Disclaimer: Candy Candy y todos sus personajes son propiedad de Kioko Misuki y Yumiko Igarashi así como de TOEI Animation 1976

Estrellas Fugaces

Capítulo 2

Angelical

La mañana del último día del año llegó, el día se perfilaba para ser un día con un sol esplendoroso y por lo consiguiente muy frío y helado porque no había nubes para guardar el poco calor que se generaba.

Candy se había despertado a tiempo para ver la primera luz del alba, había dormido aunque no se podría decir que había descansado; toda la noche tuvo el mismo sueño repetitivo: Se encontraba en una habitación azul, con una cargada decoración de encajes y listones, y ella al centro sentada en un columpio mientras lloraba… Hasta sus sueños le recordaban la situación por la que estaba pasando.

Candy dejó en la mesita de servicio la taza con los restos de la infusión que bebía, se levantó y se dispuso a salir, pero antes algo llamó su atención: Su reflejo, sin pensarlo dos veces se acercó hasta al espejo con pasos torpes y observó sus rasgos detenidamente, sus ojos opacos y con expresión triste estaban rodeados por unas marcadas ojeras a causa de las muchas lágrimas derramadas y de las pocas horas de sueño; pasó las yemas de los dedos suavemente alrededor de sus ojos, con el dedo índice toco sus mejillas pálidas, antes encendidas, pero lo que más interés le causo fue su cabello, lo observó detenidamente y vio como su cabello seguía siendo exactamente igual que antes…

De pronto sintió como si su cabello estuviera traicionando el luto que llevaba en el alma, su cabello era dorado cual rayos de sol y le caía en una brillante cascada hasta media espalda, la rubia lo observó y a pesar de no ser vanidosa reconoció que su cabello era bello y entonces una idea comenzó a formarse en su mente y decidió que ese era el último día en que su cabello luciría de esa manera, Candice Andrew comenzaría el año siendo una persona totalmente distinta a quien había sido hasta este día. Candy dirigió su mirada nuevamente a su reflejo y con una sonrisa maltrecha salió de su habitación, este día definitivamente sería más ocupado de lo planeado.

OoOoO

Mientras tanto en otra parte de Londres un chico de mirada misteriosa trotaba despreocupadamente en Hyde Park, algunas veces por las mañanas prefería salir a trotar y algunas otras ir al Club Hípico a montar. La noche anterior había tenido un desacuerdo con su padre, cosa que no era extraña, nunca habían tenido una muy buena relación pero aún así le molestaba profundamente que su padre fuera un hombre de mente tan cerrada e inflexible.

Terrence Grandchester, un apuesto joven de 25 años, tez clara, alto, de cabello castaño obscuro, nariz pequeña y perfectamente perfilada, de labios apetitosos y poseedor de unos maravillosos ojos color azul era uno de los hombres mas apuestos de Inglaterra entera. Era un hombre independiente en todos los aspectos, a muy corta edad decidió seguir los pasos de su madre y a la vez en que era muy bien reconocido por su excelente calidad histriónica, era al mismo tiempo un exitoso hombre de negocios puesto que, a su corta edad, ya había logrado pactar importantes tratos y había incrementado la fortuna Grandchester de manera notable; Era el único hijo del Duque de Grandchester y de la reconocida actriz Eleonor Baker, convirtiéndolo así en uno de los solteros más codiciados del mundo.

A diferencia de lo que podría pensarse Terrence era un chico maduro y centrado, de sentimientos nobles pero de trato difícil y arrogante; nunca se había involucrado en alguna relación amorosa en donde el compromiso supusiera una relación formal. Era un hombre franco, misterioso y solitario.

A pesar del día y la hora, Terrence de cuando en cuando se encontraba a alguna que otra persona trotando también. Después de haberse ejercitado durante una hora Terrence decidió que ya era hora de marcharse así que dejando de trotar comenzó a caminar con pasos tranquilos hacia la salida del parque.

Justo cuando había recorrido la mitad de su camino la atención de Terrence se vio irremediablemente atraída hacia una persona, una chica, indudablemente era bella, pero eso no fue lo que llamó la atención de Terrence sino su apariencia desganada y su caminar carente de energía, la chica vestía toda de blanco: jeans y abrigo blancos, zapatos de piso blancos, llevaba un pequeño bolso cuya cinta se cruzaba desde un hombro hasta la cadera, y por último en la mano derecha llevaba unos patines de hielo blancos con las cintas en color azul claro.

