El Protector
Disclaimer: Nada de esto me pertenece ni siquiera la trama que es de la grandiosa Biliwig y los personajes son de SM, solo la adaptación me pertenece.
Espero que disfruten tanto como yo al leerla.
CAPÍTULO 2: Un encuentro accidentado
Lo que desde el aire parecía ser una mansión, era una enorme casa de campo de dos pisos e infinitas habitaciones. Bella pasó al interior siguiendo a la señora Coope y lo primero que vio fue un enorme recibidor, y no pudo menos que esbozar una sonrisa condescendiente, su propia voz llenaba la casa de música. Observó a la señora Coope que parecía ligeramente disgustada y ensanchó la sonrisa, seguramente la anciana odiaría ese tipo de música.
- Le ruego que disculpe este escándalo- dijo dirigiéndose a ella.
- No es molestia... Me gusta la música de Reed- respondió Bella.
- A mi también- añadió la anciana para sorpresa de Bella- Pero Collin tiene la costumbre de ponerla para toda la casa.
- Entiendo- añadió ella algo nerviosa. No esperaba que en una isla cercana a Cuba conocieran su música... tendría que tener cuidado si no quería ser reconocida.
Siguió a la señora Coope a lo largo de toda la casa. En el piso de abajo había un enorme comedor, junto a una sala de baile, la biblioteca-despacho y la cocina, y justo en el de arriba estaban distribuidas todas las habitaciones. La acompañó hasta su cuarto que estaba al final del pasillo, justo al lado de unas escaleras y enfrente de otra habitación.
- El señor McCarty me dijo que la pusiera expresamente aquí- empezó a explicar Coope- la habitación de Edward es la que esta justo frente a esta.
Bella arrugó el entrecejo, no conocía al tal Edward Masen, pero si Emmet no le había hablado nunca de él era porque se trataba de una persona difícil, y no estaba segura de querer estar cerca de su cuarto. Coope parecía opinar una cosa similar a juzgar por su entrecejo fruncido.
- Señora Coope, si es mucha molestia no me importará ocupar cualquier otro cuarto- dijo incómoda
- Emmet insistió en que fuera este- repuso la anciana- Y no es ninguna molestia.
La señora Coope abrió la puerta del cuarto y entró, seguida por Bella, quien se quedó maravillada. Era una habitación enorme con baño propio, una enorme cama central, un escritorio, un tocador, un gran armario donde comprobó que ya estaba su ropa lista... Se acercó al enorme balcón del cuarto y sin llegar a salir del todo, estaba justo sobre un escarpado acantilado. De pronto, Bella supo exactamente por qué Emmet había elegido la habitación.
No por la hermosa vista, sino porque su acceso era prácticamente inexpugnable... quería que se sintiera segura. Se volvió con una sonrisa en sus labios y miró a la señora Coope.
- Es fantástica- afirmó, y la anciana asintió
- Cenamos a las ocho, tiene tiempo de refrescarse y cambiarse si quiere.
- ¡Muchas gracias por acogerme en la casa señora! Lamento causar tantas molestias.
- No se preocupe. Nos gustará atender a una... amiga especial del señor.
Sin dar tiempo a responder nada más, la señora Coope salió del cuarto dejando a Bella con una extraña sensación. No se le había ocurrido pensar que visto desde fuera, el que estuviera en la casa de verano de un hombre podía indicar que era precisamente su amante. Sonrió para sus adentros por lo absurdo de la idea; ya se darían cuenta de que ella no era así...
Más relajada de lo que había estado en años, se dirigió al baño.
La señora Coope bajó las escaleras hasta la cocina. La chica realmente parecía educada, y no tenía aspecto de ser una mujer frívola de las que frecuentan hombres casados, pero no podía fiarse ¿por qué tanto interés en que la alojara en la casa y que nadie supiera donde estaba? Coope solo podía pensar que la chica estaba embarazada del joven señor y que éste había decidido llevarla allí para ocultarle la verdad a su mujer.
Suspiró para sus adentros... La señora Rosalie era encantadora, solo la había visto una vez y le había parecido perfecta para Emmet. Estaba segura de que si se enteraba de que su marido había llevado a su amante a la casa se disgustaría mucho, y más si estaba embarazada... él y Rosalie llevaban algunos años intentándolo sin éxito. Y encima Bella tenía ese aspecto de niña joven e indefensa, y era bonita, a pesar de la ropa sin estilo que llevaba.
