DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia solamente mía.

"Born to Kill"


Capítulo beteado por Teresa Saravia Serrano, beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction


THE HUNT
(La caza)

Un disparo en la oscuridad,
un pasado perdido en el espacio.
Y, ¿por dónde empiezo?
¿El pasado y la caza?
Ella se recostó a la espera.
¿Fui obvia al dejarte entrar?
La alegría de la matanza que sientes, en un pecado.
Descanso con los lobos, solos, al parecer.
Pensé que era parte de ti...

{Sia – She Wolf}

Backerfild, presente.

Apreté el acelerador a más no poder. Traía las ventanas abajo haciendo que la ráfaga de viento me diera directo en mi rostro, cortándolo; meciendo mi cabello rojo pareciendo llamas de fuego ardiente. Mis tacones en el acelerador mientras tarareaba la canción de la radio. Moví mi cuerpo al ritmo de la música.

La carretera estaba desierta. En mi cabeza todavía estaba fresco el recuerdo de lo que acababa de hacer.

23:00 pm. Salí en busca de nuevos retos. Me puse mi vestido rojo que se ceñía a mi cuerpo y combinaba con el color de mi cabello. Mis tacos resonaban en el suelo a mi paso, marcándolo como el latido de un corazón. Pum, pum, pum.

01:00 am. ¿Por qué los hombres son tan predecibles? Sólo le muestras un poco tu escote y les prometes sexo sin compromiso y… ¡Zas! Están en tu cama en un dos por tres.

02:30 am. Lo amarro a mi cama. Me muevo como una felina en busca de su presa. Veo en sus ojos la lujuria. Lo provoco. Sigue amarrado de manos y pies. Me sonreí. Imbécil.

Me subo encima de él, continúa sonriendo con esa estúpida mueca de superioridad. Hago que me penetre mientras me muevo en círculos sobre él. Cierra los ojos y se deja llevar por el placer, mientras yo lentamente saco el cuchillo del velador. Paso suavemente el filo del cuchillo por su piel. Él se sorprende y abre los ojos asustado. Yo sonrío. Beso su cuello dejándolo que se relaje. Más tarde, vuelvo a pasar el cuchillo por su dorso pero esta vez pongo más presión sobre él, cortándolo.

Chilla de dolor como un puerco que está a punto de ser cercenado. Él lo entiende, niega con la cabeza. Veo en sus ojos como me ruega.

—Shhh… —Le susurro en su oído. Una sonrisa se forma en mi rostro, aunque no es de felicidad. Dejo por un momento el cuchillo en la cama con las gotas de sangre derramándose por él. Tomo la bufanda de tela y con esto le acallo los horribles chillidos de cerdo.

—Piedad —fue su última palabra.

Me sigo moviendo con él dentro de mí. Mientras lo hago vuelvo a tomar el cuchillo. Paso una, dos, tres, cuatro veces el filo por su cuerpo. La sangre comienza a salir a borbotones.

Sus pupilas están muy dilatadas, por el miedo. Su cuerpo da pequeños espasmos y comienza a sudar. Asqueroso. Le sonrío y me salgo arreglando mi vestido.

—Oh, ¿por qué tienes esa cara, cariño? —Paso mi mano por su rostro pero él sigue moviéndose nervioso—. Tan sólo quiero jugar —digo con una dulce voz.

Giro mi cuerpo quedando de espaldas a él. Por mis manos puedo sentir el calor subiendo por todo mi cuerpo, arde. Cierro mis ojos y estiro mi cabeza hacia arriba. Detrás de mí, en la cabecera, hay un espejo. Doy la vuelta a mi cabeza mirándolo y él se da cuenta del cambio en mí. Veo mi reflejo en el espejo, mis ojos pasaron de ser verde esmeralda a un amarillo dorado como la miel.

Él sabe dos cosas.

La primera: que va a morir. La segunda: no soy humana.

Su cuerpo sigue dando pequeñas convulsiones sobre el colchón, lágrimas se desbordan por sus ojos y sus manos están en puños sobre su cabeza.

—Como dije, sólo quiero jugar.