Terrence seguía caminando pero le resultaba imposible, por alguna razón que él desconocía, despegar su vista de la chica de rizos dorados y vestimenta blanca; Terrence de pronto sintió un escalofrió y se le vino a la mente una imagen de un ángel con las alas rotas; inhaló profundamente y se dijo que era una comparación inapropiada.

De nuevo buscó con la mirada a la chica que, con cada paso estaba más cerca de él; De pronto vio que la chica había trastabillado con una rama en el piso y estaba a punto de caer, él sin pensarlo dos veces comenzó a correr hacia ella aunque estaba seguro de que no llegaría a tiempo para evitar su caída, y así fue, solamente que la chica jamás llegó al frío y húmedo suelo, después de un momento de confusión se dio cuenta de que un anciano había sido el salvador de la distraída chica. Terrence abrió los ojos enormemente cuando vio que la chica le sonrió al regordete anciano como agradecimiento y por primera vez pudo ver alguna expresión en su rostro: dulzura y asombro; Él por su parte no pudo evitar sonreír al ver el dulce brillo fugaz de los ojos de la chica mientras veía al anciano. Inmediatamente después la chica retomó su camino hacia la ya cercana pista de hielo que habían habilitado al aire libre en Hyde Park. La chica jamás vio que Terrence corrió para ayudarle, de hecho era muy probable que ni siquiera hubiese notado su presencia.

¡Diablos! –Exclamó Terrence- Ni siquiera se dio cuenta de que yo también corrí a ayudarle, que chica tan distraída –Terminó diciendo el apuesto joven en un susurro y frunció el ceño momentáneamente para después ver como la chica giró hacia la derecha en una brecha para llegar a la pista mientras él continuaba su camino hacia la salida.

Terrence después de haber avanzado unos 20 metros en un impulso se dio la vuelta y dirigió sus pasos hacia la pista de hielo, aunque el jamás llegó a estar cerca de la pista, caminó hasta que consideró una prudente distancia para observar lo que sucedía.

Vamos Terrence ¿Por qué te has regresado a observar a la desconocida? –Pronunció en voz alta como si le hablara a alguien, después de unos segundos continuó- Claro me puede servir de inspiración para representar a algún personaje –Se contestó intentado convencerse de que ese era el único motivo y continuó observando fijamente a la chica.

Terry después de unos momentos ya no pudo pensar en nada, toda su atención estaba puesta en el ángel que daba vueltas y saltos con maestría sobre la pista de hielo. Era increíble ver como una chica que le había dado la impresión de ser frágil y torpe podía ser tan talentosa; era como si fuese otra persona: alguien llena de vida, de energía, de movimientos fuertes, elegantes, singulares y estudiados. La chica realizaba una danza sobre el hielo digna de ser admirada.

Quizás si alguien la hubiese visto hubiera pensado que ella estaba concentrada en lo que hacía siguiendo una coreografía, pero para el ojo experto del joven no fue así, la chica no sonreía, su mirada estaba perdida en algún lugar lejos de ahí y sus movimientos hacían una bella danza, una danza que llenó su corazón de una repentina angustia, la danza era muy triste, a Terry le pareció la representación de una perdida muy grande y prontamente él ya se preguntaba si existiría alguna melodía tan lastimosa como para acompañar el patinaje de la chica. Terry continuó petrificado observando al ángel de rizos rubios que patinaba a unos metros de él; no sabía cuanto tiempo había pasado, había estado cautivado en la danza de la chica pero se volvió a mover y tomó consciencia del lugar hasta que se dio cuenta de que la chica estaba terminando de patinar.

¿Debería acercarme a ella y preguntarle si está bien? –Pensaba Terrence sumergido en un mar de ideas- No, como le voy a preguntar que si está bien dirá que soy un entrometido; puedo ir y preguntarle donde aprendió a patinar porque yo también quiero aprender. ¡No Terry no! –Se reñía interiormente, que mala excusa.