Además... estaba la otra ropa, los trajes de noche largos y seductores de caras firmas que había guardado días atrás en el armario, los pantalones y camisas ceñidos... Estaba claro que Emmet estaba tratando de quitarle la apariencia sencilla para convertirla en una mujer sofisticada.
Cruzó la puerta de la cocina, de donde la música seguía sonando, esta vez más fuerte. Collin estaba frente a los cacharros de la cena acabándolos de secar para guardarlos. Al oírla entrar se volvió.
- ¿Ya está la chica en su cuarto?- le preguntó, serio.
- Sí.
- ¿Y cómo es? No me lo digas: guapa, elegante y sofisticada- añadió con sorna.
- Pues en realidad es lo más corriente que he visto en mi vida- respondió Coope caminando hacia los fogones.
- ¿En serio?- la anciana asintió.
La puerta trasera de la cocina se abrió dando paso a varios hombres. El primero de ellos tenía el pelo negro y lacio, junto con unos ojos negros oscuro, y llevaba el brazo en un cabestrillo.
¿Ya ha llegado la chica?- preguntó.
- Hola Jacob- saludó la anciana- Está en su cuarto preparándose para la cena.
- Me muero por conocer a la amante de Emmet... ¡él, que parecía tan íntegro!
- No grites, la chica podría oírte- le reprendió Coope, esta vez hablando en castellano.
- Pues lo siento- siguió éste, imitándola- pero ha sido incapaz de venir a ver a Edward todos estos años porque decía que su trabajo no era honrado y no quería verse mezclado en un escándalo... ¡Y el muy hipócrita ahora manda a su amante!
- Quizá no sea su amante- añadió otro de los hombres que había entrado.
- Oh, vamos, Jasper... No me vengas con cuentos- repuso Jacob.
- ¿Para que iba a mandarla a una isla perdida de la mano de Dios si no para ocultar su embarazo?
- Además,- siguió otro- hay que tener en cuenta que de Isabella Swan lo único que hemos encontrado son recortes de periódico del accidente de coche de sus padres.
Lo cual evidencia que se ha cambiado de nombre y que se ha ocultado su nueva identidad. Todos sabemos que Carlisle enseñó a sus pupilos unas cuantas cosas.
Bella bajó las escaleras maravillada con la casa. No es que no estuviera acostumbrada a las casas elegantes, había cenado en casas de gente importante por todo el mundo cuando estaba de promoción, pero aquella casa tenía algo que la hacía especial. El ambiente, el olor... pero ahora no podía pararse a averiguarlo.
Tenía una misión que cumplir: encontrar la cocina.
Su fino oído percibió el sonido de voces masculinas y las siguió. No fue hasta que llegó a la puerta cerrada cuándo se dio cuenta de que estaban hablando en castellano.
Arrugó el entrecejo, desconcertada.
- Pues a Edward no le va a gustar que este aquí- oyó una voz masculina.
- ¿Cómo es, Coope?- preguntó otra voz.
- Normal y corriente- se oyó una voz de adolescente,
- ¿Ya la has visto?
- Me lo ha dicho Coope. Aunque la ropa que está en su cuarto indica otra cosa.
Bella se sintió ultrajada… ¿Es que habían revisado sus cosas al guardarlo todo? ¿Qué otras cosas habrían echo con sus cosas? ¿Las habrían manoseado y…? Sacudió la cabeza con fuerza, estaba en lugar seguro y no debía ponerse paranoica.
Se puso las gafas, más que nada porque no quería correr riesgos, y con pose arrogante cruzó la puerta.
El silencio inundó la cocina... Cinco caras masculinas se volvieron hacia ella. Era irónico, su propia música era lo único que se oía en aquella habitación. Bella observó a los presentes ahogando una exclamación sorprendida.