Le guiño un ojo y tan fugaz como un rayo entierro el cuchillo justo al centro de mí, en mi estómago. Tan sólo que no es de mi cuerpo del que brota a borbotones sangre, sino del de él. Su expresión no tiene precio. Da audibles quejidos de dolor apenas respirando con su boca abierta como un pez. Saco el cuchillo de dentro de mí. Está limpio. Miro el filo de este hablándole.

—Lindo, ¿no? —Vuelvo a enterrarlo en mí haciéndolo gritar como niña asustadiza—. Soy como una muñeca vudú. Una muñeca a tamaño real. —Rio irónica.

Mis ojos se pierden en la nada diciendo con voz apagada:

—Estoy maldita.

Me acerco hasta quedar frente a su rostro. Da débiles respiraciones, apagándose. Nuestras miradas se encuentran. Lo siento. Siento como su vida se desvanece de su cuerpo, la necesito.

Tomo su repugnante rostro entre mis manos obligándolo a que me mire. Inhalo fuertemente absorbiendo su vida, su alma. La energía fluye por mi cuerpo llenándome. Me siento viva, esto es lo que me mantiene.

Lo demás es historia.

En esa cama de nadie, en un motel, yace su cuerpo sin vida con su rostro desfigurado y miles de heridas por todo su cuerpo. Mis tacones pisan algo acuoso, miro hacia el piso viendo como la sangre ha bañado el suelo a su alrededor. Doy un suspiro sonoro, quito las arrugas de mi vestido y arreglo mi cabello. Me miro en el espejo y de mi bolso saco mi lápiz labial rojo. Pintándome, reviso mi teléfono y veo la hora. Son las cinco de la madrugada.

Le doy un beso al cadáver marcando mis labios en su mejilla pálida, haciéndola contrastar con el rojo vivo de mi lápiz labial. Me paro cerca de la puerta y me imagino que de las cortinas comienzan a salir algunas llamas de fuego. De pronto el olor a quemado inunda mi olfato. Las llamas se multiplicaron por el resto de la habitación haciéndola arder.

Salgo del cuarto caminando por el pasillo hacia la salida. La alarma de incendios comienza a sonar, alertando a las personas de las demás habitaciones.

Saco las gafas de sol de mi bolso, poniéndomelas.

—Déjalo arder, déjalo arder… —Es lo último que digo saliendo de ese pequeño infierno de color rojo.

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—Tus ojos están amarillos —dice Mila—, y la piedra de tu collar roja. —Niega con su cabeza mirándome fijamente—. Creo que no hace falta que me digas nada más.

—Eso es lo que hacemos, ¿no? Matamos. —Contestó irónica. Sé cuánto le molesta esto a ella.

Comienzo a jugar con mi collar. Es la figura de la creciente y la estrella, el símbolo de las hijas de la Luna, como nos hacíamos llamar. En el centro, recreando la forma de la estrella, está la piedra mid. Esta, al igual que mi cabello, cambia de color cada vez que extraigo un alma humana. En estado normal tiene un color entre azul y calipso, pero cuando tomo posesión de un alma se torna roja. Cada bruja tiene una de diferentes formas. Es la regla.

Mila lo tiene como anillo puesto en su dedo índice. Yo lo llevo colgando, como un collar puesto en una larga cadena que llega hasta el final de mis senos. Este y muchos otros signos nos hacen diferenciar de los humanos. Como nuestro cabello rojo vivo, característica esencial de cada hija de la Luna. También tenemos nuestro mid y la triqueta en nuestra piel.

—Sabes muy bien lo que dijo Esme. —Mila se levantó de su escritorio caminando hasta quedar enfrente de mí—. Nada de almas hasta que sepamos qué es lo que ellos quieren.

—No vine por consejos y mucho menos por reclamos. Vine sólo para que le digas a Esme que odio que me encierren y que si en verdad valora su existencia, nunca jamás lo vuelva a hacer —dije entre dientes y le tiré las amarras con las que me había aprisionado.

Camino en dirección a la salida, sabiendo que no podré ver a Esme hasta que llegue de su viaje. Pero sabrá de mí, vaya que si lo hará.

—Al parecer doscientos años no son suficientes para doblegarte, ¿no es así, Isabella?

—Necesitarás más que eso, Camilla.

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Me coloco enfrente del espejo. El efecto se está desvaneciendo. Mi piel está palideciendo, pero no de la manera encantadora en que lo hace cuando tomo un alma, no. Está cenicienta, grisácea, opaca. Mis ojeras se ven más profundas, surcando mi rostro, dándome un aspecto cansado y mayor.

