera charla. Si alguien entrara a la casa en ese momento diría que dos extraños estaban compartiendo una comida, simple y llanamente.
—¡Delicioso, como siempre! —dijo Naruto con una sonrisa de oreja a oreja. Quizá siempre desayunaba lo mismo, era verdad, pero Hinata, gracias a su crianza, tenía una mano excelente para la cocina.
—¡Muchas gracias! —canturreó ella con las manos apoyadas en sus mejillas, ahora, algo enrojecidas. Sus ojos brillaban con emoción. Y es que cualquier cumplido que viniera de Naruto, para ella, era más importante que los de su propio padre.
Porque Hinata seguía viendo a Naruto como su amor imposible y, por más años que pasasen, ella nunca podría verlo de otra forma. Aunque había disminuido sus desmayos y ya no tartamudeaba tanto al hablar, lo cierto era que se esforzaba por ello y, en ocasiones, fallaba, en especial cuando ella y su rubio estaban en la intimidad.
Naruto se levantó para lavar el plato.
—¡No te molestes! —gritó su esposa, parándose de pronto y arrebatándole el plato de las manos al rubio, quien la observó incrédulo.
—No… No era ninguna molestia… —susurró con pesar y poniendo los ojos en blanco, aunque sonriendo por lo cómico de la situación. Y es que sabía que, dijera lo que dijera, la Hyuga no lo escucharía. Pronto, recordó aquellas preguntas con las que amaneció esa mañana. Así que, sentándose nuevamente y observándola lavar los platos, comentó seriamente— Hinata, ¿eres feliz?
La pregunta la tomó por sorpresa y, sin quererlo, dejó caer el plato que, por suerte, no se rompió. Naruto se asustó ante el golpe y se agachó para recogerlo y, posteriormente, entregárselo a la chica, quien lo observaba intrigada.
—¿Si soy feliz? —analizó ella. Es que, ciertamente, la Hyuga nunca se había puesto a pensar en eso. Ella había sido criada para, justamente, vivir así. Su vida debía ser, básicamente, mantener a su marido contento— Sí so- soy muy feliz, Naruto-kun.
—Ya hablamos de eso —le comentó el chico, con una sonrisa tierna.
—¡L- lo siento, Naruto! —dijo ella, algo avergonzada. Su esposo le había dicho, ya incontables veces, que el sufijo no era necesario ya. Dándose la vuelta para seguir limpiando, continuó— ¿Por qué lo preguntas? ¿Ocurrió algo?
—No… Todo está bien —se apresuró a decir él. Aunque, en verdad, la respuesta de Hinata no había respondido nada. La notó forzada, sintió que decía eso, simplemente, porque no conocía otra cosa, pero decidió no darle vueltas. Si ella decía que era feliz, es porque lo era.
Se acercó a su esposa y la abrazó por detrás mientras ella seguía con sus tareas. Le giró el rostro con la mano y la besó dulcemente. Un beso casto, como la mayoría de los que se daban, pero tierno al fin.
—Debo irme, te veré en la noche —le dijo Naruto mientras tomaba las llaves de su casa, su mochila con papeles importantes y salía de su hogar con algo de apuro, pues gracias a sus malditos pensamientos tortuosos, él, para variar, estaba llegando tarde.
—¡Demonios, Naruto! —gritó una hermosa rubia parada en la puerta de su despacho, mientras él corría por el pasillo intentando, de una vez, llegar— ¡Estuve tocando la puerta durante media hora!
—¡Lo siento, Ino! —se disculpó él, sobándose la nuca y sonriendo nerviosamente. Sacó la llave de su bolsillo y abrió la puerta de su oficina. Se giró a ver a la chica, quien mostraba enojo del bueno, y le comentó en un susurro— P- pasa.
Se sentó detrás de su escritorio, como siempre, e Ino lo siguió.
—Shikamaru me dijo que el gran Hokage me buscaba —comentó sonriendo con una fingida malicia. Y es que, si bien le tenía un respeto muy grande, pues era el kage de su aldea, aún seguía bromeando con él como lo había hecho siempre, y así lo prefería Naruto. Él no quería ser superior, tampoco quería que lo vieran como el amo y señor. Era, simplemente, Naruto Uzumaki, el mismo chico de siempre, aunque más maduro y con unos centímetros más.
—¡Sí, qué bueno que me lo recuerdas! —dijo con entusiasmo. En verdad, con tantos tornados en su cabeza, había olvidado por completo aquello.
Ino se sobó el arco de la nariz. Ese chico despistado jamás cambiaría.
—Bueno, ¿de qué se trata?
—Son dos cosas, en verdad… —le comentó Naruto mientras abría el primer cajón de su escritorio y sacaba con mucho cuidado la carta que su perdida amiga le había enviado. Le extendió el papel y la rubia, observándolo a los ojos con confusión, lo tomó y leyó con cuidado.