Había un muchacho rubio con la cara llena de pecas que no tendría más de dieciocho años y, en la mesa de la cocina, había cuatro hombres. Uno era Billy; Bella se sorprendió, le había parecido que el chofer era pequeño, pero allí sentado pudo darse cuenta de que era bastante alto y delgado, y sin embargo fuerte y curtido. A su lado había un hombre muy atractivo de unos cuarenta años, con el pelo negro liso hasta los hombros y unos ojos negros que la miraban con antipatía. Llevaba el brazo en cabestrillo y lo vio abrir las aletas de la nariz como olfateando el ambiente, por un momento recordándole a un perro.
Justo al otro lado había otro hombre, rubio de ojos azules pero con semblante frío. Tenía facciones aristocráticas que a pesar de todo le daban un aire misterioso. En frente, un hombre de pelo y ojos negros como pozos oscuros con la nariz aguileña.
De pronto, Bella se sintió más exigua que nunca con su metro sesenta, tenía la sensación de que de pie todos le sacarían más de una cabeza. Pero no era eso lo que la había sobrecogido sino su aspecto fiero... y capaz, como guerreros legendarios. Bella tuvo la certeza de que eran hombres con los que era mejor no tener problemas.
- Tienes razón, Coope, es poca cosa- dijo el del cabestrillo recorriéndola de arriba abajo, mirándola con desprecio. Evidentemente creía que no lo entendía- Nada que valga la pena- terminó, volviéndose hacia la mesa.
Bella sintió como su lado fiero emergía a la luz. A pesar de que él era más grande y fuerte y que últimamente no soportaba estar cerca de hombres le respondió:
- Puedo ser tan poca cosa que no valga la pena mirar, pero al menos tengo educación, cosa que no se puede decir de usted- respondió en perfecto castellano.
El silencio volvió a reinar en la cocina. Todas las miradas estaban fijas en ella de nuevo.
Los labios del hombre se curvaron en una sonrisa irónica mientras se retiraba el pelo de la cara en un gesto que seguro estaba ensayado para hacer temblar las rodillas de más de una. Bella se puso rígida y con los puños cerrados con fuerza, esperando una nueva mordida de ese "perro".
- Así que hablas castellano.
- Entre otras cosas- dijo levantando la barbilla.
- ¿Dónde aprendiste? ¿En el convento?
- Para su información vivo en Miami. ¡Casi todo el mundo lo habla!
Coope lanzó una mirada de profesora furiosa que hizo cerrar la boca a Jacob. Se aclaró la garganta antes de empezara a hablar con autoridad.
- Déjame que te presente- irrumpió, adelantándose- Bella, él es Jacob Black- dijo señalando al del cabestrillo- Él es Sam Uley- siguió con el de pelo y ojos negros- Jasper Whitlock- continuó, señalando al rubio- Y a Billy ya lo conoces. Este chico es Collin.
- Encantada de conocerles a todos, menos a uno- respondió inclinando la cabeza para sentarse en la mesa al lado de Sam.
Jacob bufó molesto y miró hacia otro lado. Los demás esbozaron una sonrisa.
- No le hagas caso a Jacob- le indicó Billy- Está de mal humor desde que se lesionó el brazo.
- ¿Y estás seguro de que no se lesionó algo más? ¿La cabeza quizá?
Jacob fue a contestar, pero una mirada de Coope bastó para que se quedara en su sitio protestando por lo bajo cambiando de idioma.
- También me defiendo con el francés- dijo Bella sin mirarlo tomando el plato que le tendía Coope.
- ¿Hay algo que no sepas hacer, sabihonda?- inquirió molesto en francés.
- Hasta la fecha... no- respondió ella en el mismo idioma.
La cena transcurrió en una calma relativa, es decir, en silencio. Bella estaba empezando a ponerse de los nervios porque habían cambiado el disco a otro, otro suyo, un disco grabado en directo, y se le estaban empezando a crispar los nervios de tantos fallos que estaba encontrando.
Casi nunca oía sus directos justo por eso, se lo dejaba a Emmet y luego perfeccionaban los errores. Por regla general no eran fallos graves, un oído normal no los percibiría, pero en esa grabación tenía la voz algo gangosa y no llegaba a muchas notas. Por lo que se notaba, había modificado las melodías sobre la marcha y se estaba poniendo realmente nerviosa. No recordaba cuando se había grabado.
- ¿Podrías apagar eso?- saltó de pronto irritada, mirando a Collin.
- ¿Es que a la señorita tampoco le gusta la música?- la atacó Jacob.