¡Que demonios! ¿En que estoy pensando? –Se pregunto el joven de ojos azules- Nunca jamás había pensado por más de 5 segundos en la mejor manera de como acercarme a una chica; aunque la mayoría de las veces ellas son quienes se acercan a mi –Inevitablemente una pícara y orgullosa sonrisa se formó en sus labios- ¿Por qué ahora le estoy dando tantas vueltas? Debería de ser fácil puesto que simplemente me llamó la atención su forma de patinar; bueno jamás me ha gustado especialmente el patinaje artístico pero es un arte a fin de cuentas ¿O no?

Terry seguía pensando en varios pretextos para acercarse a la chica y al mismo tiempo se daba excusas a si mismo de por qué quería hablarle, levantó una ceja, dio un cortó suspiro y mientras veía como la joven se quitaba los patines pronuncio en voz baja con una franca sonrisa burlona:- Quizás debería de preguntarle que hace vestida de blanco cuando la ciudad esta blanca de nieve y hielo, quizás ella quiera combinar con la ciudad o quiera ser la nueva reina de las nieves– Terry soltó una carcajada después de que dijo esto, la carcajada se convirtió en una risa tonta y termino con Terrence mordiéndose un labio nerviosamente, cosa que nunca hacía por cierto. Estuvo dos minutos más parado exactamente en el mismo lugar, con los puños apretados y metidos dentro de su sudadera, en la misma posición hasta que decidió irse antes de que la chica lo viera y se diera cuenta de que la había estado observando como idiota.

Mientras Terrence iba alejándose de ahí una vocecita en su interior le decía que volviera, que hablara con ella, que le preguntara su nombre al menos, pero él no quería regresar; La chica jamás se percató de su presencia, en ningún momento le dirigió una sola mirada en todo el tiempo en que el estuvo ahí parado observándola. No, Terrence Grandchester no volvería, no sabía por qué la chica había capturada su atención de una manera tan peculiar, se había sentido atraído por ella a pesar de su aspecto frágil y abstraído; No sabía si habían sido sus ojos verdes, su caminar desganado, su arte en su danza o simplemente su triste semblante, pero Terry sintió extrañamente la necesidad de animarla aunque fuera un poco, de ofrecerle su hombro para llorar o simplemente ayudarle a pegar sus alas rotas.

¡Basta! –Musitó parándose de golpe casi al llegar a su coche y haciendo un gesto de fastidio se dijo así mismo- ¿A qué estás jugando? ¡Acéptalo es la chica más bella que has visto en tu vida! ¿De cuándo acá Terrence Grandchester se pone nervioso por hablar con una mujer? -¡Maldición!–Farfulló entre dientes- ¡Maldición! –Se volvió a repetir y con esto comenzó una loca carrera de vuelta hacia el parque con el objetivo de llegar a la pista de hielo cuanto antes y preguntarle a la chica si aceptaría desayunar con él el último día del año.

Terry corrió y corrió; el camino desde su coche hasta la entrada del parque se le hizo eterno, cuando por fin llegó al parque sintió su corazón latir más a prisa, no entendía el por qué pero se sentía nervioso; El apuesto joven siguió su carrera tan rápido como sus largas y fuertes piernas se lo permitieron pero al llegar se paró en seco, se giró sobre su eje buscando con su mirada a la hermosa mujer de cabellos rubios que acababa de dejar ahí hacía unos 5 minutos a lo sumo; Terry corrió hacia la siguiente salida más cercana del parque pero no la encontró, regresó a la pista de hielo buscando algún rastro, algo que le indicara el nombre de la chica, o el camino que tomó pero no había nada, la nieve de las veredas y caminos del parque había sido recogida al amanecer y ahora no había modo de seguir las huellas. Después de barbotar una letanía de groserías e improperios decidió volver a su coche aun más enojado de lo que había llegado en la mañana a trotar; había ido a ejercitarse y al mismo tiempo a descargar el coraje del último desacuerdo con su padre y ahora estaba muy enojada consigo mismo por haber sido tan inseguro y estúpido, había actuado como un niño de 17 años: Había tenido miedo de acercarse a una chica. Terry rió para si y murmuró: ¡Estoy perdiendo mi toque!

Si alguien hubiera visto al apuesto heredero del Ducado de Grandchester en su camino de vuelta al coche difícilmente se hubiera atrevido a hablarle, su mirada era dura y fría; Estaba desmesuradamente exaltado.