Estoy envejeciendo.

Y aunque sé que no puedo morir, mi cuerpo se marchita como una flor. Es necesaria la tarea de derramar sangre con mis manos, quitar vidas. Esa era mi fuente de la juventud. Y también el precio que debo pagar. No es un precio bajo. Somos las hijas del Diablo, a las que nos han bendecido con el poder de la magia. Pero nada es gratis en esta vida, y todo tiene un costo. El nuestro son las almas.

Almas. Como si de verdad valieran algo.

He tenido que pasar más de doscientos años en esta tierra para entender que nada valía la pena.

¿Qué son un par de almas, gente muerta, cuerpos inertes?

Nada.

Pero aun así los necesito. Necesito cazar, para mantener esta carcasa que me cubre, este envoltorio, porque sé muy bien que eso es todo lo que tengo. Estoy podrida por dentro, muerta.

Hubo un tiempo en el que mi belleza era natural. Era mía. Un tiempo en el que mi vida era tan fácil como respirar. Pero había nacido maldita.

Estoy maldita.

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Y de nuevo salgo a cazar.

El alma del tipo en el motel, era sucia y refalosa. Se desvaneció al instante. Necesito una más pura. Esas son las que más perduraban y me dan el mayor poder. Aun así, estamos en luna nueva y sin el poder de la madre Luna es muy poco lo que puedo avanzar. Esme nos ha dicho que no saliéramos ni mucho menos cazáramos. Pero lo necesito. No voy a dejarme marchitar. Que se la lleve el Diablo, oh no, espera. Ya se la había llevado.

Río por mi pequeña broma personal.

Tomo el camino hacia la discoteca Red. Ahí al menos conseguiré algo decente, no como en los lugares infernales por los que tengo que transitar por mi seguridad.

Red es un club por lo menos lo suficientemente grande como para albergar a la mitad de Backerfild. Su forma es estilo barroco dándole un aspecto de misterio. Por dentro se puede observar lo mismo. Un edificio repleto de candelabros colgando del techo, creando un ambiente con luz perfecta. Hay sillones estilo antiguo y la barra es una mezcla entre madera moderna y un toque de tallados exquisitos. En el centro más allá de la entrada, está la pista. Todo el mundo se mueve al ritmo de la música, bailando con sus cuerpos, riendo y tomando. También hay varias mesas alrededor de ella, cubiertas por manteles blanco marfil, en el centro de cada una, un toque de cristal adornando. Justo paralela a la pista de baile se encuentra una gran figura de hielo. Me acerco para ver más detenidamente.

Es la figura de una mujer. La mujer está recostada tocando su cabello, o quizás peinándolo. Está desnuda de cintura para arriba y abajo, cubriendo su monte de Venus, lleva una especie de manto. Sus ojos están cerrados y tiene en su rostro una imagen de paz. Es bella.

Aunque eso no es lo único con lo que se topan mis ojos. Por detrás del hielo, puedo ver unos ojos verdes que no dejan de mirarme. Su mirada me cautiva. Siento que el tiempo se detiene. Me congelo.

Yo he visto esos ojos antes. Los conozco.

Edward.

Edward, grita mi pecho.

¿Está vivo? ¿Cómo? ¿Cuándo?

Miles de preguntas se arremolinan dentro de mí, quemándome. Imposible, imposible. Me repito eso una y otra vez. Yo lo vi morir.

Murió.

¿No es así?

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¡Hola!

Chan, chan, chan... espero que les haya gustado ñ.ñ

No tengo mucho que decir, éste será un fic que mezcla dos tiempos, por eso tienen que estar atentas a las fechas que se ponen al comienzo de cada cap, aunque creo que en el segundo capítulo quedará todo más claro ;) y que ya está el primer tráiler de este fic, el link lo pueden encontrar en mi grupo en facebook, ahí pondré adelantos e imágenes de los personajes. Espero pronto traerles el segundo tráiler donde quedará más claro sobre que trata la historia.

Cualquier duda, consulta, etc., etc. Pueden dejar un review y yo se los responderé en la brevedad ñ.ñ

Me despido

Con cariño Nala