- A la señorita le gusta la música- respondió ella- Pero ese directo deja mucho que desear.
- ¡¿Cómo puedes decir eso?!- saltó Collin, indignado- Reed estaba afónica ese día y a pesar de todo salió a escena. ¡Era un concierto en beneficio para los niños del tercer mundo! Y es perfecto.
Bella suspiró... Por eso no llegaba a las notas más altas, ahora se acordaba. No es que estuviera afónica, es que estaba con la gripe y tenía fiebre, pero aún así tenía que repasar esas canciones... debían quedar perfectas la próxima vez.
- Lo siento, me he pasado de lista- se disculpó Bella.
- Además, Reed- siguió Collin que parecía haber cogido vuelo- Se merece todo el apoyo y comprensión de sus fans después de todo lo que ha pasado.
Bella sintió como poco a poco algo amargo iba bajándole desde la garganta hasta el pecho y anidaba allí, ahogándola.
- Pobre chica- siguió Coope- A saber que le haría ese degenerado.
- A esos hombres habría que cortarles los huevos y matarlos lentamente- añadió Jacob con semblante serio.
- Dicen que la tuvo atada a una cama durante todo el tiempo- siguió Billy- La pobre niña debe haberlo pasado fatal.
Bella cerró los puños sobre los muslos y empezó a respirar tratando de controlar el mareo que le estaba entrando. Si ya le había resultado difícil hablar con la psicóloga, ahora oír hablar a unos completos desconocidos del tema era mucho peor...
- Pues como tenga a ese hombre delante de mí- dijo Collin, haciendo un gesto de retorcer el pescuezo. Suspiró hondo- Ojalá pudiera ver a Reed, le diría que puede contar conmigo para lo que quiera y que no tiene porque sentirse mal porque sus fans la vamos a querer igual y que estamos deseando que vuelva para animarla...
- Es que...- le explicó Sam al ver la mirada sorprendida que Bella le estaba lanzando- está enamorado de ella. Tiene todos sus CD's, reportajes, entrevistas... guardadas como un tesoro.
- Eso es enfermizo- musitó Bella- Es una persona normal que no ha curado el cáncer ni nada por el estilo, solo canta.
- No se trata solo de eso- añadió Collin- Con sus canciones lleva ilusión y felicidad a mucha gente, y usa su papel de persona pública para luchar por causas justas... Es admirable, cualquiera en su lugar se dedicaría a vivir del dinero, sería una diva insoportable. Ella siempre atiende a los medios con la máxima educación y sencillez. ¡Es fantástica y espero que algún día pueda volver con toda su fuerza! La estaremos esperando.
- Estoy segura...- empezó Bella, que había esbozado una sonrisa triste en sus labios tras las últimas palabras de Collin. Solo la inocencia y el entusiasmo de alguien tan joven podría decir algo así- que si ella lo supiera te estaría muy agradecida y que ese apoyo es muy importante en los momentos difíciles que esta pasando- terminó poniéndose en pie- Si me disculpáis, estoy muy cansada del viaje. Me retiraré a mi cuarto.
Los demás le desearon buenas noches y salió de la cocina. Las palabras del muchacho estaban resonando en sus oídos, la habían hecho reflexionar. Estaba claro que el mundo estaba lleno de locos y que no todos sus fans eran fanáticos, pero era consciente de que después de lo que había pasado, aún le quedaba un largo camino por recorrer para sentirse segura de nuevo siendo una persona pública.
Por la mañana Bella se levantó más cansada que de costumbre. Las pesadillas seguían ahí e incluso parecían más reales que antes, por lo que sospechaba que quizá se debían a la conversación de la noche anterior. Miró al exterior; apenas estaba saliendo el sol pero estaba convencida de que no se iba a poder dormir de nuevo, así que decidió bajar a la cocina y comenzar a preparar el café y quizá algo también de desayuno.
Se vistió sin prisas para demorar todo lo posible la llegada a la cocina e iniciar un nuevo día entre personas que no la habían recibido precisamente bien.
Recorrió los oscuros pasillos de nuevo y cruzó la puerta para toparse con Coope y Collin, ya enfrascados en la tarea de preparar el desayuno.
-¡Oh! ¡Buenos días!- saludó Bella con una sonrisa.