OoOoO

Candy después de haber estado practicando su deporte favorito se sintió un poco más libre, era como si una parte de su coraje y tristeza se hubiesen quedado en la pista de hielo, ahora le parecía que su carga era al menos un poco más liviana; ella hubiese deseado trepar un árbol después de haber patinado y ver el día pasar pero no podía darse el lujo de hacerlo por dos motivos: Primero porque aun tenía algo importante que hacer antes de que llegara Annie por ella y segundo porque los arboles estaban mojados y fríos a causa de la nieve, probablemente algunas ramas estarían congeladas y subir sería extremadamente peligroso.

OoOoO

Seis horas más tarde después de haber salido de la mansión Andrew Candy por fin regresaba a su casa con un semblante frío y mucho más duro del que había tenido el día anterior.

Al menos ya no se le ve tan triste –Pensaba Mike el mayordomo- Lady Andrew seguía viéndose tan linda como siempre, pero ahora sus rasgos parecían un poco más maduros y probablemente ahora con este cambio quizás dejaría de parecer una niña y estaría más cerca de aparentar su verdadera edad.

¿Pasa algo Mike? –Preguntó Candy al pie de las escaleras cuando se percató de que el hombre la veía detenidamente.

No nada Lady Candice, ¿Desea algo de comer? –Preguntó Mike sintiendo un tremendo sonrojo en sus mejillas al saberse descubierto en la indiscreción de observar a Candy.

No Mike, nada gracias. Lo que si me gustaría saber es ¿Por qué no se han ido ya? Hoy es 31 de diciembre les he dado días libres a todos no tienen que volver hasta el 5 de enero, me las arreglaré sin ustedes –Dijo Candy con una sonrisa y guiñándole un ojo.

Mike no pudo hacer otra cosa más que sonreír; Él y su esposa habían trabajado en la Mansión Andrew desde hacía ya muchos años: él era muy joven cuando comenzó a trabajar para los abuelos de Candy, había conocido a los padres de Candy y también la había visto crecer; Sabía que ella era una jovencita muy dulce y buena con la habilidad de hacer sentir bien a las personas que la rodeaban. Cuando recibió la llamada del Sr. Johnson avisándole que Lady Andrew llegaría a pasar una temporada en Londres había sido motivo de celebración junto a su esposa y prontamente habilitaron toda la mansión para hacer más confortable la estadía de Lady Candy, aunque cuando él la vio aparecer por la puerta con un semblante demacrado supo inmediatamente que algo le había pasado, y a pesar de tener un cariño muy grande por ella, no se atrevieron ni él ni su esposa a preguntarle lo que sucedía; pero verla hoy con ese cambio tan notable lo había dejado boquiabierto.

Muchas gracias Lady Andrew, pero no serán necesarios tantos días volveremos antes –Expresó Mike convencido.

Nada de eso Mike, ustedes siempre han servido a mi familia y lo mínimo que se merecen es tener unos días de vacaciones –Expresó Candy con vehemencia.

Pero Lady Candy si la mayor parte del tiempo la casa está sola es como sí no tuviéramos que trabajar.

Pero nada Mike –Interrumpió Candy- Quiero que tú y María pasen unos días con su familia, se lo merecen yo estaré con Annie no tienen nada de que preocuparse.

Gracias Lady Candy –Habló una tercera voz- Es usted un ángel –Dijo María quién había llegado a la entrada de la casa momentos antes y había tenido que taparse la boca para no emitir ningún sonido de sorpresa al ver lo que Candy se había hecho en el cabello.

Bien que tengan una muy feliz noche de año nuevo –Dijo Candy acercándose a Marie para darle un cálido abrazo, después se acercó a Mike y lo abrazó también.

Después de esto Candy retomó sus pasos hasta su habitación necesitaba estar unos momentos a solas, parecía que el dolor a veces se atenuaba y que algunas otras veces se marcaba con fuerza, pero de lo único que estaba consciente era de que no la abandonaba…

Candy llego a su habitación, cerró la puerta, rotó el pestillo del seguro y se dirigió al espejo.

Al llegar frente al espejo Candy por algún motivo, que hasta el momento desconocía, se sintió completa, claro tan completa como podría alguien con el corazón roto.

Ahora si Candy toda tú estás a juego –Se dijo a si misma mientras veía la imagen de la chica reflejada al otro lado del espejo: Tenía la mirada turbia, las mejillas desvalidas, en sus labios se notaba una mueca en lugar de una sonrisa y por último tenía el cabello rizado, largo y negro.

