Retazos
FULLMETAL ALCHEMIST © HIROMU ARAKAWA
Sinopsis: Hay momentos, aunque sean pequeños, de un coronel y su teniente que merecen un recuento. #royaiweek19
Nota de la autora: ¡Segundo día! Y toda esta historia fue escrita durante la madrugada viajando a la universidad. No sé cómo salió, sinceramente.
Día 2 - Mortal/Inmortal
Despertó a las cinco de la mañana sin necesidad de una alarma. Estaba ya incorporado en su sistema después de muchos años sirviendo en la milicia y cuando debía atender bocas hambrientas sin horario establecido. Se estiró con ligero cansancio y deslizó los pies de la cama hacia su calzado, buscó a tientas su camisón y lo colocó sobre ella. Al incorporarse, Riza Hawkeye tomó su bastón y avanzó lentamente por el pasillo hacia la cocina.
Voces animadas se oían en el ambiente y eso dibujo una sonrisa en su rostro. Esa casa jamás había sido un sitio donde reinará el silencio, aunque así quisiera. Si no era por los perros que había, eran las voces de las generaciones que le siguieron a ellos o un horrible intento de él por cantar mientras preparaba el desayuno.
Y nada de sus decisiones hasta ese punto buscaría que fueran distintas. Ishbal, tal vez. Sin embargo, lo que vino con su reconstrucción no creía que pudiera replicarse en un tiempo donde no hubieran participado en la campaña de exterminio. Todo eso había sido hilado por un ser ambicioso de la inmortalidad tal y como Edward había dicho, pero ellos, los mortales, habían sido los ejecutores de cada acción manejada desde las sombras, no obstante, también fueron los que frustraron los planes de Father.
Ellos, seres mortales y humanos, habían detenido a la inmortalidad y los homúnculos. Porque solo quienes reconocen el paso del tiempo y sus acciones viven con intensidad, no permiten que las llamas se extingan y se sabe que darán todo de sí cuando el fuego se personifique en sus ojos. Así y solo así es que la mortalidad vence la inmortalidad, con simplemente la voluntad de vivir y ser un cimiento para las futuras generaciones.
—¿Riza…?, ¿está todo bien? —Roy Mustang se escuchaba preocupado. A pesar de la pérdida de su cabello oscuro, el color blanco no le sentaba mal porque su mirada determinada continuaba allí. La mirada de alguien que jamás dejó a nadie atrás y cuyo idealismo infantil había llegado muy lejos.
—¿Abuela...? —una voz más ligera y aguda la sacó de su ensoñación. Ojos oscuros como él y una mota de cabellos dorados típica de un antiguo y testarudo alquimista que no era su esposo—. ¿Qué haces tan temprano de pie?
Ella enarcó su ceja gris ante ese cuestionamiento.
—Creo que la pregunta es, ¿por qué Mortimer Elric Mustang de ocho años está despierto junto con el líder del país a las cinco de la mañana cuando hay un evento muy importante en tres horas? —y si bien pregunta iba dirigida a su nieto, Riza termino mirando al Führer Mustang al final. Suspiro—. ¿Qué pretende enseñarle a nuestro nieto, señor?
—El hábito de levantarse temprano y adorarme más a mí que a su abuelo Edward, mi señora —declaró con una sonrisa traviesa.
Mortimer carcajeó.
—Eso no se puede, abuelo Roy. Además, entre el abuelo Ed y tú siempre pelean cuando a quien deberías ganar es a la abuela Riza —y con gracia, el nieto de Mustang huyó.
El alquimista observó a su devota compañera con un gesto de desgano, su esposa le sonreía con descaro. El pequeño nieto de ambos tenía mucho de su abuela materna en el apartado de personalidad.
—No puedo entender como un mocoso de ocho años puede vencer tan fácilmente al futuro ex Führer, mi señora —confesó sujetando su cabeza, riendo. Pensar en su nieto le recordó a su hija Elizabeth, pensar en que era padre le hizo ver como el tiempo había pasado y él, no, ellos habían pasado con este—. ¿Qué dirían de mí en el alto mando?
—Dirían que el Führer Mustang resultó ser alguien muy apegado a su familia como cierto general de Brigada amigo suyo, señor —contestó. Nadie lo había concebido así. No, nadie percibió a Roy Mustang dentro de un rol familiar, tan normal—. Pero es parte de su plan, ¿no lo recuerda? Preparar el futuro a las generaciones siguientes.
—Es lo que simples humanos mortales como nosotros podemos hacer —apoyó, acercándose a ella. Brazo pasando tras su hombro y acortando distancia entre ambos para un casto beso sorpresivo de él—. Y creo que no lo hicimos nada mal, ¿no crees, Riza?
No, no había salido nada mal.
—No puedo negar eso, Roy. Todo salió bien.