-Aún tardaremos un rato en tenerlo todo listo, pero puedes servirte algo de café- explicó Coope sin mirarla.
-Gracias- Bella avanzó hacia la cafetera y se sirvió una taza. Se volvió a mirarles, pensativa- ¿Puedo ayudar en algo?
Coope se volvió a mirarla como evaluándola y enarcó una ceja.
-El señor Emmet me dijo que debías descansar.
Bella la miró frunciendo el entrecejo. Evidentemente, la señora Coope pensaba que era demasiado tonta como ocuparse de una tarea así, o demasiado señorita para hacerlo. Para Bella la palabra descansar implicaba poder ayudar a hacer las tareas diarias y no tener a alguien que se las hiciera.
-No soy muy buena en la cocina, pero si puedo ayudar en algo me encantaría- añadió ella- Por favor.
-¿Puedes preparar huevos revueltos?- ordenó la mujer resignada. Bella sonrió.
-¿Para cuantos?
-Para los mismos que éramos anoche… - respondió la señora Coope.
Inmediatamente, Bella se puso manos a la obra. No sabía cocinar gran cosa, pero los huevos no se le daban mal del todo. Estaba tan enfrascada en su preparación que no se dio cuenta de que los habitantes del rancho iban llegando y la observaban extrañados. Habían pensado que siendo la amante del señor de la casa no se dignaría hacer nada.
Finalmente, Bella vertió los huevos en una fuente y se volvió para dejarlos en la mesa, sorprendida al ver que ya estaban todos allí y que Collin estaba terminando de dejar los cubiertos.
Los dejó allí también en compañía de todos los manjares que Coope había preparado y se dispuso a sentarse al lado de Sam igual que lo había hecho la tarde anterior. Jacob estaba enfrente de ella mirándola como si fuera la primera vez que la veía. Bella, dispuesta a empezar, con buen pie preguntó:
-¿Qué te paso en el brazo?
-Me lesioné- se limitó a contestar éste.
-¿Y como va la recuperación?
-Lenta.
-Lo siento.
-No veo porque- Bella enarcó una ceja. No la estaba ayudando en absoluto.
-No me lo estas poniendo fácil.
-¿Fácil para que?
-Anoche no empezamos muy bien y ya que tengo que estar aquí me gustaría que nos lleváramos bien- dijo Bella, llevándose un vaso de zumo a los labios.
-No me interesa ser amigo de la amante embarazada de Emmet.
-¡Jacob!- exclamó Coope, escandalizada.
Bella se atragantó con el zumo y empezó a toser con violencia, poniéndose roja.
Así que a eso se debía el ambiente hostil… Dejó el vaso sobre la mesa con la fuerza de la indignación y miró a Jacob.
-Así que eso es lo que pensáis- empezó cerrando los puños- Que soy la amante de Emmet y que me ha traído aquí para ocultarle a Rosalie que estoy embarazada de él.
-¡Pues sí! Y te recomiendo que no te pongas muy cómoda, porque en cuanto vuelva Edward te va a echar de aquí en menos que canta un gallo.
-Bien- respondió Bella, poniéndose en pie- ¡Entonces no le daré ese placer! ¡Me marcharé antes!
-No puedes hacer eso- intervino Coope conciliatoria- Emmet quiere que te quedes aquí por tiempo indefinido. Además, no hay forma de salir de la isla si no es en barco o en avión.
- ¡O sea que estoy encerrada en un sitio en el que no soy bienvenida! Estupendo. Y para que lo sepáis… conozco a Rosalie desde el colegio, íbamos juntas a clases de cálculo, y nunca me acostaría con Emmet… ¡son mis amigos y los quiero!
Bella lanzó la servilleta encima de la mesa con rabia y se levantó para desaparecer por la cocina furiosa.
-Te has pasado- dijo Sam sin levantar la voz ni la mirada del vaso.
-Pero tres pueblos- siguió Jasper.
-¡Venga ya! Sólo he dicho lo que todos pensamos.
-En la chica hay algo raro- dijo Coope- Sus ojos parecen velados por un suceso horrible. Además, anoche tuvo pesadillas, estaba gritando… Iba a despertarla cuando paró, realmente parecía asustada.
