Todos los personajes y lugares pertenecen a JK Rowling
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TODO ACABA
Desde aquel día, Ron y yo, pasábamos todos los días en la enfermería. La señora Pomfrey no quería darle aún el alta. Dos camas más a la izquierda, estaba en la misma situación Cedric, salvo que este casi siempre estaba acompañado por Cho.
-Señor Potter, déjeme revisarle otra vez ese vendaje.
Ya era la cuarta vez, en ese mismo día, que Harry se había intentado deshacer de su molesto gorro ocasional.
-No hace falta, enfermera Pomfrey, no ves que no está ni sucio ni…- pero mi amigo no pudo acabar la frase, la enfermera lo había acorralado en la cama y con el vendaje entrujaba la cabeza de Harry. Ron y yo no dejábamos de reír, entre los intento de Harry en soltarse y la enfermera de amarrarle hacían un espectáculo de lo más chistoso.
-Vale, ya está.- como tantas veces la señora Pomfrey había ganado la dura batalla –señor Potter intente que no se suelte otra vez, ¿entendido?
Mi amigo asintió con la cabeza y puso cara de pena.
-¿Quién le diría que no, con la mala leche que tiene?- murmuró cuando ya se iba.
Ron soltó una carcajada, y miró la cara de enfado de su amigo.
-Vamos, no me digas que no ha sido gracioso- momento de silencio –de verdad Harry deberías haberte visto la cara.
Para no dejar que estos dos volvieran a sus andadas me interpuse entre ellos.
-Harry ya te han dicho que ha pasado con los mortífagos que habían en el cementerio.
-La verdad, no, no me han dicho nada. Aunque creo que todos serán juzgados duramente para poner de manifiesto la fuerza que tiene el ministerio.
Me quede mirando por la ventana. Hacía un día muy agradable para estar fueran en los jardines. Los exámenes habían acabado y solo faltaban horas para poder regresar a casa. Un nuevo verano se avecinaba y ansiaba a toda costa poder disfrutarlo plenamente junto con mis padres.
Una figura sentada bajo nuestro árbol de descanso llamó mi atención. Estaba muy quieta y por su posición se denotaba que estaba triste. Enfoque mejor la mirada y enseguida supe de quien se trataba.
Desde la final del torneo, muchos Slytherin habían vuelto a sus casas, puesto que varios de los mortífagos arrestados eran sus padres. La verdad fue un alivio saber que la vuelta del Señor Tenebroso no había durado más de unas pocas horas. Harry había podido acabar con él, mientras que magos de todas partes del planeta le ayudaban con los secuaces de éste.
Lord Voldemort había sido vuelto a derrotar. Gracias a las conjeturas de Harry, más la disposición del profesor Dumbledor a hacerle caso, había descubierto después de la segunda prueba al impostor de profesor Moody. Aunque nadie sabía que era un mortífago, Harry puso todo su empeño en averiguar porque quería él que ganará la dichosa competición.
Fue suficiente saber la mínima información, para que el antiguo grupo que luchaba contra el Señor Tenebroso se alzará de nuevo y buscará ayuda en otras personas. Gracias a la orden del Fénix, el tiempo del terror no había sido nada más que un instante de sufrimiento por parte de mi amigo.
Pero, no todo está bien, hoy por hoy. Todos los mortífagos que no murieron allí, ahora serían ejecutados públicamente, y entre ellos estaba nada más ni nada menos que el padre del hurón, Lucios Malfoy.
Sentía un poco de lastima, el porqué, la verdad no lo sabía. Después de todos estos años, en los cuales los más bonito que me había dicho era púdrete, no podía dejar de tenerle lastima. Durante estos días, había visto claramente, como se podía pasar de ser el "Rey del tinglao" a ser la "última mierda del planeta". Eso era, claramente, lo que había sucedido con Draco Malfoy.