En un impulso Candy le pegó al espejo con la palma abierta, el espejo no se rompió pero su fortaleza si porque en ese momento no pudo contenerse más y dejó fluir su llanto.

¿Por qué Neal? ¿Por qué? –Decía entre sus sollozos- ¿Por qué tuviste que jugar conmigo? ¿Por qué tuviste que romperme el corazón de esta manera? ¡Maldito seas Neal Leagan! Te odio, te odio tanto que no quiero volver a saber nada de ti en el resto de mis días –Los sollozos de Candy cada vez eran más fuertes, al igual que el volumen de su voz- ¿Por qué jugaste conmigo así? Yo de verdad te amaba, yo de verdad deseaba pasar el resto de mi vida junto a ti, lo único que hice fue entregarte todo mi cariño y amarte, tú lo único que hiciste fue jugar conmigo, engañarme, destrozar mi corazón ¡Bonita manera de amar! -Continuaba diciendo Candy en un mar de lágrimas a la vez en que su rabia y frustración se hacían más latentes.

¡Te detesto Neal!, te odio porque rompiste mis sueños y mis ilusiones, pisoteaste nuestros planes, no te importó el dolor que yo podría sentir con tu traición, o quizás tú pensaste que la estúpida mujercita tonta de tu novia jamás se enteraría, pues estabas muy equivocado Neal Leagan ahora sé todas las porquerías que me hiciste ¡jamás volveré a caer en algo así, jamás te perdonaré y jamás volveré a enamorarme!; la Candice Andrew dulce y estúpida que había en mi ha muerto, jamás volveré a ser tan tonta, jamás pondré todos mis sueños en manos de alguien, jamás volveré a ser la niña bonita y tonta de quien todos podían burlarse, ¡Jamás! –Expresó en un grito ahogado- A partir de hoy seré diferente, a partir de hoy seré más fuerte –Levantó la vista y observó nuevamente su penosa imagen pero esta vez sus ojos, a pesar de la tristeza, tenían un brillo especial: el brillo de la determinación y de la fuerza de su interior, le sonrió a la imagen que veía en el espejo y pronunció con voz firme- Tú eres la nueva Candy Andrew por dentro y por fuera –Dijo mientras con su índice señalaba a la chica del otro lado del espejo- Serás fuerte, independiente y lucharás por ser feliz contigo misma, ¡Vamos a salir de esta cueste lo que cueste! –Terminó diciendo después de haber estado dos horas llorando en su tocador frente al espejo y limpiándose con el dorso de la mano se dirigió al baño pues necesitaba darse un relajante baño para después comenzar a arreglarse para la celebración de fin de año.

OoOoO

Horas más tarde Annie llegó a la Mansión Andrew para recoger a Candy, quien había insistido mucho en llegar por su cuenta a la casa de Annie o al castillo Grandchester pero Annie no se había dejado envolver por Candy y no aceptó que su amiga anduviera sola por las calles de Londres y menos porque ella aún no tenía coche.

Annie tocó el timbre varias veces hasta que escuchó en el interfono la agitada voz de Candy.

¿Quién es? –Preguntó Candy con voz pícara

Soy yo Annie Britter, vengo a buscar a Candy –Contestó Annie dudando por un momento si quién le hablaba era su amiga o alguien más.

Claro que si estoy Annie ¿Ya no conoces mi voz pequeña traviesa? -Preguntó Candy riendo mientras apretaba un botón para abrir la puerta del jardín.

La verja de hierro se abrió y entonces Annie pudo entrar con su coche, recorrió en él el camino entre los jardines de la mansión hasta que llegó a la puerta principal, se bajó del coche y entró a la casa.

¿Dónde estás Candy? –Gritó Annie al darse cuenta de que no había ninguna persona del servicio.

¡Sube a mi cuarto Annie! –Escuchó Annie gritar a Candy a lo lejos.

Annie hizo una mueca mientras pensaba en los altos tacones que llevaba puestos y comenzó a subir las majestuosas escaleras de la mansión Andrew. Annie iba enfundada en un hermoso vestido largo color uva con un profundo escote en V, confeccionado en una hermosa tela vaporosa que le daba un toque muy romántico, llevaba un sobretodo del mismo color que su elegante vestido y su lacio cabello lo llevaba recogido en un sencillo pero elegante moño a la altura de la nuca.