-Quizá no sea la amante de Emmet- empezó Jasper- Quizá sólo sea una amiga de la familia a la que le ha pasado algo horrible y la han traído aquí para que descanse. Puede que hayamos sido injustos con ella.
Jacob se revolvió incómodo en su silla. La verdad es que estaba muy irritable desde que le dispararon en el brazo, y si a eso le sumamos su costumbre de desconfiar de todo el mundo por lo que le ocurrió en el pasado, quizá se habían apresurado en juzgarla.
-Me parece que hemos sacado conclusiones precipitadas- empezó Coope- Realmente parecía sincera cuando ha dicho que les quiere.
-Iré a disculparme- dijo Jacob, poniéndose en pie.
-Llévale esto- Minerva le tendió un plato con un trozo de tarta de calabaza- No ha comido nada. Y dile que me encantaría que me ayudara a preparar la comida, si quiere.
Bella bajó las escalinatas de la casa rumbo a la playa tratando de contener las lágrimas. Esas no estaban siendo las vacaciones idílicas que le había prometido Emmet. Todo había salido mal. Llegó hasta el mar y se puso a caminar furiosa por la orilla. Dejó que las olas bañaran sus pies… No podía culparles por pensar así, aunque no dejaba de reconocer que eran unos malpensados y ella como una tonta tratando de llevarse bien con ellos. Estaba tan cansada… si al menos pudiera dormir por las noches todo sería más fácil.
Tan tranquila como estaba, no percibió que alguien se le acercaba por la espalda, aunque tampoco lo hubiera notado de estar concentrada. Una sonrisa traviesa apareció en los labios de Jacob. Alzó el brazo que no sostenía el pastel y se lo pasó por la cintura atrayéndola de golpe hacia él.
Al notar como aquel brazo la rodeaba y la atraía hacia un cuerpo duro, sintió que el mundo se acababa.
No podía ser, otra vez no…
Empezó a revolverse y a gritar presa de un pánico inconsciente, tratando de soltarse. Esta vez no iba a dejarse secuestrar sin presentar pelea.
-¡Quieres calmarte!- gritó Jacob, tratando de sostenerla con los dos brazos para evitar que se hiciera daño- Bella... ¡soy Jacob! ¡Te vas a hacer daño!
-¡Suéltame!- volvió a gritar Bella tratando de soltarse- ¡No me hagas daño suéltame!
-¡Cuando te calmes!
Le dio la vuelta bruscamente y la cogió de las muñecas. Ahogó un quejido de sorpresa. Sólo había visto tanto miedo en los ojos de los prisioneros de guerra, los condenados, incluso en los desesperados… Estaba mirándolo pero no lo veía. Y seguía revolviéndose con fuerza tratando de liberarse, estaba histérica.
-¡Bella, mírame!- gritó, zarandeándola con fuerza pero sin hacerle daño- ¡Aquí estas segura, nadie te va a hacer daño!
Bella dejó de revolverse y le miró aún asustada. Quizá fue esa mirada la que cambió la relación entre los dos.
-No te voy a hacer daño, pequeña- le dijo, mirándola con dulzura- Cálmate, por favor.
De pronto, ella empezó a llorar desconsoladamente, hasta caer de rodillas al suelo. Jacob, aturdido, la dejó caer con suavidad mientras ella se cubría la cara con las manos. Realmente tenía que haberle pasado algo horrible si le daba tanto miedo que la tocaran. Estaba de rodillas frente a ella, oyéndola llorar desconsolada.
-Siento haberte asustado- le dijo Jacob- Vamos, deja de llorar. Nadie te va a hacer daño mientras estés aquí.
-Lo siento- gimió Bella, tranquilizándose un poco.
-No, yo lo siento. No me he portado muy bien contigo, y encima te he asustado.
-No podías saberlo.
-Bella…- empezó Jacob, incómodo- ¿Qué te hicieron?
Ella negó con la cabeza indicándole que no quería hablar, y Jacob no insistió. Lo había visto muchas veces en su trabajo, mujeres asustadas ante el contacto, y en esos momentos decidió que se iba a portar bien con ella y a evitar que pasara más miedo.
-Oye…- empezó Jacob- Venía a firmar la paz contigo- Bella lo miró sorprendida con sus enormes ojos castaños- ¿Qué te parece si nos hacemos amigos?