La expresión de la rubia iba cambiando conforme iba leyendo el pequeño texto. Pronto, al finalizar, se tapó la boca con su mano libre mientras observaba al Hokage con los ojos vidriosos.
—¿Sakura? —le preguntó en un susurro, intentando no derramar lágrima alguna. Y es que la Yamanaka era orgullosa pero, en ocasiones, simplemente su corazón decía basta.
—Sí, la misma —contestó él y comprendió perfectamente la actitud de la chica. Él había estado igual de confuso al leer aquél papel. Y es que ellas eran muy buenas amigas, hermanas, a decir verdad.
—¿Qué…? ¿Por qué ahora? —volvió a preguntar ella.
—Lo único que sé es lo que la carta dice, Ino.
La chica depositó la carta en el escritorio del Uzumaki y, con la mirada perdida en la nada, se sentó en uno de los sillones del despacho, sin dejar de taparse la boca con suma sorpresa.
¿Sakura? ¿Su mejor amiga? No podía creerlo. La extrañaba tanto, tanto que no podía explicarlo. Porque era su mejor amiga, su hermana, su compañera de aventuras, su mejor fuente de chismes, su diversión… Sakura era todo eso para la rubia y en verdad necesitaba verla, necesitaba asegurarse de que estaba bien y, por sobre todo, golpearla por haberse ido así, de un momento a otro y con un simple adiós.
Naruto la observó desde su silla con lástima. Él sentía lo mismo, porque Sakura era muy importante para todos ellos, en verdad les hacía falta.
—Ino… —susurró algo incómodo, mientras se removía en su silla. Debía decirle que tenía una misión, que debía ir a la aldea de la arena, tal y como había planeado el día anterior, pero, para variar, no había pensado bien las cosas. Ino no aceptaría tal cosa, si Sakura vendría en verdad, la rubia acamparía en la puerta de la aldea hasta verla con sus propios ojos y, en verdad, el Hokage no podía juzgarla. Él, de hecho, quisiera poder hacer aquello.
—¿Uh? —contestó ella luego de un largo silencio. Lo miró y Naruto juró ver una lágrima caer por su mejilla, aunque no estaba seguro.
—No, nada —concluyó él. Ino era la mejor médico, claro que sí, pero había otros muy buenos en la aldea y no tenía por qué enviar a la rubia, precisamente, en esos momentos tan tensos.
—Dijiste que eran dos cosas…—comentó ella con decisión y olvidando su quebrada voz, continuó—Dime.
—Bueno, Kankuro se envenenó con una marioneta y el Kazekage me pidió expresamente un médico capacitado. Pensaba enviarte a ti, pero…
Ino se levantó de golpe de su asiento y se acercó a Naruto con una mueca de enojo.
—¿¡Mi mejor amiga volverá luego de cuatro largos años y el señor Hokage no tiene mejor idea que enviarme lejos!? —gritó de golpe la chica, apoyando fuertemente sus puños en la mesa y olvidando completamente el protocolo, pues, aunque se trataba de Naruto, debía respetar aquella vestimenta.
—Ino, Ino, tranquila —intentó apaciguar el chico, agitando las manos frente a él y sonriéndole amigablemente, aunque con algo de miedo. Y es que así era la rubia, podía llorar en un momento y reír al siguiente— ¡Pensaré en otra cosa!
—¿Tenten no está disponible? —intentó buscar la solución Ino, ahora más calmada.
—No, fue como apoyo a la aldea del sonido —respondió Naruto con una sonrisa radiante.
—¿Iyashi? ¿Qué hay de él? O Hinata, quizás —volvió a decir la chica, revolviéndose con la mano su larga coleta rubia.
—Él es jefe en el hospital y está atestado de trabajo —respondió él mientras frotaba el dedo índice por sus labios, pensativo. Hinata era una buena opción, pues se jactaba de que su esposa era una gran médico y había sido entrenada por el mismo Iyashi. De acuerdo, su esposa ya no aceptaba misiones, pues su verdadera misión era atender la casa pero… Recordando su charla en la mañana, la chica no había sonado convencida ante la pregunta de él, quizá ella también necesitaba algo de movimiento en su vida y dejar de lado un poco de su monotonía. Además, tampoco es que tuviera demasiadas opciones.
—Hablaré con Hinata —contestó el chico a modo conciliador. Ino lo miró con una genuina sonrisa y se frotó los ojos con la manga, intentando recobrar su compostura habitual.
—Gracias —respondió ella con sincero afecto.
Espero que haya sido de su agrado y que no intenten fusilarme. Los adoro y cualquier queja, sugerencia, agradecimiento, petición, o demás, saben que están a un review de distancia.
Bel~