Al llegar a la habitación de Candy se dio cuenta de que la puerta estaba entreabierta y se podía escuchar música de fondo, entró a la habitación de su amiga y escuchó su voz.

Annie estoy en el baño, ya casi estoy lista –Habló la otra chica con voz cantarina.

Voy para allá dijo Annie mientras dejaba su bolso y se quitaba su abrigo para ponerlo en una silla en la habitación de Candy, toda la mansión tenía funcionando la calefacción y Annie no deseaba estropear su maquillaje antes de llegar a la fiesta.

Ahora le daré el visto bueno señorita –Bromeó Annie riendo y caminó hacia el amplio y lujoso baño de Candy. Al llegar Annie no pudo evitar hacer una exclamación de sorpresa al ver a Candy. -¿Candy pero qué te has hecho en el cabello? ¿Por qué teñiste de negro el cabello?, Tú jamás te habías teñido y ahora… ¡Oh Candy! –Dijo Annie rápidamente totalmente sorprendida llevándose ambas manos a la boca.

¡Annie preguntas demasiado! –Rió Candy- Bien te responderé: pinté mi cabello porque necesitaba un cambio exterior y de negro porque me pareció el color apropiado –Dijo guiñándole un ojo y volvió su vista hacia el espejo para terminar de ponerse brillo en los labios.

Un cambio exterior… ¿De que estás hablando Candice Andrew? –Preguntó Annie confundida y consternada.

La chica de cabellos obscuros y rizados dio un suspiro y explico:- Annie siento que después de todo lo que estoy pasando necesito darle un cambio a mi vida de 180 grados es por ello que decidí mudarme a Londres, que decidí cambiar algunos aspectos de mi personalidad y eso me llevó a cambiar un poco mi imagen, ahora siento que mi cabello combina con mi alma: ambos están oscuros. Ya sé que me vas a decir que estoy loca pero antes de que me digas algo más te diré que es solo pelo, no pasa nada es lo que menos me preocupa –Terminó levantando los hombros en un gesto conciliatorio.

¡Oh Candy! –Exclamó y se acercó a abrazar a su hermana; Annie supo entonces que lo del cambio de imagen de Candy hablaba mucho de lo que ella estaba sintiendo, le dio tristeza pensar todo lo que le había provocado la traición de Neal y de Laureen- Siempre contarás conmigo y verás que juntas saldremos adelante –Musitó Annie convencida.

Si Annie lo lograremos –Respondió la ojiverde en un suspiro deseando dejar de sentir ese dolor asfixiante.

Ahora Candy déjame verte –Dijo Annie soltando el abrazo y viendo como vestía su amiga esa noche.

Candy lucía un hermoso vestido en seda negra con un escote asimétrico enseñando un hombro, en la parte baja tenía corte sirena, elegante y muy atrayente puesto que dejaba entrever el hermoso cuerpo de la rubia, llevaba unas altas y finas zapatillas negras con tacón de cristal. Su hermoso y ahora obscura cabello lo llevaba peinada en un chongo bajo con muchos cabellos sueltos alrededor de su rostro dándole un toque natural y seductor.

¿Y bien? –Preguntó la impaciente heredera al no recibir respuesta- ¿Qué tal me veo? ¿Ya no te gusta el vestido? Es el mismo vestido que escogimos juntas ayer ¿Recuerdas Annie?

¡Calla Candy! –Interrumpió Annie –Estaba viendo que te vez hermosa, creo que el color negro te sienta muy bien –Frunció el seño un momento y continuó- Te vez muy bien, tus ojos resaltan más y creo que con el cabello negro te vez un poco mayor –Terminó riendo.

¡Pequeña impertinente! –Declaró Candy- ¿Qué no sabes que lo peor que puedes hacer es decirle a una mujer que se ve mayor? –Dijo recriminando a Annie.

Bueno tú decidiste verte de esta manera, así que atente a las consecuencias Candy –Terminó Annie riendo de ver las graciosas caras que ponía Candy.

Muy graciosa Annie, como yo si soy muy buena amiga déjame decirte que te vez espectacular, esta noche romperás muchos corazones Annie Britter -Dijo Candy con una amplia sonrisa.