-Yo…
-Y quizá pueda hacer algo para que te sientas más segura.
-¿Como que?
-Como enseñarte cómo te tienes que soltar de alguien que te coge por la espalda- los ojos de Bella se iluminaron.
-¿Harías eso?
-Por supuesto- asintió Jacob- Unas clases de autodefensa no le vienen mal a nadie.
-Estaré encantada de aprender- añadió Bella, con una sonrisa que de pronto se borró- Pero soy algo torpe…
Jacob simplemente estalló en carcajadas.
Y así fueron transcurriendo los días, entre clases de defensa impartidas por Jacob.
Realmente eres torpe- dijo éste, mirando desde arriba cómo trataba de coger aire.
Ya te lo dije- respondió ella, con una sonrisa divertida.
Ahora Bella ayudaba a Minerva con la casa (le había dicho que la llamara así después de darle el remedio de su madre para quitar las manchas del mantel de hilo) aprendió a recolectar café y cultivarlo cortesía de Sam y Jasper le enseñó a montar a caballo… pero como tenía vértigo al verse tan alta lo abandonó pronto, aunque le encantaba ver a los hombres trabajar con ellos.
Billy la llevó al pueblo a conocerlo. Descubrió que, a pesar de ser huraño y de desconfiar de todo el mundo, era un hombre amable y entrañable que adoraba los coches y todo lo que tuviera motor. Intercambió impresiones sobre música con Collin... que era un verdadero gusto, pues sabía un montón de cosas de muchos grupos.
Y cortesía de Jacob… descubrió la biblioteca de la casa, aunque tenía la impresión de que él no pasaba demasiado tiempo allí a juzgar por lo rápido que había salido al ver el entusiasmo de Bella.
Los días fueron pasando poco a poco y Bella empezó a sentirse como en casa a pesar de estar entre todos aquellos hombres, aunque no dejaba de pensar que allí estaba pasando algo raro. Había curioseado por la mansión, y había descubierto que la puerta que daba al sótano estaba siempre cerrada, al igual que la que daba al ático, y luego estaba el hecho de que a veces, cuando entraba en algún cuarto y sorprendía a alguno de los chicos, se callaban de pronto y recogían todo lo que estaban haciendo.
Además ¿cuántos rancheros o campesinos como ellos sabían defensa personal? Porque no sólo Jacob sabía defenderse, los otros cuatro hombres de la casa también sabían. Era definitivamente un poco raro.
Era viernes por la noche, bien tarde. Acababa de despertarse de una horrible pesadilla, la misma de siempre: ella atada a la cama otra vez con un peso moviéndose encima. Se notaba demasiado tensa como para intentar dormirse de nuevo, así que decidió bajar a la cocina a por un vaso de leche y pasar por la biblioteca para recoger un libro.
La casa permanecía a oscuras y silenciosa, pero bastaba la luz de la luna para iluminar sus pasos hasta su destino. Tenía algo de fresco y no se había puesto la bata sobre el liviano camisón, pero era agradable y estaba casi segura de no encontrarse a nadie a esas horas. Así que daba igual que caminara ligerita de ropa. Vale, tenía que reconocerlo, era una fetichista de estas ropas, podía llevar los pantalones rotos y la camiseta descolorida, que debajo siempre había conjunto de seda, o de encaje…
Pensando en todo esto abrió la puerta de la cocina y pasó a su interior. Reprimiendo un bostezo, buscó el interruptor de la luz, cuando de pronto vio moverse una silueta contra la luz de la luna que se colaba por la ventana.
Se quedó de piedra, sintiendo como el miedo le subía a la garganta, y trató de mantener la calma. En la casa estaba segura y no tenía que tener miedo, seguramente sería producto de su imaginación.
Buscó de nuevo la luz del interruptor y de pronto, antes de que lo alcanzara, notó una pequeña brisa de aire y se hizo la luz en la cocina.
Bella ahogó un quejido asustado. Frente a sus ojos había alguien vestido de negro, casi pegado a ella. Levantó temerosa la mirada… parecía que aquel pecho no iba a acabarse nunca… y entonces los vio.
Dos ojos verde esmeralda, como los de un peligroso felino, fríos y controlados, unidos a unos labios fruncidos en una mueca de desagrado.