Gracias Candy, ahora apresúrate que debemos ser puntuales no olvides que los ingleses lo somos ¡No hagamos esperar a la realeza! -Exclamó la ojiazul emocionada.

Vamos entonces, solo recogeré mi abrigo y mi bolso.

Mis padres se han adelantado al castillo Grandchester los veremos ahí, así que ya no debemos ir a casa, estoy segura de que será una gran fiesta –Dijo Annie deseando fervientemente que Candy pudiera distraerse y ser feliz por lo menos por esta noche.

Es lo menos que esperaría de una fiesta ofrecida por un duque –Candy se llevó un dedo a los labios pensando y continuó- Aunque ahora que lo pienso espero que no sea una de esas aburridísimas fiestas en donde todo es pretensión y nadie se divierte para no faltar a ninguna regla de etiqueta o dar algo malo de que hablar.

¡No seas aguafiestas! Verás que nos divertiremos muchísimo y bailaremos hasta acabar los tacones –Dijo Annie animosamente.

Bueno eso espero –Dijo Candy deseando que así fuese y así poder olvidar un poco.

Candy y Annie dejaron la Mansión Andrew en el lujoso coche de Annie y se dirigieron al fastuoso Castillo Grandchester dispuestas a olvidar y a pasarlo bien.

OoOoO

Dos apuestos caballeros se encontraban en la biblioteca del castillo Grandchester discutiendo la mejor manera de cerrar un negocio.

Padre ¿Tengo que ser yo quién cierre ese negocio? En realidad estaba deseando poder dedicarle más tiempo a la actuación en los primeros meses del año; ¿Por qué no vas tú? –Dijo Terrence haciendo gala de sus mejores dotes de convencimiento.

Porque como es principio de año hay algunas reuniones de la Cámara de Lores a la que no puedo darme el lujo de faltar –Dijo un atractivo hombre de unos 50 años con el cabello semicanado de porte elegante.

Está bien iré yo pero te aviso que en cuanto tenga este nuevo éxito me dedicaré algunos meses a la actuación, hace tiempo que me propusieron representar un nuevo papel, será algunos meses solamente y pienso aceptar –Dijo Terry.

Ya se que lo harás y también que regresarás con ese negocio cerrado, no esperaría menos de ti Terrence, será un nuevo logro –Habló el mayor de los hombres quien no era otro más que el Duque de Grandchester.

Por supuesto que sabes que lo lograré ¡Nunca he fallado! –Dijo el joven arrogantemente.

Lo sé y también te aviso que alguien de nuestros nuevos socios viajará contigo así todo será más fácil y serán solamente unos días, cuando vuelvas ya tendrás algún tiempo para el teatro; Únicamente quería explicarte esto, ahora deberíamos de volver a la fiesta, ya hay muchos invitados –Expresó el duque sonriendo.

Muy bien padre, pero te advierto que no intentes presentarme nuevamente a alguna chica, o comprometerme para mostrarle a alguien la ciudad, yo decidiré cuando y con quién tendré una relación formal –Declaró Terry muy seguro.

Lo sé Terrence lo sé, hace tiempo me di cuenta de ese detalle, solo espero que no formalices nada con Susana, ella es mujer muy guapa pero definitivamente no es lo que esperaría de mi única nuera, quién será después de todo, la futura duquesa de Grandchester.

Terry se rio a carcajadas y dijo:- No padre yo también espero que no sea con Susana, y de hecho no lo será, pero si yo la escogiese tendrías que aceptarla –el joven dio una franca sonrisa y continuó- pero no te preocupes padre ella y yo nunca tendremos nada formal, solamente somos amigos.

Eso espero por tu propio bien, ahora vamos ya –Manifestó el duque mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta.

Terrence y el duque salieron de la biblioteca y se dirigieron hacia el suntuoso salón en donde se celebraría fin de año. Al llegar pudieron observar que estaba lleno de gente, la alta sociedad de Londres se reuniría ahí para despedir la última noche del año y darle la bienvenida al siguiente. La fiesta se veía animada y a diferencia de lo que esperaba el heredero al ducado se dio cuenta de que al parecer esta fiesta si sería divertida, habría buena música, buena comida y ya se veía un excelente ambiente.