-¿Quién eres?- preguntó una voz profunda que la sacudió hasta las entrañas.
No conocía a aquel hombre, pero tenía el aspecto más fiero que había visto en su vida. Era como un depredador acechando a una presa. Bella se sintió insignificante a su lado.
Era incapaz de responder.
Las manos de aquel hombre se cerraron sobre sus delicados brazos, apretando con fuerza, atrayéndola más hacia él de forma que sus cuerpos quedaron separados por escasos milímetros. Bella abrió la boca, sorprendida por el calor que liberaba aquel hombre.
-¡En este sitio se corta las manos a los ladrones!
Bella gimió asustada y cerró los ojos deseando que aquello fuera un mal sueño, tenía ganas de soltarse y salir de allí, alejarse de ese hombre que la turbaba y la miraba con sus ojos de depredador. Así que, sin pararse a pensar en nada más, se dispuso a poner en marcha lo aprendido. Le dio una patada en la espinilla y usando una de sus manos cerradas, lo golpeó con todas sus fuerzas en las costillas.
Bella gimió de dolor. ¿De qué estaba hecho ese hombre? ¿De acero? Sin embargo, él lanzó un gemido ahogado y aflojó la presión lo suficiente como para que Bella pudiera desasirse de sus brazos.
Sin pensar en nada más se dio la vuelta y cruzó la puerta de la cocina hacia el salón.
Oyó unos pasos sigilosos tras ella y empezó a gritar con fuerza.
-¡SOCORRO! ¡QUE ALGUIEN VENGA!
Empezó a subir las escaleras, seguida por las apresuradas pisadas, cuando de pronto notó que la cogían de la cintura obligándola a trastabillar. Perdió el equilibrio y todo le dio vueltas. Notó como caía sobre algo blando y, de pronto, todo volvió a dar la vuelta notando un peso sobre ella.
Se revolvió, pero estaba eficazmente inmovilizada por aquel cuerpo, con el hombre sentado a horcajadas sobre ella y con los brazos colocados sobre la cabeza. Los ojos verdes estaban fijos sobre su cara; aquel rostro era en verdad el de un hombre enfadado.
Lo observó. Tenía unos grandes ojos, unas cejas negras que en ese momento parecían una sola, su nariz era recta, el pelo castaño cobrizo, frondoso, totalmente desordenado, como si no hubiera manera de peinarlo.
Le caía sobre la frente. Sus labios eran grandes y bien delineados, estaban apretados, pero en esos segundos se relajaron y entreabrieron exhalando aire, al acercarse a ella.
Lo notaba respirar pausadamente encima, su torso estaba casi pegado a sus pechos, si se movía lo más mínimo se rozaría con él. Bella se sorprendió notando un cosquilleo en sus pechos, deseando arquearse para aliviar la tensión que tenía en ellos. Vio como las pupilas se dilataban convirtiendo los magníficos ojos verdes en casi negros. Su rostro se acercó a ella. Y entonces, Bella fue consciente de que estaba debajo de un hombre al que no conocía, totalmente a su merced, inmovilizada, escasa de ropa... ¡Y se sentía total y completamente segura, incluso excitada!
-¿Quién eres?- volvió a preguntar con su voz profunda. Sus labios casi rozaron los de ella- ¿De dónde has salido?
Bella levantó el mentón y entreabrió los labios. Deseaba con todas sus fuerzas que aquel desconocido la besara, nunca se había sentido así, tan inflamada y al mismo tiempo… tan segura. Y entonces las luces del salón se encendieron.
Notó cómo el peso se aflojaba, cómo el hombre le soltaba los brazos, pero no se separaba del todo de ella. Vio su curtido rostro de piel morena volverse hacia la puerta de la cocina, mientras Bella, totalmente avergonzada, ocultaba el rostro hacia el otro lado, poniendo inconscientemente las manos sobre los pectorales del hombre.
¡Había estado a punto de besarse con un total desconocido! No podía creérselo.
Entonces oyó la voz de Coope, la cual sonaba tremendamente divertida.
- ¡Oh! Veo que ya conoces a Edward... Bella.
Bueno por fin se conocieron estos dos… Espero que les haya gustado y les recuerdo que es una Adaptación… La historia no es mía….
Cuídense y nos leeemoos pronto!