Terry solamente suspiró y comenzó a saludar a las personas que llegaban a hablarle tan animadamente, él sin duda, era una celebridad y un soltero asediado por todo tipo de mujeres. Cuando por fin se libró de algunas personas divisó a su madre a lo lejos que estaba cerca de la entrada al salón hablando con unas amigas y decidió acercarse a ella.

Mientras se abría paso entre la gente el joven de ojos azules no podía dejar de pensar en la hermosa chica que había visto esa mañana y a quien no había tenido el valor de hablarle; Todo el día la imagen de la chica le había dado vueltas en la cabeza y ya tenía pensado varios planes de acción para volver a encontrársela, estaba dispuesto a mover cielo, mar y tierra con tal de volverla a ver y tener la oportunidad de saber su nombre e invitarla a desayunar; realmente se sentía arrepentido de no haberle hablado y ahora estaba pagando las consecuencias, era como si de alguna manera ella lo hubiese hechizado.

Terry te vez tan apuesto –Dijo Eleonor al ver a su hijo llegar junto a ella- ¿Recuerdas a Lucy y a Ruth? –Preguntó señalando a las dos amigas con quienes conversaba.

Por supuesto que si. ¡Es un placer saludarlas bienvenidas! –Expresó Terrence galantemente besando la mano de ambas damas.

Como siempre Terrence eres todo un caballero y muy apuesto –Agradeció Ruth con una cálida sonrisa.

Afortunada la chica que logre conquistarte Terrence, un placer verte –Agregó Lucy.

No le den más halagos que Terry es muy vanidoso –Declaró una Eleonor riendo mientras veía a su hijo.

Solo dicen la verdad madre –Sonrió Terry.

Tienes toda la razón Terry; Eleonor nos vemos en un momento te dejamos en buenas manos –Dijo Ruth viendo a Terry- Con permiso.

Si, están en su casa –Respondió Eleonor haciendo un ademan para invitarlas a pasar.

Bien Terry ¿Qué deseaba tu padre? –Preguntó Eleonor cuando Ruth y Lucy se marcharon.

Lo de siempre madre: Hablar de negocios –Dijo Terry resignado.

Tu padre jamás cambiará –Expresó Eleonor molesta.

Terry iba a contestarle algo a su madre cuando de pronto su vista se vio irremediablemente atraída hacia la puerta; Ahí a diez metros de él se encontraba la chica que ocupó sus pensamientos todo el día; Frunció el seño al notar el cambio que se había hecho pero pensó que se veía preciosa, parecía un hermoso ángel. Sintió de repente que un peso se levantó de sus hombros: Ya no tendría que buscar a la chica por todo Londres, ella misma había llegado a él, ¿Sería el destino? Terry no podía contestarlo, aunque tampoco le importaba, lo único que le concernía era que ella estaba parada frente a él y ahora caminaba hacia donde él y su madre estaban parados. Terry sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral y comenzó a sentirse inquieto.

-Buenas noches Duquesa de Grandchester- Saludó Annie al llegar a ellos –Buenas noches Terrence.

-Buenas noches Srita. Britter es un placer que haya venido a la fiesta- Respondió una alegre Eleonor.

-Es un honor haber sido invitada. Les presento a mi amiga Lady Candice Andrew, Duquesa de White.

-Mucho gusto en conocerlos, gracias por la invitación- Respondió una nerviosa Candy…

Terry se sintió totalmente hechizado por el hermoso ángel vestido de negro, cuyo nombre se clavó dulcemente en lo más profundo de su corazón; Le tomó la mano para depositar un beso y supo inmediatamente que haría lo que fuera necesario para poder conocer y permanecer junto a la dama que tenía frente a él. Su voz deliciosa y aterciopelada se dirigió a la joven de ojos verdes mientras sus labios acariciaban y besaban la blanca mano-:

Parece que hoy los ángeles están de luto.

Continuará

OoOoO

Muchas gracias por leer Estrellas Fugaces.

Estoy muy contenta por la aceptación que ha tenido esta historia, no tengo palabras para agradecerles sus reviews, me hacen muy feliz.

Sugerencias, críticas o comentarios son bienvenidos.

Maly, gemelita astral muchas gracias por todo tu apoyo, especialmente por ayudarme a elegir un bello nombre para este capítulo, tqm.

Lady Annalise Grandchester